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C贸mo se construye una mentira

El 27 de junio de 1960, hace pronto medio siglo, un grupo antifascista, nacido al amparo de la Revoluci贸n Cubana, colocaba seis bombas en las dos estaciones de tren de Donostia, en la de Atxuri de Bilbao (dos d铆as despu茅s), en la del Norte de Barcelona, en la de Chamart铆n de Madrid y en el tren correo de Madrid a Barcelona. Seg煤n la nota difundida por el Ministerio de Gobernaci贸n, el modus operandi en todas las ocasiones fue el mismo: una maleta abandonada con un mecanismo que provocaba la ignici贸n de una bomba incendiaria.
El grupo en cuesti贸n se llamaba Directorio Revolucionario Ib茅rico de Liberaci贸n (DRIL), compuesto por una amalgama de militantes comunistas, anarquistas y guevaristas, dirigidos aparentemente por militares portugueses exiliados, entre ellos el general Humberto Delgado. Unieron sus fuerzas para denunciar las dictaduras de Franco y de Salazar. Humberto Delgado ser铆a posteriormente secuestrado por la polic铆a secreta portuguesa y ejecutado en Espa帽a con la complicidad de la de Franco, en 1965.
Las primeras acciones del DRIL lo fueron en Madrid, en febrero de 1960, todas ellas tambi茅n de la misma manera: una maleta abandonada con explosivos. Los objetivos: el Ayuntamiento, la estatua de Vel谩zquez en el Museo del Prado, la sede de Falange鈥 En una de ellas, la bomba deflagr贸 mientras la manipulaba Ram贸n P茅rez Jurado, que muri贸 en el acto. Su compa帽ero Antonio Abad Donoso fue detenido y otros dos j贸venes, Santiago Mart铆nez y Justiniano 脕lvarez, lograron escapar, seg煤n la Polic铆a. Antonio Abad fue torturado, juzgado y ejecutado el 8 de marzo de ese a帽o.
La ejecuci贸n de Abad provoc贸 una fuerte contestaci贸n internacional contra el r茅gimen de Franco y la decisi贸n del DRIL de dar una respuesta contundente a la muerte de su militante. As铆 prepararon las bombas en las estaciones citadas, disponiendo las acciones tal y como lo hab铆an hecho en Madrid unos meses antes. La bomba en la Estaci贸n del Topo de Donostia mat贸 a una ni帽a que no hab铆a cumplido los dos a帽os, Bego帽a Urroz, natural de Lasarte.
Siete meses m谩s tarde, el DRIL abordar铆a la que ser铆a la mayor de sus acciones, el secuestro de un barco portugu茅s, el Santa Mar铆a. Al mando del capit谩n Henrique Galvao, 24 militantes antifascistas ten铆an previsto llegar hasta Angola y establecer un foco guerrillero que desestabilizara a la metr贸poli. Pero el intento fracas贸 y guerrilleros y pasajeros concluyeron la odisea en Brasil. Estados Unidos intervino en la conclusi贸n del secuestro.
Hasta aqu铆, muy sucintamente, la historia que ha tenido soporte en libros de aquella m铆tica editorial Ruedo Ib茅rico, documentales, el 煤ltimo de 2004, e incluso una reciente novela. El general Humberto Delgado logr贸 escribir y editar sus memorias antes de ser asesinado. Al DRIL, que desapareci贸 en 1964, se lo trag贸 la vor谩gine de la historia y qued贸 enrolado en uno de los cap铆tulos de la oposici贸n armada al r茅gimen de Franco. Como el maquis comunista y anarquista, como el MIL, los GAC, el FRAP e incluso ETA.
El 19 de setiembre de 2000, sin embargo, Ernest Lluch publicaba un art铆culo en El Correo seg煤n el cual ETA habr铆a sido la autora del atentado de la Estaci贸n de Donostia en 1960 y, por tanto, ser铆a falso que sus primeras v铆ctimas fueran el guardia civil Jos茅 Pardines y el comisario Melit贸n Manzanas, ambos en 1968. Dec铆a Lluch en ese art铆culo que 鈥淣o hemos encontrado ni en Lazkao (Archivo de los Benedictinos) ni en publicaciones que ETA se atribuyera la colocaci贸n de bombas en 1960鈥. Pero le atrajo, sin duda, la hip贸tesis que, de un plumazo, la convirti贸 en certeza.
La intoxicaci贸n fue tomando cuerpo como en otras ocasiones. Algunas de ellas fueron muy sonadas, como cuando diversos medios de comunicaci贸n atribuyeron a ETA las autor铆as de asesinatos de grupos parapoliciales: Tom谩s Alba, Eduardo Moreno, Santi Brouard, Josean Cardosa, Josu Muguruza鈥 O la bomba en la guarder铆a Iturriaga que caus贸 tres muertos. O la explosi贸n de la caldera en la escuela de Ortuella, o el accidente del Monte Oiz, o el incendio del Hotel Corona de Arag贸n en Zaragoza鈥 o las 10 bombas que explotaron en Madrid el 11 de marzo de 2004, causando 191 muertos y 1.500 heridos.
Recientemente, un libro titulado Vidas Rotas, junto a un art铆culo publicado en El Pa铆s, se han vuelto a hacer eco de la tesis de Lluch. Manipulando de una forma descarada. Y lo digo porque me afecta en primera persona. Se dice textualmente en el libro Vidas Rotas: 鈥淓l Anuario del diario Egin correspondiente a 1994 y la obra Euskal Heria y la libertad (Txalaparta, 1994), ambos vinculados a la denominada izquierda abertzale, publicaron un texto similar: se trataba de una cronolog铆a de episodios relacionados con ETA en la que se inclu铆a la muerte de Bego帽a Urroz, aunque no se mencionaba expresamente que hubiese sido obra de la banda terrorista”. Estas dos razones, junto a una cronolog铆a encontrada en 1992 en el ordenador de Txelis, ser铆an los tres grandes argumentos para modificar la historia de la explosi贸n de Donostia de 1960.
La obra Euskal Heria y la libertad citada fue dirigida por el recientemente fallecido Luis Nu帽ez que, ese a帽o dirigi贸, asimismo, el Anuario de Egin. Ambos textos son similares. El de Euskal Heria y la libertad lo escrib铆 yo mismo y dec铆a textualmente: 鈥淓ntre el 26 y 27 de junio de 1960, cinco bombas explotaron en las estaciones de Quinto, Barcelona, Madrid y las de Amara y Norte de Donostia. El sabotaje, que caus贸 una v铆ctima en Donostia, fue atribuido al D.R.I.L. (Directorio Revolucionario Ib茅rico de Liberaci贸n). La polic铆a aprovech贸 la ocasi贸n para sembrar confusi贸n entre la poblaci贸n (la v铆ctima de Donostia era una ni帽a) y difundir un comunicado en el que afirmaba que los autores eran “elementos extranjeros en cooperaci贸n con separatistas y comunistas espa帽oles”. El PNV, por su parte, achac贸 a la propia polic铆a franquista la colocaci贸n de las bombas, aportando algunas “evidencias” que as铆 lo atestiguaban鈥.
驴Alguien ve en este texto la relaci贸n que pretenden los autores del diario y el libro citados? 驴Por qu茅, tan acostumbrados, no hay una sola cita policial en los art铆culos que defienden la paternidad de ETA en los atentados del DRIL? Habr铆a que a帽adir un gran salto, adem谩s: En 2000, Lluch lanzaba la hip贸tesis de ETA como autora del atentado de Donostia; en 2010 atribuyen ya a ETA tambi茅n los de Madrid, Zaragoza y Barcelona.
El tren de excombatientes franquistas que ETA intent贸 descarrilar a la entrada de Donostia, un a帽o m谩s tarde, el 18 de julio de 1961, fue su primera acci贸n. Y, como no ten铆an explosivos, deformaron la v铆a. No hubo siquiera heridos. Los activistas de ETA en el tiempo de las explosiones del DRIL eran dos: Juan Jos茅 Etxabe y Jon Ozaeta, autores de las pintadas de ese verano de 1960 en Donostia. Fueron detenidos en setiembre del mismo a帽o. Jam谩s el Tribunal Especial de Enrique Eymar o el Tribunal de Orden P煤blico creado en 1963 imputaron a vasco alguno las bombas de junio de 1960.
La primera bomba que ETA coloc贸, seg煤n la documentaci贸n depositada en el Archivo de los Benedictinos de Lazkao que tambi茅n consult贸 Lluch, pero no los revisionistas de 2010, lo fue en la sede del Movimiento Nacional de Gasteiz, el 15 de febrero de 1964, casi cuatro a帽os m谩s tarde que los sucesos comentados. No explot贸. Al d铆a siguiente, por el contrario, una bomba de ETA explot贸 en la sede del Gobierno Civil de Iru帽ea. Fue la primera.
Hoy, las seis bombas de 1960 concitan una historia perversa. Detr谩s del fallecimiento de Bego帽a Urroz hay una vida que no pudo ser, que no lleg贸 a desarrollarse, y eso es drama familiar que ahora vuelve a azuzarse por intereses que en nada tienen que ver con el afloramiento de la verdad. ETA ha ocasionado centenares de v铆ctimas, algunas civiles, ni帽os tambi茅n. Pero no en esa ocasi贸n.
El recorrido de la verdad de esta tragedia es corto. Los archivos militares, jurisdicci贸n de la 茅poca, pueden levantar el secreto de los atentados del DRIL en junio de este a帽o de 2010. Habr谩n pasado 50 a帽os, los preceptivos por la ley para consultar p煤blicamente las diligencias e investigaciones. Dos archivos militares, uno en Ferrol y otro en Madrid, guardan la verdad. Espero que, como en otras ocasiones, una mano oculta no los haya hecho desaparecer para no prolongar el desasosiego de una familia.

Metamorfosis de lo mismo

Cuando el engranaje colonizador e impositivo no funciona, la culpa jam谩s es propia, sino del pr贸jimo. En el horizonte se dibuja una gran conspiraci贸n que lo explica todo y logra crear esa teor铆a universal que los cient铆ficos no espa帽oles llevan a帽os buscando, la piedra filosofal. Al fin una f贸rmula, que tambi茅n puede ser una frase, destripa lo indescifrable. La conspiraci贸n es la madre de los movimientos s铆smicos, la soluci贸n m谩s compleja a lo que, en general, tiene un sencillo y breve comentario.
Ya s茅 que las teor铆as conspirativas no se las creen sus animadores. Aunque lo parezca. Aznar y Bush ya sab铆an, de antemano, que no hab铆a armas de destrucci贸n masiva bajo las palmeras de la antigua Mesopotamia. La conspiraci贸n est谩 dibujada para que los espectadores de esta farsa que es la vida pol铆tica cotidiana puedan memorizar los esl贸ganes, para que ese gran circo romano cubra los asientos del coliseo con actuaciones de altura, con carne de primera para esos leones hambrientos.
Hoy, despu茅s de movimientos di谩fanos y claros, de esos que nos gustan por su franqueza, de pan al pan y vino al vino, los fatuos y perversos lanzan sus teor铆as de desconcierto e infecci贸n, siguiendo la m谩xima de que 鈥渋ntoxica que algo queda鈥 o aquella otra de 鈥渦na mentira mil veces repetida se convierte en verdad鈥. Nada nuevo en este escenario. La conspiraci贸n es vasca, tiene un territorio y unos protagonistas, hombres y mujeres, algunos de ellos encarcelados porque Eguiguren dice que es lo que toca y ante el destino no hay rebeli贸n posible, y un color, un 煤nico color purp煤reo.
Los cat贸licos echaron la culpa tanto de la evoluci贸n descubierta por Darwin como de la tendencia a la pedofilia de sus ministros, al demonio. Los golpistas de 1936 a los revolucionarios que preparaban la toma del Pardo, los franquistas a la masoner铆a y al separatismo. Los jueces de Burgos supieron que detr谩s de los j贸venes de Artekale estaban Mosc煤 y Pek铆n. La oposici贸n amaestrada intuy贸 la muerte de Carrero Blanco como un acto inducido por la CIA. Hasta Jos茅 Antonio Rekondo, antiguo alcalde de Hernani, lleg贸 a recibir la iluminaci贸n suprema y descubri贸 que Jon Id铆goras era, en realidad, la piel que utilizaba un tal Enver Hoxha, m谩ximo mandam谩s de Albania. Conspiraciones.
鈥淟as palabras ten铆an la virtud de alterar la realidad y por tanto eran demasiado peligrosas鈥, contaba Paul Auster en La noche del or谩culo. Sucede a menudo. Los que utilizan la palabra en demas铆a lo convierten en algo sin valor. 鈥淓l lenguaje no mata, pero ayuda al crimen鈥 dec铆a hace unas semanas un grupo de intelectuales europeos a costa de las agresiones sostenidas de Israel en Gaza. 鈥渘o es una guerra, sino una matanza鈥, a帽ad铆an. La mayor铆a, en cambio, act煤a como si fuera una guerra, que es la percepci贸n que distribuye en las agencias Israel, para justificar, posteriormente, su superioridad, la del pueblo elegido.
Con la palabra, desgraciadamente para quienes nos comunicamos a trav茅s de ellas, crean la conspiraci贸n. La intoxicaci贸n. En estas 煤ltimas semanas hemos asistido, en ese ambiente institucional espa帽ol para que nada cambie, para que todo siga como siempre, a la formulaci贸n del manual de la conspiraci贸n. De la A a la Z. Se agradece la claridad.
Manifestaci贸n a favor de los derechos de los presos vascos. Cubierta con una ficticia bolsa en Barajas que no conten铆a m谩s p贸lvora que la de las letras de los diarios madrile帽os. Manifestaci贸n a favor de los trabajadores de Egunkaria. Ocultada con un ataque al cuartel de la Guardia Civil de Leitza. Rid铆culo internacional espa帽ol con la gesti贸n de la crisis del Alakrana. Se olvida en un santiam茅n con el encarcelamiento de 34 j贸venes independentistas vascos.
La 煤ltima apelaci贸n a la conspiraci贸n es la relacionada con la conclusi贸n de la reflexi贸n de la izquierda abertzale sobre los m茅todos de lucha. La reflexi贸n, nos dicen, es falsa porque la realidad la marca un comando detenido en Ondarroa, unos misiles que van y vienen, un movimiento de liberaci贸n dependiente del narcotr谩fico, una historia que se inicia con el asesinato de una ni帽a inocente (Bego帽a Urroz), all谩 por 1960. Mentiras, sobre mentiras. Mentiras convertidas en verdades. La tierra es el centro del Universo y Espa帽a el eje del mundo. Metamorfosis de lo mismo, que dir铆a el poeta chileno Gonzalo Rojas.
Perm铆tanme volver al pasado m谩s cercano para intentar realizar una met谩fora con la que avanzar en mi reflexi贸n. Y el hecho que voy a relatar no tiene que ver nada con los vascos, ni con su territorio. Que luego nos dicen que somos trogloditas porque no viajamos y porque tampoco leemos.
El 29 de abril de 1945, una avanzadilla del Ej茅rcito norteamericano llegaba hasta las puertas de Dachau, uno de los campos de exterminio m谩s abominables, si es que hay categor铆as en esto de la infamia. Dachau, al norte de Munich, hab铆a sido el primero de una t茅trica lista, inaugurado por Himmler en 1933 y usado como centro de exterminio desde 1941. Cuando la llegada de las tropas norteamericanas, el campo era guardado por un batall贸n de las Waffen SS que se rindi贸 a los de las barras y estrellas.
Lo que ocurri贸 a continuaci贸n es conocido por quienes han seguido con curiosidad la historia del siglo XX, en especial la relacionada con la locura pol铆tica de Hitler. Los soldados del S茅ptimo Ej茅rcito de los EEUU mataron a sangre fr铆a a unos 500 alemanes de las SS. Algunos de los supervivientes de Dachau remataron a los moribundos a palazos y a golpes. Parte de esa infrahistoria 鈥減ol铆ticamente incorrecta鈥.
Me llama la atenci贸n que, tal y como lo cuentan numerosos testigos, periodistas de todas las nacionalidades se agolpaban en las puertas de Dachau, convocados por la oficina de prensa del Ej茅rcito norteamericano, para recibir las primeras noticias del Holocausto, de lo que era un secreto a voces y a煤n nadie lo hab铆a certificado. Y los periodistas fueron espectadores privilegiados de la matanza. Espectadores activos, no pasivos como se suele escribir. A cada tiro, a cada ejecuci贸n sumarial, aplaud铆an a rabiar. Los SS se lo hab铆an merecido. Muchos de los lectores de este art铆culo pensar谩n que quiz谩s tuvieran raz贸n. Y probablemente sea as铆. Pero yo no me atrevo a calificarlo. Aplausos sin titulares.
Ese plomizo d铆a de abril de 1945 se mezclaron en Dachau la expresi贸n m谩xima de la violencia concentrada en el espacio y en el tiempo (el exterminio nazi) y la venganza de quien ha desparramado durante 200 a帽os por el plantea odio y terror y que hab铆a visto su hegemon铆a contestada. Violencias ambas con may煤sculas. La sociedad exhausta europea aplaudi贸, por medio de sus periodistas, a los vengadores, j贸venes de remplazo de un Ej茅rcito con decenas de invasiones y agresiones a sus espaldas en ese mismo siglo XX, desde la de Panam谩 en 1903, hasta las 煤ltimas en Afganist谩n e Iraq.
Hoy todo el mundo aplaude, como si fuera un ejercicio m谩s, obviando lo que se esconde detr谩s. En uno u en otro sentido, el aplauso se ha convertido en la expresi贸n m谩s estilizada de la pol铆tica como espect谩culo, a pesar de que ello signifique destrucci贸n. Se me revuelve la conciencia el recordar los 谩nimos a aquellos asesinos de masas que sal铆an de Torrej贸n hacia Basora, de Norfolk a Kerbala, con la prensa volcada en las agresiones, con los cientos de miles de muertos convertidos 煤nicamente en una cifra confusa, indeterminada.
Y, en el origen, banqueros con las barrigas llenas de gases, pol铆ticos con una cara m谩s grande que la muralla china, rectores con el ego inflado de alabanzas adineradas, militares con cartucheras doradas, directores de medios de comunicaci贸n. Todos ellos son los que se acogen a la teor铆a de la conspiraci贸n, los que la fomentan. Y, luego, una pl茅yade de lacayos la aplauden hasta la extenuaci贸n. Estamos rodeados de siervos. Si el compa帽ero, como dice Esperanza Aguirre, es un 鈥渉ijo puta鈥 驴qu茅 ser谩 el oponente? Un desaparecido en potencia.
Quiz谩s el ejemplo de Dachau haya entrado con calzador. No se me ha ocurrido otro mejor. Pero la idea del terremoto de Hait铆 que prevalece es la de la mala suerte en un pa铆s ya deteriorado. La invasi贸n y el mill贸n de muertos en Iraq tiene su origen en las torres gemelas. No hay l贸gica capitalista, no existe una guerra por las fuentes del petr贸leo, no existen dem贸cratas vascos si no son espa帽oles. Siempre habr谩 un aplauso colectivo al poder. Los que escriben la historia para ese poder ya se encargar谩n, despu茅s, de maquillar a la mona.