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Mi patria

Aberri Eguna, el d铆a de la patria vasca. Salgo a la calle, recibo correos electr贸nicos, leo la prensa y enchufo la televisi贸n. Hay un mensaje de fondo. Me susurran al o铆do que nadie tiene patria, que todos somos ciudadanos del mundo, polvo de estrellas de una galaxia identificada con n煤meros y letras. La patria parece algo lejano en el tiempo, propio de tradicionalistas. Un espacio pasado de moda, en una partida sobre la globalizaci贸n que se juega entre redes y plazas an贸nimas.
Es cierto que hay algo en ese mensaje que inquieta. En nombre de la patria se han agregado escalones a la injusticia, se han quemado pueblos honrados, se han abierto ventanas al fanatismo religioso, se han cometido tantas tropel铆as que atisbo a intuir los recelos que la palabra genera. La patria autorizaba la muerte, la muerte por la patria justificaba los cr铆menes. “Todo por la patria” dice el r贸tulo de un cuerpo militar que su sola cita nos produce escalofr铆os.
“A aquellos de nosotros que fuimos troquelados con el miedo como una l铆nea que cruza nuestra frente, aprendiendo a temer con la leche de nuestra madre”, escribi贸 la poeta negra norteamericana Audre Lorde. Gracias a una generaci贸n que nos precedi贸, una generaci贸n irrepetible, surgimos en la esperanza. No se supon铆a que todos nosotros pudi茅ramos sobrevivir. Y sobrevivimos. Por ellos que la impulsaron frente a los que la borraban del mapa europeo.
La patria existe. Percibo, aunque no lo reconozcan, que todos hacen gala de su patria, de su guarida natural en la que reposar, en la que sentirse alguien, en el sentido m谩s literario y menos qu铆mico de la expresi贸n. Como si fuera el regazo de la madre, el lugar en el que envejecer y morir, como versaba Pierre Loti, 鈥渓os pa铆ses lejanos son buenos para los d铆as de juventud, pero es preciso volver a Etchezar鈥.
Lo siento en los pasatiempos, en la estirpe del sudor, en las frases que juntas acondicionan el idioma, en las gotas de lluvia que se adhieren al calzado y en la sequedad que se va forjando en la piel de cada uno de nuestros semblantes. En las conversaciones de taberna, en los aeropuertos, en los titulares de los medios y en las angustias que cada d铆a arroja, en lenguaje binario, sobre nuestra mesa.
Lo percibo, en la mesura del p谩rrafo anterior, en las fiestas del solsticio, en la reiteraci贸n de las consonantes del euskara, entre el hierro colado de la forja, en los humedales que albergan a la vida, en la expresi贸n de los ancianos. En el traj铆n del bar junto al estanco a la vuelta de la esquina, en el cierre editorial de nuestros diarios perseguidos, en la aprensi贸n a las cartas certificadas.
No sugiere, sin embargo, que estas y otras consideraciones familiares alcancen el grado 茅pico que esperan nuestros portavoces para elevarlo a la categor铆a de imprescindible. No me gusta la 茅pica. Hay un cosmos imperceptible, que tambi茅n me susurra al o铆do, sin la estridencia gal谩ctica, que me hace sentirme protagonista de ese relato perpetuo, de esa historia compartida.
Un rumor coral incesante que surge de los pupitres sin tinteros, de las oficinas en min煤scula, de las celdas m谩s inmundas, de los garajes destartalados, de los caminos m谩s hendidos. De gaztetxes, sedes sin r贸tulo, sociedades cubiertas de grasa, apartamentos con derecho a cocina, parques de hierba abandonada, casas de cultura sin letras, libros sin ep铆logo.
Sin hacer caso al rumor, algunos se averg眉enzan de ella, de la patria, como si fuera un anacronismo. En mis viajes, bien es cierto que cada vez m谩s escasos, percibo, a pesar, otra naturaleza distante de la vergonzante, esa atracci贸n por el viejo refugio, esa canci贸n alegre que se desliza bajo sones familiares. A lo largo del planeta. Glosas de nostalgia sin duda, pero tambi茅n de cotidianeidad, apenas relatadas por sentimientos cada vez m谩s cohibidos. Prefiero ser extranjero en otras patrias a serlo en la m铆a, exclamaba Mart铆.
He sabido, con el tiempo, que el territorio es accidental. Que la belleza y la a帽oranza no tienen relaci贸n con los acantilados que resbalan hacia el oc茅ano, los bosques que despliegan sus hojas hacia el amanecer, o los r铆os que inventan orillas y acumulan ciudades. De unos y otros almaceno esquinas, coloreo cuartillas pero siempre encuentro un recodo m谩s atractivo que el anterior. Es, si me permiten, un trozo muy menudo de mi patria.
Percibo, asimismo, que mi patria es diferente a la de mis compa帽eros. Que hay miles de patrias, millones a veces, sobre un mismo tablado. Que la m铆a no es ni m谩s ni menos que la del vecino. Que el verde de mis prados, en ocasiones, es menos intenso que otros, que el azul de mi cielo no tiene la tonalidad del sur, que el rojo cercano es m谩s p谩lido que el que manifiestan en la distancia otros actores de la subsistencia.
Pero distingo, entre las intrusiones y entre los escenarios multicolor, un detalle que la hace particular. No es una particularidad min煤scula, ni siquiera sumida en la indiferencia. Es un detalle gigantesco, de tal envergadura que su referencia me emociona. La patria humana. Nada que ver con la literaria, con la de r铆os y montes, barrios y quebradas, castillos y terrazas.
Es mi patria.
La que alcanzaron mis padres. La que desbrozo a mis hijos.
Una patria repleta de tantos nombres que apenas alcanzo a recordarlos. Que inundo cada d铆a en los recuerdos del futuro, en las cuentas del presente, como parte inseparable de esa forma que tomamos al nacer. Esa patria a la que un gran amigo llamado Mario Salegi, paradigma del exilio eterno de los vascos, llamaba tribu. Como si concluy茅ramos de abandonar Santimami帽e para enroscarnos, unos pasos adelante, en el parque tecnol贸gico de Zamudio.
Una tribu, partida pero tambi茅n completa. “Somos cinco mil aqu铆, en esta peque帽a parte de la ciudad. 驴Cu谩ntos somos en total en todo el pa铆s”, cantaba V铆ctor Jara en su 煤ltima morada, en aquel estadio maldito. Una patria hecha a golpe de martillo, de bol铆grafo, de remo, de azada, de comp谩s y tambi茅n de guitarras entre candilejas.
Esa patria humana es la que me empuja, la que me dicta cada d铆a los recados para la vida. La que me acierta a confiar en los m铆os que, a ciegas, se han sentado en frente un d铆a cualquiera, al final de la Korrika en Baiona, con las comparsas en el Casco Viejo bilba铆no, con los presos reci茅n liberados en Sanfermines o con los acampados contra el monstruo de gran velocidad en Zaldibia.
Un teatro repleto de movimiento. De mujeres defendiendo su objetivo hist贸rico, de j贸venes abri茅ndose paso entre la intransigencia, de trabajadores de la justicia, de compositores de sue帽os, de amigos de esos placeres que parecen inoportunos, de solidarios. Sobre todo de solidarios. Que matizan la existencia en la igualdad. Y que denuncian, precisamente, a los publicistas de la intolerancia.
Ese 谩mbito, corpulento y diminuto a la vez, que me explica en su conjunto esas leyes que parecen inexplicables, esas normas de la naturaleza que nos muestran el universo en su integridad. Hombres y mujeres que luchan sin saber c贸mo salvar al mundo, en esa pregunta eterna que se hac铆a Leonard Peltier, condenado a muerte en otra parte de nuestro planeta, pero m谩s cercano que Mario Fern谩ndez, el banquero desahuciador.
Una patria del estilo de la que bosquejaba Arturo Campi贸n, cuando ni siquiera nuestros abuelos hab铆an nacido: “Aqu铆 estamos cumpliendo la misi贸n tradicional que tanto en la historia antigua como en la moderna y a煤n contempor谩nea, se expresa con el verbo ‘resistir’. Aqu铆 estamos escribiendo un cap铆tulo nuevo de esa historia”.
Esa es mi patria. La de ellas. Y ellos. Resistiendo. En casa, apoy谩ndome en la universalidad de nuestra utop铆a. So帽ando que sue帽o y evocando una y otra vez a los m铆os con esa palabra pegada a nuestra existencia. Porque resistir, en los tiempos que corren y como dice la canci贸n, es ganar.

Mentiras tolerables

El general Jos茅 Antonio S谩enz de Santa Mar铆a, que muri贸 ahora hace una d茅cada, ha pasado a la historia espa帽ola como uno de los pocos militares que han apoyado al actual sistema pol铆tico, surgido a la muerte del dictador. S谩enz de Santa Maria fue falangista voluntario, particip贸 en los juicios-farsa del primer franquismo, que llevaron a la muerte entre otros al poeta Lauaxeta, y comenz贸 a forjar su carrera en Asturias, su patria chica. La Academia de la historia oficial lo tilda de gran dem贸crata.
Contaba el general imputado por su participaci贸n en el GAL que el Ej茅rcito le abri贸 las puertas para acabar con el maquis que, como es sabido, se mov铆a entre Asturias y Le贸n. Y refer铆a S谩enz de Santa Maria que, en aquella 茅poca, los norteamericanos, principales aliados de Franco, estaban experimentando una droga llamada pentotal (el suero de la verdad) que aplicaban a los detenidos.
A partir de aquel descubrimiento, que Washington export贸 a Madrid, a todos los detenidos bajo sospecha de colaborar con el maquis, les fue aplicado el pentotal. De manera sistem谩tica. Lo que, a la postre, fue el arma secreta mejor guardada, la que concluy贸 con la 煤ltima resistencia antifranquista. El suero de la verdad permiti贸 a la Guardia Civil conocer en poco tiempo los movimientos de abastecimiento e infraestructura de la guerrilla, preparar emboscadas y eliminar f铆sicamente a los resistentes. Ejecuciones extrajudiciales, sin proceso alguno.
Cuando S谩enz de Santa Mar铆a relataba en sus memorias lo sucedido, se jactaba de la inocencia del maquis y de su romanticismo b茅lico para adjetivarlos posteriormente de ladrones, bandoleros y criminales. En contraposici贸n a los de ETA, que tambi茅n eran criminales, pero de rom谩nticos no ten铆an un pelo. Buscaban objetivos pol铆ticos, seg煤n el asturiano. Y sobre el uso del suero de la verdad, el general frivolizaba a la manera de un militar bananero: “El uso del pentotal fue un avance porque nos evitaba tener que torturar a los detenidos”. Dos excesos en la misma frase.
M谩s recientemente, el papa Wojtyla conden贸 a muerte a los pecadores, pero tambi茅n a los s煤bitos directos propios que no siguieron sus directrices. En la guerra del Salvador, y como es de sobra conocido, Monse帽or Romero pidi贸 consejo e implicaci贸n a Wojtyla para que frenara los desmanes y cr铆menes del Ej茅rcito. El jefe del Vaticano le contest贸 en p煤blico, se帽al谩ndole que dejara de hacer “pol铆tica” y se dedicara a su reba帽o. Le estir贸 de las orejas delante de las c谩maras y sell贸 su sentencia a muerte. Unas semanas despu茅s, los escuadrones de la muerte de ese Ej茅rcito se tomaban venganza, espoleados por la omerta vaticana. Romero, junto a sus colaboradores, fue ejecutado.
Sin embargo, el papa ha entrado en proceso de beatificaci贸n, obviamente despu茅s de muerto, porque san贸 a una monja francesa con Parkinson. Los m茅dicos dijeron que se trataba de un falso diagnostico, pero ya sabemos que la ciencia y la iglesia est谩n re帽idas. Wojtyla fue un jefe de Estado dictatorial, integrista, al modo que necesitaba en su 茅poca el capitalismo en los estertores de la Guerra Fr铆a. Aquello cay贸 al olvido y hoy nos elevan a santo su trabajo sucio. No importa lo qu茅 hagas sino c贸mo se escribe tu biograf铆a.
Aquellos recuerdos me han aflorado con el nombramiento del argentino Bergoglio. Azote de los curas progres, simpatizante de la dictadura militar argentina, tuvo el mismo tic que el polaco: zapatero a tus zapatos. La pol铆tica para los profesionales que es como decir para los corruptos, los empresarios y los milikos. Bergoglio vaci贸 todas las barriadas pobres de sacerdotes. Por si la pobreza contaminaba el esp铆ritu.
Poco importa su trayectoria. A pesar, incluso, que la decisi贸n de su nombramiento haya estado tan politizada como en los tiempos de la Guerra Fr铆a. Un jesuita, Bergoglio, que ha recibido la bendici贸n de otro jesuita, John Brennan, actual director de la CIA. No hace falta pasar por Harvard University para percibir que la elecci贸n de Francisco I es una decisi贸n estrat茅gica de los due帽os de nuestros destinos para poner una pica en un medio hostil, Latinoam茅rica. Para frenar proyectos emancipadores, participativos e incluso anticapitalistas.
La mentira, sin embargo, ha estado en la propia proclamaci贸n del nuevo jefe de Estado de El Vaticano. Apego a los pobres, aversi贸n hacia los bienes materiales, neutralidad pol铆tica… parte de una estrategia comunicativa en la que el mensaje se convierte en un fin en s铆 mismo. Sabemos muchos de eso, en la cercan铆a, donde un desbocado Egibar, por ejemplo, ha dejado en manos de viejos agentes anticomunistas su relaci贸n epistolar para con la izquierda abertzale.
Lenin dec铆a que la verdad es siempre revolucionaria y, en esa l铆nea, los m谩s comprometidos con los cambios dejaron la impronta de la honestidad. En cualquier parte del mundo. Con esos mimbres, la credibilidad ha sido, gracias precisamente a esa honradez, uno de los aciertos m谩s notables de la izquierda abertzale.
Hace poco, en el Foro Social de Euskal Herria, el profesor irland茅s Colm Campbell mencionaba ciertos procesos de paz en los que se hab铆an pactado, entre las partes, una serie de cuestiones. La verdad es que me sorprendi贸 sobremanera un aspecto de su reflexi贸n y, aunque ya han pasado unos cuantos d铆as, sigo sin poder digerirla. Campbell se refer铆a a unas “mentiras tolerables”, algo as铆 como las mentiras piadosas de los religiosos que evitaban el tratamiento de los asuntos m谩s espinosos de un conflicto.
Desconozco el tratamiento a las mentiras tolerables en otros escenarios. S茅 que la verdad es dolorosa en m谩s de una ocasi贸n. Campbell, o quiz谩s otro de los presentes en el Foro, trajo a colaci贸n la amargura de una madre que descubri贸 que la muerte de su hijo no se debi贸 a un enfrentamiento de la guerrilla con tropas regulares, sino a una ejecuci贸n por su supuesta infiltraci贸n. Que luego, por cierto, result贸 falsa. Dolor por la verdad.
Pero Campbell iba m谩s all谩. Las mentiras tolerables, temporales, puede ser fuente de diversos relatos. No lo niego. El relato 煤nico, cuando a fin de cuentas la historia es en gran parte interpretaci贸n, s贸lo existe en los sistemas totalitarios. Pero no podemos enlazar ese tipo de mentiras coyunturales para cerrar viejos conflictos o, en otro caso, como punto de partida de comisiones que buscan, precisamente, la verdad.
驴Por qu茅, me preguntar谩n, vamos a ser los vascos m谩s especiales?
Porque la mentira permanente, grande o peque帽a, temporal o eterna, ha sido el referente de una de las partes del conflicto. La credibilidad ha sido, por contra, una de nuestras se帽as de identidad en cincuenta a帽os y la farsa el apellido del enemigo, incluso me atrever铆a a decir que tambi茅n del adversario pol铆tico.
Personajes como S谩enz de Santa Maria dando lecciones de democracia desde el pedestal de la Benem茅rita, l铆deres supuestamente espirituales ofertando lecciones de humildad, banqueros putrefactos marcando las fronteras de lo opinable… el l铆mite entre la verdad y la mentira, sea cual fuera la intensidad de cada una de ellas, es el l铆mite entre la honradez y la corrupci贸n, la raya que demarca la lucha por una sociedad igualitaria y otra en manos de unos pocos.
No quiero parecer un disidente cuando apelo a la verdad. Y si esa es la impresi贸n, mucho se ha torcido el camino, aunque no creo que sea el caso. Sin embargo, quiero poner el acento en la trascendencia de estos detalles. Los he sufrido de cerca.
En los 煤ltimos meses, la corte de sumisos y dependientes del estado injusto de las cosas, ha puesto el grito en el cielo cuando, modestamente, he querido ubicar unos gramos de dudas en la trayectoria de h茅roes nacionales: Wellington, Graham, Napole贸n, Casta帽os, Richard Ford… Fueron criminales, violadores, canallas que devastaron Donostia hace ahora 200 a帽os. Entonces, la guerra y la alianza espa帽ola exigi贸 tapar su responsabilidad. Mentiras temporales.
Hoy, aquellas mentiras transitorias se han convertido en verdades absolutas, en la referencia del relato 煤nico. Por ello, con la lecci贸n aprendida en decenas de escenarios, debemos reivindicar la verdad. La credibilidad, a trav茅s de la verdad y transparencia es, en estos tiempos que llegan, una de nuestras armas m谩s contundentes. Seamos, en este frente tambi茅n, revolucionarios.

EN V脥SPERAS DE UNA DECISI脫N ESTRAT脡GICA

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha invalidado la Ley de Amnist铆a de El Salvador, promulgada en 1993 para ocultar los cr铆menes del Estado salvadore帽o en los 12 a帽os de guerra. La CIDH es un 贸rgano jur铆dico surgido de la OEA con el objetivo de aplicar e interpretar la Convenci贸n Americana sobre Derechos Humanos.
No hay relaci贸n, incluso la comparaci贸n no es acertada, pero por entendernos la CIDH ser铆a, saltando el oc茅ano Atl谩ntico, algo as铆 como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el que conocemos coloquialmente como Tribunal de Estrasburgo, m谩xima autoridad judicial en Europa en relaci贸n al respeto de los derechos humanos.
Sobre el TEDH no hay mucho que decir. Se compone de la suma de legislaciones estatales de la UE. Por tanto algunas de cal y otras de arena. Este fue el tribunal, precisamente, que en julio de 2012, declar贸, en relaci贸n a la demanda de la presa vasca In茅s del R铆o, que la 197/2006 (doctrina Parot) violaba los derechos humanos. In茅s del R铆o deb铆a ser excarcelada pero el Gobierno espa帽ol se neg贸 a ello, presentando el recurso que se resolver谩 en unos d铆as.
Imaginen, en la misma medida que lo hizo el CIDH, que el Tribunal de Estrasburgo hubiera condenando y pedido la derogaci贸n de la Ley de Amnist铆a de 1977, la que exoneraba a los canallas Fraga, Su谩rez, Oreja, Mart铆n Villa, Barrionuevo… de su adhesi贸n al fascismo, por no hablar de los patanegras Mu帽oz Grandes, Cassinello, S谩enz de Santa Mar铆a o el propio Carrero Blanco, hoy por mor de los revisionistas, un pre-dem贸crata.
Los aliados de Franco en su 茅poca, Mussolini, el duce, y Pierre Laval, presidente del Consejo de Ministros franc茅s, fueron ejecutados. El primero por los resistentes, el segundo por decisi贸n de un jurado. Hitler se suicid贸 en la derrota. Franco, en cambio, coquete贸 con Europa, la Iglesia y EEUU, sus principales valedores, que le mantuvieron hasta su muerte. El cambio en otros territorios europeos, la democracia, fue evitado en la Espa帽a de Manolo Caracol.
Nos movemos a salto de impresiones que, en muchos casos, no se corresponden con la realidad. Y entre ellas se encuentra la de que Europa es la cuna de la democracia y, como tal, fuente de ense帽anzas en los principios revolucionarios burgueses surgidos de la guillotina parisina: libertad, igualdad, fraternidad. Pura ficci贸n. La pol铆tica son intereses creados en un porcentaje muy elevado, casi todos econ贸micos.
El continente tiene muchos patios traseros. Me referir茅 a uno de ellos.
Europa es menos dem贸crata gracias a Espa帽a. Si Espa帽a se encontrara en 脕frica, el 铆ndice democr谩tico europeo cotizar铆a al alza y, por contra, el africano descender铆a. No quiero decir con la afirmaci贸n anterior que los niveles de libertad y justicia est茅n expandidos de manera racional por el Viejo Continente, simplemente que en un 铆ndice ya bajo sospecha, la presencia hispana lo rebaja.
Espa帽a est谩 a la cabeza del desempleo en Europa, con cifras de esc谩ndalo y su 铆ndice de pobreza es el m谩s alto del continente, por encima de Grecia o Letonia. Su 铆ndice de igualdad de g茅nero ha ca铆do doce puestos en apenas un a帽o. Si nos introducimos en cuestiones tan radicales, pero a pesar tan cercanas, como la corrupci贸n, el cohecho, el nepotismo… la imagen es la de un Estado marcado por un escaparate democr谩tico y un interior fuertemente autoritario, con tintes de verbena a lo Lina Morgan.
Desde la muerte de Franco hasta hoy, el apoyo europeo a la pol铆tica espa帽ola, tal y como a la turca, ha sido interesado. Espa帽a hizo una transici贸n a la democracia que dej贸 intactos todos los aparatos franquistas, en especial el militar y el policial, lo que provoc贸 que la represi贸n al margen de la justicia se mantuviera durante d茅cadas: cientos de victimas mortales por escuadrones tanto uniformados como de paisano.
La tortura, cuyos maestros llegaban de aquella Gestapo desaparecida ya hace tiempo, subsisti贸 en Espa帽a con una frialdad y complicidad como no ha existido en otro territorio europeo. Europa fue encubridora de las muertes por torturas de ciudadanos vascos y los malos tratos a miles y miles. La tortura es tan espa帽ola como las corridas de toros.
Espa帽a tiene el mayor 铆ndice per capita de presos en Europa, no digamos ya de presos pol铆ticos. Conden贸 a periodistas a prisi贸n por ejercer su profesi贸n (S谩nchez Erauskin, Vinader, Pepe Rey, Javier Salutregi, Teresa Toda…), cerr贸 medios de comunicaci贸n, radios, revistas y diarios. Mantiene un tribunal de excepci贸n franquista, llamado Audiencia Nacional, que deber铆a acondicionar la sala central de un museo de los horrores.
Espa帽a vota a pol铆ticos corruptos sabiendo que lo son, apoya a condenados por acoso sexual, besa la mano de sacerdotes que poco antes la han usado para cometer tropel铆as con menores de edad. Espa帽a es la fuente de Jaime de Andrade, pero tambi茅n la de Pedro Almod贸var, la de P铆o Moa y tambi茅n la de la Pantoja.
La aportaci贸n espa帽ola a Europa ha consistido en la esquilmaci贸n de sus fondos. La mayor inversi贸n del BEI en la 煤ltima d茅cada se llama Espa帽a. Los rescates a la banca, los trapicheos y desviaciones de los fondos europeos… a cambio de entregar toda su costa mediterr谩nea a los fondos de pensiones alemanes y a los lobys del petr贸leo 谩rabe para organizar el reposo de su tercera edad, la prostituci贸n a gran escala, o el juego. Todo ello con la complicidad de pillos locales que han ido acopiando de nombres el eterno libro de la putrefacci贸n hispana.
Esta misma semana EEUU ha afirmado que Espa帽a es el centro neur谩lgico europeo en la lavado del dinero del narcotr谩fico. La banca implicada, sin duda. Nadie que pone en juego su dinero o busca alianzas pol铆ticas, como lo han hecho en Espa帽a banqueros y gobiernos europeos, desconoce el escenario espa帽ol. 驴Por qu茅 semejante apoyo?, nos hemos preguntado repetidamente desde nuestra candidez.
Espa帽a es el tonto 煤til de Europa en su andanada por los recortes democr谩ticos. Espa帽a ense帽a el camino de una manera n铆tida. Es el modelo y la fuerza que tienen Par铆s y Berl铆n, sobre todo, para estrujar m谩s a su disidencia y hacer valer el poder de una elite, para ir desinflando la pol铆tica de derechos humanos que dicen comenz贸 su declive en 2001, pero que viene de mucho antes. Hasta qu茅 punto el Primer Mundo ha dejado a Espa帽a hacer que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas crey贸 a pies juntillas la mentira de Aznar sobre los atentados del 11M.
Europa ha satisfecho la mayor铆a de las exigencias espa帽olas. La Europol, con direcci贸n de polic铆as espa帽oles, la aberrante Euroorden, a instancias y presiones de Espa帽a… fueron secuencias de una pel铆cula antidemocr谩tica que, a sabiendas, Berl铆n y Par铆s apoyaron.
Por eso, Jorge Fern谩ndez D铆az se ha dirigido de nuevo a Europa, con su habitual elocuencia: “somos los polis malos. Debemos seguir si茅ndolo para el bien de todos”. Fern谩ndez es un hom贸fobo declarado. Pertenece a la Sacra Orden Militar Constantiniana, una secta cat贸lica a la que el saliente Benedicto XVI no reconoce siquiera legitimidad, al margen de ser supernumerario de otra secta ultra, el Opus Dei. Y es ministro del Interior del Gobierno m谩s a la derecha de Europa en estos instantes.
Fern谩ndez ha ido a Europa a presionar al viejo estilo. Al margen de presentarse como la Reserva Espiritual de Occidente, habr谩 prometido lo habitual: cama, masaje y el frigor铆fico lleno. Las hip贸tesis, conociendo la historia espa帽ola, pasan por los fondos reservados. Hipocres铆a democr谩tica.
El ministro est谩 pidiendo al Tribunal de Estrasburgo la retroactividad de una ley para que Espa帽a siga teniendo, como dijo Rubalcaba, el sistema penitenciario m谩s duro de Europa. Fern谩ndez demanda a Europa esa retroactividad que ya existe en Espa帽a, donde su Polic铆a y Ej茅rcito saludan con fervor al dictador que muri贸 hace casi 40 a帽os, donde la modernidad est谩 matizada por una serie de valores medievales en la centralidad pol铆tica (monarqu铆a e iglesia) que produce estupor.
El tonto 煤til espa帽ol aspira a mantener su estatus de perro de presa para Europa. Fern谩ndez lo ha transmitido: el muro europeo del sur se puede relajar ante la inmigraci贸n africana si Estrasburgo condena la 197/2006. 驴Chantaje? Nada extra帽o en la diplomacia espa帽ola. Ahora corresponde al Tribunal de Derechos Humanos decidir si prefiere seguir la estela del CIDH americano o, por el contrario, que el 铆ndice de desarrollo democr谩tico de los estados que la componen contin煤e cotizando a la baja por el peso espec铆fico de Espa帽a.

Modelo bolivariano en casa

A partir de la Revoluci贸n cubana y su modelo de asalto al poder desde el foco guerrillero de Sierra Maestra, los procesos pol铆ticos latinoamericanos se multiplicaron como champi帽ones. La negativa yanqui a aceptar la llegada de fuerzas progresistas al poder a trav茅s de las urnas, encarnada en el golpe de Estado contra Salvador Allende en 1973, fortaleci贸 la opci贸n pol铆tica de la guerrilla.
La v铆a de los pueblos en armas, tal como la identific贸 Marta Harnecker, ven铆a precedida de todo el acopio de las luchas de liberaci贸n, los movimientos contra la metr贸poli que se dieron fundamentalmente en 脕frica y Asia, todos ellos violentos. Los centros metropolitanos europeos ba帽aron con sangre la independencia de medio mundo. Antes la muerte que la libertad.
Las vanguardias pol铆ticas de aquellos estados, en Argentina, Brasil, Uruguay, Chile incluso, tomaron tambi茅n las armas. Aquello fortaleci贸, en casa, la posici贸n de ETA que hab铆a visto completar su necesidad hist贸rica con un fuerte componente propio, la guerra de 1936 y el sacrificio de gudaris y milicianos, y otro externo: las teor铆as de Truong Ching y en especial de Mao Zedong en el camino hacia la liberaci贸n.
El triunfo guerrillero sandinista y la apuesta decidida de Washington a intervenir dr谩sticamente en los estados no afines, Grenada y Panam谩 fueron los paradigmas, aventaron m谩s a煤n la vida insurreccional. Hasta algunos pueblos ind铆genas se acordaron de las v铆as abiertas por sus antepasados 500 a帽os antes y se lanzaron al monte.
Se produjo, sin embargo, un corte de gran calado. Las guerrillas eran, como hab铆a apuntado en la “Guerra de la pulga” Robert Traber, instrumentos para “no perder”, incapaces por lo general de ganar. As铆 era. Los fracasos, si se puede hablar en estos t茅rminos cuando es obvio que el objetivo es el camino emprendido, no tanto las conclusiones, se repart铆an en varios continentes. Pero hab铆a que ganar.
Alguna excepci贸n a esta apuesta, la hist贸rica de Vietnam y otras ya lejos del hilo cl谩sico, como la de Afganist谩n en 1992. El Muro hab铆a ca铆do en 1989, pero antes otro mayor se hab铆a erigido gracias a la parcialidad de Mosc煤. Por sus campos de entrenamiento de Odessa pasaban 煤nicamente los futuros guerrilleros de proyectos susceptibles de presentar inter茅s a su estrategia econ贸mico-militar local y mundial. Por eso ETA nunca estuvo entre las elegidas.
En 1981 ca铆 por Nicaragua, cuando era joven y al poco de la Revoluci贸n sandinista. La casualidad me depar贸 un entorno europeo en un enclave centroamericano. Alemanes, escandinavos y alg煤n italiano, junto a dos vascos, compartimos tertulias sobre modelos pol铆ticos. La mayor铆a ten铆a recetas, algunas de las cuales hab铆a que cumplir de inmediato para que el Frente Sandinista tuviera la aureola revolucionaria. Yo que llegaba a aprender me encontr茅 en un entorno agresivamente de maestros, eurocentrista. El fracaso made in Europa: consejos tengo para mi no tengo.
La huida fue inmediata. Pero me dej贸 un poso avizor. Los europeos podemos ser tremendamente repelentes en cuestiones de dial茅ctica pol铆tica. Hab铆amos saqueado durante siglos, y aqu铆 nadie puede mirar a otro lado porque el bienestar actual es producto de la rapi帽a sostenida anterior y actual, y, lo segu铆amos haciendo, aunque fuera en aspectos menos tangibles, como la imposici贸n ideol贸gica. De siempre he compartido una m谩xima: primero hay que edificar la propia casa y luego ayudar en la de los dem谩s.
El FSLN nicarag眉ense perdi贸 en pugna electoral, todos sabemos en qu茅 condiciones pero ello no quita peso a los problemas internos que arrastr贸, entre ellos el de la corrupci贸n, y, por contra, el Farabundo Mart铆 que a punto estuvo con su asalto final de tomar los centro de poder de San Salvador, logr贸 a trav茅s de las urnas el triunfo que las armas no cedieron. S茅 que es una lectura demasiado simplista y que la decencia y la reputaci贸n insurgente fueron un plus a su candidatura electoral. Tal y como el prestigio de la lucha armada del MK abri贸 las puertas a la victoria del ACN Sudafricano.
En Bolivia, en Brasil, en Uruguay, en Nicaragua de nuevo, en Ecuador, en Argentina los antiguos combatientes de monta帽a, algo m谩s que una inmensa estepa verde como dir铆a Omar Cabezas, llegaban para controlar los resortes de su naci贸n a trav茅s de las urnas. Algo impensable, 煤nicamente en su concepci贸n unos a帽os atr谩s. Incluso ideol贸gicamente inasumible. M谩s a煤n, cuando el M-19 dej贸 las armas y se present贸 a las elecciones en Colombia, todos sus dirigentes, que abandonaron la selva para llegar a Bogot谩, fueron ejecutados. Lenin hab铆a escrito sobre la violencia revolucionaria y nos hab铆a avisado del terror del capital.
De estas fuentes beb铆amos en casa, en Euskal Herria.
Pero el mundo cambi贸. En Europa surgieron decenas de nuevos estados, por v铆as violentas algunos (Balcanes), inasumibles en cualquier caso en nuestro entorno. La mayor铆a, sin embargo, por v铆as pac铆ficas, sin se帽alar por ello que el proceso lo fuera. Los atentados fundamentalistas de setiembre de 2001 vinieron a mostrar un escenario mundial radicalmente distinto, abierto ya una d茅cada antes con la descomposici贸n del bloque sovi茅tico.
En estas, lleg贸 Hugo Ch谩vez y su Movimiento Bolivariano. Intent贸 el golpe de Estado, fracas贸 y las urnas se hicieron eco de su propuesta, otorg谩ndole la victoria en 1998. Por tomar perspectiva, en casa acabamos de presentar el Acuerdo de Lizarra-Garazi, y ETA anunciaba la tregua m谩s larga, hasta entonces, de su historia.
En 2002, con la revoluci贸n bolivariana incipiente, Ch谩vez hizo lo que jam谩s se hab铆a atrevido otro presidente venezolano: extraditar a la Espa帽a de Aznar refugiados vascos. Se lo afe贸, p煤blicamente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2005. Sufri贸, en las misma fechas, el golpe de EEUU promovido por Madrid y Washington y aplaudido fervientemente por el PNV. Comenzaba el enfrentamiento abierto de las clases dominantes con Ch谩vez.
Reconozco que mis primeras impresiones sobre Ch谩vez no fueron las mismas que tengo hoy. Pero reduje el comentario al c铆rculo 铆ntimo de amigos. Record茅 Managua-1981 y la eterna impostura de los europeos con nuestra machacona man铆a de considerarnos poseedores de un sexto sentido, el de la petulancia pol铆tica.
La trayectoria de Ch谩vez ha sido espectacular. Nos quedamos en las cifras, en la sanidad, en la vivienda, en la descatalogaci贸n anual de cientos de miles de antiguos pobres, en el reparto, en la solidaridad, en la defensa de la patria. Un camino muy unido a Cuba y a su proceso material, ese que a los del Primer Mundo parece no importarnos en demas铆a, cuando tenemos el est贸mago atiborrado incluso en 茅pocas adversas, por eso de las pol铆ticas sociales que han ido forjando las luchas de nuestros antepasados. Hablamos de Venezuela, pa铆s saqueado durante siglos.
Destacar铆a, por encima, una a la que alg煤n d铆a habr谩 que dar la relevancia merecida, por la cercan铆a que nos toca. Tradicionalmente hemos gestionado nuestro bagaje ideol贸gico a partir de los cl谩sicos marxistas, anticolonialistas, librepensadores, guerrilleros y cr铆ticos al sistema. Desde Gramsci, hasta Fanon pasando por Amin y concluyendo, como ahora, en Zizek. Sin la mochila armada, en cambio, los modelos se reducen. Ch谩vez y Venezuela han aportado gran parte de las ense帽anzas que hoy recogemos.
Me refiero precisamente a esos tres pilares de la lucha que anuncia la izquierda abertzale, la institucional, la de masas y la ideol贸gica. Tres pilares que reci茅n se notifican en los nuevos balances estrat茅gicos y que, en Venezuela, de la mano de Hugo Ch谩vez, tienen un recorrido pragm谩tico en la 煤ltima d茅cada, de muchos quilates.
Esta es, seg煤n mi opini贸n, la aportaci贸n clave del Movimiento Bolivariano al proyecto vasco: la definici贸n de un cuerpo que hasta entonces la misma lo ten铆a deslavazado. Quiz谩s, y m谩s de uno me lo achacar谩, se trata de algo menor dentro de una dimensi贸n universal. Es cierto. Ch谩vez rompi贸 una tendencia hist贸rica de sumisi贸n, y mand贸 un mensaje de esperanza a miles de cuadros que trabajan por una sociedad igualitaria en todo el mundo, en especial en Latinoam茅rica. Resolvi贸 o abri贸 las v铆as para hacerlo, el desasosiego de millones de personas: vivienda, alimentaci贸n y recursos a trav茅s del Estado.
Hoy, por ello, recogemos la tristeza de la p茅rdida. He trazado en este art铆culo, unas l铆neas que de Managua concluyen en Caracas. Por ello acudo a Carlos Fonseca, mentor del Frente Sandinista: “En la discusi贸n interna cada uno deber铆a de tener presente que lo que conviene a los intereses del movimiento, de la clase, de la naci贸n es convencer y no vencer a la otra parte”. Y Ch谩vez nos convenci贸.

Carta a un asesor de comunicaci贸n

Las trayectorias pol铆ticas est谩n cargadas de saltos. Demasiadas veces hemos reparado en aquellos que jugaban a 贸rdagos sin cartas y cuando fueron pillados, a la primera o a la d茅cima, recularon con el rabo entre las piernas. Algunos de los m谩s intransigentes pol铆ticamente y defensores del cerco a las ciudades desde el campo, terminaron en la otra orilla, o quiz谩s en la que aspiraban desde siempre, defendiendo a Milton Friedman o a Rafael S谩nchez-Mazas.
Desconozco qu茅 razones peregrinas me animaron a leer hace unos d铆as un art铆culo de opini贸n de Kepa Aulestia, en un diario de Vocento. Quiz谩s la espera en un bar antes de tomar el autob煤s, el comentario de un compa帽ero o simplemente el destino, ese que nos espera a la vuelta de la esquina para modificar la monoton铆a. Por una u otra raz贸n lo hice. “Una pesada herencia” titulaba Aulestia ese d铆a.
El curr铆culum de Aulestia es uno de tantos para estudiar en talleres de psicolog铆a. Detenido en Barcelona cuando se llamaba Watusi, en junio de 1975, con armas, explosivos y una lista de objetivos en el bolsillo, fue uno de los primeros en salir de prisi贸n con el indulto de 1977. Expulsado de Euskadiko Ezkerra por indisciplina en 1991, durante los a帽os anteriores particip贸, a veces como secretario general y otras con seud贸nimo, en ese proceso innombrable de la liquidaci贸n polimili. Con Bandr茅s y Onaindia, manej贸 los tiempos, las subastas y los intercambios con Interior del llamado entonces bloque polimili.
Con el cambio de siglo, Aulestia dio un salto y se convirti贸 en experto antiterrorista. Escribi贸 libros, intervino en conferencias y prepar贸 desde la trastienda encuentros de expertos en el tema. Con discreci贸n. Vocento lo fich贸 y, henchido en su recalificaci贸n social, en 2010 cre贸 su propia empresa de asesoramiento en estrategias de comunicaci贸n (Aulestia Contenidos Editoriales). Un guru.
Tengo que reconocer que apenas he le铆do sus aportaciones antiterroristas, muy en l铆nea del “todo es ETA”, pero cuando lo he hecho siempre me ha quedado la duda de la orientaci贸n de su voto. Ya sabemos que, en los 煤ltimos tiempos, la l铆nea entre UPyD y el PP es tan fina que a los menos avispados nos cuesta diferenciarla.
En el art铆culo referido, el autor, fatigado ya como estoy de citar su apellido, se animaba con “clarividencia” a manifestar lo que har谩 la izquierda abertzale en este nuevo escenario, tras su legalizaci贸n. Su primera hip贸tesis es la de que “fomentar谩 el olvido”. La segunda tampoco tiene desperdicio: “luchar se ha vuelto complicado cuando resulta tan dif铆cil de precisar en pos de qu茅 y contra qui茅n”.
Apenas junto letras, aunque la edad me ha permitido mirar alrededor. Tambi茅n consulto a mis amigos. En psicolog铆a se llama proyecci贸n al acto de acusar a los dem谩s justo de lo que uno mismo hace. Y Kepa Aulestia ha hecho, precisamente, lo que otros tantos han repetido durante d茅cadas: proyectar su fracaso personal en los que han mantenido la llama de la lucha y del compromiso.
隆C贸mo se puede negar a estas alturas la existencia de causas para la lucha! 驴O tendr铆a que cambiar los signos de admiraci贸n por los de interrogaci贸n?
El ejercicio del recuerdo, ant贸nimo del olvido, es, precisamente, el que llev贸 a los primeros militantes de ETA a tomar las armas. Hay una especie de hilo, a veces fino a veces grueso, que enlaza generaciones. En una trinchera y en la otra. Ya s茅 que habr谩 excepciones, pero cuando sentenciamos lo hacemos sobre la generalidad. Nadie queda exento de errores, pero si de algo puede estar orgullosa la izquierda abertzale es precisamente de la reivindicaci贸n y recuperaci贸n para el presente de las generaciones que nos han precedido.
Esa es, precisamente, la proyecci贸n comunicativa del poder. El PSOE sinti贸 verg眉enza de su pasado, al igual que el PCE. El PP ocult贸 los cr铆menes de sus padres y el PNV deshinch贸 la memoria para no dar alas a la izquierda abertzale y reforzar sus argumentos. Olvido. Pero no todos cayeron en esa estrategia comunicativa. No todos se hicieron socios de Aulestia Contenidos Editoriales.
La prohibici贸n de las fotograf铆as de los presos vascos, los ataques a los s铆mbolos resistentes, tanto de hace 70 a帽os como de 20, la imposici贸n de otros s铆mbolos… forman parte de esa estrategia del olvido, de esa proyecci贸n que avalan los consensuadores profesionales del poder econ贸mico. Sin memoria no se avanza, sin memoria somos el fin de la historia que dir铆a Fukuyama, el modisto de los neocon.
La segunda de las cuestiones me alivia. Que un asesor comunicativo de la derecha no encuentre razones para luchar quiere decir que hemos llegado a su para铆so. Aspiraciones 铆nfimas. Como escribi贸 Nicola Sacco en aquellas 煤ltimas letras, “a quienes juzgan s贸lo en busca de renombre les legamos las ardientes profundidades del infierno”. Hay m谩s razones para luchar que nunca.
El mapa del paro sigue creciendo desde la Ribera hasta la Margen Izquierda, los desahuciados de sus viviendas aumentan geom茅tricamente, la sanidad se privatiza, las escuelas se cierran para pagar a banqueros, los bolsillos de cristal de numerosos pol铆ticos son una quimera, el suelo se particulariza, el cemento ahoga nuestros prados, el intermediario desfalca al productor, el sulf煤rico termina con nuestros hayedos, el consumo sustituye a lo necesario, el euskara sigue teniendo categor铆a marginal, los alimentos b谩sicos llegan con copyright, las mujeres cobran por el mismo trabajo la mitad que los hombres, los curas abusan de los ni帽os y algunos jueces lo justifican, los torturadores siguen impunes…
No hace falta cruzar fronteras, ni siquiera salir de nuestros barrios para saber que el terrorismo se fabrica en Fort Benning o Fort Bagg, que las armas de destrucci贸n masiva proceden de arsenales muy cercanos, algunos en nuestra tierra, y que en nombre de intereses petrol铆feros o incluso 煤nicamente culturales (primarios) se mata a miles de ni帽as, ancianas, mujeres y hombres desarmados desde Mal铆 a Palestina, desde Chechenia a Iraq. En la B谩rdena se descargan misiles y unos miles de kil贸metros al este f贸sforo o napalm. No hay siquiera que encender el televisor para enterarse de que 26.000 ni帽as y ni帽os mueren al d铆a en el mundo de hambre y de que Francisco Gonz谩lez se jubilar谩 como presidente del BBVA con 80 millones de euros. Supimos que la esclavitud ha sido la mayor razia jam谩s cometida en nombre del mercado, que durante a帽os, siglos, saquearon las fuentes de riqueza de quienes no estaban globalizados. Y, sin embargo, cada vez que aquellas almas errantes huyen del hambre, sus pateras son baleadas.
En casa, los ricos son cada vez m谩s ricos, los polic铆as se convierten en jueces y los jueces en hooligans. Jos茅 Mar铆a Benegas, pol铆tico engordado entre sillones, a帽ade que “el derecho a decidir” no es tal y amenaza con la Constituci贸n, es decir con los tanques, para aparcarlo en la categor铆a de anhelo. La rapi帽a bancaria aumenta y la m铆nima intenci贸n de investigaci贸n se queda en el frigor铆fico: hasta ah铆 pod铆amos llegar. Somos franceses por decreto, espa帽oles por la gracia de Dios, mon谩rquicos desde la Edad Media o republicanos apologetas de Napole贸n.
Ni siquiera tenemos espacio para respirar, querer o descansar. Las pautas son impuestas, los territorios desmembrados en administraciones artificiales y hasta las relaciones m谩s 铆ntimas deben pasar por el gusto de Hollywood o el ketchup de Heinz. Cuando amamos nos debemos a la Biblia y hasta nos se帽alan c贸mo debemos llorar a los nuestros.
La lista se me escapa entre los dedos. Relatar por qu茅 se puede luchar es, en la misma medida, un elogio a la disidencia. Un enaltecimiento a todos los que nos han precedido, a pesar de las pol铆ticas de olvido, y un ejemplo a las que nos seguir谩n.
Hubo un desconocido, para nosotros, poeta vietnamita del siglo XIX que plasm贸 en una carta escrita en 1880 su desprecio a los colonizadores franceses. Me admir贸 su lucidez: “Mientras sig谩is jact谩ndoos de vuestra fuerza, vuestras capacidades, seguiremos neg谩ndonos a renunciar a nuestros fracasos, nuestras debilidades. Luego, si logramos ganar, sobrevivir, seremos los hombres justos del tribunal. Si tenemos la mala suerte de perder y morir, seguiremos siendo demonios sobrenaturales asesinos de bandidos”.
Hay tantas razones para no olvidar y, por extensi贸n para luchar, que jam谩s renunciaremos al relato, seg煤n la victoria o la derrota. Hombres justos o demonios sobrenaturales. Nunca, sin embargo, ingenuos. Tenemos ojos y observamos que algunos asesores comunicativos se fabrican en serie, en los mismos talleres que porras y talonarios.