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Otro cuento de Navidad

El medio es tan agobiante que resulta casi imposible obviarlo. Las costumbres impuestas por la apisonadora cristiana, en sus diversas ramas, encontraron un aliado necesario en el capitalismo que nos invita, para elevar ganancias, a un derroche consumista de corto recorrido: mucho en poco tiempo. Olentzero, reyes de Oriente, Papa Noel, luces de ne√≥n, loter√≠a, inocentes, m√ļsica celestial… Parafernalias sin sentido para alimentar lo que no somos.
En tiempos pasados, las costumbres, a las que apelaban entonces los dirigentes eclesi√°sticos, animaban a poner un pobre en la mesa del rico y, de esa forma, hacer m√°s humana la Navidad. Quiz√°s por eso de que los pobres lo eran de solemnidad, las ayudas sociales no exist√≠an y la fuente actual de la marginalidad, la emigraci√≥n, a√ļn estaba por llegar, la propuesta se extend√≠a a todo aquel que tuviera un aparador m√°s o menos repleto para la ocasi√≥n.
¬°Ponga un pobre en su mesa!, habr√≠a dicho el eslogan y aplaque de esa manera, a√Īadir√≠amos los cr√≠ticos, su mala conciencia cristiana. Y de paso haga frente a las teor√≠as izquierdistas igualitarias. Caridad, no justicia. Porque como bien sabr√°n, la caridad y la justicia son conceptos antag√≥nicos. Una frente a otra. Pero los tiempos han cambiado.
Nunca tuvimos un pobre en nuestra mesa, quizás porque éramos malos cristianos, quizás porque nuestra familia era muy grande y había que recibir a sus miembros de muchas esquinas y las sillas se ocupaban pronto, quizás porque siempre faltaba alguien, lo que redundaba en el desasosiego, quizás porque también éramos pobres. O al menos no nos sobraba más allá de lo que se repartía para la ocasión.
Hoy, los ricos ya no invitan a su mesa a los m√°s pobres. Para ello est√°n los comedores sociales que dar√°n una copita de vino dulce a los pobres de solemnidad. Para ello est√°n las c√°rceles que acoger√°n en el Estado espa√Īol a m√°s de 70.000 delincuentes y presuntos delincuentes a los que, tras la cena, enchufar√°n la televisi√≥n para que asistan a la perorata del √ļltimo Borb√≥n.
En estos tiempos, los ricos hacen m√°s ostentaci√≥n que nunca. Como jam√°s lo hicieron. Alardean de sus yates, se regocijan en televisi√≥n en esos programas apolog√©ticos de las villas kilom√©tricas en las que viven, acaparan las portadas de las revistas con sus conquistas sentimentales. Tambi√©n se pavonean con sus √ļltimas adquisiciones, con coches de lujo y chaquetas de lino austral.
Y ellos, precisamente, se han encargado de subrayar la tendencia: la justicia es una quimera, y la caridad de mal gusto. Los pobres sobran, escoria. ¬ŅQu√© puede hacer un pobre? Ese gran escritor que es Rubem Fonseca escribi√≥ un cuento a cuenta: ‚ÄúEl √ļnico bien que poseo es mi propia vida, y la √ļnica manera de ganar la partida es matar a un rico y seguir vivo‚ÄĚ. No siempre es posible. Pero cuando sucede, nadie se rasga las vestiduras.
En la cercan√≠a ya no literaria, recuerdo vagamente a mi madre y a alguna de mis hermanas encerradas en la cocina preparando la cena de autos, entre prisas, y fogones. Y tambi√©n, en esa interminable noche de humo y mazap√°n, los susurros por los que faltaban, las conversaciones que nos hurtaban a los m√°s peque√Īos y, en alguna ocasi√≥n, esa llamada de tel√©fono para el abuelo, desde alg√ļn lugar desconocido que s√≥lo los mayores compart√≠an.
Los ausentes han sido, en nuestra tradici√≥n, los grandes protagonistas de estas fiestas sin sentido. Quiz√°s sea una gran paradoja, una de nuestras locuras colectivas, pero tengo una impresi√≥n bastante anclada en mis convencimientos, que muchas de las celebraciones de estos d√≠as, sobre todo la de la v√≠spera navide√Īa, la formalizamos para aquellos que no pueden asistir. Nos resistimos a romper el hilo fino de nuestra existencia colectiva. Y no me refiero a los difuntos.
Somos un pueblo que no ha dejado jam√°s de tener presos en los √ļltimos cien a√Īos. Me dir√°n que eso no es nuevo. Desde las mazmorras medievales y tal y como nos los cont√≥ Foucault, reprimir y castigar es la primera tarea del poder. A√Īado. Somos un pueblo que en los √ļltimos cien a√Īos no ha dejado de tener presos‚Ķ pol√≠ticos. Y, tambi√©n y en consecuencia, aquellos que logaron escapar de jueces y agentes, los que conforman el exilio. Es decir, presos y exiliados. Pol√≠ticos.
En la actualidad, y seg√ļn las cifras ofrecidas por los grupos de asistencia penitenciaria, tenemos los vascos un preso por cada 3.500 habitantes. Un exiliado por cada 1.500 habitantes. No conozco semejante proporci√≥n en la Europa civilizada, aquella garante de la democracia y la tolerancia, construida por cierto, para deleite de sus elites, los ricos de siempre, puro, anteojo y barriga descomunal.
Estos ausentes han conformado, en la tradici√≥n que he podido vivir desde ni√Īo, la referencia de la noche que alguna marca de cava ha designado con el apelativo grotesco de ‚Äúm√°gica‚ÄĚ. Tengo demasiadas dudas en algunos aspectos de la vida, no as√≠ en otros. Este √ļltimo es de los s√≥lidos. En muchos hogares vascos la celebraci√≥n no lo es por el aniversario de aquel ni√Īo jud√≠o que naci√≥ en un corral y sirvi√≥ de marca para una religi√≥n, por la vuelta a casa del emigrante o estudiante que saluda a los suyos, ni siquiera por la reproducci√≥n bondadosa de ese carbonero que entrando por la chimenea cortaba el pescuezo a los ni√Īos que hab√≠an sido traviesos.
La falta, la lejan√≠a nos permite pocos espacios. Aprovechamos los escasos que tenemos. Y como hace decenas de a√Īos, cuando la noche se extend√≠a al √ļltimo recodo de nuestra tierra diurna, guardamos lo que m√°s queremos para la intimidad. Y no existe mayor intimidad que la que extraemos en nuestras fuentes solidarias y emocionales. En soledad o acompa√Īados.
Hace ahora un a√Īo de la √ļltima navidad, de esas celebraciones a las que aludo. En esos d√≠as, por primera vez, uno de los nuestros, el mayor, estaba ausente. Por razones de peso. Un juez espa√Īol le hab√≠a internado en prisi√≥n en una razia que comenz√≥ entonces y a√ļn hoy est√° inacabada. Vivimos esas fiestas navide√Īas y estos comentarios anteriores en primera persona.
S√© que en otros hogares y lo siento como el m√≠o, la ausencia se remonta a cinco, diez, veinte, treinta a√Īos. Jos√© Mari Sagardui y Jon Agirre Agiriano son quiz√°s los m√°s notorios. Pero medio centenar de presos vascos han cumplido ya m√°s de 20 a√Īos en prisi√≥n. Son los solsticios de invierno, adornados con luces extra√Īas, ajenas, para los suyos. Cientos, miles de kil√≥metros de distancia separan el olor a la le√Īa quemada, el sabor de la manzana asada, el tono de la voz de los mayores, el eco del hogar.
Cientos, miles de kilómetros separan la incertidumbre, la ausencia de noticias, la habitación de un color que se repite una y otra vez sin posibilidad de repuesto. Cientos, miles de kilómetros de angustias e interpretaciones porque, ante el silencio, sólo nos queda adaptar una versión. La cercana, la más entusiasta. Esa llama de la esperanza que nunca vamos a dejar que se apague.
De aquella primera navidad con esa ausencia tan cercana, la del hijo, descubrí lo que intuía. Que tenemos un pueblo extraordinario, que nuestros amigos no son de connivencia sino de fidelidad y, sobre todo, que nuestras familias son la sal de la vida. Alguien nos dirá que nos hemos quedado desfasados, que las relaciones del futuro pasan por otras coordenadas. Le regalo ese futuro.
Recuerdo de hace un a√Īo el dolor de la ausencia, pero tambi√©n la alegr√≠a de los compa√Īeros, de las compa√Īeras, de hermanos, hijos, primos‚Ķ esa red tan tupida que nos ha permitido sobrevivir en los tiempos m√°s duros, en especial, a los que se les niega la luz matutina. Recuerdo selectivamente tantas cosas que, en estas fiestas de la hipocres√≠a, lo √ļnico que vale la pena es, precisamente, el apego a los m√≠os, a esos que, a pesar de la distancia, ocupan en mi mesa ese lugar que con orgullo me atrevo a pregonar.

Wikileaks. Basque Country o el país de las maravillas

Estamos, nos dicen, ante uno de los esc√°ndalos m√°s sonados del siglo XXI, un caso de espionaje para el Departamento de EEUU, una fuente de informaci√≥n para los m√°s √°vidos, un juego de mesa para los hackers‚Ķ en fin, como siempre, depende del cristal desde el que se mire. Cientos de miles de informaciones que embajadas, consulados, servicios secretos, agentes de EEUU han generado en los √ļltimos a√Īos.
No tengo ni la menor idea de qui√©n est√° detr√°s de Julian Assange y de The Sunshine Press, promotores aparentes de las filtraciones. Pero si conozco la trayectoria informativa del diario que purga, traduce y elige las noticias en castellano referidas al Estado espa√Īol y, por extensi√≥n, a una parte de su territorio actual, el Pa√≠s Vasco, Basque country para los norteamericanos. Ese diario se llama El Pa√≠s, un medio nacido hace a√Īos para avalar la transici√≥n del franquismo a la democracia parlamentaria. Un medio tremendamente comprometido con los sectores m√°s inmovilistas en relaci√≥n a la cuesti√≥n vasca y, en consecuencia, un medio exageradamente tendencioso a la hora de tratarla.
Por eso, sé, a ciencia cierta, que no vamos a tener en las próximas semanas, revelaciones espectaculares sobre Euskal Herria provenientes de wikileaks o lo que es lo mismo desde El País. Es más, las escasas filtraciones que hasta ahora han aparecido están íntimamente ligadas a los intereses del Gobierno de Zapatero con respecto a la tregua de ETA. Así, supuestamente, los EEUU se interesan por los vascos cuando ETA anuncia un alto el fuego, es decir, como ahora, cuando hay que gestionar un supuesto escenario de paz.
Los que llevamos en este país sabemos, en cambio, que el interés de Washington por la cuestión vasca es permanente y que, las ingerencias, están a la orden del día. El consulado de Bilbao y le embajada de Madrid son fuentes inagotables de informes e impresiones telegráficas. Desde los tiempos en que ETA eran sólo un grupo de estudiantes. De aquellos trabajos de formación de Ekin, antecesora de ETA, aparentemente inofensivos, no nos queda más que el recuerdo y alguna colección incompleta en archivos vascos. Si quieren conocer los originales, al completo, deberán tomar un vuelo a Nueva York.
Yo lo hice una y otra vez hasta que un d√≠a me detuvieron. Como lo oyen. Se me llevaron de mi cartera hasta un plano para llegar a la estaci√≥n de metro donde desapareci√≥ en 1956 Jes√ļs Gal√≠ndez, el delegado del Gobierno vasco en Nueva York. Me interrogaron en el mismo aeropuerto durante varias horas y cr√©anme cuando les digo que ni una de las preguntas, ni una, tuvo referencia a sucesos de hace menos de 30 a√Īos. Gal√≠ndez, vascos y servicios secretos, franquismo, fuentes, archivos‚Ķ Era marzo de 2006 y el inter√©s de sus preguntas no pasaba de 1960.
Hacia un par de a√Īos hab√≠a intentado, sin √©xito, rescatar informaci√≥n confidencial sobre el lehendakari Aguirre. Mario Salegi que se refer√≠a a la investigaci√≥n recabada por el ya entones difunto Juan de Dios Unanue, me hab√≠a abierto la hip√≥tesis de que el lehendakari quiz√°s no hubiera muerto, como oficialmente se certific√≥, de muerte natural. De Dios Unanue pensaba que su muerte habr√≠a sido inducida. Nunca pude profundizar ni en uno ni en otro, ni en Aguirre, ni en Gal√≠ndez. EEUU me deport√≥ y fui detenido en Barajas por la Polic√≠a espa√Īola que me dej√≥ en libertad sin cargos.
Un a√Īo despu√©s tuve la ocasi√≥n de reunirme con el lehendakari contempor√°neo, Juan Jos√© Ibarretxe. Le cont√© mi mala experiencia americana y le avanc√© que ya que Jes√ļs Gal√≠ndez hab√≠a sido militante de su partido pon√≠a los datos que yo ten√≠a en su poder. Creo saber qu√© pas√≥ con su cad√°ver, donde fue enterrado y qu√© juez lo identific√≥. Por tanto no ser√≠a nuestro desaparecido m√°s ilustre, ya que estar√≠a muerto pero identificado, en lugar y fecha. Ibarretxe me deriv√≥ hacia su partido y ah√≠ concluy√≥ la historia. Algunos temas, tantos a√Īos despu√©s, a√ļn queman.
No me voy a referir a tiempos pasados, a esa gran traición de Truman y sus seguidores a tantos vascos ingenuos unos y no tanto otros, que colaboraron con el Departamento de Estado en la creencia de que las confidencias servirían para tumbar a Franco. No voy a desarrollar tampoco ese desprecio supino de los secretarios de Estado hacia el lehendakari Aguirre, que había puesto toda la maquinaria de su partido y de su gobierno a favor de una causa imposible.
El Gobierno de Washington y por extensi√≥n sus servicios secretos, ejecutivos militares, embajadas y consulados, han trabajado siempre a favor del peor de los escenarios posibles para los vascos. Y si en alg√ļn memento de la historia reciente, me refiero a la de los √ļltimos 35 a√Īos, ha podido parecer lo contrario, lo ha sido porque EEUU ha utilizado a los vascos para variar la correlaci√≥n de fuerzas en el Estado espa√Īol. Siempre a favor de la derecha m√°s recalcitrante, fuera quien fuera el inquilino de la Casa Blanca. Le cost√≥ a Xabier Arzalluz comprenderlo, pero tambi√©n √©l lo supo.
Creer√© algo de esta andanada de filtraciones cuando aparezcan documentos de esos a√Īos que he trazado, pero tambi√©n de √©pocas m√°s recientes. Andr√©s Cassinello, aquel general que dijo que prefer√≠a la guerra a la Alternativa KAS, hab√≠a sido formado en EEUU. Jefe de los servicios secretos espa√Īoles, hombre clave desde 1975 a 1985 y hoy, no se lo pierdan, presidente de la llamada Asociaci√≥n para la Defensa de la Transici√≥n.
Recordar√°n, c√≥mo no, que en 1981 un golpe de Estado en Madrid, liderado aparentemente por un guardia civil de apellido Tejero, produjo un retroceso democr√°tico que a√ļn hoy lo estamos pagando. El entornes secretario de Estado norteamericano, Alexander Haig se neg√≥ a condenar el golpe, a todas luces antidemocr√°tico. ¬ŅNos contar√°n en wikileaks aquellos entresijos? En 1980 Claire Sterling, ayudante de Alexander Haig, el secretario de Estado, hizo p√ļblicas las tesis de la CIA en el informe “La red del terror”, en la que se√Īalaba que todas las organizaciones guerrilleras del planeta ten√≠an su cabeza en Mosc√ļ, incluida ETA. Y que los objetivos de la organizaci√≥n vasca los marcaba el KGB y no Txomin Iturbe, como supon√≠amos. Sterling no estaba en un frenop√°tico sino que ganaba, por decir aquellas sandeces, una porrada de d√≥lares. Sus an√°lisis llegaba a todas las embajadas.
En 1985, Arzalluz y el PNV nos trajeron una comisi√≥n de expertos para analizar la cuesti√≥n vasca. Su director era Brian Crozier, un facha de tomo y lomo, agente de la CIA. Un esc√°ndalo de proporciones enormes. Los resultados se los pueden imaginar. En el refer√©ndum de la OTAN, en 1986, los EEUU intervinieron como si Madrid fuera un estado de la Uni√≥n. ¬ŅRecuerdan la entrada de la Polic√≠a en la empresa Sokoa y el descubrimiento ‚Äúaccidental‚ÄĚ de dos misiles Sam-7 Strela en las mismas fechas?
¬ŅConocen Echelon, la red de espionaje y an√°lisis para interceptar comunicaciones electr√≥nicas norteamericana que desde 2002 y tras los pactos entre Aznar y Bush se utiliza en la lucha contra ETA? Ya nadie se acuerda pero a cuenta de Echelon me gustar√≠a traer a colaci√≥n aquellas instalaciones ultra secretas que los americanos mantuvieron en Gorramendi, en Elizondo. Fueron una base del Ej√©rcito norteamericano denominada ‚Äú877 Squadron Warning Control W-6‚ÄĚ. Durante 20 a√Īos su cometido fue todo un misterio hasta que en 1974 las instalaciones desaparecieron tras ser dinamitadas. Los pocos datos al d√≠a de hoy nos llevan a intuir que lo de Gorramendi estuvo relacionado con las comunicaciones, en una √©poca en que todav√≠a no hab√≠a sat√©lites.
Las preguntas se me agolpan sin orden. ¬ŅRecuerdan la lista antiterrorista que public√≥ el Departamento de Estado de EEUU, simult√°nea a la entrada de Espa√Īa en guerra en Iraq, en 2003? ¬ŅRecuerdan la Resoluci√≥n 1530 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que asegura que ETA fue la causante de los atentados islamistas de Madrid de marzo de 2004?
Si alguno de los papeles de wikileaks que aparecer√°n en pr√≥ximas semanas nos desvelaran estos misterios, les juro que me comer√© estas letras que acabo de escribir. Mientras, perm√≠tanme que siga anclado en la suspicacia. Y es que uno ya tiene sus a√Īos.

DRIL, Bego√Īa Urroz y polic√≠as infiltrados

El 27 de junio de 1960 el DRIL (Directorio Ib√©rico de Liberaci√≥n), colocaba seis bombas: en las dos estaciones de tren de Donostia, en la de Atxuri de Bilbao (dos d√≠as despu√©s), en la del Norte de Barcelona, en la de Chamart√≠n de Madrid y en el tren correo de Madrid a Barcelona. Hace unos meses ya escrib√≠ un art√≠culo citando las certezas de las mismas (Gara, 12 de febrero de 2010). Como es sabido, la ni√Īa Bego√Īa Urroz Ibarrola muri√≥ con la que explot√≥ en la estaci√≥n de Amara de Donostia.
Sorprendentemente, y a pesar de la informaci√≥n entonces aportada, han sido numerosos los medios que han seguido sosteniendo la tesis de que ETA, que apenas agrupaba entonces a un grupo de estudiantes, hab√≠a sido la autora del atentado. La mentira es de la misma magnitud que otras hist√≥ricas como la del bombardeo de Gernika de 1937, atribu√≠do a las ‚Äúhordas rojo-separistas‚ÄĚ. Nadie ha podido aportar documento alguno que certificara la autor√≠a de ETA. La intoxicaci√≥n, en cambio, ha sustituido a la informaci√≥n. El rigor informativo espa√Īol ha alcanzado, en este tema al menos, su nivel m√°s √≠nfimo.
El DRIL, como ya qued√≥ definido en aquel art√≠culo, naci√≥ de la conjunci√≥n de voluntades de distintos grupos de refugiados espa√Īoles y portugueses residentes en Francia, B√©lgica, Cuba y Venezuela. Mi impresi√≥n es que la Revoluci√≥n cubana fue su espejo; incluso el nombre semejante al del Directorio Revolucionario 13 de marzo de Jos√© Antonio Echeverr√≠a y Eloy Guti√©rrez Menoyo.
Quien tenga inter√©s en conocer su trayectoria completa tiene una buena fuente en el trabajo titulado, m√°s o menos, ‚ÄúEl DRIL (1959-61). Experiencia √ļnica en la oposici√≥n al nuevo Estado‚ÄĚ. Su autor es D. L. Raby, de la Universidad de Toronto (Canad√°). Su fuente principal son los archivos de la PIDE, polic√≠a pol√≠tica del dictador Salazar, hom√≥nima de la BPS espa√Īola de Franco. Por lo que cuenta Raby, la PIDE ten√≠a muy buena informaci√≥n sobre los movimientos del DRIL en Cuba y, especialmente, en B√©lgica.
La fuente definitiva a√ļn no ha sido hollada. Los archivos policiales sobre el DRIL deber√≠an encontrarse en el Archivo General de la Administraci√≥n, (AGA), de Alcal√° de Henares. No fueron depositados en donde les correspond√≠a. En cambio, a la muerte de Franco fueron trasladados al Archivo Hist√≥rico Nacional de Madrid. Quienes han intentado consultarlos, han recibido la negativa por respuesta. Si se conservan intactos, algo que me permito poner en duda por mi larga experiencia en archivos franquistas, las revelaciones servir√≠an para sonrojar a m√°s de uno, si entre los intoxicadores existiera el pudor.
En 1960, el DRIL cometi√≥ en el Estado Espa√Īol 9 atentados con bombas incendiarias, los tres primeros en febrero y el resto en junio. Los comandos que los prepararon hab√≠an sido coordinados en B√©lgica, desde Bruselas. Tanto la PIDE como la BPS estaban al tanto de sus movimientos. Sobre todo del abastecimiento de armas para sus comandos. Conoc√≠an los apellidos de todos sus integrantes, e incluso sus nombres de guerra.
Como ya dej√© escrito, las primeras acciones del DRIL lo fueron en Madrid, en febrero de 1960, todas ellas tambi√©n de la misma manera: una maleta abandonada con explosivos. Los objetivos: el Ayuntamiento, la estatua de Vel√°zquez en el Museo del Prado y la sede de Falange. En una de ellas, la bomba deflagr√≥ mientras la manipulaba Ram√≥n P√©rez Jurado, que muri√≥ en el acto. Su compa√Īero Antonio Abad Donoso fue detenido y otros dos j√≥venes, Santiago Mart√≠nez Donoso y Justiniano √Ālvarez, lograron escapar, seg√ļn la Polic√≠a. Antonio Abad fue torturado, juzgado y ejecutado el 8 de marzo de ese a√Īo. Santiago Mart√≠nez, primo de Antonio Abad, y uno de los dos fugados, trabajaba para la Polic√≠a espa√Īola.
Los objetivos de Madrid, as√≠ como las detenciones posteriores, fueron marcados por uno de los integrantes del comando, que, en realidad, era un polic√≠a infiltrado. Se trataba de Abderram√°n Muley Mor√©, un falangista espa√Īol que, debido a sus servicios prestados, hab√≠a llegado a ser guardia personal de Franco. Su hombre en el comando fue el citado Santiago Mart√≠nez Donoso.
Muley, seg√ļn informes internos del propio DRIL, hab√≠a sido infiltrado por la polic√≠a en los grupos anti Batista en los previos a la Revoluci√≥n Cubana. Llegado a Cuba en 1956 se hizo llamar Manuel Rojas, y, al comienzo, la polic√≠a franquista lo utiliz√≥ para infiltrarse en los medios mon√°rquicos espa√Īoles, entonces en la oposici√≥n, que negociaban con Franco la restauraci√≥n. Tuvo relaci√≥n, as√≠ mismo, con el Directorio Revolucionario cubano.
Con el triunfo de la Revoluci√≥n cubana, el falso Rojas desapareci√≥ para regresar al frente de un grupo republicano espa√Īol, que en unos meses se integr√≥ en el MLE (Movimiento de Liberaci√≥n Espa√Īol) que confluy√≥ en la UCE (Uni√≥n de Combatientes Espa√Īoles). La infiltraci√≥n fue completada con la del citado Santiago Mart√≠nez Donoso, ex guardaespaldas de Batista, depuesto dictador cubano. Ambos viajaron a Francia y levantaron las sospechas del PCE, de la CNT y del PSOE en el exilio, que los denunciaron.
Sin embargo, Mart√≠nez Donoso y Abderram√°n Muley lograron entrar en el grupo armado del DRIL, que pretend√≠a, como el Ch√© Guevara, alentar la revoluci√≥n mundial. Espa√Īa, dirigida entonces por Franco, era el objetivo. Los atentados de febrero de Madrid fueron los primeros. Los de junio de 1960, los siguientes. Ambos polic√≠as volvieron a preparar los objetivos, junto a un tercer polic√≠a espa√Īol llamado Agust√≠n Parradas Sicilia. Como es sabido, en uno de ellos, en el de Donostia, muri√≥ la ni√Īa Bego√Īa Urroz. De los al menos doce miembros de los comandos que participaron en la identificaci√≥n de objetivos y en la colocaci√≥n de las bombas, al menos tres eran infiltrados policiales.
Abderram√°n Muley, el agente de la DGS infiltrado en el DRIL, adem√°s hab√≠a sido brazo derecho de Eloy Guti√©rrez Menoyo, madrile√Īo de nacimiento y cubano de vecindad. Un buen agente. Casualidad o no, Guti√©rrez Menoyo dirigi√≥ el Directorio Revolucionario cubano. Su trayectoria deslig√°ndose de Fidel Castro es del todo conocida. A comienzos de 1961 huy√≥ a EEUU.
Los amantes de las teor√≠as conspirativas tienen elementos a cruzar con Abderram√°n Muley. Su alias de Manuel Rojas aparece en un documento de la CIA de 1960, en el dossier del asesinato de J.F.K. Y Rojas, como la mayor√≠a ya habr√° imaginado, era el seud√≥nimo de Jes√ļs Gal√≠ndez que utiliz√≥ para la CIA y el FBI hasta 1956, a√Īo de su muerte, cuando precisamente Muley comenz√≥ su infiltraci√≥n. De cualquiera de las maneras, estas causalidades no prueban m√°s que eso, que probablemente son causalidades.
La mayor√≠a de los autores de los atentados cruzaron la frontera y se refugiaron en B√©lgica. Meses m√°s tarde, la polic√≠a belga asaltaba una casa en Lieja y deten√≠a a los doce supuestos miembros del DRIL. Inmediatamente el embajador espa√Īol franquista de Bruselas inici√≥ los tr√°mites para su extradici√≥n. Los infiltrados fueron liberados de inmediato. En el proceso, los detenidos fueron acusados de tr√°fico ilegal de armas y explosivos, y de dar muerte a una ni√Īa, Bego√Īa Urroz, por la explosi√≥n de la bomba de Donostia.
La infiltraci√≥n policial y las bombas de junio llamaron la atenci√≥n del PSOE, que desde su √≥rgano de expresi√≥n El Socialista (n√ļmero 6.039, 7 de julio de 1960), atribuy√≥ a intereses de Franco los atentados y la muerte de la ni√Īa Bego√Īa Urroz. Seg√ļn el PSOE, fue el ministerio del Interior espa√Īol (Gobernaci√≥n entonces) el que dio noticia de los atentados a todas las agencias extranjeras, cuando lo habitual era taparlos.
Jos√© Fern√°ndez V√°zquez (alias Jorge Soutomaior), jefe del aparato militar del DRIL, reconoci√≥ la infiltraci√≥n desde Venezuela, donde dirig√≠a la organizaci√≥n, y lament√≥ la muerte de la ni√Īa. √Čl mismo hab√≠a confeccionado el dise√Īo te√≥rico de los comandos. Admiti√≥ la autor√≠a de los atentados para el DRIL. Sus archivos, legados por su familia a instituciones espa√Īolas, as√≠ lo atestiguan. Hoy se encuentran en Santiago de Compostela, en el Archivo de la Emigraci√≥n Gallega, y puedo afirmar que cuando los visit√© hace dos meses, fui el primero que los consultaba.
La lectura que hicieron las organizaciones antifranquistas, clandestinas y en la oposici√≥n, sobre los atentados de Madrid, Barcelona, Bilbao y Donosita, instigados por la Polic√≠a espa√Īola, tiene que ver con el acercamiento de los mon√°rquicos alfonsinos hacia los postulados democr√°ticos. No hay que perder de vista que los infiltrados en el DRIL proven√≠an de medios mon√°rquicos en los que tambi√©n hab√≠an estado infiltrados.
El r√©gimen de Franco inventaba una oposici√≥n fuertemente armada y ligaba para ello a todos los grupos ilegales. La PIDE lleg√≥ a decir que Fidel Castro dirig√≠a el DRIL. Poco menos de dos a√Īos despu√©s de los atentados del DRIL, la casi totalidad de la oposici√≥n franquista sellaba un Pacto contra el dictador, en la localidad alemana de Munich. Franco aprovech√≥ el mismo para declarar en todo el Estado espa√Īol nada menos que dos a√Īos de “estado de excepci√≥n”.

Memoricidio

MEMORICIDIO

El cierre de un ciclo político en el País Vasco y la apertura probable de otro nos está llevando, simultáneamente, a un escenario en el que la memoria colectiva se transmuta en uno de los frentes de batalla más intensos. A falta de trincheras, explosiones y minas, la credibilidad de los contendientes depende de la reivindicación de su labor y, para ello, la reescritura de la historia más cercana se hace necesaria. Los unos para reivindicar a los suyos y no ser absorbidos por Troya, los otros para endulzar y justificar su previsible mantenimiento de la tensión.
Tengo la impresi√≥n, y perd√≥neme que lo cite de pasada porque no soy aficionado a las obras de ciencia ficci√≥n, que la memoria se va a convertir en una batalla crucial en los pr√≥ximos a√Īos. S√≠, soy un poco machac√≥n. El deber debido, el sentido de la vida, el funanbulismo pol√≠tico, ser√°n los argumentos esgrimidos para justificar, como hizo Felipe Gonz√°lez, el secuestro del pobre Segundo Marey, o el asesinato de Argala, un acto fan√°tico, como tantos otros, cometido, dicen ahora, por un fantasmag√≥rico militar espa√Īol a quien la prensa canallesca espa√Īola esconde bajo el seud√≥nimo de Le√≥nidas. O las torturas por ser, como dir√≠a Rodolfo Ares, materia antiterrorista.
La maquinaria del Estado tiene engranajes suficientes como para que el mesi√°nico Felipe Gonz√°lez haga apolog√≠a del terrorismo dejando entrever que Segundo Marey era culpable (‚Äúno se ha investigado lo suficiente su papel en la cooperativa‚ÄĚ) y que, en consecuencia, de haber terminado como otras victimas del GAL su muerte no hubiera merecido una sola muestra de cari√Īo. Quiz√°s ni una l√°grima. Porque llorar, nos lo dicen los jueces de la Audiencia Nacional, tambi√©n tiene contenido pol√≠tico.
O√≠r a Patxi L√≥pez decir que el GAL es un ‚Äúfantasma del pasado, juzgado y condenado‚ÄĚ es un insulto a la inteligencia. Las adendas a semejante afirmaci√≥n son numerosas, comenzando porque es mentira que el GAL as√≠ como sus antecedentes, haya sido juzgado. Que le pregunten a Ram√≥n J√°uregui, que como Ares con la tortura, enmarc√≥ el GAL dentro de la ‚Äúlucha antiterrorista‚ÄĚ. El fin justifica los medios, cuando est√° por medio el honor perdido del pueblo de la capa y el tricornio.
En esta l√≠nea se debe entender la √ļltima andanada memor√≠stica del misterioso Le√≥nidas que oculta lo evidente, la implicaci√≥n del mercenario Jean Pierre Cherid, a sueldo del ministerio espa√Īol del Interior y su paso como agente de las distintas fases del terrorismo de Estado: OAS, ATE, BVE y GAL. Collares diversos para el mismo perro. En cambio, Arnaldo Otegi fue condenado en 2006 a 15 meses de prisi√≥n por participar en un acto en memoria de Argala. El mundo al rev√©s.
El ataque al mensajero es t√≠pico t√≥pico hispano. Xabier Makazaga ha escrito el ‚ÄúManual del torturador espa√Īol‚ÄĚ. Al PP no le molesta el libro. Tampoco que en 28 bibliotecas de la CAV est√© al acceso de los lectores. Le molesta, y as√≠ lo ha dicho Carmelo Urquijo, que el Ayuntamiento de Basauri, con alcalde del PSOE, lo tenga en su biblioteca municipal. El resto, las otras 27 bibliotecas, no tienen importancia. Sus alcaldes son del PNV, ANV‚Ķ Interesa el sentido de Estado, la cobertura a la mentira.
La historia se reescribe a ritmo pol√≠tico, como si ambos fueran ramas del mismo tronco. Redact√© hace unos meses unas hojas sobre la muerte y manipulaci√≥n del recuerdo de la ni√Īa Bego√Īa Urroz, uno de los actos m√°s escandalosos de enga√Īo de la √ļltima d√©cada. Una ni√Īa que muri√≥ bajo la bomba de un comando del DRIL en 1960, cuando ETA a√ļn no exist√≠a sino como sue√Īo libertador en la mente de algunos estudiantes.
El comando del DRIL que coloc√≥ aquellas bombas en junio de 1960 estaba infiltrado por tres polic√≠as espa√Īoles. Los archivos lo atestiguan. ¬ŅAlguno de los cientos de creadores de opini√≥n ha ido a comprobarlo? Nadie. Lo que prima es la manipulaci√≥n, la intencionalidad pol√≠tica de cualquier actividad pasada en funci√≥n de los r√©ditos que deje en el presente. Hoy, a√ļn sabiendo de la gran mentira que supone la adjudicaci√≥n de la muerte de aquella ni√Īa a ETA, la cantinela es repetida hasta la saciedad. Lo dijo Joseph Goebbels ministro de Propaganda de la Alemania de Hiltler: ‚Äúuna mentira repetida mil veces se convierte en verdad‚ÄĚ.
La desmemoria es parte de la manipulaci√≥n. Poco despu√©s de la muerte de la ni√Īa, ocurri√≥ un hecho que hoy nadie recuerda. En marzo de 1961, la Polic√≠a y la Guardia Civil ametrallaron un coche en Bolueta en el que supon√≠an viajaban varios j√≥venes de ETA. La identidad del fallecido, Javier Batarrita, y la de uno de sus acompa√Īantes, Mart√≠n Ballesteros, que result√≥ herido de gravedad y qued√≥ paral√≠tico de por vida, ambos pertenecientes a conocidas familias franquistas, origin√≥ que, como excepci√≥n, el propio r√©gimen reconociera su error.
‚ÄúEs humano errar aunque los yerros tengan a veces tan dolorosas consecuencias‚ÄĚ, escribi√≥ El Correo, el mismo que hoy celebra falsamente su centenario. Si hubieran sido etarras, el error inexistente. Una decena de polic√≠as, inspectores y guardia civiles fueron juzgados por esos hechos y absueltos. La historia tambi√©n les absolvi√≥ porque no hubo un cambio de escenario que hiciera posible la revisi√≥n de las atrocidades y salvajadas que cometieron los entonces hombres de bien.
Dec√≠a Hegel que la experiencia y la historia nos ense√Īan, precisamente, que gobernantes y estadistas nunca aprendieron cosa alguna de la historia ni que se comportan de acuerdo con sus lecciones. Y aqu√≠ estamos nosotros, a√Īado yo, unos cuantos aficionados, intent√°ndole hacerles ver que vuelven a repetir el mismo error una y mil veces, por no decir que vuelven a repetir la misma atrocidad y memoricidio.
Y hoy, algunos de los descendientes de aquellos que sufrieron el olvido, se han convertido en verdugos de la memoria. En sepultureros no sólo del recuerdo de quienes sembraron las semillas de la dignidad política, sino de sus ideales. Han hecho grande la reflexión de Hegel. Han repetido los errores de quienes forjaron este estado anormal de cosas.
La historia, nuestra historia, de los √ļltimos a√Īos no deja de ser una cr√≥nica en absoluto compartida. Una gran paradoja. Me llama poderosamente la atenci√≥n que hombres y mujeres que sufrieron la m√°s brutal represi√≥n, vejaciones de por vida y un desprecio total hacia su existencia, hayan ca√≠do en el agujero m√°s negro del olvido. Me llama la atenci√≥n porque aquellos hombres y mujeres, desterrados hoy por razones pol√≠ticas al saco del olvido, estaban afiliados a formaciones y sindicatos que en nuestros d√≠as gestionan administraciones locales, provinciales, incluso supranacionales.
Los suyos los han olvidado y aquellos que apestamos por razones pol√≠ticas, nosotros por ejemplo, buscamos sus se√Īales, sus rastros en el oc√©ano de la memoria, su hilo fino que a√ļn los mantiene vivos. Sin proponerlo, los hemos sumado a nuestra tribu para recuperarlos del desamparo. Hoy nuestra casa es enorme. La de ellos, desde aquel Melit√≥n Manzanas que trabaj√≥ para el citado Goebbels desde la Vasconia franquista, humo.
Es un gran memoricidio el que sufre nuestra sociedad. Dirigido por las fuerzas del maligno, ese ser que desde C√°novas, siguiendo con Primo de Rivera, continuando con Franco y Carrero Blanco y desliz√°ndose por el enmascarado Su√°rez, el eg√≥latra Gonz√°lez, el visionario Aznar y el sinsorgo Zapatero, mantiene una l√≠nea entre los buenos y los malos. Como si Zaratustra la hubiera dise√Īado. Los primeros tienen derecho a todo. Los segundos no tenemos derecho a nada. Ni siquiera a la memoria.
Es el memoricidio.
Frente al mismo, nuestra gente. Los de siempre. Los que llenaron las c√°rceles hace 70 a√Īos. Los que murieron frente a un verde pelot√≥n de fusilamiento. Los que colmaron el destierro. Los que volvieron a la c√°rcel. Ellas y ellos forjan nuestra memoria. Como todas, selectiva, por supuesto. Faltar√≠a m√°s.