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La luz que rompe la soledad

Dec√≠a Ovidio, hace ya dos milenios, que ‚Äúla gota abre la piedra no por su fuerza, sino por su constancia‚ÄĚ. A veces, en la impaciencia del presente, sue√Īo que la piedra se resquebraja de repente, como azuzada por un rayo. Y otras, en cambio, en las noche m√°s tristes, me revuelco en el espejismo del fracaso, de una piedra eterna que no existe.
Piedra tras piedra, hasta componer un muro, el recinto encierra amigos. Y ellos son el origen de mi desasosiego. Y, sin embargo, el principio de alegrías y certezas. El comienzo de la solidaridad. El sonido que acude a la ventana, la luz que rompió la soledad. Palabras de Neruda.
El sistema penitenciario espa√Īol, ya lo dijo el ex ministro del Interior espa√Īol y jefe de la oposici√≥n a Rajoy, el ‚Äúsocialista‚ÄĚ P√©rez Rubalcaba, es el m√°s duro de Europa. Una piedra gigantesca. Que es lo mismo que decir, trat√°ndose del tema que nos ocupa, el m√°s inhumano. La c√°rcel fue dise√Īada para la redenci√≥n del preso y, por tanto, como fin en si misma. En Espa√Īa, sin embargo, la c√°rcel es el comienzo del castigo, la primera puerta que abre otras de mayor recorrido.
A finales de 1989, diversos presos comunistas espa√Īoles comenzaron una huelga de hambre para protestar contra la pol√≠tica penitenciaria y, en especial, contra la dispersi√≥n. Entonces, el PSOE dirig√≠a el Gobierno en Madrid: Jos√© Luis Corcuera ministro del Interior, Antoni Asunci√≥n director de Instituciones Penitenciarias y Enrique M√ļgica Herzog ‚Äúdefensor‚ÄĚ del pueblo.
A medida que la protesta iba colectiviz√°ndose, las declaraciones de los dirigentes socialistas fueron, exponencialmente, m√°s crueles. Asunci√≥n compar√≥ a los huelguistas con los j√≥venes con anorexia y M√ļgica Herzog, golpista en 1981 con Tejero, habl√≥ de una ‚Äúsupuesta‚ÄĚ huelga de hambre. En mayo de 1990, Jos√© Manuel Sevillano fallec√≠a, despu√©s de 177 d√≠as de protesta. En la prisi√≥n de Alcal√°-Meco. Nadie rectific√≥ lo dicho.
Del joven de Txurdinaga Joseba Asensio, cuya muerte fue casi como una pesadilla, me llega el recuerdo de las seis huelgas de hambre que realiz√≥. Y tambi√©n, algo que no olvidar√© jam√°s, el asalt√≥ policial a su cad√°ver por las calles de Bilbao, sin piedad. Inhumano. Ni los muertos tienen descanso para una generaci√≥n de responsables pol√≠ticos surgidos al calor del falangismo y del matonismo. Sin tregua posible. Alfonso Guerra lleg√≥ a decir que la carga policial contra un muerto y su familia fue un ‚Äúmontaje para conseguir votos‚ÄĚ.
Joseba hab√≠a acudido a que le auscultaran. Sent√≠a fatiga. No es nada, apenas un catarro, le debieron decir. La m√©dico de la c√°rcel de Herrera, Nuria Castro fue procesada. Incluso el fiscal pidi√≥ seis a√Īos de prisi√≥n para ella. Porque Joseba Asensio hab√≠a muerto de tuberculosis. La defensa de Castro aleg√≥ ‚Äúescasez de medios sanitarios‚ÄĚ. La m√©dico fue absuelta y Antoni Asunci√≥n, el mismo de las declaraciones de Sevillano, la ascendi√≥ y traslad√≥ de Herrera a Alcal√°-Meco.
Una burla m√°s.
Entre los numerosas b√ļsquedas de desaparecidos de la guerra civil y del franquismo que he realizado, o quiz√°s deber√≠a decir he ayudado a completar, hubo una que me impact√≥, entre tantas. Por no aburrir dir√© que, en lo esencial, un preso vasco, natural de Oria, hoy Lasarte, fue dispersado, como era costumbre, lejos de su domicilio. √Āngel Garro. Lo trasladaron hasta Galicia. El n√ļmero de prisioneros era enorme y los franquistas tuvieron que echar mano de cualquier artilugio que convirtieron en c√°rcel.
Uno de ellos fue un barco creado en los astilleros Euskalduna que trasladaron hasta la bah√≠a de Vigo, el Upo Mendi (desguazado en Gij√≥n en 1962). All√≠ encerraron a nuestro compatriota. Pasaron los a√Īos y como Joseba Asensio, el preso de Oria fue abandonado a su suerte. Muri√≥ de tuberculosis. Y su muerte la ocultaron a la familia que, por razones obvias (sin medios econ√≥micos, sin salvoconductos para viajar por ser tachados de rojos), no ten√≠a noticias del allegado.
A los meses, Franco indult√≥ a varios miles de presos pol√≠ticos. El r√©gimen necesitaba mano de obra. La familia de Oria recibi√≥ la noticia. √Āngel Garro ser√≠a liberado. Se dirigieron a Instituciones Penitenciarias que tramit√≥ su proceso de libertad con la direcci√≥n del Upo-Mendi. La alegr√≠a se convirti√≥ en pesadilla, como la de las calles de Bilbao de 1990. Entonces, la familia supo que el preso llevaba varios meses muerto. Nadie les hab√≠a comunicado ni su suerte, ni su destino, que lo conocieron, grosso modo, en 2005.
Por eso era el sistema más inhumano de Europa durante décadas. Hasta hoy.
Un sistema para gloria y orgullo de una administraci√≥n que no puede estar sino enferma. Nadie que hable en par√°metros de humanidad puede vanagloriarse de la venganza de los m√°s d√©biles, del acoso a los enfermos, del desprecio a los muertos, de los logros de una pol√≠tica dise√Īada para el exterminio. Como lo hicieron en centenares de ocasiones, en el franquismo, en la transici√≥n, en la ‚Äúdemocracia‚ÄĚ.
Como lo han hecho varios agentes auton√≥micos, esos cuyo nombre es originario de Persia, sipahi, y sirvieron para designar a los soldados nativos reclutados por el imperio brit√°nico para defender a la metr√≥poli. Lo ocurrido en el Hospital Donostia con un preso en huelga de hambre, enfermo terminal, es un reflejo m√°s de un cuerpo policial contaminado por mandos y discursos canallas. En l√≠nea de la muerte de I√Īigo Cabacas e impunidad posterior.
Hace ya un tiempo que anot√© para esta ocasi√≥n la frase de Jos√© Mart√≠: ‚ÄúPor ley de historia, un perd√≥n puede ser un error, pero una venganza es siempre una infelicidad‚ÄĚ. Y los modelos que practican, que expanden quienes manejan los hilos de nuestra sociedad, en especial los de los presos, son proyectos fundamentados en personalidades infectadas. Funcionarios de la c√°rcel de Palma (Mallorca) acaban de decir que los presos ‚Äúest√°n mejor dentro que fuera‚ÄĚ. Una buena noticia para identificar la enfermedad.
La sociedad que promueve y que soporta el sistema penitenciario espa√Īol es, precisamente, la antitesis del mundo que promueven los presos vascos. La primera es vengativa, chulesca, racista, mentirosa‚Ķ La segunda‚Ķ lean la carta de Iosu Uribetxeberria y conocer√°n las respuestas. En esencia, solidaridad y humildad.
Esas dos cuestiones, son precisamente, las claves que separan dos mundos. Astuto como nadie, el diario de Vocento en Gipuzkoa lo se√Īal√≥ de una manera tan notoria que es de agradecer: ‚ÄúOtegi se suma a la huelga de hambre en ¬īsolidaridad¬ī con Uribetxeberria‚ÄĚ. La particularidad llegaba en el momento que el titular entrecomillaba la palabra solidaridad.
Conocer√°n, porque la ortograf√≠a es b√°sica y sencilla, las razones de un entrecomillado: citas, formalismos, palabras inexistentes‚Ķ No es el caso. Hay dos posibilidades m√°s, seg√ļn la Academia de la Lengua: neologismos o palabras citadas con iron√≠a. En cualquiera de las dos eventualidades, el uso que hace el Vocento guipuzcoano del t√©rmino solidaridad es un nuevo esc√°ndalo.
Pero ese es precisamente el límite de los dos mundos.
Uno de ellos ridiculiza la solidaridad, porque no conoce su significado. Es el mundo de la venganza, del acoso al d√©bil. El racista hist√≥rico ungido por la mano de los dioses que suelta a sus perros para que despedacen a los indios, que recluta mano de obra barata entre los nativos para mantenerlos a raya. Que env√≠a al fondo del ba√ļl cualquier noticia relacionada con su actividad retorcida.
Y el otro, el que entiende efectivamente de solidaridad. La que han manifestado durante a√Īos y a√Īos, tantos que quiebran el l√°piz, los propios presos para con sus compa√Īeros. Los que no son presos para con ellos. Los que acudieron el s√°bado pasado en Donostia para mostrarle cari√Īo a Iosu. Los que lo hicieron a principios de a√Īo en Bilbo, en la m√°s grande movilizaci√≥n de nuestra historia.
El compromiso de los presos necesita de nuestro apoyo. De un apoyo descomunal, en línea con la magnitud del azote que sufren. Necesitamos de la solidaridad. Ellos y nosotros, en un juego recíproco. Iosu ha logrado lo que otros en otras épocas. Es, como dijo Neruda, esa luz que ha roto la soledad.

CRISIS, PLAN ZEN Y FOP

Llevo a mi espalda m√°s de medio siglo cargando enredos y si contara los que me dejaron mis antepasados quiz√°s la mochila ser√≠a imposible de soportar. As√≠ es que utilizo expresiones que sorprenden, m√°s por lo arcaico del t√©rmino que por ganas de llamar la atenci√≥n. En la televisi√≥n a√ļn me refiero al UHF para designar aquello que no es la cadena oficial. Aunque, la verdad, todas son muy parecidas. Y el quiosquero, con complicidad sin duda, me ofrece Egin para entregarme Gara, un juego sem√°ntico y rutinario nada m√°s, a pesar de que la Audiencia Nacional lo calific√≥ de “sucesi√≥n de empresa determinante”. ¬°Pobre quiosquero!
Por eso siempre me he referido a la Polic√≠a y Guardia Civil con una voz de mi tiempo, las FOP. Pura costumbre. Fuerzas de Orden P√ļblico. Ya s√© que, desde 1986, los comunicados oficiales las tildan de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, por aquello de que Felipe Gonz√°lez pensaba que con el cambio borrar√≠a su pasado franquista, en plena √©poca del GAL. Fue una tonter√≠a, porque el pasado lo llevaba encima, como mi mochila, con arrogancia. La suya. Acababa de hacerse con el Azor, el yate en el que Franco atracaba en Donostia, para pasearse en su proa por las costas mediterr√°neas, como el Borb√≥n en su Brib√≥n.
Entre nosotros decimos “Egia egi, ogia ogi, ardaua ardau, bi ta bi lau” que es algo as√≠ como el castizo “al pan pan y al vino vino”. Cambiaron el uniforme a la Polic√≠a Armada, del gris al azul, tambi√©n para obviar reminiscencias y al MULA (Mando Unificado de la Lucha Antiterrorista) se le cay√≥ una ma√Īana la √ļltima vocal, porque los chistes llenaban la mesa del ministro, creo que entonces era Jos√© Barrionuevo, aquel del “todos somos Barrionuevo” a la puerta de la c√°rcel de Guadalajara. El del secuestro de Segundo Marey, por entendernos.
Al ministerio de Gobernaci√≥n tambi√©n le lleg√≥ la hora y se transform√≥ en Interior. No se llevaron los muebles, ni las alfombras, ni siquiera pintaron las celdas de las comisar√≠as. Ni trituraron las fichas de los sospechosos. Poco a poco fueron desapareciendo los retratos del dictador, las banderas con el √°guila imperial y los lemas legionarios. Aunque aficionado a foros, twiter y redes sociales, soy testigo de que las retiradas lo fueron √ļnicamente del escaparate. Los desalmados siguen presentes.
Hoy, sin s√≠mbolos espectaculares, todo son acr√≥nimos. Como si por ello fu√©ramos modernos. Seguimos su estela sin saber muy bien a qu√© se refieren. Saben los mayores que yo, que a√ļn los hay, que alguaciles, carabineros, txapel-okerrak y dem√°s pertenecen a la categor√≠a policial. Antes, los agentes se llamaban Berengario, Fidencio o Anacleto. Los tiempos cambian, pero no por ello, por remplazar el uniforme, vamos a equivocarnos. Lo dec√≠a taxativamente el Plan Zen de Cassinello: “Una campa√Īa que favorezca el cambio de imagen de la Polic√≠a”.
La verdad es que rebuscar en el pasado cercano me revuelve la memoria y me procura argumentos sin descanso, como si no hubiera dificultades para avalar las injusticias. As√≠ es, desgraciadamente. No quiero abusar de citas, aunque me voy a tomar licencia de una √ļltima. De Luis Mar√≠a Ans√≥n, acad√©mico de la lengua y padre del periodismo propagand√≠stico espa√Īol. Franquista y luego “dem√≥crata”. El Fraga de los medios.
Dec√≠a Ans√≥n que “hay que dedicar, durante tres d√©cadas, muchos miles de millones de pesetas anuales a financiar un plan que se extienda desde el tebeo, hasta los seriales de televisi√≥n, desde la ikastola a la c√°tedra universitaria, desde el peonaje al empresariado, desde la divulgaci√≥n popular a la investigaci√≥n cient√≠fica, desde los servicios de inteligencia a los engranajes m√°s sutiles de las Fuerzas de Seguridad. La Historia, la verdad y la raz√≥n est√°n con la unidad de Espa√Īa”.
Lo dijo en 1985, por tanto la apuesta nos llevar√≠a a 2015 como l√≠mite. Fall√≥ en las previsiones. Las FOP arriba, en la cumbre, como ariete fundamental. Sin embargo, y entre tanto, ETA dijo adi√≥s a las armas y desde el segundo semestre de 2008 estamos inmersos en una crisis financiera que, probablemente, expulse a Espa√Īa del euro y ahogue a sus ciudadanos en una inestabilidad social permanente e irreversible.
As√≠ que ajuste tras ajuste, recorte tras recorte, primero con Zapatero y ahora con Rajoy, los funcionarios han visto reducido su sueldo en un 13% en dos a√Īos, los pensionistas sus asignaciones, los parados sus prestaciones y ya anuncian el cierre de colegios y hospitales, el cobro de las medicinas, incluso del tuper casero en las escuelas. El dinero en circulaci√≥n sigue siendo el mismo de siempre, pero cada vez se reparte entre menos.
¬ŅQu√© hacer con los funcionarios de vanguardia? Con los miembros de las FOP quiero decir. Ya saben que no tengo demasiada curiosidad por mis vecinos. A√ļn as√≠, un seguimiento somero de la prensa diaria ya me ha acercado a lo que esperaba: reprimen como siempre. En Asturias, C√°diz o Madrid. La crisis no va con ellos. Por algo son polic√≠as.
Aunque m√°s bien me refer√≠a a los agentes de las FOP en el Pa√≠s Vasco, en la CAV y en Navarra. ¬ŅQu√© hacer con ellos en medio de la crisis financiera, en medio del cambio de escenario pol√≠tico? Sabemos, porque ellos mismos se han encargado de transmitirlo, que desde que ETA declar√≥ el cese de hostilidades, las FOP han repetido una y otra vez, junto a centenares de escoltas, que estamos ante una trampa. Un rearme. Y una estrategia electoral.
Hasta hace unos d√≠as pensaba que semejante afirmaci√≥n part√≠a de an√°lisis equivocados, probablemente interesados, para mantener una estrategia de tensi√≥n favorable a sus tesis de que con palo y tente tieso se sostiene lo que Ans√≥n llamaba “raz√≥n de la unidad de Espa√Īa”. Pero los recortes de Rajoy, que afectan con sa√Īa a los funcionarios, han introducido un elemento de despiste. Creo que no estaba acertado en mis apreciaciones anteriores. Hab√≠a dinero de por medio. Como casi siempre.
Durante estos d√≠as hemos recibido diversos mensajes. El primero de ellos relativo a los complementos econ√≥micos que obtienen los agentes de las FOP destinados en Euskal Herria. Y el segundo a sus vacaciones. No son esos d√≠as varios llamados “moscosos”, “casposos” o similares los que se pon√≠an en entredicho, sino un mes. Treinta d√≠as a√Īadidos de vacaciones m√°s un complemento salarial sin especificar. Por tener destino en el Norte. El del s√≠ndrome.
No he terminado. El ministerio del Interior ha hecho p√ļblico recientemente que los recortes no ser√°n aplicables a las FOP acantonadas entre los vascos. El hecho es que entre m√°s de tres millones de funcionarios, los cerca de 10.000 policiales destinados entre nosotros van a ser excepci√≥n y mantendr√°n no ya sus condiciones econ√≥micas y laborales, sino tambi√©n sus privilegios. La guardia pretoriana del Estado. La tratan con especial atenci√≥n. Indudablemente un agravio comparativo. Pero no pod√≠amos esperar lo contrario.
Por un par de razones obvias. La primera, la llevan apuntando en los √ļltimos meses diversos lideres unionistas: ETA no es el problema sino que la astilla es el independentismo. En consecuencia, el despliegue policial en Euskal Herria, r√©cord europeo, tiene un componente claro de ocupaci√≥n. Lo dice la Constituci√≥n espa√Īola.
Y la segunda, algo que parece obvio a nada que sigamos diariamente los medios de propaganda, y las pautas y ritmos que marcan los citados unionistas: que el Plan Zen, a pesar de que Andr√©s Cassinello tiene 85 a√Īos, sigue vigente. Entonces, ya lo apuntaba el Zen: “mantener una elevada moral de los agentes con el reconocimiento de los m√©ritos y unos servicios bien planificados”.
Es notorio que el “reconocimiento de m√©ritos” en la Espa√Īa donde la picaresca es un genero literario se traduce en complementos. Los mismos que, a pesar del rescate y del agujero mil-millonario, Luis de Guindos mantendr√° a las FOP destacadas en el Pa√≠s Vasco. Quiz√°s, con este favoritismo a los ocupantes, la situaci√≥n de los desplazados (exiliados) se solucione. En tiempos de crisis en Espa√Īa, con uno de cada cuatro trabajadores en paro, el chollo est√©, precisamente, en pedir el traslado al Pa√≠s Vasco. Y la “guerra del Norte” seguir√° siendo un negocio. Incluso para la tropa.

EN EL CORAZ√ďN DE LAS TINIEBLAS

Aquellos que no son donostiarras están asistiendo perplejos a una especie de combate de boxeo, más teatral que físico, en el que los contrincantes no se dan pausa. La contienda se realiza en el tablado municipal. El árbitro ha suprimido los golpes bajos como susceptibles de amonestación, y los organizadores decidieron, por su cuenta, que los descansos entre asalto y asalto quedaban excluidos. No hay tregua posible.
La extra√Īeza para quienes siguen el combate desde lejos va perdiendo colorido a medida que nos acercamos al escenario. Una vez en el coraz√≥n, en el de las tinieblas, las razones de semejante trifulca acuden sin necesidad de recurrir a alegor√≠as, ni a relatos complicados. No hay un descontrol b√©lico, ni una dial√©ctica desbarrada, sino una estrategia de acoso, una defensa visceral de las posiciones que han sido dominantes en la ciudad hasta hace bien poco.
Donostia es una ciudad de matices para sus vecinos. También literarios. Así que tal y como lo hizo Marlow, al descifrar la personalidad de Kurtz en la narración de Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, me dispongo a aportar algunas claves de este monumental combate. Personales, como siempre.
Las elecciones municipales de mayo de 2011 provocaron un terremoto de magnitud a√ļn indeterminada en la capital de Gipuzkoa. Ha pasado un a√Īo desde entonces y es pronto para intuir la profundidad del cambio. Si es que se ha dado. La inesperada derrota del socialista Od√≥n Elorza, alcalde perpetuo al estilo de Grenet en Baiona, provoc√≥ otra serie de peque√Īas y grandes replicas del terremoto principal. La primera en su casa.
No se hab√≠a acostado a√ļn el sol dos veces cuando Od√≥n fue repudiado en su propio partido, el de la calle con nombre de sanguinario, Prim. Las condiciones que hab√≠a puesto para la campa√Īa no hab√≠an sido del agrado de su gran contrincante interno, Ernesto Gasco. La derrota de Elorza fue su venganza.
Gasco Gonzalo era y es un hombre de una gran ambici√≥n. La Ley de Partidos le permiti√≥ abandonar el Ayuntamiento donostiarra donde hab√≠a estado cuatro legislaturas a la sombra de Od√≥n Elorza. Fue diputado en las Cortes madrile√Īas por dos a√Īos. Volvi√≥ para ser viceconsejero de Transportes de Patxi L√≥pez y enchuf√≥ a su marido en la consejer√≠a, dirigiendo la meteorolog√≠a que, de la noche a la ma√Īana, encontr√≥ fronteras para nubes y vientos en Navarra y al norte del Bidasoa. Aquello, aunque reciente, ya es historia.
A pesar de su ambición y su colocación (toda una vida de profesional en la política, es decir la misma como fin y no como medio) no pudo con Odón. El ex alcalde lo relegó al fondo de su lista en las previas a las municipales. El décimo.
No sali√≥ elegido. Cuando lleg√≥ la venganza, Gasco desterr√≥ a Elorza, se aup√≥ hasta la cima y se proclam√≥ alcalde. En unas horas ech√≥ por tierra, junto a la soberbia del derrotado, 20 a√Īos de “trayectoria socialista” en la ciudad. No obtuvo, sin embargo, los votos para la alcald√≠a. Luego fue portavoz, ensombreciendo a Enrique Ramos, el titular, y a Denis Itxaso, el delf√≠n del ex alcalde. Repiti√≥ lo que Od√≥n Elorza hab√≠a hecho con √©l. Pero, al parecer, desde una posici√≥n m√°s d√©bil.
Fueron unos d√≠as convulsos. Asistimos a una carrera p√ļblica de protagonismo vergonzante. ¬ŅC√≥mo explicarlo? Quiz√°s volviendo a las met√°foras literarias. Gasco parec√≠a el Se√Īor Kurtz de Joseph Conrad. O lo que es lo mismo, el coronel Walter Kurtz del cineasta Coppola. Ambiciones y chifladuras. Y un desprecio absoluto por su contrincante (en este caso pol√≠tico). Primero en su casa y luego en el exterior.
Y en el exterior, Gasco ha recuperado un tono en la pol√≠tica municipal donostiarra que, precisamente y a pesar de otras criticas (y de hecho se las hice en aquel articulo “Bildukist√°n”), intent√≥ desterrar su compa√Īero Od√≥n Elorza. Ha elevado el tono de la conversaci√≥n y ha llevado al enfrentamiento cualquier tema, grande o peque√Īo. Ha recogido estilos que hab√≠amos olvidado. Lo soez e inmediato como h√°bito.
Y la pol√≠tica como espect√°culo. La descalificaci√≥n del otro, la construcci√≥n del enemigo. La conversi√≥n de los plenos en tertulias televisivas, al estilo de las cadenas generalistas. Vociferando, abriendo la ventana y lanzando una saeta al universo, como si las calles donostiarras fueran una m√°s de las sevillanas de Triana. Espa√Īolizando la capital m√°s euskaldun de las siete vascas.
Una lista de las excentricidades del Se√Īor Kurtz nos provocar√≠a m√°s de una sonrisa. Pero las reflexiones de Conrad iban m√°s all√° de la an√©cdota. Todo un sistema de dominio, de entender la sociedad, de las propias relaciones con los aut√≥ctonos, la sumisi√≥n, la conformaci√≥n de las redes comunitarias (o su desprecio por ellas). Una apuesta por la metr√≥poli, una definici√≥n cercana a la de un reyezuelo (jauntxo) medieval.
Gasco Gonzalo ejerce su oposición desde el Gobierno Vasco y desde el propio Ayuntamiento donostiarra. Juega con cartas marcadas. Ha cristianizado el topo en metro, a cambio de una inversión millonaria. Se ha convertido en el portavoz oficial y oficioso de quienes han descubierto, de inmediato, que el fondo de la confrontación de este país no era, precisamente, el uso o no de la violencia política, sino de proyectos políticos.
Ha descubierto, de pronto, que se ubica en el limbo de los que no son ni derecha ni izquierda, ni chicha ni limonada. Son “profesionales”, serviles de quienes han tenido el poder en la ciudad en los √ļltimos 75 a√Īos. Especuladores, constructores, aduladores del dinero, caballos de Troya de la espa√Īolidad rancia y nobiliaria.
Y entre ellos, entre los que han tenido las claves del dominio, sacando la cabeza y destacando con un descaro que a veces me asombra por la apuesta tan reaccionaria que predica, una de las joyas de la corona del grupo Vocento. Esta joya, precisamente, ejerce de unificador de todos esos grupos de presión. Convirtiéndose en el lobby por excelencia.
No es mi intenci√≥n hacerle propaganda, pero no puedo menos que citar su tono mesi√°nico, el del medio. Su “deber patrio” para defender los valores tradicionales. Los que mantienen este injusto estado de cosas. Un medio eterno, como dijo su consejero delegado hace bien poco, aludiendo a la crisis en la que est√° inmerso (su acci√≥n en bolsa vale menos que el precio de venta al p√ļblico del diario).
El mismo medio que se ofreci√≥ a los rebeldes fascistas para la limpieza √©tnica y pol√≠tica de la ciudad en liza. El mismo que adul√≥ hasta el v√≥mito al dictador durante 40 a√Īos. El mismo que hace solo unos d√≠as realizaba un despliegue medi√°tico bochornoso sobre una de las mayores fortunas europeas, la de la llamada duquesa de Alba, terrateniente y explotadora, insulto andante. A la que servilmente “humaniz√≥”. Los ricos tambi√©n lloran.
Ese medio ha sido precisamente el ariete para aupar a Gasco a la cabeza de la oposición no sólo de un Ayuntamiento, sino también de un modo de entender la política y la participación ciudadana en la rex publica. Necesita retornar al pasado para vivir en la comodidad del presente.
Gasco, que no fue elegido en las elecciones municipales de 2011, que no es portavoz oficial de su partido en el Ayuntamiento donostiarra, que cobra del Gobierno Vasco un sueldo que con la dietas municipales se eleva por encima del de la mayor√≠a de nosotros, ha sido designado el “ariete contra el mal”. Lo ha sido por inter√©s propio y de Vocento, paradigma de lo viejo y del poder absoluto. El elegido.
Donostia ha sido, hist√≥ricamente, una ciudad con dos almas. En la Belle Epoque eran dos orillas urbanas. Hoy, una de ellas se encuentra en tareas de Gobierno. No es sencillo hacerlo despu√©s de tres legislaturas sin representaci√≥n en el Ayuntamiento de un sector importante de vecinos. No es sencillo hacerlo despu√©s de 50 a√Īos de violencia pol√≠tica, de muertos, torturados, presos, exiliados y escoltas.
El equipo de Gobierno donostiarra ha revelado una y otra vez su voluntad de rebajar la tensi√≥n y de reconstruir la sociedad en unos par√°metros bien diferentes a los que se ha edificado en las √ļltimas d√©cadas. De echar puentes entre las dos orillas hist√≥ricas. Como declaraci√≥n de intenciones tiene su inter√©s y habr√° que seguir las pautas de ese camino.
Hay, sin embargo, quien quiere perpetuar la historia. Lo dijo Conrad a trav√©s de Kurtz: “Hay una fascinaci√≥n de lo degradante”. Y hoy, lo degradante parece estrat√©gico para los viejos lobos. Y su lobby.