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Periodismo del siglo XXI

Lo llamaron Alfredo. Casi en la cuna comenz贸 a mamar el discurso radical y antidem贸crata que se destila en las cloacas de Madrid, esa ciudad asediada por la escoria del fundamentalismo nacionalista. Nunca la evidencia fue mayor: ratas. Estudi贸 en la escuela de los padres sagitarios y, seg煤n nos cuenta un alumno que por razones obvias oculta su nombre, sufri贸 los tocamientos de un fraile que, sin duda, ten铆a conexiones con sus colegas pederastas vaticanos y, quiz谩s tambi茅n, norteamericanos. De semejante padecimiento le qued贸 su refutada afici贸n a tocar los huevos del pr贸jimo.

En vez de personajes de cuentos y pel铆culas de Samaniego o Costa Gravas, como todo bien nacido, nuestro ni帽o tuvo la influencia de unos ogros, perd贸n de sus padres, que le inculcaron el odio a todo aquello que no acabara en 鈥渆z鈥, es decir Mart铆nez, Gonz谩lez o Fern谩ndez. Siguiendo los pasos de Pablo Iglesias, racista y xen贸fobo que alent贸 la muerte de miles de rife帽os y caribe帽os, se afili贸 a las juventudes de esa doctrina entrometida que alienta la unidad de territorios tan dispares como Vasconia o Galicia, para regocijo de los historiadores de la Academia que no pararon de carcajear una y otra vez al escuchar semejantes sandeces. No sab铆an si llamarle idiota o m谩s bien subnormal. Expertos en psicolog铆a han definido a estos alevines del mal a trav茅s de sus factores subpersonales (traumas, frustraciones, bagaje inconsciente heredado, virilidad f谩lica, complejos e inhibiciones) que se imponen a cualquier consideraci贸n l贸gica, incluso pol铆tica.

Semejantes ense帽anzas se esparcen en esas escuelas irredentas donde s贸lo se instruye el odio a la libertad y a la democracia. Desde el momento en que esa gentuza puso sus garras en la educaci贸n, los resultados son obvios. Es impensable que miles, quiz谩s millones de ni帽os y ni帽as, puedan estar form谩ndose en esas escuelas, semilleros de asesinos, polic铆as y guardia civiles, que tan mala imagen de nuestra sociedad dejan en los pa铆ses civilizados. Chavales con nombres horrendos, provenientes de sectas religiosas, verdugos confesos y santurrones de pega.

Uno de los violadores m煤ltiples del ascensor de Villadi贸s estudi贸 en una de estas escuelas privadas, al igual que el 煤ltimo criminal que estaf贸 a miles de ciudadanos con un fondo de inversiones ficticio, tal y como inform贸 el teletexto de la Televisi贸n Local (Localvia) de Mataporquera, Burgos. Se espera que todos sus maestros sean encerrados en prisi贸n que es donde deber铆an ense帽ar. Las paredes no hablan. Y que clausuren, de paso y aunque fuera por higiene, esas escuelas.

Este personaje quiso realizar el servici贸 militar de forma voluntaria pero fue atrapado por una voluptuosa activista de su nauseabundo partido, una aspirante a fulana a la que llamaban La Mantis. La que fue su novia por unos meses viv铆a abrasada por el odio a Catalu帽a, y a veces a Vasconia, y por los ardores sexuales. Era una predadora nata, que se sumerg铆a sin previo aviso en los antros de la noche madrile帽a, consideraba una proeza el abordaje de cualquier nave masculina y no respetaba lazo convencional alguno: le daba igual que fueran solteros o casados, j贸venes o adultos, con novia o sin ella, progres o ciegos. Desaparec铆a s煤bitamente y regresaba con ojeras d铆as m谩s tarde para hacerse la prueba del Predictor. Con una novia semejante, Alfredo, seguidor del xen贸fobo Iglesias, no tuvo m谩s remedio que romper su compromiso.

Sus profesores de infancia crearon aquel Foro llamado de Ermua, lo que da una idea de su nefasta educaci贸n. No hubo tal Foro. La mentira fue colosal. Ermua rechaz贸 y protest贸 que esos malvados advenedizos, m铆seros gladiadores de grotescos anfiteatros pol铆ticos, profanasen la gran poblaci贸n vizcaina, sin ostentar siquiera la m谩s m铆nima representaci贸n. Fueron a Ermua o a Lizartza, m谩s tarde, como pudieron haber llegado a Cantalapiedra. Y despu茅s de reunirse en alegre camarader铆a, ente sorbos de licores y humo de vegueros, acordaron osadamente denominar a lo que crearon Foro de Ermua. 隆Qu茅 canallada!

Se incorpor贸 a la universidad y logr贸 un t铆tulo que sin duda se lo regalaron al conocer sus conexiones sociatas. Por m茅ritos hubiera conseguido un puesto de camarero en la Casa del Pueblo de su barrio, y eso con enchufe. La asignatura de econom铆a se la imparti贸 Falete, la de abogac铆a un atrasado mental llamado Caballo y la de psicolog铆a un viejo conocido familiar, Borracho. El rector, Zampapollas, un hombre sin personalidad incapaz de frenar los abusos de cientos de alumnos con nivel intelectual igual a cero y que, sin embargo, han logrado los t铆tulos deseados, vive en medio de la abundancia en una casa en el barrio de Salamanca, valorada en quinientas cuarenta millones de raciones alimentarias de C谩ritas.

Nuestro personaje se hizo adulto y entr贸 a trabajar como par谩sito en la Administraci贸n. Estas pr谩cticas han sido denunciadas reiteradamente por agentes sociales, pol铆ticos e incluso dos resoluciones del Tribunal de Estrasburgo y una declaraci贸n oficial de Naciones Unidas avalan las querellas contra los residuos de esa especie de nepotismo que, a煤n residual, subyace en los centros oficiales de la capital. Jur贸 clandestinamente una constituci贸n ilegal y retr贸grada, denunciada una y otra vez por militarista y clasista. Tambi茅n prometi贸 fidelidad a un rey cuya familia ha mostrado signos de corrupci贸n, vida floja y sexo 谩vido durante los 煤ltimos tres siglos. Las reiteradas advertencias de la ilegalidad de estos actos no sirvieron para que cejara en su empe帽o antidem贸crata por lo que, finalmente, fue detenido.

Las evidencias eran tan notorias que los peritos sindicales apenas tuvieron trabajo en el juicio al que fue sometido. La alarma social por su actividad subversiva fue suficiente para que el juez, ponderado donde los haya, le condenara a 20 a帽os de internamiento que, deseamos y esperamos, cumpla en el presidio m谩s lejano a su domicilio, en la isla Perejil, por ejemplo.

Maravillas, de nuevo

Agravio comparativo es la expresi贸n que me vino de inmediato cuando escuchaba a Jos茅 Bono su intenci贸n de colocar una placa conmemorativa a la monja Maravillas (Mar铆a Margarita Pidal) en la sede del Congreso que preside. Ya s茅 que asociar ideas a bote pronto nos puede jugar m谩s de una mala pasada, pero es inevitable hacerlo. Los enlaces son la fuente de la interpretaci贸n. El nazi Goering nos dej贸 para la posteridad aquello de 鈥渃ada vez que escucho la palabra cultura echo mano de mi pistola鈥, que alg煤n bloguero ha puesto en boca del tuerto Mill谩n Astray. Por Dios que no quiero provocar una nueva asociaci贸n entre el proceder de Bono y el del par de mentecatos que he citado posteriormente. Las palabras me han fluido sin concierto. Mis nervios cerebrales tienen, sin duda, aviesas costumbres.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Dec铆a que agravio comparativo y nuevamente asocio intuitivamente un nombre con otro. Supe de una Maravillas que no era sor, a la que la oficialidad de su pueblo natal, precisamente, ha negado recientemente un homenaje. En Larraga, Navarra. Se llamaba como la monja, nombre hermoso donde los haya, y fue violada y ejecutada cuando apenas ten铆a 14 a帽os, el d铆a grande de la Virgen de agosto de 1936, mientras los fariseos llenaban la iglesia y ped铆an una intercesi贸n divina que ayudara a Falange a cortar la hierba republicana. Su padre Vicente contempl贸 la perversi贸n antes de ser tambi茅n ejecutado. La muerte azul.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Sugieren los expertos que los peces tienen poca memoria y, en consecuencia, la esfericidad de la pecera se les antoja oc茅ano. No somos peces, sin embargo, a pesar del olvidadizo Jos茅 Bono y de los herederos de los pistoleros. Tenemos memoria afortunadamente y la cultivamos. La muerte de Maravillas, por ni帽a, nos conmocion贸 y su nombre, junto a sus apellidos, Lamberto y Yoldi, nos acompa帽贸 durante los a帽os en que deb铆amos dar explicaciones exhaustivas de la barbarie franquista para ser cre铆bles en la denuncia.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Con Maravillas condensamos la p茅rdida de un sue帽o y, como ya hiciera Pearl S. Buck con su hija que nunca creci贸, suspiramos por aquello que perdi贸 y que hemos conocido, sufrido y padecido. Y por qu茅 no, por lo que la vida tiene tambi茅n de deleite, a pesar de los pesares. Con Maravillas supe de otros ni帽os que, al igual que ella, no superaron la barrera de la inocencia, los que fueron retratados en esos carteles que pretend铆an demostrar al mundo la inhumanidad del fascismo. El holocausto increment贸 lo que cre铆amos insuperable y el escandaloso numero de v铆ctimas borr贸 cualquier referencia nominal (隆qu茅 expresi贸n tan poco literaria!). Los del 36 fueron engullidos por un torbellino diab贸lico. Risas, corros, mu帽ecos, pajaritas de papel鈥 se desvanecieron entre los humos del olvido.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Maravillas, sin embargo, continuaba en alg煤n lugar. El nombre no es de los que se olvidan. 隆Qu茅 padres sino libertarios pueden poner semejante nombre a una hija! Su muerte, atroz, martilleaba ese destino ineludible de los recuerdos que, a fuerza de hacerse viejos, pierden intensidad y se esfuman entre la maleza de nuestra sociedad que corre hacia el infinito. 驴En qu茅 punto de la V铆a L谩ctea se par贸 la historia? Millones de galaxias conectadas por t煤neles inescrutables ahondan el desasosiego y nos asfixia el recuerdo. 驴Para qu茅?

聽聽聽聽聽聽聽聽 Conoc铆 a Josefina, la hermana de Maravillas, hace unos a帽os. Vive en una residencia de ancianos de Pamplona. Como la del Congreso, fue monja, quiz谩s entonces la 煤nica opci贸n para poner tierra de por medio entre la tragedia y la existencia. Su madre no se lo perdon贸 jam谩s. La iglesia hab铆a jaleado la muerte de su marido y la de su hija del alma. Josefina hab铆a abierto la puerta a los verdugos y alguno de ellos, adem谩s, le dio un caramelo. Lo acept贸 con gusto, pero el lamento sustituy贸 su emoci贸n desde que le lleg贸 la raz贸n.

Sus superiores tambi茅n ten铆an memoria. Era la hija de un rojo. La congregaci贸n la envi贸 a fregar suelos a su escuela m谩s lejana, en Pakist谩n. Volvi贸 cuando muri贸 Franco. La espalda no le daba tregua y pas贸 un a帽o en cama, recuper谩ndose del destierro. En su convalecencia alguna emisora dio cuenta de las primeras b煤squedas de desaparecidos durante la Transici贸n. En Navarra, incluso, los familiares se reunieron para abrir fosas y rescatar a los innombrables. Una luz en la oscuridad. Quiso recuperar el recuerdo de Maravillas, un papel, un testigo, una aunque fuera nimia evocaci贸n. Porque el cuerpo de su hermana, y 茅se era el tormento, hab铆a sido pasto de los perros. Sus superiores no le dejaron. Con la Iglesia topamos.

聽聽聽聽聽聽聽聽 La monja perdi贸 entonces esa fe que quiz谩s no tuvo jam谩s. Abandon贸 el convento y vivi贸 de la caridad. La hija de un rojo lo es para siempre. A veces, la muerte es m谩s dulce que la vida porque Josefina vive torturada por aquella imagen, abriendo la puerta de su casa en Larraga a los falangistas. Su memoria es la nuestra, el envoltorio que esconde una vida truncada. Una, diez, mil, decenas de miles. No hay somn铆fero que esconda las l谩grimas, ni salvaci贸n posible. Porque polvo somos y por eso nos asimos a la memoria con tanta vehemencia.

Bono, y cuantos le acompa帽an en esa pecera dorada, nos agravian con sus olvidos, con esas trivialidades de jovenzuelos falangistas que tan extendidas est谩n en una sociedad m谩s plana que plural. Me irrita la continuidad del franquismo y, en ocasiones, siento como si mi tiempo debiera haber sido otro, aquel que vivieron Maravillas, Josefina, Vicente, ni帽os y adultos, que exig铆an pan, reclamaban justicia y gritaban libertad. Tiempos convulsos, bien es cierto, y breves, muy breves. Pero, 驴qu茅 es la brevedad? Bendita inocencia, Maravillas.