Archives for : julio2012

LA ESTAMPIDA

Despu√©s de aventurar las intenciones de modificar el censo vasco, de definir el objetivo de tal perturbaci√≥n e incluso tras calificar el hecho con la gravedad que puede inquirir un vocablo como el de “pucherazo”, al fin vamos a poder atinar en nuestras apreciaciones. Hasta ahora hab√≠amos recibido aproximaciones, datos incre√≠blemente vagos, sombras, quiz√°s, que ocultaban la verdad. Ahora, al fin, conocemos el n√ļmero exacto de los desplazados (“exiliados” si el lector reconoce que Euskal Herria y Espa√Īa son entidades diferenciadas) producidos en los √ļltimos 50 a√Īos por la actividad de ETA: 229.907.
No tomen a risa lo que voy a escribir a continuación. No la tiene en absoluto. La cifra ha sido filtrada por el PP a sus medios más cercanos, los que esperan con el trabuco en los desfiladeros a la caza de jóvenes en paro y mujeres con fetos malformados en su vientre. La cantidad ha sido destripada en numerosos apartados que analizaré con ustedes.
Pero antes quiero que sepan c√≥mo se hizo este an√°lisis. La seriedad de los mismos. Y vuelvo a repetir que no es broma lo que van a leer. Este n√ļmero de los 229.907 desplazados (exiliados) es fruto de la reflexi√≥n de un equipo especializado en “seguridad”. Un equipo en el que participaron ex asesores de los gobiernos de Bush. A los que les apremiaron a buscar una cifra. Y lo que hicieron, abran bien los ojos, fue dar ese n√ļmero 229.907 que es exactamente el n√ļmero de millas que tienen todas las carreteras espa√Īolas sumadas en longitud.
¬ŅCasualidad? Para nada. Escogieron un n√ļmero al azar, el que sumaban las carreteras espa√Īolas, obviamente en millas (su medida de longitud), y luego rellenaron el pedido. Pod√≠an haberlo hecho con r√≠os, l√≠neas de gas o tendido el√©ctrico. Pero lo hicieron con desplazados (exiliados) y carreteras ¬ŅNo me creen? Elijan el buscador de su preferencia en la red y pidan la extensi√≥n de las carreteras hispanas: 370.000 kil√≥metros o 229.907 millas. Suena a Mortadelo y Filem√≥n, pero no lo duden. Ese es el nivel.
El relleno de los desplazados no tiene desperdicio. Primero, porque a cada desplazado (exiliado) lo multiplican por 3, “una estimaci√≥n conservadora de cada unidad familiar”. Esta estimaci√≥n nos dejar√≠a la cifra exacta de 76.636 afectados. Multiplicados por 3, como queda dicho, nos dar√≠an las millas asfaltadas o los desplazados.
A la cabeza del desplazamiento (exilio) se encontrar√≠an los guardia civiles, 19.200. De ser cierto, una verdadera estampida. Luego los empresarios, 14.441. Posteriormente los militares adscritos al Ej√©rcito, con 8.654. Luego los trabajadores del tren de Alta Velocidad, 6.900. Siguen en la lista, polic√≠as nacionales 4.500, escoltas privados 4.000, pol√≠ticos del PSOE 3.154, funcionarios de prisiones 1.830, trabajadores de la Autov√≠a de Leizar√°n 1.500, pol√≠ticos del PP 1.418, jueces y fiscales 1.233, profesionales (abogados, m√©dicos) 897. Contin√ļan la misma periodistas 240, pol√≠ticos de UCD 155, colectivos c√≠vicos 150, pol√≠ticos de AP 124, responsables de la Central Nuclear de Lemoiz 100, profesores universitarios 50, intelectuales 30, polic√≠as municipales 30, y disidentes de la propia ETA 30.
Y luego, un complemento de 8.000 con el ap√©ndice de “varios”. Lo que al multiplicar por 3, da la cifra, como habr√°n adivinado, de 24.000. Un n√ļmero excesivamente alto, pero dado el rigor del resto… a estas alturas no sorprende.
La lista, efectivamente, plantea numerosas cuestiones. A m√≠, al menos. No dejo de realizarme preguntas y preguntas que se agolpan en mi mente hasta el amanecer, como supongo que les suceder√° a ustedes una vez que hayan tenido conocimiento de las mismas. Antes que nada me llama la atenci√≥n el hecho de que no haya habido un solo desplazado (exiliado) perteneciente a la Ertzaintza. ¬ŅQuiz√°s en “varios”?
La mayor√≠a de desplazados (exiliados) vascos por la actividad de ETA eran militares. Guardia civiles en su mayor√≠a. En la actualidad existen cerca de 6.000 benem√©ritos en Euskal Herria. La casi totalidad de los mismos proceden de Espa√Īa y, como es sabido, reciben un plus por su destino en el Pa√≠s Vasco. A pesar del complemento, ha resultado que, en 50 a√Īos, de cada tres destinados en los cuarteles vascos, uno ha tenido que abandonarlo apresuradamente. Un S√≠ndrome del Norte may√ļsculo.
No es de recibo que un grupo humano que llega a nuestra tierra, y en el mismo se incluyen tambi√©n a militares y polic√≠as, para imponer una ley y un modelo determinado, pueda ser tratado como vecino nuestro. ¬ŅVotaron los militares hispanos en Iraq, Afganist√°n, Somalia, L√≠bano o Bosnia? ¬ŅLo hicieron sus familias?
Llama la atenci√≥n en esta lista, asimismo, el numeroso grupo de empresarios. No lo he apuntado en las l√≠neas anteriores, pero en la letra peque√Īa se dice que la inmensa mayor√≠a de esos 14.441 ten√≠an m√°s de 20 trabajadores a su cargo. ¬ŅEs nuestro pa√≠s la cuna de la industrializaci√≥n? ¬ŅQu√© hicieron con sus empresas?
Siguiendo el misterio, me resulta incre√≠ble lo de los 6.900 trabajadores del TAV. Hace unos d√≠as falleci√≥ un trabajador de las obras del Tren de Alta Velocidad en Arrasate. Era vecino de Zamora y lo hab√≠a contratado una empresa de Madrid. Tras la tr√°gica noticia hemos conocido buena parte de los entresijos en la contrataci√≥n, la precariedad, la ilegalidad en los trabajos… ¬ŅVarios cientos de trabajadores son capaces de generar miles de exiliados, m√°s de 20.000 con sus familias?
El desprop√≥sito es escandaloso. Y no me refiero √ļnicamente a la broma que nos han gastado los asesores norteamericanos con las millas asfaltadas, sino al conjunto de los apartados. ¬Ņ1.830 funcionarios de prisiones? ¬Ņ4.000 escoltas privados? ¬Ņ3.154 militantes del PSOE? Si esta es la seriedad cient√≠fica de los pensantes espa√Īoles no tengo duda alguna de que Espa√Īa va al abismo y a la quiebra. Intentar√°n frenar la crisis financiera echando de comer a las palomas.
Los n√ļmeros de los expertos son una charlotada. Si quieren acceder a la verdadera contabilidad que ha sufrido este pa√≠s en los √ļltimos 50 a√Īos no tengo reparos en avanzar algunos de los datos precisos. Empezando porque en los 20 primeros a√Īos que nos ocupan 1.450.000 vascos tuvieron secuestrado su derecho a elegir sus representantes en cualquier instituci√≥n imaginable. Ese mismo derecho que ahora quieren ofrecer a los emigrantes de los cuarteles de La Salve o Intxaurrondo.
Un derecho que incluso en tiempos recientes ha estado prohibido a m√°s de 200.000 vascos, por eso de sus tendencias hacia la izquierda abertzale. Lo que significar√≠a que en los √ļltimos 75 a√Īos, perdonen que me salga del gui√≥n de esos 50 a√Īos que matizan los autores de la cifra vial, esa izquierda abertzale ha tenido negada su posibilidad de elegir representantes institucionales durante y precisamente 50 a√Īos.
Otro derecho, el de decisión nacional (autodeterminación), por otro lado, que en la actualidad se niega a una comunidad con 3.114.276 habitantes de los cuales podrían participar en el mismo más de un 75% de esos vecinos.
No quiero entrar en otras modificaciones previas del censo, con la integraci√≥n de cientos de miles de personas entre 1950 y 1970, en los famosos polos de desarrollo franquistas que propiciaron una masiva emigraci√≥n espa√Īola hacia Euskal Herria y que desdibujaron el mapa previo del pa√≠s. Y no lo hago porque no me siento capacitado para realizar una reflexi√≥n profunda. Aunque lo m√°s obvio est√° en el ambiente.
La continuidad en las cifras nos llevarían a recordar a esos más de 275.000 vascos que entre 1960 y 2002 fueron secuestrados para realizar un servicio militar obligatorio, la mayoría en zonas bien alejadas de sus familias. También a los cerca de 3.000.000 de posibles afectados si la proyectada Central Nuclear de Lemoiz hubiera sufrido una accidente similar al de Chernobil o Fukushima.
Los 95.000 polic√≠as y militares que han pasado por nuestro pa√≠s en estos 50 a√Īos, de los que seg√ļn el estudio vial marcharon en estampida 32.354 (uno de cada tres), han dejado una pizarra llena de manchones: 35.000 detenidos. De ellos, seg√ļn un estudio realizado entre 2001 y 2009, el 46% fue torturado. En fin… una lista interminable.
229.907 son las millas que cubren todas las carreteras espa√Īolas. Cada una de ellas ha servido para seguir construyendo ese imaginario espa√Īol, cada vez m√°s hinchado, como si la entelequia fuera a explotar antes de lo que imagin√°bamos.

Dos bodas y un funeral

No se trata de la pel√≠cula de Mike Newell, sino de una reflexi√≥n sobre la camada que lleva gobernando Espa√Īa desde hace mucho tiempo. Demasiado. Julio Anguita lo dec√≠a recientemente. Sus ciudadanos son, en su mayor√≠a, honestos. Sus gobernantes, en cambio, unos sinverg√ľenzas.
Juan Manuel S√°nchez Gordillo, alcalde de Marinaleda, a√Īad√≠a a esta idea que era mentira eso de que en Espa√Īa dos partidos se sucedieran en tareas de gobierno. El partido en el poder era s√≥lo uno desde hace much√≠simos a√Īos, ya que las diferencias entre PP y PSOE, sobre todo a la hora de abordar la crisis, las encontraba tan nimias que apenas era capaz de diferenciarlas. No le falta raz√≥n.
En la cercan√≠a, Arnaldo Otegi, en las declaraciones hechas a un diario mexicano, matizaba que la ausencia de partidos de extrema derecha en Espa√Īa se debe a que, precisamente, su mensaje forma parte del que traslada el PP. La algarada el d√≠a que el presidente Rajoy justificaba en las Cortes madrile√Īas los recortes sociales y el “que se jodan” de la hija del afortunado lotero, han arropado su aseveraci√≥n.
Hace unos días ha sido descubierto el criminal de guerra nazi más buscado del mundo. En Budapest. No ha habido, como en el caso de Osama ben Laden, un asalto a su mansión, sino unos cuantas preguntas de varios periodistas ingleses que seguían su pista desde hace meses. Ni su nombre es relevante. Las comparaciones son odiosas.
Por eso, por lo de las comparaciones, traigo a colaci√≥n la muerte de viejo, en la cama como se dec√≠a en mi tiempo, de otro criminal de guerra nazi. Hace unos meses, en Donostia para m√°s se√Īas. Nos sorprendi√≥ a unos cuantos el haber podido compartir con Paul van Aerschot mesa en alguna cafeter√≠a de la ciudad.
Y m√°s que esa posibilidad, el hecho de que hubiera sido ocultado y protegido, hasta hace unos d√≠as, por los servicios de inteligencia espa√Īoles. Esos mismos que ahora se han visto involucrados en un gigantesco robo de informaci√≥n privada, la nuestra sin duda, para venderla posteriormente a empresas interesadas en nuestra salud y en nuestras aficiones.
Un diario guipuzcoano, el mismo que anunci√≥ en clave en 1936 el d√≠a del golpe que preparaban los militares, recogi√≥ la esquela del tal van Aerschot. Y luego coment√≥ la noticia, ante el revuelo de quienes hab√≠an sido sus v√≠ctimas, en tono relajado. Dicen que dicen de ese viejito que se ha muerto y cuya familia ha pagado la esquela…
El funeral.
Recientemente, asimismo, las revistas del coraz√≥n ofrec√≠an un par de noticias de tapadillo. La primera relativa a la boda de Jaime del Burgo con la hermana de la princesa que un d√≠a ser√° reina de Espa√Īa. Fue en el monasterio de Leire, pero con repetici√≥n estelar en uno de esos lugares a los que la mayor√≠a de los mortales no tenemos acceso, un hotel del millonario Paul Getty, en Italia. Como se afirma en la propaganda del hotel de la celebraci√≥n, “en este lugar est√° garantizada la Dolce Vita”.
Jaime del Burgo Azpiroz, hijo de Jaime Ignacio del Burgo Tajadura, nieto de Jaime del Burgo Torres, saga navarra de alcurnia. Hace a√Īos, en pleno franquismo, la sola pronunciaci√≥n del apellido produc√≠a terror. En la Transici√≥n y ya m√°s cercanos a nuestros d√≠as, las haza√Īas de Del Burgo Tajadura, desde su paso por FASA hasta su estilizado an√°lisis del 11M (ETA tras los mismos) pasando por la justificaci√≥n de la conquista de Navarra en 1512, dejar√°n huella, la de la infamia.
Sin relaci√≥n aparente como no fuera la de las similitudes en las listas de invitados a los esponsales, hace bien poco, asimismo, se ajust√≥ la alianza matrimonial el hijo mayor de otro ilustre de la pol√≠tica vasca. En esta ocasi√≥n se trataba precisamente del hijo de Mayor. Oreja para entendernos. De saga que llega hasta la Uni√≥n Cerrajera y aquella huelga en la que su antecesor se neg√≥ a negociar una sola l√≠nea de lo que ped√≠an los trabajadores. Dicen que dijo “antes comer√°n hierba que yo ceder”.
La boda en Boadilla (Madrid) ha servido para reunir a lo granado de la derecha (extrema derecha) en un acto dirigido por el cardenal Antonio Ca√Īizares, aquel que dijo que frente al aborto, la pederastia de los curas es un pecado venial. Arroparon a Jaime Mayor Oreja los ultras de siempre, desde Aznar a Rajoy. No todos del PP. ¬ŅImaginan? Acertaron. Tambi√©n estaba Enrique M√ļgica Herzog, el ex “defensor” del pueblo.
Las dos bodas.
Los tres ejemplos de pel√≠cula, con sus parafernalias paralelas y, a pesar, convergentes, son la s√≠ntesis de la marca Espa√Īa. La hist√≥rica. Refugio de nazis, por un lado. Gracias a Washington que fue aliado no solo de Franco sino de Su√°rez, los Borbones, Aznar y hasta Felipe Gonz√°lez. El sentimiento espa√Īol est√° intima y sociol√≥gicamente ligado al concepto cl√°sico del nazismo.
La pervivencia de su rama, el franquismo, ha sido gracias a una derecha que lleg√≥ intacta a la Transici√≥n, marcando pautas y ritmos. Y a una izquierda timorata que en unos meses fue capaz de echar por tierra d√©cadas de oposici√≥n clandestina. Y que cuando entr√≥ en la gesti√≥n de poder derram√≥ definitivamente el √ļltimo resquicio de dignidad que le quedaba. Acierta Gordillo.
En cuanto al significado de las bodas, las mismas no pasar√≠an de un mero acto social sino fuera porque han logrado condensar a los dos poderes, tambi√©n paralelos y a pesar tambi√©n convergentes que se reparten la direcci√≥n de ese llamado conflicto vasco-espa√Īol. Un conflicto hist√≥rico, y un abordaje tambi√©n hist√≥rico.
Por simplificar, Mayor Oreja escenificar√≠a la vertiente militar y Del Burgo la ideol√≥gica. M√°s de uno recordar√≠a el criterio pol√≠tico-militar. Mi sabidur√≠a, bien poca por cierto, no ser√≠a suficiente para afirmarlo. Quiz√°s intuirlo. No m√°s. Junto a ellos, los condimentos habituales: banqueros (Rato), iglesia (Ca√Īizares), monarqu√≠a (Borb√≥n)… todos ellos interesados en un escenario muy similar al de hace cien a√Īos.
En ocasiones mis comentarios pueden parecer llevados al extremo. Esta es una de ellas y por ello acudo a la hemeroteca. ¬ŅRecuerdan que Aznar ech√≥ en cara a los √°rabes el no haber perdido perd√≥n por una supuesta invasi√≥n de la Pen√≠nsula Ib√©rica hace 800 a√Īos? M√°s. Tal como lo supimos, gracias a los telegramas desvelados por Wikileaks, Rava Bhalla, directora de Inteligencia Pol√≠tica de la CIA, dijo que Aznar era “un ultra, mucho m√°s que todos los funcionarios israel√≠es a los que he escuchado”.
Hace una década, Xabier Arzalluz levantó las faldas a los Oreja, a quienes denunció por estar detrás de agencias de seguridad, escoltas, etc. Tres hermanos Mayor Oreja más el actual presidente hispano Rajoy presentaron una demanda por las declaraciones. La perdieron. Lo dicho por Arzalluz era cierto hasta el punto que aparecieron, gracias a los registros, otras empresas relacionadas con la seguridad, todas con sello Oreja. La guerra siempre ha sido negocio, más para unos que para otros.
La ideolog√≠a totalitaria de Del Burgo, su apego a los valores de la que su iglesia llam√≥ Cruzada, su manipulaci√≥n de la historia, su peso en las decisiones de Espa√Īa (hasta el punto de marcar la l√≠nea de discurso borb√≥nica en las celebraciones de los 500 a√Īos de la conquista de Navarra)… caracteriza el otro surco. Uno de los alborozados de pata negra con la pol√≠tica de exterminio, con el apartheid… Reconvertido, como Fraga, del franquismo (nazismo) a la democracia.
En una Europa sin el atomismo espa√Īol, con una cultura democr√°tica forjada de la derrota del nazismo en 1945 (excepto en Espa√Īa), personajes como los citados formar√≠an parte de las c√ļpulas del NPD alem√°n, FP√Ė austriaco, FN franc√©s, SRS serbio o el reciente Amanecer Dorado griego. La mayor√≠a de los medios de comunicaci√≥n se mueven tambi√©n en esa √≥rbita. Si descendi√©ramos al m√°s profundo de los infiernos, el de los tertulianos, la percepci√≥n ser√≠a m√°s aguda, a√ļn. Este es, precisamente, el n√ļcleo gordiano. El freno a cualquier avance democr√°tico, a la resoluci√≥n hist√≥rica de un largo conflicto.

AL CAMARADA IOSIF VISSARIONOVICH URKULLU

Hay un recurso en el mundo de la derecha autonomista vasca que se repite desde hace ya varias décadas, independientemente de las formas en las que se escenifique el conflicto. El recurso es tan antiguo y manido que su utilización desprende, al margen de un fuerte olor a naftalina, un eco asimismo vetusto sobre quien lo usa.
En el contexto del acuerdo de resucitar el muerto de Ajuria Enea (PNV, PSOE y PP), repetido en las diputaciones de Araba y Bizkaia, en Kutxabank, en los discursos sobre la crisis y las reformas y, sobre todo, en la coincidencia por entender la política como un medio clientelista, el presidente jeltzale, candidato a la lehendakaritza, ha comparado a los métodos de Bildu con los de Iosif Stalin, el ogro por excelencia del siglo XX, junto a Hitler.
Desde los tiempos en los que el partido (jeltzale) era dominado por Ant√≥n Irala, Juan Ajuriagerra, Julio Jauregi y compa√Ī√≠a, el fantasma del comunismo ha sido uno de los ejes centrales aireado para denostar a quienes no eran de batzoki y misa dominical. Todav√≠a hace unas semanas, el ex de BBK Xabier Irala, en una semblanza de su padre Ant√≥n, agente de la CIA y esp√≠a yankee en lugares tan lejanos como China, llamaba a ETA “organizaci√≥n marxista-leninista”.
La descalificaci√≥n de la izquierda abertzale como “esbirros de Mosc√ļ”, perdi√≥ enteros cuando se derrumb√≥ el Muro de Berl√≠n. A√ļn as√≠, y para continuar la l√≠nea de sus maestros, la frase de Urkullu ha venido a sustituir a las ocurrencias del habitual azote anticomunista (hoy retirado en un foro de “unos once”), Jos√© Antonio Rekondo, estrella medi√°tica gracias a su comparaci√≥n de los soberanistas vascos con las huestes del alban√©s Enver Hoxha, el no va m√°s en la interpretaci√≥n m√°s ortodoxa del comunismo.
Semejantes necedades no son √ļnicamente atribuibles a los michelines jeltzales, curtidos en seminarios donde el sentimiento m√°s progresista es depositar unas monedas en la hucha de la cuestaci√≥n del Domund, sino tambi√©n a resentidos de la pol√≠tica local como Od√≥n Elorza, el donostiarra que compar√≥ a sus conciudadanos de izquierdas con los seguidores de Mao Zedong.
Coincid√≠a Elorza con Antonio Basagoiti, que hace bien poco tild√≥ a la izquierda abertzale (“ETAsuna”) con el calificativo de marxista-leninista-mao√≠sta. Probablemente porque no tuvo los reflejos suficientes para encontrar alg√ļn “ista” diferente. Hab√≠a pensado en cierta ocasi√≥n que superar a Iturgaiz al frente de la derecha ultramontana ser√≠a complicado, pero Basagoiti nos demostr√≥ lo sencillo que es hacer pol√≠tica despu√©s de que Reagan y Bush (hijo) llegaran a la Casa Blanca.
La descalificaci√≥n del adversario pol√≠tico por comunistoide fue norma de los aliados de Washington desde la Guerra Fr√≠a. El capitalismo es la palabra dada por Yahveh, la base de la democracia y sus sistemas de juego. La corrupci√≥n, el clientelismo (segunda vez que lo cito en el art√≠culo), las desviaciones… son males menores frente a la repartici√≥n de la riqueza. Sabemos los rojos, que el estado superior del capitalismo es… el fascismo.
La defensa de ese capitalismo de corte norteamericano llevó al PNV a ser el enlace en la reorganización de la democracia-cristiana europea. Fondos sin fondo y una serie de contraprestaciones de las que enrojecen al escribir la historia. Por eso semejantes paréntesis en la crónica jeltzale, efectivamente centenaria.
Por ello, en medio de esa defensa a ultranza del color del dinero (Ezeizabarrena versus Alduntzin), de esa justificaci√≥n de la corrupci√≥n como mal menor (Bravo versus LAB), de esos da√Īos colaterales (Azkuna versus Cabacas), de aquel golpe de Estado en Venezuela (Anasagasti versus Chavez), del √©xito y vigencia de la doctrina Parot (Erkoreka versus Troiti√Īo)… est√°n las bases program√°ticas. La raz√≥n de la existencia.
Y en esas bases program√°ticas todo cabe. El √ļnico objetivo es la estabilidad, el sostenimiento del Estado, ya sea franc√©s, ya espa√Īol. La legitimaci√≥n del Estado en Euskal Herria. A cambio de algo. Siempre habr√° algo, como la transformaci√≥n de la B en Bizkaia o la ca√≠da de la “u” en Gipuzkoa. Nimiedades para justificar grandes proyectos: negaci√≥n de derechos, reformas laborales, dispersi√≥n de presos (incluida la aplicaci√≥n de la doctrina Parot). Construcci√≥n de Espa√Īa.
Siempre habr√° una justificaci√≥n para apoyar al PSOE o al PP en la legitimaci√≥n del Estado. Aunque esa legitimaci√≥n pase por huir del pa√≠s que le vota, de las instituciones que le pagan, de los despachos que le acogen. Una justificaci√≥n a veces estrat√©gica, como la de Euskaltel, argumento para apoyar al Gobierno de Aznar durante cuatro a√Īos. Pero que luego se vuelve intrascendente cuando uno de sus kamikazes (Fern√°ndez), necesita hacer caja y pone en venta apresuradamente a esa justificaci√≥n hist√≥rica, Euskaltel.
Una justificación para hacerse hueco en Navarra que pasaba por apoyar a UPN y expulsar a los críticos de aquella maniobra inteligible para la mayoría abertzale. Aunque fuera su dirección. Una justificación que transitaba por justificar la lucha armada en Iparralde, cuando la misma dividía a la izquierda abertzale, preparando al sur del Bidasoa una policía siguiendo métodos militares hispanos para enfrentar, precisamente, a quienes en Hegoalde practicaban la lucha armada.
Una justificaci√≥n que llegaba desde el coraz√≥n del sistema para apoyar en cuerpo y alma la materializaci√≥n de la energ√≠a nuclear a unos pasos de Bilbao (Lemoiz), porque hechos como el de Chernobil o Fukushima eran √ļnicamente posibles en las mentes de cuatro ignorantes ecologistas que de econom√≠a no ten√≠an ni idea. Y que, como sabemos de sobra, gracias a la memoria que se asienta en nuestro cerebro humano, desde entonces, desde el cierre de Lemoiz, nuestro equilibrio alimentario ha sido un desastre, debido precisamente a la dieta exclusiva de berzas.
Un partido que hace 20 a√Īos, cuando gobernaba en coalici√≥n con EA y EE en el Gobierno de Gasteiz ya marc√≥ las cartas de preferencia. Cuando los antiguos escindidos, es decir los de EA, se sumaron a algunas iniciativas municipales que demandaban la independencia para Euskal Herria, el PNV no tuvo reparo en disolver el Gobierno de coalici√≥n expulsando de su seno a quienes hab√≠an puesto en entredicho su pol√≠tica exclusivamente autonomista.
La lista de la apuesta ser√≠a tan larga como concisa. La hemeroteca nos deja perlas con estilo, corbatas de Balenciaga, desfases espectaculares en las haciendas de Gipuzkoa, Araba y Bizkaia, tragaperras con las l√≠neas del s√≠mbolo del d√≥lar en sinton√≠a, despistes millonarios en el Guggenheim, agentes 86 desplegados de inc√≥gnito por la calle Dato…
El sano regionalismo de Fraga, de Vocento, de Deia, de Su√°rez, de la Conferencia episcopal, de los coros maitias de parroquias y catequesis, del centenario del cuartel de Garellano, de los michelines jeltzales… casa, como no podr√≠a ser de otra manera, con el ataque frontal a quienes ponen en tela de juicio que el mundo, que Europa, que Euskal Herria sea un lugar para la especulaci√≥n y el juego. Ese juego cuyo resultado lo sabemos de antemano: siempre toca. Al mismo. Al patr√≥n, al pol√≠tico corrupto, al mentiroso, a quien entiende la pol√≠tica como un fin en si mismo.
A estas alturas, la mayor acusación que se le puede hacer al PNV es obvia: la legitimación de un Estado que no tiene avales en Europa, como bien lo exigía Helsinki. Un Estado corrupto (más de mil casos abiertos en 2011 a cargos electos, la mayoría del PP y del PSOE), donde la banca privada ordena y manda en los mercados y la Guardia Civil en los cuarteles. Un Estado vengativo con su disidencia. Un Estado con unos medios de comunicación vergonzosos para la libertad de expresión. Sumiso ante un monarca y una familia de pillos de guante blanco.
Un Estado cómodo para esa derecha autonomista vasca que agita el fantasma del comunismo, del demonio rojo con cuernos y rabo, que necesita a ETA más que nadie y, ante su ausencia, no duda en retroceder a la Guerra Fría. Para volver a empezar en el bucle eterno. De la lucha de clases, como diría Marx. O quizás lo dijo Txabi Etxebarrieta. Ya no lo recuerdo. De entonces me queda, sin embargo, una convicción. Del fracaso del PNV, estrepitoso y catastrófico como lo anunció el vicelehendakari Xabier Landaburu, surgió la ilusión del cambio. En esas estamos. Todavía.

Mayoria sindical

El empuje de la sociedad a lo largo de su historia reciente ha convertido al espacio pol√≠tico vasco en un modelo especial dentro del sistema democr√°tico europeo (burgu√©s). Los partidos pol√≠ticos han sido, habitualmente, el referente social, en ese desempe√Īo de funciones en los que la participaci√≥n electoral pasa por ser el mecanismo pr√°cticamente √ļnico de ejercicio democr√°tico.
Estos partidos tuvieron, no hay que olvidarlo, su origen en la eclosi√≥n de una sociedad industrial hoy profundamente modificada y convertida, en gran parte, en una sociedad de servicios. De la misma manera, el sindicalismo, apareci√≥ en un magma que hoy, 100 o 50 a√Īos, despu√©s, ha sufrido una gran transformaci√≥n.
La experiencia vasca nos ha mostrado una sociedad dinámica, lejos de los comportamientos habituales de las similares en su entorno cercano, con unos códigos de conducta que no se mueven en los parámetros capitalistas modernos, tanto en su génesis como en su oposición. No somos, sin embargo, el ombligo de la reflexión, pero si conformamos un espacio comunitario que no tiene parangón en Europa.
Habitualmente, la especulaci√≥n sobre esta cuesti√≥n se ha trasladado a un punto de inflexi√≥n, localizado en los √ļltimos a√Īos del franquismo, y a la existencia, hecho ins√≥lito, de una organizaci√≥n que practicaba la violencia revolucionaria como elemento de presi√≥n pol√≠tica.
El hecho de un conflicto violento, de carácter prolongado, habría modificado los escenarios habituales, tanto de una dictadura como de una democracia (en la que dos grandes bloques, PP y PSOE, servirían a un mismo interés), alterando las vías de trabajo y desarrollo que, sin violencia, habrían sido otras. En la teoría.
Por ello se justificar√≠a, entre centenares de ejemplos posibles, el apoyo a la guerra sucia, la tortura o las redes tan tenebrosas como Gladio, incluso rompiendo la disciplina de voto en Estrasburgo (los socialistas espa√Īoles antes espa√Īoles que socialistas), o el apoyo a una transici√≥n vergonzosa a la que incluso se sumaron los comunistas hispanos.
Discrepo de esta sensaci√≥n general de que el huevo fue antes que la gallina. Fue precisamente una sociedad tan din√°mica como la vasca, con una voluntad de cambio tan fuerte y con un sentimiento de comunidad tan arraigado, la que hizo posible el surgimiento de ETA. Que podr√≠a haber tenido otro dise√Īo. Pero circunstancias (liberaci√≥n de Cuba, derrota yanqui en Vietnam o levantamiento en la casbah argelina) provocaron que la herramienta para el cambio fuera un Movimiento de Liberaci√≥n y no, por ejemplo, un sindicato (como lo fue en la Polonia pre Perestroika).
La magnitud del enemigo, y del adversario político que se alió con sus movimientos, provocó también un terremoto en el escenario. El particularismo vasco ha sido notorio. Y no voy a enfrascarme en una descripción a la que recurro una y otra vez, la de los grupos de presión y su actitud en el conflicto, sino a una de las partes que alguien considera subsidiaria y que, desde mi opinión, es justamente lo contrario. En estos tiempos que corren, el sindicalismo es, por naturaleza, un movimiento tremendamente político. Más que nunca.
No hay que ser un lince para constatar, precisamente, que un pa√≠s (Espa√Īa) con cinco millones de parados (la mitad j√≥venes), el mayor √≠ndice de Europa, dos rescates a cuestas y un 20% de su poblaci√≥n rebasando los l√≠mites de pobreza, debe su paz social al clientelismo sindical. A la “despolitizaci√≥n” de sus elites, transmitida a todos sus aparatos, para perpetuar el inter√©s gremial por encima del general, lo que en definitiva nos conduce a la primac√≠a de lo privado sobre lo p√ļblico.
La particularidad vasca proviene de lejos, tambi√©n en este escenario. Las mayor√≠as sindicales espa√Īolas, clientelistas, son hegem√≥nicas en las llamadas nacionalidades perif√©ricas peninsulares, tambi√©n en Catalu√Īa (aunque a diferencia de sus hom√≥nimas vascas son catalanistas). Euskal Herria, su franja peninsular, es la excepci√≥n. A pesar de que en sus or√≠genes, la g√©nesis del sindicalismo hispano no anarquista (UGT, USO y CCOO) se dio entre nosotros, en especial desde Bizkaia.
El sindicalismo vasco bajo el paraguas de ELA evolucion√≥ desde los postulados cat√≥licos, como el partido que lo sustentaba (PNV), hasta posiciones de clase, anticapitalistas. Rompi√≥ con sus or√≠genes y pas√≥ un desierto a finales de los a√Īos 70, por influencia precisamente de los viejo y de lo nuevo, por reacci√≥n y contracci√≥n. ELA fue convirti√©ndose en lo que hoy es porque, desde sus a√Īos traum√°ticos (m√°s de cinco corrientes se disputaban su nombre), tuvo a su izquierda a un sindicato como LAB que marcaba posiciones estrat√©gicas y pol√≠ticas claramente definidas. Probablemente acumulando interpretaciones err√≥neas (ambos), pero, a fin de cuentas, abriendo camino.
No hay que pasar por alto que en las primeras elecciones sindicales de la era moderna (hace poco m√°s de 30 a√Īos), UGT fue el sindicato mayoritario de los trabajadores y trabajadoras vascas. Aquella escena es hoy s√≥lo historia y, como es sabido, ha dejado paso a ELA en la c√ļspide de la representaci√≥n sindical. Junto a LAB, fuerza predominante en los sectores m√°s combativos, en la mayor√≠a sindical de nuestro pa√≠s.
La evolución de ELA fue, fundamentalmente, política. Su proceso pasó desde la aceptación del proyecto autonomista y la división territorial, con matizaciones en lo político, hasta la apuesta soberanista y de profundización de la política reivindicativa. Este cambio lo fue por la constatación de la ineficacia del Estatuto de Autonomía para favorecer un marco autónomo de las relaciones laborales. La escasa eficacia de las políticas de los gobiernos autónomos desde 1986 hasta 1998 forzaron a una convergencia política del sindicalismo de referencia vasca.
Y así, la función de ELA como fuerza socio-laboral y también política, provocó el acercamiento de posturas entre las dos principales expresiones del sindicalismo vasco, ELA y LAB. Un acercamiento que arrastró también a STEE-EILAS, EHNE, ESK, e Hiru. Unión que conformaría la denominada mayoría sindical vasca.
Una convergencia empujada precisamente por el agotamiento del modelo auton√≥mico. As√≠ que el acuerdo de 1993 sobre reindustrializaci√≥n suscrito por ELA y LAB (Con apoyo de CCOO al principio), representar√≠a no tanto un encuentro puntual sino el despegue de una estrategia de alcance sindical y pol√≠tica que definir√≠a el sujeto de la clase trabajadora vasca como protagonista del cambio. Esa convergencia ser√≠a puente entre el autonomismo y el rupturismo pol√≠tico que hasta los a√Īos 90 hab√≠a adolecido precisamente de transversalidad.
En septiembre de 1998 la mayor√≠a pol√≠tica, social y sindical vasca, suscribi√≥ el Acuerdo de Lizarra-Garazi. ELA hizo este recorrido en un tiempo en el que ETA actuaba para modificar el escenario. Hasta 2007, en el que la reflexi√≥n sobre la apuesta soberanista, a la que ELA hab√≠a aportado un bagaje importante, llev√≥ a que ETA reconsiderara su protagonismo y, finalmente, anunciara, el pasado a√Īo, el fin del “ciclo armado”.
Y es aqu√≠, en este capitulo al que, nuevamente lo recuerdo, ELA ha contribuido, donde el sindicato hist√≥rico echa marcha atr√°s. Como si le invadiera el v√©rtigo. Las declaraciones recientes de su secretario general se√Īalando que “no existe otro camino para la defensa de los intereses de clase que la interpelaci√≥n no subordinada a la pol√≠tica”, me han sorprendido. Much√≠simo. No soy nadie para reprochar. S√≥lo es una reflexi√≥n.
ELA es una pieza necesaria e imprescindible para el futuro soberanista. No firm√≥ el Acuerdo de Gernika, como tampoco ha dado esos pasos que hace diez a√Īos ofreci√≥ precisamente en un escenario m√°s adverso. Y ahora lo ha hecho probablemente por cuesti√≥n de protagonismo pol√≠tico (o ausencia del mismo). Por temor a perder espacio.
Si es as√≠ no ser√≠a una buena noticia para nuestro pa√≠s. La sociedad vasca es la que carga sus herramientas para alcanzar sus objetivos y para mantener su cohesi√≥n. Estos instrumentos no pueden ser un fin en si mismo, como en alguna ocasi√≥n lo fueron incluso en la izquierda abertzale. Un proyecto soberanista necesita de una mayor√≠a sindical implicada desde sus entra√Īas. Porque ese proyecto es, asimismo, una propuesta anticapitalista.

Maniobras

Euskal Herria con sus casi 21.000 kil√≥metros cuadrados de superficie, es un extenso campo de maniobras, a cielo abierto, como las minas de Gallarta que cambiaron hace ya tiempo nuestra fisonom√≠a. Ya puede el paseante sentarse en el jard√≠n de Alderdi Eder frente a la Concha, con el antiguo Casino, actual Ayuntamiento, a sus espaldas, ya caminar a la vera del monstruo inacabado de Krea en Gasteiz entre bonos basura y deudas impagables, ya surfear entre las olas cercanas al faro de Sokoa que, de noche, ilumina la vivienda de la ya olvidada Michelle Alliot-Marie…
La percepci√≥n, por una vez, es la misma. Somos poco m√°s de tres millones los habitantes de este pa√≠s. Los mismos que propuso Le Corbusier para esa Par√≠s ¬ęradieuse¬Ľ que hab√≠a dise√Īado en medio de la utop√≠a urbana. Radiante. Un poco menos que la poblaci√≥n de Uruguay, en una extensi√≥n similar a la de El Salvador o la provincia Tucum√°n, la m√°s chiquita de Argentina. Ni Par√≠s, sin embargo, ni San Salvador, ni San Miguel, capital de Tucum√°n, soportan, en la actualidad, el flujo de las ruedas de los carros de fuego. Aqu√≠, nos tienen de maniobras.
La decisi√≥n del Constitucional de legalizar a Sortu trajo la v√≠spera, el d√≠a en que el Estado tuvo conocimiento de lo que iba a suceder, movimientos de soldados espa√Īoles en uno de sus lugares preferidos: Gorbea. All√° donde, durante los √ļltimos a√Īos del franquismo, se produjo una sistem√°tica persecuci√≥n, al modo del gato y el rat√≥n, con la ikurri√Īa de fondo. La oposici√≥n, clandestina, se encargaba de mantener la ikurri√Īa permanentemente y la Guardia Civil (cuerpo de intervenci√≥n militar) de quitarla.
Hoy, los militares colocan la espa√Īola y de paso despliegan efectivos ante un enemigo imaginario cuyo trasfondo percibimos con temor. Ya no se trata de una invasi√≥n a trav√©s de Gibraltar de las nost√°lgicas tropas de Boabdill, o de los aliados europeos por Baztan, superando la l√≠nea Guti√©rrez de b√ļnkeres. Hoy, lo dice la Constituci√≥n espa√Īola de 1978, el Ej√©rcito debe velar por los enemigos ¬ęinternos¬Ľ.
En Donostia, hemos asistido a una guerra de banderas de baja intensidad, en comparaci√≥n con otras que llevaron al Ej√©rcito espa√Īol a exhibir una ikurri√Īa como trofeo en su Museo Nacional en Madrid. La Comandancia de Marina, ante el escaso tama√Īo de la municipal, exhibe una espa√Īola de dimensiones colosales, sobre una balconada adornada, asimismo, con los colores rojigualdos, como si Donostia fuera Villar del R√≠o, el pueblo imaginario de ¬ęBienvenido Mister Marshall¬Ľ.
Los militares son muy dados a los gestos, a exacerbar los s√≠mbolos. Hace unas semanas los encontramos por los Intxortas, en el aniversario de la batalla y de la matanza consiguiente. Ofendidos por el relato, las botas de campa√Īa resonaron por el mismo lugar que hollaron hace 75 a√Īos otros militares, fascistas. No pueden soportar que la historia no sea una, grande y libre, como lo fue el lema de aquel nefasto r√©gimen.
Pero, quien es ese enemigo interno ¬ŅSon los del 15M? ¬ŅSon los comunistas de Carrillo? ¬ŅLos permanentemente solidarios con Madrid de CiU? ¬ŅLos homosexuales que se manifiestan por La Castellana? ¬ŅLos animosos so√Īadores de la Tercer Rep√ļblica? ¬ŅLos ocupas del San L√°zaro sevillano? ¬ŅLos art√≠culos incendiarios de Amadeo Mart√≠nez Ingl√©s? No creo que tenga que ver con ellos. El enemigo ¬ęinterno¬Ľ que citaba la Constituci√≥n era el separatismo. El de los vascos.
Las maniobras no afectan √ļnicamente al estamento militar. Poderes estructurales, pol√≠ticos, sociales, f√°cticos… No hay un solo rengl√≥n despistado en medio del texto que estamos escribiendo. La raz√≥n de semejante estado de cosas tiene que ver con el cambio. Un cambio que est√° en marcha, a pesar de las reticencias entre quienes se han sentido c√≥modos en el escenario anterior.
El futuro m√°s cercano es, precisamente, el que ha convertido a nuestro territorio en ese extenso campo de maniobras. La clave se encuentra en que un d√≠a las ciudadanas y ciudadanos de este pa√≠s ejercer√°n el derecho de autodeterminaci√≥n. Como lo va a ejercer Escocia, como lo hizo Quebec. Es lo que tiene la democracia. No hay discusi√≥n sobre su idoneidad sino sobre el c√≥mo hacerlo. Sobre el respeto a las probables minor√≠as (espa√Īola, latina, rumana…), sobre el calendario, sobre el traspaso de poderes…
Por eso, muchos de los movimientos de estos √ļltimos meses van precisamente en esa direcci√≥n. La solidez soberanista, en medio de la crisis financiera y econ√≥mica, es notoria, creciente. La sociedad vasca se est√° contaminando del virus independentista y esta ¬ęcontaminaci√≥n¬Ľ va a m√°s. Por impulso generacional, por contraste de proyectos, por razones hist√≥ricas y, sobre todo, por voluntad.
Es el proyecto soberanista, adem√°s, el √ļnico transparente, por razones entre otras ideol√≥gicas, al que no le han salpicado las pol√≠ticas corruptas, el clientelismo, la servidumbre bancaria, etc. Y en aquellos lugares donde hist√≥ricamente ha podido gobernar, su gesti√≥n ha sido avalada en la mayor√≠a de las ocasiones en las que ha podido contrastar electoralmente su proyecto. Es un valor en alza.
La direcci√≥n para el debate de quienes dirigen las maniobras tiene que ver con estratagemas de despiste, de enga√Īo que dir√≠a Sun Tzu. Sabemos, saben, que el problema no era la lucha armada, el terrorismo… (pongan aqu√≠ el sustantivo adecuado a su percepci√≥n), sino el proyecto pol√≠tico. Y por eso deslizan sostenidamente √≥rdagos a la peque√Īa. √ďrdagos que no permiten ganar una partida sino muy probablemente perderla.
Por estos motivos, y en especial por la irreversibilidad del cu√°ndo en el ejercicio del derecho de autodeterminaci√≥n, estamos en tiempos de maniobras. El Ej√©rcito ha amagado con sus movimientos habituales. El Estado ha se√Īalado hace unas semanas, que est√° dispuesto a trampear el censo electoral (como en el Sahara), con tal de tener posibilidades de ganar en ese refer√©ndum imparable.
Vocento, la voz de Estado en Euskal Herria, tambi√©n est√° de maniobras. Con una mano aplaude al ministro Fern√°ndez cuando amenaza con ilegalizar Bildu y echa pestes sobre la legalizaci√≥n de Sortu y con la otra saluda al PNV como si fuera la √ļnica baza para la salvaci√≥n espa√Īola. Dos portadas en dos domingos consecutivos a los jeltzales. ¬°Qui√©n lo dir√≠a!
La primera a Egibar, a quien ha ninguneado desde los tiempos de Josu Jon Imaz, y la segunda a una encuesta con unas conclusiones que parecen salidas de una taberna. Quiz√°s de una oficina de una sola bandera, la hispana. Como en las municipales de 2011, el PNV primera fuerza en la CAV. Dice Vocento: ¬ęEl trabajo sociol√≥gico descarta cualquier posibilidad de que se produzca el `sorpasso’; esto es, de que la izquierda abertzale tradicional se imponga por primera vez en la historia a los jeltzales¬Ľ. ¬ŅHab√≠an tenido conocimiento en alguna ocasi√≥n de semejante sandez trat√°ndose de una proyecci√≥n?
En 2011, Vocento, a trav√©s de Ikerfel, empresa de marketing, hizo un estrepitoso rid√≠culo, demostrando que sus encuestas no son tales sino directrices encaminadas a dirigir el voto. En Gipuzkoa, por ejemplo, dio un empate t√©cnico entre PNV y PSOE para las forales de 2011, dejando a Bildu en tercer lugar a 5 esca√Īos del PNV. Las cifras no fueron siquiera cercanas: Bildu sac√≥ 8 esca√Īos al PNV y 12 al PSOE.
Sea un resultado, sea otro, las maniobras contin√ļan sobre un extenso campo. El Estado las contempla de larga duraci√≥n: goteo en detenciones, amenazas de ilegalizaci√≥n, presos como rehenes, normas para el desarrollo financiero… Una forma de abordarla, sin duda, una m√°s. Contemplaba la escisi√≥n soberanista y, al no producirse, la apuesta actual pasa por el desgaste.
Supongo que los protagonistas de estas conclusiones y los generales de estas maniobras habr√°n hecho sus reflexiones. Quiz√°s sobrevaloradas. Sabemos que, por encima de razones, Espa√Īa se mueve por sensaciones. Y eso tiene su coste, sobre todo en los tiempos que corren. Cuando las frenadas son demasiado pronunciadas el golpe es inevitable.