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Ordenando el futuro. Fusilados en Navarra

Llevo m√°s de 20 a√Īos investigando y escribiendo sobre la Guerra Civil. He visitado pr√°cticamente todos los archivos susceptibles de dejar huella y he entrevistado a centenares de protagonistas de aquella √©poca. A veces tengo la sensaci√≥n de que me he convertido en un detective que persigue desaparecidos imposibles y, que el resto, es puro acompa√Īamiento.

Cuando alg√ļn joven se me acerca y me pregunta, sin dobleces, ¬Ņd√≥nde puedo encontrar el archivo de la represi√≥n en Navarra? la respuesta es desalentadora. En todos los casos. La investigaci√≥n en Navarra ha sido ejemplar. La metodolog√≠a de Altafaylla y Jimeno Jur√≠o, pioneros en el Estado incluso, nos llev√≥ al resto a seguir sus trazos. La respuesta a ese joven navarro que desea conocer de primera mano los datos de la represi√≥n es ya conocida por quienes llevamos a√Īos buscando pistas: los golpistas y verdugos de 1936 intentaron borrar los vestigios de sus tropel√≠as.

Pocos son los documentos que han sobrevivido sin ser expurgados. El paradigma de la ocultación son las Instrucciones Reservadas: El objetivo, los métodos y los itinerarios, redactadas por Emilio Mola, gobernador militar de Navarra y director del golpe de Estado del 17-18 de julio de 1936. Todas las historias que se precien lo citan, incluso de forma extendida. El original debería estar archivado en el legajo Fernández Cordón del SHM. Pero el documento fue robado.

A partir de esta cuesti√≥n, convertida casi en an√©cdota, el resto es conocido. Centenares de navarros fueron ejecutados y enterrados en veredas, cunetas, caminos, bosques‚Ķ De aquellos, 144 fueron llevados clandestinamente, sin conocimiento de sus familiares, al Valle de los Ca√≠dos. Decenas de los ejecutados en la Fuga de San Crist√≥bal, todav√≠a reposan en fosas cercanas a Ezkaba. Hoy, 75 a√Īos despu√©s, numerosos familiares de ejecutados no tienen certeza del lugar en el que yacen los restos de los suyos.

Son m√°s de 3.000 los ejecutados en Navarra, cerca del 1% de su poblaci√≥n de entonces. Sus nombres se encuentran en el muro de Sartaguda, para verg√ľenza de muchos, para honra nuestra. La Gran Enciclopedia Navarra despreci√≥ la investigaci√≥n y se asoci√≥ a los datos de un militar fascista, Salas Larrazabal, que afirmaba que 948 hab√≠an sido los navarros asesinados por Franco.

El trabajo de recuperaci√≥n de esos m√°s de 3.000 nombres, el √ļltimo hace s√≥lo unos d√≠as en Ler√≠n, ha sido gigantesco. Merecedor del Pr√≠ncipe de Viana, sin duda. La ingente tarea lo ha sido por el inter√©s especial en ocultar el horror, ya desde aquel 18 de julio de 1936. Las fuentes han sido tan diversas que la frase anterior cobra m√°s valor a√ļn. Por poner un ejemplo: s√≥lo el 42% de los fusilados en Navarra fueron inscritos en el Registro Civil.

Como es conocido, las causas seguidas contra los republicanos fueron centralizadas por el Ej√©rcito que guard√≥ en las sedes de sus gobiernos militares centenares, miles de expedientes. A la muerte de Franco fueron vaciados los archivos de las sedes militares provinciales. En los fondos de justicia militar del Tribunal Territorial Militar Cuarto, depositados en Ferrol, Galicia, hay un fondo de Navarra. Causas anteriores a la Rep√ļblica.

Por razones de organizaci√≥n militar, Navarra qued√≥ encuadrada en el Tribunal de Justicia Militar Tercero, con sede en Barcelona. Tampoco se encuentran en la Capitan√≠a General de Catalu√Īa (Regi√≥n Militar del Noreste) los expedientes de los navarros ejecutados tras el golpe de Estado, donde deber√≠an estar. Tampoco en Zaragoza, subsede, donde podr√≠an haber recabado. La Generalitat est√° digitalizando todos los fondos del Tribunal Tercero, tras un acuerdo con el ministerio del Ej√©rcito, excepto los navarros que han desaparecido. La Audiencia de Pamplona conserva alguna parte de ellos.

El Archivo General de la Administraci√≥n (AGA) de Alcal√° de Henares, dep√≥sito de los ministerios del Estado espa√Īol desde 1936, las circunstancias de su “transparencia” son a√ļn m√°s perversas. A partir de 1977, los responsables franquistas del ministerio de Gobernaci√≥n destacaron un equipo en estos fondos que, durante meses, peinaron cientos de miles de documentos. Este grupo recibi√≥ el nombre de Comisi√≥n de Transferencias de la Administraci√≥n del Movimiento (CTAM) decidiendo en √ļltima instancia lo que en los pr√≥ximos a√Īos iba a ser del dominio p√ļblico.

De esta manera desaparecieron la mayor√≠a de los documentos relacionados con las represalias franquistas. Lo m√°s escandaloso de esta estrategia de impunidad hist√≥rica reside en que de numerosas provincias espa√Īolas se mantuvo intacta la documentaci√≥n, lo que ha permitido la reconstrucci√≥n del pasado, mientras que del Gobierno Civil de Pamplona, por ejemplo, esa misma documentaci√≥n fue destruida.

Pillar

La escenificaci√≥n de la pol√≠tica como fuente de ingresos, particulares o gremiales, ha tenido en la crisis de Izquierda Unida, a ra√≠z de las negociaciones para diputado general de Araba, un fotograma destacado. Los movimientos, las repuestas y, sobre todo, la defensa a ultranza del modelo de hacer pol√≠tica por parte de un sector de la coalici√≥n ‚Äúroja‚ÄĚ la verdad es que me han sorprendido. Nadie reivindica tan descaradamente el negocio. Ni siquiera la mafia.
Los que no vivimos de esto, tenemos la sensaci√≥n del ‚Äúdeja vu‚ÄĚ. Hace a√Īos, unos cuantos medios de comunicaci√≥n, empezando por Egin y concluyendo por El Mundo en su pelea contra Felipe Gonz√°lez, ten√≠an sus equipos de investigaci√≥n. Incluso aquella revista que dirig√≠a Pepe Rey, ‚ÄúArdi Beltza‚ÄĚ. Las denuncias de abusos se suced√≠an, las comisiones por obras, los muertos por destapar esc√°ndalos‚Ķ la pol√≠tica y el mundo empresarial ol√≠an a corrupci√≥n por todos los costados.
Hoy, la investigaci√≥n period√≠stica sobre la corrupci√≥n ha desaparecido pr√°cticamente del mapa. Pero la sensaci√≥n sigue siendo la misma. No hace falta abrir las p√°ginas de un medio inexistente para intuir que las empresas en expansi√≥n utilizan los sobres repletos de euros para lograr contratas, que los lobbies y grupos de presi√≥n en realidad son intermediarios para el negocio‚Ķ que un n√ļmero indeterminado de pol√≠ticos, en cualquier caso enorme, entra en las instituciones para lograr un buen sueldo para √©l y los suyos, am√©n de una mesa repleta de manjares para cada d√≠a.
Los gastos de representaci√≥n y protocolo (dietas en lenguaje vulgar) suelen ser la madre del cordero, precisamente. ¬ŅRecuerdan el buen gusto (morro) del presidente de H1! de Gipuzkoa, cuando fue alcalde de Oiartzun? Buen gusto a cuenta de los contribuyentes. No es √ļnicamente el sueldo estratosf√©rico de los cargos p√ļblicos, sino las dietas lo que hace de estos cargos un bien preciado. La envidia a Berlusconi y a Camps se refleja en los votos que reciben.
Me llama la atención, sin embargo, la degeneración en las formas. Una degeneración, sin duda, auspiciada por la impunidad y el apoyo corporativo. Hace unos días, los grupos del consistorio de Andoain PNV-PSOE y PP, enfrentados en la elección de alcalde, se pusieron de acuerdo para mantenerse los sueldos y los gastos de representación, mientras el grupo del alcalde (Bildu), en minoría, se los rebajaba. Ramón Gómez, portavoz del PP en el Ayuntamiento de Donostia, exigía a medios y concejales que dejarán de hablar de rebaja de salarios. No es bueno para la democracia. ¡Vaya con los demócratas!
En medio de la crisis financiera, provocada por esos banqueros blindados que siguen cobrando sueldos e indemnizaciones insultantes, la tribu pol√≠tica cl√°sica sigue haciendo valer sus prebendas. Nada ha cambiado, en este escenario. Aquello que denunciaban los equipos de investigaci√≥n sigue abierto. Tengo la impresi√≥n de que escarbando a ciegas siempre encontrar√≠amos corrupci√≥n. La medida de la misma marcar√≠a √ļnicamente la diferencia.
La corrupción es inherente al sistema capitalista. Es cierto. Sin corrupción no hay mercado, comenzando por la plusvalía que le roba el empresario al trabajador. Pero los sistemas basados en las teorías de Marx no se han salvado del tráfico, de los sobres, de las prebendas. La cuestión humana sería infranqueable. Pero hay perfiles diferentes en esa cuestión humana. Algunos lo intentan al menos.
Ahora que andamos con los 75 a√Īos del golpe franquista me viene a la memoria la gran estafa ‚Äúmoral‚ÄĚ de Alejandro Goikoetxea, el m√≠tico ingeniero que particip√≥ en el dise√Īo del llamado Cintur√≥n de Hierro y que, con los planos y algo m√°s se pas√≥ al bando franquista. Goikoetxea no se hizo rico con la traici√≥n (Roma no paga a traidores) sino con la demolici√≥n del Cintur√≥n de Hierro, repartida tambi√©n a amigos y familiares. Paradoja.
No quiero aburrir con miles de casos que se podrían extraer de cualquier época. La cabra tira al monte y por eso voy a citar un caso sangrante, recuerdo de recuerdos, el de la cárcel donostiarra. Rafael Lataillade era delegado de Industria en Gipuzkoa cuando en 1942 fue nombrado alcalde de Donostia. Durante su mandato recalificó los terrenos del Antiguo colindantes con la cárcel de Ondarreta que ordenó destruir lo que revalorizó sus posesiones junto a la prisión, y mandó construir el nuevo penal en una zona hasta entonces de lujo, Martutene, propiedad de la familia de su esposa.
El gobernador de Gipuzkoa toleró (o alentó) estas irregularidades a cambio de que el Ayuntamiento donostiarra donara 200.000 pesetas de su presupuesto al Frente de Juventudes local y concediera una serie de terrenos en las marismas de Amara para uso militar. Lo que sería Anoeta. Como quiera que Lataillade incumpliera parte del compromiso, su destitución fue fulminante. Lataillade llevó su destitución a los tribunales y, como era lógico anticipar, perdió el caso.
Y ya que cito Martutene d√©jenme acercarme a 1961 cuando Adri√°n Ortega, director de la prisi√≥n provincial de Martutene, fue detenido en compa√Ī√≠a de su esposa por robar en una tienda de Biarritz. La prensa franquista hizo una defensa cerrada del que consideraban ‚Äúcaballero intachable‚ÄĚ y ‚Äúfuncionario modelo‚ÄĚ, lo que no fue √≥bice para que el Ministerio de Justicia lo destituyera de su cargo en Martutene y enviara como director a la c√°rcel de Baeza (Ja√©n).
Estas notas de penitenciar√≠as me recuerdan a Mariano Camio y Juli√°n Argilagos, el primero alcalde de Getaria y el segundo su pareja, se√Īalados en tr√°fico moderno de influencias. Museo Balenciaga. Aquellos pa√Īuelos de seda dise√Īados por el modisto que no hab√≠an sido regalados porque ni siquiera constaban en el inventario. Hace unos d√≠as, como quien dice.
El fraude de Jos√© Mar√≠a Bravo a la Hacienda guipuzcoana a√ļn espera sentencia. Pero no fue el jeltzale el √ļnico defraudador sino una corte de amigos que pasaban por su despacho para ‚Äúliquidar‚ÄĚ deudas. El de Roberto Cearsolo, ex del Guggenheim, sigui√≥ su mismo camino. Arrepentido cuando fue pillado infrangati. Segismundo L√≥pez-Santacruz, ex del aeropuerto de Bilbao, que cobraba comisiones en las obras de ampliaci√≥n. Seguro que se les va refrescando la memoria.
Como en botica hay de todo. En grandes dosis. Las tragaperras del PNV, las oposiciones de Osakidetza con los ex√°menes marcados, el robo a gran escala de inmuebles municipales por parte del a Iglesia Cat√≥lica en Navarra… pero tambi√©n en peque√Īas. El campo de golf de Labastida, el intento de compra de un voto de EA en la misma poblaci√≥n, las viviendas protegidas adjudicadas en Gasteiz sin necesidad de acudir al sorteo…
Pillar, pillar y pillar, como sea.
La política necesita un revolcón. Pero un revolcón histórico que rompa incluso con estilos que nos parecen antidiluvianos como el de la compra de votos por parte de carlistas y liberales en el siglo XIX y luego por parte de jeltzales y socialistas ya comenzado el XX. La política institucional está en manos de las empresas y ello provoca que todo tenga precio. El anteproyecto de cajas vascas del Gobierno Vasco, el octavo o el noveno, ha estado a rebufo del proyecto de bancarización de Mario Fernández and company. Al revés de lo que nos dice el decálogo de la democracia.
La pol√≠tica necesita un revolc√≥n porque las formaciones cl√°sicas son como las sociedades secretas antiguas, donde los unos se apoyan a los otros, sin salir de la espiral del amigismo y del nepotismo. Si uno gana todos ganan. La degradaci√≥n de la funci√≥n p√ļblica, el fraude fiscal, el descr√©dito de los pol√≠ticos (convertidos en gestores empresariales) tiene mucho que ver con la concepci√≥n √ļltima de partidos y sindicatos.
La credibilidad, precisamente, empieza donde acaba la corrupción.

La batalla por la memoria

P√©rez Rubalcaba acaba de seguir la idea que ya lanz√≥ Aznar hace un par de a√Īos: ¬ęDespu√©s de estar ganando la guerra lo que no podemos consentir es que nos ganen la paz¬Ľ. En la anterior ocasi√≥n Aznar fue m√°s pesimista porque intu√≠a, desde su √≥ptica, que la derrota de la memoria era factible. Aunque quiz√°s se trataba de un se√Īuelo para animar a los suyos a aunar esfuerzos. Eso me pareci√≥, al menos, hace unos meses cuando desde medios cercanos a ¬ęfuentes bien informadas¬Ľ (polic√≠a e inteligencia), se lanz√≥ una campa√Īa contra Euskal Memoria. Rubalcaba ha concluido su an√°lisis, en cambio, con un rotundo: ¬ęNo debemos admitir que ellos reescriban la historia. Ah√≠ hay que dar la batalla¬Ľ.
Efectivamente, la historia está ya escrita, con trazos más o menos gruesos, con surcos y tonalidades a veces extremas. Con violencia, con pasión, con nombres y apellidos pero también con ideologías, con convencimientos y determinaciones. Con voluntad. Unos por cambiar el sentido de las agujas del reloj. Los otros por mantener el estado nefando de las cosas. La historia no es el quid de la cuestión sino su interpretación. Y ahí es donde tanto Rubalcaba como Aznar han anunciado batalla.
Me sorprende la delimitaci√≥n de Rubalcaba y Aznar al conflicto, lo llaman, sin ambages, ¬ęguerra¬Ľ. Y si fuera as√≠, las m√°s de 1.300 v√≠ctimas, siguiendo su estela, no lo ser√≠an tales. Al menos una parte de ellas ¬ŅSe puede hablar de v√≠ctimas cu√°ndo de trata de generales que caen en el campo de batalla? No quiero entrar en temas delicados, pero ah√≠ queda la reflexi√≥n. Aznar y Rubalcaba coinciden en encajar estos √ļltimos 50 a√Īos en una guerra. Supongo que interna, como la se√Īal√≥ Cassinello.
Volviendo al origen. La interpretaci√≥n general de la historia espa√Īola es tremendamente sesgada. En el estadio m√°s acad√©mico, el te√≥ricamente imparcial por esencia, se encontrar√≠a la RAH (Real Academia de la Historia, espa√Īola). En las √ļltimas semanas hemos conocido las barbaridades de su ¬ęDiccionario Biogr√°fico espa√Īol¬Ľ, que han sonrojado hasta a los albinos. Entradas m√°s propias de forofos futboleros, exaltados en un bar, que de profesores universitarios. ¬ŅO ese es el nivel de los expertos?
No es nuevo. Cuando su fundaci√≥n, en 1735, lanzaron la idea de un Diccionario Geogr√°fico de Espa√Īa. A comienzos del siglo siguiente, leo en la p√°gina web de la RAH, ¬ęaunque fue copios√≠sima la informaci√≥n reunida sobre la geograf√≠a de Espa√Īa, solo se publicaron dos tomos correspondientes a las tres provincias vascongadas y a Navarra¬Ľ. ¬ŅInter√©s geogr√°fico o inter√©s militar? Siempre nos quedar√° la duda, o la certeza.
En el estadio m√°s cercano se encuentran periodistas, tertulianos y escribidores con est√≥magos agradecidos. Que alaban la santidad de los reyes castellanos, por el mero hecho de llevar corona, que confunden ¬ęGalatea¬Ľ con ¬ęGora ETA¬Ľ y que atacan al euskara por no tener acentos como el castellano. Interpretan la historia con el mismo sentido que un verdugo del Santo Oficio aplicando la garrucha.
La propuesta conjunta Rubalcaba-Aznar es que, en esta batalla que anuncian, ¬Ņpor qu√©?, la interpretaci√≥n de la historia debe continuar como hasta ahora. Naftalina. Un jarro de agua fr√≠a a quienes creen en el progreso, a quienes apuestan por Comisiones de la Verdad, a quienes han visto el pasado cercano desde una √≥ptica distinta a la de, por ejemplo, P√≠o Moa. Viene chaparr√≥n. El Estado cierra filas y se prepara para la embestida.
Lo hemos intuido en numerosos pasajes recientes. Jon Anza desapareci√≥ sin ayuda; la tortura es una invenci√≥n de la masoner√≠a; ETA pas√≥ de ejecutar a colaborar en los atentados islamistas del 11-M; la ni√Īa Bego√Īa Urroz, a pesar de que un DRIL infiltrado reclam√≥ su autor√≠a, fue la primera v√≠ctima de ETA; el presidente espa√Īol Carrero Blanco fue ejecutado por Jean Pierre Cherid, militante de la OAS que trabajaba para EEUU; los cinco obreros muertos por la Polic√≠a en Gasteiz el 3 de marzo de 1976 se cayeron de un andamio en realidad…
La historia que conocemos, que d√≠a a d√≠a han escrito, esta vez con trazos escandalosos, nos acerca a un escenario que, es cierto, hay que reinterpretar. En ¬ęFahrenheit 451¬Ľ (la temperatura que alcanza el papel para inflamarse y arder), Ray Bradbury nos presentaba a un bombero encargado de quemar libros. Los escribidores de la historia hispana llevan a√Īos (¬Ņsi digo siglos queda demasiado extempor√°neo?) interpretando en clave colonial, anclados en el negacionismo y barriendo para esa esquina que se supone guarda las esencias m√°s patrias de Espa√Īa. Haciendo de bomberos.
Conocemos, los que lo hemos vivido de cerca con mayor detalle, el tremendo desfalco a la memoria que se ha hecho con la guerra civil, la represi√≥n consiguiente y el franquismo. Las versiones ¬ęoficiales¬Ľ, el desamparo de los derrotados, tambi√©n tragados por esa historia que no hay que reescribir seg√ļn Rubalcaba-Aznar, han convertido estos temas en el modelo que exportar√°n hacia el futuro.
En la primavera de 2008 fueron recuperados los restos de C√°ndido Saseta, en Asturias. C√°ndido era el comandante en jefe de Eusko Gudarostea. Sus restos hab√≠an permanecido enterrados junto al camino que sub√≠a al palomar de Areces. Escondidos. Expulsados de cualquier contexto. Todav√≠a quedan en el que llaman ¬ęPrad√≥n de los Vascos¬Ľ, un centenar de muertos mal enterrados despu√©s de ser pasados a bayoneta. Pasto de los perros. Esa es nuestra historia, la que no hay que tocar. Humillante.
No quiero revolcarme en esos recuerdos que, a pesar de la distancia, todav√≠a resuenan en los t√≠mpanos de miles de compatriotas. ¬°C√≥mo no van a resonar si jam√°s hubo justicia! ¬°Jam√°s un √°pice de cordura en esta atm√≥sfera contaminada! La mayor de las injusticias, la mayor de las tropel√≠as fue, precisamente, el origen de esa ¬ęguerra¬Ľ que se√Īalaba P√©rez Rubalcaba. Hijo de falangista.
No se puede extraer un fragmento sin analizar el conjunto. Felipe Gonz√°lez, Jos√© Bono, Manuel Chaves, Txiki Benegas, Alfredo P√©rez Rubalcaba, Cristina Alberdi, Jos√© Luis Corcuera… ¬Ņlos recuerdan frente a la c√°rcel de Guadalajara vitoreando a Barrionuevo y Vera, condenados por el secuestro de Segundo Marey? ¬ęArt√≠fices de la Paz¬Ľ, los llam√≥ Carmen Romero, diputada del PSOE por C√°diz y entonces esposa de Felipe Gonz√°lez. Esa misma ¬ępaz¬Ľ de Rubalcaba.
No se pueden esconder bajo la alfombra toneladas de ignominias. Quiz√°s con ello se mantenga la historia ¬ęoficial¬Ľ, los ¬ę25 a√Īos de paz¬Ľ de los que se jactaba Franco y alg√ļn graffitero a√Īadi√≥ ¬ęde los cementerios¬Ľ. Si Espa√Īa ha mantenido una guerra en los √ļltimos 50 a√Īos que lo explique. Que saque del armario sus trapos sucios, que reconozca sus tropel√≠as. Nadie le tiene que reescribir, ni hurtar su protagonismo. Que haga un ejercicio de introspecci√≥n, como exige al resto.
Como he apuntado, la historia ya est√° escrita. Sabemos que, adem√°s, muchos de sus trazos son de oro. Como el de Saseta, como el de miles de compa√Īeras y compa√Īeros que desbrozaron el camino hasta llegar donde estamos. No vamos a reescribir la historia, como afirman Rubalcaba y Aznar. Vamos a reconstruir nuestra memoria que nos la han robado desde hace muchas d√©cadas. Vamos a denunciar las distorsiones, las manipulaciones. Y vamos a completar nuestro patrimonio con la verdad y con humildad.
Porque tenemos el compromiso de poner todo ese bagaje al servicio de la sociedad y tambi√©n de legar a las generaciones venideras las bases de los tiempos pasados que hemos podido abordar. Convertir la memoria en patrimonio. De lo contrario, la ingente tarea que emprendemos servir√° √ļnicamente para justificar gestiones, probablemente tesis, para saldar deudas (que las hay) y, en general, participar de la cotidianeidad m√°s in√ļtil. En la medida que vayamos convirtiendo toda esa memoria en patrimonio, en acervo cultural de nuestro pa√≠s, con sus colores al completo, con sus miserias y sus alegr√≠as, sus decepciones y esperanzas, habremos saldado, en lo que nos concierne, una deuda que ard√≠a.

Código deontológico

El c√≥digo que han suscrito tanto los militantes del ilegalizado partido pol√≠tico Sortu como los cargos p√ļblicos de la coalici√≥n Bildu es n√≠tido en referencia al uso ‚Äúactivo de la violencia‚ÄĚ. En concreto, los firmantes dicen en el texto que firman “actuar utilizando √ļnica y exclusivamente v√≠as/m√©todos pol√≠ticos, pac√≠ficos y democr√°ticos, lo que lleva aparejado la oposici√≥n por todos los medios que leg√≠timamente tenga a su alcance, a cualquier acto o actividad que suponga agresi√≥n o violaci√≥n a cualquier derecho humano y al uso de la violencia para lograr objetivos pol√≠ticos”.
No parece, sin embargo, tan sencillo. Tenemos memoria y recordamos que, hace apenas unas semanas, el Tribunal Supremo espa√Īol dec√≠a que eran candidatos que condenaban la violencia de ETA, pero ‚Äúutilizando ante el terrorismo la misma prosa el√≠ptica y perifr√°stica de Sortu‚ÄĚ. Los ‚Äúindependientes‚ÄĚ, seg√ļn el Supremo, eran sedicentes, es decir fingidos. Tambi√©n lo percibi√≥ el Fiscal General y el Abogado del Estado. Demasiado obvio. El Supremo a√Īadi√≥: ‚Äúlas condenas de la violencia han sido incluso recomendadas por ETA‚ÄĚ.
La firma de este texto, a pesar de las suspicacias del Supremo, es un hecho ins√≥lito en la pol√≠tica vasca y qu√© decir de la hispana, plagada de pasajes violentos desde siempre. Espa√Īa es foco de violencia per se. Desde sus m√°s altas instituciones (Estado, Gobierno, Ej√©rcito, Iglesia, Consejos de Administraci√≥n, etc), se ha jaleado la violencia como una forma m√°s de hacer pol√≠tica.
Ofrecida esta novedad deontológica para aclarar las intenciones de centenares de electos, la parte contratante de la primera parte, como dirían los hermanos Marx, exige a estos mismos electos una condena de las expresiones violentas de un sector del pueblo vasco que, desde 1961, consideró que la violencia (lucha armada), era un instrumento válido para la liberación de su país.
Tanto Bildu como Sortu nacieron en alto el fuego de ETA ‚Äúpermanente, general y verificable‚ÄĚ. Ello no es √≥bice para que la parte contratante de la primera parte pida a ambos grupos la condena retroactiva. Para el resto de expresiones pol√≠ticas que un d√≠a conformaron lo que se ha llamado izquierda abertzale hist√≥rica no hay peticiones expresas. Decenas de sus dirigentes est√°n en prisi√≥n y las formaciones ilegalizadas son eso, ilegales. La espada de Damocles pende, seg√ļn la Polic√≠a, sobre m√°s de 40.000 personas ‚Äúfichadas‚ÄĚ por ser abertzales de izquierdas. Etarras para numerosos medios de comunicaci√≥n y los jueces que siguieron la estela de Garz√≥n.
La parte contratante de la segunda parte de esa delirante ‚ÄúNoche en la √ďpera‚ÄĚ, va m√°s all√° que la primera y, ligando conceptos √©ticos con religiosos, pide un arrepentimiento de electos y votantes como condici√≥n previa para poder hacer pol√≠tica. Un poco irrisorio vistas las trayectorias de quienes hacen pol√≠tica en el seno de esta segunda parte que, en realidad, deber√≠a ser la primera del contrato. O la rev√©s, la contratante de la segunda‚Ķ ¬°Uy, qu√© l√≠o!
La iniciativa deontol√≥gica de los electos de Bildu, por salir de este embrollo propio de los Hermanos Marx, podr√≠a ser trasladada a las decenas de miles de concejales, alcaldes y elegibles de las listas de todos los grupos que han concurrido a la elecciones en el Estado espa√Īol. De todos los signos, de derecha y de izquierda, de centro y de periferia. Rojos, azules, morados, rosas‚Ķ A todos. Ser√≠a una buena iniciativa, la prueba del algod√≥n de que Bildu no es una aguja en un pajar. La primera parte de la parte contratante tendr√≠a la palabra, para empezar.
Imag√≠nense a decenas de miles de firmantes de un c√≥digo √©tico contra la violencia. De esa manera, las expresiones actuales de tortura y de asesinato impune, por ejemplo, ser√≠an erradicadas. Si I√Īaki Uribe, candidato del PSOE a la alcald√≠a de Azpeitia la hubiera firmado, quiz√°s dar√≠a cr√©dito a la denuncia de Beatriz Etxeberria, violada con el palo de una escoba, seg√ļn denuncia, en una comisar√≠a este mismo a√Īo. Porque para Uribe, seg√ļn sus palabras, ‚Äúesas informaciones no tienen credibilidad‚ÄĚ. No existe la tortura. Con frases como la suya se ayuda a perpetuarla.
Si hubieran firmando una declaraci√≥n como la de los electos de Bildu, Carmen Chac√≥n, P√©rez Rubalcaba y Rodr√≠guez Zapatero, no estar√≠an matando ni√Īos en Libia o adolescentes en Afganist√°n. Porque, ya lo ha dicho Garz√≥n y una corte de jueces hispanos, unos ordenan el escenario y otros ponen las bombas. Unos tienen los dedos para firmar proclamas y mandatos, muy finos en ocasiones, y los otros aprietan el gatillo. Impunidad para todos.
¬ŅSe acuerdan?… hace unos meses, 22 de marzo de 2011. Josu Erkoreka, jeltzale de traje y corbata impecable: ‚Äúaval claro e inequ√≠voco del PNV a la intervenci√≥n de Espa√Īa en Libia‚ÄĚ. Tres d√≠as antes, Erkoreka lo sab√≠a como un servidor que apenas abre los peri√≥dicos, unos ni√Īos morenos eran los primeros efectos colaterales, mortales, de las fuerzas ‚Äúpacificadoras‚ÄĚ. Ay, se√Īores Erkoreka, Urkullu, Bilbao‚Ķ ¬Ņpor qu√© no firman ese c√≥digo √©tico contra la violencia?
Pura hipocresía la de ustedes. Delegan en subcontratas el ejercicio de la violencia. Cuanto más lejos mejor para no sufrir los efectos de la onda expansiva. Es un error llamarse Mohamed, Yasin, Abdullah, Naila, Saira, Fatima, Zamira, Tarik… Vuestras vidas, chavales, no valen un céntimo. No tenéis nombre ni siquiera en las noticias. No tenéis padres, hermanas, hermanos, juguetes, infancia. Mejor no haber nacido. Sólo los Eduardos, Josus, Marías, Antonios, etc. tienen derecho a un funeral digno. Con bandera y medalla póstuma.
En 2009, despu√©s de la ofensiva militar de Israel contra Gaza en la que murieron 1.400 palestinos, Tel Aviv compr√≥ a Espa√Īa miles de nuevas armas, bombas y cohetes. Los palestinos siguen muriendo ¬ŅPor qu√© no firman ministros, miembros de los consejos de administraci√≥n de esas m√°s de 200 empresas implicadas, banqueros, un c√≥digo anti-violencia? No estar√≠a de m√°s. Aplaudir√≠a. Sin tanta letra como el exigido a Bildu. Con una frase ser√≠a suficiente.
Si otros hubieran firmado la declaraci√≥n hace solo 8 a√Īos, se hubieran ahorrado, por ejemplo, la responsabilidad sobre centenares de miles de muertos en Iraq, miles de ellos ni√Īos. Ana Palacios, Acebes, Aznar, Trillo, Rajoy‚Ķ s√≥lo una firma de un documento contra la violencia y todo hubiera sido distinto. De verdad que s√≠. Hubiera cre√≠do a pies juntillas en sus intenciones, en el rechazo a la violencia, en su compromiso con la paz. En el documento de la segunda parte contratante.
Si nos vamos al c√≥digo deontol√≥gico retroactivo, ¬Ņlo firmar√≠an Felipe Gonz√°lez, Pepe Barrionuevo, Ram√≥n J√°uregui, Txiki Benegas, Adolfo Su√°rez, Mart√≠n Villa? Retrocedamos unos d√≠as en las cuentas del rosario. S√≥lo unos d√≠as. Javier Solana, Millans del Bosch, Inistea Cano, Cassinello, Brunete, Tejero, Corcuera, S√°enz de Santamar√≠a‚Ķ la OTAN espa√Īola en Kosovo y Bosnia, hace quince a√Īos. Repartiendo la muerte a diestro y siniestro.
En fin, un embrollo. Ya lo dijo Groucho: ‚ÄúHaga el favor de poner atenci√≥n en la primera cl√°usula porque es muy importante. Dice que… la parte contratante de la primera parte ser√° considerada como la parte contratante de la primera parte‚ÄĚ. Todo enredo tiene su soluci√≥n correspondiente. ¬ŅNo era el s√≠mbolo de Bildu una madeja colorida que se iba desenrollando?
A lo dicho. Soy un humilde escribidor que, aunque no me gano la vida juntando letras, ni siquiera imagin√°ndolas, tengo mis sue√Īos. Y uno de ellos, ya lo habr√°n adivinado, es salir de esta espiral que nos invade desde hace demasiado tiempo. Para ello nada mejor que la propuesta anterior. Renovada. Que ese c√≥digo √©tico que han firmado los electos de Bildu se extienda al resto de formaciones pol√≠ticas. Que populares, socialistas, jeltzales, comunistas, etc. lo firmen. A ver si as√≠, al margen de pedirle a ETA lo que se le pide, dejan de morir tantos ni√Īos y adultos por todo el mundo. Que ETA se ha responsabilizado de la muerte de 829 personas. Muchas. Pero el resto ¬Ņde cu√°ntas? De cientos de miles. Hasta ahora escondidas debajo de la alfombra.