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Las bombas de efecto retardado

En 1966, Augusto Unzeta, uno de los fachas con mayor pedigree de los que conoci√≥ Bizkaia en el siglo XX, entregaba a Franco la medalla de oro y brillantes de Gernika, poblaci√≥n que el dictador hab√≠a bombardeado a trav√©s de sus socios nazis, ahora hace 75 a√Īos. El otro d√≠a estuve en la villa, para recordar la infamia, aportar algo de luz en las responsabilidades del ataque y, sobre todo, penetrar en la construcci√≥n de esa gran mentira que Espa√Īa edific√≥ hasta hace unos d√≠as a cuenta del bombardeo.
En 1946, el Ayuntamiento de Gernika ya hab√≠a nombrado al mismo carnicero “hijo predilecto”. Cuando en 1961 la base norteamericana de Torrej√≥n de Ardoz concluy√≥ la formaci√≥n de una banda de m√ļsica, la Administraci√≥n espa√Īola le sugiri√≥ que fuera a Gernika a inaugurarla. Y as√≠ lo hicieron. Los canallas que se ocultaban en los despachos municipales y se hac√≠an llamar concejales les regalaron unas txapelas “t√≠picas del pa√≠s”.
La ofensa no tuvo l√≠mites y el 12 de octubre de 1964, Espa√Īa, con sus pomposos y nauseabundos iconos, incluidos los reales, se fue a Gernika a celebrar el d√≠a de la Hispanidad. Una fecha de infausto recuerdo para los pueblos americanos que, sin embargo, los adalides de una democracia que causa estupor un d√≠a s√≠ y otro tambi√©n, siguen celebrando en pleno siglo XXI. Espa√Īa la quiso celebrar entonces, 25 a√Īos despu√©s de concluida la guerra, en la ciudad que hab√≠a servido de referencia a nuestros antepasados. Y, de paso, llev√≥ tanques y la Legi√≥n a Bilbao que desfilaron por la Gran V√≠a como diciendo: lo hicimos en 1937 y lo podemos repetir cuando nos venga en gana.
El 24 de abril de 2012, dos d√≠as despu√©s de la primera vuelta de las elecciones francesas, once m√°s tarde la ruptura de la cadera del rey en Bostwana, el mismo que estuvo en Gernika en 1964 en calidad de pr√≠ncipe, 12.304 d√≠as despu√©s de la ag√≥nica muerte de Franco y a 75 a√Īos exactos de la entrada del “Ej√©rcito de Ocupaci√≥n” espa√Īol en Elgeta, despu√©s de la batalla de los Intxortas, un contingente militar espa√Īol ha vuelto para tomar la misma poblaci√≥n de Elgeta. Dicen que de maniobras.
Pero los ciudadanos vascos, ya sean votantes del PP, del PSOE, del PNV o de Bildu, sabemos de sobra que las maniobras militares no son de distracci√≥n. Sabemos, como dijo en 1964 la organizaci√≥n juvenil EGI, que el acto de Gernika fue una “farsa insolente”. Y que el acto de 2012 ha sido una acci√≥n chulesca, nueva “farsa insolente”. Se mofan de todo lo que no sea espa√Īol. Incluso de los muertos.
En los √ļltimos a√Īos hemos desenterrado en Elgeta, en los Intxortas y en sus cercan√≠as, j√≥venes de apenas 18 a√Īos que vieron sus vidas cortadas. Hemos sabido de asesinatos a bocajarro, por diversi√≥n, de violaciones impunes, de todo tipo de tropel√≠as a las que, fan√°ticos apropiados del t√©rmino de jueces, no han prestado atenci√≥n alguna. Hemos conocido los rescoldos de libros quemados y los insultos y prohibiciones a nuestra lengua milenaria.
Las tropel√≠as en 1964 y 1966 en Gernika tuvieron nombres y apellidos. El primero Augusto Unzeta. Luego el guardia civil Guillermo Cand√≥n, entonces gobernador, Camilo Alonso Vega, ministro de Gobernaci√≥n, los teniente alcaldes Juli√°n Mar√≠a Arzanegui y Domingo Urrutia, el concejal F√©lix Elzo, el secretario de la corporaci√≥n Cruz Ugalde, Luis Iriondo, Jaime Bilbao, el jefe de protocolo Augusto Zuf√≠a… personas con pedegree, como apuntaba anteriormente.
En 1966, los j√≥venes de ETA convocaron una manifestaci√≥n en Gernika contra el acto de la entrega de la medalla de oro y brillantes. Asistieron 8 personas, entre ellas Txabi Extebarrieta. La Guardia civil lo matar√≠a dos a√Īos m√°s tarde, en pleno franquismo. Los que jalearon aquella muerte “destaparon” que su sobrina Aitziber se presentaba en las listas de Bildu al Ayuntamiento de Bilbao, ¬°¬°43 a√Īos despu√©s!! Memoria hist√≥rica.
Como es sabido, ETA mat√≥ a Unzeta en 1977. Unas semanas antes, y con eso no quiero unir una causa con el efecto, el mismo Unzeta hab√≠a se√Īalado que la legalizaci√≥n de la ikurri√Īa era “desgraciada, sibilina y lamentable”. En el a√Īo 2010, un tal Arturo Ignacio Aldecoa, miembro de la Comisi√≥n de Cultura de las Juntas Generales de Bizkaia (por el PP), dijo que Unzeta “hab√≠a servido a nuestro pueblo de una manera ejemplar y por tanto su memoria merece un recuerdo permanente”.
Dos a√Īos despu√©s, el Ej√©rcito ha entrado en Elgeta. Aldecoa debe de tener ascendencia. Siento la repetici√≥n, pero se trata de una afrenta que se escapa a la l√≥gica. Como tambi√©n es sabido, la toma del “Ej√©rcito de Ocupaci√≥n” de los Intxortas, fue el preludio del bombardeo de Gernika, el mismo que desde 1937 hasta nuestros d√≠as ha sido negado por los que lo realizaron y ordenaron.
Gernika, lo dije la semana pasada en el foro de Elai Alay, condensa todas las atrocidades que ha sufrido nuestro pueblo en d√©cadas, en siglos. La mentira es el eje de la misma. Cuando Mola marc√≥ su objetivo, con el fin de destruir “la ciudad sagrada de los vascos”, no hab√≠a Internet, ni un equipo de “cient√≠ficos” detr√°s se√Īalando c√≥mo esconder el bombardeo. Sin embargo, la rutina vol√≥ por un camino ya trillado.
Los rojo-separatistas hab√≠an quemado la ciudad. El mal tiempo no permiti√≥ la salida de los aviones. Georges Botto, de la agencia Havas, recibir√≠a una buena cantidad de lo que hoy llamamos fondos reservados, para desplegar la noticia. Nadie se lo crey√≥, as√≠ que hubo Plan B. Su protagonista ser√≠a Alfonso Merry del Val, especialista en temas vascos. Acababa de escribir “Spanish basques and separatism”. Construy√≥ una nueva mentira: “Alguien” bombarde√≥ levemente Gernika. Luego, los separatistas le dieron fuego.
Hubo dudas, y para paliarlas, este argumento endeble fue apoyado por una comisi√≥n que cre√≥ la Universidad de Valladolid, al objeto de investigar hasta el fondo lo sucedido. El resultado fue desalentador. La inteligencia espa√Īola al servicio de la versi√≥n oficial. Miles de hojas avaladas por sellos perfumados de odio milenario volvieron a repetir lo que a√ļn sobrevuela por algunas esferas: Espa√Īa no tuvo culpa, ni siquiera la franquista, en la destrucci√≥n de la “ciudad sagrada de los vascos”. Todos sabemos, incluidos los dirigentes y votantes del PP y del PSOE, hasta los de UPyD, que Mola y Franco destilaban odio hacia lo vasco y que esa fue la madre de todas las razones.
Hoy, la historia se repite, aunque la frase sea manida. Nos encontramos con mentiras clamorosas, elevadas a la categor√≠a oficial, por el mero hecho de ser propagadas por, nuevamente, gentes con pedegree. No s√© de qu√©, pero pedegree. Los lamentables reportajes de la transici√≥n que emite ETB, las declaraciones incre√≠bles de la iglesia vaticana (extranjera) anclada en Navarra se√Īalando que “nosotros (por ellos) llegaron antes”, el enroque de Vocento con la ni√Īa Bego√Īa Urroz, ahora apoyado por el extinto P√ļblico, mintiendo a sabiendas, las declaraciones de agentes auton√≥micos (an√≥nimos por supuesto) como si repartieran caramelos a la puerta de un colegio…
Son manifestaciones que nos dan el nivel de corrupción política de la clase dominante. Son expresiones que nos confirman hasta qué punto está podrido este sistema que nació, o prosiguió, a la muerte del dictador que ordenó y jaleó el bombardeo y la destrucción de Gernika. Un tirano que luego se refugió en la mentira y fue incapaz de asumir, como lo hicieron otros, su crimen.
Y as√≠, sus seguidores, por no decir sus secuaces, siguieron bombardeando Gernika, y lo que ella representa, con explosivos de baja o de alta intensidad, con cr√≥nicas repetitivas, hirientes, abusivas… que a pesar de la continuidad, nos siguen dejando perplejos.
Somos un pueblo con memoria, humilde, capaz de llamar a una manifestación como lo hizo Txabi Etxebarrieta, contra aquel insulto de medalla a Franco concedida por Unzeta. A pesar de los palos. Recordamos a Gernika, y también, y sobre todo, esas bombas de efecto retardado que lanzaron en abril de 1937 y que, hoy, todavía siguen explotando entre nosotros. Como la del otro día en Elgeta. Y por eso nos conmoverá para siempre Txabi Etxebarrieta, aunque ni siquiera de un nombre a una de nuestras calles. Y repudiaremos otros nombres a los que empujaremos al estercolero de la historia.

El efecto Lucifer

La muerte de I√Īigo Cabacas por el impacto de una bola de goma disparada por la Polic√≠a Aut√≥noma vasca nos ha devuelto a un viejo debate del que sus conclusiones hace tiempo que conocemos. No hace falta que Rodolfo Ares o los sindicatos corporativos policiales nos pongan sobre la mesa reflexiones de revistas del coraz√≥n. No hay excepcionalidad en la actuaci√≥n policial, sino la continuidad de una actividad prolongadamente malvada.
Sabemos, y los propios psic√≥logos que manejan la actividad policial en Madrid, Par√≠s y Arkaute as√≠ lo han referido, que no se puede ser “un pepino dulce en una barril de vinagre”, o por entendernos en nuestro lenguaje coloquial, que no es una manzana la podrida, sino que toda la cesta est√° podrida.
Hay puertas abiertas de par en par a la impunidad, refrendadas por jueces, directores civiles, subsecretarios que son respetables padres de familia, leyes dispuestas a permitir los excesos. Hay toda una cadena de mando destinada precisamente a mantener el cesto podrido porque si las manzanas recuperaran su olor y su sabor original, el orden establecido se desmoronaría como un castillo de naipes azotado por un suave viento del oeste.
Recordar√°n que hace unos a√Īos el mundo se escandaliz√≥ con los sucesos de Abu Ghraib, cuando los carceleros estadounidenses torturaron y humillaron a sus prisioneros iraqu√≠es, sacando fotograf√≠as incluso de sus tropel√≠as: simulacros de ejecuci√≥n, masturbaci√≥n y de sodom√≠a. Los internos en Abu Ghraib fueron torturados y cuando alguno de ellos muri√≥, hubo m√©dicos y funcionarios capaces de falsear los informes para encontrar argumentos con el que justificar la muerte.
La distancia es enorme, pero no pude menos que recordarlos cuando Deia hizo una entrevista an√≥nima (por supuesto) a un agente de la Ertzaintza que explicaba de manera vergonzante y notoriamente contraria a los testigos de lo sucedido en los instantes previos a la muerte de I√Īigo Cabacas.
En Abu Ghraib no se trat√≥ de una maldad cometida por un grupo de s√°dicos, sino de un procedimiento estudiado para destruir la dignidad humana. No hab√≠a s√°dicos entre los soldados. Todas eran, aunque de extracci√≥n humilde y poca formaci√≥n, personas equilibradas. En aquella cr√≥nica se encontraron implicados desde m√©dicos, psic√≥logos y cient√≠ficos, hasta soldados de condici√≥n universal: padres de familia, excelentes maridos, trabajadores, profesores, religiosos… No eran, supuestamente, manzanas podridas.
Y hoy, unos a√Īos m√°s tarde, al leer en The Guardian a Lynndie England, la soldado estadounidense cuyas im√°genes torturando a los presos de la c√°rcel de Abu Ghraib dieron la vuelta al mundo, nos quedamos con la misma impresi√≥n de siempre: “Ellos eran los malos”, dice England. Ya ante la maldad del enemigo el fin justifica los medios. La tortura y la muerte, sobre todo.
La misma hip√≥tesis de Rodolfo Ares que, en su comparecencia en el Parlamento, para responder por la muerte del aficionado del Athletic, cit√≥ 17 veces a ETA y √ļnicamente 2 a I√Īigo Cabacas. ¬ŅCu√°l era el objetivo de su comparecencia? ¬ŅJustificar una muerte o investigarla? Detr√°s de su intervenci√≥n, sin duda, habr√≠a un equipo de expertos que le marcar√≠an su discurso y la incriminaci√≥n del enemigo y, por extensi√≥n, su alianza con los amigos. Como en Abu Ghraib, un equipo en la trastienda, compuesto por “cient√≠ficos y psic√≥logos”.
La maldad policial es intrínseca a la misma institución desde el momento en que los objetivos son determinados por un grupo que intenta mantener las reglas de juego de un sistema favorable a sus intereses privados. Estamos aburridos, yo al menos, de escuchar hasta la saciedad esa división entre buenos y malos, entre un grupo que no tiene que ver con los desmanes de unas manzanas podridas.
Si es que habr√≠a una frontera entre unos y otros, que lo dudo, son los “polic√≠as buenos”, precisamente, los que mantienen ese sistema, los que nunca hacen nada por denunciar a los “polic√≠as malos”. Nadie los denuncia p√ļblicamente. En cuarenta a√Īos conozco excepciones en la excepci√≥n. M√≠nimas. Los “buenos” son los que hacen que el sistema funcione. Es como la buena madre que permite a su c√≥nyuge maltratar a sus hijos sin oponerse, es el propio sistema.
Lo vimos en 1976, cuando cientos de polic√≠as entraron en Zaramaga a sangre y fuego, disparando y maltratando a los obreros reunidos en la iglesia gasteiztarra: cinco muertos. La orden fue determinante: “adelante, tirad a matar”, como en los Sanfermines de Iru√Īea de 1978. No tuvimos noticias, y mira que las buscamos, de agentes que ayudaran a los heridos, que rezaran un responso por los fallecidos. M√°s bien lo contrario.
La matanza de My Lai, en Vietnam en 1968, todo un símbolo de mi generación, ya nos había demostrado que nadie escapa a la norma general. No hay buenos, hasta los mejores sucumben para dar respuestas represivas si el ambiente es el predestinado. Nadie era violador, torturador y asesino en potencia. Y, sin embargo, todos lo fueron en la realidad.
“Die Welle” (La ola), dirigida en 2008 por Dennis Gansel, nos dio la medida de esa contaminaci√≥n. Nuevamente, la cesta de manzanas se pudri√≥, con una facilidad que nos dej√≥ aterrados. Un grupo de estudiantes de corte antisistema, alternativos, fue reconducido, a trav√©s de t√©cnicas grupales, hacia posturas filofascistas. Impresionante y real.
Los expertos, en especial el psic√≥logo neoyorquino Philip Zimbardo, llaman a esta contaminaci√≥n con el t√≠tulo de “El efecto Lucifer”. En 1971, junto a otros colegas, realiz√≥ una investigaci√≥n de la que probablemente, a pesar de que han pasado 40 a√Īos, hayan o√≠do hablar. La llev√≥ a cabo en la Universidad de Stanford (EE UU). Tom√≥ a estudiantes voluntarios para que actuaran de guardianes de una falsa c√°rcel. El experimento deb√≠a durar 15 d√≠as, pero tuvo que interrumpirlo al sexto ante la dureza de la situaci√≥n creada. Los tranquilos y aburridos estudiantes se hab√≠an convertido en brutales y s√°dicos guardianes.
Zimbardo escribi√≥ aquella experiencia mucho despu√©s en, como he apuntado, El efecto Lucifer: Comprendiendo c√≥mo gente buena se transforma en mala. La lectura del psic√≥logo era espeluznante. Y la describ√≠a en dos apartados: “la mayor√≠a silenciosa hace que algo sea aceptable”. Si nadie protesta, si la noticia no existe, los verdugos contin√ļan implacablemente su tarea.
La segunda ten√≠a que ver con algo que cargamos desde hace much√≠simo tiempo: el anonimato de los victimarios. Ese anonimato, precisamente, convierte en bestias a polic√≠as, funcionarios de prisiones y soldados en el frente. Un anonimato que va desde la X de la c√ļspide de la pir√°mide, hasta el √ļltimo escalaf√≥n, cubierto con un pasamonta√Īas a los que eufem√≠sticamente llaman “verduguillos”. !Ay del lenguaje!
Hemos o√≠do una y otra vez decir, en la cercan√≠a y en la lejan√≠a: “yo no soy de esa clase de personas”. Y, sin embargo, esa clase de personas existen en una cantidad que debiera servir de reflexi√≥n. ¬ŅQu√© incita a un agente a meter el palo de una escoba por la vagina de una detenida en la comisar√≠a de la Polic√≠a de Iru√Īea, tal y como fue denunciado en el juzgado de instrucci√≥n n√ļmero 2 de Iru√Īea? ¬ŅPor qu√© un juez no se atrevi√≥ a seguir con aquel caso? ¬ŅPor qu√© no hubo otros agentes que denunciaron al “poli malo” si ellos te√≥ricamente eran “buenos”.
Los ejemplos se me agolpan en el cuaderno. Recuerdo las versiones tan encontradas con la muerte por infarto de Remi Aiestaran, concejal abertzale en Billabona, tras la actuación de la Ertzaintza. No hubo fisuras en la versión oficial. Esas versiones oficiales que, a pesar del ridículo, nunca han dejado de circular.
Las circunstancias excepcionales son las que, finalmente, ponen a cada uno en su lugar. Las que al llegar ofrecen la perspectiva de cada uno de nosotros. Y es en ellas, en esta ocasi√≥n con motivo de la muerte de I√Īigo, donde no hemos encontrado m√°s que continuidad. Continuidad de un discurso que sabemos hueco y que no nos hace sino confirmar que el cesto est√° podrido. Por el bien com√ļn, Rodolfo Ares, si tuviera dignidad, deber√≠a modificar su curriculum vitae.

197/2006

En febrero de este a√Īo, unos 900 presos kurdos se declararon en huelga de hambre, requiriendo una tabla de nueve puntos. Cualquiera que est√© interesado puede encontrar la misma en las p√°ginas de organizaciones de derechos humanos. Por simplificar se√Īalar√© que las demandas se centran en la denuncia del aislamiento en las prisiones turcas, en la reivindicaci√≥n de los derechos elementales de los presos, en la supresi√≥n de las normas que “con el pretexto de combatir el terrorismo se utilizan para aplicar la tortura”, en la supresi√≥n de los tribunales especiales del Estado, en la liberaci√≥n inmediata de los presos enfermos…
Cuando conoc√≠ la lista de las demandas, me asalt√≥ simult√°neamente una idea. Las reivindicaciones de los presos kurdos en huelga de hambre eran exactas a las de los presos vascos y sus familias. Parec√≠an un calco. Y quiz√°s lo eran porque Turqu√≠a y Espa√Īa siempre han ido de la mano en cuestiones pol√≠tico-militares. Para EEUU han sido las ni√Īas de sus ojos, mientras Europa miraba hacia otro lado en temas tan cercanos como los derechos humanos, la impunidad policial, y la implicaci√≥n del Estado en la llamada “guerra sucia”. Espa√Īa y Turqu√≠a son, por ejemplo, la referencia en modelos y aplicaci√≥n de la tortura en Europa, seg√ļn Amnesty International.
Sin embargo, entre tantas similitudes, hab√≠a algunos matices. Y despu√©s de escudri√Īar los mismos, creo que la lectura es sencilla: Espa√Īa es el maestro, el laboratorio para pa√≠ses que como Turqu√≠a mantienen masivamente a su disidencia en prisi√≥n.
Lo dijo de una manera n√≠tida Alfredo P√©rez Rubalcaba hace cinco a√Īos cuando el Tribunal Supremo aprob√≥ la doctrina 197/2006 respondiendo al recurso del preso vasco Unai Parot: “El sistema penitenciario espa√Īol es el m√°s duro de Europa”. Y sac√≥ pecho con semejante declaraci√≥n. Espa√Īa es el √ļnico pa√≠s del mundo que publicita sus horrores: sol, sangr√≠a, toros, realmadrid, ladrillo, bancarios, pelotazos, corrupci√≥n… y tortura. “En nombre del Rey”, como rezaba la declaraci√≥n del Supremo de 2006.
Con datos del pasado a√Īo, Espa√Īa ten√≠a 73.459 presos, 1,6 por cada mil habitantes. En t√©rminos absolutos y relativos, m√°s que Alemania, Francia o Italia, por citar sus estados vecinos cercanos. En t√©rminos relativos, m√°s que China, Vietnam, Iraq, Siria, Venezuela, Argentina, Honduras y la mayor√≠a de pa√≠ses africanos. Escasamente superada por Colombia (1,8 por mil y 84.444 presos), pa√≠s en guerra.
Es Colombia, precisamente, el tercer estado en estos momentos con mayor n√ļmero de presos pol√≠ticos, unos 9.550, aunque como Espa√Īa no les reconoce su condici√≥n. Palabrer√≠a para satisfacer a sus Ej√©rcitos, porque es de dominio p√ļblico que los disidentes presos sufren las consecuencias de una represi√≥n pol√≠tica, como bien defin√≠an los kurdos. (No quiero parecer parcial sin se√Īalar que en Corea del Norte las organizaciones de derechos humanos citan, con fuentes de Washington, la existencia de campos de concentraci√≥n con decenas de miles de presos).
En Turqu√≠a se concentran 12.000 presos pol√≠ticos, de los que m√°s de la mitad son kurdos. En Rusia hay unos 25.000 chechenos encarcelados por razones pol√≠tico-√©tnicas y varios centenares dispersados por c√°rceles de la Uni√≥n Europea, sin conocer el n√ļmero exacto. Como es notorio, Chechenia no existe ni para Mosc√ļ, ni para la comunidad internacional. Todos son rusos.
EEUU, gendarme mundial, tiene el triste r√©cord de prisioneros en sus c√°rceles: 2.300.000. S√≠, han le√≠do bien, el 0,75% de su poblaci√≥n. Algunos de ellos son pol√≠ticos, como 15 portorrique√Īos, cinco cubanos y una lista desgranada en a√Īos de castigo. El sioux Leonard Peltier lleva 36 a√Īos en prisi√≥n, el puertorrique√Īo √ďscar L√≥pez 31 y el pantera negra Mumia Abu-Jamal 30. Acusados de atentados mortales, las grupos de derechos humanos, en contra de Washington, los consideran “presos pol√≠ticos”.
La disidencia bengal√≠ ha sido encarcelada por el Gobierno de India, as√≠ como unos 2.000 birmanos en el Lejano Oriente. Israel mantiene en la actualidad a 6.000 palestinos entre rejas. Nael Bargouthi era el preso pol√≠tico m√°s antiguo en las c√°rceles de Israel. Fue liberado en octubre del a√Īo pasado, tras pasar 33 a√Īos entre rejas, despu√©s del intercambio de un soldado israel√≠ por 1.027 presos palestinos.
Irlanda, junto a Euskal Herria, ten√≠a hist√≥ricamente el mayor n√ļmero de presos por razones pol√≠ticas en Europa. Hace una d√©cada, 600 presos republicanos irlandeses estaban condenados a cadena perpetua. Las c√°rceles se vaciaron para los republicanos a partir de los Acuerdos de Viernes Santo (1998). Seg√ļn los √ļltimos datos, 63 presos republicanos irlandeses est√°n en prisi√≥n por razones pol√≠ticas, la mayor√≠a que no reconocieron los acuerdos y prosiguieron la actividad armada: 26 en Irlanda, 35 en Ulster, uno en Francia y otro en Lituania.
Espa√Īa y Francia han acogido hist√≥ricamente a miles de prisioneros pol√≠ticos. A√ļn lo hacen. Durante el franquismo, Fernando Carballo Blanco fue el preso con m√°s tiempo de cumplimiento a sus espaldas: le faltaron algunas semanas para hacer 27 a√Īos internado. Pero no lo hizo de seguido, sino en varias ocasiones. Natural de Valladolid y sindicalista de la CNT, su padre fue ejecutado por Franco. Carballo fue detenido en 1963 junto al escoc√©s Stuart Christie y acusado de preparar un atentado contra el dictador. Sali√≥ amnistiado en 1975.
Entre los nuestros, el navarro Jacinto Otxoa Martikorena permaneci√≥ 26 a√Īos en prisi√≥n (muri√≥ en octubre de 1999). Sali√≥ en 1963, indultado por la muerte del Papa Juan XXIII. El resto, ni siquiera el maquis comunista Marcelo Usabiaga, que a√ļn vive para contarlo, llegaron a los 20 a√Īos. La inmensa mayor√≠a cumpli√≥ una pena inferior a los seis a√Īos, como Juan Ajuriaguerra, l√≠der del PNV que negoci√≥ en Santo√Īa la rendici√≥n del Ej√©rcito vasco y que sali√≥ de la prisi√≥n de Las Palmas de Gran Canaria en julio de 1943. Falta de mano de obra e indultos (1940, 1961 y 1963) abrieron las c√°rceles.
Es notorio que hay algunos lugares en el mundo con m√°s n√ļmero de presos que Euskal Herria (Colombia, Turqu√≠a…), con condenas m√°s largas (EEUU), pero no hay lugar en todo el planeta con semejante acumulaci√≥n de cadenas perpetuas. Espa√Īa tiene el r√©cord mundial en condenas de por vida, por razones pol√≠ticas, aplicadas de facto desde hace a√Īos y ratificadas tanto por su corte suprema como por la constitucional. Medio centenar de presos vascos han cumplido los 20 a√Īos de condena que en la mayor√≠a de los pa√≠ses de la Uni√≥n Europea son el l√≠mite a la condena perpetua.
Jam√°s en el siglo XX hubo un colectivo de prisioneros que hizo tantos a√Īos en prisi√≥n, tanto en Francia como en Espa√Īa, como el vasco de los √ļltimos 35 a√Īos. Tantos presos que sufrieron de manera premeditada el castigo prolongado. Jam√°s los tribunales, ni siquiera los de guerra (tanto colaboradores como franquistas como los anticolaboracionistas), enviaron a tanta gente por tanto tiempo en el siglo XX.
M√°s a√ļn. Ahora que se acerca el 500 aniversario de la conquista de Navarra, creo que la precisi√≥n es importante. Jam√°s en estos cinco siglos hubo colectivo humano vasco en prisi√≥n tratado con tanta sa√Īa como el correspondiente a estos √ļltimos 35 a√Īos. No es una interpretaci√≥n al calor de sentimientos pol√≠ticos, sino una constataci√≥n hist√≥rica, avalada por los n√ļmeros.
Jam√°s los vascos, ni siquiera los que defendieron la soberan√≠a navarra, los que se sublevaron contra Tr√©ville o Napole√≥n, los que participaron en las guerras carlistas, o los que se defendieron contra Mola y Franco, sufrieron semejante castigo. Jam√°s, Madrid y Par√≠s se ensa√Īaron contra los presos como lo est√°n haciendo Rubalcaba, Rajoy, Fillon y Sarkozy. Y vuelvo a la repetici√≥n: son datos, no interpretaciones.
Espa√Īa no es el centro de la revoluci√≥n mundial. En Espa√Īa no hay una guerra convencional. Madrid no ha sufrido un ataque gal√°ctico, tampoco qu√≠mico ni nuclear. ¬ŅPor qu√© semejante sa√Īa? A pesar de las toneladas de explicaciones, de las interpretaciones jur√≠dicas, de las razones estatales… la decisi√≥n del Constitucional de mantener la Sentencia 197/2006 contra el recurso de casaci√≥n de Unai Parot no tiene, desde mi punto de vista, sustrato pol√≠tico ni jur√≠dico alguno. Solo uno, pasional: la venganza.

Los Olvidados

LOS OLVIDADOS

La muerte de Luxiano Eizaguirre en Cuba nos ha trasladado a otras épocas que recordamos con dificultad. Una nueva generación de vascos, algunos de los cuales han pasado incluso por prisión o se encuentran en ella, no había siquiera nacido cuando ocurrieron los hechos que llevaron a Luxiano al exilio. Las formas fueron excepcionales.
Recordamos con mayor cercan√≠a, sin embargo, que en aquella misma √©poca, en la que Ram√≥n J√°uregui era el delegado del Gobierno en Vascongadas, el GAL ejerci√≥ de escaparate a las medidas excepcionales que, entre otras, dispersaron por el mundo a medio centenar de detenidos en Francia. Llamaron deportaci√≥n a una de las patas de este entramado dise√Īado por Madrid y Par√≠s. Seguro que con el conocimiento de Washington.
Decenas de vascos fueron deportados en sucesivas oleadas a Panam√°, Ecuador, Rep√ļblica Dominicana, Togo, Sao Tom√©, Cuba, Argelia, Gab√≥n y Cabo Verde. La escalada contra los exiliados fue hist√≥rica y tengo la convicci√≥n que en m√°s de una escuela de ciencias pol√≠ticas se estudia c√≥mo se engrasaron tantos frentes en tan poco tiempo. Millones de euros (d√≥lares en la √©poca) que salieron de los fondos reservados, pero tambi√©n de los presupuestos anuales del Estado publicados con detalle en boletines oficiales, auxiliaron a la ofensiva: tanques, aviones, cultivos, ayudas al desarrollo, coches policiales, autobuses‚Ķ
El exiliado que era detectado en suelo franc√©s hace cerca de 30 a√Īos entraba en un bombo, como los que albergan n√ļmeros de loter√≠a. Muy pocos ‚Äúexpertos‚ÄĚ, tanto franceses como espa√Īoles, decid√≠an con toda la subjetividad imaginable, el destino del exiliado localizado: objeto de atentado paramilitar, prisi√≥n, extradici√≥n, confinamiento o deportaci√≥n. ¬ŅRazones para un destino u otro? Las mismas que Franco para firmar unas penas de muerte y rechazar otras, los apuntes al lado del nombre respectivo que, a l√°piz, hab√≠a hecho un funcionario militar o policial. Jam√°s se conocer√°n.
A Luxiano le toc√≥, en esa macabra loter√≠a, la llamada deportaci√≥n. Nombre inventado por los medios de comunicaci√≥n filtrados por los ministerios respectivos de Interior. En 1977 una expulsi√≥n similar, esta vez con presos y no con exiliados, fue titulada con una extra√Īa palabra: extra√Īamiento. Los de 1984 supieron de su destino unos d√≠as antes de hacerse oficial, por las vacunas que recibieron en la prisi√≥n de Fresnes, en medio de una huelga de hambre para protestar por su detenci√≥n y amenaza de expulsi√≥n.
El concepto de deportación de los vascos tomó carta, quizás, por el modelo francés que expulsaba de Europa a su disidencia, tanto en la metrópoli como en las colonias. Francia tiene una historia de terror poco valorada. Recordamos a Hitler o Stalin como sanguinarios líderes políticos y olvidamos a otros cuyos nombres, franceses por cierto, como Thiers o Gambetta, inundan los rótulos de las calles del país vecino.
En el siglo XIX decenas de miles de disidentes franceses internos fueron deportados en jaulas para monos hacia destinos difusos en el mapa, Guayana en América, Nueva Caledonia en Oceanía. Cuando a fines del mismo siglo se produjeron los primeros levantamientos independentistas en Cabilia (hoy Argelia), los franceses deportaron a los insurrectos a Noumea, desde la isla de Ré, hoy destino también de presos vascos.
Aquel fue el modelo. Cuando Louise Michele, revolucionaria de la Comuna de Par√≠s, lleg√≥ a Nueva Caledonia en 1873, su descripci√≥n fue sombr√≠a: ‚Äúapartados de Francia, el futuro, si no luchamos, desaparecer√°. Para nosotros y para las generaciones siguientes. En los confines del mundo, somos sombra de nuestra sombra, olvidados a perpetuidad‚ÄĚ.
Luxiano Eizagirre lleg√≥ a Togo, expulsado desde Par√≠s, en setiembre de 1984. Su reflexi√≥n se parec√≠a, a pesar de los cien a√Īos de por medio y a los miles de kil√≥metros de distancia entre los escenarios, a la de la comunera Louise Michele: ‚ÄúDesde que llegamos a Togo estamos literalmente secuestrados. No tenemos ninguna pieza de identidad. Aqu√≠ no se nos reconoce ni como refugiados, ni como deportados y el ministro de Informaci√≥n de Togo ha llegado a decir en la televisi√≥n francesa que nosotros ni existimos. Vivimos sin saber qu√© suceder√° ma√Īana‚ÄĚ.
Los cuatro de Togo llevaban 45 d√≠as en huelga de hambre en Fresnes, para protestar por su situaci√≥n. Fueron expulsados en helic√≥ptero y trasladados a la base militar de Ville Coubleay donde un avi√≥n los arrastr√≥ a Lom√©: Luxiano, Gotzon Castrillo, Xabier Alberdi y Jos√© Miguel Gald√≥s. En la capital de Togo fueron llevados a un centro de salud y posteriormente encerrados en una vivienda de la capital. Estuvieron vigilados constantemente por fuerzas militares. Su situaci√≥n durante 7 a√Īos fue dur√≠sima. Lom√© en 1984 fue peor a√ļn que Noumea en 1873.
La elecci√≥n de Togo como destino fue un asunto exclusivamente franc√©s. Espa√Īa no ten√≠a embajada en Lom√©, aunque su dictador Gnassinbe Eyadema hab√≠a visitado poco antes la Divisi√≥n Acorazada Brunete, la misma que amag√≥ junto a Tejero con degollar a los separatistas en aquel 23F. Eyadema fue el presidente africano con m√°s a√Īos en el poder, 38. Muri√≥ en 2005 y su hijo dio un golpe de Estado. Del gusto de Francia.
En febrero de 1989, falleció uno de los cuatro deportados, Francisco Javier Alberdi, de un ataque al corazón. La situación del país se fue complicando, al borde de la guerra civil, y el Gobierno francés decidió sacar a los deportados del país africano y llevarlos al continente europeo. Hizo una excepción con Luxiano que fue trasladado a Cuba.
El calendario sigui√≥ inexorable y las reflexiones sobre la deportaci√≥n fueron difumin√°ndose, como las ma√Īanas sombr√≠as de Lom√©, Sao Tom√© o Panam√°. Un documental, un libro, unas memorias‚Ķ fragmentos de fragmentos, historias olvidadas en la lejan√≠a del frente, vidas apagadas como las de Jos√© Mari Larretxea, Ascencio Urrate, Endika Iztueta, Juanra Aranburu, √Āngel Mari Lete, Juan Miguel Bardesi‚Ķ Luxiano.
Han pasado tantos a√Īos, hemos acumulado tantas injusticias, que en alguna ocasi√≥n llegamos a pensar, equivocadamente, que la deportaci√≥n era ‚Äúun mal menor‚ÄĚ. Vicente Amezaga, huy√≥ en 1939 y fue capaz de expresar en algunas l√≠neas la angustia del deportado, la cita de la misma manera que la espera del preso. Esa visita que llegaba hasta tierras lejanas de vez en cuando: ‚ÄúLes pregunto por m√≠, en una palabra. Porque yo estoy all√≠, y hasta que all√≠ vuelva, no me encontrar√©‚ÄĚ.
No hay dulzura, no hay poes√≠a, no hay siquiera √©pica en el exilio. S√≥lo silencio, m√°s a√ļn si el recorrido vital pasa por la clandestinidad. Lo dijo con destreza uno de ellos, Joseba Sarrionandia. Los exiliados, los antiguos deportados son ‚Äúamigos congelados‚ÄĚ, a la espera de una vuelta que, por momentos, ha parecido casi imposible.
Telesforo Monz√≥n escribi√≥ desde el destierro, desde M√©xico, aquella emotiva narraci√≥n del exilio ‚ÄúUrrundik‚ÄĚ. ¬ŅPara qu√© el exilio?, se preguntaba Monz√≥n. Zergatik eta zertarako. Llevas con orgullo tus apellidos y all√≠, dec√≠a en euskara, has dejado a los tuyos, a tu familia. Euskal gogoaren amaiera ikusi ez zeraten. Euskal gudariak!
Luis Cernuda nos cantaba que ‚ÄúEl destierro y la muerte para mi est√°n adonde no est√©s t√ļ. ¬ŅY mi vida? Dime, mi vida, ¬Ņqu√© es, si no eres t√ļ?‚ÄĚ. Quiz√°s suene hueco, quiz√°s lejano, nada po√©tico cuando nos enfrentamos a la muerte, al olvido que tiene poco precisamente de poes√≠a.
Pero en esta esperanza, en este sentimiento casi religioso y atávico de arropar a los nuestros, está nuestra fortaleza. Si los olvidamos perderemos nuestro patrimonio colectivo, como aquellos desgraciados deportados de Cabilia a Noumea, reliquia curiosa de cementerio. Si los integramos… no sé si ganaremos. Expresión inexistente. Pero creo que al menos mantendremos ese espíritu de rebeldía que nos ha hecho llegar hasta donde estamos.