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Nebrija gastron贸mco

Si hay un personaje recurrido cuando nos adentramos a comparar las veleidades (o m谩s) imperiales del castellano, 茅ste es Nebrija. Cuando aquel personaje terror铆fico que fue Cisneros, el mismo que intent贸 desterrar en masa a Andaluc铆a a los navarros reci茅n conquistados, le encarg贸 la que iba a ser primera gram谩tica castellana, Nebrija agradeci贸 a quien le daba de comer. Ley de vida.

Sevillano de nacimiento y con el nombre de Elio Antonio Mart铆nez de Cala e Hinojosa, nuestro personaje se ech贸 un seud贸nimo, con el que pas贸 a la historia. Era de Lebrija y de ah铆 a Nebrija un paso. En 1978, la Biblioteca General de Navarra, adquiri贸 un ejemplar excepcional: Orationes (Ex Divino Officio) ad Plenum Collecte Summaque Diligentia Emendate del citado Antonio de Nebrija. Veinte a帽os despu茅s, sin embargo, un concienzudo funcionario de la Biblioteca navarra comprob贸 que el libro adquirido conservaba las tapas y la encuadernaci贸n originales pero que, en su interior, hab铆an desaparecido las Orationes. En su lugar, las p谩ginas de un libro de cocina vasca editado en los a帽os veinte.

Sorpresa. 驴Acci贸n de grupos clandestinos abertzales? 驴Denuncia de alguna asociaci贸n en defensa del euskara? Nada de eso. La polic铆a, que no es tonta, desentra帽贸 r谩pidamente el misterio. Siguiendo la pista de anticuarios del libro lleg贸 hasta quien lo hab铆a sustra铆do, un periodista que utilizaba para sus columnas el seud贸nimo de marqu茅s del Arga. Indagando, se supo que el ladr贸n ya hab铆a pasado varios meses en una prisi贸n de Cuba, despu茅s de ser detenido cuando intentaba sacar de la isla varios cuadros del patrimonio cubano. Entonces, destacados dirigentes de UPN hicieron gestiones para excarcelarlo, logrando su objetivo.

El citado marqu茅s del Arga hab铆a vendido las Orationes a un anticuario, con negocios en Monreal y Pamplona, por el m贸dico precio de 2.500 euros. Nunca se ha sabido qu茅 poderosas o lacias razones le indujeron a la sustituci贸n gastron贸mica. Sin versi贸n oficial, el lector puede abrir una amplia gama de hip贸tesis con los datos descritos. El bacalao a la vizcaina, las kokotxas al pil-pil, las angulas de Aginaga… bajo las tapas de un libro de 1529. Qu茅 mayor honor para la gastronom铆a ahora que Jon Juaristi nos dice que la tradici贸n vasca es purita invenci贸n.

Roberto Keaton

Hoy en d铆a, seg煤n los estudios estad铆sticos que circulan por las universidades y cen谩culos, la religi贸n cat贸lica est谩 en retroceso, mientras que la isl谩mica aumenta. En el Primer Mundo, refugio durante siglos de las totalitarias ideas emanadas por el Papa de Roma, la religiosidad ha perdido peso, y los antiguos iconos han sido sustituidos por el poder del dinero y, en menor medida, por la vanidad de los ciudadanos, plasmada en un consumismo desmesurado y, a todas luces, innecesario para completar una existencia digna. Perdido pues ese albergue hist贸rico, los cat贸licos han abandonado sus cuarteles de invierno, refugi谩ndose en los escenarios en los que su Iglesia fue hegem贸nica durante la Edad Media, es decir en los del miedo y del temor, hoy en tierras lejanas. Desde que se invent贸 la luz el茅ctrica las respuestas a tantas preguntas se solucionaron de un plumazo.

Hace siglos, en cambio, el Islam era un competidor desconocido. Sus referencias eran, 煤nicamente, f铆sicas y simb贸licas. Roma controlaba una parte importante del mundo conocido, la cristiandad que dec铆an, y La Meca la otra. Hubo guerras virtuosas, 鈥渃ruzadas鈥 en el argot de la 茅poca, y santas pascuas. Cada cual guerreaba con el apoyo de un manual. Los cristianos ten铆an el soporte de la Biblia y los musulmanes el del Cor谩n. Entre medio, mucha prepotencia.

Sin embargo, hubo algunos apuntes que demuestran, una vez m谩s, que la sociedad europea m谩s abierta, y por tanto menos fan谩tica, se encontraba en Euskal Herria. El protagonista, en esta ocasi贸n, fue Roberto Keaton, arcediano (principal de los di谩conos) de la iglesia del Reino de Pamplona, en el siglo XII. Keaton era un estudioso de astronom铆a y geometr铆a, aislado del mundo entre papeles y tratados hasta que, un buen d铆a, fue llamado por el abad de Cluny. El objeto de la cita fue escueto: puesto que Keaton conoc铆a el 谩rabe y el lat铆n, deb铆a traducir el Cor谩n para que en Europa occidental se supiera qu茅 pensaban los musulmanes. Keaton acept贸 y la traducci贸n fue concluida en 1143. Fue la primera versi贸n latina del libro sagrado de los musulmanes, usada con profusi贸n hasta despu茅s del Renacimiento.

Roberto Keaton, cuyo apellido sugiere una procedencia inglesa, fue uno de los defensores de la independencia navarra de aquella 茅poca, entonces en disputa por l铆mites con Arag贸n. Su nombre aparece en numerosos documentos, como en su tiempo investig贸 Jos茅 Go帽i Gaztambide, quien afirma que Keaton tambi茅n tradujo una biograf铆a de 鈥淢ahoma y sus secuaces鈥. La afirmaci贸n peyorativa de Go帽i Gaztambide no es sino el s铆ntoma de c贸mo abord贸 la Iglesia Cat贸lica, y por extensi贸n el mundo occidental, la cuesti贸n isl谩mica. Han pasado casi novecientos a帽os de aquella cr贸nica y, empero, los par谩metros en los que se mueve el mundo no han cambiado demasiado. Los occidentales seguimos consider谩ndonos el ombligo del mundo porque desconocemos al resto. Y eso, a pesar de esfuerzos tan antiguos, como el que hizo Roberto Keaton.

Pio Baroja

El ocaso en la vida de las personas nos suele traer sorpresas de 煤ltima hora, como aquellas andanadas espa帽olistas que atribuyeron a Sabino Arana. A P铆o Baroja le atrap贸 la guerra civil espa帽ola con 64 a帽os, cuando 茅l mismo ya se consideraba un anciano que sobreviv铆a en la miseria. En estos tiempos, esa edad no ser铆a nada espectacular pero no hay que olvidar que, a principios de este siglo, la esperanza de vida vasca rondaba los cuarenta a帽os. La guerra aspir贸 convulsivamente a Baroja y, a pesar de que estuvo en un trance de ser fusilado por los carlistas, no vio tan mal las veleidades de los militares sublevados, aunque, por si acaso, march贸 al exilio.

Desde Par铆s, Don P铆o, escribi贸 para no perder la costumbre o quien sabe si atrapado por la a帽oranza y, en mayor medida, para ganar unos pocos francos que le pagaban desde un diario bonaerense. Sus primeros art铆culos e impresiones los reuni贸 en un libro que se public贸 en Chile en 1939 bajo el t铆tulo de Ayer y hoy y que ha sido rescatado hace bien poco por una editorial espa帽ola. Su segundo trabajo ha permanecido in茅dito hasta que hace unas semanas lo ha editado Caro Raggio bajo el encabezamiento de Aqu铆 Par铆s. Ambos barojianos hasta la m茅dula.

Para los seguidores de Baroja, entre los que me incluyo, estos dos trabajos suponen una peque帽a decepci贸n si se leen con ojos de analista. Craso error. Baroja permaneci贸 soltero hasta su muerte a pesar de tener proposiciones de lo m谩s atractivas. Jam谩s tuvo compa帽eros pol铆ticos. Y si en Ayer y hoy hay excesivas concesiones a los militares, algo que ellos no creyeron pues prohibieron sus libros, en Aqu铆 Par铆s se le encuentra m谩s desenvuelto y alejado del terror que le produjo verse ante un pelot贸n de fusilamiento: 鈥淎 m铆 no me importa nada que haya Congreso o que no haya Congreso, que se vote o que no se vote. Todo eso es tan exterior y tan falto de inter茅s que no me preocupa absolutamente nada. Ni me da fr铆o ni calor. Es como si me dijeran que van a suprimir el f煤tbol o las corridas de toros. Por m铆 que los supriman鈥.

Yo me qued贸 con su propio resumen: 鈥淵a, para m铆, todo es pura nostalgia que empieza y acaba en ella misma, y que no arrastra, ni ambici贸n, ni ilusi贸n, ni pretende realidades aut茅nticas鈥.

Salon Cubano

No se trata el t铆tulo de este art铆culo del nombre de un bar de alterne o de un tugurio al estilo del Cotton Club en el que tocaban las mejores bandas de jazz. Son, aunque cueste creerlo, los dos apellidos de un compatriota que vivi贸 hace a帽os, que hizo la guerra civil de 1936 y, finalmente, como tantos otros, sufri贸 la c谩rcel por su convicci贸n republicana. Los apellidos pueden sugerir su origen.

Antonio Sal贸n Cubano era vecino de Bilbao, de fuertes convicciones anarquistas, que se alist贸 en el batall贸n Isaac Puente, aquel que hizo homenaje con su nombre al m茅dico de Maeztu que fue ejecutado por un pelot贸n fascista. Ten铆a dotes de mando y, en poco tiempo, lleg贸 a teniente del Ej茅rcito vasco. Cuando las tropas de Franco entraron en Bilbao, Antonio qued贸 copado y detenido en los Escolapios. En febrero de 1939, Sal贸n Cubano fue juzgado por 鈥渆star al servicio de los rojo-separatistas鈥.

La sentencia de la condena por la que Antonio fue castigado a 15 a帽os de presidio es todo un monumento a la imbecilidad humana. M谩s a煤n, el texto de la condena es, desgraciadamente, imperecedero. Valdr铆a para 1939, como as铆 fue, pero tambi茅n para 1492 o 2005. Es la misma esencia de este mundo tan mal repartido, el paradigma de que la evoluci贸n y el progreso es pura quimera cuando est谩 en juego la supremac铆a racial.

Porque Antonio era negro.

Y seg煤n reza la sentencia, 鈥渁unque perteneciente a la raza negra, de nacionalidad espa帽ola鈥. Y tambi茅n seg煤n reza la sentencia 鈥渃arente en absoluto de conocimiento y dotes culturales鈥. Sentencia firmada por un teniente general cuyo nombre no merece la pena siquiera citarse.

Hemos asistido y asistimos a la degradaci贸n sistem谩tica y racial de centenares, miles, millones de 鈥淪al贸n Cubano鈥漵 a los que se les hurta sentimientos, pasado, familia… y se les transforma en meros 鈥渋ndocumentados鈥, 鈥渋legales鈥 o cualquiera de esos eufemismos tan en boga entre la clase period铆stica del Primer Mundo.

Es mentira que la igualdad racial sea respetada en nuestras sociedades. Es mentira que los negros hayan visto reconocida, a pesar de la sistem谩tica oposici贸n hist贸rica de la Iglesia, sus derechos civiles y que 茅sta sea una p谩gina pasada de nuestra cr贸nica m谩s cercana. Es mentira y esa mentira, lo sabemos todos a pesar de las declaraciones rimbombantes, 煤nicamente tiene una excepci贸n. El tama帽o de la cartera del negro en cuesti贸n. Entonces, si su fortuna es considerable, algo original por otro lado, ser谩 refugiado pol铆tico de lujo en alguna mansi贸n europea, generalmente francesa.

Las im谩genes de centenares de negros queriendo cruzar la verja del Primer Mundo y su rechazo por m煤ltiples v铆as (tanto violentas como diplom谩ticas) deber铆an ser tan impactantes como las del descubrimiento al final de la Segunda Guerra mundial, en 1945, de los campos de extermino nazis. El dise帽o de la v铆ctima entonces y ahora es id茅ntico. Hoy, estos campos renovados no tienen las verjas en el per铆metro de sus instalaciones ya que han sido trasladadas hasta los l铆mites del Primer Mundo. El gas cicl贸n de hoy en d铆a se llama Sida, leche en polvo, desertizaci贸n, hambre… Ya no hace falta encontrar nuevos Mengueles, ya no hay que preparar trenes especiales. Nuestras sociedades se encargan de digerir como necesario semejante holocausto.

Hemos perdido la condici贸n humana, si alguna vez la tuvimos, y hemos retornado a la puramente animal. Si somos incapaces de parar el desgarro africano, si no somos competentes para apretarnos y compartir habitaci贸n, es evidente que los t茅rminos de la sentencia que conden贸 a Antonio Sal贸n Cubano llevan la fecha de hoy. Todo hace pensar, ojal谩 me equivoque, que el racismo sigue pegado a nuestros poros con una intensidad atroz.