Archives for : diciembre2011

Libertad de expresion

Libertad de expresión

Hace un mes acepté, sin oponer demasiada resistencia, la oferta que me hacía entonces un diario kurdo. Me pedían un artículo quincenal en el que, grosso modo, contara el proceso político vasco, los acontecimientos que vertiginosamente se van sucediendo en nuestra tierra, dejándome espacio a las divagaciones históricas e incluso literarias. Paso más horas sentado frente al ordenador que estrujando caminos, así que no me preocupé en exceso por los nuevos deberes epistolares.
Un par de correos electr√≥nicos y alguna llamada de tel√©fono sirvieron para confirmar lo que supon√≠a. Amigos de mis amigos, por tanto, gente que vale la pena. El 16 de diciembre apareci√≥ mi primer art√≠culo: “Amaiur: Bir sembol√ľn meydan okuyuŇüu”. En turco, como es notorio, idioma del que no conozco una sola palabra. La traducci√≥n fue del ingl√©s. El nombre del diario en cuesti√≥n √Ėzg√ľr G√ľndem (Diario Libre).
Hace unos d√≠as recibimos una noticia lejana. La Polic√≠a turca hab√≠a detenido a 43 periodistas, 5 de ellos precisamente del √Ėzg√ľr G√ľndem. Unas cuantas horas despu√©s, 36 de los arrestados ingresaban en la c√°rcel, elevando a m√°s de un centenar los periodistas hoy en prisi√≥n en Turqu√≠a, r√©cord represivo mundial. La verdad es que, si no hubiera sido por mi reciente relaci√≥n, la noticia hubiera pasado casi desapercibida, como para la mayor√≠a de mis compa√Īeros. A pesar de la globalizaci√≥n, la lejan√≠a es notoria. Kurdist√°n se pierde, afortunada y desgraciadamente, en el origen de los tiempos.
El diario en cuesti√≥n fue fundado en 1991 y origin√≥ “Press”, una pel√≠cula estrenada en 2010 que relata la represi√≥n de los a√Īos 1990 en Turqu√≠a. Bayram Balci, un periodista que trabaja desde entonces en √Ėzg√ľr G√ľndem y escribi√≥ el gui√≥n de “Press”, recuerda bien la √©poca: “Entonces nos mataban en la calle. Hoy nos meten en la c√°rcel. Lo que ha cambiado son las formas de la represi√≥n”. Y a√Īad√≠a: “Hasta el a√Īo pasado, el gobierno sol√≠a decretar cierres temporales de los diarios disidentes, pero fue condenado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos; ahora ya no cierran peri√≥dicos, sino que encarcelan a los periodistas”.
Lo sucedido en Turquía, que me ha golpeado de forma tan cercana por pura casualidad, ha servido para revolverme el pasado y recordarme que nada ha cambiado en este mundo traicionero y que cualquier transformación es debida no al arrepentimiento de los contendientes, sino al peso de los mismos en la relación de fuerzas. Particular o general. Ese es, precisamente, el quid de la cuestión.
La libertad de expresi√≥n es una cita permanente a la que acuden unos y otros, desde quienes como Espa√Īa y Turqu√≠a han recurrido a la misma para recordarnos qui√©n manda. El remedio inmediato es la represi√≥n, en nombre de la libertad, apellido al que se han adosado tanto los m√°s sumisos, como aquellos que se han sentido con el deber de guardar las esencias de la patria centralista. ¬°Cu√°ntos cr√≠menes se han cometido en tu nombre!, dicen que dijo Marie-Jeanne Roland antes de ser decapitada.
En la cercan√≠a, recuerdo aquellos bombazos a la redacci√≥n de Punto y Hora, el asesinato de Xabier Galdeano y Josu Muguruza, periodistas del clausurado Egin, la tortura y humillaci√≥n a los directivos de Egunkaria, como tambi√©n su cierre, el procesamiento de Pepe Rei y la desaparici√≥n de Ardi Beltza, la denuncia de Rodr√≠guez Galindo contra la editorial Txalaparta (luego condenado por el asesinato de Lasa y Zabala), el encarcelamiento y condena de la direcci√≥n de Egin, as√≠ como las embestidas previas de la Ertzaintza, el cierre de las redes Gazte Sarea, Apurtu… No olvido tampoco aquel Jon Casta√Īares, rancio alcalde jeltzale de Bilbao que hace 30 a√Īos envi√≥ unos cuentos a la hoguera, rememorando los tiempos del dictador.
Desde los tiempos de Fraga al frente de los medios de propaganda, la cuesti√≥n medi√°tica ha estado siempre en el ojo del hurac√°n. Nos dir√°n que nadie es inocente, que todos tenemos nuestra parte de culpa y probablemente sea as√≠. Pero que no nos mezclen. Cada uno en su lado, el nuestro justo en la defensa de la libertad de expresi√≥n. Puedo citar casi de memoria cientos de censuras, cientos de agresiones a la inteligencia y, c√≥mo no, recordar los apoyos que presta cada cual. Hoy, ayer y hace 40 a√Īos, cuando algunos ten√≠an agujetas de tanto alzar el brazo al estilo mussoliniano.
Yo miso sufr√≠ una detenci√≥n por motivos te√≥ricamente period√≠sticos. Como alg√ļn lector recordar√° fue en 2006, en Nueva York, mientras me encontraba investigando la desaparici√≥n de Gal√≠ndez. Un hecho hist√≥rico, a estas alturas. No tanto para otros. El PEN International y ACLU (The American Civil Liberties Union) se hicieron cargo de mi defensa, as√≠ como la de Haluk Gerger, periodista turco. Entonces estaba Bush en la Casa Blanca. Hoy, Obama, pero para el caso la disidencia es similar. Los collares son distintos, el perro el mismo.
Como en el caso kurdo. Su presidente Erdogan, acaramelado por Zapatero en su Historia de las Civilizaciones, con la venta de armas para masacrar a sus opositores, etc. O como en 1999, cuando los servicios secretos espa√Īoles impusieron a Aznar el bloqueo del Parlamento de Gasteiz porque iba a servir de acogida a la Asamblea kurda en el exilio. De nuevo la raz√≥n de estado.
Me llama la atención, con cierta ironía, que en el reciente caso kurdo tanto Reporteros Sin Fronteras, así como el Comité internacional para la Protección de los Periodistas, la Plataforma en Solidaridad con los Periodistas Presos, el PEN Club, incluso periodistas y escritores hayan mostrado su rechazo a las detenciones. El Gobierno turco de Erdogan no ha tenido, en cambio, dudas: los detenidos forman parte de la red cultural y de prensa de un grupo terrorista.
Vuelvo a la cercan√≠a para recordar, asimismo, las reacciones a la vulneraci√≥n de la libertad de expresi√≥n en nuestra tierra. Cuando cerraron Egunkaria, las agencias se√Īalaron que ETA hab√≠a creado el diario. Y a√ļn, tras una sentencia absolutoria, se sigue afirmando lo mismo en varios medios. De Egin fue todo dicho, incluso el ser, como lo afirm√≥ Garz√≥n, “el frente informativo de ETA”, en sustituci√≥n de los Zutik, Zutabe y Barne Bolentinak.
Hoy sabemos, porque los medios son demasiado indiscretos, que las operaciones contra la disidencia informativa son, sobre todo, ejercicios de venganza y de ocultación de los horrores propios. A los gobiernos les importa más no que se transmitan las consignas de sus contrincantes, sino que no se conozcan sus cloacas. Los cierres de diarios, las detenciones de periodistas, las muertes por grupos parapoliciales, tienen que ver precisamente con estas razones.
Fue sintom√°tico, por ejemplo, que cuando Pedro J. comenz√≥ a dar publicidad a los cr√≠menes de Estado en la √©poca del PSOE, el contraataque del Gobierno de Felipe Gonz√°lez estuviera rayando lo cutre, sino lo desbordara: el video de Exuperancia Rap√ļ fue enviado a todas las redacciones para denigrar al mensajero. A pesar del falangismo larvado en todo el discurso de Pedro J., la opci√≥n pol√≠tica del protagonista era cuesti√≥n de segunda categor√≠a.
Es el mismo argumento que llev√≥ a la muerte a Jos√© Couso, cuando estaba fotografiando la masacre yanqui en Irak. El mismo por el que Esteban Urkiaga, nuestro poeta Lauaxeta, fue fusilado en Gasteiz. No lo fue por escribir poes√≠as en euskara, sino por ense√Īar a unos periodistas franceses la destrucci√≥n de Gernika. El periodismo turco, el periodismo espa√Īol o son esclavos del poder pol√≠tico o no existen. No hay sino echar una ojeada a Europa para tomar la temperatura a ambos.
Lo digo porque hemos tenido que sufrir, en nuestras carnes, miles de agresiones a nuestra integridad y no precisamente del estilo de las de Pedro J. Lo nuestro es un ejercicio de dignidad. Nuestras mujeres han sido tildadas con los adjetivos m√°s hirientes y humillantes y jam√°s hemos recibido el abrazo y la defensa, por ejemplo, de Emakunde o la Defensora de la Mujer. Nuestros hijos han sido vilipendiados, comparados con alima√Īas, retorcidos en el fango y destituidos de calidad humana. Nuestros abuelos fueron mancillados en su honor, rojos, terroristas y separatistas.
Esperamos que ahora que en este conflicto, en el de casa, una de las partes ha renunciado a su cuota violenta, las organizaciones del ramo se acuerden de que, en este espacio, tambi√©n, hay todo un ejercicio de impunidad que alg√ļn d√≠a habr√° de ser abordado.

Los puros

Quise titular este artículo con la expresión que se dio a cierto grupo surgido en Baviera hace ya más de dos siglos, los Illuminati, pero creo que no sería acertado unir unos y otros porque los bávaros tenían más de espíritu ilustrado que de secta de impacientes con el objetivo de alcanzar la Revolución al día siguiente de proclamar la insurrección general.
Me hubiera gustado desarrollar la idea de Mao “luchar, fracasar, volver a luchar, volver a fracasar, volver a luchar hasta la victoria‚ÄĚ, acorde con una filosof√≠a vital que comparto, pero no me atrevo a hacerlo por miedo a ser etiquetado de mao√≠sta, con todo lo que ello conlleva en el fragor de esta crisis econ√≥mica mundial que, como dice Joseba Tobar-Arbulu, nos la han provocado para robarnos los avances sociales logrados despu√©s de siglos de compromisos.
Tambi√©n tuve la intenci√≥n de comenzar con aquella brillante idea de L√©on Trostky relativa a que el sectarismo es hostil a la dial√©ctica. Me gustaba el pensamiento porque los puros, t√≠tulo de este art√≠culo, desprecian desde el pedestal, la confrontaci√≥n de ideas. No di el paso, sin embargo, por entender que hubiera sido tildado de trotskista y que, a pesar de sentir admiraci√≥n por lo desarrollado por Leonardo Padura en “El hombre que amaba a los perros”, siento a Trostky m√°s cercano a los vientos g√©lidos de Mosc√ļ, o en su defecto al ambiente irrespirable de su exilio mexicano, que a los humedales de mi tierra.
Qué decir de Lenin, con su trabajo sobre el izquierdismo como enfermedad, una reflexión tras la Revolución de Octubre. Una preocupación sobre la oportunidad de participar en el parlamento zarista, una crítica a quienes consideraban que la revolución se desarrolla en línea recta. Evalué con detenimiento comenzar este artículo con alguna de sus frases, pero evité a Vladimir Illich por temor a ser encorsetado precisamente en sus corsés organizativos. Organigramas que no comparto.
He sentido la emoci√≥n de Augusto Sandino, aquel que caminaba hacia el sol de la libertad, y he reparado m√°s de una vez en su extremada humildad cuando dijo: “A Washington se le llama el padre de la patria. Lo mismo ocurre con Bol√≠var e Hidalgo. Yo s√≥lo soy un bandido, seg√ļn la vara con que son medidos el fuerte y el d√©bil”. Y me siento m√°s bandido que pol√≠tico, m√°s navegante que escritor. Pero no he sido capaz de recoger su testimonio por repugnancia hacia algunos de sus seguidores, corruptos y maleables ante el poder y la cercan√≠a yanqui.
No quiero que este escrito se convierta en una lista un tanto pedante de citas y personajes a los que rindo homenaje pero sin decantarme por ellos. As√≠, creo llegada la hora de someterme ante el m√°s cercano, Tom√°s Sankara, aquel africano al que los due√Īos de casi todo, ayudados por esos franceses que creen en la grandeza de un pu√Īado de motivos cursis y xen√≥fobos para autoafirmarse como naci√≥n, asesinaron hace ya 24 a√Īos.
Dec√≠a Sankara, “al pueblo hay que convencerlo no vencerlo, hay que utilizar la fuerza de la raz√≥n, no la raz√≥n de la fuerza‚ÄĚ. Lo que puede ser una cita apropiada para estos momentos en los que nos toca vivir, se completa con otra idea suya de mayor calado: ‚ÄúPara obtener un cambio radical hay que tener el coraje de inventar el porvenir. Nosotros tenemos que atrevernos a inventar el porvenir”.
No quiero parecer un archivador de citas o el recurso para encontrar asiento con cualquiera de ellas. Pero aludo a una √ļltima para comenzar a construir mi mensaje. Unos meses m√°s tarde de la muerte de Sankara, y sin m√°s coincidencia que la del calendario, un an√°lisis de los m√©todos de lucha en Euskal Herria, llegaba a una estaci√≥n hasta entonces desconocida. Lo conozco y relato porque, como perito, tuve que explicarlo en un macro juicio celebrado hace unos a√Īos en la Audiencia Nacional.
Se trataba de un documento conocido con el nombre de Berrikuntza, en el que KAS (Koordinadora Aberztale Sozialista) daba un viraje a su historia para abandonar el concepto de vanguardia con el que había surgido allá por 1975. El desarrollo de este cambio es conocido. KAS desapareció, así como las organizaciones que lo componían. ETA, una de sus patas, anunció hace unas semanas el cese definitivo de sus acciones armadas.
Desde la muerte de Franco hasta entrados los a√Īos 90, la direcci√≥n del Movimiento de Liberaci√≥n Vasco ten√≠a bien definida la ruta hacia la victoria. Argala ya lo hab√≠a contado, no hab√≠a que esperar a una soluci√≥n desde arriba y, sin embargo, la mayor√≠a lo esperaba. KAS fue un instrumento de vanguardia dentro del que tambi√©n pugnaban otras vanguardias.
Recuerdo, sin entrecomillar la cita, que la ponencia de la transformación llamada Berrikuntza decía algo así como que no por ser de KAS se poseía la razón, sino que era a través de la práctica política como se ganaba el debate ideológico. Quizás pasara desapercibido el matiz, o no tan matiz, perdido entre otras urgencias organizativas. Pero la afirmación creo que daba en la diana.
Hoy, ligando la √ļltima cita de Sankara sobre la construcci√≥n del porvenir, y la simult√°nea de KAS sobre su (auto)cr√≠tica al vanguardismo, nos encontramos en un escenario sencillo, desde mi punto de vista, incomprendido o malinterpretado por algunos. Estamos en un proceso de cambio de marco, en un impulso para aunar fuerzas e intentar cambiar las reglas del juego.
En este escenario, las claves del pasado no sirven. Hay que inventar un futuro en el que desplegar una nueva forma de hacer pol√≠tica, sin abandonar las esencias con las que hemos llegado a esta encrucijada. Los mimbres son excelentes y la compa√Ī√≠a de unos y otros es esencial para llegar al puerto. El cuaderno de bit√°cora ha estado preservado en el lugar adecuado, al amparo de tormentas y tempestades. Ha sorprendido a propios y extra√Īos la fuerza electoral, por ejemplo, con la que ha podido mostrarse.
Por eso se me hace extra√Īo encontrarme con actitudes y reflexiones sectarias, protagonizadas por aquellos que se consideran cercanos a la verdad absoluta, una verdad absoluta que yo, en mi largo peregrinar tanto por edad como por caminos, jam√°s alcanc√© a divisar. Aprendemos de nuestros errores, debatimos porque tenemos dudas y procuramos sumar cuando se trata de llevar a cabo ecuaciones pol√≠ticas. Siempre con humildad y respeto a compa√Īeras y compa√Īeros.
En estos √ļltimos meses he tenido constancia de esos esp√≠ritus puros en el √°mbito sindical, en el asociativo, en el electoral, incluso en el territorial. La casa se edifica, proponen, desde el tejado. Primero la definici√≥n ideol√≥gica y program√°tica de t√°ctica y estrategia. Luego se llena de muebles. El asalto al Palacio de Invierno √ļnicamente tiene una v√≠a.
Me resulta sumamente incómodo citarles y no voy a hacerlo. Con algunos de ellos he tenido encuentros en la primera fase. Jamás los he contemplado como enemigos, aunque quizás alguno de ellos me considere cómplice de no sé qué dejaciones. El verbo a veces es excesivamente ligero, sin posibilidad de rectificación.
Los puros, aquellos que se consideran tocados de la mano de dios o del diablo, pertenecen al mundo de los elegidos. Fuera de su línea, el caos, la pérdida de patrimonio revolucionario, la distancia. Repitiendo declaraciones históricas de otros protagonistas, se podría afirmar que como fuerza política carecen de significación, aunque como intención política, sus actos son peligrosos.
Estamos en un esfuerzo plural que requiere y necesita de hombres y mujeres dispuestos a cambiar las reglas del juego. Un proceso que requerir√° de mayor√≠as y de minor√≠as para avanzar en la misma direcci√≥n en la que enfilaron su actividad las generaciones que nos precedieron. No inventamos el objetivo final, ni lo distorsionamos, sino que necesitamos construir, precisamente, los puentes para llegar a √©l. Como dec√≠a Sankara, tenemos que atrevernos a inventar el porvenir aunque, como a√Īad√≠a Sandino, √ļnicamente seamos unos simples bandidos.

El País del Olvido

Hay un lugar en Astigarraga, sombr√≠o pero cercano, donde se percibe un eco que m√°s bien parece un susurro. El asfalto de la calle que lo cruza a√ļn guarda el sonido de las balas que, en medio de la oscuridad, acabaron con la vida de Tom√°s Alba. Balas que dos mercenarios, Ignacio Iturbide y Ladislao Zabala, descargaron en nombre de un grupo paramilitar al que llamaban Batall√≥n Vasco Espa√Īol.
Tom√°s Alba era concejal independentista del Ayuntamiento de Donostia y hab√≠a escrito un emotivo y premonitorio libro: ‚ÄúDejad que los cometas vuelen por m√≠‚ÄĚ. Los dos mercenarios citados confesaron su crimen y fueron condenados en 1985 por el mismo. Sin embargo, la asociaci√≥n Basta Ya y el grupo Vocento, a trav√©s de su diario ABC, consideran a Tom√°s Alba v√≠ctima de ETA. Como lo oyen.
El Mundo escribi√≥ en 2008, en un art√≠culo que m√°s bien pretend√≠a justificar su muerte, que ‚ÄúTom√°s Alba fue uno de los pesos fuertes del entramado pol√≠tico de ETA cuando se gest√≥ la mayor ofensiva criminal de la historia del abertzalismo asesino‚ÄĚ. Quiz√°s por eso del libro de los cometas, el diario de Pedro J. a√Īadi√≥ a cuenta del edil asesinado que era ‚Äúuno de los ide√≥logos de ETA‚ÄĚ. La mentira es gigantesca. Pero ah√≠ qued√≥.
Cuestiones de este tipo las padecemos un d√≠a s√≠ y otro tambi√©n. Hay una labor sistem√°tica, de la que participan medios de comunicaci√≥n (¬Ņo propaganda habr√≠a que decir?), para denigrar al sector social vasco que durante d√©cadas (¬Ņsiglos?) plant√≥ cara al Estado. En el todo vale contra la disidencia se incluyen la falsificaci√≥n de datos, nombres, situaciones, etc. Y la inclusi√≥n de las que ahora llaman ‚Äúvictimas colaterales‚ÄĚ en el saco etarra. El relato espa√Īol es una bomba f√©tida.
Fruto de estas manipulaciones descarnadas, la sociedad aparentemente neutral recoge el mensaje y lo recicla. Los resultados son espeluznantes. Llegu√© el otro d√≠a a la palabra ‚ÄúSan Sebasti√°n‚ÄĚ de Wikipedia. En el √ļltimo siglo han sido unos cuantos los concejales de Donostia ejecutados por grupos paramilitares franquistas. Ni una sola referencia. En la √ļltima √©poca dos los ediles muertos de forma violenta: Tom√°s Alba y Gregorio Ord√≥√Īez (1995), este √ļltimo en acci√≥n reivindicada por ETA. Wikipedia se recrea e interpreta de una forma muy singular la muerte de Ord√≥√Īez. Por el contrario la de Alba ni la cita.
No es excepci√≥n, ni como alguno supondr√≠a error. Se trata de manipulaci√≥n porque en esa misma entrada, la enciclopedia virtual, por cierto nada neutral, se queda tan ancha despu√©s de relatar la conquista de Gipuzkoa en 1200: ‚ÄúGuip√ļzcoa a partir del a√Īo 1200 rinde vasallaje al rey castellano Alfonso VIII, enemigo de Sancho el Fuerte. Para los comerciantes de San Sebasti√°n este cambio ser√° positivo, dado que pasa de ser el puerto de un peque√Īo Estado sin posibilidades de expansi√≥n territorial (Navarra), a servir de salida al mar de una monarqu√≠a, la castellana, mucho mayor, m√°s rica y en plena expansi√≥n‚ÄĚ. Pocas veces he le√≠do una apolog√≠a del imperialismo tan notoria. Y cr√©anme si les digo que soy un lector empedernido.
Espa√Īa ha sido tradicionalmente el pa√≠s del olvido. Olvido para dar paso a la manipulaci√≥n. Hace ya casi 20 a√Īos, el Estado se lanz√≥ a la batalla de conmemorar los cinco siglos a√Īos de la llegada de tres barcos subvencionados por la corona castellano-aragonesa a tierras americanas. El Quinto Centenario del Descubrimiento de Am√©rica, dec√≠an. ¬ŅLo recuerdan? Verg√ľenza ajena.
Nos lanzaron fuegos de artificio para modificar la historia a trav√©s de un lema insultante: ‚ÄúEncuentro de dos mundos‚ÄĚ. Fue una razia y un expolio como jam√°s ha existido en la historia de la humanidad. Una aut√©ntica matanza ni siquiera superada por la de los hornos crematorios de Hitler o las sarracinas coloniales de la Graciosa Majestad brit√°nica. ¬ŅAlguna autocr√≠tica? ¬ŅAlg√ļn perd√≥n desde los p√ļlpitos de la iglesia? Olvido.
La guerra civil y el franquismo est√°n repletos de muestras de olvido que a√ļn hoy no hemos podido superar. Me voy a detener en el caso del miquelete Pedro Telletxea a la que su viuda Benita Etxeberria quiso recuperar para su familia. Telletxea era un carlista que fue fusilado por los franquistas ‚Äúpor equivocaci√≥n‚ÄĚ. En Lazkao. Al parecer le confundieron con su hermano que era abertzale.
Su viuda removi√≥ cuarteles y juzgados para que el nombre de su marido, ya que no le pod√≠a devolver la vida, fuera al menos reconocido. La respuesta de los tribunales, reconociendo ‚Äúdigno de todo encomio el natural deseo de la mencionada se√Īora de rehabilitar la memoria de su indicado marido‚ÄĚ fue la negaci√≥n. Pedro Telletxea fue arrojado al ba√ļl del olvido, con miles de republicanos, comunistas, anarquistas, socialistas y abertzales. Su ‚Äúpecado‚ÄĚ: haber sido ejecutado por los mercenarios de la √©poca.
Ha existido desde que el papel y no la leyenda ejercen de notarios, un olvido sistem√°tico. De razias, de violaciones y abusos sexuales, de vejaciones, de ejecuciones, de expolios, de secuestros, de robos de ni√Īos, de torturas y malos tratos, de amenazas, de detenciones arbitrarias, de trabajos forzados, de confiscaci√≥n de bienes, de eliminaciones ling√ľ√≠sticas, de cautiverio, de reclusi√≥n en prisiones clandestinas, de exilios, de persecuci√≥n religiosa, de racismo y xenofobia, de exterminio‚Ķ‚ÄĚ.
Todo ello ha ido a parar bajo la alfombra real que cubre los suelos de la Moncloa, la Zarzuela y la carrera de San Jer√≥nimo. Hoy, Espa√Īa se jacta de conocer al instante qui√©n fue el autor del tercer gol ma√Īo en el partido Zaragoza-Sabadell que se celebr√≥ el 18 de marzo de 1942 (y en qu√© minuto del segundo tiempo) y, sin embargo, desconoce la ubicaci√≥n de un campo de concentraci√≥n, para muchos de exterminio, desplegado en Miranda de Ebro, cerca de la muga vasca. ¬ŅHan visitado los secarrales de San Juan de Mozarrifar donde decenas de miles de vascos y espa√Īoles sufrieron vejaciones infinitas? Un campo de f√ļtbol lo cubre de olvido.
Un olvido hist√≥rico, transversal y multidisciplinar que ha unificado, sorprendentemente, a buena parte de la clase pol√≠tica espa√Īola. La cr√≠tica al Quinto Centenario fue marginal, la reivindicaci√≥n de las v√≠ctimas de la guerra civil y el franquismo llega con 30 a√Īos de retraso. Con millones de problemas y de zancadillas. Y, por lo que parece, la denuncia de que el sistema policial espa√Īol tiene en la tortura una de sus patas fundamentales desde que Himmler visit√≥ la Puerta del Sol, es algo secundario, propio de los informes anuales de Amnesty International y de los manuales de la banda ETA.
Olvido.
Olvido para luego poder manipular.
Por eso llama poderosamente la atenci√≥n que un pa√≠s como Espa√Īa (o un estado si quieren) que ha echado ra√≠ces en su construcci√≥n institucional y colectiva con el olvido de las atrocidades que ha cometido a lo largo de los siglos (no me vale lo de ‚Äúcomo todos‚ÄĚ porque en este caso su impronta ha sido espectacular en relaci√≥n al resto), marque su futuro m√°s cercano a trav√©s de la ‚Äúmemoria de las v√≠ctimas de ETA‚ÄĚ.
Esta estrategia memorial√≠stica no es cre√≠ble. O lo que es lo mismo, es incre√≠ble. Que me dispense si alguien se siente aludido, pero en un lugar donde el olvido ha sido la base de la construcci√≥n pol√≠tica, centralista y a lo largo de su historia tremendamente sectaria, convertir la memoria de las victimas de ETA en el eje de la actividad pol√≠tica del Estado sobre el conflicto vasco-espa√Īol me parece una contradicci√≥n. No dir√≠a que paradoja aunque quiz√°s en matem√°ticas lo fuera.
Las victimas de ETA han sido convertidas, con su consentimiento o sin √©l, en parte de ese relato que unifica la vertebraci√≥n de Espa√Īa, la conversi√≥n de los salvajes a las normas vaticanas, la conquista de Gipuzkoa por despecho a ese peque√Īo territorio navarro, la heroicidad de un nombre (Jos√© Bono, siempre Bono) frente a la intranscendencia de un proyecto menor y difuso. Tom√°s Alba y Pedro Telletxea yacen en el ba√ļl del olvido. Y por ello, desde mi modesta opini√≥n, mientras esa l√≠nea interpretativa continu√© anclada en el inconsciente colectivo espa√Īol no es tiempo de contrastes.