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Historia y naci贸n

La naci贸n, un concepto moderno del que habitualmente se cuelgan infinidad de recursos, tiene un recorrido matizado por razones de inter茅s pol铆tico. El historiador, en nada ajeno a esta afirmaci贸n, a pesar de lo que pretendidamente pueda aseverar, se convierte, de esa forma, en un agente activo en la formaci贸n del imaginario colectivo. Por activa o por pasiva. Deliberada o involuntariamente. No quedan resquicios para la ingenuidad. As铆 lo han entendido, adem谩s, quienes han elevado la historia a la categor铆a de la trascendencia pol铆tica. Nuevamente, por alusi贸n o por omisi贸n.

La reflexi贸n es del historiador brit谩nico Eric Hobsbawm: 鈥淟os historiadores somos al nacionalismo lo que los cultivadores de amapola en Pakist谩n son a los heroin贸manos: proveemos la materia prima esencial para el mercado. Lo que hace a una naci贸n es el pasado, lo que justifica a una naci贸n ante las otras es el pasado, y los historiadores son las personas que lo producen鈥.

Las tesis marxistas de Hobsbawm han tenido una gran difusi贸n entre las 茅lites intelectuales que han investigado el hecho nacional. Suponen la vanguardia, como queda patente en este p谩rrafo, de quienes dan una importancia extraordinaria a la formaci贸n hist贸rica como parte del hecho nacional. Obviamente, Hobsbawm introduce en su tesis multitud de variantes, entre ellas las de la construcci贸n de la tradici贸n y la de la instituci贸n del mito como elementos b谩sicos de la naci贸n. Luego ir茅 sobre ellas.

聽聽聽聽聽聽聽聽 En el otro extremo, me atrever铆a a citar al cl谩sico entre los cl谩sicos, el franc茅s Ernest Renan: 鈥淥lvidar la historia, o incluso el error hist贸rico, es un factor primordial en la formaci贸n de una naci贸n, por lo que el avance de los estudios hist贸ricos es, a menudo, perjudicial para una nacionalidad鈥. Renan, cuya conferencia en la Sorbona hace m谩s de cien a帽os a煤n concita la atenci贸n de los historiadores, aconsejaba a sus contempor谩neos que ejercitaran el olvido.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Las tesis de Renan tienen m谩s de cien a帽os, est谩n vetustas, etc., pero merecen una peque帽a reflexi贸n, a ambos lados de la muga. Al sur, por lo que se sugiere, Renan deber铆a haber tenido un seguimiento entre las elites que, en la realidad, no ha contado. Es un perfecto desconocido. Me remito a la historia de la que alardean los espa帽oles, una historia propia de uno de los pueblos m谩s sanguinarios (no quiero con ello arrojar balones fuera con respecto a ingleses, belgas, franceses o rusos, por poner s贸lo unos ejemplos). La historia de Espa帽a es la de la conquista a sangre y fuego de un continente desconocido, es la de las guerras mon谩rquicas, es la del expolio de medio mundo para satisfacci贸n de un peque帽o y concentrado grupo econ贸mico. Una historia, como dir铆a Renan, a olvidar.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Sin embargo, los grupos que se reparten el Gobierno central, y por tanto sus seguidores intelectuales, han reivindicado de siempre esa herencia de manera positiva, como parte inherente a la 鈥渘aci贸n espa帽ola鈥. Un error hist贸rico que ha llevado a engrosar en el espacio de la reacci贸n tanto a izquierdas como a derechas, trazando una l铆nea invisible que, a m铆 personalmente, se me hace muy dif铆cil siquiera entreverla. El referente de la derecha espa帽ola en 2009 se llama C谩novas del Castillo, un personaje que si no lleg贸 a las cotas del nazismo centroeuropeo lo fue 煤nicamente porque naci贸 medio siglo antes. Ideol贸gicamente estaba en el mismo grupo.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Por eso, mi opini贸n se escora hacia la idea de que la reivindicaci贸n de la naci贸n hist贸rica, tal y como propone Hobsbawm, convierte a Espa帽a en un proyecto nefasto que invita, precisamente, a su deserci贸n. El intento de ciertas asociaciones en los 煤ltimos a帽os por reivindicar el pasado republicano, corto pero intenso, ha llevado a todos los sectores elitistas, al un铆sono, a hacer causa com煤n frente a ellos, reivindicando la Espa帽a de la pandereta, que dir铆a Machado. La orfandad de estas asociaciones ha sido notoria.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Al otro lado de la muga, en cambio, las tesis de Renan han servido para ciertos trazos de la historia. Por notorio y evidente, la Revoluci贸n francesa se ha convertido en el icono nacional hist贸rico por excelencia. Bajo la alfombra han enterrado la colaboraci贸n nazi, las guerras coloniales, el expolio del llamado Tercer Mundo y la 茅poca de los imperios. 脷ltimamente va perdiendo fuerza el periodo de la Primera Guerra mundial, en detrimento de otro muy determinado: la resistencia a la ocupaci贸n nazi, todo un globo a cuya elevaci贸n se apunt贸 desde el d铆a siguiente a su nombramiento el presidente Sarkozy.

聽聽聽聽聽聽聽聽 En esta l铆nea, Par铆s export贸 todo un modelo que ha llegado hasta nuestros d铆as. No deja de ser sorprendente que el nacionalismo liberal surgido de la Revoluci贸n francesa, que supuso en la teor铆a una ruptura con el viejo modelo pol铆tico, siguiera los pasos centenarios de la monarqu铆a en el terreno nacional: fuerte centralismo y uniformidad cultural y ling眉铆stica. Los borbones, precisamente, hab铆an surgido en la campi帽a francesa. Los revolucionarios en los barrios m谩s pobres de Par铆s, los mismos que casi cien a帽os m谩s tarde vieron inflamarse las calles en lo que fue la Comuna, se colgaron de las faldas del nacionalismo mon谩rquico que acababan de decapitar. Napole贸n fue un hijo de la Revoluci贸n.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Por eso, probablemente, los movimientos de liberaci贸n que surgieron en las ex colonias, tanto francesas como inglesas, no tuvieron el eco de las ideolog铆as liberales que, precisamente, hab铆an surgido en la metr贸poli. Vinieron cargadas de otras premisas bien distintas a las liberales que hab铆an desterrado, desde 1789, el separatismo. Las ex colonias espa帽olas, en cambio, sufrieron un proceso previo en el tiempo, liderado por las elites econ贸micas de las colonias, que, en muchos casos, reprodujeron desde su independencia, los c贸digos de la metr贸poli.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Entre los vascos, la tendencia de Hobsbawm, por entendernos, ha estado ligada a los grandes historiadores del siglo XIX. Se me ocurre, de entrada, la referencia a Arturo Campi贸n y quiz谩s, previamente, la de Agust铆n Xaho. Imbuidos en el romanticismo de la 茅poca, son probablemente, dos de los autores m谩s citados. Sin embargo, los trabajos ingentes de predecesores como Moret, Garibai o Iztueta podr铆an considerarse como los aut茅nticos impulsores de la historiograf铆a vasca.

聽聽聽聽聽聽聽聽 A partir de sus investigaciones y trabajos, y sin desmerecer a otros, la modernidad vasca se fue construyendo, como la de sus vecinos, con los mitos que surgieron de estos trabajos enciclop茅dicos. Desde Larramendi hasta Sabino Arana, los historiadores se convirtieron en narradores y dieron pie a que escritores como F茅lix Urabayen, P铆o Baroja o el mismo Unamuno forjasen un sentimiento hist贸rico de nacionalidad, en ocasiones de forma inconsciente. Es probable que las narraciones de P铆o Baroja hayan servido de soporte a distintas generaciones con mayor intensidad que la impronta de agentes pol铆ticos.

聽聽聽聽聽聽聽聽 En 茅poca reciente, estos mitos han logrado mantenerse con una tenacidad a veces desconcertante. El pa铆s rural que no existe, de fuertes y arraigadas tradiciones, tiene un gran peso en la creaci贸n del imaginario vasco. Un pa铆s envuelto entre la niebla, apegado a la lluvia, con grandes dosis de resignaci贸n y un halo de rebeld铆a. Un pa铆s barojiano, en definitiva. Que no se corresponde, como apuntaba, con la realidad del siglo XXI: urbano, des茅rtico en su parte oriental, fuertemente infiltrado por el turismo franc茅s en su regi贸n continental, etc.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Los movimientos pre nacionalistas, olvidados de la historia, citados incluso como pre-pol铆ticos, tienen una importancia entre nosotros que a veces no somos capaces de calibrar en su justa medida. Ellos han forjado el mito. Acumulados, fueron los que crearon ese pa铆s que ahora reivindicamos. Fueron, como dir铆a el historiador, los que crearon la necesidad de la naci贸n y, por extensi贸n, la exigencia del estado. De la antropolog铆a social, del romanticismo del siglo XIX, se pas贸 a la teor铆a pol铆tica. Y en ella nos movemos a煤n, con el soporte de cuestiones menores que, sin embargo, tienen gran trascendencia en la creaci贸n de ese imaginario colectivo.

El principio del umbral

Hace ya unos a帽os se corri贸 el rumor sobre la presencia de un guardia civil que en los controles policiales ubicados en la v铆a entre Bilbao y Gasteiz se dedicaba a debatir sobre temas pol铆ticos con los retenidos. Estas cosas ya se sabe, en un pa铆s como el nuestro tan acotado por razones de Estado, suelen tener un soporte indefinido, a medias entre la verdad y la f谩bula. Habitualmente, han sido fuente de numerosas leyendas urbanas.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Sin embargo, tuve la ocasi贸n y la fortuna de comprobar que, al menos esta vez, la leyenda era cierta. Acababa de dejar el peaje de Arrigorriaga cuando una se帽al de control policial y unos gestos inequ铆vocos me llevaron al arc茅n. All铆 estaba el m铆tico guardia civil, destacando entre los suyos. Viajaba con un compa帽ero y, por razones inescrutables, yo fui el elegido. Me indic贸 un sendero que penetraba en un terreno lleno de zarzas y arbustos y, juntos, nos adentramos en el bosque. Mir茅 para atr谩s y all铆 divis茅 a mi colega, al otro lado del cristal del coche. Acongojado.

聽聽聽聽聽聽聽聽 No hubo proleg贸menos. La conversaci贸n, por razones obvias, no tuvo excesivo recorrido. Ahorrar茅 al lector sus t茅rminos, no as铆 la conclusi贸n. El tema elegido por el agente fue el de la autodeterminaci贸n. Y su desenlace no pudo ser m谩s paradigm谩tico: 鈥淪i los vascos se desgajan de Espa帽a 鈥揹ec铆a el polic铆a- luego vendr谩n los catalanes y los gallegos detr谩s鈥. 鈥淵 entonces 鈥揳帽adi贸- Espa帽a ser谩 muy peque帽a鈥. Y para reforzar su afirmaci贸n realizaba un gesto muy expresivo con los dedos de su mano, que de estar extendidos, menguaban.

聽聽聽聽聽聽聽聽 La historia no pasar铆a de ser una nimiedad m谩s en el libro del anecdotario esquizofr茅nico de este pa铆s sino fuera porque detr谩s de semejante idea, trasmitida por un agente an贸nimo de una fuerza policial, se encuentra uno de los argumentos m谩s s贸lidos de la unidad espa帽ola. Se me tachar谩 de manipulador o de confundir un contenido con un continente. Y, en previsi贸n, me cubro las espaldas con un texto casi id茅ntico de uno de los padres del liberalismo cuya versi贸n aplican los gestores del constitucionalismo espa帽ol: John Stuart Mill.

聽聽聽聽聽聽聽聽 El londinense Stuart Mill escrib铆a en su Utililitarianism, liberty and representative government (1863) algo as铆 como: 鈥淣adie puede suponer que no es m谩s beneficioso para un bret贸n o un vasco de la Navarra francesa ser miembro de la nacionalidad francesa, participando en igualdad de condiciones de todos los privilegios de la ciudadan铆a francesa que estar enfurru帽ado en sus propios pe帽ascos, reliquia semisalvaje de tiempos pasados, dando vueltas en su propia y peque帽a 贸rbita mental, sin participaci贸n ni inter茅s en el movimiento general del mundo鈥.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Curiosamente, guardia civil y economista coinciden en que lo importante es el tama帽o. Y lo que pudiera parecer un recurso literario, el encajar ambas afirmaciones en 茅pocas y lugares diferentes para arropar un argumento, en realidad es la uni贸n de ejemplos de una forma de pensar muy extendida. Tanto, que el historiador brit谩nico Eric Hobsbawn hizo su interpretaci贸n: naciones y pueblos que cruzaran un l铆mite tendr铆an derecho a ser Estado. Los que no lo hicieran deber铆an depender del paraguas de un Estado ajeno. Y a la teor铆a le puso nombre: 鈥淓l principio del umbral鈥. O sea que el tama帽o importaba.

聽聽聽聽聽聽聽聽 La construcci贸n europea del siglo XIX, a partir de 1830, parti贸 de ese principio. Estados leg铆timos lo eran cuando su tama帽o territorial era considerable e ileg铆timos los menudos. El liberalismo triunfante de la revoluci贸n industrial brit谩nica y la burguesa francesa, trajo consigo una ampliaci贸n en las miras de los gobernantes y de los sectores que los sosten铆an. Puesto que los ideales de democracia y el nacimiento del concepto de derechos universales del hombre brotaban del desmoronamiento del Antiguo R茅gimen, ant铆tesis de los principios de igualdad y libertad, cabr铆a esperar que pueblos y naciones alcanzaran su soberan铆a.

聽聽聽聽聽聽聽聽 No fue as铆, como bien sabemos. Las fronteras de los estados mon谩rquicos, los ideales imperiales de los reyes, se transmitieron a los liberales que construyeron las democracias modernas. Un sinsentido, aparentemente, que con el tiempo ha dejado un poso imborrable. Parte de los territorios estatales que hoy conocemos provienen del denostado 鈥渄erecho de conquista鈥. Antidemocr谩tico, pero de aquellos lodos se aprovechan los dem贸cratas.

Hoy, muchos de los apologetas democr谩ticos defienden con pasi贸n ese nacionalismo de Estado que no es sino expresi贸n de siglos de infamias, de construcciones elitistas de monarcas europeos emparentados entre s铆. Es decir, que cientos de millones de personas padecen los l铆mites inventados hace siglos por una elite tan minoritaria como para encajar sus apellidos en un par de folios. No es la raz贸n la que impera.

聽聽聽聽聽聽聽聽 El principio de nacionalidad que surgi贸 con el liberalismo fue aplicable en la pr谩ctica 煤nicamente a las nacionalidades de gran territorio. Los casos espa帽ol y franc茅s son palmarios. Se trat贸 de procesos de expansi贸n y esas nacionalidades fueron soportadas por motivos casi estrictamente econ贸micos. Una gran naci贸n, como la espa帽ola o la francesa, ten铆a m谩s facilidad de competir que una peque帽a, por razones evidentes. Liberalismo en estado natural.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Los movimientos nacionales se convirtieron, la historia nos lo cuenta, en movimientos de expansi贸n. Y en esa inercia entraron socialistas y comunistas. Alemania se unific贸, Italia hizo otro tanto y Espa帽a y Francia ampliaron su territorio a costa de colonias en los confines del mundo. M谩s adelante, la URSS leninista construy贸 un gigantesco estado sobre la sombra territorial del imperio zarista. Hasta serbios y croatas se unieron para inventar Yugoslavia, sin ning煤n soporte hist贸rico.

En la cercan铆a, el apoyo de los l铆deres pol铆ticos fue general. Tan espa帽ola era la tierra guineana en 脕frica como la barriada madrile帽a de Alcorc贸n, la calle de los tintoreros de Tetu谩n, como la de bas铆lica del Pilar de Zaragoza. Y quien no lo entendiera era un cavern铆cola. Cuando la Segunda Rep煤blica espa帽ola deport贸 a los comunistas a Guinea por su participaci贸n en las huelgas revolucionarias, nadie alz贸 la voz por la extranjer铆a del destierro, sino que cuando lo hicieron fue por su lejan铆a. Cuando Abd el Krim declar贸 la guerra al Ej茅rcito espa帽ol, unos a帽os antes, Eli Gallastegi, defensor del l铆der rife帽o, fue tratado como un marciano incluso por sus compa帽eros de partido.

El principio del umbral hab铆a calado entre los agentes pol铆ticos y sociales. 驴Qu茅 pod铆a hacer el reino medieval de Navarra, como dir铆a Stuart Mill, ante las pujantes monarqu铆as vecinas apoyadas por el Vaticano, representante de Dios en la Tierra? Nada. 驴Qu茅 pintaba Vasconia al final de la Segunda Guerra carlista, derrotada por el liberalismo, en medio de modelos gigantes como el imperio otomano, el austroh煤ngaro, el brit谩nico o el ruso? Nada.

聽聽聽聽聽聽聽聽 La izquierda espa帽ola y francesa, anclada en los principios de la democracia liberal, apoy贸 firmemente el principio del umbral y, por tanto, jam谩s percibi贸 con simpat铆a cualquier movimiento relacionado con la corriente de una naci贸n un estado. Todos los l铆deres socialistas, comunistas e incluso anarquistas apoyaron la Gran Espa帽a. Miguel Hern谩ndez lo condens贸 en una hermosa poes铆a, Vientos del pueblo, pero vientos del pueblo鈥 espa帽ol. Una quimera que a煤n hoy se construye desde el Estado.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Las dos guerras mundiales, sobre todo la primera, terminaron con el principio del umbral y reordenaron el mapa europeo. La ca铆da del muro de Berl铆n origin贸 el tercer terremoto nacional del siglo XX en Europa. El umbral, el tama帽o, parec铆a no importar: Islandia, Noruega, Luxemburgo, Holanda, Lienchestein, Bosnia鈥 en fin una lista que casi la conocemos de memoria.

聽聽聽聽聽聽聽聽 Hoy, a pesar de todo, dicen que el principio del umbral ya no importa. Aunque no comparto esa afirmaci贸n, algunas se帽ales, como el apoyo socialista al derecho de autodeterminaci贸n del Sahara (70.000 habitantes) o el reconocimiento del estado de Vanuatu (menos habitantes que Bilbao), o la no invasi贸n de Andorra (80.000 habitantes de ellos 30.000 andorranos) parecen certificarlo. Por tanto ya no habr铆a l铆mites a la idea de una naci贸n un estado. Y si as铆 fuera, la refriega se centrar铆a en el t茅rmino naci贸n. 驴Somos los vascos una naci贸n? Pregunten, pregunten.