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Visionarios

Lleg√≥ la fecha marcada supuestamente por los mayas para el fin del mundo y aqu√≠ estamos, pellizc√°ndonos la piel y mir√°ndonos al espejo para asegurarnos que la sangre contin√ļa circulando y que la vida no se ha parado. Era un camelo. Malparados han resultado los videntes y, aunque m√°s de uno puso una vela a San Judas Tadeo, no hizo falta siquiera alarmarse. El anuncio no era sino una nueva argucia para vender reliquias.
La historia del fin del mundo, nada que ver con aquel plagio de Vargas Llosa, era un invento para fomentar el turismo en Guatemala y Chiapas, llenar gratis p√°ginas de diarios y espacios televisivos y tener acogotados a un pu√Īado de ilusos. Los efectos nos abruman. Tikal y Chich√©n Itz√° han sufrido da√Īos irreparables mientras algunos gringos robaban todo aquello que recordara a civilizaciones anteriores.
Otros, anclados en un pasado que nunca existi√≥, suspiran por aquellas sociedades, tan clasistas y esclavistas como las actuales, bordeando los l√≠mites del rid√≠culo pol√≠tico, avalando las tesis del “buen salvaje” como si la lucha por la emancipaci√≥n no fuese el gran aporte de los hombres y mujeres que soportan este plantea.
No hemos llegado a la estaci√≥n de t√©rmino. M√°s de la mitad de la humanidad, sin embargo, vive el borde del fin del mundo. Su universo inmediato se reduce a unos d√≠as. No hemos abandonado el reino animal. Palabrer√≠a. El progreso afecta √ļnicamente a un sector del planeta. Sin algo que llevarse a la mesa, a la espera de un insignificante golpe de fortuna, cientos de millones de compatriotas viven en el infierno.
Estamos rodeados de charlatanes con incontinencia y de vendedores de relojes sin cuerda ni pila que mantenga sus manecillas. Hablan por hablar, para relatar sus mentiras como si fueran verdades. Y no saben que una de nuestras tareas es, precisamente, recopilar sus estupideces. Las de los videntes.
Y no me refiero a los videntes en el sentido m√°s estrafalario de la palabra. Que los hay. Hace ya muchos a√Īos, en la pe√Īa Batxikabo, cerca de Gaubea, la virgen se apareci√≥ a tres j√≥venes que dijeron contraer facultades sobrenaturales. Uno de ellos, ungido por la gracia mariana, se lanz√≥ desde lo alto de un pino para volar como los √°ngeles y se rompi√≥ la crisma.
M√°s recientemente, los servicios secretos espa√Īoles, entonces liderados por Juan Alberto Perote, contrataron a videntes, zahor√≠es y exorcistas para lograr dar con el paradero del industrial Emiliano Revilla, secuestrado por ETA en Madrid. No dieron con su escondite, como es sabido.
Me refiero a los otros videntes, a los profesionales que reciben unos sueldos astron√≥micos, sentados en esca√Īos parlamentarios, sedes ministeriales u oficinas de agrupaciones pol√≠ticas. Han hecho de la palabrer√≠a, del circo, su oficio. Y, con una cara mayor que la de un mandril, lanzan sus discursos, sentando c√°tedra.
En ocasiones, parece como si los parlanchines se lanzaran al ruedo medi√°tico sin paraca√≠das y que, en consecuencia, sus errores son parte de una apuesta fallida. Un truco. Un cap√≠tulo de la estrategia de confusi√≥n. Aznar y Bush sab√≠an que en Iraq no hab√≠a “armas de destrucci√≥n masiva”, tal y como Mario Fern√°ndez conoc√≠a perfectamente que no iba a acabar con los desahucios, en contra de lo que hab√≠a anunciado al d√≠a siguiente del suicidio de la socialista Amaia Ega√Īa. Estas cuestiones forman parte de las estrategias comunicativas.
Sabemos que la mentira y la visi√≥n son una f√≥rmula de hacer pol√≠tica, de engatusar, de abrillantar las palabras sin otra intenci√≥n que robar, maltratar o asegurar el reparto injusto de la riqueza. Hace cinco a√Īos Espa√Īa era jauja, desde Bankia hasta el boom inmobiliario. El que no se enriquec√≠a era tonto, o casi. Humo. M√°s que visionarios eran mentirosos, compulsivos.
Los tests de strees europeos resultaron una farsa. Descomunal. ¬ŅEs la visi√≥n cierta, la de los candidatos para el Novel de Econom√≠a? En 2011 el Dexia belga ten√≠a una excelente nota, hasta la quiebra. El Bank of Ireland m√°s de lo mismo, en 2010. Lehman Brothers, el cuarto banco de EEUU, quebr√≥ en 2008 arrastr√°ndonos a la crisis financiera actual, despu√©s de falsear sus balances. Los papanatas segu√≠an diciendo que era una an√©cdota. Cien bancos norteamericanos han quebrado en la √ļltima d√©cada. La mayor√≠a de ellos ten√≠an un futuro espl√©ndido
Volviendo a casa, no quiero balancearme en aquella mítica ensalada verbal del ya retirado Xabier Arzalluz, cuando nos condenó a comer berzas hasta la eternidad sino completábamos su crucigrama. Enriquecer a unos cuantos accionistas de Iberduero, cercanos por cierto al partido de Arzalluz, a través de Lemoiz y, por extensión, de la energía nuclear.
Visionarios cercanos precisamente al ex presidente del EBB anunciaron con toda la solemnidad necesaria que en el momento en que ETA dejara las armas, se producir√≠a el pleno empleo en Gipuzkoa. No fue hace demasiado, sino apenas diez a√Īos, cuando los patronos guipuzcoanos tuvieron la percepci√≥n. Hoy no hay violencia revolucionaria y el paro afecta a casi un 10% de Gipuzkoa.
De Madrid nos auguraron, cuando los socialistas llegaron al poder, que iban a crear 800.000 puestos de trabajo, de los que, por extensi√≥n, nos tocar√≠an algo as√≠ como un 9%. Una predicci√≥n nefasta porque lo de los 800.000 result√≥ los puestos aniquilados cada a√Īo.
Desde la capital espa√Īola habl√≥ tambi√©n el entonces ministro del Interior, √Āngel Acebes, que categoriz√≥ diciendo que ten√≠a un plan para salvar a la cultura vasca y perpetuar el euskara. Pero para ello hab√≠a que dar un paso incomprensible, que s√≥lo los inteligentes, y quiz√°s la FAES, lo entender√≠an: cerrar Egunkaria. Nada de aquello se cumpli√≥, excepto el cierre del diario.
No hace falta tener memoria de elefante para describir decenas de estas ocurrencias que los mentores de patrias grandes y peque√Īas hab√≠an dejado para la ocasi√≥n en que ETA anunciara el cese de su actividad armada. Andoni Ortuzar, a quien colocan como sucesor de Arzalluz en un proceso expres, ya adivin√≥ hace unos a√Īos, que la izquierda abertzale se ir√≠a diluyendo como un azucarillo. Su partido particip√≥ del tongo para que as√≠ fuera, cuando la Ley de Partidos trampe√≥ el escenario. Mirando para otro lado. Pero no fue as√≠. En dos a√Īos, la izquierda abertzale no s√≥lo no se ha disuelto sino que ha alcanzado techos electorales en diversas consultas.
Ha sido precisamente ETA la que mayor n√ļmero de videntes genera en su entorno. En honor a la verdad, aunque la mayor√≠a de los visionarios habr√≠a que catalogarlos en el dep√≥sito de su enemigo, algunos tambi√©n proced√≠an de sus propias filas. Apostando por focos guerrilleros en Urbasa, para contagiar a las masas obreras y campesinas, o describiendo un escenario de negociaci√≥n m√°s propio de Vietnam o Argelia que de Euskal Herria.
Los asientos de su enemigo, a fin de cuentas de la emancipaci√≥n vasca, pronosticaron la “desaparici√≥n”, “liquidaci√≥n”, “exterminio”… de la disidencia. Lo cierto es que la apuesta en esa l√≠nea ha sido la m√°s importante entre las estrat√©gicas de Madrid. Todos los a√Īos, desde 1968, la direcci√≥n de la organizaci√≥n armada, cierta o no, ca√≠a en poder de las polic√≠as espa√Īola o francesa. El Juicio de Burgos (1970) fue plantado como el juicio final.
El desplome tras la delaci√≥n de El Lobo, las deportaciones de militantes a Am√©rica y √Āfrica, la aplicaci√≥n de la euroorden, la muertes de Argala o de Txomin Iturbe, las detenciones de Bidarte, las entregas de polic√≠a a polic√≠a, las razias… incluso los “da√Īos colaterales” producidos por la propia ETA (en especial desde el atentado de Hipercor), han sido tomados como el final de fin. No ha sido as√≠ y, hoy, la estrategia pol√≠tica iniciada hace medio siglo est√° encaminada con un caudal humano evidente.
Lo que jam√°s han querido ver esos videntes de pacotilla es que el movimiento de liberaci√≥n vasco jam√°s ha asentado su actividad en un genio b√©lico o un estratega de quilates. En Madrid entendieron quiz√°s que era una batalla militar. Y ah√≠ fracasaron, porque cientos de militantes vascos que manejaron el tim√≥n en estos 50 a√Īos, tuvieron por consigna, consciente o inconscientemente, lo que Sun Tzu hab√≠a escrito hace m√°s de dos mil a√Īos: de la guerra de guerrillas s√≥lo interesa su aplicaci√≥n pol√≠tica.

La paradoja de Olentzaro

Los magos de Oriente, a los que el Papa de la cristiandad ha fijado su origen en Andalucía, son los reyes de este teatro organizado en torno a la Navidad, esa fecha que entre unos y otros se ha ido asentando, tanto como propagada religiosa como paradigma consumista. Coincidiendo con la celebración del supuesto natalicio del líder esenio, el de Nazareth.
Sabemos que la noche ilustre y ese 25 de diciembre en el que suena m√ļsica celestial al son de trompetas abrillantadas, no es sino la apropiaci√≥n del Chanuca, la fiesta hebrea de las luces. O, en todo caso, la suplantaci√≥n del Sol Invictus, la celebraci√≥n pagana del solsticio de invierno. A Saturno, dios de la semilla y del vino, los romanos que llegaron a tierras pirenaicas le honraban durante una semana, la que conclu√≠a precisamente en la fecha compartida.
La fecha navide√Īa es la de la hipocres√≠a elevada a la categor√≠a de dogma. EEUU es el mayor productor de porno del mundo, por goleada, pero el topless est√° prohibido en sus playas. El rey hispano es un golfo en, al menos, alguno de los sentidos que acepta el diccionario de la RAE aunque en su vida p√ļblica sea tratado como cualquiera de los ant√≥nimos del concepto. Miles de agentes del dios jud√≠o denunciados por pederastas y abusos dan durante estos d√≠as lecciones de humanidad. Hip√≥critas escondidos tras un altar o la portada de un diario.
No comparto con la fecha m√°s que aquello que me acerca a los m√≠os y, en cualquier caso, la solidaridad con los que la sufren por ausencias e injusticia. Frente a los que pon√≠an una bandera rojigualda al frente del portal de Bel√©n y los reyes ahora andaluces, la simbolog√≠a vasca quiso enfrentar una alternativa. Quiz√°s los ni√Īos la necesitaran. Es probable.
No hab√≠a mucho donde optar y algunos, ya hace un centenar de a√Īos, eligieron a Olentzaro, una especie de sacamantecas que cortaba el pescuezo a los ni√Īos malos. Hab√≠a que pelear tambi√©n en el frente de la mitolog√≠a. Nos ayud√≥, todo hay que decirlo, el franquismo, cuando prohib√≠a las romer√≠as con el carbonero vasco porque eran ‚Äúc√©lulas de propaganda separatista que obedecen al Gobierno vasco que est√° en Francia‚ÄĚ.
El Gobierno de Navarra lo consider√≥ indigno, m√°s recientemente, como a miles de sus compatriotas, y obstaculiz√≥ las romer√≠as argumentando que los que asist√≠an a las concentraciones tambi√©n aspiraban a recordar a esos cerca de 700 presos pol√≠ticos y el millar de exiliados que tiene nuestro pa√≠s, el mismo que visitaron y ocuparon los romanos de Saturno, hace ya cerca de dos mil a√Īos. Por eso prohibi√≥ su exhibici√≥n estos √ļltimos a√Īos. Pecata minuta para Barcina y los suyos que hacen del disparate su religi√≥n de cumplimiento dominical. Hip√≥critas como los que m√°s.
La Guardia Civil ech√≥ el resto, como es habitual. Feria del Libro de Durango de 2012, en el a√Īo de la paz. Control en su entrada. ¬ŅRazones? Se las imaginan. En Areso tambi√©n. Todos los a√Īos, el Olentzaro que apostaba el Ayuntamiento en la plaza desaparec√≠a. Hasta que hace poco pillaron in fraganti a una patrulla del acuertelamiento de Leitza introduciendo al regordete mu√Īeco en su patrol. “Todo por la patria” dicen que tienen por lema.
Por estas noticias, el Olentzero no es un símbolo que me desagrade.
Pero con la Navidad, con la falsedad, no puedo.
Los diarios nos enfilan al que ser√° el producto de la Navidad. Modernidad. Tecnolog√≠a. Nada que ver con lo que supuestamente transmite la celebraci√≥n. Y ese producto se nutre del coltan (columbita-tantalita). Sony, Ericson, IBM, Motorola, Nokia, Bayer, Siemmens… ¬Ņles suenan las empresas y los productos que comercializan? La Rep√ļblica Democr√°tica del Congo posee el 80% de sus reservas mundiales. Kazajst√°n, Alemania, B√©lgica, Australia y EEUU pugnan por el oro moderno, el dichoso coltan. Metal estrat√©gico.
Por eso, Congo se debate en la mayor tragedia desde la Segunda Guerra mundial, indiferente a nuestros ojos, hombres y mujeres del Primer Mundo que se nos ablanda el coraz√≥n en fechas navide√Īas por una tonadilla rid√≠cula y se nos cierran los ventr√≠culos cuando la desdicha rima con miseria. Siete millones de muertos en los √ļltimos a√Īos. La poblaci√≥n total de Catalu√Īa. M√°s de dos veces la vasca. Siete millones de muertos para que los europeos tengamos tabletas, tel√©fonos m√≥viles de √ļltima generaci√≥n y ordenadores de dise√Īo.
Me dir√°n que es el precio de la civilizaci√≥n. Efectivamente. Tienen raz√≥n. Pero habr√≠a que a√Īadir a nuestra espalda de europeos, que nuestra civilizaci√≥n es la m√°s criminal e insolidaria de la historia. Y, sobre todo, que se arropa en la hipocres√≠a, en esa precisamente que extraen las destiler√≠as del presente supuestamente democr√°tico. La hipocres√≠a que sirve para tapar las verg√ľenzas y evitar el insomnio permanente, la falta de compromiso en la lucha. Porque tambi√©n hemos puesto ese grano de arena necesario para engrasar la m√°quina de matar.
Traigo m√°s recuerdos, a√ļn. Simult√°neamente al asesinato de 20 ni√Īos y 7 adultos en Conneticut, una patrullera de la Guardia Civil abordaba a una patera en las cercan√≠as de las espa√Īolas islas africanas llamadas Canarias. ¬ŅHan o√≠do la noticia? Apenas. Conneticut ha copado nuestros o√≠dos. En el abordaje 8 muertos. Negros o tostados, sin nombre. Sin confirmaci√≥n. Los desaparecidos siempre son supuestos. Alg√ļn superviviente lanz√≥ la cifra. Ya hay versi√≥n oficial, d√≠as despu√©s. Un lamentable accidente mec√°nico de la patrullera. Y, como es habitual, las versiones de unos y otros antag√≥nicas.
A mediados de 2013, en una aldea de Senegal, quiz√°s de N√≠ger, alguna madre agudizar√° su angustia por la falta de noticias de su hijo. Intentar√° creer que las comunicaciones son imposibles. As√≠ lo son, a pesar del coltan y de la guerra por su posesi√≥n en pueblos vecinos. El mundo no recuerda m√°s que a los artistas, de la moda o del dinero. Y su hijo seguir√° esperando. ¬ŅRecuerdan cuando aquella patrullera de la Guardia Civil abord√≥ a otra patera? Agosto de 2004. Treinta y tres ahogados. Fr√°gil es la memoria. Decenas de madres esperan a√ļn noticias que jam√°s llegar√°n.
Es una gran hipocres√≠a celebrar la fiesta mundial del consumismo en medio de la agon√≠a. Miles de ni√Īos mueren al d√≠a de hambre en un planeta que ser√≠a capaz de abastecer a todos ellos con un peque√Īo esfuerzo, del mismo tama√Īo que se ha realizado para salvar de la bancarrota al sistema financiero de cualquiera de los estados mediterr√°neos europeos.
Erich Schmidt, presidente de Google, el buscador que me ha permitido atinar algunas de las afirmaciones de este art√≠culo, lo acaba de decir: “Somos orgullosamente capitalistas”. Abordaba, de esa forma, la acusaci√≥n de evasi√≥n de capitales. Lo ha dicho con naturalidad, con claridad, con la fortaleza que le da su posici√≥n y el saber que jam√°s ser√° penalizado por ello.
Estas fiestas son, precisamente, la deflagración del capitalismo.
Por eso, me recuesto en lo que a√Īoro para estas fechas. La cercan√≠a de los m√≠os, de los que faltan, algunos desde hace d√©cadas. Esta guerra lleva ya demasiados a√Īos encendida, con un contendiente poderoso, inhumano, despiadado, capaz de retener varios d√≠as la nota judicial en la aplicaci√≥n de la 197/2006 como ha sufrido Ram√≥n Uribe, para alentar el resquicio de esperanza a su familia, como esa madre de Senegal o de N√≠ger que quiere evitar la melancol√≠a de su hijo. Y cerrar la puerta de inmediato.
Esa guerra lleva encendida desde que los hornos fueron colmados de carb√≥n, las traviesas cruzadas entre ra√≠les, el cuero secado para cubrir el calzado que atravesar√≠a el espinazo de nuestra tierra, desde el sur hacia el norte, desde el norte hacia el sur. Huyendo del llamamiento a filas, del “todo por la patria” embocado tras el desfiladero, del hambre si cabe.
Un recuerdo recurrente porque la vida no es tal sino se comparte. Porque la hidra obliga a buscar atajos, a buscar subterfugios, se llamen Olentzaro o Mari. Todas las peleas valen la pena, incluso la de los símbolos. Sabemos que deslizamos nuestras suelas entre paradojas. Conocemos el hedor del enemigo. El aliento en su cogote. Esa insinuación, permanente, a ponernos de su lado. Y en estas fechas, es precisamente, cuando más atractiva hace su oferta. Por eso huyo de la Navidad.

El Regimiento Garellano y la pleitesía

El Regimiento Garellano fue creado en Ciudad Real (Espa√Īa) pero la conmemoraci√≥n de su aniversario se ha celebrado en Bilbo (Euskal Herria). Se trata del paradigma de lo que es un Ej√©rcito de Ocupaci√≥n, como dir√≠a el falangista Jos√© Mar√≠a Areilza en 1937, primer alcalde franquista de la villa, despu√©s de que sus unidades mataran y fusilaran a miles de vascos republicanos.
Su nacimiento fue producto tanto de la Constituci√≥n espa√Īola de 1876 que se√Īalaba que “todo espa√Īol est√° obligado a defender la patria con las armas” y de la consiguiente Ley Constitutiva del Ej√©rcito: “La misi√≥n del ej√©rcito es defender la patria de los enemigos interiores”. La Constituci√≥n espa√Īola de 1978, vigente, es, precisamente, una copia de aquella tambi√©n mon√°rquica: “indisoluble unidad de la Naci√≥n espa√Īola, patria com√ļn e indivisible”, concepto garantizado por el Ej√©rcito.
Por eso, desde el siglo XIX, como antes lo habían hecho otras unidades, regimientos como el Garellano, Sicilia, Flandes, América o Arapiles han sido las expresiones más notorias de esa ocupación de nuestro país. Desde Lizarra a Basurto, desde Araka a Loiola. No es casualidad que al otro lado de la muga, en esta concepción, Baiona sea la sede de fuerzas especiales (paracaidistas) de origen colonial, que de estar destacadas en Indochina se ubicaron, tras la independencia, en la capital lapurtana.
El Garellano lleg√≥ a Bilbao hace 125 a√Īos, diez despu√©s de su fundaci√≥n, cuando Facundo Perezagua creaba la primera asociaci√≥n socialista y los mineros de la margen izquierda protestaban por las penosas condiciones de trabajo a las que les somet√≠an los patronos del hierro. Fue una respuesta contra el incipiente movimiento obrero vasco.
El nombre del regimiento castellano llegaba de una m√°s de esas cr√≥nicas hispanas, rid√≠culas y absurdas, que tanto gustaban a sus historiadores de la Academia. Los mismos que ahora reivindican la paternidad de su diccionario de traca. Un r√≠o en las cercan√≠as de N√°poles con su nombre, Gargliano (Garellano en espa√Īol), donde se batieron tropas del franc√©s Luis XII y de los ib√©ricos Reyes Cat√≥licos. A√Īos antes de la conquista de Navarra, cuando el reino pirenaico era independiente.
En 1890 ya reprimieron, junto a la Guardia Civil, incorporada tambi√©n al Ej√©rcito, a los huelguistas que bajaron a Bilbo, de Gallarta, Triano, Matamoros, Putxueta y La Arboleda. A partir de entonces, el asalto a los mineros ser√≠a una de sus tareas principales. En 1905 en Altos Hornos, en 1909 y 1910 en la capital… Una pelea siempre desigual: piedras contra bayonetas, sables y balas.
Ya a partir del 1911 los desfiles del Garellano en √©poca de paz eran contestados con lanzamientos de botellas, “silbidos y gritos antimilitaristas”, seg√ļn la prensa de entonces. En la huelga de 1917 con el epicentro en Bilbo, “los paisanos muertos fueron m√°s de 20 y los heridos pasaron del centenar, mientras las tropas (el Garellano) tuvieron escasas bajas”.
En el Garellano se integrar√≠an miles de j√≥venes vascos, obligados a realizar el servicio militar tras la abolici√≥n de los fueros. Fueron destinados a Cuba y all√≠ murieron por centenares, la mayor√≠a afectados por la fiebre amarilla. A partir de 1913 ser√≠an enviados a defender la “patria espa√Īola”, en Marruecos.
Las deserciones, numerosas sobre el terreno y tambi√©n antes del llamamiento a filas, provocaron que los mandos del Ej√©rcito incentivaran a sus oficiales, de manera tanto legal como ilegal. Corrupci√≥n. La tropa hu√≠a de los objetivos imperiales de la monarqu√≠a espa√Īola. En 1923, un grupo de soldados del Garellano que part√≠an de M√°laga a Melilla en el L√°zaro protagoniz√≥ un mot√≠n cuando desde el puerto la banda interpretaba la Marcha Real. Enarbolaron una ikurri√Īa y ser√≠an severamente castigados.
Los episodios hist√≥ricos con protagonismo de Regimiento acantonado en Bilbao son numerosos. De Basurto se trasladaron, en 1908, al cuartel de la Reina Victoria, en el coraz√≥n de la capital, en la Casilla. Curiosidades de la vida, Gregorio Ibarretxe era entonces alcalde, el primero jeltzale en la historia de la villa. Rindi√≥ pleites√≠a al Garellano, como tambi√©n al rey Alfonso XIII en su visita a los astilleros Euskalduna. Parte de los suyos se lo echaron en cara y le afearon lo que I√Īaki Azkuna acaba de repetir.
La misi√≥n inmortal de la “defensa de los enemigos internos” tuvo las siguientes estaciones en la Dictadura de Primo de Rivera, en la salvaje represi√≥n de la huelga de 1934 y, sobre todo, en la preparaci√≥n del golpe de Estado de 1936 que desembocar√≠a en la guerra civil. El Garellano tuvo arte y parte. Los consejos de guerra previos al 36 tuvieron su continuidad en la posguerra. Militares del Garellano hicieron de jueces y verdugos.
No quiero aburrir con m√°s referencias. Recordar, simplemente, que cuando el entonces pr√≠ncipe Juan Carlos fue nombrado sucesor de Franco, salt√≥ con su avi√≥n particular a Bilbo y lo primero que hizo fue visitar al Regimiento y adular su posici√≥n, en compa√Ī√≠a de la alcaldesa fascista, Pilar Careaga. En 1972 cuando Carrero Blanco sospech√≥ que los vascos preparaban la revoluci√≥n, el Garellano se ech√≥ al monte, para practicar t√°cticas antiguerrillas, entre Izarra y Amurrio. En 1978, cuando el Cesid intuy√≥ un rechazo a la Constituci√≥n espa√Īola, Mart√≠n Villa viaj√≥ al cuartel para enfrentar a una hipot√©tica insurrecci√≥n popular.
Siempre en el corazón de la ocupación.
Desde los a√Īos 60, la sede del Regimiento fue, asimismo, la de los consejos de guerra contra la disidencia vasca, contra ETA. Incluso calabozo para algunos de ellos. Por la cercan√≠a al conflicto, el juicio del siglo XX, el de Burgos, ser√≠a trasladado a la capital castellana. Pero el resto sigui√≥ su curso. En 1973 fueron juzgados en el cuartel del Garellano una docena de j√≥venes, cuatro en rebeld√≠a: Argala, Tom√°s P√©rez Revilla, Txomin Iturbe e Isidro Garalde. Al primero lo mat√≥ el BVE, al segundo el GAL e Isidro, como es sabido, todav√≠a est√° en prisi√≥n.
El Regimiento de Garellano fue y es la pica en Flandes de los antiguos conquistadores, el recuerdo omnipresente de c√≥mo se hace pol√≠tica en Espa√Īa. Recordar√°n que, en el 75 aniversario del fin de la guerra civil en suelo vasco, las asociaciones de memoria hist√≥rica organizaron actos para recuperar lo prohibido. Llorar a sus muertos.
Como contrapartida y para marcar el terreno, como me cuentan lo hacen los perros, un regimiento militar hispano se dispers√≥ por Elgeta, en abril de este a√Īo, en el aniversario de su toma por la armada franquista. Dos meses despu√©s, en el aniversario de la ocupaci√≥n de Bilbao por las tropas de Franco, el Garellano subi√≥ a la cima del Gorbea para hacerse, con la bandera mon√°rquica espa√Īola, una foto de familia, la del recuerdo de sus 125 a√Īos de ocupaci√≥n.
La exposición y el acto de pleitesía de Azkuna hacia el Regimiento surgido en Ciudad Real y trasladado a Bizkaia para hacer frente a la pujanza minera es un escarnio para quienes sentimos a nuestro país en el oxígeno que respiramos. Alguno me dirá que son los peajes del cargo. Falso. El centenario del Regimiento (1987) se celebró en el interior del cuartel, sin bombo ni platillos.
Hay otra historia, al margen de la que ofrece el Regimiento, hoy ubicado en Mungia, que me interesa más que la de Azkuna o ese patético Urquijo que ha llegado a comparar el Garellano con el Athletic. Es la de siempre, la de los nuestros, la de jóvenes y viejos, hombres y mujeres en cuya vida se cruzó precisamente el Regimiento de ocupación.
Como la de Francisco Hernando, soldado de reemplazo que muri√≥ de maniobras en Punta Galea, la de Javier Muelas, uno de los primeros objetores de conciencia arrojado a sus calabozos, la de I√Īaki Orbeta tambi√©n preso en Ceuta y trasladado al Garellano. La de Bego√Īa, madre de I√Īigo Moya herido de gravedad en un control de la Guardia Civil en Sopela, juzgada en consejo de guerra en el cuartel del Garellano por insultos a la Benem√©rita (¬Ņque madre no lo har√≠a viendo a su hijo agonizar?).
Otros nombres que nunca aparecer√°n en las exposiciones son los de Isidoro Urrutia, muerto en la huelga de 1917, los an√≥nimos combatientes del honor hispano cuyos huesos se difuminaron en las tierras del Rif, los de los vizcainos Victorino Tellaeche, Vidal Ruiz, Isidro Ipi√Īa, F√©lix Berm√ļdez… que dejaron su vida leales a la Rep√ļblica en 1937, precisamente en el Regimiento Garellano.
Este es nuestro relato, porque conocemos las venas de la historia.

Cuando el enemigo se llama Mosadeqq o Be√Īat

Esta semana hemos presentado el libro titulado “La Construcci√≥n del enemigo. ETA vista desde Espa√Īa, 2010-2012″. Las constataciones y reflexiones de cada cap√≠tulo son obvias, las consideramos cada d√≠a, pero cuando se amontonan una tras otra y dan el peso de 300 p√°ginas, llegamos a intuir la profundidad de la provocaci√≥n. Espa√Īa no tiene l√≠mites.
Se trata de un trabajo de interpretaci√≥n a trav√©s de las pautas que un d√≠a tras otro, a modo de jirones, nos van dejando los actores de este conflicto. Los actores, como se apunta en el t√≠tulo, relacionados con una de las partes. Los del Estado espa√Īol que, a pesar de que en ocasiones no lo parezca, act√ļan con una sinton√≠a extraordinaria. Como si un √ļnico pist√≥n pusiera en marcha m√ļltiples motores.
Hay √©pocas que resumen y evidencian la naturaleza de acontecimientos hist√≥ricos, su origen, sus causas y sus perfiles. La actual del conflicto vasco-espa√Īol es una de ellas. Un conflicto desarrollado en su enfoque m√°s moderno desde hace ya 50 a√Īos, en unos par√°metros definidos por los part√≠cipes con una visi√≥n pol√≠tico-militar, utilizada para perseguir los objetivos respectivos: la omnisciencia de la idea de Espa√Īa, por una parte, y la construcci√≥n de un marco de relaciones pol√≠ticas y sociales vascas, por otra.
El repaso de la historia de estos a√Īos nos sugiere claramente que cada uno de los sujetos en litigio se ha reafirmado en su estrategia. ETA, y en general la izquierda abertzale, no han tergiversado sus objetivos y sus principios. Han sido di√°fanos desde los comienzos. Espa√Īa en cambio, con el determinante soporte de Francia, se volc√≥ en una actuaci√≥n donde sus principios de Democracia y Estado de Derecho se difuminaron para garantizar un traspaso condicionado entre la dictadura y la monarqu√≠a parlamentaria actual, reafirm√°ndose en la idea centralizadora.
Fue precisamente en Euskal Herria donde se hab√≠a refugiado la idea de la “imperiosa necesidad democr√°tica de una ruptura con el pasado”, no s√≥lo con el franquismo, sino tambi√©n con la idea misma de Espa√Īa. Idea apenas desarrollada m√°s all√° del Ebro y que con las elecciones catalanas ha tenido cierto recorrido. El fondo dial√©ctico no ha sido el franquismo, la falsa transici√≥n o √©pocas similares, sino la idea democr√°tica de Espa√Īa.
El pretexto de la lucha contra la violencia pol√≠tica del ‚Äúterrorismo‚ÄĚ ha servido para construir una arquitectura medi√°tica, cultural, pol√≠tica, jur√≠dica y policial donde la definici√≥n del enemigo ha sido y es precisada seg√ļn par√°metros inamovibles. Hoy, ese escenario de bloqueo, parad√≥jicamente, es reconocido por ambas partes. Llama la atenci√≥n la asunci√≥n gubernamental que, en esta ocasi√≥n, reconoce que no quiere reconocer, redundancia, el fin de la violencia de ETA.
Desde aquellos “rojos separatistas‚ÄĚ hasta ‚Äúlos violentos y totalitarios‚ÄĚ el camino ha estado lastrado por el olvido, el silencio (200 torturados presentaron el s√°bado pasado su testimonio en iniciativa de Euskal Memoria), y, sobre todo, la intoxicaci√≥n y las mentiras. Una tras otra, sin respiro. Basagoiti acaba de lanzar la √ļltima perla a cuenta de ETA en Kutxabank.
No ha sido exclusiva en nuestro suelo, aunque si m√°s evidente que en otros. Esta estrategia, retro-alimentada desde la Segunda Guerra mundial, ha sido norma com√ļn para que las grandes potencias impusieran su mandato en escenarios internacionales. Y para construirlo han preparado un terreno cultural a trav√©s del Cuarto Poder que ha moldeado las opiniones p√ļblicas, que ha invertido la realidad con la ficci√≥n, que se√Īala la idea de que ‚Äúla forma en c√≥mo apareces es la que permanece‚ÄĚ. Aunque sea falsa.
En cierta medida, este modelo de gesti√≥n de las ideas forma parte de un conjunto m√°s amplio que algunos expertos han llamado “guerra sucia”. Porque en los c√≥digos b√©licos, la guerra sucia se utiliza, en general, contra la poblaci√≥n civil. Y, en esta l√≠nea, uno de los objetivos principales de ambos estados, espa√Īol y franc√©s, ha sido, y contin√ļa si√©ndolo, ganar a la poblaci√≥n civil en sus apuestas ideol√≥gicas.
Desde el golpe anglo-estadounidense contra Mohammad Mosaddeq, un persa esencialmente rico, reaccionario y de mentalidad feudal que en 1953 fue acusado de ser ‚Äúcomunista y aliado de la URSS”, cuando en realidad iba a nacionalizar las compa√Ī√≠as petrol√≠feras inglesas, hasta las inexistentes ‚Äúarmas de destrucci√≥n masiva‚ÄĚ del r√©gimen de Saddam Hussein en Iraq que dio pie a la invasi√≥n, la desvirtuaci√≥n del enemigo para justificar lo inadmisible ha sido el gui√≥n de esa guerra paralela.
Hoy, las claves en las que se mueven los estados espa√Īol y franc√©s, y los grupos pol√≠ticos y econ√≥micos que los sustentan, son las que ETA y, en general la izquierda abertzale, guardan a√ļn un arsenal de armas de destrucci√≥n masiva. Pero no especifican cu√°les son. Porque es de dominio p√ļblico que esas armas tienen que ver con la apuesta de cambio de modelo pol√≠tico. Y eso conlleva la destrucci√≥n del modelo actual.
Por eso, el bloqueo. Por eso la polarización y la intención, como en un conflicto armado, de implicar al grueso de la población civil (votantes) en la apuesta continuista. ETA abandonó la lucha armada, pero actuemos como si nada hubiera pasado, dicen. Porque en el enfrentamiento dialéctico, ideológico, la debilidad del sistema, a pesar del Cuarto Poder, es más evidente.
Ignacio Martín-Baró, asesinado por los escuadrones de la muerte de El Salvador, en noviembre de 1989 junto a otros cinco jesuitas, había descrito la polarización de su país después de una década de guerra, en claves que tenían mucho que ver, precisamente, con esta misma construcción que observamos ahora de cerca. Una reflexión que parecía brotar de Washington tras los ataques fundamentalistas a su territorio.
Los elementos que surg√≠an de esa construcci√≥n ten√≠an que ver con el estrechamiento del campo perceptivo y la apreciaci√≥n desfavorable y estereotipada del “nosotros-ellos”. Unos u otros. No unos y otros. Mart√≠n-Bar√≥ a√Īad√≠a las cargas emocionales, el involucramiento personal, la cohesi√≥n en el interior de cada grupo y, sobre todo, la implicaci√≥n o el intento de que los enfrentamientos presentes en la lucha pol√≠tica fueran trasladados a toda la sociedad y tambi√©n a sus instituciones. Que de alguna manera, los espacios sociales se involucraran en la estrategia del acoso.
Y a pesar de que el estudio de Mart√≠n-Bar√≥ fue realizado previamente a los atentados del 11S o de la Ley de Partidos de Espa√Īa, el acierto en su an√°lisis fue contundente. En la cercan√≠a, la teor√≠a de que todo es ETA y que en esta nueva estrategia se deb√≠an involucrar a todos los sectores sociales vascos, dej√≥ remiendos e implicaciones generalistas que afectaron a particulares, empresas, partidos, iglesia y un etc√©tera de sobra conocido.
Esta degradación todavía no ha concluido a pesar del proceso unilateral de paz promocionado por la izquierda abertzale a partir de 2008. Y, además, ha provocado el surgimiento de nuevas vías, producto de la alteración de la convivencia. Esas vías han sido aprovechadas, precisamente, por sectores económicos y políticos para mantener la exclusión provocada por la Ley de Partidos y, así, defender contra ese enemigo imaginario (Bildu en las instituciones) sus proyectos.
Este cambio dado por la izquierda abertzale ha puesto las cartas boca arriba. El t√≥pico de la violencia como fin en si misma, de la despectiva ‚Äúbatasunizaci√≥n de la pol√≠tica‚ÄĚ, del ‚Äúproyecto totalitario de la izquierda abertzale‚ÄĚ, se ha ido disolviendo como un azucarillo en el marco de la apuesta pol√≠tica para centrarse en que un verdadero proceso democr√°tico que solucione el conflicto se asienta en la confrontaci√≥n de todas las opciones pol√≠ticas presentes en Euskal Herria, sin ingerencias, ni coacciones violentas de ning√ļn tipo. Apuesta que asusta.
Es la madre de la continuidad y del bloqueo. De esa forma, el imaginario creado, el enemigo, se llame Mosaddeq o Be√Īat, seguir√° teniendo vigencia no s√≥lo para mantener un estatus, sino tambi√©n para intentar disgregar el grupo, romper la alianza soberanista y esa acumulaci√≥n cl√°sica de las fuerzas que quieren cambiar el mundo. Viejos m√©todos para nuevos escenarios.

Corbatas azules

Hace a√Īos, cuando la piel de mis manos a√ļn no mostraba los surcos del tiempo, me embargaba la sensaci√≥n de la diferencia como lo m√°s natural del mundo. Hab√≠a un abismo entre nuestras convicciones, las m√≠as y las de quienes me rodeaban, en relaci√≥n al mundo adulto. Me sent√≠a como esos espectadores de la vida en el bosque, secundarios, andarines de caminos cobrizos.
Llovi√≥ y oscureci√≥ hasta perder la cuenta. Compareci√≥ el compromiso, lleg√≥ la compa√Īera, aparecieron los hijos y el horizonte se fue desplegando en la extensi√≥n que cantaba Laboa. Del tronco que surgimos nacer√°n otros, desde aquel polvo de estrellas, sin percibirlo siquiera, hasta la eternidad. Convertir en realidad lo que era sue√Īo y deseo. Resultamos adultos y ocurri√≥ que no √©ramos como aquellos.
Supe, entonces, que había dos mundos. Dos concepciones del mismo. Dos vías, dos apuestas, dos elecciones, dos saltos, dos formas de atacar el imperecedero sentido de la batalla de la vida, la nuestra y la de los nuestros, por un lado. La de los otros, enfrente. No hizo falta abrir ni cerrar puertas. Tampoco la titularidad de carnés expedidos en locales de nombre impronunciable. Sobrevino sin estridencias, con la misma naturalidad que se había deslizado durante la juventud.
Un alineamiento familiar.
Hace unos d√≠as volv√≠ a recobrar aquella sensaci√≥n. Aquella misma impresi√≥n que entre las teclas del piano de fondo a los versos de Lete recitados por Laboa me acompa√Īan afianzando la l√≠nea fronteriza de los m√≠os. Acaso de las mismas tonalidades que la de los coros melan√©sicos recitando esa irrepetible canci√≥n en medio de los disparos extra√Īos de Sean Pean y Nick Nolte en la cinta de Malick, la delgada l√≠nea roja.
Nos encontr√°bamos en el tormentoso descanso de la Asamblea General de Kutxa. Grupos coligados, mayores y peque√Īos, sindicatos de clase con amarillos, herederos del franquismo, sucesores de Sabino Arana y de Pablo Iglesias, vascos, espa√Īoles. Unidos contra un enemigo com√ļn, unidos contra nosotros. Contra la forma diferente de hacer.
En medio, sonrisas, di√°logo, tacto, movimiento. Inquietud. Ojos brillantes. J√≥venes, rojo, verde, morado. Viejos, naranja, blanco, violeta. Colores, edad, mezcla. Enredo y confianza. Un ambiente distendido. Algunos no nos conoc√≠amos, pero habl√°bamos como si fu√©ramos socios del mismo club, desde los tiempos en los que hab√≠a √ļnicamente dos cadenas de televisi√≥n.
Dispersados por la sala, en cambio, se asentaban varias tribus diferentes. En la mesa, el presidente. El antiguo que era el mismo que el nuevo, a la espera de la reelecci√≥n, que se sab√≠a ganador porque guardaba varias cartas marcadas. A√ļn y todo solitario, echado en su silla con respaldo ergon√≥mico con la mirada perdida. Abrigado por un sueldo de esc√°ndalo, mas de medio centenar de millones de las antiguas pesetas al a√Īo, poniendo en entredicho ese viejo adagio de que el dinero hace amigos.
A los lados, en grupos estancos, los viejos socialistas, los de CCOO, los del PP como si escondieran su condici√≥n, los jeltzales. Eso de la transversalidad era un camelo. Ni siquiera se mezclaban con la mirada. Pero ten√≠an un objetivo com√ļn. Un frente anti-cambio. Que las cosas siguieran como estaban. Desde el GBB se hab√≠an repartido las consignas. El resto, bolsillos agradecidos. La pol√≠tica, el sindicalismo, la representaci√≥n como un fin en s√≠ mismo.
La imagen es tendenciosa, sin duda. Subjetiva. No lo he podido remediar. Sabemos que los ricos también lloran. Que el sabor de la langosta a la plancha supera mesas, que el Ondarre del 2004, como el whisky de malta Yamazaki, son seductores para cualquiera. Que el sexo hace la vida sumamente placentera y que la lectura de Baudelaire empuja a las emociones más nobles. A unos y a otros. Pero sigo pensando en la frontera, como aquellos contrabandistas que, en ausencia de la luna, cabalgaban a pasos agigantados con Xangarin para huir de los carabineros. Para huir de los otros. De los, casualidad o no, corbatas azules.
Aquella imagen que se prolong√≥ durante diez minutos, los del recuento, vali√≥ por millones de im√°genes atesoradas durante cientos de a√Īos en los cuadernos locales, en los manuales generales. No hace falta haber cubierto de gloria el expediente acad√©mico en Harward o en Cambridge para diferenciar los contaminados de los honrados, los que tienen un precio de los que jam√°s han utilizado la calculadora entre amigos.
Las diferencias son enormes. Creo, sinceramente, que insalvables. Hablamos lenguajes tan diversos que jam√°s podremos encontrar siquiera un pigdin, una interlingua, como usaban nuestros antiguos arrantzales para comerciar con los micmacs. No tiene que ver ni con cultura, ni con ese vocablo que a estas alturas ni existe, raza, ni con la procedencia.
Tiene relaci√≥n, en cambio, con la actitud frente a la vida, con la forma de abordar nuestra estancia pasajera en este pedazo de tierra ba√Īado por vientos cant√°bricos, ara√Īado, al sur, por el cierzo. Una actitud que nos viene de lejos, abrigada por antepasados que antepusieron todo para alcanzar nada a veces. Todo, tambi√©n, en ocasiones. Que no tuvieron la mirada puesta en las cifras de la recompensa para tomar una u otra direcci√≥n.
Nuestros c√≥digos son tan naturales que cuando los vemos plasmados en Zizek, Gramsci o Kropotkin nos parecen obviedades. Creemos en la solidaridad frente a la caridad (¬Ņlo recuerdas Markel Olano?), en el compromiso para mejorar este f√©tido mundo a cambio, precisamente, de extender lo logrado a quienes hoy desconocen que la posibilidad es innegable. Pensamos que lo inevitable es la excusa, precisamente, de los otros y, por ello, no somos deterministas. Se puede evitar.
No me cabe la menor duda de que nuestro esp√≠ritu, honesto y desprendido, fue el mismo que cautiv√≥ a todos aquellos que, en otros lugares, aspiraban a ese mundo mejor que siempre tendremos en el horizonte. El mismo que llev√≥ a Telesforo Monz√≥n a bajar las escaleras hacia el infierno, a F√©lix Liquiniano a abrir la puerta del camping a los huidos, a Miguel Amilibia a dejar la Casa del Pueblo para asociarse a la Herriko m√°s cercana. La misma supernova que atrajo a Bergam√≠n, a Forest, a viejos y j√≥venes so√Īadores. Porque entre nosotros, los sue√Īos no son sin√≥nimos de frustraciones.
Probablemente tengamos un discurso endeble, incongruente a veces y lejano a las grandes teor√≠as que emanaron de los pensadores que ubicaron al mundo. Pero tenemos determinaci√≥n. A cambio del cambio. Agrandaron miles de compa√Īeras y compa√Īeros ese polvo de estrellas que cantaba tambi√©n E√Īaut. Centenares de los nuestros tienen a√ļn una celda por morada, un refugio por hogar.
Conocemos a la perfecci√≥n las fronteras y la atm√≥sfera de los otros, un escenario que nos repugna: corbatas (azules) de Balenziaga, prestadas o sustra√≠das. Villas en primera l√≠nea de playa. Reparto de bot√≠n. Cuentas en Luxemburgo o quiz√°s en las islas Caim√°n. Dietas a cuenta del erario p√ļblico que superan a los sueldos de la mayor√≠a… Me dir√°n que son los menos. Es cierto. Pero otra fila que va y viene aspira a alcanzar ese mismo escenario.
Hace una semana, en decenas de pueblos y barrios de Euskal Herria se han reunido miles de los nuestros. Buscando la herramienta adecuada para el futuro. Para impulsar esos sue√Īos que a veces se acercan hasta acariciarlos y otras se alejan provocando desasosiego.
He asistido en primera persona al debate, junto a decenas de compa√Īeras y compa√Īeros. A la vieja usanza. Con posturas cercanas, en ocasiones, con lejanas en otras. Discutiendo con pasi√≥n, analizando puntos y comas como si se tratara de multiplicaciones y divisiones.
Sé que ideológicamente tengo diferencias con algunos de ellos. Y que lo que yo defiendo puede ser más o menos compartido. Acierto y me equivoco. Sé que el debate produce fricción. Alguna que otra desconfianza, también. No me preocupa. Porque sé que, arriba o abajo, a un lado o al otro, la dimensión es la familiar. Estamos en casa. Y entre los nuestros, el principal valor es el de la confianza. Algo que jamás me darán los de las corbatas azules.