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Reflexiones sobre el 18/98

Hay quien dice que mientras persista la actividad armada de ETA no tiene demasiado sentido, ni siquiera es l√≠cito, hablar de violaci√≥n de los derechos de asociaci√≥n y expresi√≥n o de la acci√≥n pol√≠tica que, entre otros casos, ha originado el ep√≠logo al juicio ‚Äúmadre‚ÄĚ contra¬† la izquierda abertzale, el llamado Proceso 18/98. √Čste es un argumento que, de hecho, confirma la tesis acusatoria, es decir que todas las personas, asociaciones y entidades pol√≠ticas que en Euskal Herria abogan por la independencia, el cambio social y econ√≥mico, el no reconocimiento de la actual estatus jur√≠dico pol√≠tico‚Ķ en definitiva, los que defienden el ejercicio del derecho de autodeterminaci√≥n, son ETA. Hay una literatura jur√≠dica espa√Īola que de una manera u otra confirma este asunto. El juez Garz√≥n, entre otros, ha editado algunas perlas en ese sentido, culminando con la √ļltima a ra√≠z del auto contra la direcci√≥n de Batasuna, donde considera textualmente ‚Äúlos fines violentos de independencia o autodeterminaci√≥n‚ÄĚ. Esta l√≠nea, la vigente, nos llevar√≠a a conclusiones de Perogrullo como la de que luchar por un mundo donde el hambre est√© erradicada, donde las medicinas se encuentren al alcance de los pobres, sea delito porque hay alguien que tambi√©n lo hace a trav√©s de la lucha armada. S√≠ esto sucediera, que sucede habitualmente en la dial√©ctica represiva, los gobernantes nos est√°n mandando un aviso n√≠tido: la c√°rcel o el destierro es el destino para quienes se atreven a enfrentarse a un mundo tan injusto como el que nos toca vivir.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† No se puede trivializar sobre este tema o restarle trascendencia. Justo lo contrario. El juicio que se ha prolongado durante 16 meses contra los 54 imputados en el 18/98, deber√≠a de ser materia de estudio en las universidades de Derecho, de Historia Pol√≠tica y de Econom√≠a. Habr√≠a que desmenuzar m√ļltiples causas, entre ellas c√≥mo los principios te√≥ricos del derecho a la defensa, de expresi√≥n y organizaci√≥n, de la responsabilidad individual, son pura propaganda. Que decir, como afirma Zapatero, que Europa es la cuna de los derechos humanos y civiles, es simple demagogia y que Espa√Īa, es obvio, no puede llamarse heredera de aquellos ideales de igualdad y democracia que surgieron en los movimientos europeos por las libertades tras la Revoluci√≥n francesa o la Segunda Guerra mundial. La justicia espa√Īola no es pieza desinteresada entre partes, como cabr√≠a suponer, sino que defiende un proyecto pol√≠tico, cultural y econ√≥mico determinado. Esa justicia ejerce una elecci√≥n a priori, fundamentada en la negaci√≥n de la libertad de cualquier ciudadano a sentirse vasco √ļnicamente, incluso vasco-espa√Īol. Y si es parcial ya no es justicia.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† La esencia de esta definici√≥n la marca la Audiencia Nacional. En pol√≠tica y en historia la coincidencia rara vez es casual. Como no lo fue el hecho de que en enero de 1977, a trav√©s de un decreto gubernamental, se derogara el Tribunal de Orden Publico franquista, para crear, el mismo d√≠a, la Audiencia Nacional. Es decir, que la cultura del enemigo interno propia del r√©gimen dictatorial franquista se traslad√≥ a la de ‚Äúla defensa del marco ¬†constitucional‚ÄĚ. Los comunistas, masones, homosexuales, jud√≠os y republicanos se han transformado en separatistas y anticonstitucionalistas. De esa manera se elude la b√ļsqueda misma de una vertebraci√≥n de la idea del estado para reconducir el problema a una mera cuesti√≥n de orden p√ļblico. Ha ocurrido en 2007 con la misma l√≥gica que hubiera sucedido en 1957. Por eso, un tribunal especial, apoyado en una jurisprudencia autoritaria y homogeneizante, ha juzgado modelos sociales, pol√≠ticos y culturales (porque de eso se trataba), sin ning√ļn rubor pol√≠tico. Era y es lo habitual.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Ese estilo tan espa√Īol de juzgar a la disidencia es el que ha triunfado hasta nuestros d√≠as. Durante el franquismo, hubo un juez que se destac√≥ sobre todos, Enrique Eymar, que lleg√≥ a tener su despacho en una prisi√≥n, la de Oca√Īa. Algunos detenidos denunciaron que les tortur√≥ personalmente y su sadismo fue legendario. Cuando a Juli√°n Grimau los m√©dicos le atendieron para paliar los efectos de la tortura, el juez se√Īal√≥ que era in√ļtil curarlo porque ser√≠a ejecutado, a pesar de que a√ļn no se hab√≠a siquiera celebrado la vista. La prensa europea acu√Ī√≥ un t√©rmino para identificar ese estilo de dictaminar de los jueces hispanos de entonces: ‚Äújuzgan de o√≠do‚ÄĚ, dec√≠an. Efectivamente, Grimau y otros tantos, fueron condenados y fusilados (o pasados por el garrote vil), no por pruebas periciales sino por la opini√≥n emitida al respecto por los diarios franquistas o por lo que hab√≠an escuchado ‚Äúpor ah√≠‚ÄĚ los testigos previamente aleccionados. Nunca la √©pocas se repiten, es obvio, pero s√≠ los comportamientos. Y los juicios previos, impulsados por los medios, y las pruebas basadas en conocimientos tan sutiles como los transmitidos por rumores, malos tratos o la manipulada opini√≥n p√ļblica, sustituyen con demasiada frecuencia al rigor, por qu√© no decirlo, cient√≠fico. Es tan evidente que nadie que se diga imparcial (un juez, por ejemplo), lo podr√≠a abordar sin sonrojarse.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Si necesit√°ramos confirmar lo dicho, bastar√≠a con repasar el seguimiento que han hecho del Macrosumario los medios de comunicaci√≥n espa√Īoles: silencio, o dicho de otra manera m√°s figurativa, omert√°. Parece l√≥gico que los media espa√Īoles siguieran d√≠a tras d√≠a el juicio por la masacre en Madrid del 11 marzo 2004. Hubo cerca de 200 muertos y miles de heridos. En el Juicio 18/98 no hab√≠a de por medio ni muertos, ni atentados, aunque por las condenas parece lo contrario. La acusaci√≥n fiscal citaba reuniones de grupos pol√≠ticos, debates ideol√≥gicos, cuestiones econ√≥micas o empresariales, movimientos sociales, l√≠nea editorial de medios informativos, forma de autofinanciaci√≥n, etc. Se mencionaron reuniones en las que no se sab√≠a qui√©n hab√≠a participado. Se declaraban financiaciones ocultas cuando en las mismas actas legales aparec√≠a su origen y c√≥mo se gastaba ese dinero. Se silenciaba con determinaci√≥n cualquier tentativa de los imputados de dar explicaciones sobre afirmaciones, escritos, declaraciones o actividades. ¬ŅC√≥mo iban a seguir los medios un juicio que estaba ya prejuzgado?

Esta ausencia de medios formaba parte de la descontextualizaci√≥n de los hechos, de la falta de una reconstrucci√≥n hist√≥rica rigurosa porque la base de las acusaciones fijaba que los fines pol√≠ticos fueran considerados actos criminales. Se ha aplicado el nuevo t√©rmino jurisprudencial espa√Īol de la ‚Äúcontaminaci√≥n‚ÄĚ. Hasta el punto que la denuncia de algunos imputados sobre el hecho que entre los peritos policiales se encontrara quien practic√≥ interrogatorios con tortura, fue silenciada con un ‚ÄúAqu√≠ no valen tribunales de Estrasburgo‚ÄĚ. Como dijo el fiscal general del Estado Conde Pumpido en relaci√≥n a la ilegalizaci√≥n de las lista de AS y de la mitad de ANV: ‚ÄúQuiz√°s nos hemos pasado pero ha colado‚ÄĚ. Tanto ha colado que el mismo el El Pa√≠s haciendo un resumen de las detenciones contra ETA desde la tregua hasta hoy afirmaba que eran 188 los etarras detenidos: militantes o supuestos de ETA, j√≥venes acusados de kale borroka, dirigentes de Batasuna e imputados en los juicios de Jarrai-Haika-Segi y del 18/98. Todo es ETA.

Por su parte, las personas condenadas en este juicio han mostrado las causas sociales y pol√≠ticas para las que han dedicado su vida. Han respondido a las condenas llamando a movilizarse por un objetivo que resume el sentido¬† de su lucha pol√≠tica: ‚ÄúPor los derechos de Euskal Herria. Condiciones democr√°ticas para todas las opciones pol√≠ticas‚ÄĚ. Y si tuvi√©ramos la voluntad de analizar hist√≥ricamente el trabajo de las asociaciones, grupos pol√≠ticos, medios informativos en los que participaban los acusados, percibir√≠amos que esa reivindicaci√≥n pol√≠tica ha sido el hilo conductor. Egin un diario √ļnico en Europa que daba voz a quien no la ten√≠a en otros medios y tambi√©n a quien no compart√≠a las ideas de la izquierda abertzale. Un diario que viv√≠a del apoyo de su gente, lo que daba sentido profundo al concepto de libertad de expresi√≥n. La Fundaci√≥n Zumalabe, nacida gracias a la decisi√≥n de ‚Äúredistribuir la plusval√≠a producida por los trabajadores‚ÄĚ para profundizar el hilo que une los movimientos sociales vascos. Xaki que proyectaba internacionalmente el sentido de la propuesta de la izquierda abertzale que, como dec√≠a el video Libre contra nuestra historia es la de ‚Äúser ciudadanos del mundo y no s√ļbditos de la aldea global‚ÄĚ. Ekin, un grupo que se presentaba p√ļblicamente para reivindicar la independencia y el socialismo. La teor√≠a que ‚Äútodo es ETA‚ÄĚ hace abstracci√≥n de la historia. Niega, sobre todo, que exista una forma diferente de hacer pol√≠tica que se pueda confrontar en pie de igualdad con las que dominan nuestra sociedad. Por eso les juzgaron.

El Juicio 18/98 resume la negaci√≥n del sistema pol√≠tico y jur√≠dico espa√Īol (y tambi√©n europeo), para ofertar instrumentos de transformaci√≥n. Extracta la oposici√≥n para acercar el pueblo, los ciudadanos, al protagonismo pol√≠tico, para devolver a la pol√≠tica su principal funci√≥n que es la de establecer, entre todos, modalidades de relaci√≥n y normas para primar los derechos humanos y pol√≠ticos sobre los de las √©lites del poder econ√≥mico. El Juicio 18/98 impide vacunar contra la enfermedad de la xenofobia y el racismo a trav√©s del reconocimiento de que las culturas son culturas diferentes y que tienen el mismo derecho a desarrollarse para profundizar en la riqueza de la diversidad. De reconocer que el Primer Mundo no lo es por la gracia de Dios, sino a golpe de guerras, imposiciones y explotaci√≥n. Hasta que no se acepte ese desaf√≠o pol√≠tico y cultural, hasta que no se abran las puertas a la dial√©ctica pol√≠tica (hecha a trav√©s de la libre confrontaci√≥n de modelos pol√≠ticos y sociales), no se habr√° abierto el camino de la democracia o sea la v√≠a de crear ‚Äúcondiciones democr√°ticas para todas las opciones pol√≠ticas‚ÄĚ.

El Censor

Joan Mari Torrealdai es el experto en trabajos referidos a la censura franquista.¬†Recominedo vivamente aquel que le¬†public√≥ una entidad¬†bancaria y que he releido hace un par de semanas, mientras estaba precisamente en un archivo que guarda todos los secretos de la censura de los tiempos del dictador. No voy a continuar, sin embargo, con¬†el trabajo de uno de nuestros mejores y m√°s prol√≠ficos autores, pero s√≠ quiero utilizar la excusa de la censura para buscar una alusi√≥n que se pierde hace doscientos a√Īos. La censura franquista, m√°s cercana, fue el refuerzo del r√©gimen para asentar sus bases ideol√≥gicas y pol√≠ticas… una historia demasiado truculenta y extensa para estas l√≠neas

 

En cambio, el t√©rmino censura, incorpora en sus sin√≥nimos los conceptos de s√°tira, burla e, incluso cr√≠tica. La cr√≥nica de este siglo, marcada por reinados, dictaduras y dem√°s, al menos en la Euskal Herria peninsular, nos ha dejado un t√©rmino m√°s estricto que no fue siempre el mismo. En 1781, dos abogados madrile√Īos editaron un peri√≥dico al que llamaron El censor. Se public√≥ durante seis a√Īos, con tres interrupciones debidas a cierres gubernamentales.

 

El censor, un diario sat√≠rico al estilo de otros del siglo XVIII como el ingl√©s The Spectator, el espa√Īol El pensador, o el m√°s reciente La codorniz, provoc√≥ p√°nico en la intelectualidad. Cuando hay humor de por medio, parece que la cr√≠tica pol√≠tica tiene visos de calar con una profundidad mayor que en su ausencia. Parece que podemos llorar cuanto queramos, pero no re√≠r en la misma medida.

 

¬†Como era obvio, los articulistas de El censor, escrib√≠an bajo seud√≥nimo. Sesudos comentaristas y analistas literarios se estrujaron sus meninges, durante d√©cadas, hasta dar con los autores hasta que, finalmente, descifraron que uno de los colaboradores an√≥nimos m√°s frecuentes era el alav√©s F√©lix Mar√≠a Samaniego, nuestro fabulista de Biasteri. Efectivamente, Samaniego era todo un ilustre: estudiante en los jesuitas de Baiona, se√Īor de las cinco villas del valle de Araia, director del seminario de nobles de Bergara, diputado vasco en Madrid, alcalde de Tolosa… en fin una vida de hidalgu√≠as. Escribir en un medio burl√≥n ten√≠a sus riesgos. El mismo Samaniego lo pudo comprobar en otras facetas: sus poemas er√≥ticos aglutinados en El jard√≠n de Venus no ser√≠an editados hasta el siglo XX. Y Samaniego muri√≥ en el a√Īo 1801.