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Aberri eguna

Llegu√© al mundo, adulto se entiende, en una √©poca en la que Georges Brassens cantaba aquello de la fiesta nacional y su absentismo frente a ella, y me cay√≥ simp√°tico. Se lo o√≠ m√°s tarde a Paco Ib√°√Īez desde el Olimpia parisino, porque entonces el cantante estaba exiliado. No me resultaban cordiales los himnos nacionales, las banderas en general y las que tuvieran el rojo y el amarillo entre sus colores, en particular, ni los soldaditos de plomo. No se por qu√©, quiz√°s porque el ambiente de mi casa era propicio para que las llamadas patri√≥ticas pasaran desapercibidas. Cuando sonaba en la radio el chunta-chunta… all√° que arrancaba mi madre a bajar el sonido. M√°s tarde, cuando la emisi√≥n de noche de la √ļnica cadena de televisi√≥n conclu√≠a, √©ramos nosotros, a√ļn ni√Īos, los que corr√≠amos a apagar el aparato. Sab√≠amos, de memoria, que despu√©s ven√≠a el himno espa√Īol.
Naci√≥n y patria eran sin√≥nimos de algo lejano, por mucho que nuestros profesores nos recordaran que, a esos dibujos que urd√≠amos de barcos y castillos entre nubes y ese sol redondo de la esquina, les faltaba la rojig√ľalda. Mira que eran pesados. Las monedas de aquella naci√≥n que, por lo que sab√≠amos hab√≠a sido la m√°s grande del mundo, guardaban la efigie de un tipo calvo y grueso que, aunque no se notaba, yo sab√≠a que tambi√©n era bajo. Y esas monedas, que apenas serv√≠an para comprar nada, ten√≠an un color espantoso, como el del suelo de las pocilgas.
Tampoco me inspiraban emociones aquellas cr√≥nicas destinadas a ello, como canciones, esp√≠ritus o ba√ļles de recuerdos naftalinos. Las sensaciones, en cambio, se disparaban cuando ven√≠an los futbolistas de la capital de esa patria lejana. Blancos, inmaculados, siempre ganadores, con o sin la ayuda del √°rbitro. Arrogantes, como todo eso que rezumaba la naci√≥n que representaban. Rug√≠amos como posesos y los abuche√°bamos, sin raz√≥n aparente. Ellos eran el paradigma de la patria. Y, por eso, me ca√≠a simp√°tico Brassens y antip√°tico todo lo que oliese a Madrid.
Fue entonces cuando descubr√≠ que centenares, miles probablemente, de aquellos desconocidos que compart√≠an esas percepciones, frente a los blancos soberbios o frente a los profesores que nos contaban aventuras pasmosas, ten√≠an un punto en com√ļn con mis sensaciones m√°s primarias. Y a estos que compart√≠an mis emociones no los encontraba √ļnicamente en el campo de f√ļtbol, sino y, sobre todo, en mi alrededor. En el barrio, en la escuela, entre primos y t√≠os cuando nos junt√°bamos para celebrar lo que fuera, en la esquina m√°s insospechada.
Dir√≠a que la patria que intentaban encajarme era forzada. Llena de fusiles, tricornios, discursos ampulosos y tablados de flamenco. No estaba a gusto en ella. Y que, en mi medio natural, estaba descubriendo que tambi√©n hab√≠a otra patria, o como se quiera llamar. Otra comunidad, natural, cercana, ‚Äúcomo el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos‚ÄĚ que tan bien versific√≥ Gabriel Celaya. Una patria muy diferente a esa del calzador, a esa del equipo aquel presuntuoso.
Fue cuando descubrí el mundo.
Y lo descubr√≠ al rev√©s. Porque mi patria no ten√≠a fronteras, ni moneda de color alegre, ni siquiera del color casta√Īo del tirano. Por no tener no ten√≠a ni banco que las emitiera, aunque eso s√≠, ten√≠a muchos banqueros. Y bandera, tricolor. Cuando lo supe, mi patria pose√≠a tambi√©n otros dos idiomas, uno de ellos impresionante, el euskara. ‚ÄúNo hay documento hist√≥rico m√°s venerable que este documento vivo, esta lengua conservada sobre este territorio desde √©poca incalculable‚ÄĚ, dijo de ella Ram√≥n Men√©ndez Pidal. Y lo aprend√≠.
Pero no supe si llamarle patria porque sonaba extra√Īo con tanto atorrante calent√°ndome la oreja con eso de la madre patria que alfabetizaba indios y aut√≥ctonos incultos. Tampoco me apetec√≠a acercarme a ella como naci√≥n. Los nacionales hab√≠an acabado con la Rep√ļblica espa√Īola, los nacionalistas que brotaron del liberalismo alem√°n sembraron Europa de hornos crematorios. No me desagradaba la palabra pa√≠s, como lo hab√≠an citado los viajeros, pero me daba cierto escozor porque era la misma expresi√≥n que utilizaban quienes desplegaban esa cursiler√≠a del sano regionalismo.
As√≠ que mientras despejaba mis dudas lo dej√© en un sue√Īo.
Un sue√Īo que, con el tiempo, se convirti√≥ en una entelequia. Es decir, algo que como dir√≠a Arist√≥teles, tiene el fin en s√≠ mismo. Ramas que se construyen con sue√Īos, quiz√°s, pero firmes a partir del tronco que se enra√≠za en la tierra. Buscando la humedad para dar la vida, el aire para transportarla.
Y esa entelequia que sigue sin fronteras, posee el sentimiento de los antepasados, de los que vivieron en esta tierra en tiempos de la peste en Agurain, en los de las tormentas de Terranova o en las batallas entre hermanos en Beotibar. Posee la fragancia de los perfumes de la sala real de Olite, el zumo del salitre de las costas millonarias de Zumaia y el olor de sudor de las minas, casi tumbas, de Gallarta. Guarda en sus escamas el repicar de las hogueras encendidas por Lancre, el aullido de las mujeres violadas por los soldados de Wellington o la agonía apagada de los obreros fusilados por Mola.
Mis sue√Īos conquistados son los de miles de paisanos, millones, que m√°s da. Ecos, de ayer, de hoy y de ma√Īana. Repletos de fantas√≠as, es cierto, pero tambi√©n de sufrimientos y de pasiones. Gentes con las que no comparto m√°s que paisanaje, santos o malvados, empresarios o capataces, carabineros o cronometradores. Y, por supuesto y m√°s que nunca, con aquellos con los que reparto el proyecto de mi vida, de la nuestra, aunque no los conozca, ni de cerca, ni de lejos.
Nombres de j√≥venes imberbes que dejaron sus ilusiones en un campo est√©ril, pleno de sangre de otros. Nombres como ese de Mohamed Petit, un ‚Äúsin techo‚ÄĚ que se ahog√≥ el otro d√≠a en el Adour en Baiona cuando intentaba salvar la vida a un chaval que se hab√≠a tirado al r√≠o, asqueado de la vida. Nombres sin nombre, diluidos en el fondo de una celda, en el traquetear de una cadena de montaje, engullidos por el anonimato del desarrollo.
Y lugares, ¬Ņpor qu√© no? Nac√≠ en esta tierra que no me pertenece, porque soy parte de ella, a pesar de especuladores, traficantes, usureros y estafadores. Una tierra de la que estoy prendado y cada d√≠a suspiro por dejarla a mis hijos al menos no mucho peor de c√≥mo la recibimos. El sol sale para todos nosotros por el horizonte navarro y zuberotarra, desde las Bardenas hasta Atharratze y se pone por la lejan√≠a alavesa y vizca√≠na, desde Oion hasta el Serantes. En el medio, bosques, montes, fauna, pero tambi√©n asfalto, humos, acero y ladrillo. No es la configuraci√≥n que me gustar√≠a, pero es la que conozco. La √ļnica. Es la tierra de los poetas, y tambi√©n de los canteros.
Soy, somos, etxea, pa√≠s, patria. Finalmente. La de mi padre que compart√≠ con Gabriel Aresti, la de mi madre: ‚Äúamaren usaina duzu, eta etxe barneko beroa‚ÄĚ, que escribi√≥ Telesforo Monzon. O ‚Äúmunduko leku maitena, zuri zor dautzut naizena; izana eta izena‚ÄĚ, que cant√≥ Xalbador. Pierre Loti lo remach√≥: ‚ÄúNo, no os march√©is para siempre; los pa√≠ses lejanos son buenos para los d√≠as de la juventud, pero es preciso volver a Etchezar; aqu√≠ hay que envejecer y morir; en ninguna parte del mundo dormir√©is como en este cementerio, junto a la iglesia, donde pod√°is o√≠r mis voces aun estando sepultados en la tierra‚ÄĚ. As√≠ que tambi√©n ser√° la tierra de mi descanso.
Soy extranjero en otras patrias, pero no en la m√≠a. Y quiero, precisamente, ese respeto. Poder ejercerlo. Porque tambi√©n nuestra patria rezuma nostalgia. Desde la c√°rcel, desde el exilio, como tan certeramente lo escribi√≥ Vicente Amezaga, recluido en Argentina: ‚ÄúYo estoy all√≠, y hasta que all√≠ vuelva, no me encontrar√©‚ÄĚ.
Brassens, me sigue resultando simp√°tico, como dicen los franceses. No reniego de Celaya, ni de tantos otros. Siento, sin embargo, correr por mis venas a Aresti, a Monzon, a Xalbador con mayor intensidad, como si cada ma√Īana auparan mi coraz√≥n para enfrentarme a los m√≠os y a los vecinos. Con la fuerza de mis antepasados. Con el calor del futuro, de mis hijos, de los nietos que lleguen. Por eso, levanto la copa el d√≠a de mi patria. Por los nuestros. Y porque vale la pena este lugar y estas gentes tan extraordinarias.

Perfil democratico

En el a√Īo 1928, el luego comunista Mauro Azcona dirigi√≥ una de las primeras pel√≠culas que se realiz√≥ en nuestro pa√≠s, El Mayorazgo de Basterretxe. No hab√≠a nacido a√ļn la f√°brica de Hollywood pero pronto qued√≥ patente que las diferencias iban a ser abismales. El gobernador civil de Bizkaia, tras leer el gui√≥n, prohibi√≥ que la bandera a ondear en la ezpatadanza de la escena inicial del film fuera la ikurri√Īa, sugiriendo que, en todo caso, fuera la bandera espa√Īola. Azcona eligi√≥ antes que la espa√Īola una bandera blanca.
Los blanco, sin embargo, tambi√©n incomoda. Cuarenta a√Īos m√°s tarde, en otra de las dictaduras habitables en la historia de Espa√Īa, tres aguerridos caballeros se lanzaron a la aventura de filmar Ama Lur: N√©stor Basterretxea, Fernando Larruquert y Julio Am√≥stegui. Entonces, los valedores de la esencia hispana eliminaron una escena en la que el √Ārbol de Gernika aparec√≠a nevado. La pureza, la met√°fora del pueblo c√°ndido no vale. Hab√≠a que militar en el espa√Īolismo y, por ello, despu√©s de borrar el √°rbol blanco, obligaron a introducir la palabra ‚ÄúEspa√Īa‚ÄĚ en tres ocasiones durante el film.
Hace unos d√≠as, otros 40 a√Īos m√°s tarde, dos j√≥venes guipuzcoanos han sido detenidos por la Ertzaintza por colocar unos carteles que se refer√≠an a un hecho sucedido hace exactamente 33 a√Īos. Seg√ļn informa el movimiento pro amnist√≠a, nada menos que tres veces, como las de Pedro negando a Cristo, los detenidos tuvieron que o√≠r el ‚ÄúCara al Sol‚ÄĚ, himno falangista de infaustos recuerdos.
Hay una l√≠nea en el tiempo, un eco sostenido, de fondo, como el del Big-Band entre las galaxias del Universo, que nos recuerda la sumisi√≥n. La humillaci√≥n. Que nos avisa que, nacidos ayer, anteayer o antesdeayer, el destino es el mismo. Espa√Īa es el ejemplo mil y una veces repetido, como lo record√≥ Albert Camus, que la raz√≥n puede ser derrotada por la fuerza. Que la democracia es fr√°gil y que su reivindicaci√≥n, a√ļn en el siglo XXI, puede ser revolucionaria. A pesar de la prostituci√≥n del lenguaje.
Una y mil veces recordamos que la tradici√≥n democr√°tica espa√Īola se mide en grados Farenheit y no en cent√≠grados, sobre todo cuando se trata de bajas temperaturas. Me parece un esc√°ndalo que Ares rectifique al alcalde de Donostia, de su propio partido, para decirle que la tortura no es un tema de derechos humanos, sino de pol√≠tica antiterrorista. ¬ŅDesde cu√°ndo? Cuando lo o√≠, por vez primera, no daba cr√©dito.
En 1999, el Tribunal Superior de Justicia israel√≠ decret√≥ que la ‚Äúpresi√≥n f√≠sica‚ÄĚ, eufemismo de la tortura, no estaba permitida durante los interrogatorios, pero tambi√©n a√Īadi√≥ que el Gobierno israel√≠ pod√≠a legalizar la tortura si as√≠ lo consideraba oportuno. La salida, a semejante esc√°ndalo, la dio el Fiscal General de Israel que manifest√≥ que se reservaba el derecho de no perseguir a aquellos que utilizaran ‚Äúpresi√≥n f√≠sica‚ÄĚ en los interrogatorios. Salida a la espa√Īola. A lo Ares, a quien propongo, despu√©s del estir√≥n de orejas que le ha dado al alcalde donostiarra, que se deje de sutilezas y pida al Supremo espa√Īol la legalizaci√≥n de la tortura.
Por cierto, le o√≠ a Ares una cantinela que se repite una y otra vez cada que resuenan los ecos de los malos tratos: el manual de ETA. Y como viene de viejo me ten√≠a preocupado. Al fin di con dicho manual que no era otro que un libro. Un libro titulado: ‚ÄúTus derechos frente al muro‚ÄĚ. P√°gina 216: ‚ÄúEn caso de que hayas sido sometido a malos tratos f√≠sicos, ps√≠quicos o torturas durante tu estancia en dependencias policiales, nada m√°s entrar en prisi√≥n deber√°s realizar una denuncia ante el juzgado de instrucci√≥n‚Ķ‚ÄĚ. Etc√©tera. El libro tiene Dep√≥sito Legal (NA 3362-2002) e ISBN (84-607-6299-8). Y una autor√≠a: ‚ÄúAbogados de presos pol√≠ticos vascos‚ÄĚ. Y con esta firma, los que se llaman periodistas tienen ya el argumento para modificar la autor√≠a. A fin de cuentas, si ‚Äútodo es ETA‚Ä̂Ķ
¬ŅSaben c√≥mo se construye una noticia de esas? El Gabinete de Prensa del Ministerio del Interior, seg√ļn su p√°gina web, elabora una noticia a la que pone la coletilla: ‚ÄúEsta informaci√≥n puede ser utilizada sin necesidad de citar las fuentes‚ÄĚ. De esa manera, todos los medios copian lo mismo. Al poco la noticia se asienta en el sitio web del Ministerio, en un archivo que todo ciudadano puede consultar. La sorpresa, sin embargo, es may√ļscula: ‚ÄúLa informaci√≥n que aparece en estas p√°ginas no tiene car√°cter oficial ya que ha sido elaborada a partir de noticias procedentes de diversos medios de comunicaci√≥n (radio, televisi√≥n, agencias de prensa y diarios‚ÄĚ. Lo que ha generado y transmitido el Ministerio lo transforma en oficioso. Ver√≠dico. ¬ŅQu√© instituci√≥n garantiza entonces el label oficial? Les invito a que vean la trampa.
Es una muestra m√°s de la falta de rigor, de la ausencia de garant√≠as democr√°ticas. Parece mentira, en ocasiones, que estemos en el a√Īo 2010. Es evidente que los estados no ponen en dominio p√ļblico las vulneraciones de derechos, los datos de tortura, o desalojo forzoso de viviendas, por poner alg√ļn ejemplo. Por eso no podemos hacer sino elucubraciones en un hipot√©tico ranking sobre las libertades individuales y colectivas.
No puedo poner una calificaci√≥n, pero sospecho que el perfil democr√°tico espa√Īol es sumamente bajo cuando un ex Fiscal General Anticorrupci√≥n, como Carlos Jim√©nez Villarejo, a cuenta del pago del Banco de Santander de los cursos en EEUU al juez Baltasar Garz√≥n diga textualmente: ‚ÄúLlevamos 25 a√Īos en que las asociaciones de jueces y fiscales, conservadoras y progresistas, han celebrado congresos comiendo en la mano de los bancos y cajas de ahorro, que han aportado cantidades importantes, han pagado gastos de alojamiento y seguramente algo m√°s‚ÄĚ. ¬°D√≥nde nos ha tocado vivir, por Dios!
Y sigo pensando que este perfil democr√°tico sigue igual que cuando Mauro Azcona o Fernando Larruquert se dedicaban al cine, hace 40 u 80 a√Īos, al observar precisamente, el rifi-rafe entre fatxas y progres a cuenta, precisamente del juez citado, Baltasar Garz√≥n. Juez al que ahora algunos quieren sacar del atolladero de su prevaricaci√≥n (hubo una Ley de Punto Final jaleada por toda la clase pol√≠tica espa√Īola, modelo de concordia y bla, bla, bla‚Ķ) que nos ha dejado decenas de instrucciones modelo de lo que es la Judicatura espa√Īola. Retr√≥grada.
Y como se suele decir, como muestra vale un bot√≥n. ¬ŅRecuerdan aquel sumario de 2002 sobre la ‚Äúlimpieza √©tnica‚ÄĚ, en el que Garz√≥n confundi√≥ el culo con las t√©mporas, es decir los nacimientos en hospitales comarcales con movimientos √©tnicos clandestinos? Pues en aquel sumario 35/2002, instruido por el susodicho, se dec√≠a textualmente: ‚ÄúAunque ETA no existiera o desapareciera la Kale Borroka, o √©sta no se hubiera producido nunca; Batasuna, por los m√©todos que utiliza, constituye desde el punto jur√≠dico-penal una asociaci√≥n il√≠cita‚ÄĚ. Impresionante, Como en la √©poca de Mauro Azcona. No vale con ser espa√Īol, hace falta ejercerlo.
Jack London, de quien hace poco han traducido al castellano sus art√≠culos pol√≠ticos (‚ÄúEn Ruta‚ÄĚ), cuenta una an√©cdota que le sucedi√≥ en Ni√°gara. Una ma√Īana fueron conducidos 16 presos antes el juez, acusados de vagabundeo. Cada uno de ellos pasaba ante el juez en apenas 15 segundos. El magistrado no les permit√≠a defenderse, ni siquiera hablar. Uno de los presos quiso hacer valer sus derechos y tras mucho protestar finalmente tuvo un minuto de gloria. Indignado, expuso su defensa. Todos fueron condenados a 30 d√≠as de prisi√≥n, excepto el que hab√≠a hablado: 60 d√≠as, el doble que el resto.
No hace falta ser sumiso, hay que ejercerlo.
Y este es el objetivo que nos transmiten. El lehendakari navarro Sanz nos acaba de ofrecer uno de los ejemplos m√°s pl√°sticos de su perfil. Ha dicho que ya no asiste a los partidos de f√ļtbol en el campo del Viejo Reino, antes Sadar, para no ver ikurri√Īas. De aquellos barros estos lodos. No es 1928, no es 1969. Ni siquiera 1981. Estamos, aunque quiz√°s no lo hayan adivinado, en 2010. ‚ÄúO jugamos todos o rompemos la baraja‚ÄĚ, lo acaba de decir un coronel del Ej√©rcito espa√Īol, √Āngel Manuel Ad√°n Garc√≠a, a prop√≥sito de la memoria. Lo de siempre.

Dios es espa√Īol

No soy muy ducho en vidas de santos y curas y por ello, hasta que no top√© con √©l gracias al navarro Javier Mina, el libertador de M√©xico, apenas si hab√≠a reparado en su existencia. Lo ech√© al cesto de personajes de inter√©s pendiente y, hace bien poco, en una conversaci√≥n de caf√© con mi buen amigo Antxon Ezeiza, el nombre surgi√≥ de nuevo. Su biograf√≠a es fascinante. Y no me refiero a Mina, que todav√≠a tiene recorrido para investigar a pesar del excelente trabajo de Guzm√°n, sino al que fue, en cierta √©poca, su compa√Īero de conspiraci√≥n: Fray Servando Teresa de Mier, natural de Monterrey.
Fray Servando era un dominico tard√≠o, entr√≥ en el convento con 16 a√Īos, que protagoniz√≥ uno de los mayores esc√°ndalos pol√≠ticos que jam√°s se hayan producido sobre la faz del reino de Espa√Īa. Me result√≥ simp√°tico desde el principio. Hay que ser un osado para hacer lo que hizo, en un escenario nada proclive, por cierto. Creo que tuvo suerte y que, en otras circunstancias, le hubieran segado el gaznate.
La historia, en s√≠ntesis, fue la siguiente: el 12 de diciembre de 1794 se celebraba el 263 aniversario de la aparici√≥n de la Virgen de Guadalupe en la colonia de Nueva Espa√Īa. Se reunieron, como era costumbre, obispos, autoridades militares, empresarios y el virrey. En la Insigne y Real Colegiata de Nuestra Se√Īora de Guadalupe. Fray Servando hab√≠a preparado el serm√≥n de la misa correspondiente, en nada menos que nueve hojas. Comenz√≥ su alocuci√≥n y lo que en principio fue un rumor, finalmente se convirti√≥ en un clamor. En una gran estruendo. El dominico apuntaba que s√≥lo hab√≠a una posibilidad. O que Dios fuera espa√Īol o que la aparici√≥n mariana de Guadalupe fuera una gran farsa.
¬ŅPor qu√©? Porque siendo tan extensa la historia precisamente la Virgen hab√≠a esperado a la conquista espa√Īola para aparecerse a unos indios analfabetos, pudi√©ndolo haber hecho quinientos, mil o dos mil a√Īos antes. Un argumento casi irrefutable. Porque los indios ‚Äúno pudieron decir Santa Mar√≠a de Guadalupe, ya que su idioma carece de g y d y as√≠ mand√°ndole a un puro mexicano que repita de Guadalupe pronuncia tequatalupe‚ÄĚ. En fin, f√°bulas, mentiras y bulos fabricados por la corona espa√Īola. Su tesis. A no ser que, sin descartarlo, Dios, autor de los movimientos de sus marionetas, fuera genuinamente espa√Īol.
La reacci√≥n espa√Īola fue la esperada. Fray Servando fue detenido y enviado preso a Santander. El arzobispo le prohibi√≥ a perpetuidad el ejercicio de la ense√Īanza, la enunciaci√≥n de sermones o la realizaci√≥n de confesiones. Escap√≥ cuando era reubicado en Burgos y a partir de ese incidente, su vida comenz√≥ a tomar una notoriedad vertiginosa. En Londres conoci√≥ a Javier Mina y juntos conspiraron para la independencia de M√©xico. En Par√≠s comparti√≥ intelecto con Chateaubriand. Fue perseguido en medio mundo, siempre por espa√Īoles, que sistem√°ticamente le enviaban a prisi√≥n. Tambi√©n debi√≥ de ser un escurridizo prisionero porque logr√≥ escapar, que yo haya recogido, hasta siete veces de las terribles mazmorras hispanas.
A quien tenga un poco de curiosidad le animo a zambullirse en la vida de este fraile, que nunca renunci√≥ a su sotana, y que plante√≥ aquella eterna pregunta: ¬ŅPor qu√© Dios esper√≥ tanto tiempo a mostrarse en M√©xico? Para Servando la respuesta parec√≠a sencilla, porque era espa√Īol y hasta que Cort√©s no lleg√≥ con sus tropas no hab√≠a lugar a semejantes andanzas.
Viene esta reflexi√≥n con los desembarcos ruidosos de los √ļltimos a√Īos de la iglesia ultramontana en nuestro pa√≠s. No soy religioso, en el sentido divino aunque s√≠ en el de lo sagrado, y no sigo el tema de cerca. Pero el estruendo es tan notorio que no lo puedo dejar pasar. Y esta introversi√≥n me llega, precisamente, tras la muerte de un at√≠pico cura como fue Jes√ļs Lezaun. Muy cercano, a pesar de lo divino.
El arzobispo Fernando Sebasti√°n y el obispo Jos√© Ignacio Munilla han logrado condensar en sus espaldas un nuevo episodio de que en nuestra tierra, como en espacios pol√≠ticos, la historia, en este caso la espa√Īola, comenz√≥ ayer. Lo anterior no existe. Y puesto que estamos anunciando religi√≥n y fe, a√Īadir que, como dej√≥ traslucir Fray Servando, Dios es, a pesar de la diversidad y multiplicidad, inequ√≠vocamente espa√Īol.
Efectivamente. Antes de Munilla, por lo que nos toca en el tiempo, ha sido el caos. El separatismo, el √©xodo de la casa matriz madrile√Īa. Con Munilla, la iglesia y por extensi√≥n Dios el presidente de su Consejo de Administraci√≥n, vuelven a ser espa√Īoles, de pura cepa. Y para que nadie se llame a enga√Īo, porque somos le√≠dos e instruidos, sepan que el Dios espa√Īol es tremendamente agresivo, violento y amigo de la espada.
Hace cuatro d√≠as, como quien dice, santificaron un golpe militar y luego avalaron el holocausto. Hace ocho, m√°s o menos, cercenaron civilizaciones y enviaron al infierno a millones de paganos e infieles. Hace m√°s tiempo afortunadamente, Espa√Īa todav√≠a no exist√≠a y Dios, probablemente, andaba un poco m√°s despistado, trajinando aqu√≠ y all√° en cubrir escisiones y organizar cruzadas.
Munilla y Sebasti√°n son peones de ese Dios espa√Īol que, desde Santiago decapitando infieles hasta los Reyes Cat√≥licos, exterminando her√©ticos, han llenado la Pen√≠nsula de un hedor inequ√≠voco a carne quemada. Huele a chamusquina hoy, expresi√≥n que proviene de la quema de libros por la Inquisici√≥n, en el siglo XXI. Y que Dios sea espa√Īol, les advierto, no augura nada favorable.