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I have a dream

En agosto de 1963, ya ha pasado tiempo, Martin Luther King ofrec√≠a el discurso que lo transport√≥ a la eternidad: ‚ÄúI have a dream‚ÄĚ (Yo tengo un sue√Īo). Fue en Washington, en una marcha por el trabajo y la libertad, cuando anunci√≥ al mundo su sue√Īo de igualdad. Dejen resonar la libertad, dec√≠a Luther King, en las ‚Äútierras donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino‚ÄĚ. Un discurso hist√≥rico.
Todos somos so√Īadores. Todos hemos so√Īado, con mayor o menor intensidad, que hay que dar un respiro a la libertad. Hoy m√°s que nunca. Nadie renuncia a este regalo que nos concede la vida. Cualquier ocasi√≥n es propicia, cualquier lugar, √©poca, escenario. No nos pueden robar los sue√Īos porque son la esencia misma de la existencia, el recodo en el que apoyarnos en los d√≠as complicados, en las marchas que nos privan del aliento.
So√Īamos por nuestra patria, nuestra tierra quemada una y otra vez cuyos rescoldos llegaron hasta hoy y nos alumbraron lo que somos. So√Īamos que vientos de libertad nos abrazan desde las cimas del Orhi al Serantes, desde las corrientes del Ebro al Adour, desde las sequedades de las Bardenas hasta los humedales de Urdaibai. So√Īamos en paisajes, en brisas y huracanes, pero tambi√©n en hombres y mujeres que construyeron con su andar los caminos que surcan nuestro pa√≠s.
Muchos de aquellos hombres y mujeres nos dejaron un peque√Īo resquicio con su compromiso, con su nombre, con su huella. Otros ni siquiera pudieron, como Luther King, alcanzar la eternidad. Ellos y ellas, sin embargo, son la fuente de nuestra piel, el oxigeno imprescindible para que nuestra sangre pueda llegar al coraz√≥n y bombear la vida de un pa√≠s que hemos respirado y respiramos con entusiasmo.
So√Īamos que el mundo se transforma, que los colores se disparan y el cielo se aligera, que el sol sale, por fin, igual para todos y que la vida deja de ser, para la mayor√≠a, una pesadilla. So√Īamos que √©ramos mariposa y que al despertar, como nos cont√≥ Chuang Tzu, ignor√°bamos si √©ramos nosotros mismos o una mariposa que so√Īaba con nosotros.
Quienes tienen conflictos existenciales sue√Īan con para√≠sos religiosos, capaces de superar sus frustraciones, a veces incluso con la habitaci√≥n repleta de hur√≠es con cuerpo de azafr√°n, almizcle, √°mbar o incienso. So√Īamos despiertos y nos sumamos a los juegos de azar, para lograr el placer a trav√©s del dinero. Aspiramos a cambiar lo permanente, a voltear los menhires de los gentiles, a recorrer el camino sin ampollas en las plantas de los pies. Anhelamos la utop√≠a.
Y, a veces, mezclamos esos sue√Īos livianos con esta utop√≠a que movi√≥ monta√Īas y cambi√≥ el curso de los r√≠os. No puedo evitar una especie de recuerdo a mis tesoros, a los libros que guardo con cari√Īo, parte de ese mi recorrido que un d√≠a concluir√°. Utop√≠a fue la de Tom√°s Moro, pero tambi√©n La Rep√ļblica de Plat√≥n, la Christianopolis de Johann Valentin Andrade, La Ciudad del Sol de Tommaso Campanella, La Nueva Atlantida de Francis Bacon o el Leviathan de Thomas Hobbes. El Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels nos dej√≥ un poso ut√≥pico, como el de Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift o El principito de Antoine de Saint-Exup√©ry. Escenarios complejos y sublimes.
Sue√Īos ut√≥picos, utop√≠as so√Īadoras.
No hace falta mirar tan lejos aunque no est√© de m√°s. Sin la delicadeza de Luther King, tuvimos nuestros sue√Īos en El genio de Nabarra de Arturo Campi√≥n, El √ļnico camino de Dolores Ibarruri, Por la libertad vasca de Eli Gallastegi, Euskadi 1984 de Emilio L√≥pez Ad√°n, Lur berri billa de Nemesio Etxaniz, La patria de los vascos de Engracio Aranzadi, Piarres de Jean Barbier, Etre basque de Jean Haritschelar, o, incluso, en el Ni ez naiz hemengoa de Joseba Sarrionandia.
No quiero parecer pedante, ni un bibliotecario aburrido, con la montura de las gafas colgando de su nariz aplastada. Ni siquiera pretendo alargar el art√≠culo m√°s all√° de las l√≠neas necesarias para contar que yo tambi√©n sue√Īo. Sue√Īo despierto que es como decir que aquellas utop√≠as de mis antepasados, aquellos vientos que empujaron a mis abuelos, algunos de ellos llegados desde tierras extra√Īas a la que me vio nacer, son los mismos que me impulsan a exigir tanto que no tengo espacio en mi vocabulario.
Y hoy, precisamente, a cuenta de los tiempos que entre muchas y muchos vamos desbrozando, mis sue√Īos se moldean con una nitidez que hasta ahora no hab√≠a siquiera imaginado. Y tengo un sue√Īo, cien mil veces m√°s humilde que el de Luther King, pero con una fuerza que a mi mismo me sorprende, la fuerza de sentirlo compartido.
Sue√Īo que las c√°rceles se vac√≠an, que los muros altaneros de esas mazmorras nauseabundas se derrumban como naipes y que un d√≠a, no muy lejano, habremos dejado de acumular, por fin, millones de kil√≥metros. Habremos dejado de abrazar a los nuestros, de mesar sus cabellos, de humedecer sus ojos, de besar sus mejillas en la lejan√≠a, para hacerlo, de alegr√≠a, bajo el dintel de nuestra casa, en la cocina entre el vapor de los pucheros al fuego.
Sue√Īo, y este sue√Īo me alivia el desasosiego de a√Īos, que la tortura abandona avergonzada las salas de comisar√≠as, los cuartos escondidos bajo toneladas de hipocres√≠a. Que la palabra picana desaparece del diccionario y que cuando en el mismo cat√°logo consulto otras entradas como ‚Äúba√Īera‚ÄĚ. ‚Äúbolsa‚ÄĚ o ‚Äúelectrodos‚ÄĚ √ļnicamente consigo leer descripciones originales y no acepciones de uso militar.
Yo tengo, asimismo, un sue√Īo lleno de esperanza, que los especuladores que destrozan nuestra tierra, que agujerean nuestro suelo, que derriban nuestros √°rboles, que oxidan nuestro litoral, abandonan sus prop√≥sitos y se convierten en personas tan normales como nosotros. Que sus proyectos estramb√≥ticos, destinados a llenar sus bolsillos y los de sus amigos, pasan al saco de las calamidades hist√≥ricas de una vez por todas.
Sue√Īo en que mi madre, mi hija, mi compa√Īera, mis amigas dejan de hacer esfuerzos, algunas veces √≠mprobos, para lograr ese reconocimiento que unos d√≠as parece al alcance de la mano y otras veces tan lejos que desanima. Sue√Īo para que su pelea por la igualdad alcance el objetivo y todos, ellas y nosotros, crucemos la meta de la paridad para gloria de las y los que nos precedieron. Sue√Īo que mis nietas, cuando espero que lleguen, o las nietas de mis colegas, estudien con horror las cr√≥nicas del maltrato como aberraciones de un pasado extinguido.
Sue√Īo que los banqueros se rebajan sus salarios millonarios hasta la altura de los mortales y reparten sus beneficios astron√≥micos entre los m√°s necesitados. Que transforman la flota de pateras en yates, cediendo sus palacios para los grupos de teatro juvenil de Getxo y los de pintura infantil de Burlada. Sue√Īo que las campanas de nuestras parroquias repican porque curas, frailes y obispos se arrepienten de sus pecados, con sinceridad, y abandonan sus h√°bitos hip√≥critas y sus costumbres excluyentes.
Sue√Īo que el acero de los fusiles pierde su aleaci√≥n y se disuelve entre la hierba que crece si parar, que los ca√Īones se enmohecen en medio de helechos gigantes, que el uranio se agota y las centrales que alimenta fallecen de inanici√≥n y que los tricornios sirven √ļnicamente de tiesto a plantas no por cierto carn√≠voras. Que los cuarteles se convierten en refugios, los conventos en mercados y las sedes gubernamentales en talleres de poes√≠a.
Y sue√Īo, sobre todo, en mi pa√≠s. Un pa√≠s con el que suspiro cada ma√Īana y lloro cada noche. No s√© si de alegr√≠a o de tristeza, con humor o con enfado. Me es indiferente. Me es indiferente porque ese pa√≠s, rojo, verde e incluso en ocasiones gris, me ha hecho como soy. A m√≠ y a los m√≠os. Por eso, sue√Īo en mi pa√≠s libre. Emancipado. Como no puede ser de otra manera. Dejen resonar la libertad. Porque hoy es tiempo de sue√Īos, puerta a las realidades de ma√Īana.

De victorias, derrotas y derechos

Aunque el argumento es tan viejo como los estratos volteados de la costa de Zumaia, el concepto de Derecho Penal del Enemigo tal y como lo entendemos en nuestros d√≠as pertenece al penalista alem√°n G√ľnther Jakobs que lo extendi√≥ hace 25 a√Īos. En lo fundamental, Jakobs defend√≠a que el Estado actual se compone de dos tipos de ciudadanos, los que tienen derechos civiles y los que, por su oposici√≥n precisamente a ese Estado, carecen de ellos.
Los primeros son ciudadanos, las personas. Los segundos son los que intentan trastornar el orden establecido, los subversivos o inadaptados de las legislaciones franquistas, las, seg√ļn Jakobs, ‚Äúno-personas‚ÄĚ. No pudo ser m√°s claro el penalista: ‚ÄúEl sujeto activo de la conducta viene definido tan solo por el hecho de que puede constituir un peligro para el bien jur√≠dico, con el a√Īadido de que cabe anticipar potencialmente sin l√≠mite alguno, el comienzo de tal peligro‚ÄĚ.
Una definición de taberna nos acercaría a su comprensión: sancionar las conductas ilícitas previsibles antes de cometerse el delito. La subjetividad, la interpretación interesada, la manipulación… se abren camino en esta vía abierta a la desaparición de la ley general. La ley sólo es aplicable a los que la apoyan e irrelevante para los disidentes. La experiencia nos demuestra que los delincuentes potenciales se convierten en delincuentes de facto.
Desde los atentados del 11S en Nueva York, la comunidad que dirige los designios de la humanidad aprovech√≥ la ocasi√≥n para aplicar en toda su extensi√≥n los nuevos conceptos. Se modificaron las leyes en EEUU, Francia, Italia, Gran Breta√Īa‚Ķ a favor de las tres Pes. Para que el poder pudiera perpetuarse. La invasi√≥n de Iraq y Afganistan fueron presentadas como guerras preventivas.
Entre nosotros, y por entendernos, el Derecho Penal del Enemigo ha sido la llamada doctrina preventiva que aplicaba y aplica el Estado. No s√≥lo un filosofo sino cualquier avispado vecino sabe que el silogismo es falso, pero su aplicaci√≥n es constante: ‚ÄúLos miembros de ETA son vascos. ETA no acepta las reglas del juego. Los vascos no aceptan las reglas del juego‚ÄĚ. Y a partir de ese argumento infantil, defendido por listos o tontos, el Estado aplica el llamado Derecho Penal del Enemigo, o lo que es lo mismo, no hay derechos para los que no quieren ser espa√Īoles (no-personas).
El Derecho Penal del Enemigo se utiliza desde hace tiempo entre nosotros. S√≥lo conozco una excepci√≥n, aquella que sucedi√≥ con motivo de la manifestaci√≥n abertzale de la Semana Grande donostiarra, el pasado a√Īo. El juez Andreu, de guardia en las jornadas previas, se√Īal√≥ que investigar el pasado ideol√≥gico de los convocantes a la manifestaci√≥n hubiera supuesto la aplicaci√≥n el Derecho Penal del Enemigo (Autor en su definici√≥n), que √©l, como magistrado, rechazaba.
Durante a√Īos, d√©cadas, las detenciones preventivas, incluso las actividades militares y paramilitares del Estado espa√Īol han estado marcadas por este concepto que, paradojas de la vida, a√ļn estaba sin definir con la precisi√≥n de Jakobs. Y ah√≠ si que no ha habido un corte o el corte que nos esper√°bamos con la muerte de Franco. Las situaciones excepcionales, los tribunales especiales, las unidades policiales de √©lite, las paramilitares‚Ķ razones preventivas con Franco, Su√°rez, Felipe Gonz√°lez, Aznar y Zapatero.
Franco lo hizo con la raz√≥n del dictador, es decir la sinraz√≥n. Xenofobia con sus propios ciudadanos tal y como aconsejaba el psiquiatra Vallejo-N√°jera. La disidencia fue despojada de todos sus derechos, torturada, vilipendiada, machacada. S√≥lo los franquistas ten√≠an derechos, aunque estos fueran, seg√ļn expresi√≥n del r√©gimen, org√°nicos.
La transici√≥n del franquismo a la democracia no modific√≥ el estilo. El BVE, la AAA y el GAL, al margen de su evidente sesgo vengativo, marcaron la impronta ‚ÄúEstos (por sus v√≠ctimas) ya no matar√°n m√°s‚ÄĚ. Una especie de remake medieval. Recordar√°n al cardenal Cisneros que pens√≥ por un momento enviar a la poblaci√≥n superviviente navarra a Andaluc√≠a despu√©s de la conquista. Para que no volvieran a sublevarse. Franco se atrevi√≥. Lo hizo con los curas abertzales: ‚Äúa estos los mando yo a hacer autonomismo a Andaluc√≠a‚ÄĚ. Los encerr√≥ en bloque en la c√°rcel de Carmona (Sevilla).
El largo brazo de Jakobs en Espa√Īa fue el del juez Baltasar Garz√≥n, que ahora, seg√ļn dice la prensa, tontea con Izquierda Unida. Mezquino pa√≠s. Recomiendo a los lectores que busquen en la red el Auto del 16 de octubre de 2002, instruido por Garz√≥n. Una joya del desprop√≥sito. Dice en magistrado: ‚ÄúLa violencia de ETA es √ļnicamente la √ļltima ratio, hasta el punto de que aunque ETA no existiera o desapareciera la Kale Borroka, o √©sta no se hubiera producido nunca; BATASUNA, por los m√©todos que utiliza, constituye desde el punto jur√≠dico-penal una asociaci√≥n il√≠cita‚ÄĚ.
Jam√°s tan claro: el independentismo es il√≠cito. Por consiguiente, necesita una aplicaci√≥n preventiva. Cortar por lo sano. No me voy a introducir en el t√ļnel del tiempo. Simplemente retrocedo unos d√≠as para eonctrarme con la funci√≥n de las tesis de Jakobs-Garz√≥n: cierres y detenciones en AEK, Elkar, Egin, Ardi Beltza, Egunkaria, Udalbiltza, Xaki, Askapena, Jarrai, Segi, Movimiento por la Amnist√≠a, Batasuna, Ekin, Sortu, Doctrina Parot‚Ķ
La cuesti√≥n ha sido puesta de manifiesto en toda su extensi√≥n con motivo de la presentaci√≥n de Bildu. La negativa del Supremo hispano, y su rectificaci√≥n por un voto en el Constitucional, nos lleva a un escenario conocido, el de la aplicaci√≥n del Derecho Penal del Enemigo. Era mentira que la condena de la violencia ejerc√≠a de frontera. Era una mentira manifiesta. Para un sector de la magistratura hispana, para el Gobierno de Zapatero a trav√©s de sus fiscales, para la abrumadora mayor√≠a de los medios de comunicaci√≥n (¬Ņpropaganda deber√≠a decir, quiz√°s?), para los poderes f√°cticos (no se r√≠an aunque ahora se llamen lobbies. Su influencia es mayor que la del Parlamento), para la llamada opini√≥n p√ļblica espa√Īola, el delito es la sedici√≥n. El resto es letra peque√Īa.
Por eso, cuando Bildu pasó el corte de pleno del Tribunal Constitucional, desdiciendo al PP, al Gobierno del PSOE y al Supremo, pensé, a pesar de lo inesperado, que la victoria era pírrica. Una coalición preparada aprisa y corriendo, con un partido como Sortu vetado y con la espada de Damocles colgando sobre las cabezas de la mayoría de la izquierda abertzale histórica, no compite electoralmente en igualdad de condiciones.
No había, pensé, lugar a semejante expresión popular de optimismo. Quizás estemos demasiado necesitados de alguna victoria, por muy simple que sea. No lo había porque nos estamos moviendo en terrenos exclusivamente propuestos por el enemigo (utilizando una expresión con la que entendernos). Pero no ha sido así. Nada es como se prepara. O casi nada.
Se lo o√≠ por primera vez a Aznar. Lo dijo en un acto de la Fundaci√≥n Faes. Algo as√≠ como ‚Äúpodemos derrotar a ETA pero perder la guerra en la gesti√≥n de la victoria‚ÄĚ. Tal y como sucedi√≥ a Francia en Argelia. Derrotado militarmente el FLN, Paris sucumbi√≥ en la gesti√≥n. La l√≥gica democr√°tica era aplastante.
El tonelaje de los improperios, los ataques a todo lo vasco, a los dem√≥cratas, las sandeces, el golpe de Estado de baja intensidad, todo ello me removi√≥ la primera impresi√≥n. Si el enemigo (nuevamente por utilizar una expresi√≥n coloquial) tiene sensaci√≥n de derrota quiz√°s sea que se siente derrotado. A pesar de que unos y otros sepamos que la batalla era de segunda categor√≠a. Lo dijo Sun Tzu: ‚ÄúSi utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, ser√°s poderoso en cualquier lugar a donde vayas‚ÄĚ.
Termin√© de convencerme el domingo en Herri Urrats. Unos j√≥venes enarbolaban una pancarta en un concierto de rock: ‚ÄúHaien berri txarrak gure berri onak direlako‚ÄĚ (Porque sus malas noticias son nuestras buenas noticias). Si en el simb√≥lico Madrid anuncian que han retrocedido 14 a√Īos tras la sentencia del Constitucional (desde que comenz√≥ a aplicarse la doctrina Jakobs), ¬Ņser√° que hemos ganado 14 a√Īos? El tiempo lo dir√°. Mientras, saboreemos est√° victoria por el hecho de que otros lo han tomado como una derrota.

La victoria de ETA

La sentencia del Tribunal Supremo contra la proclamaci√≥n de la candidatura electoral Bildu es toda una declaraci√≥n de intenciones de la m√°xima autoridad jur√≠dica que imparte las pautas de la democracia en ese estado que se llama Espa√Īa, ‚Äútierra abundante de conejos (Oryctolagus cuniculus)‚ÄĚ, a decir de fenicios y romanos.
Cincuenta a√Īos despu√©s de su nacimiento, ETA est√° m√°s fuerte que nunca. Lo dice el Supremo.
En los primeros a√Īos de su existencia, ETA no pas√≥ de ser una peque√Īa organizaci√≥n voluntariosa, dirigida por unos cuantos estudiantes que, visto lo que se coc√≠a en el entorno y visto c√≥mo se las gastaba el dictador, tuvo bastante m√©rito. Logr√≥ engatusar a numerosos cuadros que, con el tiempo y sobre todo con la perspectiva de la prisi√≥n, emigraron r√°pidamente hacia tierras c√°lidas. PSOE, PP, PNV y PCE alojan en su seno algunos de aquellos primeros arrepentidos del cambio.
A principios de los a√Īos 70, la organizaci√≥n vasca (t√©rmino que seg√ļn el Supremo significa ya sinton√≠a con el terrorismo, algo que no es mi intenci√≥n), qued√≥ tan hu√©rfana que s√≥lo cuatro marcianos lograron sacarla de su aislamiento. Uno de ellos quer√≠a crear un foco guerrillero en Aralar y otro repetir la estrategia de la casbah de Argel.
Argala, a finales de esa década, ya apostó por buscar un vehículo que condujera a la mayoría independentista. El Supremo ha andado en esta cuestión un poco lento, falto de información. Quizás porque ese mismo estado que sustenta el Supremo fue el que pagó para que matarán a Argala, un frío y lluvioso día de diciembre de 1978.
La estrategia independentista de ETA no es de diciembre de 2008, como dice la sentencia del Supremo, sino mucho anterior. Argala pudo ser su teórico, organizativamente, pero la cuestión no es de hace unos días como quien dice. El independentismo de los vascos es una cuestión que se remonta a épocas tan pasadas que su recuerdo es casi nebulosa.
Y lo cuento con conocimiento de causa porque hace un mes me toc√≥ exponerlo en un cursillo celebrado en Azkoitia en el que los dirigentes del PNV y Hamaikak Bat eran mayor√≠a: el independentismo pol√≠tico nace en nuestro pa√≠s con Larramendi, que por cierto era confesor de la reina espa√Īola. Quiz√°s por eso, porque conoc√≠a los secretos de la monarqu√≠a hispana, el bueno de Larramendi fue el primero que plante√≥ abiertamente en 1750, m√°s o menos, la independencia pol√≠tica de nuestro pa√≠s.
Profanen su tumba que igual se lo merece. Muri√≥ con un trozo de chocolate debajo de su almohada y por eso el Vaticano dud√≥ durante una semana si darle permiso para enterrarlo en santo. Ya se sabe que, entonces, el chocolate estaba prohibido por los herederos de San Pedro, por su valor afrodis√≠aco. Y se me hab√≠a olvidado comentarlo, aunque ya lo habr√°n adivinado, Larramendi, el √ļltimo pre-pol√≠tico vasco, era presb√≠tero. Ya lo dijo el estramb√≥tico √Ālvaro Baeza: ETA naci√≥ en un seminario.
Luego llegaron independentistas de renombre, como Xaho, Pedro Ega√Īa, Sabino Arana, Francisco Ulacia, Eli Gallastegi‚Ķ hasta alg√ļn que otro socialista. Jos√© Madinabeitia (PSOE) escribi√≥ en El Liberal del 7 de noviembre de 1918: ‚ÄúQue la naci√≥n vasca existe, nos lo dicen todos los hombres de ciencia. Somos una raza definida. Tenemos un idioma propio; costumbres y leyes propias. Somos una naci√≥n, la naci√≥n vasca. A la naci√≥n vasca le hace falta regirse por sus propias leyes; necesitamos crear el Estado vasco‚ÄĚ.
Etarras de tomo y lomo.
En los a√Īos 80, el Estado puso en marcha todo lo que estuvo a su alcance. Una maquinaria impresionante. Guerra sucia, con la implicaci√≥n de todo su aparato civil de Interior. Guerra convencional: compr√≥ el √ļltimo grito en tecnolog√≠a contrainsurgente. C√°rceles de exterminio. Pag√≥ miles de millones a Francia para que expulsara, deportar√° y extraditara a los refugiados. Con dinero lleg√≥ hasta el coraz√≥n de Ajuriaenea. Y fracas√≥.
Hasta que en la década de los 90, un juez aspirante a ministro, quien sabe si a presidente, y luego a Nóbel de la Paz, se topó con la clave que hasta entonces nadie había reparado. ETA no es sólo su comité ejecutivo, sus comandos, su infraestructura. ETA es más que todo eso. Es un entramado que se ramifica y ramifica hasta el infinito. Una hidra.
Lo supieron y descabezaron AEK, los mismos que organizaron hace unos d√≠as la exitosa Korrika. Cerraron Egin y Egunkaria. Mandaron a la c√°rcel a la direcci√≥n de Udalbiltza, poder municipal. Decapitaron el movimiento por la Amnist√≠a. Crucificaron a Batasuna, a Ekin, a decenas de organismos. Ni por esas. En poco tiempo y a pesar de que Espa√Īa puso lo mejor y m√°s caro para acabar con ETA, la organizaci√≥n vasca se hab√≠a multiplicado por mil. Multiplicaci√≥n milagrosa, no tanto si como ‚Äúlas reglas de la experiencia com√ļn‚ÄĚ (expresi√≥n del Abogado del Estado), como ya est√° demostrado, ETA naci√≥ en un seminario.
Lo supieron de inmediato los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado: 40.000 etarras estaban siendo investigados por si se colaban en las listas. El Supremo lo utiliz√≥ de inmediato. En esta cuesti√≥n, dijo, ‚Äúno hay que confundir lo subjetivo con lo objetivo‚ÄĚ. Y los datos objetivos los presentan esos Cuerpos, precisamente, como bien se√Īala el Supremo.
Lleg√≥ Bildu, con 3.495 candidatos de los que 815 eran susceptibles de ser elegidos. Candidatos que condenaban la violencia de ETA, pero ‚Äúutilizando ante el terrorismo la misma prosa el√≠ptica y perifr√°stica de Sortu‚ÄĚ. Los ‚Äúindependientes‚ÄĚ, seg√ļn el Supremo, son sedicentes, es decir fingidos. Tambi√©n lo percibi√≥ el Fiscal General y el Abogado del Estado. Demasiado obvio.
El Supremo lo ha manifestado n√≠tidamente: ‚Äúlas condenas de la violencia han sido incluso recomendadas por ETA‚ÄĚ. Es la paradoja explicada. Un etarra que se inmola, que no est√° de acuerdo con su actividad terrorista. Pero la ejecuta. Reconstruyendo los Lugares Planos de Apolonio, descubriendo el √ļltimo teorema de Fermat. Hay cuestiones que la mayor√≠a de los mortales jam√°s comprenderemos. Los sabios nos protegen.
Hasta ah√≠ llegaron. Pero el Supremo dio un paso m√°s. Tenia el resorte adecuado en una disciplina que, dice, llega de EEUU, la llamada ‚Äúdoctrina del levantamiento del velo‚ÄĚ. Los accionistas no pueden quedar blindados por la sociedad que componen. Y en este caso, el Supremo, ha sido como un lince. Detr√°s de la fachada de Bildu, a pesar de EA, de Alternatiba y de los ‚Äúsedicentes independientes‚ÄĚ, se escond√≠an miles de etarras.
Semejante conclusi√≥n nos lleva a un escenario notoriamente incierto. Espa√Īa ha fracasado durante 50 a√Īos en la aplicaci√≥n de reglas escritas o no, en la aplicaci√≥n de estados de excepci√≥n y en el endurecimiento de las leyes para acabar con ETA. Espa√Īa ha fracasado en la compra de aliados porque ello ha hecho m√°s fuerte a su enemigo. Hace 50 a√Īos, ETA no pasaba de ser una cuadrilla de varias decenas de inmaduros ‚Äúchavales‚ÄĚ y hoy son m√°s de 40.000 j√≥venes, adultos y ancianos ‚Äúterroristas sedicentes‚ÄĚ.
Lo peor es que aspiran a convertirse, si no lo son ya, en un Ej√©rcito convencional, con varios centenares de miles de soldados preparados para la victoria. ¬ŅQui√©n no estar√≠a preparado para la victoria en la Europa del siglo XXI con tal Armada? ¬ŅD√≥nde es posible encontrar semejante masa de aguerridos combatientes que, como clones, son mayor√≠a en muchos escenarios de la sociedad que los protege?
Un Ej√©rcito, adem√°s, incrustado en las escuelas, en el deporte, en el sindicalismo, agazapado en la Televisi√≥n P√ļblica (ETB) a la que mina sin piedad, con sus propios medios de comunicaci√≥n, sus cuotas universitarias, una lengua inexpugnable (hasta mal escrita por su dificultad en la sentencia del Supremo), incluso, si Espa√Īa claudicara, un ej√©rcito de etarras que puede ser mayor√≠a electoral. O lo que es lo mismo, un sujeto, el etarra, que ganar√≠a, en igualdad de condiciones, un refer√©ndum de autodeterminaci√≥n.