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Gloria Alcorta

La vida da mil vueltas, sobre todo cuando hay generaciones de por medio. En el siglo XVIII, Jos√© Pelayo Alcorta era alcalde de Bilbao. Fue enviado a Santiago de Estero (Argentina) para ocupar el puesto de alcalde. Su hijo fue gobernador de esa provincia y uno de los primeros m√ļsicos argentinos de renombre. El nieto de Jos√© Pelayo de nombre Rodolfo, fue pintor y m√©dico, a la vez que asesor del ministerio de cultura argentino. En uno de sus viajes veraniegos a Donibane Lohizune, Rodolfo tuvo una hija que naci√≥ en Baiona a la que puso el nombre de Gloria. Se educ√≥ en la capital de Lapurdi y cuando dejaba atr√°s su juventud se traslad√≥ a Buenos Aires. Hoy, Gloria Alcorta, tataranieta de aquel alcalde de Bilbao, es una de las escritoras m√°s reconocidas de Argentina.

En 1935 Gloria Alcorta public√≥ su primera antolog√≠a de poemas con el t√≠tulo de La prision de l¬īenfant, prologada nada menos que por Jorge Luis Borges. Su segunda antolog√≠a, Visages, fue traducida al castellano por Rafael Alberti, obteniendo en 1952 el Premio Rivarol. A partir de ah√≠, comparti√≥ sus obras en castellano y franc√©s, trasladando su residencia a Par√≠s, y siendo miembro del comit√© del Festival de Cine Latinoamericano de Biarritz.

Como V√≠ctor Hugo, Gloria Alcorta nos leg√≥ un bello poema sobre Pasajes. Publicado en 1951, Mar√≠a Luisa Le√≥n, la compa√Īera de Rafael Alberti, quiso recitarlo en un teatro de Buenos Aires, envuelta en una manta negra. El entonces gobierno argentino, liderado por Per√≥n, prohibi√≥ el acto, pero la Le√≥n no se amilan√≥ y lo recit√≥ sin contratiempos.

La misma Gloria confes√≥ al periodista Andr√© Gabastou el origen de este poema: ‚ÄúYo sent√≠a mucha simpat√≠a por el peque√Īo puerto de Pasajes porque, cuando iba a San Sebasti√°n, siempre ve√≠a escrito en una pared, con grandes letras negras, Vinos Alcorta. En 1936, en Hendaya, vi los aviones nazis adornados con la cruz gamada, sobrevolando el Bidasoa y dirigi√©ndose hacia Ir√ļn, Pasajes y Guernica, donde destruyeron la ciudad y el √°rbol sagrado de los vascos. Unos franceses que estaban junto a m√≠ dec√≠an. ¬°Qu√© gracioso! ¬°Esta tarde tuvimos una corrida en Bayona, y ahora hay otra en Espa√Īa‚ÄĚ.

Buena provocación, sin duda, para una poesía.

Los vascos podr√°n ser espa√Īoles gracias a una f√≥rmula revolucionaria

Una vez, Fraga dijo que para que la ikurri√Īa fuera legal antes habr√≠a que pasar por encima de su cad√°ver. Cen√© con √©l hace unos a√Īos (hoy lo reconozco despu√©s de tantos remordimientos) en el Galeusca que se celebr√≥ en Santiago. Es cierto que se aplic√≥ un sinf√≠n de pastillas con la sopa, pero a√ļn no era fiambre y la ikurri√Īa lleva un buen ciclo permitida, al menos en muchos espacios. En otra ocasi√≥n Iturgaitz, tan remoto en el tiempo que he olvidado su nombre, afirm√≥ que las elecciones regionales eran, en realidad, plebiscito: independencia o solera de Espa√Īa. Triunfaron los partidos de Lizarra-Garazi, que eran los destinatarios de su rotunda afirmaci√≥n. Y, a pesar, nuestra casa sigue siendo propiedad borb√≥nica. Fernando Iwasaki, un peruano de origen asi√°tico, ofreci√≥ una lecci√≥n magistral hace 15 a√Īos (esta vez lo recuerdo porque tengo la ficha) a responsables period√≠sticos, judiciales y policiales: para acabar con ETA hay que buscar el enfrentamiento civil. De aquella sandez surgi√≥ el Esp√≠ritu de Ermua y del mismo la reciente UPD del triunvirato Rosa Diez-Savater-Vargas Llosa. Nacieron en el siglo equivocado. Tenemos memoria, afortunadamente: los joseantonianos nos dejaron el pa√≠s cubierto de difuntos furtivos, en las cunetas. ¬ŅQui√©n es v√≠ctima? Primer punto de Falange: ‚ÄúCreemos en la realidad suprema de Espa√Īa. Afirmarla, elevarla, perfeccionarla es el deber urgente de todos los espa√Īoles‚ÄĚ. Fraga, Iturgaiz, Savater…

Felipe Gonz√°lez, Ricardo Garc√≠a Damborenea, Antonio Ib√°√Īez Freire (‚Äúaunque se escondan en el centro de la tierra), Andr√©s Cassinello (‚Äúprefiero la guerra a la alternativa KAS‚ÄĚ), Rafael Vera, Narc√≠s Serra, Luis Carrero Blanco, Rodolfo Mart√≠n Villa (‚Äúganamos dos a uno‚ÄĚ), Agust√≠n Mu√Īoz Grandes, Jaime Mayor Oreja, Pepe Barrionuevo, Jos√© Mar√≠a Areilza (‚Äúvaya que si ha habido vencedores y vencidos‚ÄĚ), Javier Corcuera, Carlos Arias (‚Äúespa√Īoles -suspiro-, Franco ha muerto‚ÄĚ), Juan Jos√© Ros√≥n, √Āngel Campano‚Ķ ¬Ņcu√°ntos han pasado por la c√ļpula de la hispanidad? Rojos, amarillos, azules o escarlatas, ¬°qu√© m√°s da el color! Ante la realidad suprema que es Espa√Īa el resto es nimiedad, una peque√Īa estrella en la inmensidad de la galaxia rojigualda.

En fecha distante, aunque no lejana (octubre de 1958), un diario egipcio, cuyo nombre no viene al caso, informaba que la millonaria griega Eva Chrisenti, residente en Alejandr√≠a, hab√≠a dado con una f√≥rmula magistral. La agencia alemana DPA, que recog√≠a la noticia, titulaba en su cr√≥nica: ‚Äúlos negros podr√°n ser blancos gracias a una f√≥rmula revolucionaria‚ÄĚ y abr√≠a un par de p√°rrafos delirantes en los que recog√≠a la noticia de una sustancia que, inyectada en el ser humano, lograba cambiar la pigmentaci√≥n de la piel. El invento, que ya hab√≠a sido patentado, ‚Äúpuede poner fin a todos los conflictos raciales de la tierra‚ÄĚ, sentenciaba La Voz de Espa√Īa, que es el diario m√°s cercano al que he echado mano para meterme semejante chute.

Lo anormal del tema, que ya habr√° percibido el lector, tiene que ver con la mentalidad anormal, valga la redundancia, de la inventora de la p√≥cima, de la agencia que la trasmite y del diario que la comunica. El cambio de pigmentaci√≥n se admite de negro a blanco, y no por ejemplo, al rev√©s. Esos tres agentes s√≥lo conceb√≠an que la humanidad fuera blanca y, con eso, habr√≠an desaparecido ‚Äútodos los conflictos raciales‚ÄĚ. Necedad elevada a su m√°xima expresi√≥n. Y, sin embargo, los medios de la √©poca, capitalistas los unos, acad√©micos los otros, falangistas finalmente los de aqu√≠, le dieron portada.

De la misma manera, el ‚Äúconflicto vasco‚ÄĚ se entiende en clave de transformaci√≥n de negro a blanco. No pasa siquiera por la imaginaci√≥n de las sesudas y especialmente dotadas mentes arriba citadas (algunas bien es verdad en proceso de compostaje) que los negros deseen seguir siendo pues eso, negros. Me parece tan evidente que no acierto a entender el empecinamiento falangista hispano. Y, quiz√°s, esa torpeza se encuentre en las tesis del eminente psic√≥logo Cyril Burt, que explicaba cient√≠ficamente la diferencia abismal de coeficiente intelectual entre blancos y negros (a favor de los primeros, por supuesto), o en la agudeza intuitiva del mago de las palabras que fue Borges, cuando dijo que ‚Äúlos vascos me parecen m√°s inservibles que los negros‚ÄĚ. Pues ser√° eso.

Stolen years

Recuerdo haber discutido vehemente y frecuentemente con algunos compa√Īeros sobre el apelativo de guerra civil que, habitualmente, se da a la contienda iniciada en 1936. Siempre he defendido y lo seguir√© haciendo, el car√°cter fratricida de aquella guerra. El paradigma est√° en el carlismo alav√©s y navarro de entonces, sin desde√Īar el guipuzcoano o el vizcaino. Pelearon y apoyaron el bando sublevado, opci√≥n que tambi√©n tom√≥ la mayor√≠a de la poblaci√≥n de Iparralde, siguiendo la l√≠nea del diputado bajonavarro Jean Ybarnegaray. Los an√°lisis suelen ser complejos, pero las realidades demasiado simples. Todos ellos son parte de nuestra historia.

Viene a cuento esta introducci√≥n con el comentario de un libro aparecido no ha mucho al otro lado del Atl√°ntico. Se trata de Stolen years (A√Īos robados), de la hoy norteamericana Maita Floyd. La autora naci√≥ en Donibane Lohizune y despu√©s de la Segunda Guerra mundial emigr√≥ a EEUU en donde trabaj√≥ hasta que se jubil√≥ y cre√≥, desde Arizona, su propia editorial: Eskualdun Pub. Ltd.

El libro, en el que describe los a√Īos de la ocupaci√≥n nazi en Iparralde, no tiene nada de especial. La autora pertenec√≠a a una de esas familias acomodadas que coquetearon con los ocupantes, y ello se trasluce en lo escrito. T√≥picos t√≠picos por todas las esquinas: Dios, Francia y anticomunismo. O sea de derechas.

Sin embargo, la mayor librería mundial del momento, Amazon.com, nos presenta una historia distinta a la de sus páginas. Sorprendente a priori, no tanto a posteriori. Se trata de vender. Así, en la presentación de Stolen years, Amazon nos indica un libro de vascos resistentes contra Hitler. O sea de izquierdas.

En una sociedad como la actual, virtual, la segunda de las razones (la de Amazon), lleva todas las de ganar. Persegu√≠ el libro durante meses, visto el pre√°mbulo internauta, hasta que di con √©l. Decepci√≥n. Pero me llam√≥ la atenci√≥n su promoci√≥n y el hecho de que, al margen de su contenido, la rese√Īa de Amazon tuviera una larga introducci√≥n dedicada a explicar qu√© es el Pa√≠s Vasco: ‚Äúun √°rea raramente visitada por extranjeros, debido a su localizaci√≥n en el sudoeste de Francia y a que la mayor√≠a de los americanos visitan la Riviera‚ÄĚ. No tengo respuestas para estos fen√≥menos medi√°ticos, s√≥lo preguntas. Y la primera es obvia: Qu√© es m√°s influyente ¬Ņuna editorial vasca en Arizona o un libro de la misma que nadie lee? Se admiten sugerencias.