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Euskeranto

A finales del siglo XIX, la b√ļsqueda de una lengua universal que sirviera de comunicaci√≥n entre todos los pueblos de la tierra se convirti√≥ en una quimera animada por numerosos ling√ľistas. En 1877, el doctor Zamenhof ideaba el esperanto y en 1880 el ling√ľista Sleyer el volap√ľk. Esta segunda de las lenguas artificiales fue la que lleg√≥ primero a Euskal Herria tras la publicaci√≥n de la Glamat blefik bask√§no volap√ľkik (Gram√°tica breve euskara-volap√ľk). En 1886, el ling√ľista alem√°n Karl Hannemann se√Īalaba que ni esperanto ni volap√ľk eran v√°lidas y que hab√≠a que buscar una lengua entre las vivas. Para Hannemann esta lengua mundial deb√≠a ser el euskara seg√ļn lo expuso en su trabajo “Eine lanze zu gunsten des Baskischen als Universal Sprache” (Una lanza en favor del euskara como lengua universal).

Sin embargo, su proyecto se perdió entre competencias y, sobre todo, movimientos políticos. El euskara, la lengua más antigua de Europa, la reliquia entre las reliquias, sería tratada por sus vecinas, el castellano y el francés, como un enemigo comparable a fuerzas militares.

El 18 de junio de 1939, y con motivo de los actos en conmemoraci√≥n de la entrada de los fascistas en Bilbao, Franco lanz√≥ uno de sus habituales mensajes pol√≠ticos. En √©l hizo una referencia al euskara que, como era consigna, deb√≠a ser ignorada como lengua de los vascos: ‚ÄúEn el orden filol√≥gico (sic), vuestra regi√≥n, como los otros rincones espa√Īoles, conserva el tesoro de sus caros dialectos. En ellos encontramos las fuentes de la tradici√≥n, pero la encontramos debajo de la lengua madre, de la lengua con que nos dio unidad a Castilla, la lengua en que llev√°bamos el Evangelio a Am√©rica, la lengua con que a vuestros navegantes se conoc√≠a por el mundo, la lengua en que nos expresamos hoy y todos comprendemos‚ÄĚ.

En 2007, a 125 a√Īos del proyecto de Hannemann y a 70del de Franco, yo dir√≠a que aquel que llamaron General√≠simo sigue haciendo escuela m√°s all√° de nuestros l√≠mites. Si la historia hubiera reconocido a Hannemann, ¬Ņhabr√≠a tanto desprecio hacia nuestra lengua como el que destilan libros, art√≠culos period√≠sticos y cr√≥nicas de revistas editadas m√°s all√° del Ebro o del Adour? O, por el contrario ¬Ņtodas las universidades europeas lo hubieran incorporado como anta√Īo se hizo con el lat√≠n y el griego cl√°sico?

Etchezar

‚ÄúYo estoy all√≠, y hasta que all√≠ vuelva, no me encontrar√©‚ÄĚ dec√≠a hace nada menos que cincuenta y cinco a√Īos Vicente Amezaga desde Buenos Aires. Los escritores vascos fuera de nuestra Euskal Herria peninsular o continental han marcado, siempre, ese punto de ilustraci√≥n y nostalgia… ese desasosiego del que hablaba Fernando Pessoa.¬†

Muchos de ellos no volvieron, como Vicente Amezaga, pero sus hijas e hijos echaron raíces en todos los rincones del mundo. Mirentxu y Arantxa Amezaga, hijas de Vicente, se convirtieron en escritoras al otro lado del Atlántico, con la mirada puesta en Vasconia. Otras y otros, en cambio, desaparecieron de nuestro pueblo, esparciendo las semillas que luego los apellidos han recuperado su origen. 

C√≥mo no recordar, entre ellos, al poeta bonaerense Esteban Echeverr√≠a y a su compa√Īero Juan Bautista Alberdi que en la primera mitad del siglo XIX difundieron el liberalismo y el romanticismo por Argentina. O a Jos√© Gorostiza de quien Octavio Paz dijo era el T.S. Eliot de M√©xico. O al lime√Īo Jos√© Mar√≠a Eguren a quien compararon con Edgar Allan Poe. Todos ellos hijos o nietos de Euskaria, movilizados por las convulsiones de la di√°spora pol√≠tica, social o econ√≥mica.¬†

Pero un pa√≠s no se hace solo con los propios y los lejanos, sino tambi√©n con los extra√Īos que un buen d√≠a se acercaron. Fue, por ejemplo, el caso de Julien Viaud quien despu√©s de recorrer el mundo lleg√≥ a Lapurdi para morir en Hendaia en 1923. Conocido con el seud√≥nimo de Pierre Loti, Viaud nos dej√≥ varios frescos y art√≠culos. En 1892, haciendo un ejercicio de futuro, escrib√≠a: ‚ÄúNuestras comarcas de Europa ¬°ay! Cada vez se asemejan m√°s unas a otras. Por esto, despu√©s de un a√Īo que yo vivo aqu√≠, esta Euskalerria, sin haber descubierto en ella nada de particular, sin haberme dado cuenta de ello, se ha ido apoderando de mi adhesi√≥n‚ÄĚ.¬†

Loti fue recordado por ese magn√≠fico libro de Ramuntcho. En sus p√°ginas, como atrapando la misma nostalgia de Vicente Amezaga, Loti dec√≠a: ‚ÄúNo, no os march√©is para siempre; los pa√≠ses lejanos son buenos para los d√≠as de la juventud, pero es preciso volver a Etchezar; aqu√≠ hay que envejecer y morir; en ninguna parte del mundo dormir√©is como en este cementerio, junto a la iglesia, donde pod√°is o√≠r mis voces aun estando sepultados en la tierra‚ÄĚ.

Ministerio de Identidad Nacional

Los g√©lidos vientos que recorrieron Europa hace ya unas d√©cadas han vuelto a reaparecer. Personajes como Aznar o Berlusconi, tragados por la historia despu√©s de liderar estados-bandera, tienen reemplazo. Otros, Putin entre ellos, contin√ļan su imparable marcha hacia el absolutismo. La llegada de Sarkozy al Eliseo ha servido para que esa derecha, extrema en la mayor√≠a de las ocasiones, se rearme ideol√≥gicamente con el mismo discurso que escupieron sus antepasados en los a√Īos 30 del siglo pasado. La ambici√≥n de personajes como Sarkozy, unido a la debilidad general de la izquierda europea, lastrada por la historia del estalinismo sovi√©tico y una lectura ligth de lo pol√≠tico, nos presenta un futuro temible para la humanidad que se ubica en √©ste llamado Viejo Continente.

Sarkozy acaba de inventar y dar naturaleza a un Ministerio de Identidad Nacional que acoge, asimismo, a la ‚Äúinmigraci√≥n‚ÄĚ, la ‚Äúintegraci√≥n‚ÄĚ y el ‚Äúdesarrollo‚ÄĚ. Impresionante introducir en un mismo saco a la ‚Äúinmigraci√≥n‚ÄĚ (ya conocemos su opini√≥n) y a la identidad nacional (francesa). ¬ŅSe imaginan que hubiera hecho una declaraci√≥n conjunta por los derechos de la mujer y por la salvaguarda de las ballenas? Lo que ha realizado, efectivamente, es encajar en un mismo apartado temas que no tienen nada que ver entre s√≠, a no ser que por su mente (que es lo que temo) pasen intenciones xen√≥fobas y filofascistas, es decir definir lo propio como contraposici√≥n al vecino.

Valga como advertencia por mi parte el avance siguiente: que un Estado instituya un Ministerio de Identidad Nacional tiene un significado pol√≠tico que provoca sudores fr√≠os. A nadie se le escapa que identidades nacionales como la espa√Īola y la francesa fueron imposiciones pol√≠ticas y que sus teorizaciones correspondieron a los momentos m√°s s√≥rdidos de su trayectoria. La Espa√Īa de Franco o la Francia de P√©tain llenaron sus discursos de patriotismo y las cunetas de disidentes.

Esa Espa√Īa franquista manej√≥ su identidad nacional con aspectos que ten√≠an que ver con la religiosidad (incluida la delegaci√≥n divina de su gestor), la militarizaci√≥n de la sociedad y la exclusi√≥n de su oposici√≥n (lo que ha llegado por cierto hasta nuestros d√≠as de una manera tan palpable que produce incredulidad; estamos en la √©poca de los derechos humanos, sin ellos). Espa√Īa, una y grande, dec√≠a el subt√≠tulo de su escenificaci√≥n. Exclusi√≥n y tama√Īo. O lo que es igual: Monopolio de las ideas e Imperio.

La noci√≥n de Francia, asimismo, aport√≥ a su peuple fran√ßais lo habitual, libros, √≥peras, canciones y la herencia hist√≥rica de sus grandes carniceros: Carlomagno y Napole√≥n. Una versi√≥n calcada de la Espa√Īa de los Reyes Cat√≥licos. Pero en ambas ocasiones, sobre todo en la francesa, el impulso de un modelo pol√≠tico ha estado ligado a la construcci√≥n de su identidad nacional. Me han adivinado el pensamiento. Efectivamente, ese modelo, y Sarkozy no andar√° lejos cuando su ministro identitario y colaborador m√°s cercano Brice Hortefeux (por cierto hijo de banquero, una gran pista), anuncie sus l√≠neas maestras. Es el modelo del Imperio. Barnizado, porque para algo el siglo XXI nos ha demostrado que el barniz, en pol√≠tica, lo es todo.

¬ŅPor qu√© Francia no puede tener un camino identitario propio sin recurrir a la exclusi√≥n y al Imperio? La respuesta es sencilla: dejar√≠a de ser Francia. Recordar√°n el papel lamentable de las autoridades francesas (frentepopulistas por otro lado) ante la guerra civil espa√Īola y el √©xodo de republicanos. La entrega de miles de refugiados, algunos de los cuales luego fueron fusilados por Franco. Poco m√°s tarde, cuando vieron las barbas del diablo cercanas, echaron la culpa al comunismo.

El famoso Decreto S√©rol (preparado por un socialista a comienzos de abril de 1940) prohib√≠a el comunismo y enviaba a la clandestinidad a sus diarios, pero tambi√©n abr√≠a la posibilidad de condenar a muerte a todo aquel que animara a la ‚Äúdesmoralizaci√≥n de la naci√≥n‚ÄĚ. Poco despu√©s, los alemanes de Hitler invadieron el territorio franc√©s, en un plazo sorprendente, y hasta el m√°ximo l√≠der de la oposici√≥n, Charles de Gaulle, cre√≥ el llamado Consejo Nacional del Imperio. No pod√≠a ser un consejo nacional vasco, como el de Manuel Irujo, o checo o yugoeslavo, que los hubo. Deb√≠a de ser un Consejo Imperial. Todo un s√≠ntoma.

Hace unos d√≠as recorr√≠ emocionado las sendas sombr√≠as del cementerio P√©re Lachaise, en Par√≠s, donde murieron acribillados los √ļltimos resistentes de la Comuna y donde reposan los restos, al menos en recuerdo, de los deportados a los campos de exterminio, de los resistentes a la invasi√≥n nazi, entre ellos los ‚Äúextranjeros‚ÄĚ del Affiche Rouge (armenios, rumanos, espa√Īoles, jud√≠os…), de los brigadistas internacionales que dejaron su vida combatiendo al tirano. Donde yacen los huesos de Largo Caballero, Paul Lafargue, Laura Marx… Perd√≠ el d√≠a buscando tumbas y recuerdos enterrados pese a que en la entrada del cementerio (atracci√≥n tur√≠stica de menor rango, pero atracci√≥n al fin y al cabo) se ofrece al visitante un volante con las l√°pidas m√°s ilustres: Moliere, Chopin, √ďscar Wilde, Edit Piaff… y todos los padres de la identidad francesa, generales, matarifes, soldados del Imperio en Argelia, colonizadores de T√ļnez, etc. Y ninguna cita a los combatientes de la libertad, a los comunistas o anarquistas. Por simplificar y para que el lector atrape mi idea de un plumazo: la publicidad me llev√≥ a Thiers, verdugo de los revolucionarios de la Comuna, mientras no lograba atrapar la historia de los comuneros.

El verano de Par√≠s est√° siendo extra√Īo. Vientos, lluvia y noches insolentes. Es un s√≠ntoma, el oto√Īo nos est√° haciendo una mala jugada y ha metido la nariz donde no le llaman. Sarkozy habl√≥ en campa√Īa de una supuesta depreciaci√≥n de la identidad francesa, como si la misma fuera un valor cotizado en bolsa. ¬ŅO ser√° as√≠? A priori. Y luego, a posteriori, anunci√≥ el nuevo ministerio identitario. No tengo demasiadas dudas sobre sus intenciones, m√°s a√ļn cuando notables tr√°nsfugas se han sumado al proyecto. Es un proyecto nacional, como el frente que ha sustituido. Sarkozy va a recuperar el ‚ÄúNosotros‚ÄĚ para demonizar a los ‚ÄúOtros‚ÄĚ.

No inventa. Hitler, Franco, P√©tain, Reagan, Bush, Aznar… los padres de los proyectos basados en la negaci√≥n del Otro. Anticomunismo (l√©ase ahora Antiterrorismo), vuelta de valores fundamentalistas, incursi√≥n de lo religioso en lo civil, racismo, control exhaustivo de la vida cotidiana… es decir ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Me contaron en Par√≠s redadas meses atr√°s en las escuelas para detener a ni√Īos de semblantes coloridos, me hablaron de la paliza de un polic√≠a a un inmigrante en un avi√≥n que lo ‚Äúdevolv√≠a‚ÄĚ a su pa√≠s. Le√≠ en su prensa el proyecto de instalar millones de c√°maras por el pa√≠s. Supe que el futuro que fabrica Sarkozy est√° destinado a sus ciudadanos de primera. Y que su ministerio de Identidad Nacional ya ha preparado una declaraci√≥n de identidad. Negando a los de segunda, flotar√°n los de primera. Un fantasma recorre Europa, y no es el del comunismo como afirmaban Marx y Engels, sino el del fundamentalismo. George Orwell lo describi√≥ en 1948, bailando los dos √ļltimos n√ļmeros. Y el tiempo ha llegado.