Archives for : febrero2013

Estrategia proetarra

Noticias desde Par√≠s. Hace a√Īos que el debate entre Sartre y Camus se tranquiliz√≥. Con la ca√≠da del Muro de Berl√≠n, la opini√≥n p√ļblica francesa se desliz√≥ hacia el autor de El hombre rebelde. Uno de los pasajes m√°s certeros de este libro lo he vuelto a recordar en las im√°genes del Tribunal de lo Criminal de la capital francesa: “La libertad est√° en el nombre de todas las revoluciones. Cada rebeli√≥n es nostalgia de inocencia y apelaci√≥n al ser. Pero la nostalgia toma un d√≠a las armas y asume la culpabilidad total, es decir el asesinato y la violencia”. Nuestra conciencia.
Cualquier ciudadano de los tiempos de Sartre y Camus que hubiera despertado despu√©s de a√Īos de ausencia, ser√≠a incapaz de leer en su cronolog√≠a l√≥gica los tiempos que estamos viviendo. El comienzo del juicio contra diez militantes de ETA en Par√≠s este lunes pasado, sus declaraciones y las reacciones suscitadas forman parte de ese d√©ja vue que atenaza el presente, en ese bucle incapaz de superar la frontera del pasado.
Desde que ETA abri√≥ la puerta al fin de la estrategia armada, el nacionalismo vasco de viejo cu√Īo tuvo un momento de indecisi√≥n. Los resultados electorales favorables a la izquierda abertzale y la inmersi√≥n en la crisis financiera que ha pauperizado a nuestra sociedad recolocaron su posici√≥n. El alma autonomista y el coraz√≥n a la derecha se impuso al resto.
La lectura jeltzale tiene rasgos de inmediatez. La paz no puede estar en la centralidad pol√≠tica, y por extensi√≥n el desarme de ETA, porque ello desplaza al PNV del protagonismo pol√≠tico y, en cierta medida, legitima la historia del sector rupturista en los √ļltimos 35 a√Īos. Los titulares de Deia sobre el juicio de Par√≠s y la contestaci√≥n del portavoz Erkoreka a la lectura del comunicado nos retraen a los tiempos del lehendakari Ardanza: “ETA debe muchos gestos”.
Me gustar√≠a a√Īadir que el partido fundado por Sabino Arana est√° perdiendo una oportunidad hist√≥rica para abordar desde una √≥ptica diferente a la habitual el conflicto en el que hemos nacido unas cuantas generaciones de vascos. Pero ser√≠a darle demasiada expectativa. El titular del diario tiene, en demasiadas ocasiones, m√°s inter√©s que el trasfondo de la cuesti√≥n.
La armon√≠a jeltzale, en este terreno, con la derecha econ√≥mica espa√Īola tiene un componente de encuentro coyuntural que, en estos momentos de crisis, se convierte en concurrencia de clase. Las alianzas econ√≥micas entre el PNV y el PP son las de los que entienden la pol√≠tica como otro medio para defender sus posiciones de clan y, en la medida de lo posible, hacer negocio a trav√©s de lo p√ļblico.
Las declaraciones del segundo de Interior Francisco Mart√≠nez van tambi√©n en esa l√≠nea: las revelaciones de ETA no son sino “juegos florales”, lo contrario a lo que sugiere la apuesta. El Gobierno del PP, al menos su sector menos ligado al falangismo espa√Īol (donde coincide con UPyD), parte de otra falsa premisa: fin de la lucha armada igual a fin del conflicto vasco-espa√Īol.
Y en esa alianza interesada, el PP coincide con el PNV que ha alejado de su propuesta de legislatura cualquier decisi√≥n sobre soberan√≠a. Primero porque no quiere ceder ni un mil√≠metro de protagonismo a ETA y, por extensi√≥n, a la izquierda abertzale. A√ļn a costa de que los hombres y mujeres de a pie, la mayor√≠a, no lo entienda.
Y, luego, porque la apuesta de Catalu√Īa ha mostrado que la Espa√Īa neoliberal no tiene reparos en dejar como vanguardia a su sector m√°s agreste para lidiar el problema que se avecina desde posiciones cercanas a la guerra sucia. El PNV tiene mucho escondido debajo de la alfombra y sabe que, en un escenario alborotado, servicios de unos y otros tomar√°n su trayectoria como objetivo.
Menci√≥n aparte merece el sector falangista que domina buena parte de los medios de comunicaci√≥n, algunos consejos de administraci√≥n estrat√©gicos, y ofrece a la Iglesia como escudo. Herederos de la Espa√Īa franquista y golpista, son aquellos que han dominado el escenario incomodando a los m√°s cercanos que los utilizaron de ariete contra sus adversarios pol√≠ticos. Ese monstruo t√≠picamente espa√Īol est√° en una de sus fases expansivas, esas que son caldo de cultivo del fascismo. La prepotencia de empresarios, banqueros y artistas del ninguneo, junto al permiso de los colaboracionistas, habilita su presencia.
La posici√≥n francesa en este escenario es tan llamativa que nuevamente parece estar sugerida por el golpe de tim√≥n iniciado por Sarkozy, demonio en el imaginario colectivo. Hollande, presentado como √°ngel del cambio, no necesit√≥ siquiera los cien d√≠as de gracia habituales para definir lo que los empresarios estrat√©gicos impulsores de Sarkozy hab√≠an encendido. Las necesidades y recortes de Obama, junto a los l√≠mites hist√≥ricos de Alemania, lanzaron a Francia a reordenar sus ambiciones internacionales. Libia, Siria, Mal√≠… cuentan con un Estado en guerra que necesita mantener su tensi√≥n interior. Hollande tambi√©n tiene cuernos y rabo.
Las declaraciones en el juicio de Par√≠s de uno de los m√°ximos responsables del SDAT, St√©phane Durey, ascendido recientemente de capit√°n a comandante a cuenta del pago servicial, parecen sacadas de un manual que no se hubiera atrevido a escribir ni Mayor Oreja. Durey no ha querido dar p√°bulo al adi√≥s a las armas de ETA y mantiene que la decisi√≥n de la organizaci√≥n vasca lo es en Espa√Īa pero no en Francia. No deja siquiera posibilidad a la duda. Durey, haci√©ndose portavoz de la Francia en guerra, nos devuelve a los tiempos de Pasqua. Son estas las declaraciones que ahondan en la falta de credibilidad francesa en cuestiones tan cercanas como la muerte de Jon Anza.
Es falso que el dinero no tenga patria. Detr√°s de los escenarios hay negocio, hay una intenci√≥n de que el PIB franc√©s o espa√Īol se nutra de la guerra. Pero tambi√©n hay una decisi√≥n de no mover fichas de un tablero que puede llevar a sectores hist√≥ricos a perder su protagonismo. Y, en ello, las vanguardias, a uno y otro lado de la muga, son las m√°s beligerantes. Las del enfrentamiento.
Por eso no estamos en el futuro. La batalla no es siquiera dial√©ctica. Francia y Espa√Īa mantienen rehenes, se escudan en posturas antidemocr√°ticas (Valls y la unidad eterna de Francia) y juegan en ese bucle de vencedores y vencidos. Ese bucle que, por razones coyunturales, alimenta el PNV. En la l√≥gica de Hegel y Nietzsche.
La guerra es la crisis que determina la transici√≥n en la idea desde una determinaci√≥n inferior a otra superior y, como consecuencia, necesaria. Es la absorci√≥n del Estado inferior, de la naci√≥n menos civilizada por la m√°s civilizada. De manera que toda victoria de una naci√≥n sobre otra, por el mero hecho de ser victoria, entra√Īa la demostraci√≥n de su necesidad, de su justicia y de la civilizaci√≥n superior del pueblo vencedor sobre el vencido.
Seguimos en los tiempos que anunciaron Bush y Aznar, en la guerra preventiva, en una legislación de emergencia continuada. No hay posibilidad de diálogo, ni de consideración del otro. Una guerra sin cuartel apoyada en una propaganda de proyección que describe al enemigo como fuente de todos los males, todos proetarras.
Y as√≠, en esta cr√≥nica anunciada, aquello que se sale del gui√≥n pertenece al espacio de ETA, a ese concepto bautizado por el grupo Vocento llamado “estrategia proetarra”. Hace ya unos a√Īos que Josu Muguruza escribi√≥ en el acallado Egin unas memorables letras: “Cuando alguien est√° votando a Graraikotxea por la autodeterminaci√≥n est√° votando a ETA. Cuando alguien est√° votando por el se√Īor Retolaza cuando dice que hay que retirar las fuerzas espa√Īolas de aqu√≠, est√° votando a ETA. Luego ETA tiene un programa pol√≠tico de la mayor√≠a de este pueblo. Un programa pol√≠tico para cuya realizaci√≥n no hay instrumentos legales”.
Es la legitimación de un proyecto, al margen de las siglas.
Tres semanas despu√©s de escribir esas l√≠neas, Josu Muguruza fue muerto en Madrid en un atentado que, en buena parte de su gestaci√≥n y ejecuci√≥n, sigue impune. Poco m√°s de veinte a√Īos m√°s tarde, en una entrevista reproducida en este mismo diario, ETA pon√≠a el acento all√° donde hab√≠a dejado Muguruza la √ļltima palabra: “Los estados no tienen oferta pol√≠tica para Euskal Herria. El modelo que nos imponen no satisface los deseos de la ciudadan√≠a vasca y no tiene respuestas para las demandas del pueblo vasco”.

GIPUZKOA, PROVINCIA TRAIDORA

Franco instaur√≥ aquello de “provincias traidoras” al poco de ser conquistadas las vascas. Durante las d√©cadas de la dictadura, la consentida parec√≠a Navarra, saqueada luego desde la transici√≥n bajo los argumentos de la raz√≥n de Estado, hasta llegar a los extremos actuales. Su soledad era un espejismo interesado, un proyecto generado entre cloacas y servicios secretos para evitar la vertebraci√≥n vasca.
Desde que hace unos d√≠as el Juzgado de Instrucci√≥n n√ļmero 3 de Iru√Īea ha decidido investigar a doce consejeros de la antigua CAN, nos hemos enterado que una pieza clave en el engranaje navarro era precisamente Ricardo Mart√≠ Flux√°, secretario de Estado para la Seguridad en tiempos de Aznar, interlocutor del Gobierno espa√Īol con ETA en las conversaciones de Zurich, y miembro precisamente de ese consejo ahora bajo sospecha m√°s que razonada. Tenedor de la Orden de Isabel la Cat√≥lica y Guardia Civil Honor√≠fico.
A su lado, al lado geogr√°fico del Viejo Reyno secularmente convertido en raz√≥n de Estado, desde aquella antigua muga de malhechores hacia el Cant√°brico, Gipuzkoa, la traidora. Dos tercios de sus vecinos se hab√≠an decantado por la Rep√ļblica, repudiando a los sublevados franquistas. Miles de muertos, exiliados, presos… la sospecha eterna.
En 1944, la Liga Guipuzcoana de Productores elevaba un informe detallado sobre la econom√≠a y las condiciones del territorio del que se hac√≠a asociaci√≥n. Fue, probablemente, el primer trabajo que, con seriedad, criticaba al franquismo desde la patronal: ‚ÄúLos verdaderos industriales han de esperar a que pase la tormenta, mientras se aprovechan de ella los especuladores de toda laya, que obtienen cupos, autorizaciones y dem√°s privilegios en las complicadas tramitaciones del papel sellado y la declaraci√≥n jurada‚ÄĚ.
En 1975 falleci√≥ el dictador. Al frente del gobierno de, la en t√©rminos territoriales espa√Īoles, llamada provincia (Gipuzkoa), se encontraba uno de sus m√°s activos seguidores, Juan Mar√≠a Araluce, que muri√≥ en atentado de ETA al a√Īo siguiente. El hijo de su vicepresidente Zabala andar√≠a pegando tiros en nombre del BVE y de la AAA en los a√Īos 80 entre Andoain y Hernani. La familia.
La transici√≥n devolvi√≥ la foralidad al territorio de Gipuzkoa, al menos en t√©rminos formales. Desde 1979 y hasta 2011, la gobernabilidad provincial estuvo en manos del PNV, con la excepci√≥n del escindido Imanol Murua, que siendo diputado general se decant√≥ por EA. Gentes de peso, Gonz√°lez de Txabarri, Sodupe, Gald√≥s, Ardanza… hasta que Markel Olano perdi√≥ su puesto en 2011. La debacle.
La Liga Guipuzcoana de Productores se transformó en Asociación de Empresarios de Gipuzkoa (Adegi), en 1977. Cada uno en su sitio. Las relaciones entre clases nunca han sido afables. Episodios para todos los gustos y disgustos. En mayo de 2012, Pello Guibelalde fue elegido presidente de Adegi.
En 2011, la situación de Gipuzkoa había cambiado radicalmente. Aquellos herederos de los sectores más combativos del franquismo y de la transición, habían llegado a la alcaldía de la mayoría de poblaciones guipuzcoanas, incluida la capital Donostia, y se habían asentado como equipo de Gobierno en la Diputación Foral. Junto a quienes, precisamente, habían abandonado el PNV.
Tan radicalmente cambió el escenario que en 2013, Adegi, los herederos de aquella atrevida Liga Patronal, ponía el grito en el cielo. Las líneas de crédito del banco vasco por excelencia, el natural, Kutxabank (PNV-PP), habían desparecido en Gipuzkoa. Empresas guipuzcoanas, con pedidos en marcha, habían visto rechazadas sus peticiones habituales de crédito. Algunas cerraban, otras se tambaleaban. Gipuzkoa sufría y cada mes que pasaba registraba un nuevo récord de parados. Lo sorprendente de la denuncia es que llegaba desde una asociación afín históricamente al PNV.
Hegel dijo que todos los grandes acontecimientos, e incluso los personajes de la historia, se reproducen dos veces. Marx a√Īadi√≥, como cr√≠tica a√ļn aceptando la afirmaci√≥n del fil√≥sofo de Sturttgat, que la primera vez el hecho toma el cuerpo de tragedia y la segunda el de una farsa. No recuerdo si fue Marcuse el que ahond√≥ en el argumento para decir que la farsa, la repetici√≥n, puede ser m√°s tr√°gica que la primera.
Gipuzkoa hab√≠a sido gobernada durante m√°s de 30 a√Īos, con la excepci√≥n indicada, por el PNV. Casi el mismo tiempo que la sombra del franquismo. M√°s de tres d√©cadas crearon unas redes de clientelismo, de corrupci√≥n (el caso de Jos√© Mar√≠a Bravo es un ejemplo), del fomento del negocio privado a partir de la pol√≠ticas p√ļblicas… que el territorio est√° hoy hipotecado como una persona m√°s. Camino de ser desertizado como Navarra, a cuenta del castigo y del despojo de quienes han sido sus jauntxos.
El estilo de Sodupe y de Gonz√°lez de Txabarri fue est√≠mulo para una nueva generaci√≥n. Los regalos de originales de Balenziaga, luego afeados por la prensa, fueron una especie de pecata minuta. No es de extra√Īar que Markel Olano estuviera sorprendido del revuelo causado por una cena de angulas con los banqueros que iban a quitar a Gipuzkoa 300.000 euros mensuales en intereses.
Kutxa, y anteriormente las cajas de ahorros municipal y provincial, fueron el instrumento de estos modernos gestores. Su Consejo de Administraci√≥n, desde 1990 en que ambas se fusionaron, siempre ha estado escorado al PNV. En la √ļltima d√©cada, Kutxa se lanz√≥ a una alocada carrera, no solo con el ladrillo y la especulaci√≥n (m√°s de medio centenar de inmobiliarias, de ellas las m√°s sonadas en el Mediterr√°neo), sino tambi√©n mostrando m√ļsculo, con la ruinosa compra del Banco de Madrid.
La estrategia empresarial de Kutxa despoj√≥ a los guipuzcoanos de cientos de millones de euros, que ha sido su perdida patrimonial en los a√Īos anteriores a la integraci√≥n en Kutxabank. Alg√ļn d√≠a se conocer√°n los datos exactos del default y quien sabe si alg√ļn juez, como en Iru√Īea, pedir√° cuentas.
Cuando el cambio se percib√≠a, el sprint de 2011 se hizo espectacular. No s√≥lo en Kutxa. Fue el de un perdedor que prefiri√≥ abocar al desastre a todo un territorio antes que ceder sus preferencias. Semanas antes de las elecciones forales y locales, Markel Olano (del lobby banderizo de Beasain junto a Jon Jauregi, Aitor Arrigain, Asier Arrese…) endeudaba a Bidegi en 400 millones de euros, elevando la obligaci√≥n hasta 900.
El Complejo de la Incineradora (473 millones de coste sin IVA, cerca de mil millones en financiaci√≥n), liderado aparentemente por un ex diputado de Medio Ambiente, Carlos Ormazabal, contiene muchos elementos tambi√©n de √ļltima hora. Un negocio redondo para Caixabank, Banesto y… Cuatrecasas, el bufete personificado en Gipuzkoa por un cl√°sico, Joanes Labayen, hijo del ex alcalde donostiarra. Un bufete cliente de Kutxa, FCC, el puerto exterior de Pasaia…
Gipuzkoa fue el escenario, durante d√©cadas, de millonarias obras p√ļblicas. Construcciones Amenabar coc√≠a el cemento en territorio jeltzale e incluso intercambiaba terrenos con Diputaci√≥n. Bruesa no se quedaba atr√°s en los municipios socialistas (Zumarraga, Irun, Errenteria, Lasarte…). El dinero p√ļblico al servicio de lo privado, hasta el punto de despreciar el patrimonio hist√≥rico de manera vergonzosa, como en Praileaitz. El capital supera cualquier ideolog√≠a.
Un centenar, al menos, de dirigentes jeltzales guipuzcoanos de la √©poca del despilfarro y del saqueo se han reubicado en empresas p√ļblicas bajo la premisa fundamental, que lo p√ļblico financie sus n√≥minas: Herrasti, Ormazabal, Barandiaran, Agirretxea, Bildarraitz, Ardanza, el propio Jauregi y su hom√≥nimo Borja, Goia…
La historia se repite. Una provincia traidora. Pero la farsa se puede convertir en una tragedia mayor que la original. Que lo anuncie Adegi es un síntoma de la magnitud de la venganza. Víctor Bravo, director de la Hacienda guipuzcoana y hermano del susodicho, fue avalado cuando ingresó en el PNV, como lo mandan los estatutos, por dos afiliados, Joseba Egibar y el inmobiliario Ignacio Iturzaeta. Clásicos, también.
Al menos, nadie enga√Īa, es cierto me dir√°n. Egibar lo dijo cuando el PNV perdi√≥ la mayor√≠a de Gipuzkoa, al respecto de los nuevos gobernantes pol√≠ticos: “se les va a hacer muy largo”. Visto el recorrido y las previas electorales, no se trataba de una intuici√≥n o de una interpretaci√≥n. Sino de una amenaza.

EL CAMINO HACIA EL ESTADO 194

Dec√≠a Gramsci que, por naturaleza, la lucha de emancipaci√≥n deber√≠a tener tintes rom√°nticos. En nuestro pa√≠s, Euskal Herria, con una oposici√≥n armada nacida en los a√Īos m√°s oscuros del franquismo y alimentada en las luchas de liberaci√≥n de Vietnam, Argelia y Cuba, en los √ļltimos 50 a√Īos, a pesar de las miles de historias dram√°ticas que se han cruzado, la naturaleza del conflicto ha estado salpicada de gotas de esa sensibilidad rom√°ntica.
Gracias a esta razón, la cuestión vasca se ha alejado, en muchas ocasiones, del pragmatismo político. Al menos la actividad del sector que se ha enfrentado al Estado en campo abierto. Ello ha permitido, por otro lado, completar ponencias, estrategias y debates teniendo a la utopía por objetivo.
La utop√≠a, en Europa, ha sido horizonte de minor√≠as, grupos marginales e incluso iluminados. Cayeron muchos muros impensables, se desmoronaron sue√Īos y proyectos e incluso corrientes cercanas en ocasiones, terminaron convirti√©ndose en partes formales del sistema injusto y corrupto al que dec√≠an combatir.
No ha sido el escenario adecuado, seg√ļn las previsiones. Txabi Etxebarrieta, el primer militante de ETA que muri√≥ a manos de la Guardia Civil, dej√≥ escrito: “Nos hallamos en una posici√≥n totalmente particular, estamos rodeados de enemigos y no hay ninguna fuerza interesada en apoyarnos. Incluso algunos, que puedan creer en que algunos movimientos de izquierda puedan ayudarnos, no deben olvidar que estas fuerzas est√°n mucho m√°s interesadas en colocar a amigos suyos en Madrid y Par√≠s, y aun en el caso m√°s favorable no pasar√≠an de ayudas morales”.
Entre nosotros, sin embargo, la utopía no ha dejado de ser el motor mayoritario en la lucha de emancipación hasta el punto de conseguir espectaculares victorias. La primera, salir de un escenario de derrota y apatía total como el que se daba en 1960, pasando por el cierre de la central nuclear de Lemoiz o de articular un corpus institucional revolucionario sin parangón.
La √ļltima, llegar d√©biles en el pulso b√©lico contra el Estado y, a pesar, mantener una fortaleza notable en los escenarios de movilizaci√≥n (jam√°s se han dado tantas y tan numerosas como en los dos √ļltimos a√Īos, junto a cinco huelgas generales), instituciones (m√°s de mil concejales y presencia mayoritaria en diversos escenarios) y organizaci√≥n interna. Pasos previos a ese ejercicio de autodeterminaci√≥n que ha entrado definitivamente en la hoja de ruta.
ETA no naci√≥ para ganar, sino para no perder, lo cual es una especie de manifestaci√≥n contradictoria para una organizaci√≥n pol√≠tica. Pero quienes tenemos ya cierta edad sabemos que el objetivo inicial de aquellos j√≥venes ut√≥picos era evitar una derrota definitiva. El franquismo era una especie de soluci√≥n final que tanto en Europa (nazismo y fascismo) como en la Pen√≠nsula Ib√©rica, tuvo resultados. Durante 50 a√Īos, el evitar la derrota del pueblo vasco, la desaparici√≥n del sujeto de la liberaci√≥n ha estado en la centralidad de su actividad.
Sus objetivos, asimismo, los dejaron bastante n√≠tidos en una reciente entrevista, realizada en noviembre de 2011: “El relato del conflicto habr√° que hacerlo al encauzar la resoluci√≥n del propio conflicto. Nosotros queremos que sea el relato de cuando Euskal Herria recuper√≥ la paz y la libertad, para que sea la historia que alguna vez se estudie sobre la constituci√≥n del Estado Vasco. Y quisi√©ramos que fuera un ejercicio colectivo, en el que cada cual escriba el apartado que le corresponde. Sin embargo, quienes quieren escribir ahora el relato desean dejar para siempre al pueblo vasco en la situaci√≥n de imposici√≥n actual. Por eso quieren colocar a ETA como origen del problema, en contra de toda l√≥gica. El conflicto no comenz√≥ con el surgimiento de ETA y no ha terminado cuando ETA ha anunciado el final de su actividad armada, tal y como demuestran, con suficiente claridad, las reivindicaciones de soluci√≥n de la sociedad vasca”.
Hoy, los objetivos hist√≥ricos parecen alejados cuando en la realidad est√°n en la centralidad pol√≠tica, m√°s presentes que nunca. Los estados espa√Īol y franc√©s est√°n dando una lecci√≥n de inmovilismo, cargando sus razones con rehenes. Si ya de por s√≠ son los sistemas penitenciarios m√°s duros del Continente, su utilizaci√≥n pol√≠tica nos da una idea de la naturaleza de su proyecto.
Hoy, a 55 a√Īos despu√©s del nacimiento de ETA y a 5 del inicio del debate que condujo a su declaraci√≥n de abandonar la lucha armada, las claves del conflicto apenas han variado. No hay secretos. La cuesti√≥n no es la de las veleidades separatistas, las mayor√≠as o minor√≠as peninsulares o los centros de decisi√≥n. La cuesti√≥n tiene que ver con los sujetos.
Se lo dijo al Borb√≥n ya hace veinte a√Īos el entonces diputado y ya fallecido Jon Id√≠goras: ‚ÄúMientras los ciudadanos y ciudadanas de Hego Euskal Herria (sur del Pa√≠s Vasco), desde la solidaridad y el respeto, no seamos los √ļnicos sujetos de nuestro futuro pol√≠tico, econ√≥mico, social y cultural, el conflicto se mantendr√° y el mencionado d√©ficit democr√°tico seguir√° siendo la asignatura pendiente del Estado al que Su Majestad representa‚ÄĚ.
Tambi√©n, hoy como entonces, la palabra utop√≠a est√° en la primera p√°gina de la agenda pol√≠tica vasca. Y, en este mundo de s√≠mbolos atravesados por realidades tangentes, sue√Īos, proyectos, recuerdos y esperanzas, la primera meta se llama estado vasco, el que ser√≠a el n√ļmero 194 reconocido por Naciones Unidas.

EL IMPUESTO REACCIONARIO

Manuel Santacruz, condenando a muerte por contendientes de uno y otro bando durante la Segunda Guerra carlista, fue un personaje peculiar. Anclado en una cosmogon√≠a que hoy no dudar√≠amos en calificar de retr√≥grada, tuvo retazos de estratega b√©lico, especialista en la guerra de guerrillas que otros como el Ch√© Guevara, Marighella o TruongÔŅĹChing teorizar√≠an mucho tiempo despu√©s.
Santacruz fue perseguido por Espa√Īa que pidi√≥ su extradici√≥n a Francia y tuvo que huir apresuradamente de su refugio en Lille. Vivir√≠a en la clandestinidad la mayor parte de su vida, entre Jamaica y la selva colombiana, hasta que falleci√≥ en 1926, rodeado de un coro de indios awa (gente escorpi√≥n) que cantaba en euskara.
Su partida fue legendaria y s√≥lo el paso del calendario ha despojado los recuerdos asentados en la memoria popular. Algunas de sus iniciativas fueron recuperadas en la segunda mitad del siglo XX por los nuevos guerrilleros, apegados entonces a manuales tanto pret√©ritos como contempor√°neos. Hubo, sin duda, varios seguidores de Santacruz entre los primeros voluntarios, abiertos a nuestros mitos patrios m√°s notorios. A ese aderezo no ha sido ajena siquiera la ETA m√°s joven y actual, rodeada en sus √ļltimas comparecencias de s√≠mbolos del siglo XIII, como el √°guila de Sancho Azkarra, o citas a Zumalakarregi en el Zutabe.
Santacruz, y con esto no invent√≥ la p√≥lvora, secuestr√≥ alcaldes y los liber√≥ a cambio de un rescate. Tas√≥ la vida, bien es cierto que muy devaluada, del gobernador militar espa√Īol que le persegu√≠a. Tuvo su punto de gracia. Sucedi√≥ en 1873, cuando las autoridades liberales pusieron precio a la cabeza de Santacruz. El precio fue de 40.000 reales, una cantidad, se me antoja, desorbitada. La respuesta fue fulminante: ‚ÄúMucho me alegro que valga tanto mi cabeza. Mi hermana en Tolosa paga 14 reales (siendo grande, 18) por la cabeza de un cerdo. M√°s que esto no puedo ofrecer por la cabeza del gobernador de San Sebasti√°n.”
Santacruz invent√≥, si el t√©rmino es correcto, el impuesto revolucionario. Ya que los liberales cobraban un sueldo por enfrentar a los fueristas, por ello los llamaban peseteros, la revoluci√≥n deb√≠a conseguir medios para mantener la causa, es decir, comprar armas y municiones y mantener a un ej√©rcito de descamisados. Un impuesto… irregular. Pero igual de efectivo.
Cuando ETA pidi√≥ por vez primera el impuesto revolucionario, siguiendo la estela de Santacruz, actu√≥ con ingenuidad. Ingenuidad de escolares. Uno de los receptores, de noble familia jeltzale vizcaina exiliada en Lapurdi, denunci√≥ a los ‚Äúchantajistas‚ÄĚ que le rajaron las ruedas del coche por no aportar un pu√Īado de francos, de los viejos adem√°s, a la causa revolucionaria. Francia, nada ingenua, los detuvo y expuls√≥ a Argelia, que hacia poco se hab√≠a independizado de la metr√≥poli.
A√Īos m√°s tarde, cuando la ingenuidad y el romanticismo dieron paso al fuego real, ETA alcanz√≥ la madurez epistolar: “Liberados, infraestructura, armamento, exigen grandes cantidades de dinero. Los trabajadores no pueden sostener una organizaci√≥n armada con sus propios recursos; la burgues√≠a s√≠. Toda la burgues√≠a vasca paga los impuestos para sostener las fuerzas armadas espa√Īolas; que paguen para sostener las vascas‚ÄĚ.
La reflexi√≥n continuaba aportando lo que era obvio: en ETA nadie entraba por √°nimo de lucro. Y, hecho extra√Īo, el redactor del comunicado explicando el impuesto revolucionario a√Īad√≠a que sus liberados ganaban un 20% del salario base. Es decir, una miseria.
Ya en 2010, la vida de un liberado de ETA rozaba la pura supervivencia. Lo reconocieron los mismos tribunales espa√Īoles y franceses, en sentencias diversas. Las fotos de las detenciones lo atestiguaban. Fam√©licos, en muchos casos. El sueldo segu√≠a siendo, como decenas de a√Īos antes, de miseria. Y en esa fecha, ETA anunciaba el fin de una historia, el impuesto revolucionario, que se perd√≠a en el origen de la mitolog√≠a vasca moderna.
Viene a cuento esta extensa entrada por eso de los contrarios. Existe el mal porque se puede comparar con el bien. Zarathrusta, Zoroastro afirman que se debe escribir ahora, lo reflej√≥ en la antig√ľedad. Her√°clito lo describi√≥ unos d√≠as despu√©s, como quien dice: uno no existe sin el otro. Si hay impuesto revolucionario es porque, anteriormente, surgi√≥ la madre de todos los impuestos, el reaccionario. Y no me estoy refiriendo a los impuestos regulares con los que nos atizan las haciendas vascas o, en su defecto, las vecinas.
Seg√ļn Giacopuzzi, que recogi√≥ varios trabajos anteriores, el impuesto revolucionario de ETA no ha llegado siquiera, en sus momentos √°lgidos, a suponer un cero coma cero… del PIB vasco. Calderilla. Lejos, por ejemplo, del uno por ciento del PIB que cobra legalmente la iglesia todos los a√Īos. No es el objetivo de este art√≠culo. Me refiero al impuesto irregular, al de los sobres, al de siempre… al impuesto reaccionario.
La andanada recibida por el Gobierno y la c√ļpula del PP espa√Īol, a trav√©s de la filtraci√≥n de los sobres que han recibido buena parte de sus dirigentes, nos recuerda √ļnicamente lo que sucede desde siempre. El acento no habr√≠a que ponerlo en los receptores, sino en toda esa interminable lista de empresarios que contribuyen interesadamente a la causa del capitalismo, de Espa√Īa, de la CAV o de Navarra. La causa del dinero y del negocio.
Ese impuesto reaccionario que pagan empresarios, constructores, sindicalistas, funcionarios, abogados, economistas, m√©dicos, agentes de bolsa, periodistas, polic√≠as, ingenieros, gestores. Una pl√©yade de corruptos ciudadanos que quieren hacer valer su posici√≥n y mejorarla a trav√©s de la compra, precisamente, de favores. El oficio m√°s que extendido en la clase pol√≠tica espa√Īola, francesa y vasca. ¬ŅComo entender lo incomprensible? Las obras fara√≥nicas en tiempos de crisis, las adjudicaciones de las mismas, las ascensiones fulgurantes, aquel aspirante a jauntxo provincial que antes de concluir su dentici√≥n completa ya hab√≠a atesorado m√°s patrimonio que un futbolista de la Premier.
Los sobres de B√°rcenas han despertado, supuestamente, a la clase pol√≠tica. Jam√°s he visto mayor hipocres√≠a. La transici√≥n espa√Īola si algo tiene de caracter√≠stico, al margen de su tutelaje, es la corrupci√≥n. Ya desde la √©poca anterior. El PNV, tan valedor de su propia historia, lo conoce a la perfecci√≥n. C√≥mo se construy√≥ la democracia cristiana en Europa con sobres repletos de d√≥lares que desde Washington repart√≠a el PNV todos los meses entre los socios capitalistas al objeto de evitar el alza de los grupos progresistas.
Corrupci√≥n en la CAN, informaci√≥n privilegiada para enriquecerse. Mister Diez (del tanto por ciento de la comisi√≥n que cobra) paseando por la villa hist√≥rica vasca, cientos de kilogramos de coca√≠na para quemar desaparecida, fondos reservados incontrolables, desfalcos en asociaciones de v√≠ctimas… La lista es interminable.
Los sobres son sist√©micos. Las mayores empresas que cotizan en la bolsa espa√Īola guardan su retaguardia en para√≠sos fiscales, los prohombres de la cultura econ√≥mica vasca financiaron la campa√Īa del criminal Fujimori a cambio de un trozo del pastel. Corrupci√≥n legal a trav√©s de las SPE, sociedades concebidas para evadir impuestos y que solo paguen los pobres. Por eso Markel Olano, faro opositor, denunciaba el impuesto a la riqueza como “un misil contra el futuro econ√≥mico guipuzcoano”. La hipocres√≠a alcanzando su c√©nit.
Santacruz y todos aquellos que hasta 2010 ejercieron aquella modalidad revolucionaria fueron en realidad aprendices de brujos. No llegaron siquiera a graduarse. La verdadera liga se jugaba en otros escenarios, con cifras que se escapan a la mayor√≠a de los mortales. En 1973, ETA secuestr√≥ a Felipe Huarte, la fortuna estrella entonces de Navarra. Acaba de echar a la calle a 170 trabajadores de una de sus empresas. Cuando concluy√≥ el secuestro, el industrial se dirigi√≥ a uno de sus captores: ¬ŅCu√°nto hab√©is cobrado? Cincuenta millones. ¬ŅDe d√≥lares?, pregunt√≥ Huarte. No, de pesetas, contest√≥ un miembro del comando. La carcajada del industrial lleg√≥ a estampar los libros de historia de esa d√©cada.

UN CONTRATO SOCIAL CON OLOR A NAFTALINA

La que llaman fractura catalana viene a incidir en la ruptura de un modelo territorial y pol√≠tico que dio cuerpo a Espa√Īa a la muerte del dictador. Llega el fin, repetido en algunos foros, de una etapa a la que, como en otros pasajes de la historia, se oponen las fuerzas internas m√°s retr√≥gradas, las de siempre: banqueros, militares e iglesia, sostenidos por el sistema pol√≠tico y sindical que naci√≥ de aquella propuesta.
Tiene su gracia escuchar a catedr√°ticos de derecho, directores de fundaciones o simples forjadores de opini√≥n vestidos de tertulianos argumentar que no se puede romper el contrato, el pacto social de la Transici√≥n porque el mismo es un valor de convivencia per se. Tiene su gracia cuando aquel contrato vino precedido de una oferta cerrada y √ļnica. La Transici√≥n surgi√≥ del sistema franquista que lleg√≥ intacto a la nueva situaci√≥n. No hubo elecci√≥n. Porque su alternativa era volver al infierno.
A pesar, dicen que aquello se fragu√≥ con un acuerdo. El consenso es una invenci√≥n generada por el poder para perpetuarse. Es la careta del liberalismo y del centralismo para definirse como dem√≥crata. En nombre del consenso se han hecho las mayores atrocidades de los √ļltimos tiempos. En la cercan√≠a, pactos como el de Defensa de la Democracia, de la LOAPA, de Ajuria Enea‚Ķ son fruto de esa maldita palabra cuyo significado esconden las vigas del sistema.
Inventaron, tambi√©n, un escenario que no exist√≠a m√°s que en los centros de cartograf√≠a militar y en las escuelas franquistas. Lo aderezaron de un t√©rmino ad hoc, el caf√© para todos, construido no para dar respuesta a las particularidades de los pueblos peninsulares, sino para frenar el impulso nacional de Catalu√Īa, Galicia y el sur vasco. Dividieron los territorios naturales sin debate previo, Navarra foral y espa√Īola de Aizpun y Del Burgo, y alcanzaron el cl√≠max separando idiomas, ‚Äúvalenciano‚ÄĚ y ‚Äúcatal√°n‚ÄĚ.
Tiene su gracia tambi√©n, apelar a un texto, en este caso la Constituci√≥n espa√Īola, de una longevidad m√°s que notoria. Va para 35 a√Īos, una eternidad para cuestiones pol√≠ticas. La dictadura de Franco se prolong√≥ un a√Īo m√°s, 36, y con ello no quiero hacer comparaciones, simplemente recordar que el tirano parec√≠a inmortal. Y no lo fue.
A pesar de ser un pueblo el nuestro envejecido, tres puntos por encima de la media europea, y con un √≠ndice de natalidad de los m√°s bajos del mundo, resulta que la mitad de los vascos no conocieron los entresijos de la Constituci√≥n. No hab√≠an nacido a√ļn. No supieron del Estatuto de Autonom√≠a, del Amejoramiento, ni siquiera asistieron al despliegue de la Ertzaintza. A pesar de que cuando despertaron al mundo, el dinosaurio segu√≠a ah√≠.
En este tiempo, y exceptuando las dos guerra mundiales, Europa y el mundo han conocido la impensable desaparici√≥n del bloque sovi√©tico. En treinta a√Īos se han independizado 36 nuevos estados y Espa√Īa ha entrado en guerra con dos poderosos aliados, en ocasiones, unilateralmente en otras, aunque con el apoyo de la OTAN. En Irak, Afganist√°n, Libia, Somalia, Bosnia, Kosovo, L√≠bano y Chad. Y mantiene en territorio vasco uno de los campos de entrenamiento militar m√°s codiciados de Europa, en las Bardenas. Es un Estado b√©lico y belicoso.
Un Estado que se aferra a una Carta Magna y que desconoce la transformaci√≥n europea y mundial de los √ļltimos 35 a√Īos es un estado holgaz√°n. Me podr√°n decir que, como en otros lugares, la Constituci√≥n apenas es una referencia. Pero no es el caso. Cuando el ex lehendakari Ibarretxe amag√≥ con una consulta sobre el derecho de decisi√≥n, similar al que est√° en juego en Catalu√Īa, la brecha se abri√≥ para constitucionalistas y los que no lo eran. Recordando aquellos viejos tiempos en los que los vascos que la apoyaron en refer√©ndum no llegaron a la mitad de los consultados.
La incidencia de esta Constituci√≥n est√°, precisamente, en su imposici√≥n, en el permanente recuerdo al papel de la Armada espa√Īola en la contenci√≥n de su ‚Äúenemigo interior‚ÄĚ que si en 1936 era la revoluci√≥n y el separatismo, en 2013 ha quedado reducido √ļnicamente al segundo de los aspectos. Y en lo que a la postre va a resultar el quid de la cuesti√≥n. Podr√°n desfilar los tanques en tono amenazador por la Gran V√≠a bilbaina, como en 1964, o aterrizar los paracaidistas en la V√≠a Layetana barcelonesa. Lo har√°n, si hace falta. Pero no por ello desviar√°n la centralidad del debate.
Y este centro es el sujeto. El espa√Īol, el catal√°n o el vasco. La soberan√≠a nacional, dice la Constituci√≥n hispana, reside en el ‚Äúpueblo espa√Īol‚ÄĚ. El segundo t√≠tulo es significativo: ‚ÄúLa Constituci√≥n se fundamenta en la indisoluble unidad de la Naci√≥n espa√Īola, patria com√ļn e indivisible de todos los espa√Īoles‚ÄĚ. Ah√≠ habita el atasco.
El Parlamento de Catalu√Īa ha sentado que el pueblo catal√°n es el sujeto de su soberan√≠a. Catalu√Īa es ‚Äúsujeto pol√≠tico y jur√≠dico soberano‚ÄĚ. Inconstitucional a todas luces. Cuando Ibarretxe, la declaraci√≥n fue parecida. El Pueblo Vasco, con may√ļscula, sujeto de decisi√≥n. Entonces, el Tribunal Constitucional espa√Īol respondi√≥ con sus instrumentos: ‚ÄúEse sujeto (el vasco) no es titular de un poder soberano, exclusivo de la Naci√≥n constituida en Estado”. Y Aznar avanz√≥ para modificar el c√≥digo penal y encarcelar al entonces lehendakari.
Legal pero no justo. Vamos a respirar, decía Jorge Oteiza, porque el alma vasca respira distinto. Y de eso se trata. Podrán existir miles, millones de razones, apoyando la pluralidad, la democracia, la variedad y la diversidad, pero todas ellas serán papel mojado si a la hora de la verdad, no cuando estemos refiriéndonos a cuestiones metafísicas, la respuesta es uniforme, tal y cual el mensaje que nos transmiten.
Espa√Īa ha querido que su identidad sea reconocida en valores tradicionales y, sobre todo, hist√≥ricos. Todo su derecho. Pero el deseo contiene un problema enorme, del que se ha contaminado buena parte de su sociedad. Este valor ha sido permanentemente la negaci√≥n del otro. Desde las guerras de religi√≥n, a los pogromos contra las minor√≠as √©tnicas. Esos valores han sido forjados, adem√°s, en lo m√°s rancio de la cultura europea. Ligados, siempre, a intereses de clase, a razones raciales cuando no divinas. Un fracaso en t√©rminos absolutos.
Una apuesta, asimismo, arrastrada permanentemente por la izquierda y la llamada izquierda. A rebufo de quien detentaba el poder. La monarqu√≠a absolutista borb√≥nica. El eje pol√≠tico e identitario de Espa√Īa. Por eso, traigo a la memoria aquella reflexi√≥n que hizo la izquierda abertzale hace ahora veinte a√Īos. La hizo Jon Idigoras al monarca borb√≥nico.
Se hab√≠an celebrado elecciones a las Cortes espa√Īolas y, como era habitual, el rey recib√≠a en la Zarzuela a los delegados de cada formaci√≥n pol√≠tica con representaci√≥n parlamentaria. La fotograf√≠a nos ha quedado en la retina. En la puerta del palacio, Jon se coloc√≥ la corbata y la chaqueta apresuradamente. Protocolo. No se hab√≠a puesto una corbata desde su boda en 1970. Un s√≠mbolo de la intrascendencia de las formas.
En el interior, Jon Idigoras transmiti√≥ el mensaje que, veinte a√Īos despu√©s, sigue vigente. Primero la introducci√≥n: ‚ÄúSu Majestad conoce la posici√≥n de Herri Batasuna contraria a la instituci√≥n mon√°rquica en general y, al comportamiento de la monarqu√≠a borb√≥nica para con los derechos nacionales vascos en particular; rechazo que se hace m√°s intenso en la medida que Su Majestad ostenta el mando supremo de las Fuerzas Armadas espa√Īolas‚ÄĚ.
Y luego el meollo: ‚ÄúEl contencioso pol√≠tico entre Hego Euskal Herria y el Estado espa√Īol est√° definido por el hecho de que una mayor√≠a del Pueblo vasco percibe como una imposici√≥n el marco pol√≠tico surgido de la Constituci√≥n espa√Īola‚ÄĚ. Y luego la conclusi√≥n: ‚ÄúMientras los ciudadanos y ciudadanas de Hego Euskal Herria, desde la solidaridad y el respeto, no seamos los √ļnicos sujetos de nuestro futuro pol√≠tico, econ√≥mico, social y cultural, el conflicto se mantendr√° y el mencionado d√©ficit democr√°tico seguir√° siendo la asignatura pendiente del Estado al que Su Majestad representa‚ÄĚ.
No hay otro secreto. La cuesti√≥n no es la de las veleidades separatistas, las mayor√≠as o minor√≠as peninsulares o los centros de decisi√≥n. La cuesti√≥n tiene que ver con los sujetos. Sujetos identificados en una comunidad, catalana, vasca o espa√Īola. Por ello hay un problema: la Constituci√≥n espa√Īola. Vieja dama, sin honor, restrictiva. Vieja y agotada como su propuesta. Aunque conociendo a Espa√Īa quiz√°s habr√≠a que buscarle un sin√≥nimo masculino. Viejo decr√©pito, ¬Ņquiz√°s?