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Rafa Albisu

A comienzos del a√Īo falleci√≥ Txillardegi y diez meses despu√©s nos ha dejado Rafa Albisu. Ambos eran antiguotarras, de Donostia. De la misma cuadrilla y, hasta que la represi√≥n los dispers√≥, a uno envi√°ndole al exilio y al otro a la c√°rcel, compa√Īeros inseparables, primero en Ekin y luego en la creaci√≥n de ETA. Apenas apartados en poco m√°s de un a√Īo, Txillardegi era el mayor, los dos, Rafa y Jos√© Luis, coincidieron incluso en los estudios.
La primera c√©lula de Ekin surgi√≥ en Bilbo en el curso de 1951 y a ella se sumaron los donostiarras un a√Īo despu√©s, desde la Escuela de Ingenieros. De este √ļltimo grupo, hoy s√≥lo sobrevive I√Īaki Larramendi. Rafa Albisu particip√≥ en las reflexiones y debates que fueron madurando y atrayendo a otros j√≥venes de EGI a su grupo. Hasta el punto de que el PNV prohibi√≥ a los suyos la relaci√≥n con los de Ekin. A√Īos duros.
A finales de 1958, los pioneros de Ekin, entre los que se encontraba Rafa, decidieron dar nombre a una organización diferente, nueva. Resistente, al estilo de los franceses que habían luchado contra el ocupante nazi durante la Segunda Guerra mundial. Sus primeros pasos fueron trepidantes: lecturas políticas prohibidas, formación de cuadros, recuperación de un espíritu de lucha que consideraban perdido. Clandestinidad.
En verano de 1961, el r√©gimen franquista se dispuso a celebrar los 25 a√Īos del golpe que dio al traste con la Segunda Rep√ļblica. “Gernika” hab√≠a sido hasta entonces el lema elegido por ETA como s√≠mbolo de su resistencia. Rafa y sus compa√Īeros decidieron que hab√≠a que avanzar y dar una lecci√≥n a quienes hab√≠an arrojado la toalla. El r√©gimen no era intocable.
En la ma√Īana del 18 de julio de ese a√Īo un tren repleto de antiguos combatientes fascistas llegaba a Donostia a celebrar el aniversario. Los ingenieros donostiarras hab√≠an calculado el lugar preciso, una curva despu√©s de dejar el barrio de A√Īorga. El tren se estremeci√≥ y los soldados de aquella “cruzada” de 1936 vivieron un momento de terror. El mismo que provocaba su r√©gimen. Una acci√≥n did√°ctica, dir√≠a ETA.
Por la tarde, con la ciudad engalanada con pancartas, emblemas fascistas y banderas franquistas, otro grupo encabezado por el eibartarra F√©lix Arrieta quemaba dos banderas rojigualdas en centro de Donostia, en la calle Easo y en la calle Prim. Una generaci√≥n que no hab√≠a conocido la guerra hab√≠a dejado en rid√≠culo a los franquistas. Hab√≠a atacado a sus s√≠mbolos y al n√ļcleo de su victoria, los mitificados ex combatientes de Franco, los que hab√≠an derrotado a los rojos y a los separatistas.
La oficialidad clam√≥ venganza. Y √©sta lleg√≥ de inmediato, una noche de cuchillos largos. M√°s de un centenar de detenidos en Gipuzkoa (110 contabilizados) y una docena en Bizkaia. La mayor√≠a torturados en las reci√©n inauguradas dependencias policiales de P√≠o XII, en Donostia, y tambi√©n en Madrid. Melit√≥n Manzanas comenzaba a tejer su tenebrosa fama de torturador, junto a otros cl√°sicos como Palomo, Sierra, Garc√≠a Escobar… Uno de los detenidos, Jos√© Mar√≠a Quesada, de salud delicada, fallecer√≠a poco despu√©s a consecuencia de las torturas.
Franco llegó a Donostia una semana después del descarrilamiento del tren. El ministro de Gobernación dio por desarticulada a ETA. De aquella razia, 31 jóvenes pasaron a la cárcel de Carabanchel, entre ellos Rafa Albisu. Su familia se había agolpado, con otras, en la estación del Norte antes del traslado a Madrid. La Guardia Civil los disolvió sin contemplaciones.
En octubre de 1961, siete de los detenidos fueron juzgados en la capital espa√Īola en Consejo de Guerra. Rafael Albisu era uno de ellos. El primer “Sumar√≠simo” contra militantes de ETA. Los militares de la toga pretendieron pedir pena de muerte a Albisu, Larramendi y Laspiur. Finalmente no lo hicieron.
Rafael Albisu cumpliría su condena en Soria. Allí conocería a su segundo hijo, al que no había visto nacer. Mikel. Su esposa Maite Iriarte estaba embarazada cuando se produjo la razia que llevó a su marido a la cárcel. Luego, al salir de prisión, el matrimonio tendría otros dos hijos.
En la c√°rcel, Rafa concluy√≥ sus estudios con una tesis sobre la resistencia de los ra√≠les ferroviarios ante diversas eventualidades. Fue una forma burlona de afrontar su cautiverio, una se√Īal sarc√°stica hacia el r√©gimen franquista y la acci√≥n del descarrilamiento del 18 de julio. S√≠mbolo sobre s√≠mbolo. M√°s tarde se ganar√≠a la vida, hasta su jubilaci√≥n, en un despacho de ingenieros.
Franco muri√≥, se abrieron las c√°rceles, pero la falta de aire fue notoria para otros muchos j√≥venes que no hab√≠an conocido la guerra ni al franquismo m√°s descarnado. Entre ellos Mikel, el ni√Īo que trat√≥ a su padre a trav√©s de las rejas de la prisi√≥n de Soria.
Mikel Albisu, Mikel Antza, como tantos otros bebi√≥ en primera persona las fuentes del compromiso. En casa. En 1985, con 24 a√Īos, se hizo clandestino. En 2004 fue detenido en Salies de B√©arn junto a su compa√Īera Xole Iparragirre. En diciembre de 2010 fue juzgado en Par√≠s y condenado a 20 a√Īos. El d√≠a 12 de noviembre de 2012, Mikel ser√° nuevamente juzgado en Par√≠s, 51 a√Īos despu√©s de aquel primer Consejo de Guerra que llev√≥ a su padre, ayer fallecido, a prisi√≥n. La vida no tiene descansos, pero la historia, a veces, parece un bucle infinito.

Día de reflexión

La ley electoral espa√Īola lo exige, pero nadie lo cumple. Los medios de comunicaci√≥n siguen sirviendo de voceros a banqueros, los marginados del sistema no tienen su d√≠a de excepci√≥n, el video no entra en los calabozos policiales mientras los atrasos en el pago de las hipotecas lanzan los intereses hasta el impago. Las consonantes se agigantan √ļnicamente en las ciudades del ne√≥n.
Ni siquiera en nuestro pa√≠s debemos rellenar el expediente. Entre Kanpezu y Zu√Īiga apenas hay diferencias de colores, ni entre el euskara de Betelu y el de Lizartza como no la hubo entre el de Ere√Īozu y el de Arano. Pero los unos deben “reflexionar” sobre la intenci√≥n de su voto del domingo, y los otros esperar la ca√≠da del imperio urdido por Barcina.
Las orillas del Bidasoa extienden la esquizofrenia, fraccionando en Endarlatsa a los habitantes de nuestro país entre reflexivos, aspirantes y degradados. O lo que es lo mismo, vascongados, navarros y vascofranceses. Otros caudales nos dividen entre los de Sestao, los de Peralta y aquellos de Atharratze. Y, sin embargo, apenas nos separan entre sus mojones unas leguas, esa distancia que una persona puede caminar en una hora.
Jam√°s supe si Pagola estaba en los altos de Nuarbe, a la sombra de Urdi√Īarbe, junto al ocre de los montes de Triano o en las riberas del Bayas, en Kuartango. El nombre de Izarra se me hac√≠a familiar en cualquier rinc√≥n de mi pa√≠s y, sin embargo, durante a√Īos he tenido que ense√Īar credenciales para alcanzar sus rutas, tanto al este como al oeste. Nunca votamos juntos y, por lo que parece, el d√≠a de reflexi√≥n salta de mata en mata, como pasos de Xangarin, el buhonero que nos leg√≥ Xaho.
Hombres y mujeres, convertidos en ciudadanos y ciudadanas de la CAV, votarán el domingo las opciones para el futuro cercano. Tienen un día, hoy, para reflexionar sobre el voto, que otros hombres y mujeres, vascos también, no podrán ejercer. La autonomía y la frontera, no la de ladrones y contrabandistas sino la de conquista, ejercerán, paradójicamente, de muro de contención.
Elecciones de futuro, consulta para romper bloqueos. Pero tambi√©n d√≠a grande para rescatar nuestra lengua del pasado, como esas tres cr√≥nicas que nos han golpeado, con su recuerdo, durante esta semana. Cuatro con la que ma√Īana construiremos en los recodos de Zizur, con la lingua navarrorum de cartularios, conventos y mercados, presente en esos mismos que un d√≠a leer√°n nuestro responso. El v√≠nculo con el provenir a partir del ADN superviviente.
Somos desconfiados, por naturaleza. Y por eso, nuestras reflexiones no son fruto de 24 horas. Esta semana que se va, nos ha dejado el poso del pasado. La primera de estas cr√≥nicas reflexivas ha sido la del 25 aniversario de la muerte de Tom√°s Sankara, aquel presidente de Burkina Faso, “la patria de los hombres √≠ntegros”, que llen√≥ de ternura la antigua colonia francesa, y pregon√≥ que, m√°s all√° de la vida miserable, puede existir la vida sin miseria. Hay que descolonizar nuestro pensamiento, dijo.
La verdad es que Sankara sigue siendo un perfecto desconocido, a pesar de que se comprometi√≥, poco antes de ser asesinado por los pen√ļltimos mercenarios de la guerra fr√≠a, a recoger exiliados vascos que hu√≠an de la tortura, del GAL y de la Polic√≠a espa√Īola. S√≥lo por eso hubiera merecido unas l√≠neas en la prensa canallesca que nunca tuvo, aliado de la causa vasca, de esa causa que se mece entre las orillas del Bidasoa.
Esta semana, asimismo, nos golpe√≥ uno de los episodios m√°s s√≥rdidos de la “joven democracia espa√Īola”, el aniversario del secuestro de Joxi Zabala y Josean Lasa, a quienes aprehendieron y torturaron para obtener el domicilio de otro refugiado al que tambi√©n mataron por venganza.
Joxi y Josean fueron encerrados clandestinamente en sede del Gobierno espa√Īol, en una operaci√≥n dirigida por un general de su Ej√©rcito verde y avalada por el gobernador guipuzcoano, militante del Partido Socialista Obrero Espa√Īol. Demasiadas letras para la democracia. Sus cuerpos aparecieron 12 a√Īos despu√©s. Pero no recibieron la paz que merec√≠an. La familia fue apaleada por tropas de elite aut√≥ctonas al servicio de la metr√≥poli cuando fue a recoger los cad√°veres al aeropuerto.
Y esta reflexi√≥n, al margen del desprecio a la vida y a la muerte de que hacen gala los aparatos del Estado, al margen de los indultos encadenados a los servidores de la monarqu√≠a parlamentaria espa√Īola, me trastoca el sentido de la proporcionalidad y me sit√ļa en entredicho lo relacionado con conceptos relacionados con la aplicaci√≥n y por extensi√≥n conculcaci√≥n de los derechos humanos.
Es evidente que las dos partes m√°s notorias del conflicto han conculcado los derechos humanos (Estados y ETA): muertes, secuestros, extorsiones… Pero incluso aqu√≠ la diferencia es abismal. Y no me refiero a la tortura f√≠sica (Euskal Memoria est√° a punto de concluir el primer trabajo de conjunto de estos 40 √ļltimos a√Īos). Sino a la escenificaci√≥n.
¬ŅSe imaginan actos vand√°licos contra los recuerdos de sus v√≠ctimas, tal y como lo hacen con las nuestras? ¬ŅSe imaginan el apaleamiento de los familiares de las victimas del 11M en la Castellana o en el cementerio de La Almudena? ¬ŅSe imaginan utilizar los fondos financieros del Ayuntamiento de Bilbao para perseguir, secuestrar, torturar y matar a los empresarios que huyeron a Benidorm para evitar el llamado impuesto revolucionario? ¬ŅUtilizar la Alhondiga para rematarlos, despu√©s de haberlos tra√≠do desde Alicante en una furgoneta municipal?
En estos d√≠as tambi√©n ha sido motivo de reflexi√≥n la muerte de Fran Aldanondo, su aniversario. Por la espalda, como un conejo mientras huida monte arriba, en Izaskun, de la Guardia Civil. Aldanondo hab√≠a sido el √ļltimo preso del franquismo. La sugerencia es evidente. El Estado super√≥ la √©poca a su manera, amnistiando a los suyos e indultando a los que hab√≠an sido sus enemigos que, por razones de gui√≥n, siguieron si√©ndolo. Unos y otros mantuvieron la apuesta.
La Guardia Civil que detuvo a Fran Aldanondo, y mat√≥ a Sebas Goikoetxea y Nikolas Mendizabal en los estertores del franquismo, ten√≠a el mismo dise√Īo que la que acab√≥ con el propio Fran en la transici√≥n democr√°tica. De la misma manera que el militante en √©poca franquista que era Aldanondo mantuvo su condici√≥n en la democracia espa√Īola.
Algo que me empuja a pensar de que no son tan trascendentales las √©pocas, sino las actitudes. Para unos y para otros. Es evidente, por ejemplo, que la pol√≠tica penitenciaria de la democracia espa√Īola es mil veces m√°s regresiva que la franquista. O que la convicci√≥n de los que apostaron por las armas para evitar la asimilaci√≥n tanto espa√Īola como francesa, ha sido m√°s militante y consciente en las √ļltimas d√©cadas que durante el franquismo.
Por √ļltimo, la jornada de ma√Īana me provoca, como lo se√Īalaba, la √ļltima reflexi√≥n. La intenci√≥n de mi voto. Pero tambi√©n la del euskara. Jornada grande en el Nafarroa Oinez adonde asistir√© despu√©s del encuentro con la urna. Una apuesta por el euskara en las mismas fechas en las que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condena a Espa√Īa por no investigar la denuncia de tortura de Martxelo Otamendi, director del vapuleado Egunkaria.
Y quiero traer la reflexi√≥n sobre el cierre del diario en euskara para llevarla al periodismo, el que se ha hecho en nombre de la Espa√Īa eterna. Resuenan todav√≠a las palabras de German Yanke, viejo periodista bilbaino que ha pasado por El Correo, El Mundo, ABC y la Cope: “A Marcelo Otamendi (Martxelo, dice √©l en un idioma raro, que no es vascuence) le conozco hace tiempo. Habr√° quien crea todav√≠a que estamos hablando de periodismo. Otamendi ha demostrado que no es sino un desgraciado agente de la dictadura etarra y el custodio, en Egunkaria, de las operaciones financieras de ETA. Est√° tan en el ajo terrorista que, sumiso y evasivo, sabe a qui√©n acudir, como si siguiese leyendo el manual del terrorista: al amigo, a Ibarretxe, el que les financiaba”.
En fin… reflexiones en un d√≠a reflexivo para los vascos occidentales. Como dec√≠a el poeta argentino Juan Gelman, que todav√≠a busca a sus hijos desaparecidos y a su nuera Claudia Iruretagoyena, “obligaremos al futuro a volver otra vez”. Gelman encontr√≥ a su nieta, nacida en cautiverio y secuestrada por la dictadura. Y recuper√≥ el futuro, tal y como lo haremos, m√°s pronto que tarde, en este nuestro pa√≠s que hoy pasa por ser de reflexivos, aspirantes y degradados. Y ma√Īana, espero, √ļnicamente de hijos e hijas de Euskal Herria.

El Tripartito

Las √ļltimas elecciones al sur de los Pirineos, si no recuerdo mal, tuvieron como objetivo la renovaci√≥n del congreso espa√Īol. A√ļn estaban calientes las municipales y forales, en las que irrumpi√≥ sorpresivamente, al menos para quien escribe estas l√≠neas, la coalici√≥n Bildu.
En los meses posteriores al nombramiento de alcaldes y concejales, los soberanistas se convirtieron en el centro de la cr√≠tica, en el origen de una campa√Īa de acoso sostenido. Al parecer, los de Bildu iban en serio con lo de su programa electoral, algo no muy estilado por otras formaciones. Lograron unanimidad y concierto entre su oposici√≥n, los tres grupos que, en la d√©cada anterior y gracias a la Ley de Partidos, se hab√≠an repartido el escenario institucional: PNV, PSOE y PP (UPN a veces me parece una extensi√≥n del PP y otras del PNV, por eso simplifico).
Parec√≠a como si la forma de entender la pol√≠tica estuviera distribuida en dos grandes campos, quiz√°s continentes. El hist√≥rico, por eso de las siglas, compart√≠a el fin en si mismo. Decenas de imputados por sobornos y chantajes, comisiones por obras para financiar bolsillos propios y amigos de carn√©, infraestructuras al estilo de Tutankam√≥n, opacidad… “Spanish and basque political style”.
No pudieron evitar las coincidencias. A las primeras de cambio, y probablemente sin buscarlo, volvieron a acoplar sus siglas. Fue un movimiento reflejo. Cuando desde los soberanistas se anunció la bajada de sueldos, los tres citados (PNV, PP y PSOE) hicieron del coro una sola voz. Era intolerable. Donde pudieron unieron sus fuerzas para mantener una nómina más que saludable. La crisis para los menos vivos.
As√≠ lleg√≥, como dec√≠a, el d√≠a de las votaciones para el congreso espa√Īol y alg√ļn elector con las ideas m√°s avezadas que las de muchos de nosotros acudi√≥ a la urna, presto a ejercitar la democracia con su papeleta. Sab√≠a, radicalmente, a qui√©n no deb√≠a votar. Pero no hab√≠a recibido con suficiente claridad el mensaje de la diferencia. Por tanto, con toda la ingenuidad del mundo y creo que sin ning√ļn tipo de malicia, se dirigi√≥ al presidente de la mesa, despu√©s de haber rebuscado entre las ofertas, y le pregunt√≥: “¬ŅD√≥nde est√° la papeleta del tripartito?”.
Esta anécdota no es un recurso ni una metáfora para llenar de líneas el artículo, sino un hecho que puedo certificar por la cercanía, dos ojos y dos oídos, y la casualidad, el momento preciso. Lo supongo excepción, pero significativo. Y por eso lo apunto, porque además me da pie para proseguir la narración.
Quiz√°s sea un ejecuci√≥n localista, pero la percepci√≥n de este tripartito en Donostia es tanta como la del incomparable marco al que nos ha avocado la naturaleza. Las obras, en este caso de Ramses II, la gesti√≥n achicharrada de la basura, la congelaci√≥n del destino de los autobuses… un sinf√≠n de coincidencias que tuvieron su m√°xima expresi√≥n en el golpe de mano de los tres citados para “celebrar” el bicentenario de la quema y destrucci√≥n de la ciudad. La nueva portavoz del tripartito, la jeltzale Miren Azkarate, ya dej√≥ claro que el objetivo no era el de recuperar la memoria de aquellas tambi√©n v√≠ctimas sino servirse de la tragedia para atraer a m√°s turistas.
El tripartito ha tenido diferencias de matiz en la gesti√≥n. No se puede negar. En lo fundamental, sin embargo, concurrencias. Durante d√©cadas. La pugna por ocupar espacios en la administraci√≥n y en las instituciones ha dejado a la ideolog√≠a en un segundo plano, a pesar de que detr√°s de su actividad hay mucho, precisamente, de ideolog√≠a. En esta ocasi√≥n la necesidad ha aireado muchas verg√ľenzas. Con el objetivo de evitar el cambio. A toda costa.
El principal nexo de uni√≥n entre PNV, PP y PSOE ha sido el de la responsabilidad. No es una expresi√≥n ir√≥nica. Responsabilidad a la hora de hacer valer el Estado all√° donde es m√°s d√©bil, en Euskal Herria. Parece mentira que el PP (por eso de que es franquista y defensor de los valores del partido falangista √ļnico de entonces) fuera el √ļnico a favor de la Transici√≥n tal y como la conocimos. Desde la perspectiva, es notorio el aval del tripartito, no solo del PP. El PSOE pidi√≥ la abstenci√≥n a la Reforma que luego defendi√≥, al igual que el PNV a la Constituci√≥n que luego ampar√≥.
El tripartito ha preservado al Estado en todas sus expresiones, por muy viscerales que fueran. No dudo que algunos dirigentes antifranquistas llegaran con intenciones renovadoras. En pocas semanas sucumbieron a los efectos de esa Espa√Īa forjada en s√≠mbolos inmortales. No me cabe la menor duda, tambi√©n, de que tuvieron miedo. Miedo a la bestia tanto cuartelera como benem√©rita, a los banqueros, a los constructores, a la OTAN, a los intermediarios de las multinacionales, a Washington, a Berl√≠n (antes Bonn)… Miedo a perder lo que alcanzaron sin esfuerzo.
Pero, y sobre todo, el tripartito sucumbió al poder, al real, al económico. Lo protegió en las pocilgas y en los salones más lustrosos, en las sedes gubernamentales y en sus ONGs de pitiminí. El tripartito ha defendido el estado actual de cosas, la separación clasista a la que ellos se han sumado de buen grado, participando de los saraos que fluyen del dinero. Son parte de la hidra.
Así, coincidieron en el apoyo a la energía nuclear, a las autopistas que borraban el país, al tren correcaminos, al puerto para barcos fantasmas, a todo aquello que supusiera la extensión y localización del capitalismo aquí y ahora. Por eso, el PNV apoyó presupuestos del Estado tanto con gobiernos del PSOE como del PP. Si el apoyo a Aznar fue escandaloso y justificado por el desarrollo completo del Estatuto de Autonomía, no fue menos obsceno el que ofreció a UPN a cambio de alcanzar la alcaldía de Bilbao. Ejemplos a patadas.
El capitalismo que protege el tripartito es, precisamente, el que est√° ofreciendo en estos a√Īos su cara m√°s feroz. Una imagen despiadada, enlazada por diversas reformas laborales, a las que unos y otros han ofrecido su apoyo, como dom√©sticos de los especuladores. Lo dijo hace unos d√≠as el ex consejero de Interior, Juan Mar√≠a Atutxa: “somos gestores de primera divisi√≥n”. Gestores, ¬Ņde qui√©n?
El paradigma de semejante alianza natural en las semanas previas a unas nuevas elecciones, esta vez en la Comunidad Autónoma Vasca, es Kutxabank. Con la excepción reciente de Vital, las otras dos cajas originales (BBK y Kutxa) han sido batzokis de dimensión continuada y extraordinaria. Hoy, por razones de peso electoral, la mayoría del tripartito estaba en cuestión, al menos en uno de los territorios vascos, Gipuzkoa.
Hubo movimientos de calado, cambio de una ley en un Parlamento ag√≥nico, sin representatividad, y finalmente un acuerdo del PNV y del PP para dirigir Kutxabank, el banco vasco-andaluz. El PSOE se resign√≥. Con un objetivo definido: no permitir siquiera un espacio a la trasparencia, a la democracia. No servir a los intereses de la mayor√≠a, sino de empresarios afines ll√°mense Altuna, Amenabar… o sigan por orden alfab√©tico en una lista interminable.
Gobierno de Gasteiz (PSOE-PP) y Kutxabank (PNV-PP) han liquidado en unas semanas lo que parec√≠a ser la joya de la corona, Euskaltel. Lo han hecho primero los ahora interinos con la fibra √≥ptica y luego los nuevos banqueros. Lo han cedido a cuatro tiburones financieros provenientes de Lehman Brothers, la mayor quiebra en la historia de la humanidad. Lo han vendido por la quinta parte de lo que solicitaban hace medio a√Īo. Evitando la llegada del cambio.
No hay matices cuando se trata de defender lo p√ļblico como negocio, como trampol√≠n para la expansi√≥n privada. No hay m√°s escalas que las gradaciones que marca el color del dinero. La quiebra de muchos de los municipios vascos en la √©poca del Apartheid es una muestra m√°s de lo que primaba. Una √ļnica y compartida forma de hacer pol√≠tica, por encima de ideolog√≠as.
El tripartito puede estar fuera de las instituciones, pero gobierna y si no lo hace buscar√° otros recodos. A trav√©s de sus testaferros. El cambio, en consecuencia, debe ser profundo, barrer muchos a√Īos de tendencias. Cambio integral. No vale una reforma parcial. S√© que nos dir√°n que, a estas alturas, algo tiene que cambiar. Para que todo siga igual. Y si hace falta, unificar√°n las tres papeletas en una. Y har√°n feliz a aquel votante despistado y, por supuesto, a banqueros, especuladores y forjadores profesionales de opini√≥n.

El dinosaurio esquivo

Dicen que el cuento m√°s breve de la literatura es el del centroamericano Augusto Monterroso: “Cuando despert√≥, el dinosaurio todav√≠a estaba all√≠”. Se han escrito toneladas de letras sobre esta frase, convertida en un mito a trav√©s de los tiempos, una paradoja dado su laconismo.
Es probable que la lectura de este cuento tenga miles de interpretaciones. Desde mi modestia, me he agarrado a una de ellas, dando argumento al presente art√≠culo. La inmovilidad, el reposo eterno. Nada se mueve bajo la luz lejana de la V√≠a L√°ctea, sobre la hierba que alfombra los prados y el musgo que cubre las pe√Īas abiertas al norte.
Hace unos meses, tuve la oportunidad de permanecer una jornada con los jesuitas recluidos en el Santuario de Loiola, la mayor√≠a cercanos al siglo de existencia. Despu√©s del almuerzo, nos subieron a un descomunal sal√≥n, con toda suerte de licores y pastas. Nos sentamos frente a una cristalera que dejaba pasar im√°genes del exterior. Im√°genes que, con el paso del tiempo, se repiten, a√Īo tras a√Īo. Lluvia, sol, bruma, montes permanec√≠an est√°ticos, como parte del mobiliario. Inmovilismo mientras la vida se aleja. Contemplaci√≥n. La palabra superada.
Hace unos d√≠as me volvi√≥, como un flash, el modelo del inmovilismo. Sin embargo, no se trataba de la quietud de la vida, como en Loiola, sino de la pol√≠tica. Otra. Con motivo de la huelga general para protestar contra los recortes impuestos por el Gobierno al objeto de pagar los intereses de los pr√©stamos financieros a los bancos alemanes y franceses, la polic√≠a foral navarra dispar√≥ un lote de pelotas de goma con la conocida inscripci√≥n. ‚ÄúRecuerdo de Espa√Īa‚ÄĚ. Me sorprendi√≥ el medievalismo policial en la era cibern√©tica, semanas despu√©s de las conmemoraciones de la conquista.
Hay m√°s, aunque esta vez es mar de fondo. Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno espa√Īol, y Jorge Fern√°ndez D√≠az, su ministro del Interior, dirigen la campa√Īa de que ‚Äúnada ha cambiado‚ÄĚ, en el contencioso vasco-espa√Īol, ni siquiera en la gesti√≥n de ETA.
Desde que en 1975 muri√≥ Franco, la imagen de un estado inm√≥vil ha recorrido la historia de la ‚Äújoven democracia espa√Īola‚ÄĚ. Las protestas contra la crisis recogidas por los medios de comunicaci√≥n de medio mundo han incidido en cuestiones hist√≥ricas como la violencia policial, el nepotismo, el poder de la Iglesia cat√≥lica, la bula de los banqueros y, en general, la pol√≠tica como medio para enriquecerse.
Los dinosaurios tuvieron una supervivencia exitosa. Surgieron hace much√≠simo tiempo. Aunque no vale la pena siquiera para conjeturarlo, lo apunto: 230 millones de a√Īos. Desaparecieron con el cataclismo aquel del meteorito que a punto estuvo de ultimar la vida en nuestro planeta, hace 65 millones de a√Īos. Cuando despert√≥ Monterroso, el dinosaurio todav√≠a estaba all√≠. No es de extra√Īar. Por simple estad√≠stica.
La l√≠nea de poder espa√Īola se parece a la de un dinosaurio. Durante decenas de a√Īos, desde Madrid y, en otra medida, desde Iru√Īea y Gasteiz, se ha exigido movilidad a los sectores vascos m√°s combativos, en especial a los que desde posiciones abertzales de izquierda practicaban la violencia como herramienta para avanzar en sus reivindicaciones. La lucha armada, por entendernos.
Las formas de la disidencia, con unos objetivos marcados probablemente ya antes de que ETA naciera, han sido m√ļltiples y en escenarios tan diversos que algunos ya ni siquiera los recuerdo. Desde el invocado Pacto de Baiona, justo concluida la Segunda Guerra mundial, hasta la declaraci√≥n de ETA del 20 de octubre de hace ahora un a√Īo, anunciando el cese de la actividad armada, los movimientos han sido incontables.
Entre ellos, aquel intento de pacto con los mon√°rquicos espa√Īoles por un sector del PNV, mientras otro se hab√≠a acercado a los seguidores de Hitler por si las moscas y triunfaba el totalitarismo de Hitler, en los tiempos en los que la elite oficial jelkide trabajaba para Washington abiertamente. El objetivo final de las tres l√≠neas era el de la liberaci√≥n de nuestro pa√≠s.
En la cercanía, la Plataforma y la Junta Democrática, hasta las reuniones de Xiberta, pasando por la confección de una lista de puntos mínimos llamada Alternativa KAS, hasta la más moderna Alternativa Democrática. Modelos frente al inmovilismo del Estado, frente al dinosaurio.
La izquierda abertzale ha demostrado en estos √ļltimos cincuenta a√Īos imaginaci√≥n organizativa desde decenas de √°ngulos. Algunos para poder coquetear con la legalidad, otros para aglutinar fuerzas. Los encuentros de Xiberta citados fueron quiz√°s el paradigma, pero en el camino quedaron otros de tanto o mayor calado, desde el BAT, hasta el Herrikoi Batasuna, pasando por el EHBai o la √ļltima apuesta soberanista, EHB.
El historiador Eric Hobsbawm, recientemente fallecido, apuntaba a que, en sus or√≠genes, el nacionalismo vasco surgi√≥ con 30 a√Īos de retraso respecto al catal√°n. Es probable. Pero su ingenio y audacia le llev√≥, y esto ya es de mi cosecha, a adelantarse en el tiempo a Catalu√Īa, a pesar de las noticias que nos llegan del Mediterr√°neo en las √ļltimas semanas. Euskal Herria ha sido un hervidero de propuestas, de actividades paralelas y perpendiculares que la han llevado a la antesala de la soberan√≠a. Habr√° que observar atentamente, de cualquier manera, lo que sucede en Catalu√Īa a partir de finales de noviembre de este a√Īo. Quiz√°s me equivoque.
En frente, sin embargo, el dinosaurio ha permanecido inamovible. Tanto para unos como para otros. Las respuestas a las demandas soberanistas de vascos y catalanes, con la excepci√≥n de los Estatutos de Autonom√≠a de 1936 y 1979, previstos m√°s como frenos al separatismo que como expansi√≥n de unas ansias, han estado siempre avaladas por los sectores f√°cticos: Ej√©rcito, Banca e Iglesia. Que esta √ļltima tenga a√ļn el poder que tiene es un s√≠ntoma de lo atrasada que esta la sociedad espa√Īola, del inmovilismo que atenaza puertas y ventanas de esa gran casa ib√©rica.
Cuando ETA avanz√≥ su intenci√≥n de concluir con su estrategia pol√≠tico-militar, se levantaron algunas voces (en el PSOE y en el PNV) se√Īalando que “Conclu√≠a la transici√≥n en Euskadi”. Un poco larga para ser “transici√≥n”, 35 a√Īos despu√©s de iniciada. Mis dudas se acrecentaron y, con ellas, la sensaci√≥n de que hemos estado todos estos a√Īos bajo el paraguas de una gran mentira.
La m√≠tica transici√≥n espa√Īola fue un montaje para integrar en el nuevo sistema pol√≠tico espa√Īol a una caterva de impresentables, fascistas, falangistas, banqueros, bandoleros de guante blanco y curas. En lo fundamental, unos cuantos banqueros y unas decenas de familias, bien colocadas al final del franquismo, son los due√Īos actuales del escenario. En los calabozos la picana no concluy√≥, y en cuanto a los medios de comunicaci√≥n… ¬ŅSe acuerdan del Alc√°zar o de La Voz de Espa√Īa? Nada que envidiar al El Mundo, La Raz√≥n… Y sobre los de Vocento qu√© decir. Los mismos apellidos en sus consejos de administraci√≥n.
La primera transici√≥n espa√Īola a√ļn est√° por realizar. Algunos la llevan esperando desde que se inici√≥ la Revoluci√≥n Industrial en Gran Breta√Īa. Esa transici√≥n que a lo mejor hubiera podido avanzar, si le hubieran dejado, la Segunda Rep√ļblica. Pero que, desde luego, no se hizo a la muerte de Franco, ni siquiera a la apertura del modelo de “caf√© para todos”, y, menos a√ļn, concluida con el anuncio de ETA de octubre del pasado a√Īo.
La transici√≥n espa√Īola todav√≠a no ha despuntado. Y lo har√°, precisamente cuando, al despertar, el dinosaurio haya desaparecido. La espa√Īola ser√° una transici√≥n ligada √≠ntimamente a su concepci√≥n nacional. Apa√Īo tras apa√Īo, zurcido tras zurcido, chapuza tras chapuza… las consecuencias de una construcci√≥n artificial han comenzado ya a pasar factura. Una cuenta atr√°s irreversible que, 70 o 40 a√Īos atr√°s se habr√≠a saldado, como habitualmente, con los tanques de Basagoiti y sus amigos de clase. Hoy, Madrid es un mu√Īeco parlante, un loro belicoso. Nada m√°s.
Euskal Herria va camino de que su mayor√≠a se convierta en una mayor√≠a soberanista, lo que a la postre significar√° una mayor√≠a separatista. Entonces, ese dinosaurio que encontr√°bamos al fin de todas nuestras pesadillas habr√° desaparecido. Y Monterroso, desde alguna nube cercana, escribir√° con letras may√ļsculas: “Cuando despert√≥, el dinosaurio ya no estaba all√≠”.