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¬ŅSON IGUALES TODAS LAS V√ćCTIMAS?

El anuncio unilateral del cese definitivo de la violencia de ETA ha provocado varios terremotos simult√°neos, en los que algunos protagonistas se abren paso a codazos, como queriendo imponer una determinada visi√≥n de lo ocurrido. En juego parece no estar la credibilidad, sino la inmediatez, haciendo viejo aquel adagio de quien golpea primero golpea dos veces. Como si, despu√©s de tantas falsedades y tergiversaciones, lo √ļnico importante del apartado de v√≠ctimas, el tema que me ocupa, fuera la portada medi√°tica y no su tratamiento mesurado.

Mal empezamos en la cuesti√≥n de las v√≠ctimas del conflicto cuando las mismas las reducimos a las ocasionadas por ETA desde 1968. ETA es una expresi√≥n del mismo y no su origen, por lo que comprimir la tragedia a las causadas por la organizaci√≥n que naci√≥ diez a√Īos antes de esa fecha es una manipulaci√≥n. Memoricidio, seg√ļn el argot m√°s moderno.
Tampoco es de recibo reducir la responsabilidad del Estado a cuatro excesos de funcionarios a sueldo y tapar, como es tendencia atávica, decenas, cientos de víctimas, a las que se esconde bajo la alfombra para trampear la realidad. En algunos de los casos, además, se convierte una ejecución en un acto difuminado de enfrentamiento o de casualidad. Un ejercicio, por otro lado, dedicado a condimentar con perejil democrático otro memoricidio de signo similar al anterior.
Como no creo que sea de recibo y de la misma manera, el partir del an√°lisis que hace el Estado de tiempos, situaciones, espacios e incluso modos de matar y de morir. Si hasta ahora ese mismo Estado ha negado su evidencia, ¬Ņva a cambiar ahora de la noche a la ma√Īana de perspectiva? La experiencia nos dice que, en la medida que pueda, y para ello no importa qui√©n est√© en el poder, seguir√° eludiendo responsabilidades. Le ha sucedido al PSOE, v√≠ctima en la guerra civil y del franquismo, que ha sustituido precisamente a los victimarios en la ocultaci√≥n de la verdad de las √©pocas citadas en cuanto lleg√≥ a tener responsabilidad de gesti√≥n pol√≠tica.
El camino que debe hacer la sociedad vasca en el tema de las v√≠ctimas, seg√ļn mi opini√≥n, tiene que ser ajeno a los acotamientos que marca el Estado y en el que precisamente ha ca√≠do alguna de las asociaciones que ha querido mostrar un perfil m√°s neutral. La sociedad vasca debe tener su propia iniciativa y para ello rodearse de los instrumentos necesarios. ¬ŅPor qu√© negar evidencias y seguir la l√≠nea marcada por alguien tremendamente interesado en no reconocer su papel?
Algunos ejemplos servir√°n para ilustrar la idea. Quienes comienzan el recuento en 1968 (primera v√≠ctima mortal de ETA), lo hacen para evitar la evidencia de ejecuciones extrajudiciales de los a√Īos anteriores producidas precisamente por funcionarios espa√Īoles. Javier Batarrita fue muerto en marzo de 1961 en Bolueta porque la Polic√≠a lo confundi√≥ con un miembro de ETA. Batarrita ten√≠a, y el recuento es de la misma prensa franquista, 49 balazos a quemarropa. Un fusilamiento en toda regla. Antes de 1968 continuaron las muertes.
Sobre la ni√Īa Bego√Īa Urroz, muerta por una bomba del DRIL en la estaci√≥n de Amara de Donostia, en junio de 1960, se ha escrito tendenciosamente. Hoy, ministerio espa√Īol del Interior y hom√≥nimo vasco reconocen que fue un hecho ajeno a ETA. Probablemente porque la Polic√≠a estaba infiltrada en el comando que coloc√≥ la bomba y mejor no menear m√°s el tema, no vaya ser que salpique a funcionarios del Estado. ¬ŅPor qu√© ahora no se reconoce a Bego√Īa Urroz como v√≠ctima en las listas oficiales aunque no fuera originada por ETA?
Porque si de lo que estamos tratando es tanto de un espacio, el vasco, como el de unos sujetos, vascos, las víctimas del conflicto deben ser reconocidas en su totalidad, no exclusivamente por interés político. La relación es por un conflicto (lo han dicho de una u otra manera desde Aznar-Mayor Oreja hasta Rodríguez Zapatero y Pierre Joxe), no por ETA.
Me llama la atenci√≥n, por ejemplo, que en estas lecturas interesadas se achaquen a ETA muertes ocasionadas por organizaciones liquidadas como la Polimili, que ya hicieron su recorrido incluso el de arrepentimiento p√ļblico del da√Īo causado, hace 30 a√Īos. Bombas en Madrid como las de Atocha y Chamart√≠n (6 muertos) o las de la cafeter√≠a Rolando (12 muertos) son nuevamente imputadas ahora a ETA. Si se trata de v√≠ctimas del conflicto la referencia es l√≥gica, pero si de lo que se trata es de recabar la lista de las originadas por ETA la duplicidad es notoria. Si valen, y perd√≥nenme la expresi√≥n trat√°ndose de victimas, lo son para todo.
Me llama la atenci√≥n, asimismo, que en la lista de organizaciones que han actuado en tierra vasca desde el nacimiento de ETA no est√°n todas, a pesar de haber causado v√≠ctimas mortales. Y no aparecen por motivos estrictamente medi√°ticos o lo que es lo mismo, intereses pol√≠ticos. A ETA se le suman los atentados polimilis, de Iraultza, Iparretarrak, DRIL… que si se trata en referencia al conflicto me parece, como dec√≠a, l√≥gico. Pero se descartan los del maquis, que ocasionaron bajas a la Guardia Civil en Irati, en 1961, cuando ya la polic√≠a hab√≠a matado en Bilbao a Batarrita o ETA ya hab√≠a cometido su primer atentado. ¬ŅPor qu√©? Obviamente por diferenciar a ETA del sentimiento rom√°ntico que impregna hoy en d√≠a al recuerdo de la guerrilla antifranquista.
Delimitar en el tiempo de ETA a las v√≠ctimas mortales (1968-2010) m√°s que un error es una manipulaci√≥n. ¬ŅPor qu√© negar a los muertos por torturas en los a√Īos 50, entre ellos y por ejemplo al jeltzale Txomin Letamendi o al comunista bilbaino Manuel Fern√°ndez? Esa fue, precisamente, una de las razones por las que naci√≥ ETA. ¬ŅPor qu√© ocultar la muerte del obrero donostiarra Antonio Go√Īi tambi√©n torturado (1971) y, en cambio, ensalzar la de un torturador como Melit√≥n Manzanas (1968), por el hecho de ser v√≠ctima de ETA?
Es sintom√°tico, siguiendo con los ejemplos, que no se recuerde que en ese tiempo posterior a la muerte de Franco (ya en democracia seg√ļn el estatus pol√≠tico) las fotos de la torturada Amparo Arangoa se convirtieran en la imagen de la Transici√≥n. Zeruko Argia fue secuestrada por publicarlas y la salvajemente torturada denunciada por la Guardia Civil por ‚Äúdelito de injurias y calumnias‚ÄĚ.
En cuanto a la credibilidad, el punto negro del Estado, la misma parece no importar a los protagonistas que marcan en l√≠mite entre v√≠ctimas y no tanto. No voy a referirme ni a la AVT ni a Covite porque sus listas est√°n contaminadas por otros intereses bien distintos a los asistenciales o memorial√≠sticos. Mantienen abierta la hip√≥tesis de atentado de ETA en la masacre de Madrid el 11M de 2004, incluyen a los fallecidos en el incendio de un hotel en Zaragoza (1979) e incluso, entre “singularidades”, atribuyen un atentado a Jarrai en Itsasondo en diciembre de 1995, con el resultado de dos ertzainas muertos. No es ninguna sorpresa.
Si, en cambio, me produce estupor la renovada lista del ministerio del Interior espa√Īol (829 v√≠ctimas de ETA) en la que se refugian instituciones, medios de comunicaci√≥n e incluso alguna que otra asociaci√≥n vasca pro derechos humanos. La lista, confeccionada por la ‚ÄúSubdirecci√≥n General de Atenci√≥n al ciudadano y de asistencia a las v√≠ctimas del terrorismo‚ÄĚ, contiene errores de tal calibre que anulan su imparcialidad. Obviamente no ha ejercido el papel de notario, cuando ha imputado a ETA (y aqu√≠ el error supone definitivamente alineamiento con la manipulaci√≥n), muertes originadas y reivindicadas por grupos parapoliciales.
Me produce tambi√©n cierto desasosiego el hecho de que se den por buenos datos ofrecidos por el juez Baltasar Garz√≥n en los relativo a muertos, acciones de ETA, de sabotaje, etc., en aquel auto del 26 de agosto de 2002. Desasosiego porque Garz√≥n se atreve, al margen de acusar a ETA, HB, EH y Batasuna de “Cr√≠menes contra la Humanidad”, a ofrecer n√ļmeros, efectivamente, para desdecirse en un auto posterior, el del 16 de octubre del mismo a√Īo (35/2002). En esta nueva ocasi√≥n los pedir√≠a.
En ese mismo auto, lo dispon√≠a precisamente. Es de gran recuerdo en el mundo judicial porque Garz√≥n confundi√≥ una practica habitual de los hospitales vascos a la hora de la inscripci√≥n en el Registro Civil (el derecho a inscribir a los reci√©n nacidos en la localidad de origen y no en la del hospital del nacimiento) con “limpieza √©tnica de baja intensidad”. Dispon√≠a la b√ļsqueda de esa informaci√≥n que desconoc√≠a y sin embargo hab√≠a tenido el desparpajo de arrojarla.
Y siento que la cita es un poco larga: “Cursar atento oficio a la Secretar√≠a de Estado para la Seguridad para que d√© las √≥rdenes oportunas y realice gestiones que fueran necesarias para que la UCI y la Guardia Civil (Servicio de Informaci√≥n) con el apoyo de otros servicios de la Administraci√≥n y otros ministerios (Hacienda, Educaci√≥n, Cultura, Sanidad, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Estad√≠stica, Investigaciones Sociol√≥gicas) y otros organismos e instituciones como, las Confederaciones de Empresarios, Fiscal√≠a General del Estado, Medios de comunicaci√≥n, Sindicatos, Asociaciones profesionales, Consejo General del Poder Judicial, Ayuntamientos, Junta Electoral Central, Parlamentos, Gobiernos Aut√≥nomos,. Universidades, y, cualesquiera otros que fueran necesarios; para que elabore un exhaustivo informe sobre los siguientes extremos: A) 1.- Relaci√≥n de atentados con resultado de muerte desde el inicio de actividades de la organizaci√≥n terrorista hasta la actualidad…”. Etc. Jam√°s recibi√≥ contestaci√≥n.
¬ŅPor qu√©, en consecuencia, validar lo que el propio Garz√≥n invalid√≥ unas semanas despu√©s? La respuesta es muy sencilla. Para lograr esa credibilidad que falta al Estado. El juez ejercer√≠a en la actualidad de “tonto √ļtil”. No pudo juzgar al franquismo como deseaba, fue procesado incluso por ello… Su acercamiento a Izquierda Unida, su denuncia del hambre en el mundo, su defensa por las causas perdidas… dar√≠an esa credibilidad que los cavern√≠colas tiran por la borda un d√≠a s√≠ y otro tambi√©n. Pero no la tiene.
El gran tema que subyace junto a las v√≠ctimas tiene que ver con las mismas y su reconocimiento, con qui√©n las caus√≥. Y, por extensi√≥n, con la impunidad. El Estado espa√Īol no ha reconocido jam√°s su da√Īo, porque todos sus funcionarios implicados, desde torturadores hasta asesinos, han sido respaldados, cuando no felicitados y recompensados por sus violaciones de derechos humanos. Ejemplos para todos los gustos a la vuelta de la esquina.
Jos√© Mart√≠nez Salas, el guardia civil que mat√≥ a la ecologista Gladys del Estal recibi√≥ el d√≠a de la Fiesta Nacional espa√Īola de 1992, la medalla al m√©rito militar. J. Antonio Gil Rubiales, condenado por haber infringido a Joxe Arregi las torturas que le produjeron la muerte, ascendi√≥ ininterrumpidamente en la escala policial hasta llegar hace cinco a√Īos a ser comisario general de Tenerife. Las muertes en comisar√≠a de Mikel Zabalza, Gurutze Iantzi, Xabier Galparsoro… siguen a la espera de esclarecimiento como las de Josu Zabala, Jos√© Luis Geresta… He citado el caso de Amparo Arangoa, la torturada denunciada. Pero es que, en 2003, cuando cerraron Egunkaria y los detenidos denunciaron torturas, el Gobierno espa√Īol present√≥ una denuncia contra los imputados por colaboraci√≥n con ETA. Por realizar denuncias de tortura “por indicaci√≥n de ETA para socavar las instituciones democr√°ticas”.
En cambio, la otra parte del conflicto ha pagado de forma notoria su condici√≥n. Por ser victimarios. Cientos de presos condenados seg√ļn la legislaci√≥n penal m√°s severa de Europa. Lo han pagado, seg√ļn una estrategia evidente de exterminio: aislados entre ellos y del resto. ¬ŅNo es el suicidio de un preso una consecuencia del conflicto?, ¬Ņla confirmaci√≥n palmaria de la estrategia represiva del Estado espa√Īol? Por supuesto.
La cuesti√≥n de las v√≠ctimas es espinosa. No me cabe la menor duda. Pero es evidente que si abordamos el conflicto en su complejidad, las cifras, espacios temporales, l√≠neas divisorias, etc. no se corresponden con las que nos ofrecen las agrupaciones e instituciones espa√Īolas. Tampoco con las ofrecidas por alguna asociaci√≥n vasca pro derechos humanos. Ni de lejos. Miles de vascos han sido desplazados del lugar que les corresponde, tambi√©n como v√≠ctimas. Han sido nuevamente ninguneados.
La soluci√≥n, se√Īalaba, es compleja pero el camino est√° desbrozado en otros lugares: la Comisi√≥n de la Verdad. Si hay voluntad, la mitad del camino estar√° hecho. El resto, con paciencia y esfuerzo compartido, rodar√° hasta alcanzar sus objetivos.

ETA, medio siglo en la centralidad política

El cese definitivo de la actividad armada de ETA abre la caja de las interpretaciones hist√≥ricas con m√°s fuerza que nunca. No ser√° ajena la organizaci√≥n vasca a la manipulaci√≥n hist√≥rica de su actividad, a la distorsi√≥n de los contenidos de su mensaje, a la tergiversaci√≥n. En la superaci√≥n pol√≠tica, finalmente, ser√°n los protagonistas quienes un d√≠a deber√°n escribir su propia historia. Mientras, los acercamientos, desde el respeto de quien escribe sobre una organizaci√≥n clandestina, ser√°n pues… eso, aproximaciones.
ETA naci√≥ a mediados de 1958 a partir de un grupo de j√≥venes estudiantes que en diciembre de ese mismo a√Īo dieron el nombre a su nueva organizaci√≥n: Euskadi Ta Askatasuna. Donostia y Bilbao fueron los centros de procedencia de un movimiento abertzale exclusivamente masculino, como lo eran la mayor√≠a de grupos de la √©poca. Algunos de sus militantes profundamente religiosos, otros no tanto, estudiosos de la historia, alguno que otro marxista, √°vidos por hacer algo en medio del desierto.
¬ŅLa raz√≥n del nacimiento de ETA? Una externa muy evidente. El PNV, partido hegem√≥nico del exilio y dinamizador del Gobierno vasco, fundamentalmente a trav√©s de su lehendakari Agirre, hab√≠a puesto todos los huevos en la cesta de Washington. Y EEUU, a pesar de los prometido por Roosevelt, dio la espalda a las aspiraciones vascas y tendi√≥ la mano a Franco, su mejor aliado en Europa.
Aunque resulte paradójico, el abandono de las Aliados a la causa vasca, en especial de Washington, fue el origen de un escenario en el que ETA nació con toda naturalidad, por generación espontánea. El PNV y el republicanismo en general habían sido totalmente derrotados. Su presencia en la centralidad política era meramente decorativa.
En el interior del pa√≠s, el nacimiento de ETA y de Enbata en Iparralde unos a√Īos despu√©s, fue producto de la degradaci√≥n nacional que sufr√≠a Euskal Herria. En especial por el desprecio, prohibici√≥n y prepotencia del franquismo y todas sus estructuras sobre lo vasco. Al norte por la identificaci√≥n nacional con el folklorismo m√°s rancio.
Esta especie de impotencia personal para cambiar el destino, ese sentimiento profunda y arraigadamente identitario, de defensa de una patria que desaparec√≠a a pasos agigantados, fue el mismo que sufrieron otros patriotas, euskaltzales, escritores… en otras √©pocas de nuestra historia. Txillardegi, Benito del Valle, Eneko Irigarai, I√Īaki Larramendi, primeros militantes de ETA entre otros muchos, sufrieron el mismo desasosiego que a√Īos antes hab√≠an padecido Larramendi, Xaho, Arturo Campi√≥n, Sabino Arana o el propio Agirre. Ese fue el motor de su rebeld√≠a.
Por encima de otras cuestiones, el éxito inmediato de ETA estuvo directamente relacionado con la identificación personal de miles de jóvenes con su ideario y, sobre todo, con ese compromiso identitario citado. Un compromiso, por otro lado, atávico en nuestro país. Se podrán citar razones de tipo psicológico, como la atracción de la clandestinidad, el protagonismo de las vanguardias, etc. Pero son cuestiones menores sobre la razón principal que llevaban a esos jóvenes, hombres y mujeres ya rompiendo una tendencia social, a militar en ETA. Un ejercicio de afecto a su país.
Al margen, la ruptura generacional no lo fue √ļnicamente por cuestiones pragm√°ticas o, incluso, sentimentales. La ruptura fue de calado y, con el tiempo, esta ruptura ha ido forjando un conjunto pol√≠tico, ideol√≥gico y organizativo, que no tiene parang√≥n, al menos en Europa. La raza, la religi√≥n, el modelo cl√°sico organizativo (incluido el leninista) perdieron peso en un escenario donde la actividad exterior era tan importante como el debate interior. En unos a√Īos, a partir de 1965, el movimiento vasco, de liberaci√≥n, era irreconocible para quienes hab√≠an puesto el motor en marcha.
Y parte de ese cambio tenía que ver, esta vez también, con razones externas. La descolonización mundial estaba en su apogeo. Las luchas emancipadoras en Argelia, Cuba o Vietnam, la debilidad ideológica de las metrópolis y, sobre todo, su repliegue defensivo ante el avance revolucionario fueron tan notorios que aquellos jóvenes estudiosos de los fueros, de la historia de los reyes de Navarra y de los dialectos del euskara, se transformaron en guerrilleros. La insurrección era posible.
En esta ut√≥pica traves√≠a, el impulso de un grupo cada vez mayor de j√≥venes provoc√≥ que, por simpat√≠a, la sociedad vasca se contagiara de su entusiasmo. Este ha sido el aval hist√≥rico de ETA, m√°s all√° de su estrategia militar. Junto a ETA y a veces desde la propia ETA, nacieron iniciativas que hoy pueden parecer nimias pero que entonces supusieron aut√©nticas revoluciones. El movimiento de las ikastolas, de los artistas vascos, del magma asociativo, del sindicalismo… partieron de la idea de que “todos debemos hacer algo para que unos pocos no tengan que darlo todo”. Y un pueblo, aunque suene demag√≥gico, se puso en marcha.
Al margen del abanico extendido, la novedad en el escenario vasco fue la asunci√≥n de la lucha armada como eje de intervenci√≥n. Una actividad que, aunque no expresada expl√≠citamente hasta muchos a√Īos despu√©s, era n√≠tidamente pol√≠tico-militar. El guardia civil Pardines fue el primer muerto originado por ETA (1968), en un encuentro fortuito y el gendarme Jean-Serge N√©rin (2010) el √ļltimo, tambi√©n en otro encuentro fortuito.
La primera acci√≥n reivindicada por ETA fue la del descarrilamiento de un tren de ex combatientes franquistas que viajaba a Donostia a celebrar el aniversario del golpe militar. Fue un hecho simb√≥lico que tuvo lugar en julio de 1961. Desde entonces hasta el 2 de agosto de 1968, las actividades armadas fueron sabotajes, en ocasiones con dinamita robada en las canteras vascas, quema de coches e incluso palizas a “chivatos”. En la fecha citada ETA mat√≥ al comisario Melit√≥n Manzanas, paradigma del franquismo.
Txabi Etxebarrieta fue el primer militante de ETA muerto, en 1968, horas m√°s tarde del encuentro con el guardia civil Pardines, pero no el primero que la Polic√≠a, en su acoso a ETA, provoc√≥. Javier Batarrita Elexpuru muri√≥ en un control en Bolueta, en marzo de 1961, porque la Polic√≠a le hab√≠a confundido con Julen Madariaga, uno de los fundadores de ETA. Jon Anza, el √ļltimo (su cuerpo apareci√≥ en 2010) en un episodio a√ļn sin aclarar.
Diez a√Īos despu√©s de la muerte de Txabi Etxebarrieta, Jos√© Miguel Be√Īaran Argala defin√≠a el conflicto con la crudeza de una necesidad: “La lucha armada es desagradable. No nos gusta a nadie, es dura. A consecuencia de ella se va a la c√°rcel, al exilio, se es torturado; a consecuencia de ella se puede morir, se ve uno obligado a matar, endurece a la persona, le hace da√Īo. Pero la lucha armada es imprescindible para avanzar”.
Desde julio de 1961 hasta septiembre de 2010, ETA ha realizado un total de 3.000 acciones armadas reivindicadas. Y anoto lo de reivindicadas porque si en un principio, los asaltos a bancos tenían su correspondiente reivindicación, con posterioridad no serían ni siquiera citados en sus comunicados.
El Ministerio espa√Īol del Interior ha editado la lista oficial de v√≠ctimas mortales que imputa a ETA. Para ello no ha utilizado los comunicados de la organizaci√≥n vasca en los que se atribuye la autor√≠a de sus acciones, sino sus propios datos obtenidos a partir de la ‚ÄúSubdirecci√≥n General de Atenci√≥n al ciudadano y de asistencia a las v√≠ctimas del terrorismo‚ÄĚ. Seg√ļn esta lista oficial, ETA, habr√≠a matado a 829 personas, de las que 486 eran polic√≠as o militares.
Los casi veinte generales del Ej√©rcito espa√Īol muertos por la organizaci√≥n armada en los √ļltimos veinte a√Īos, es el mayor n√ļmero de bajas de este nivel producida en toda la historia del Estado espa√Īol, incluidas las guerras de liberaci√≥n americanas.
En ese espacio de tiempo, y con unas limitaciones evidentes a la hora de conocer el grado de implicaci√≥n en la militancia (durante a√Īos ETA diferenci√≥ entre “militantes” y “laguntzailes”), me atrever√≠a a estimar en unos 14.000 los hombres y mujeres que, de una forma u otra, han engrosado las filas de la organizaci√≥n armada vasca. Miles de ellos sufrieron c√°rcel, otros tantos exilio y m√°s de un centenar, perdieron la vida en el intento.
En cuanto al apartado estad√≠stico y a lo largo de su historia, ETA ha ejercitado toda suerte de acciones militares. Si la acci√≥n m√°s trascendental fue la muerte del presidente del Gobierno Luis Carrero, otro tipo de operativos fueron tambi√©n espectaculares. La colocaci√≥n de artefactos por medio de submarinistas, el ataque a la sede central del ministerio de Defensa, la incursi√≥n del centro de coordinaci√≥n telef√≥nica del Estado espa√Īol o el uso de francotiradores para hostigar tanto a miembros de las fuerzas de seguridad espa√Īolas como a altos funcionarios del Ej√©rcito (incluido el Rey), han sido algunas de las actuaciones m√°s significativas de la organizaci√≥n armada vasca.
La actividad de ETA fue, junto a la intensa y permanente respuesta popular, la causa de la paralizaci√≥n de las obras de la central nuclear de Lemoiz, as√≠ como, en la d√©cada de los setenta, de la soluci√≥n de conflictos laborales enquistados por la intransigencia patronal. Como tambi√©n de parte de las transferencias otorgadas por el Gobierno Central a las autonom√≠as de Gasteiz e Iru√Īea, a pesar de lo complicado que resulte para sus protagonistas el admitir esta tesis. Desde el Juicio de Burgos (1970) hasta el de la supuesta direcci√≥n de ETA (Par√≠s, diciembre 2010), la organizaci√≥n ha utilizado altavoces para explicar una sencilla ecuaci√≥n: el respeto de los derechos nacionales.
Durante los a√Īos de su existencia la organizaci√≥n armada vasca ha actuado preferencialmente y en consonancia con sus objetivos pol√≠ticos en el sur de Euskal Herria. Pero tambi√©n lo ha hecho en todas las regiones y nacionalidades peninsulares del Estado espa√Īol con excepci√≥n de Extremadura, lugar en donde s√≠ ha habido intervenci√≥n de ETA aunque de manera indirecta. Asimismo, la organizaci√≥n vasca ha actuado contra intereses espa√Īoles en Alemania, Italia y Holanda y en otras ya m√°s lejanas en Argentina, en donde lleg√≥ a asaltar la casa del entonces agregado militar de la embajada hispana, Jaime Millans del Bosch.
El enfrentamiento ha originado, seg√ļn Euskal Memoria, 1.303 muertos, algunos reconocidos y otros, en cambio, no sumados en la estad√≠stica. Entre los no declarados se encontrar√≠an esos doscientos ciudadanos vascos muertos por la Polic√≠a Nacional y la Guardia Civil en Euskal Herria durante los √ļltimos 50 a√Īos y otros tantos a consecuencia del conflicto, a los que habr√≠a que a√Īadir los m√°s de dos mil heridos. La guerra ha tenido tambi√©n otros sucesos sangrientos y desgraciados, unos en mayor medida que otros.
La supervivencia de ETA se movi√≥ precisamente en coordenadas sencillas. As√≠ lo explicaba la propia ETA en una de sus entrevistas: “Nuestra estrategia es una estrategia transparente y sin secretos, y no entiende de maquiavelismos ni de la demagogia e hipocres√≠a que hacen gala el Gobierno del PSOE y los partidos pol√≠ticos adscritos a los pactos antiabertzales. Nuestra estrategia tiene unos objetivos bien definidos y claros: el reconocimiento por parte del Estado de los derechos pol√≠ticos y sociales que se le han arrebatado a nuestro Pueblo por la violencia y la fuerza de las armas”.

Vencedores y vencidos

A veces tengo la impresi√≥n de que tenemos contrincantes pol√≠ticos, incluso enemigos, todo hay que decirlo, que son p√©simos pensadores. Se mueven por pasiones. Y bien lo saben amigos y cercanos que no soy de los que incitan a la pedanter√≠a y menos a√ļn al alarde de juegos y recursos literarios. La lectura de la prensa diaria, combinada con esa maravilla de internet que deja rastro de sandeces, frases apocal√≠pticas y declaraciones de intenciones, es un ejercicio para tomar la temperatura a unos y otros.
A nuestra generaci√≥n le ha tocado enfrente una clase pol√≠tica de √≠nfima categor√≠a. Humo con corbata. Son burdos, anclados en posiciones ultramontanas, que citan a la democracia, a los derechos humanos, a la libertad como pod√≠an estar amparando torturas, violaciones, robos, incluso asesinatos. Les es indiferente. Pueden hablar con los mismos gestos de una o de otra. La excusa del todo vale es la √ļnica. Y vaya que la aplican con escrupulosidad.
Déjenme un quiebro antes de entrar en materia. Estos días hemos asistido a una televisiva hagiografía (vida de santos) sobre Mario Onaindia. Una de esas habituales historias, de esta ya declarada y unilateral batalla por el relato, con las que nos van a machacar en los próximos meses. Al estilo John Wahyne, indios y vaqueros. Buenos y malos.
A pesar de los a√Īos no deja de sorprenderme lo tosco y rampl√≥n del mensaje. Parece que nos hayamos retrotra√≠do a los a√Īos 50 y 60, una eternidad, cuando la palabra ‚Äúdefecto‚ÄĚ hab√≠a desaparecido del diccionario del poder y, por extensi√≥n, de sus ministros. Es decir, Mario Onaindia era John Wayne y, en consecuencia, su medio era el perfecto. Inmaculado. Entre ellos Juan Jos√© Ros√≥n, el muy macho ministro del Interior de aquella √©poca, denunciado por decenas de mujeres por ‚Äúapolog√≠a de la violaci√≥n‚ÄĚ e ‚Äúincitaci√≥n de la violencia contra las mujeres‚ÄĚ. √Čl tambi√©n era de los buenos. Disneylandia.
A lo que iba. A lo que anunciaba en el título.
Durante a√Īos, durante d√©cadas, esa clase pol√≠tica de enfrente se ha pasado un telediario s√≠ y otro tambi√©n apuntando que eso de un conflicto identitario en Euskal Herria con relaci√≥n a sus vecinos era un cuento chino. Que a lo mejor exist√≠a un problema entre vascos y que Espa√Īa era ajeno al mismo.
Hoy, por el contrario, s√≠ ha existido un conflicto. Siempre y cuando el relato sea favorable. Y que por lo visto est√° concluyendo. Lo acaban de se√Īalar, adem√°s, con un t√≠tulo televisivo: ‚ÄúVencedores y vencidos‚ÄĚ. Cospedal, Rosa D√≠ez, Roberto Lertxundi, Barcina‚Ķ Hace unos d√≠as, desde las p√°ginas de El Pa√≠s se mofaban de ‚Äúun tal Currin‚ÄĚ, bajo ese ep√≠grafe precisamente, ‚ÄúVencedores y vencidos‚ÄĚ. Para a√Īadir, sin complejos, que desde ‚Äú1977 hay una democracia completa y en Euskadi no ha existido ninguna guerra o conflicto que permita hablar ahora de paz y de vencedores o vencidos‚ÄĚ. ¬ŅEn qu√© quedamos?
Lo que unos y otros sabemos, al margen de los juegos malabares y la necesidad de seguir rellenando las p√°ginas de los diarios para cubrir el expediente correspondiente, es que existe un conflicto hist√≥rico. Me dir√°n que la coletilla es recurrente. Pero es cierto. Cuando Zapatero, presidente todav√≠a del Gobierno espa√Īol, se√Īala que ‚ÄúEl DNI espa√Īol es el que permite que los ciudadanos vascos tengan derechos‚ÄĚ, est√° diciendo que fuera de ese carnet est√° la fosa y, lo m√°s obvio, la falta de derechos. Amenaza.
Y, sobre todo, impunidad. Impunidad para quienes han hecho posible que cuando el presidente del Gobierno apuntara frases tan excluyentes y antidemocr√°ticas lo fuera porque se sintiera avalado. Las deudas del Estado con sus servidores son kilom√©tricas. Largu√≠simas. Por eso est√°n tan atados unos y otros. Gui√Īol.
Y ya que el conflicto que no existía ayer, o que era tapado, o que se borraba del diccionario, que unos días era y otros no, o que se trataba de una invención de esas que denunciaba el filosofo Savater… ya me he perdido. Decía que ya que tenía un origen histórico no estaría de más acudir al archi conocido discurso de Areilza en la toma de Bilbao por los franquistas en 1937. Me dirán que sirve de relleno para artículos, crónicas y venganzas. Es probable. Pero nunca un discurso fue tan paradigmático, sin maquillaje, sobre las intenciones del ponente:
‚ÄúQue quede esto bien claro: Bilbao conquistado por las armas. Nada de pactos y agradecimientos p√≥stumos. Ley de guerra, dura, viril, inexorable. Ha habido ¬°vaya que si ha habido Vencedores y Vencidos!; ha triunfado la Espa√Īa, una, grande y libre. Ha ca√≠do vencida para siempre esa horrible pesadilla siniestra y atroz que se llamaba Euzkadi‚ÄĚ. Hoy Areilza, seg√ļn el relato, es un dem√≥crata.
La clase pol√≠tica espa√Īola hab√≠a negado la existencia de un conflicto, hab√≠a demorado al m√°ximo la aplicaci√≥n de un Estatuto de Autonom√≠a‚Ķ hab√≠a rechazado la existencia de un sujeto, el pueblo vasco, due√Īo de su destino. Pero cuando militarmente la derrota fue posible, entonces el conflicto que no exist√≠a apareci√≥. Surgi√≥ como por arte de magia. Quedaba resuelto.
Javier Arenas ha sido, en esta √ļltima √©poca, quien ha logrado sintetizar esa misma idea: ‚ÄúDespu√©s de acabar con el terrorismo, el objetivo es acabar con los que hacen planteamientos de ruptura‚ÄĚ. La idea beligerante que ten√≠a precisamente Von Clausewitz: ‚ÄúLa guerra es una continuaci√≥n de las relaciones pol√≠ticas, una gesti√≥n de las mismas con otros medios‚ÄĚ.
Ya s√© que esta vez puede parecer pedante asistir a una nueva cita. Un art√≠culo recargado, dir√≠a el director del diario. Pero es uno de mis favoritos, tal como el de los brokers neoyorquinos o los estudiosos de estrategias militares: ‚ÄúLa invencivilidad es una cuesti√≥n de defensa, la vulnerabilidad es una cuesti√≥n de ataque‚ÄĚ. Lo dijo Sun Tzu hace tanto tiempo que lo contempor√°neo suyo se guarda en museos. No as√≠ sus escritos.
Y esa es precisamente la invencibilidad, la victoria de un sector del pueblo vasco que ha sabido mantener durante a√Īos sus se√Īas de identidad. A pesar de un acoso sin precedentes en la historia europea posterior a la guerra mundial. A pesar de una sinton√≠a sin precedentes entre todos los sectores espa√Īoles, incluso los que una vez fueron republicanos. La solidez de esta defensa (amaren etxea) ha sido tan notoria que hasta nosotros mismos nos hemos quedado sorprendidos del √©xito de la misma.
En cambio, la parte que ahora se arroga la victoria, los ‚Äúvencedores‚ÄĚ en este relato que est√°n construyendo de ‚Äúvencedores y vencidos‚ÄĚ, ya est√° demostrando, siguiendo la estela de Sun Tzu, su vulnerabilidad. En campo abierto son tan fr√°giles como Od√≥n Elorza en su derrota. Era mentira lo que dec√≠an. Jam√°s han sido tolerantes, respetuosos. Ni siquiera muchos de ellos dem√≥cratas. Nos quedar√° la duda de por qu√© hemos perdido tanto tiempo en salvas.
Hay una cr√≥nica de ‚Äúvencedores y vencidos‚ÄĚ, sempiterna, revanchista, facha‚Ķ muy espa√Īola. Una historia que nos obliga a leer permanentemente la historia. Quiz√°s ten√≠a raz√≥n Alfonso Uss√≠a, el enfermizo, al que las dos consonantes repetidas de su apellido permitir√≠an el chiste f√°cil, cuando escrib√≠a: ‚ÄúEs un rollo macabeo escribir de los vascos. Porque antes que aldeanos, paletos y adoradores del ombligo, son raros‚ÄĚ. Es cierto. Quiz√°s somos raros, porque en un escenario tan especial como el que estamos viviendo yo, personalmente, tengo la impresi√≥n de que los objetivos est√°n m√°s cerca que nunca. ¬ŅVencidos? Justo lo contrario.
Y tal y como dec√≠a hace unos d√≠as en una charla organizada por ‚ÄúIndepentistak sarea‚ÄĚ que compart√≠ con Ram√≥n Labaien, las naciones acceden a la libertad por dos puertas. No es porque lo apuntara Lenin, sino por el sentido com√ļn: por acumulaci√≥n de fuerzas (mayor√≠a simple, ejercicio del derecho de autodeterminaci√≥n) y por estar en el lugar adecuado en el momento oportuno. La ca√≠da del Muro de Berl√≠n nos dej√≥ unos cuantos ejemplos. En plena crisis europea, ambas puertas las tenemos abiertas. Confluyen los astros en nuestro beneficio.
Ram√≥n Labaien sonre√≠a y a√Īadi√≥ que, en ese caso, la tarea que nos queda es ardua. Gogorra, seg√ļn el ex alcalde donostiarra. Discrep√© y discrepo. Lo m√°s severo de este proceso ya lo hemos cubierto. Queda lo sencillo, subirnos a la ola, como un surfista experimentado. No vamos a tener jam√°s dos o tres generaciones como las que hemos tenido, con la generosidad vital que han ofrecido. Han llenado c√°rcel y exilio. Por eso, ha llegado la hora de recoger las nueces.

Kukutza

Estuve hace unas pocas semanas en Val Susa (Piamonte), invitado a una zona de conflicto desde 1990. El origen del mismo tiene que ver con la decisión de los vecinos de paralizar las obras del tren de alta velocidad que debe unir Turín con Lyon, ya que destroza uno de los escenarios más espectaculares de Europa, al pie de los Alpes.
La invitaci√≥n no ten√≠a nada de especial, o m√°s bien, entraba dentro de las actividades que quienes llevan acampados desde hace a√Īos al pie de las obras, a√ļn sin iniciar, hab√≠an preparado para este verano. Somos un viejo continente que se mueve por una v√≠a oficial que nos repele, y otra, paralela y no se si oficiosa, repleta de solidaridad y cari√Īo entre comunidades, pueblos y proyectos.
Las activiades de este verano en Val Susa, cualquiera las puede consultar a través de Internet, eran autogestionadas. No hay subvenciones, no hay banqueros con sus fundaciones, no hay mecenas de la revolución. Las aportaciones son de los visitantes, de los participantes. Autogestión en el sentido completo de la palabra. Lo que fuimos en el comienzo, lo que deseamos en el futuro.
Aunque el objetivo de mis conferencias era el de contar experiencias, crónicas y recuerdos presentes de nuestro país, la prensa local ya se encargó de transmitir la idea de que vascos llegaban a Val Susa a revolver el ambiente. La mentira inunda aldeas, valles y ciudades de Europa y, cuando la verdad encuentra algun resquicio, la mentira se hace más ramplona. A veces nos hace reir, pero a ese mundo oficial no le importa en absoluto. Las sentencias de la Audiencia Nacional son paradigma de esta afirmación.
La autogesti√≥n en Val Susa, es un modelo propio que tiene similares experiencias en otros lugares. Como invitado, lleg√≥ el momento de poner ejemplos y entre los que me toc√≥ improvisar en los a√ļn atardeceres calurosos del Piamonte, me vino a la memoria el de Kukutza. Cerca de trece a√Īos de autogesti√≥n y con la espada de Damocles sobre su proyecto. Kukutza, para Europa, era, entre nuestros ejemplos, el ejemplo.
Volv√≠ a casa y pasaron los d√≠as, las semanas, y Kukutza, tan lejano y tan cercano, segu√≠a teniendo un portagonismo innecesario. Eso de que ‚Äúmejor que se hable de uno aunque se hable mal‚ÄĚ, siempre me ha parecido una majader√≠a. Porque, en este caso, quienes m√°s hablaban de Kukutza eran los que hab√≠an puesto fecha para su entierro. Que, desgracidamente, lleg√≥ con dos protagonistas que ejercieron de testigos. O m√°s.
El primero, hijo de Zeus y Hera. El dios de la guerra (Ares en lenguaje m√°s cercano), que ha provocado uno de los conflcitos que se asentar√° en nuestra retina hist√≥rica como lo fue el de la Batalla de Euskalduna, el Asalto Policial a la Plaza de Toros de Iru√Īea, el Proceso de Burgos o la Masacre de Gasteiz. La Ertzaintza se suma por la puerta grande (ya hab√≠a hecho m√©ritos suficientes, bien es verdad) al Libro Negro de la Infamia (perd√≥n por el color).
Es cierto que el dios de la guerra gallego-griego, ha estado acompa√Īado y alentado por un vasco de pura cepa (aunque castellano de acento), Meles-meles en la nomenclatura de Linneo, tasugo o tej√≥n entre los vecinos (Azkuna en el lenguaje m√°s cercano). Como este es un medio de difusi√≥n, y sin ning√ļn tipo de mofa, a√Īadir√© que entre las acepciones que marca el diccionario, el tej√≥n vasco es sin√≥nimo de canalla. Eskaltzandia lo refrenda y como no pod√≠a ser de otra manera, me viene al pelo para la met√°fora.
El derribo de Kukutza, junto a las adhesiones que ha provocado, nos ha mostrado un mapa perfecto de lo que es la pol√≠tica vasca en oto√Īo de 2011. Qui√©n es qui√©n, podr√≠amos a√Īadir. Qu√© defiende cada sector y, sobre todo, qu√© hay detr√°s de conceptos como orden, proporci√≥n, propiedad privada, autogesti√≥n, transversalidad, violencia y alguno m√°s. Un escenario para el futuro.
Sabemos desde hace much√≠simo tiempo que cuando hablamos de violencia, la estructural no cuenta para nada. Que la polic√≠a est√° para pegar, castigar, avasallar y, si hace falta, matar. Por eso van armados hasta los dientes. Ares y Azkuna lo han dicho con claridad: reconocimiento y proporcionalidad. Idoia Mendia, sin venir a cuento, pero mientras derribaban Kukutza ya hab√≠a se√Īalado que la violencia de ETA est√° en el origen de las torturas. Disculpa al torturador. No olviden que Mendia es consejera de Justicia del Gobierno de Gasteiz.
El principio de autoridad est√° en la fuente de las decisiones policiales. Ya pueden ustedes meter en la coctelera a corruptos constructores, a narcotraficantes condenados, a especualdores sin escr√ļpulos. Son los desagues del sistema, el sistema en si mismo. Pero por muy forajidos que sean, incluso para los propios, son de casa porque no ponen en entredicho el estado de las cosas. La autoridad es la madre del orden. Y el orden es el estado definido por los propietarios del dinero. El resto es ilusionismo
Sabemos, desde hace mucho tiempo, que cuando hablan de ‚Äúpropiedad privada‚ÄĚ se refieren al t√©rmino m√°s amplio de la expresi√≥n y no como alg√ļn ingenuo podr√≠a pensar, a los ahorros en el banco o a la posesi√≥n de vivienda propia (en la mayor√≠a de los casos compartida con el banco a trav√©s de una hipoteca). La propiedad privada defendida es la que amparan en el marco privado pero tambi√©n en el pretendido p√ļblico.
Han sido y son, en la mayor√≠a de los casos, propiedad privada las instituciones, el escenario pol√≠tico, las reglas no escritas de exclusividad, las paredes de la vida p√ļblica y, cuando los tiempos aprietan, las decisiones que efectan a la colectividad sin siquiera pasar por el escaparate (cambio de la Constituci√≥n espa√Īola). Es propiedad privada todo lo susceptible de transformar la sociedad, precisamente, para no transformarla.
Sabemos que la transversalidad es un cuento chino, que los que tienen el dinero son los que mandan a trav√©s de testaferros. Y que estas marionetas, en nuestros pa√≠s, est√°n sustentadas en tres partidos pol√≠ticos que tienen la ‚ÄúP‚ÄĚ en su apellido. Son los que respaldan el Estado, arropan a sus agentes, hagan lo que hagan, y abren la puerta a que cualquier actividad social, pol√≠tica o cultural sea atractiva en funci√≥n del beneficio monetario que produce.
La cultura que nos proponen comienza de arriba hacia abajo, impuesta por corredores de apuestas y representada en macro-escenarios de quita y pon. Recuerdo el debate suscitado hace m√°s de 30 a√Īos con la inauguraci√≥n del Centro Pompidou en Par√≠s. Un √ļnico proyecto para matar a cientos, miles de peque√Īos proyectos que por aquel entonces pululaban por la capital francesa apenas unos a√Īos despu√©s de las revueltas del 68.
En nuestro país, la cultura ha sido definida con espacios capaces de acoger a lo más comercial de lo universal y a lo más acomodado de lo particular. Siempre con excepciones, por supuesto. Me ha llamado la atención, por ejemplo, que mientras se desarrollaban los funerales por Kukutza, se estaba celebrando en Donostia el Zinemaldia. Y que actores, directores, actrices y realizadores, en su día libre eran invitados al Museo Balenciaga y no, por ejemplo, a la replica de las cuevas de Ekain. Conocemos la trayectoria del Museo Balenciaga que entra perfectamente en el estandar que anunciaba unas líneas más arriba. El Museo Gughengeim de Bilbao tendría, asimismo, miles de letras para desarrollar esa misma crítica.
La autogesti√≥n es el problema. La l√≠nea fuera de los cauces que no producen beneficios (siempre econ√≥nicos) es la contraria a la oficial. Por eso, los autogestionarios ser√°n siempre carne de ca√Ī√≥n. El sistema no los puede asimilar, por definici√≥n. Tanto el hijo de Zeus y Hera, como el tasugo municipal, pondr√°n toda la carne en el asador para mantener sus principios, los de autoridad.
Principios que, aquí en Bilbao, como en Val Susa, no hacen sino servir para que cuatro vividores se pavoneen de su poder, para que un sistema corrupto lleve a nuestro planeta hacia la destrucción. Y para que, además, con esas palmaditas en sus espaldas, el hijo de Zeus y Hera, el tasugo y tantos otros, vivan en el espejismo de su trascendencia vital. Ilusos. La historia ya les está juzgando.