Archives for : agosto2008

El nacionalismo furtivo

Me acerqué a Amaiur recientemente, en las ruinas de cuyo castillo han estado trabajando un grupo de arqueólogos sacando a la luz retazos de aquellas murallas que albergaron a los defensores que describió Lauaxeta en un emotivo poema. Las obras del corredor del Bidasoa me aconsejaron viajar por el lado norte del río. A partir de Sara, la radio del coche bandeaba de una emisora a otra, inducida por los vaivenes del terreno, como si se tratara de una chalupa a merced de las olas. Los locutores, las melodías, los anuncios repicaban en euskara, más tarde en francés y, al poco, en castellano. Se entremezclaban sin orden, ni concierto.        

En una de estos sobresaltos, las ondas lanzaron las palabras de un destacado ministro del Gobierno espa√Īol: ‚ÄúNo somos nacionalistas y por eso no podremos compartir jam√°s los ideales secesionistas de los nacionalistas‚ÄĚ. Una zona sombr√≠a ahog√≥ el resto de su declaraci√≥n y lanz√≥ el dial hacia una emisora francesa en la que debat√≠an la invasi√≥n rusa en Georgia. Uno de los tertulianos rescat√≥ una frase del presidente Sarkozy: ‚ÄúNo somos nacionalistas porque el nacionalismo conduce a la guerra‚ÄĚ. No pude continuar la audici√≥n. Un control policial en Dantxarinea me volvi√≥ de las ondas a la carretera: ‚ÄúDocumentaci√≥n, por favor‚ÄĚ.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†

Alcanc√© la loma del castillo, sin m√°s sobresaltos, poco despu√©s de descender por las laderas de Otsondo. Olvid√© el tema, despu√©s de prometerme escribir al respecto. ¬ŅPor qu√© los dirigentes espa√Īoles y franceses perjuran del nacionalismo? Hoy lo rescato, para lanzar una reflexi√≥n. ¬ŅPor qu√© quienes reniegan del nacionalismo se escudan en su apellido para delimitar sus organismos, instituciones y s√≠mbolos. ¬ŅParadoja, mentira, imbecilidad, manipulaci√≥n? Pasen y lean:

Documento Nacional de Identidad (DNI), Assembl√©e Nationale, Museo Arqueol√≥gico Nacional, Comit√© National Olympique, Instituto Nacional de Estad√≠stica, Orchestre National, Plan Estad√≠stico Nacional, Centre National de Documentation P√©dagogique, Instituto Nacional de Meteorolog√≠a, Biblioth√®que Nationale de France, Universidad Nacional de Educaci√≥n a Distancia, Instituo Nacional de Empleo (INEM), Minist√®re de l‚Äô√Čducation Nationale, Comisi√≥n Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Institut National de Recherche P√©dagogique, Plan Nacional sobre Drogas, Loter√≠a Nacional, Centre National de la Photographie, Audiencia Nacional, Selecci√≥n Nacional, Institut National de la Recherche Agronomique (INRA), Radio Nacional de Espa√Īa, Institut National de la Statistique, Biblioteca Nacional, Himno Nacional, Institut National de la Sant√© et de la Recherche M√©dicale (CNFPT), Centre National de la Fonction Publique Territoriale, Bandera Nacional, Op√©ra National de Paris, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sof√≠a, Museo Nacional de Ciencias Naturales, Museo Arqueol√≥gico Nacional, Mus√©um National d¬īHistoire Naturelle, Institut National d¬ī√Čtudes D√©m√≥graphiques, Institut National de l¬īAudiovisuel (INA), Institut G√©ographique National (IGN), Instituto Nacional de Investigaci√≥n y Teconolog√≠a Agraria y Alimentaria (INIA), Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), Conservatoire National des Arts et M√©tiers, Museo Nacional de Escultura, Institut National de la Propriet√© Industrielle, Centro Nacional de Biotecnolog√≠a (CBN), Instituto Nacional de Administraci√≥n P√ļblica, Institut National de Recherche en Informatique et Automatique (INRIA), Polic√≠a Nacional, Gendarmerie Nationale, Comisi√≥n Nacional de Telecomunicaciones, Conseil National de l¬īOrdre de M√©decins, Campa√Īa Nacional Antivirus, Institut National de Recherche Sur les Transports, Confederaci√≥n Nacional del Trabajo (CNT), Centre National de la Cin√©matographie (CNC), Instituto Nacional del Consumo, F√°brica Nacional de Moneda y Timbre, Organizaci√≥n Nacional de Trasplantes, R√©seau National des Biblioth√®ques, Centro Nacional de Informaci√≥n Geogr√°fica, Instituto Nacional de Medicina y Seguridad en el Trabajo (INMST), Museo Nacional del Prado, Institut National de la Langue Fran√ßaise (INaLF), Colegio Nacional de √ďpticos Optometristas (CNOO), Confederaci√≥n Nacional de Sordos Espa√Īoles, Instituto Nacional del Carb√≥n, Institut National de Sciences Appliqu√©es, Mus√©e National d¬īArt Moderne, Mus√©e National d¬īHistoire Naturelle, Organizaci√≥n Nacional de Ciegos Espa√Īoles (ONCE), Institut National de Recherche et de Securit√©, Institut National Agronomique, Inventaire Forestier National (IGN)‚Ķ

Ya lo dice el refr√°n: ‚ÄúNo hay m√°s ciego que el que no quiere ver‚ÄĚ.¬†

Manifiesto por la lengua

Desde hace a√Īos tengo crecientes razones para preocuparme en mi pa√≠s, y en otros que visito, por la situaci√≥n de la lengua castellana que, como bien indica su nombre, procede de Castilla. Yo no soy castellano, y mira que me gustar√≠a al menos probarlo, pero nac√≠ en distinto lugar y ya se sabe que la naturaleza no se elige a pesar del dicho de Gabriel Celaya del nacer y del pacer. Conozco la lengua, como puede comprobarse por estas letras, y me expreso habitualmente en la misma, aunque debo descubrir que no es la √ļnica. Con mis hijos, su madre y la mayor√≠a de amigos me manifiesto en vascuence (ese idioma que la Academia de la Lengua espa√Īola define como ‚Äúlo que est√° tan confuso y oscuro que no se puede entender‚ÄĚ), navego en internet y me relaciono con la comunidad internacional en ingl√©s y gracias a esa lengua, lo reconozco, me entiendo en medio mundo. En franc√©s leo un par de revistas semanales y los libros que me suministran los colegas de una editorial con la que colaboro y, en fin, pecando de pedanter√≠a les puedo a√Īadir que hace m√°s de veinticinco a√Īos me ganaba la vida ense√Īando esperanto, esa lengua cargada de utop√≠a que hab√≠a inventado un tal Zamenhof y que yo aprend√≠ en EEUU, de la mano de un pol√≠glota natural de Bilbao.

Siempre he sabido, porque los miembros de mi familia fuimos picados durante unas calurosas vacaciones estivales por el mosquito de la curiosidad, que un antepasado m√≠o estuvo en canteras castellanas y dej√≥ descendencia por esas tierras, pero fue hace tanto tiempo que se perdi√≥ la pista. Pero, oigan, lo de la curiosidad tiene ahora remedio desde que un laboratorio norteamericano hace pruebas de ADN, confidenciales seg√ļn dicen, por poco m√°s de 100 d√≥lares. Y, como a mi edad los caprichos ya son pocos, envi√© de inmediato a la direcci√≥n indicada, tras el pago correspondiente, el kit que previamente me proporcionaron. En unas semanas la respuesta me produjo una tremenda conmoci√≥n y gracias a la misma he sabido de n√ļmeros racimos √©tnicos que se han mezclado en mi sangre, lo cual me ha producido, asimismo, una gran emoci√≥n. Hoy aprovecho cualquier encuentro en la intimidad para ense√Īar a los m√°s cercanos el informe sobre la mezcla singular en los gl√≥bulos de mi sangre.

Por la descripci√≥n de mis or√≠genes he sabido de antepasados en Chile, lo cual me reconforta pues una de las plazas de su capital, junto a su correspondiente parada de autob√ļs, lleva mi apellido. Los antepasados sin embargo, no cruzaron el oc√©ano en sentido a poniente, sino al contrario. Perplejo, descubro en la biblioteca que aquellos cuyos restos corren por mi sangre hablaban kunza y que la lengua, extendida por el desierto de Atacama, fue arrasada por los colonizadores espa√Īoles que llevaban la suya para la conquista y el lat√≠n del misal para asegurarse la salvaci√≥n. Me ocasion√≥ un profundo impacto el conocer que aquellos aut√≥ctonos eran asados a la parrilla, prologando su sufrimiento y que los crueles cruzados se mofaban de sus v√≠ctimas en la lengua del gran Cervantes.

La pista del ribonucleico descifrado por el laboratorio me llev√≥ no lejos de Atacama, a zonas tambi√©n des√©rticas donde los wari, paracas y nascas desarrollaron sus culturas antes de la llegada de las espadas y del rosario. Se alegr√≥ mi √°nimo por semejante pedegree, pero pronto decay√≥ al conocer que sus idiomas, de la familia del aru, del tronco del aymara, fueron desplazados por el castellano hasta hacerlos desaparecer. Algo hab√≠a o√≠do al respecto, por lo que tom√© de nuevo el camino de la biblioteca, cerca de mi casa, para repasar la extinci√≥n de lenguas en el territorio que ahora llaman Per√ļ. La sorpresa fue may√ļscula: kuli, den, uro, chol√≥n, chiribaya, muchik, puquina‚Ķ hasta 18 lenguas aniquiladas por la lengua cuya Academia se blasona con el eslogan: ‚Äúbrilla y da esplendor‚ÄĚ.

¬°Horror! Las dudas comenzaron a borrar esas ideas de colegio de que los idiomas son incoloros, como el agua. ¬ŅY s√≠ un idioma no es as√≠? Elio Antonio Mart√≠nez de Cala e Hinojosa, natural de Lebrija y por asociaci√≥n conocido con el sobrenombre de Nebrija, ya lo avanz√≥ a su reina, Isabel la Cat√≥lica: ‚ÄúSu Majestad, la lengua es el instrumento del Imperio‚ÄĚ. Castilla ya no es, sin embargo, el ombligo. En la actualidad, M√©xico es el estado con mayor n√ļmero de castellano-parlantes, m√°s de 100 millones, o lo que es lo mismo, m√°s del 95% de su poblaci√≥n. Desde que se cre√≥ Nueva Espa√Īa, la lengua de Castilla fue oficial y la √ļnica de la Administraci√≥n. A partir de entonces, la pol√≠tica colonial y la criolla fue n√≠tida: castellanizar a los ind√≠genas. En ese proceso, impuesto nuevamente con sables y misales, llegaron a desaparecer un centenar de lenguas. Diez veces diez.

Entre las peculiaridades de las que me alientan ciertamente la vanidad, dec√≠a mi ADN descifrado que un antepasado lejano proven√≠a de las llamadas Islas Canarias. El pariente, o los parientes, debieron de habitar en las islas africanas hace muchos siglos. Se comunicaban en una lengua que los modernos ling√ľistas han apellidado ‚Äúguanche‚ÄĚ, t√©rmino inadecuado para los m√°s puristas que la llamaron ‚Äúamazighe‚ÄĚ, emparentada con las bereberes en una historia a la que Federico Krutwig puso su envoltorio rom√°ntico cuando escribi√≥ Garaldea. Los bereberes insulares, junto a su lengua milenaria y hoy desconocida, fueron exterminados por los castellanos, empalados y desollados vivos, tal y como hac√≠an los mongoles con sus prisioneros japoneses en las previas a la √ļltima contienda mundial.

No piensen, sin embargo, que mis antecesores proven√≠an todos del otro lado del oc√©ano. Tambi√©n los tengo en la cercan√≠a y a ellos me referir√© en las pr√≥ximas l√≠neas. Una tatarabuela o algo as√≠ (el informe de laboratorio no da tanta precisi√≥n, aunque el √°rbol geneal√≥gico que constru√≠ a partir de las partidas de bautismo del Archivo Diocesano me aliviaron la investigaci√≥n) era natural de Beasain. Su madre de Aia. Como a estas alturas el tema de la sangre me iba ya de lado y √ļnicamente me preocupaba el de la comunicaci√≥n, es decir el de la lengua, envi√© sendas cartas a los ayuntamientos respectivos, con un asunto del que ten√≠a referencias, aunque no muy concretas: los castigos a quienes no hablaran castellano. El primero me contest√≥ al poco tiempo, con una orden de 1730: ‚ÄúY que no se permita hablar en vascuence sino en castellano, poniendo anillo y castig√°ndoles como merecen‚ÄĚ. El segundo se demor√≥ varias semanas y s√≥lo cuando mand√© una nueva carta, recib√≠ la contestaci√≥n, √©sta con un documento de 1784: ‚ÄúDar√° orden estrecha de que nunca hablen entre s√≠ el vascuence, sino el castellano. Y para puntual observancia de esta orden se valdr√° del medio com√ļn o sortija, tomando cada s√°bado raz√≥n de su paradero y reprendiendo, apercibiendo o castigando directamente al que se hallare con √©l‚ÄĚ.

Lo del anillo es una historia m√°s reciente, contada por escritores refutados. El anillo, s√≠mbolo del castigo, circulaba entre los que no conoc√≠an el castellano. Una humillaci√≥n. Un pensamiento pasajero me sugiri√≥ que lo del anillo quiz√°s se trataba de una versi√≥n moderna de los viejos castigos hacia los ind√≠genas, que en aquella √©poca, al no tener alma, eran decapitados por no aprender la lengua romance, sin saber, precisamente, qu√© era eso del romance. Pero me pareci√≥ demasiado atrevido hacer semejantes suposiciones con tan pocas certezas y abandon√© la idea. La retom√©, sin embargo, cuando repar√© que en 1936 un vecino de Arrasate fue detenido por hablar en vascuence por la calle y fusilado de inmediato. ¬ŅCasos aislados? Probablemente.

No me gustar√≠a, sin embargo y gracias a las informaciones que poseo sobre mi ADN, dejar pasar la ocasi√≥n para manifestar algunas reflexiones sobre esas preocupaciones que me perturban en estos √ļltimos a√Īos. Debo reconocer que no he sido el √ļnico en efectuar las pruebas y que, siguiendo la estela abierta, algunos de mis amigos han realizado por internet sus respectivas peticiones. Las respuestas, como era de esperar son variopintas. Sus antepasados m√°s cercanos fueron sefard√≠es, moz√°rabes, astures, catalanes‚Ķ Como he dicho antes, despu√©s de tantas vueltas, la sangre hab√≠a perdido su valor y centraba mis indagaciones en las lenguas. Tambi√©n √©stas citadas hab√≠an desparecido o reducido su √°rea de influencia, como la del vascuence, por castigos, prohibiciones, etc.

Y, aunque no soy muy amigo de la simplificación y me gustan los matices, he llegado a un conclusión rotunda. Una lengua romance de ámbito reducido como el castellano, se convirtió en lengua de ámbito extendido por cuestiones de conquista y colonización. Y que su expansión fue como la de los mejillones cebra que acaban de llegar a nuestros humedales: depredadores voraces que terminan en un santiamén con todas las especies autóctonas cuya supervivencia había sido posible gracias a la paciencia de la evolución.

As√≠ que las razones de mi preocupaci√≥n se acrecentaron al comprobar en mi pa√≠s y en otros que visito frecuentemente que una serie de mefistos modernos quieren revivir viejos laureles y darle un nuevo impulso a la depredaci√≥n. Nos acaban de anunciar los ling√ľistas que en Oaxaca desaparecer√° en unos a√Īos la lengua xwja, hablada √ļnicamente por ocho personas mayores de 70 a√Īos. Es la pr√≥xima de las cientos de lenguas que se desvanecer√°n en un abrir y cerrar de ojos por cuatro grandes agentes exterminadores, a decir del canadiense Mark Abley: castellano, chino, ruso e ingl√©s. Las razones para estas preocupaciones son poderosas y, desde mi humilde posici√≥n, influenciada sin lugar a dudas por la riqueza que he descubierto recientemente portan mis gl√≥bulos sangu√≠neos, me gustar√≠a llamar la atenci√≥n sobre √©stas, precisamente, lenguas exterminadoras. Quiz√°s merecer√≠a la pena realizar un manifiesto com√ļn de depredados. No lo s√©. Para eso est√°n las asociaciones y las cabezas pensantes. Yo s√≥lo alerto de los devastadores, porque percibo en la circulaci√≥n de mi sangre, que sus efectos son letales.

 

Manifiesto por la lengua

Desde hace a√Īos tengo crecientes razones para preocuparme en mi pa√≠s, y en otros que visito, por la situaci√≥n de la lengua castellana que, como bien indica su nombre, procede de Castilla. Yo no soy castellano, y mira que me gustar√≠a al menos probarlo, pero nac√≠ en distinto lugar y ya se sabe que la naturaleza no se elige a pesar del dicho de Gabriel Celaya del nacer y del pacer. Conozco la lengua, como puede comprobarse por estas letras, y me expreso habitualmente en la misma, aunque debo descubrir que no es la √ļnica. Con mis hijos, su madre y la mayor√≠a de amigos me manifiesto en vascuence (ese idioma que la Academia de la Lengua espa√Īola define como ‚Äúlo que est√° tan confuso y oscuro que no se puede entender‚ÄĚ), navego en internet y me relaciono con la comunidad internacional en ingl√©s y gracias a esa lengua, lo reconozco, me entiendo en medio mundo. En franc√©s leo un par de revistas semanales y los libros que me suministran los colegas de una editorial con la que colaboro y, en fin, pecando de pedanter√≠a les puedo a√Īadir que hace m√°s de veinticinco a√Īos me ganaba la vida ense√Īando esperanto, esa lengua cargada de utop√≠a que hab√≠a inventado un tal Zamenhof y que yo aprend√≠ en EEUU, de la mano de un pol√≠glota natural de Bilbao.

Siempre he sabido, porque los miembros de mi familia fuimos picados durante unas calurosas vacaciones estivales por el mosquito de la curiosidad, que un antepasado m√≠o estuvo en canteras castellanas y dej√≥ descendencia por esas tierras, pero fue hace tanto tiempo que se perdi√≥ la pista. Pero, oigan, lo de la curiosidad tiene ahora remedio desde que un laboratorio norteamericano hace pruebas de ADN, confidenciales seg√ļn dicen, por poco m√°s de 100 d√≥lares. Y, como a mi edad los caprichos ya son pocos, envi√© de inmediato a la direcci√≥n indicada, tras el pago correspondiente, el kit que previamente me proporcionaron. En unas semanas la respuesta me produjo una tremenda conmoci√≥n y gracias a la misma he sabido de n√ļmeros racimos √©tnicos que se han mezclado en mi sangre, lo cual me ha producido, asimismo, una gran emoci√≥n. Hoy aprovecho cualquier encuentro en la intimidad para ense√Īar a los m√°s cercanos el informe sobre la mezcla singular en los gl√≥bulos de mi sangre.

Por la descripci√≥n de mis or√≠genes he sabido de antepasados en Chile, lo cual me reconforta pues una de las plazas de su capital, junto a su correspondiente parada de autob√ļs, lleva mi apellido. Los antepasados sin embargo, no cruzaron el oc√©ano en sentido a poniente, sino al contrario. Perplejo, descubro en la biblioteca que aquellos cuyos restos corren por mi sangre hablaban kunza y que la lengua, extendida por el desierto de Atacama, fue arrasada por los colonizadores espa√Īoles que llevaban la suya para la conquista y el lat√≠n del misal para asegurarse la salvaci√≥n. Me ocasion√≥ un profundo impacto el conocer que aquellos aut√≥ctonos eran asados a la parrilla, prologando su sufrimiento y que los crueles cruzados se mofaban de sus v√≠ctimas en la lengua del gran Cervantes.

La pista del ribonucleico descifrado por el laboratorio me llev√≥ no lejos de Atacama, a zonas tambi√©n des√©rticas donde los wari, paracas y nascas desarrollaron sus culturas antes de la llegada de las espadas y del rosario. Se alegr√≥ mi √°nimo por semejante pedegree, pero pronto decay√≥ al conocer que sus idiomas, de la familia del aru, del tronco del aymara, fueron desplazados por el castellano hasta hacerlos desaparecer. Algo hab√≠a o√≠do al respecto, por lo que tom√© de nuevo el camino de la biblioteca, cerca de mi casa, para repasar la extinci√≥n de lenguas en el territorio que ahora llaman Per√ļ. La sorpresa fue may√ļscula: kuli, den, uro, chol√≥n, chiribaya, muchik, puquina‚Ķ hasta 18 lenguas aniquiladas por la lengua cuya Academia se blasona con el eslogan: ‚Äúbrilla y da esplendor‚ÄĚ.

¬°Horror! Las dudas comenzaron a borrar esas ideas de colegio de que los idiomas son incoloros, como el agua. ¬ŅY s√≠ un idioma no es as√≠? Elio Antonio Mart√≠nez de Cala e Hinojosa, natural de Lebrija y por asociaci√≥n conocido con el sobrenombre de Nebrija, ya lo avanz√≥ a su reina, Isabel la Cat√≥lica: ‚ÄúSu Majestad, la lengua es el instrumento del Imperio‚ÄĚ. Castilla ya no es, sin embargo, el ombligo. En la actualidad, M√©xico es el estado con mayor n√ļmero de castellano-parlantes, m√°s de 100 millones, o lo que es lo mismo, m√°s del 95% de su poblaci√≥n. Desde que se cre√≥ Nueva Espa√Īa, la lengua de Castilla fue oficial y la √ļnica de la Administraci√≥n. A partir de entonces, la pol√≠tica colonial y la criolla fue n√≠tida: castellanizar a los ind√≠genas. En ese proceso, impuesto nuevamente con sables y misales, llegaron a desaparecer un centenar de lenguas. Diez veces diez.

Entre las peculiaridades de las que me alientan ciertamente la vanidad, dec√≠a mi ADN descifrado que un antepasado lejano proven√≠a de las llamadas Islas Canarias. El pariente, o los parientes, debieron de habitar en las islas africanas hace muchos siglos. Se comunicaban en una lengua que los modernos ling√ľistas han apellidado ‚Äúguanche‚ÄĚ, t√©rmino inadecuado para los m√°s puristas que la llamaron ‚Äúamazighe‚ÄĚ, emparentada con las bereberes en una historia a la que Federico Krutwig puso su envoltorio rom√°ntico cuando escribi√≥ Garaldea. Los bereberes insulares, junto a su lengua milenaria y hoy desconocida, fueron exterminados por los castellanos, empalados y desollados vivos, tal y como hac√≠an los mongoles con sus prisioneros japoneses en las previas a la √ļltima contienda mundial.

No piensen, sin embargo, que mis antecesores proven√≠an todos del otro lado del oc√©ano. Tambi√©n los tengo en la cercan√≠a y a ellos me referir√© en las pr√≥ximas l√≠neas. Una tatarabuela o algo as√≠ (el informe de laboratorio no da tanta precisi√≥n, aunque el √°rbol geneal√≥gico que constru√≠ a partir de las partidas de bautismo del Archivo Diocesano me aliviaron la investigaci√≥n) era natural de Beasain. Su madre de Aia. Como a estas alturas el tema de la sangre me iba ya de lado y √ļnicamente me preocupaba el de la comunicaci√≥n, es decir el de la lengua, envi√© sendas cartas a los ayuntamientos respectivos, con un asunto del que ten√≠a referencias, aunque no muy concretas: los castigos a quienes no hablaran castellano. El primero me contest√≥ al poco tiempo, con una orden de 1730: ‚ÄúY que no se permita hablar en vascuence sino en castellano, poniendo anillo y castig√°ndoles como merecen‚ÄĚ. El segundo se demor√≥ varias semanas y s√≥lo cuando mand√© una nueva carta, recib√≠ la contestaci√≥n, √©sta con un documento de 1784: ‚ÄúDar√° orden estrecha de que nunca hablen entre s√≠ el vascuence, sino el castellano. Y para puntual observancia de esta orden se valdr√° del medio com√ļn o sortija, tomando cada s√°bado raz√≥n de su paradero y reprendiendo, apercibiendo o castigando directamente al que se hallare con √©l‚ÄĚ.

Lo del anillo es una historia m√°s reciente, contada por escritores refutados. El anillo, s√≠mbolo del castigo, circulaba entre los que no conoc√≠an el castellano. Una humillaci√≥n. Un pensamiento pasajero me sugiri√≥ que lo del anillo quiz√°s se trataba de una versi√≥n moderna de los viejos castigos hacia los ind√≠genas, que en aquella √©poca, al no tener alma, eran decapitados por no aprender la lengua romance, sin saber, precisamente, qu√© era eso del romance. Pero me pareci√≥ demasiado atrevido hacer semejantes suposiciones con tan pocas certezas y abandon√© la idea. La retom√©, sin embargo, cuando repar√© que en 1936 un vecino de Arrasate fue detenido por hablar en vascuence por la calle y fusilado de inmediato. ¬ŅCasos aislados? Probablemente.

No me gustar√≠a, sin embargo y gracias a las informaciones que poseo sobre mi ADN, dejar pasar la ocasi√≥n para manifestar algunas reflexiones sobre esas preocupaciones que me perturban en estos √ļltimos a√Īos. Debo reconocer que no he sido el √ļnico en efectuar las pruebas y que, siguiendo la estela abierta, algunos de mis amigos han realizado por internet sus respectivas peticiones. Las respuestas, como era de esperar son variopintas. Sus antepasados m√°s cercanos fueron sefard√≠es, moz√°rabes, astures, catalanes‚Ķ Como he dicho antes, despu√©s de tantas vueltas, la sangre hab√≠a perdido su valor y centraba mis indagaciones en las lenguas. Tambi√©n √©stas citadas hab√≠an desparecido o reducido su √°rea de influencia, como la del vascuence, por castigos, prohibiciones, etc.

Y, aunque no soy muy amigo de la simplificación y me gustan los matices, he llegado a un conclusión rotunda. Una lengua romance de ámbito reducido como el castellano, se convirtió en lengua de ámbito extendido por cuestiones de conquista y colonización. Y que su expansión fue como la de los mejillones cebra que acaban de llegar a nuestros humedales: depredadores voraces que terminan en un santiamén con todas las especies autóctonas cuya supervivencia había sido posible gracias a la paciencia de la evolución.

As√≠ que las razones de mi preocupaci√≥n se acrecentaron al comprobar en mi pa√≠s y en otros que visito frecuentemente que una serie de mefistos modernos quieren revivir viejos laureles y darle un nuevo impulso a la depredaci√≥n. Nos acaban de anunciar los ling√ľistas que en Oaxaca desaparecer√° en unos a√Īos la lengua xwja, hablada √ļnicamente por ocho personas mayores de 70 a√Īos. Es la pr√≥xima de las cientos de lenguas que se desvanecer√°n en un abrir y cerrar de ojos por cuatro grandes agentes exterminadores, a decir del canadiense Mark Abley: castellano, chino, ruso e ingl√©s. Las razones para estas preocupaciones son poderosas y, desde mi humilde posici√≥n, influenciada sin lugar a dudas por la riqueza que he descubierto recientemente portan mis gl√≥bulos sangu√≠neos, me gustar√≠a llamar la atenci√≥n sobre √©stas, precisamente, lenguas exterminadoras. Quiz√°s merecer√≠a la pena realizar un manifiesto com√ļn de depredados. No lo s√©. Para eso est√°n las asociaciones y las cabezas pensantes. Yo s√≥lo alerto de los devastadores, porque percibo en la circulaci√≥n de mi sangre, que sus efectos son letales.