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LA GRAN FARSA DE LA GWOT

El título recoge las siglas de un concepto surgido en Washington, el de Global War on Terrorism (guerra mundial contra el terrorismo), a partir de los ataques de septiembre de 2001. Fue una iniciativa germinada con George Bush que, al poco, recibió el espaldarazo de la OTAN y, con matices, de Naciones Unidas a partir de 2006.
El terrorismo es una noci√≥n ampliamente debatida que, adem√°s, no sugiere consenso. Como es conocido, la Uni√≥n Europea considera terroristas a trece organizaciones vascas, a petici√≥n del Gobierno espa√Īol (ya del PP ya del PSOE), mientras el departamento de Estado norteamericano √ļnicamente da dicho car√°cter a ETA. Alguna de las organizaciones terroristas vascas no ha sido todav√≠a calificada como tal por el Tribunal Constitucional espa√Īol, lo que certifica que la UE hace seguidismo no ya de las restrictivas normas jur√≠dicas espa√Īolas sino de sus informes policiales.
La credibilidad de estos organismos internacionales est√° en duda en cualquier entorno dedicado a los derechos humanos, al menos desde que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas promulg√≥ la Resoluci√≥n 1530 en la que atribu√≠a los atentados fundamentalistas de Madrid, en 2004, a ETA. A propuesta, precisamente, de Espa√Īa. Y, aunque no se suele recordar, tambi√©n de Francia. Par√≠s y Madrid dieron por buena, y junto a ellos los miembros del Consejo, una mentira colosal.
No quiero, sin embargo, incidir en un debate que se repite en cientos de foros. ¬ŅCu√°l es la definici√≥n de terrorismo? Es evidente que hay demasiados intereses, no s√≥lo sem√°nticos, para llegar a un acuerdo conceptual. Sin embargo, s√≠ deseo lanzar algunas reflexiones a cuenta de la violencia terrorista.
El cese de la “actividad armada” de ETA, as√≠ como la asunci√≥n por parte de la izquierda abertzale, Sortu en este caso, de una l√≠nea que apuesta por la soluci√≥n del conflicto por “v√≠as democr√°ticas y pol√≠ticas” es una declaraci√≥n de intenciones y, como lo han dicho, un cambio estrat√©gico. Unilateral. Ello no significa, sin embargo, que la violencia desaparezca del proceso. Porque para una de las partes es sist√©mica, origen y desarrollo de su proyecto.
La muerte de dos vascos, militares ellos (al parecer uno jubilado), en escenarios lejanos, Argelia y Afganistán, recuerda que la violencia persigue fines políticos y que, en ambos casos, estos fines políticos están subordinados a la economía. Serían nuestro paradigma de esas dos ideas asentadas por Gramsci: la violencia está intrínsecamente ligada a la política y ésta subordinada a la economía.
No tengo intención de ofrecer una lección de conocimientos marxistas, ni siquiera acercarme a lo que parece evidente. Tengo por objeto traer a reflexión que, con los cambios estratégicos en un sector de las fuerzas soberanistas, es probable que se subestime el papel de la violencia en la correlación de fuerzas, en su utilización política y económica. Me refiero al terrorismo de Estado, al que ahora se le llama, eufemísticamente, GWOT.
La actividad encubierta, el terrorismo de Estado, no tiene notarios. Conocemos algunos lugares que llaman calientes pero como en las películas producidas por Hoolywood, sólo la ficción se acerca a una realidad que la supera y que, como es obvio, la desconocemos en su gran mayoría. Hay una violencia encubierta, aunque la disidencia descarte la vía armada.
Sabemos, sin embargo, que ese terrorismo con base te√≥rica en Estados Unidos y exportado ahora desde sus bases dispersadas por territorio americano ha operado en al menos 50 pa√≠ses. Agentes encubiertos han sido agasajados con una medalla especial del GWOT por operaciones terroristas (o antiterroristas, seg√ļn se mire) realizadas a lo largo del planeta. Tambi√©n en Europa.
No hay actividad aparente en la lucha mundial contra el terrorismo en Euskal Herria, nadie ha recibido recientemente una medalla por ello, a pesar de las 13 organizaciones terroristas vascas, pero s√≠, por ejemplo, en Hungr√≠a, estado de pleno derecho de la OTAN. Ni la Uni√≥n Europea, ni el Departamento de Estado norteamericano tienen detectado, por seguir el ejemplo, ning√ļn grupo terrorista en Hungr√≠a.
La excusa de la GWOT, a la que insistentemente reclamo sin√≥nimo del terrorismo de Estado es, precisamente, eso. Una excusa. Estados Unidos ha vendido armas en 2011 por valor tres veces superior al a√Īo anterior, mientras la UE se ha convertido en el mayor exportador planetario de armas, en el a√Īo en que recib√≠a, ¬°qu√© bajo ha ca√≠do el N√≥bel sueco!, el premio internacional de la paz.
Una venta de armas que no tiene en absoluto que ver con bloqueos pol√≠ticos, pretendidamente democr√°ticos. Arabia Saud√≠, pa√≠s donde la mujer no puede votar, ni siquiera conducir un coche, compr√≥ el a√Īo pasado a Washington armas por valor de 33.400 millones de d√≥lares. Espa√Īa multiplic√≥ la venta de armas a los pa√≠ses √°rabes inmediatamente despu√©s de las revueltas supuestamente democr√°ticas. Revueltas que, con la distancia, me sugieren fueron dirigidas desde Occidente.
Y es que la consideraci√≥n es contundente. No por ello debe ser acertada. Pero se me deslizan tantas preguntas que las puertas a la l√≥gica se atrancan. El fundamentalismo, integrismo, el choque de civilizaciones, la radicalizaci√≥n religiosa… son un producto surgido en los laboratorios de la Uni√≥n Europea, Washington, y por lo que le toca en Asia, de Jap√≥n.
Es decir, que el amigo y el enemigo forman parte de una √ļnica estrategia. La que engrasa la maquinaria de la guerra para defender el status quo de una clase dirigente a la que conceptos como democracia, participaci√≥n, pacifismo, justicia… se las trae al pairo. S√© que, en medio, miles, millones de personas defender√°n cuestiones m√°s o menos ideol√≥gicas en cada uno de los bandos. Incluso en el de los poderosos. Pero eso es lo secundario.
La participación de Francia a través de su Armada y sus agentes encubiertos en Siria y Malí es uno de los paradigmas del argumento lanzado. Los salafistas, los integristas, al asalto del poder en Damasco. Apoyados sólidamente por París. En la misma medida, los fundamentalistas aspiran a derrocar al Gobierno de Bamako, en Malí, surgido por cierto por un golpe de Estado y apoyado ahora por las tropas de Hollande.
Un periodistas francés sugería recientemente la paradoja de que agentes encubiertos de Francia se juntarían en París, en la retaguardia. Los unos salafistas, procedentes de Siria. Los otros combatientes contra el salafismo, procedentes de Malí. Todos ellos pagados por el ministerio de Defensa francés, gobierno de gobiernos.
Citaba a Gramsci y su insistencia en denunciar la subordinaci√≥n de la pol√≠tica a la econom√≠a. En 1988 Dulcie September, representante del ANC en Europa, fue asesinada en Par√≠s. Hab√≠a estado con nosotros en los actos del aniversario del bombardeo de Gernika. En Francia, Mitterrand era presidente y Pasqua ministro del Interior. Francia se saltaba el boicot al Apartheid de Sud√°frica, decretado por Naciones Unidas. Armas, uranio… Dulcie preparaba la denuncia… y fue abatida. Desconozco si hubo, como ahora, medallas. Pero no hace falta ser un lince para conocer qui√©n estuvo detr√°s de su muerte.
La violencia, el terrorismo de Estado, est√° en su punto √°lgido. La hipocres√≠a de la clase dirigente, asimismo, alcanza cotas dif√≠ciles de superar. Abiertamente han reconocido el retroceso en las libertades, el recorte de los derechos humanos y, como si fuera un balance empresarial, anuncian que cuando la situaci√≥n mundial mejore, se podr√° volver a tiempos de libertades. ¬ŅQu√© burla es esa?
Hay una gran farsa, bajo el paraguas de la democracia, que se lleva por delante miles de personas diariamente. No sólo por el expolio de la riqueza, la privatización de las fuentes naturales o la socialización de las pérdidas, sino también por la apelación ilimitada a la violencia. Un recurso cotidiano que no tiene fronteras. Un recurso promovido para que una clase, extremadamente minoritaria, goce de unos privilegios galácticos. El drama, al margen de los mayores damnificados, llega con esa otra clase intermedia, los transmisores, los lacayos. Los que hacen posible la continuidad de la violencia bajo paraguas democráticos.

COMO DOS GOTAS DE AGUA

La ejecución de tres mujeres del PKK kurdo en París, entre ellas la de Sakine Cansiz, ha venido a recordar que, en el mundo de la política, los decorados no tienen que ver en absoluto con la realidad. El equipo de Hollande se reunía habitualmente con Fidan Dogan (Congreso Nacional del Kurdistán) en los prolegómenos de ese proceso de paz que parecía abrirse en el Kurdistán bajo dominio turco. Las conversaciones frecuentes no han sido, sin embargo, sinónimo de inmunidad para la comunidad kurda. Sakine ha sido ejecutada.
Todo es posible y el tiempo nos ir√° abriendo puertas, pero parece bien extra√Īo que tres mujeres estrechamente vigiladas por los servicios secretos franceses, y otros, puedan ser eliminadas en el centro de Par√≠s, provocando una ilusa perplejidad en el embustero ministro del Interior, Manuel Valls. La afirmaci√≥n sobre su credibilidad viene a cuenta del caso de la zuberotarra Aurore Martin. Valls demostr√≥ ser un mu√Īeco m√°s de la f√°brica Pinocchio.
El PKK me abri√≥ la curiosidad en su comunicado sobre las ejecuciones de Par√≠s, al responsabilizar del mismo a la secci√≥n turca de la Red Gladio, los malos de los malos en los estertores de la Guerra Fr√≠a. Asesinos a sueldo de grandes corporaciones, la OTAN y, sobre todo, la CIA. Hab√≠a dado por hecho que la Red Gladio desapareci√≥ hace 20 a√Īos, pero con ese nombre u otro, es evidente que un grupo subterr√°neo persigue sus mismos objetivos.
En Euskal Herria las investigaciones sobre la Red Gladio salieron a la luz en la d√©cada de 1990. Magistrados y periodistas italianos se√Īalaron que la CIA operaba desde Bilbo en estos menesteres y que la Red Gladio contaba con infraestructura en Donostia. Investigando estas y otras cosas parecidas me detuvieron y expulsaron de EEUU en 2007.
Entonces, cuando la Red Gladio apareci√≥ y probablemente como ahora, todos descargaron responsabilidades porque parec√≠a que el monstruo segu√≠a vivo. El megal√≥mano Mitterrand, predecesor de Hollande, se√Īalar√≠a que “ya disolvi√≥” a la Red, mientras que Narcis Serra, ministro de Defensa espa√Īol, fue m√°s lejos: “Espa√Īa no ha formado parte de la red Gladio ni antes, ni despu√©s de crearse el Gobierno socialista”. Serra recibi√≥ premio. Dirigi√≥ hasta hace unos d√≠as Caixa Catalunya hoy pretendida por Kutxabank, a la que arruin√≥. Intervenida por el FROB se subi√≥ el sueldo escandalosamente antes de huir por la puerta trasera. Otro “socialista” de rostro enorme.
Apegados a la condena como reafirmación política, en noviembre de 1990 se produjo una votación en el Parlamento Europeo para rechazar a la Red Gladio. En ella los eurodiputados del PSOE se alinearon con la derecha y la extrema derecha, para votar en contra de la condena, rompiendo de esa manera la disciplina de voto del grupo socialista de Estrasburgo.
Hay un dicho castizo que apunta a que cr√≥nicas, personas, sucesos, se ‚Äúparecen como gotas de agua‚ÄĚ. La verdad es que cuando llueve, las gotas parecen todas iguales. Nosotros, que andamos a trancas y barrancas con la historia, decimos que la misma se repite. Ya s√© que generalizar no es de recibo. Simplemente acerco el tema.
Al margen de la Red Gladio citada, las ejecuciones de Par√≠s, al comienzo precisamente de un proceso negociador, me han tra√≠do a la memoria la muerte de Santi Brouard. Aquel pediatra independentista y socialista, tambi√©n presidente de HASI, al que unos sicarios pertenecientes a una trama ligada al Estado espa√Īol, acaso tambi√©n relacionada con Gladio, mataron en su consulta, en noviembre de 1984.
Permítanme que les refresque la memoria. Aunque el relato sea un poco extenso creo que servirá para apuntalar mi tesis de las dos gotas idénticas de agua. Protagonistas: proceso de paz en ciernes, intermediarios, gobiernos socialistas y fuerzas subterráneas que, con complacencias políticas, impusieron e imponen sus tesis de plomo.
En junio de 1984, Francia y Espa√Īa sellaban un Acuerdo contra ETA, en medio de la actividad del GAL. Fue p√ļblico as√≠ como la mayor√≠a de sus contenidos. La declaraci√≥n supuso una tregua de casi nueve meses del GAL. En julio del mismo a√Īo, a petici√≥n de Felipe Gonz√°lez, un jesuita se entrevistar√≠a en Par√≠s con un delegado de ETA, Txomin Iturbe. D√≠as despu√©s, aquel ministro condenado y luego indultado por ordenar el secuestro de Segundo Marey y robar dinero p√ļblico llamado Pepe Barrionuevo dec√≠a que “el Gobierno est√° dispuesto a negociar la paz directamente con ETA donde quiera y cuando quiera”.
Hasta el PNV se mostr√≥ ilusionado: “Occidente quiere la negociaci√≥n pol√≠tica: la propuesta del Gobierno espa√Īol a ETA ha sido m√≠nima, aprovechando su supuesta superioridad”. Santi Brouard contest√≥ a Barrionuevo que lo suyo era un “gesto a la audiencia tanto europea como espa√Īola en un intento de que se diga: mira, el Gobierno espa√Īol ya ha realizado una oferta de negociaci√≥n. Pero lo que pasa es que es una oferta muy burda”.
Poco despu√©s, Francia entr√≥ en liza. El embajador del Estado franc√©s en Madrid, Pierre Guidoni, envi√≥ un mensaje a Herri Batasuna para entrevistarse con alg√ļn miembro de su Mesa Nacional. La coalici√≥n design√≥ a Jokin Gorostidi y Santi Brouard como sus portavoces y, as√≠, ambos acudir√≠an al despacho del diplom√°tico franc√©s en una ma√Īana a mediados de septiembre. Guidoni discuti√≥ de pol√≠tica y entreg√≥ a ambos una cita para ETA en Burdeos, a la que, dijo, asistir√≠a alg√ļn representante franc√©s.
Hoy, como la autoestima aumenta con la edad y a los jubilados les da por publicar sus memorias, sabemos que una vez concluido el encuentro e inmediatamente, Guidoni cambi√≥ de habitaci√≥n y transmiti√≥ sus impresiones y gui√≥n a cuatro dirigentes del PSOE, entre ellos Txiki Benegas y Enrique M√ļgica Herzog. El curr√≠culo de M√ļgica Herzog es de sobra conocido, desde su sionismo confeso hasta su afinidad al PP a pesar de contar con carn√© del PSOE, pasando por su implicaci√≥n en el golpe de Estado de 1981.
ETA, con sus dos representantes en los di√°logos estigmatizados (Eugenio Etxebeste deportado y Txomin Iturbe asignado a residencia) no asisti√≥ a la reuni√≥n de Burdeos proyectada por Guidoni y M√ļgica Herzog. Santi Brouard recibir√≠a nuevas propuestas y correos. En la letra parec√≠a que Madrid y Par√≠s deseaban la paz. En la realidad alimentaban la guerra.
Y hubo un golpe de mano. De nuevo, si hacemos caso a las memorias escritas y a las declaraciones de sus protagonistas, el siguiente interlocutor espa√Īol ser√≠a Enrique Rodr√≠guez Galindo, quien lanzaba los mensajes como hombre de confianza de Andr√©s Casinello, en esa √©poca director general de la Guardia Civil y anteriormente uno de los responsables de los servicios secretos espa√Īoles.
Santi Brouard calificar√≠a esta fase tan enmara√Īada como un conjunto de “malas conversaciones”. No tuvo oportunidad de verlas adjetivadas de otro modo. Al atardecer del martes 20 de noviembre de 1984, Brouard fallec√≠a en su despacho m√©dico de Bilbo tras recibir ocho impactos de bala. No hubo secretos por ninguna de las partes: el blanco elegido por los dos mercenarios que ejecutaron a Santi estaba relacionado con el tema de la negociaci√≥n ETA y Estado. Brouard acababa de afirmar, unos d√≠as antes de su muerte, que era utilizado por Madrid como un intermediario para hablar con ETA.
Ni Santi Brouard ni Sakine Cansiz tuvieron inmunidad. M√°s bien, y esto es una impresi√≥n porque el mundo subterr√°neo es m√°s amplio que la superficie, la raz√≥n nos dice que ambos fueron se√Īalados como dianas. Desconozco si las ejecuciones de Par√≠s pertenecen a la estrategia de negociaci√≥n o de su negaci√≥n. En el caso vasco es evidente que formaban parte de un conjunto destinado a acabar con la disidencia, con ETA, un todo que contemplaba el GAL, los contactos, las deportaciones, las expulsiones, etc. como parte del incremento del acoso policial y diplom√°tico.
Tampoco tiene mayor inter√©s el conocer si las fuerzas m√°s belicistas (como Gladio o similares) intentaron o intentan modificar un escenario posible de paz. El hecho es que gobiernos socialistas han sido arrastrados por los se√Īores de la guerra y han formado parte incluso de esa estrategia. En unos meses, Fran√ßois Hollande, Jean-Yves Le Drian y Manuel Valls han echado por tierra su patrimonio pol√≠tico. En Somalia, en Libia, en Euskal Herria, en Kurdist√°n, en Mal√≠. M√°s de lo mismo. Hablan de paz en los recados que transmiten pero siguen gestionando el lucrativo negocio de la guerra.

Milay, Maddi y la libertad

Hace ya unos cuantos a√Īos, Eduardo Galeano escribi√≥ un relato extraordinario que una d√©cada m√°s tarde fue traducido al euskara por Gari Berasaluze. Hablaba, desde la candidez de una ni√Īa, de complicidades, presos pol√≠ticos, ojos enormes y p√°jaros clandestinos. Hablaba de lo que una ni√Īa ve con sus ojos de ni√Īa y un adulto apenas repara.
Result√≥ que Didasko P√©rez, maestro de escuela en Uruguay, hab√≠a sido torturado y luego encarcelado por tener “ideas ideol√≥gicas”. Recordar√°n que a nuestros presos vascos no les permiten firmar como “presos pol√≠ticos”, ni pintar estrellas rojas, ni siquiera recibir por navidades una palabra distinta a “zorionak”.
En Uruguay, Didasko recibi√≥ un domingo la visita de su hija Milay, de cinco a√Īos. La hija le llev√≥ un dibujo de p√°jaros y los censores se lo rompieron a la entrada de la c√°rcel, aduciendo subversi√≥n. Al domingo siguiente, Milay le deriv√≥ a su padre un dibujo de √°rboles. Los √°rboles no estaban prohibidos, y el dibujo pas√≥.
El padre preso elogi√≥ el dibujo a la ni√Īa y le pregunt√≥ por los circulitos de colores que aparec√≠an en las copas de los √°rboles, muchos peque√Īos c√≠rculos entre las ramas: ¬ŅSon naranjas? ¬ŅQu√© frutas son? La ni√Īa le hizo callar: Ssshhhh. Y en secreto le explic√≥: “Bobo. ¬ŅNo ves que son ojos? Los ojos de los p√°jaros que te traje a escondidas”.
Casualidades de la vida cerr√© aquel cuento y a los d√≠as puede leer una descripci√≥n que encontr√≥ en cierta ocasi√≥n Julio Cortazar en un diario londinense. Un tal mister Washbourn firmaba una carta en estos t√©rminos: ‚Äú¬ŅHa se√Īalado alguno de sus lectores la escasez de mariposas este a√Īo? En esta regi√≥n habitualmente prol√≠fica casi no las he visto, a excepci√≥n de algunos enjambres de papilios. Desde marzo s√≥lo he observado hasta ahora un Cigeno, ninguna Et√©rea, muy pocas Teclas, una Quelonia, ning√ļn Ojo de Pavorreal, ninguna Catocala, y ni siquiera un Almirante Rojo en mi jard√≠n, que el verano pasado estaba lleno de mariposas”.
Tuve la impresi√≥n, y la he mantenido durante a√Īos, m√°s de los que habr√≠a deseado, que p√°jaros y mariposas, los s√≠mbolos m√°s universales de la libertad, estaban encerrados tras las rejas, prohibidos por su, como es sabido, car√°cter revoltoso. Mikel Laboa cantaba aquello del p√°jaro que dejaba de serlo porque le cortaban las alas. Quiz√°s por eso mister Washbourn notaba su escasez. Demasiadas tijeras.
Incrementando mi inquietud, hace unos d√≠as le√≠ en Gara, y no en otros peri√≥dicos, una noticia sorprendente. En Iru√Īea hab√≠an avistado una especie que los profanos identificar√≠amos como gorri√≥n de frente roja, que habitualmente suele criar en Islandia, por lo visto. Un “pardillo sizer√≠n”, en realidad. Y un poco m√°s al norte de nuestro pa√≠s, en Bertiz, fue visto un “ampelis europeo”, que tiene su h√°bitat natural en las zonas septentrionales de Suecia, Rusia y Finlandia y tambi√©n con una franja roja en su frente.
Las noticias de p√°jaros, aves desconocidas con aderezos rojos y la escasez de mariposas, esa palabra que deslumbr√≥ a Bonaparte por la cantidad de apodos que atesoraba en euskara y cuyo nombre, pinpilinpauxa, fue elegido como el m√°s hermoso del universo euskaldun, se me amontonaban en la mesa. Se√Īales de aguacero.
En 1942, en la Francia ocupada por los nazis, los aviones aliados echaban ramos infinitos con una √ļnica poes√≠a. A veces, la humedad sesgaba las letras. Otras, en cambio, el poema llegaba a su destino. Fue una iniciativa brillante: “Por el p√°jaro enjaulado, por mi amigo que esta preso, por los √°rboles podados, por el hombre torturado… yo te nombro libertad”. El autor Paul √ąluard, un comunista en clandestinidad que combat√≠a con armas contra el ocupante.
Lejos de nuestra vieja Europa, y de nuestro pa√≠s que acoge a un sinf√≠n de mariposas y a un n√ļmero m√°s reducido de aves, la guerrilla de las FARC-EP se ha sentado a negociar con el Gobierno colombiano, en La Habana. La delegaci√≥n femenina guerrillera recibi√≥, d√≠as atr√°s, una carta de sus compa√Īeras kurdas, al otro lado del planeta.
Y la contestaron. La correspondencia me abland√≥ el coraz√≥n y me record√≥ la grandeza de la lucha contra la injusticia: “Nos da much√≠sima fuerza saber que hay una gran cantidad de mujeres en esta tierra luchando por lo mismo: por un mundo sin opresi√≥n, sin miseria. Abrazamos su causa, a partir de ahora ustedes est√°n en nuestros corazones y en nuestras cabezas, porque son nuestras hermanas de lucha, pues todas estamos dispuestas a sacrificar nuestras vidas por la humanidad”.
Y yo, que tengo tendencia a comparar, para bien y para mal, todo lo que tiene nombre y apellidos, ojos y piel, a lo largo del planeta, no pude menos que acordarme de nuestras presas, agolpadas con sus hijos en la cárcel de Aranjuez: Alicia, Anabel, Oskarbi, Lierni, Nerea. Viviendo la felicidad de la maternidad, el despertar de sus hijos en medio del desasosiego de las rejas. Tristeza y alegría. Todo ello en un dormitorio.
Les cortaron la vida, les prohibieron los p√°jaros, pero ellas crearon esos ojos, tan grandes que no pasan desapercibidos, esos ojos que s√≥lo los ni√Īos y las aves amplifican para acercarse al viento, para guardar el h√°lito de la belleza, el poder de la persuasi√≥n y, sobre todo, la necesidad de continuar con la misma cadencia que recibimos de nuestros antepasados.
Hay, sin embargo, una corte de funcionarios uniformados, de banqueros financiadores, de embozados estrategas que estrujan las celdas, que rompen los dibujos, que cuelgan los tel√©fonos y que proh√≠ben los dibujos de colores. Arrogantes se√Īores gris√°ceos que persiguen a hombres y mujeres, viejos y ni√Īos, por poner un poco de dignidad en su existencia. En las monta√Īas del Kurdist√°n, en las selvas de Bucaramanga, en las mazmorras de Espa√Īa y Francia, donde habitan m√°s de 600 presos vascos a los que est√° prohibido llamar “pol√≠ticos”.
Itziar estuvo orgullosa de su hijo, el hijo de Itziar, que soport√≥ la picana sin delatar a compa√Īeros, “¬Ņque te han hecho para estar as√≠?”. Siete hombres me golpearon, cuatro veces me sumergieron la cabeza, me colgaron de los pies… recitaba el hijo de Itziar. La dulce Maddi, como dice la canci√≥n, le esperaba orgullosa, al pie de la c√°rcel, para darle dos besos. Miles de hijos y de madres. Unos m√°s fuertes que otros. Todos nuestros.
Hemos contado tantas historias de presos y presas, los hemos evocado en tantos paneles, canciones y recuerdos a lo largo de los a√Īos que apenas si somos capaces de diferenciar si hablamos de nuestros padres o de nuestros abuelos. Siempre hemos sufrido la c√°rcel. El pueblo vasco es un pueblo con mancha. Una mancha terrible, ag√≥nica a veces, una huella identitaria.
Hemos caminado con ellas y ellos, separados por muros mayores que los de la guerra fr√≠a. Hemos llegado exhaustos a la puerta para abrirlas al son de fanfarrias y marchas festivas para anunciarnos, en el √ļltimo suspiro, que la pena se alargaba diez a√Īos. Hemos sufrido el acoso, el rechazo y el insulto de quienes en euskara se llaman zurias, los esclavos que piensan como el patr√≥n.
Pero nunca los hemos abandonado. Sus hijos son nuestros hijos, sus esperanzas son las nuestras y en cada sue√Īo que con delicadeza ayudamos a tejer, encontramos cientos de manos, millares de dedos aplicados en contar, en recibir si fuera el reparto de un √°pice de su encierro.
En La Sant√©, definida como una de las cinco c√°rceles con peor reputaci√≥n del mundo, tambi√©n hay presos vascos: I√Īaki, Garikoitz, Iker, Andoni, Josu, Ekaitz. Colchones llenos de piojos, dos duchas de agua fr√≠a a la semana, hacinamiento, humillaci√≥n a las familias. Apollinaire estuvo tambi√©n en una de sus celdas hace much√≠simo tiempo: “Recuerda siempre que te espero”.
Hoy tenemos una cita en Bilbo. U12. Recordad que siempre os esperamos. Una cita con ellas y ellos, con los ojos de los p√°jaros clandestinos de Milay, con los dulces besos de Maddi. Con la ternura de los ni√Īos de Aranjuez, pegados a sus madres presas. Con los enlatados en La Sant√©. Con los escondidos en alg√ļn lugar innombrable, con los exiliados en M√©xico, con todos ellos. Y ellas. Una cita para abrir las jaulas, para descubrir de nuevo a las quelonias y a los papilios, en medio de sizerines de frente roja. Una cita, sobre todo, para traerlos a casa. A los huidos. A nuestros presos. Y a nuestras presas.

CONFUNDIDOS CON VASCOS

A pesar de lo que digan los medios de comunicaci√≥n, muchos de los vascos que han salido fuera de sus l√≠mites, a Espa√Īa sobre todo, se han encontrado en m√°s de una ocasi√≥n en alguna situaci√≥n apurada debido a su origen. Hace a√Īos, una encuesta realizada entre los espa√Īoles sobre fobias, se√Īalaba que, tras los gitanos, los vascos eran los m√°s odiados. Siglos de complejos, en ocasiones, y en otras fruto de un conflicto sin resolver en el que los m√°s beligerantes ve√≠an peligrosos guerrilleros donde no hab√≠a sino humo.
El recurso al ‚Äúvasco malo‚ÄĚ ha sido constante y no s√≥lo desde ciertos sectores m√°s o menos ultramontanos, sino tambi√©n desde instituciones y, sobre todo, desde medios de comunicaci√≥n. En cierta ocasi√≥n que un periodista, Mart√≠n Prieto, desapareci√≥ una noche despu√©s de una conquista amorosa a altas horas de la madrugada, la prensa se encarg√≥ de echar la culpa a ETA. En otra, la misma organizaci√≥n fue la causante de un pretendido secuestro de un concejal del PP, Bartolom√© Rubia, alias Bartol√≠n, que causo la hilaridad de unos y otros.
Las ‚Äúconfusiones‚ÄĚ y ‚Äúmalos entendidos‚ÄĚ, ‚Äúlo nuestro son errores, lo de ellos cr√≠menes‚ÄĚ, como dijo el ministro del Interior espa√Īol Mart√≠n Villa, tras los sucesos de Sanfermines en los que la Polic√≠a mat√≥ a Germ√°n Rodr√≠guez, no han dejado de sucederse una y otra vez, como si los tiempos no hubieran cambiado. En marzo de 2010, por ejemplo, cinco bomberos catalanes que hac√≠an las compras en un supermercado franc√©s, fueron grabados en una c√°mara de seguridad y el video difundido con el a√Īadido que eran ‚Äúpeligrosos etarras‚ÄĚ. El error fue subsanado un d√≠a despu√©s, pero aquellas im√°genes que fueron proyectadas por todas las televisiones espa√Īolas, hubieran servido como escusa para cualquier actividad extrajudicial.
No tuvieron tanta suerte sin embargo, tres j√≥venes santanderinos que en mayo de 1981 fueron detenidos por la Guardia Civil. Hoy, aquella tragedia es recordada en los libros de historia como ‚ÄúEl Caso Almer√≠a‚ÄĚ, cuando durante a√Īos hab√≠a sido conocida como ‚ÄúEl Crimen de Almer√≠a‚ÄĚ. Un detalle m√°s del velo que se corri√≥ sobre el paradigma de lo que se puede calificar, sin tapujos, como ‚Äúterrorismo de Estado‚ÄĚ.
En los d√≠as previos a la muerte de los tres j√≥venes santanderinos, se hab√≠a gestado una campa√Īa apoyada por les medios, que generaron el consiguiente clima social, de acoso a la disidencia vasca. En tres d√≠as se hab√≠an producido m√°s de un centenar de detenciones, entre ellas la de 25 cargos electos de Herri Batasuna y la de los dirigentes abertzales Francisco Letamendia, Periko Solaberria, Jon Idigoras, Mikel Arizaleta, Joselu Cereceda y Karmel Etxeberria, tras una rueda de prensa denunciando la ofensiva represiva. Juan Jos√© Ros√≥n era entornes el ministro espa√Īol del Interior
Los sucesos tuvieron lugar en las cercanías de Rosetas del Mar (Almería). Tres jóvenes santanderinos, Juan Manas, Luis Cobo y Luis Montero, fueron detenidos en un control de la Guardia Civil. Iban en un coche alquilado, con matricula de Bilbao, suficiente por lo visto para que fueran tratados como animales. Torturados, fueron ejecutados a sangre fría y sus cuerpos introducidos en el mismo coche que viajaban, al que los guardias civiles dieron fuego y arrojaron a un barranco para eliminar toda clase de pruebas.
Once guardias civiles tomaron parte en el crimen. De ellos 8 jam√°s fueron juzgados y uno de ellos, el entonces cabo Guillermo Visiedo Beltr√°n, presente en los interrogatorios a los tres j√≥venes, era en 2010 comandante de la Guardia Civil en el puerto de Almer√≠a. Otros tres fueron juzgados y expulsados del Cuerpo, tras ser declarados culpables, pero el Estado pag√≥ sus jubilaciones con fondos reservados: Carlos Castillo Quero, Manuel G√≥mez Torres y Manuel Fern√°ndez Llanas. Ninguno de los tres j√≥venes santanderinos fue reconocido como ‚Äúv√≠ctima del terrorismo‚ÄĚ y, en consecuencia, sus familias susceptibles de recibir una fuerte indemnizaci√≥n.
Sobre estos sucesos las autoridades de Interior jam√°s han desmentido aquella primera e incre√≠ble nota oficial, en la que se afirmaba que los j√≥venes iban armados, indocumentados y perdieron la vida en accidente de circulaci√≥n despu√©s de que los n√ļmeros dispararan a las ruedas de su coche. Juan Jos√© Ros√≥n en comparecencia parlamentaria volvi√≥ a repetir la misma versi√≥n a pesar de que el parte de defunci√≥n oficial hablaba de fallecidos por herida de bala, y la prensa relat√≥ que “los cad√°veres atrozmente calcinados, aparecen sin piernas y sin brazos, y tienen visibles orificios de bala en distintos puntos del tronco y del rostro”.
Dar√≠o Fern√°ndez, abogado de la acusaci√≥n particular, puso el dedo en la llaga: “de haber sido los tres muertos etarras o delincuentes, un ministro del Interior no se asoma al Congreso de los Diputados… hubiera simplemente ense√Īado las otras cartas: los informes en los que constan que los viajeros del sur eran simples etarras, colaboradores de ETA o delincuentes, simplemente. Al principio ni se hicieron radiograf√≠as, ni se expusieron los cad√°veres al p√ļblico para un reconocimiento previo. Como se part√≠a de la base de que eran terroristas, pues ¬°hala! como esa gente no tiene padre, ni madre, ni nadie que los conozca, pues a la sepultura. Claro cuentan con la plataforma de que esto siempre ha sido as√≠. Y el pa√≠s se lo tiene que tragar”.
No fueron, sin embargo, los primeros. Tal y como recogieron en 2003 diversos medios al concederse al policía Melitón Manzanas la Gran Cruz de Reconocimiento Civil, la ciudadana venezolana Mercedes Ancheta, habría sido torturada por el citado agente y, como consecuencia del trato y tras pasar por el hospital donostiarra, moriría en una clínica de Caracas tras 45 días de agonía. El diario Nacional de Caracas apuntó que Ancheta había sido detenida por su ascendencia y apellido vasco.
En noviembre de 1972, tras un atentado contra el consulado franc√©s en Zaragoza, cuya autor√≠a atribuy√≥ Gobernaci√≥n err√≥neamente a ETA, un grupo de guardias civiles dispar√≥ en Castej√≥n de Monegros (Huesca) contra un coche que le infundi√≥ sospechas. A consecuencia del ametrallamiento muri√≥ uno de los viajeros, el joven Jos√© D√≠az Samaniego, vecino de Valencia. La nota del Gobierno Civil de Huesca reconoc√≠a que el fallecido no ten√≠a relaci√≥n con el atentado, pero machaba su nombre con un ‚Äúal parecer podr√≠a ser un quinqui‚ÄĚ.
En diciembre de 1973, Pedro Barrios, un joven de 19 a√Īos que se encontraba en las cercan√≠as de la calle Claudio Cuello, de Madrid, donde hab√≠a muerto Carrero Blanco en atentado de ETA, fue abatido por un polic√≠a. La versi√≥n oficial se√Īalaba, primero, que hab√≠a sido herido a causa de la explosi√≥n del coche del presidente. La segunda versi√≥n dec√≠a que hab√≠a sido confundido con I√Īaki M√ļgica Arregi, militante clandestino.
En mayo de 1975 dos ciudadanas alemanas fueron ametralladas en un control de la Polic√≠a Armada en las cercan√≠as de Donostia. Una de ellas, Alexandra Lecket, falleci√≥ a consecuencia de las heridas, cinco d√≠as despu√©s. Como no hab√≠a motivo, aunque fuera irreal, la versi√≥n oficial apunt√≥ ‚Äúla imprudencia de las turistas‚ÄĚ.
Los tiempos, la muerte del dictador y el cambio de sistema pol√≠tico no fueron √≥bice para que las versiones se modificaran. En enero de 2000, tras un atentado de ETA en Madrid, un polic√≠a nacional, Jos√© Gonz√°lez Gonz√°lez, mataba a Carlos Sanz Ruiz. Las versiones se sucedieron una tras otra, pero lo cierto es que el joven Carlos Sanz, de 25 a√Īos, muri√≥ de un tiro en la espalda a quemarropa. La prensa se quedar√≠a con la del Polic√≠a que ‚Äútropez√≥ y se le dispar√≥ la pistola‚ÄĚ
En noviembre de 2009, en la mayor redada policial en Euskal Herria en el siglo XXI, contra jóvenes independentistas, un coche camuflado de la Guardia Civil, que llevaba a una de las jóvenes vascas detenidas, atropelló y mató en el centro de Madrid a María del Carmen Moreno González, al perder el control del vehículo e invadir la acera. Los agentes intentaron escapar del lugar del atropello mortal, sin auxiliar a la moribunda, e incluso intentaron cambiar las placas de su vehículo. La casualidad hizo que una patrulla de la Policía Municipal se percibiera del suceso y, en consecuencia, se levantara un atestado. De lo contrario, jamás nos hubiéramos enterado.

¬ŅQu√© hacer?

No aspiro a ser pretencioso con semejante t√≠tulo. Tambi√©n intentar√© no parecerlo. √önicamente deseo aportar una ligera reflexi√≥n a un a√Īo que se presenta quiz√°s con menor impulso que el superado. Alguien marc√≥ con un c√≠rculo rojo el 2012, como un a√Īo especial. Lo fue pero, probablemente, no colm√≥ las expectativas que hab√≠amos puesto en √©l. Por eso abordamos 2013 con otro tiento. Vamos aprendiendo.
No se fue 2012 hartando el horizonte previsto. Quiz√°s porque llevamos muchos a√Īos esperando para abrir de par en par la puerta a la esperanza. Cualquier destello nos anima a concebir ilusiones, como no podr√≠a ser de otra manera, mientras que el sonido de los cerrojos nos colma de zozobra.
La semana pasada, quiero traerlo a mis notas, en el acto organizado conjuntamente por Goldatu y Euskal Memoria sobre el Proceso de Burgos, la familia de Roberto P√©rez J√°uregui, muerto por la polic√≠a en las protestas por la farsa franquista, ley√≥ un texto en recuerdo del fallecido: “ha valido la pena, a pesar de que, en nuestro caso, el precio pagado haya sido tan alto”.
Esa es precisamente la esperanza y la decepci√≥n, que va y vuelve, que se apega a nuestra epidermis con ardor. No puedo menos de arrimarme a tiempos pasados, muy cercanos, hace apenas cinco a√Īos cuando la br√ļjula no dejaba de balancearse. Es dif√≠cil reflexionar con frialdad cuando las salidas est√°n copadas, cuando la inercia se ha adue√Īado del escenario. Pero en pol√≠tica se exige efectividad, pragmatismo.
Es cierto que el pragmatismo est√° re√Īido con la utop√≠a. Pero necesitamos de ambos. En esta pugna entre lo posible y lo imposible, hemos mantenido el barco de la contienda, con la cabeza bien alta, por cierto. A un precio, como dec√≠a la familia de P√©rez J√°uregui, muy alto. Esa debe de ser la tarea m√°s urgente. Descargar el coste humano de un proyecto que sigue adelante.
En un proceso unilateral, como el actual, los pasos en esa direcci√≥n son inciertos. Pero nuestro compromiso debe crecer. ¬ŅEn qu√© direcci√≥n?, me preguntar√°n cuando se ha hecho de todo y hemos sido capaces de llenar Bilbo en la mayor concentraci√≥n vasca del siglo XXI. Aunque la audacia es un arma de doble filo, audaces deberemos ser para mover a un paquidermo como el espa√Īol y a otro como el franc√©s que se escuda c√≥modamente en el de Madrid.
Se dir√°, asimismo, que hace cinco a√Īos, cuando comenz√≥ el viraje a la nave, el pragmatismo venci√≥ a la utop√≠a. El tiempo marcar√° interpretaciones. Creo que la utop√≠a sigue vigente, intacta en la versi√≥n que m√°s nos atrae. Por la que luchamos. Y aunque a veces confundamos utop√≠a con sue√Īo, es saludable sorprender a la apat√≠a.
Por eso, los nuevos espacios arrancados, tanto al enemigo como al adversario, deben de ser pugna permanente entre ambas cuestiones. Se pueden gestionar presupuestos, ordenar carreteras, conceder ayudas al desarrollo desde una óptica revolucionaria. Porque revolucionario es el proyecto que pone en entredicho un sistema centenario como el que nos atenaza. En la medida que su objetivo sea tumbarlo.
Hace poco m√°s de 40 a√Īos que una generaci√≥n de oro, tomando un poco de aqu√≠, otro poco de all√°, lustrando nuestro pasado m√°s digno y arrojando a la basura el m√°s vergonzoso, se atrevi√≥ a modificar en una apuesta que parec√≠a tan osada como la de los iluminados medievales. Pero funcion√≥, a pesar de los augurios. Y a pesar del enemigo.
Txabi Etxebarrieta fue quien firm√≥ aquella frase que dec√≠a que todos debemos dar un poco para que unos pocos no lo tengan que dar todo. No quiero, sin embargo, recostarme en su reflexi√≥n, obvia por otro lado, sino en la de su hermano Jos√© Antonio, en un art√≠culo que public√≥ en la revista Zutik, √≥rgano de ETA. “¬ŅQu√© tenemos que hacer?”. Y si cl√°sicos como Lenin y Mao Zedong, al margen de otros que no acierto ahora a recordar, se hicieron la misma pregunta, y la contestaron, por supuesto, Etxebarrieta cay√≥ en la misma tentaci√≥n. Y cr√©anme si les digo que sus reflexiones tendr√≠an hoy vigencia.
Previamente part√≠a de una constataci√≥n que se me hace familiar al o√≠do a pesar del tiempo transcurrido. Perm√≠tanme la cita: “Nos hallamos en una posici√≥n totalmente particular, estamos rodeados de enemigos y no hay ninguna fuerza interesada en apoyarnos. Incluso algunos, que puedan creer en que algunos movimientos de izquierda puedan ayudarnos, no deben olvidar que estas fuerzas est√°n mucho m√°s interesadas en colocar a amigos suyos en Madrid y Par√≠s, y aun en el caso m√°s favorable no pasar√≠an de ayudas morales. Nosotros somos los kurdos de Europa, con el inmenso lastre de la industria y la banca capitalistas”.
No somos kurdos, pero algo de ello hay. Con el salto del tiempo, de generaciones y, sobre todo, con el cambio en la l√≠nea t√°ctica de abordar pol√≠ticamente la reversi√≥n hist√≥rica al conflicto, la cuesti√≥n vasca y la kurda se distancian. Sin embargo, el enemigo sigue siendo del tama√Īo del kurdo, unos estados con una tradici√≥n heladora, capaz de matar por honor, de justificar por dinero y de exterminar, al menos hist√≥ricamente, por un pedazo de tierra.
Tenemos un pasado, lejano y cercano, que no podemos evitar y que, al margen de su interpretación, nos ha agrandado como país. Nadie ha reivindicado una arcadia feliz, un paraíso terrenal, sino un mundo más justo, solidario y especialmente propio. En esa aldea global en la que nos hemos convertido, la especificidad y la defensa de lo nuestro, en el sentido más amplio, tiene que ser prioridad.
De ese pasado, vuelvo a rese√Īar que lejano y cercano, que nos ha moldeado como somos incluso pol√≠ticamente, debemos mantener una de las piezas fundamentales de cohesi√≥n: la honestidad. Es el gran aporte de la izquierda abertzale a la historia de los √ļltimos 50 a√Īos, en medio de sus dos muros de contenci√≥n naturales, el jelkidismo (PNV) el socialismo (PSOE). El entrecomillado al gusto.
Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario. Lo escribió Lenin pero lo pudo haber dicho Perogrullo. También dijo aquello de la vanguardia y el partido, algo que quizás hoy se tambalea. Es una de las claves para el futuro. Desterrar de la teoría revolucionaria clásica lo inservible.
Algo que, y no quiero ser cansino con las citas de Jos√© Antonio Etxebarrieta, ya avanz√≥ en el texto narrado: “Nosotros, (en referencia a ETA) solamente somos un n√ļcleo concienciado del pueblo, nacido de √©l y en √©l. Nuestra tarea es una y s√≥lo una: dar conciencia al pueblo de sus necesidades, ense√Īarle qui√©nes son sus enemigos, para que √©l haga su revoluci√≥n”.
Esta construcción teórica, aunque pueda resultar paradójica, debe tener un respaldo práctico. La entrada en instituciones de cualquier tipo permite hacer otro tipo de política. Y se debe de hacer. Pero siempre con las perspectivas expuestas. La disputa ideológica, a veces no nos damos cuenta de ello, se encuentra como el oxígeno, en todos y cada uno de los apartados de la vida.
Una circunstancia descuidada en los √ļltimos tiempos. La lucha armada ha servido para agudizar posturas, para llevar a los extremos amigos y enemigos. Sin ella, las estancias se hacen permeables y, en ese nuevo escenario, la sociedad televisiva, la desidia, el individualismo, tienen un caldo de cultivo m√°s extenso. Con un nivel propio semejante al de 2012, la pelea ideol√≥gica tiene un futuro, desde posiciones rupturistas, muy negro. Y perd√≥n por la expresi√≥n.
2013 ser√° un a√Īo sorprendente, como todos. Nuestra fuerza pol√≠tica y los movimientos de enemigos y adversarios, los segundos susceptibles de aliarse a un proyecto de emancipaci√≥n, marcar√°n su desarrollo. Llegar√°n, como siempre, momentos de mayor ilusi√≥n y, tambi√©n, de desasosiego. Nunca hay, sin embargo, un punto y final, una consecuci√≥n de esos logros marcados ayer o hace cien a√Īos.
Quiero, en esta l√≠nea, concluir con una nueva cita, la tercera de este art√≠culo. Quiz√°s las comillas me pierdan el fondo del escrito, pero deseo traer aquella reflexi√≥n que dej√≥ Che Guevara a sus hijos, ese testamento apresurado: “Recuerden que la Revoluci√≥n es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo m√°s hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”.