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Políticos presos

El antiguo corregidor vascongado, similar al virrey navarro, hoy eufem√≠sticamente llamado delegado del Gobierno, pone a menudo en bandeja el an√°lisis de la estrategia de Moncloa y Zarzuela en nuestro suelo. Es de agradecer su franqueza. Sabemos que como gobernador que se precia, gusta de aparentar con su Porsche Cayenne, mismo modelo con el que sufri√≥ un accidente en Baqueira el borb√≥n por alianza, el hoy imputado I√Īaki Urdangarin. Los ricos si no aparentan son menos ricos.
La verborrea de Carlos Urquijo es legendaria, pero no objetivo de este art√≠culo. Perlas del estilo de cuando accedi√≥ al cargo, “no permitir√© bromas sobre la unidad de Espa√Īa”, han sido superadas con locuciones de lo m√°s diversas. Las conocen de sobra. La √ļltima ha llenado las portadas de los diarios: “Hablar de presos pol√≠ticos puede llevar a la ilegalizaci√≥n de un partido”.
Parece que el tema sem√°ntico tambi√©n es frente de guerra para aquellos a los que Urquijo representa, empe√Īados en vestirse con piel de cordero y dejar al resto la dermis lobezna. No deja de tener su gracia que la direcci√≥n de la Polic√≠a lance una orden en t√©rminos de “dejar√° de llamarse ¬īescrache¬ī pasando a ser denominado con la acepci√≥n castellana correspondiente (acoso, amenazas, coacciones, etc√©tera)”. Escrache es precisamente palabra castellana, usada en Argentina para denunciar las acciones contra la impunidad de la dictadura militar.
No quiero desviarme. El anterior ha sido apenas un ejemplo de ese ambiente esquizofr√©nico en el que su mueven los colegas de Urquijo. Tal y como el rey Luis XIV se√Īalaba, “el Estado soy yo”, los actuales gobernantes han acu√Īado lo de “la democracia soy yo”. El resto, ya lo han intuido, somos ETA. Incluso el probable sucesor de Rubalcaba, Eduardo Madina al que astutamente ha identificado el director del diario vasco-madrile√Īo de Vocento como un infiltrado entre los √ļltimos mohicanos leales al rey. El estilo Urquijo abruma.
La pen√ļltima del corregidor, como muchas de sus soflamas, ha ido en tono amenazante. ¬ŅPara que est√° un corregidor sino para amenazar? La ya se√Īalada frase sobre los presos pol√≠ticos. Una afirmaci√≥n que, personalmente, me ha generado una pregunta, que quiero compartirla.
¬ŅA qui√©n se refiere Urquijo como susceptible de ilegalizaci√≥n?
Antes, una matizaci√≥n. La denominaci√≥n oficial de los presos pol√≠ticos vascos (t√©rmino este anterior utilizado por el grupo Etxerat y numerosos agentes pol√≠ticos y sociales) es la de “presos etarras”, un gentilicio mal aplicado. Mal empleado porque nadie nace siendo militante de ETA o preso de ETA, expresi√≥n √©sta utilizada en los debates que llevaron al Congreso espa√Īol en mayo de 2005 a autorizar y a promover el di√°logo con la organizaci√≥n vasca.
El libro de estilo progubernamental no utiliza la voz “preso terrorista”, aunque la posibilidad ah√≠ se mantiene. Quiz√°s por eso de que, como dijo en cierta ocasi√≥n Jes√ļs Mari Zabarte, preso desde 1984, era un “militante de ETA en paro”. Los terroristas son reconocidos en el C√≥digo Penal de EEUU como pol√≠ticos: “Violencia premeditada y con motivos pol√≠ticos perpetrada contra objetivos civiles por grupos subnacionales o agentes clandestinos”.
No deja de ser curioso que la percepci√≥n de ETA, al otro lado del Atl√°ntico y siguiendo su C√≥digo Penal, ser√≠a diferente, a pesar de la alineaci√≥n de Washington con los sectores m√°s retr√≥grados de la pol√≠tica espa√Īola y francesa. Entre las 833 victimas mortales causados por organizaciones vascas (758 por ETA), un total de 110 eran civiles. Sus autores, seg√ļn EEUU, terroristas. Unos y otros, terroristas o no, cuando adquirieran la condici√≥n de presidiarios, ser√≠an considerados “presos pol√≠ticos”.
Quiz√°s no viene al caso, pero por completar el mapa, la violencia del Estado, que tiene el monopolio de la misma seg√ļn Max Weber, y en Espa√Īa es aplaudida e impune desde los Reyes Cat√≥licos, ha generado 310 v√≠ctimas mortales vascas, civiles, en los a√Īos de existencia de ETA. Tres centenares de hombres y mujeres que no ten√≠an relaci√≥n con grupos armados.
El fil√≥sofo franc√©s Jacques Derrida escribi√≥ que “las victimas del terrorismo son siempre victimas civiles”. Derrida ha pasado a la posteridad, precisamente, por su “deconstrucci√≥n”, es decir la cr√≠tica, an√°lisis y revisi√≥n de las palabras y sus conceptos. El apoyo a la causa de Mumia Abu-Jamal, detenido en 1981 y por cierto citado como preso pol√≠tico por Noam Chomsky o G√ľnter Grass a pesar de, seg√ļn sentencia, haber matado a un polic√≠a, hubiera convertido a Derrida en la Espa√Īa de Urquijo en un nuevo “etarra”. Por ah√≠ va la investigaci√≥n policial, probablemente, cuando apunta a una campa√Īa de captaci√≥n de nuevos militantes de ETA.
Ya sabemos que el lenguaje tiene su trampa, no sólo por Derrida y el citado Chomsky. En 1998, el entonces presidente José María Aznar apuntó a contactos con el entorno del MLNV, Movimiento de Liberación Nacional Vasco. Tupamaros, vietnamitas, argelinos, incluso albaneses en la Segunda Guerra mundial o el propio Lázaro Cárdenas en el México actual han formado parte de movimientos de liberación. Motivos, evidentemente, políticos.
Aznar jug√≥ entonces con un concepto acu√Īado por √©l mismo: “paz por presos”. No eran entonces los vascos etarras, ni siquiera los terroristas de Robespierre que hab√≠a cortado la cabeza al Capeto al inicio de la Primera Rep√ļblica francesa. Ahora, seg√ļn tambi√©n resoluci√≥n del Congreso espa√Īol en junio de 1999, la situaci√≥n de los presos, a secas, ser√≠a “consensuada, din√°mica y flexible, acorde con el fin de la violencia”.
Vuelvo a mi pregunta. ¬ŅA qui√©n se refiere Urquijo?
El entonces portavoz del PNV, Joseba Egibar, hizo unas aclaratorias declaraciones en noviembre de 1995: “La dispersi√≥n es ilegal y los ciudadanos encarcelados por su relaci√≥n con ETA son presos pol√≠ticos”. Atutxa, aunque parezca mentira, hizo unas declaraciones similares. Vista la retroactividad en el castigo a las acciones punitivas (Tribunal Supremo 197/2006), ¬Ņse referir√° Urquijo al PNV?
La Alternativa KAS, motivo de discusi√≥n durante tres d√©cadas, y manifiesto editado por centenares de medios dec√≠a exactamente: “La amnist√≠a pol√≠tica entendida como la puesta en libertad de todos los presos pol√≠ticos con sus derechos civiles y el libre regreso de todos los exiliados en las mismas condiciones jur√≠dicas”. Mart√≠n Villa, Andr√©s Cassinello, Txiki Benegas, Jes√ļs Egiguren, Xabier Arzalluz, Mart√≠ Flux√°, Miguel Sanz, Felipe Gonz√°lez… se movieron en sus contactos con esas referencias, precisamente, “presos pol√≠ticos”. ¬ŅSer√°n ilegalizados? ¬ŅImputados?
Hace unos a√Īos, justificando la dispersi√≥n, el alma mater del sector cavern√≠cola (no me refiero al mito de Plat√≥n sino al t√©rmino al uso para designar a la derecha ultramontana), del que Urquijo hace gala pertenecer, fue tan directo como acostumbra. Sin percibir, quiz√°s, que el lenguaje es traicionero, porque las palabras quedan grabadas y la mentira se hace evidente. Jaime Mayor Oreja intentaba justificar la dispersi√≥n de los presos vascos: “No son unos simples reclusos y eso exige un tratamiento pol√≠tico singular”.
El razonamiento deductivo de Arist√≥teles, 2.300 a√Īos despu√©s, sigue siendo igual de contundente. En la medida que los presos vascos reciben un tratamiento pol√≠tico, obvio para quienes seguimos la cr√≥nica de este pa√≠s, su condici√≥n es pol√≠tica. ¬ŅO es que en el paroxismo de la necedad Mayor Oreja tambi√©n es susceptible de perder su esca√Īo en el Parlamento europeo por connivencia con el MLNV?
Durante 55 a√Īos, los penados vascos ha sido tratados y citados como presos pol√≠ticos. En Liberation, Le Monde, The Guardian o Washington Post. Por boletines de Amnesty Inernational, UGT, PNV y diversas comisiones de DDHH y Cruz Roja. Varios obispos criticaron su actividad, pero reconocieron el fondo pol√≠tico de su lucha. La agrupaci√≥n de los presos vascos en Herrera de la Mancha obedeci√≥ a criterios pol√≠ticos, tal y como su dispersi√≥n por decenas de c√°rceles espa√Īolas y francesas. De nuevo el razonamiento deductivo. ¬ŅMedidas pol√≠ticas para apol√≠ticos? Ja.
En entrevista concedida a Gara el 11 de noviembre de 2011, ETA se√Īalaba que “No hab√≠a sido jam√°s un mero grupo armado de naturaleza pol√≠tica, sino una organizaci√≥n pol√≠tica que en un momento hist√≥rico decidi√≥ practicar la lucha armada”. La l√≥gica ha sido compartida por unos y otros, aliados, contrarios, enemigos, asociaciones de v√≠ctimas, ministros y dirigentes pol√≠ticos. Por ello, tras estas reflexiones y por si sirve de algo en este panorama confuso y b√©lico del lenguaje, quiz√°s ser√≠a m√°s adecuado hablar de “pol√≠ticos presos” m√°s que de “presos pol√≠ticos”.

Kutxako Batzar Nagusian Nahikariaren alde irakurri nuena

Iturbe Jauna

1. Aldez aurretik gogo bat aipatu nahi nuke. Nahi nizuke.

LAB sindikatuak ekainean egingo ditu hiru urte eskaera oso zehatza egin zizula. Egin genizula. Frankismo gorrian Kutxako 65 langile, gutxienez, kaleratuak izan zirela. Arrazaoi politikoengatik. Separatistak, gorriak, sindikalistak, abertzaleak. Errekonozimendua eskatzen genuen. Omenaldi xume bat. Oroimena. Orain dela aste bete Donostiako Udalean egon nintzen. Alderdi guztiek, bai guztiek, omendu zituzten frankismoaren garaian arrazoi berdinengatik, politikoak hain zuzen ere, kaleratuak izan ziren funtzionarioak. 800 bat. Inbidia sentitu nuen. Foru Aldunidiak antzeko omenaldia egin zuen orain dela 4 urte. Inbidia berriz. Askotan salatu dugu Kutxako langileak bigarren mailako langileak ari garela izaten. Bistan da aurrekoak ere.

Oraindik ez dugu zure erantzuna jaso. Zarata pixka bat egin dugu azken aste hauetan horren inguruan eta zure langile batek erantzun digu. Proposamen bat helarazi digu. Baina zure erantzuna 3 urte daramagu itxaroten.

Gaur, ziur asko ez zera ohartuko, neska gazte bat falta da batzarkideen artean. Gure artean. Donostiako udalak izendatu zuen Batzar Nagusirako. Nahikari du izena. Nahikari Otaegi. Zure amaren abeizen berdina. Baiana ez zarete senideak. Nahikariren aita Goiazekoa baita.

Astelehenean, Espainiako Auzitegi Gorenak Nahikari zirgortu du. Espetxera bidali du sei urterako. Sei. Ez du lapurtu, ez ditu lagunak harekin lanean jarri. Ez du inor zauritu. Ez du kutxazain erre. Oso gaztea da Nahikari, baina ama da. Bi seme-alaba ditu. Ama izateaz gain, politikagintzan aritzen zen. Segi erakundean. Horregatik izan da kondenatua. Herri-politika egitearren.

Beste batzuk ordea, beste politika mota egiten dute. Ekonomikoa deitzen diote. Baina guk badakigu espekulatiboa dela. Korruptoa askotan. Finantza mailan asko dira hortan aritzen direnak. Nafarroako ohiartzuna izugarria da. Dietak eten gabe, soldata erraldoiak, haundikeriak. Gizon-emakume arrunten aurrezkiarekin jolastuz. Espainiatik datorren ohiartzunak min egiten digu belarrietan. Gertukoak ere. Libre daude lapur guzti horiek. Politiko, komatxoen artean, horiek. Espainiako justizia ez da bidegabekoa. Ez da zuzena.

Kaleratutako langileak nahi nituen oroitu.

Nahikari nahi nuen oroitu. Besarkatu ere. Batzarkidea delako. Injustizia batek sei urterako zigortu duelako. Sistema hau injustoa delako.

Oroitu nahi nuen, Nahikari laguna bereziki.

Lecciones de solidaridad

Durante un par de semanas, los vecinos de Donostia hemos podido asistir a un hecho sorprendente en esta decadente sociedad europea que nos acompa√Īa cada ma√Īana. En el Boulevard, nombre pretencioso para un espacio que hace cerca de cien a√Īos quiso asemejarse a las avenidas parisinas y a su glamour aristocr√°tico, se ha levantado un ‚ÄúAske gunea‚ÄĚ, algo as√≠ como un territorio libre. Solidario para m√°s se√Īas.
Llama la atención que, junto a la sobriedad del antiguo Casino, bajo la sombra de un kiosco erigido para amenizar la melancolía de la reina Cristina y sobre un parking que trituró los restos de la antigua muralla, se haya constituido una comunidad que aspira a la revolución, una tribu navajo en sus afectos, un grupo acholi ugandés en su afición a la danza.
No rompe, sin embargo, con la historia. Apenas unos metros hacia el Cant√°brico, las huellas de la batalla contra el fascismo, decenas de agujeros en la arenisca de las paredes municipales. La esquina, tambi√©n, en la que I√Īaki Kijera muri√≥, apenas con 18 a√Īos, por el disparo de un verdugo de uniforme, cuando protestaba, paradojas hasta en la muerte, por la actividad parapolicial exterminadora en Iparralde.
El objeto de la iniciativa actual estaba relacionado con un motivo de adhesi√≥n. En este Estado gobernado por bribones y corruptos, se puede robar al por mayor, matar siendo agente de la autoridad, cazar elefantes sin m√°s licencia que la divina, enga√Īar a decenas de miles de jubilados con bonos preferenciales, incluso colocar a los amigos en las instituciones y consejos de administraci√≥n. Con impunidad. Pero no se puede pelear contra la injusticia, meter el dedo en el ojo canallesco.
Ocho j√≥venes donostiarras han sido condenados a seis a√Īos de prisi√≥n por hacer pol√≠tica. De la de verdad. Popular, sin lucro. Sin c√°maras, ni flashes. El Supremo espa√Īol les ha enviado a prisi√≥n, ajust√°ndose, dicen, a la legalidad vigente. Una legalidad injusta. No han sido los primeros y, probablemente, tampoco ser√°n los √ļltimos. Espa√Īa se jacta de tener entre rejas a directores de diarios, militantes a favor de la amnist√≠a, asociados de partidos y sindicatos, disidentes en general. Para honra de su marca internacional.
La solidaridad con los j√≥venes, cuyo futuro inmediato ha sido cercenado, ha mostrado, aqu√≠ tambi√©n, un pa√≠s diferente. Aske gunea se ha convertido en un lugar gestionado por j√≥venes, en su mayor√≠a, con el apoyo de mayores y for√°neos. El fin del escenario estaba se√Īalado, su detenci√≥n, pero a√ļn as√≠ el apoyo no ha deca√≠do.
Durante d√≠as, unos y otros han ido inundando las mesas de pan, vino y libertad. De libros y de caf√©. De versos desde el escenario, de abrazos interminables desde las escaleras, de besos al anochecer en esta primavera que va exagerando los jardines de colores. A primeras horas, un grupo de amigos, a veces desconocidos, acompa√Īaba a los j√≥venes desde sus casas al escenario libre. Por la noche, la vuelta.
Dec√≠a la ex sandinista Gioconda Belli que la ‚Äúsolidaridad es la ‚Äúternura de los pueblos‚ÄĚ. Siempre me ha parecido una expresi√≥n pasmada. Aprovecho este hueco temporal para mi reflexi√≥n. Mario Benedetti escribi√≥, en cambio, en un juego de palabras un tanto ajustado, aquella nueva explicaci√≥n para el SIDA: S√≠ndrome de Insolidaridad D√≥cilmente Adquirida. Me quedo, por despecho, con esta idea, que se acerca m√°s a la realidad de esta sociedad decadente europea que a la perfumada de Belli.
Hay, a pesar, excepciones. Y la nuestra, nuestro país, nuestra juventud, es una de ellas. Aske gunea ha sido un oasis en medio de desierto que nos proponen los jinetes azules. Un alivio porque ha mostrado que no sólo los espacios geográficos pueden ser liberados sino lo que es más importante, que las mentes pueden ser territorios libres.
No quiero mecerme en historias viejas, porque la lección de solidaridad ha sido reciente. Está viva. No puedo evitarlo, en cambio, la pluma se desliza hacia la comparación de nuestra juventud con otras anteriores. De compromiso. De solidaridad. Hacia las ofertas que nos llegaban desde aquellos pioneros, por utilizar la expresión de un ya desaparecido poeta zuberotarra.
Me sugieren decenas de nombres que pusieron al servicio de la causa lo que Txabi Etxebarrieta apuntaba como √ļnica posesi√≥n realmente efectiva de cada uno, la vida. Apenas hab√≠a cumplido Txabi 23 a√Īos cuando mat√≥ y muri√≥ en una emboscada. Con un libro de poemas de Neruda en el bolsillo: ‚ÄúHe dejado en la puerta de muchos desconocidos, de muchos prisioneros, de muchos solitarios, de muchos perseguidos, mis palabras‚ÄĚ.
Evito, sin embargo, acercarme al calor de las letras que componen sus nombres, ni siquiera el alias con sus amigos. Una gran pesadumbre me abraza en los d√≠as m√°s aciagos. La sensaci√≥n de que jam√°s lograr√© rescatar del olvido la extraordinaria fuerza de hombres y mujeres que lucharon, como nuestros j√≥venes de hoy, por una sociedad justa. Que lo dieron todo para abrir un camino a√ļn sin desbrozar. Queda, por tanto, seguir los renglones.
Atisbo, en medio de esa niebla que se desliza desde Igeldo y queda atrapada en los muelles a la vera de Urgull, algunas gestas a las que la cr√≥nica oficial desde√Īa. Los muertos no importan, sobran, acaba de sentenciar un catedr√°tico de Historia, participe del anterior Gobierno auton√≥mico de Patxi L√≥pez. A√Īade que la memoria est√° ganando la batalla a la historia. Y eso parece un desm√©rito para ese Estado inalterable que permite la continuidad de los banqueros al frente de los parlamentos.
Me duelen en el alma Joseph Abeberry, alcalde de Ziburu, y L√©on Lannepouquet, alcalde de Hendaia, detenidos en junio de 1944. Conoc√≠an los pasos de la Gestapo tras ellos. Tambi√©n las amenazas. Si hu√≠an la daga caer√≠a sobres sus familias. Y ambos, junto a una veintena de compa√Īeros, decidieron solidarizarse con los suyos. Se mantuvieron firmes hasta que sus casas fueron allanadas de madrugada, y no por el lechero precisamente. Todos ellos murieron en campos de exterminio, entre ellos Abeberry en Mauthausen y Lannepouquet en Dachau.
El inevitable recurso al pasado agranda el presente. Se podrán poner ejemplos puntuales en Europa, se nos podrá decir que no somos el centro del universo, que el asfalto agrieta la juventud y la quinta glaciación amenaza desde la modernidad. He convivido en las comunas de Christiania en Copenhague, he debatido sobre modelos en Val Susa junto a los solidarios italianos contrarios al monstruo ferroviario, he amanecido discutiendo sobre autogestión con ocupas en Hamburgo. Mi curiosidad me llevó a la Puerta del Sol en la partida de la marcha del 15M a Bruselas.
Pero, como habr√≠a se√Īalado Pierre Loti, ha sido en casa donde he aspirado el salitre rebelde. Donde he reconocido la fuerza del compromiso. Me he sentido parte de un proyecto solidario. Un proyecto pol√≠tico que nada tiene que ver con angustias existenciales, ni con los huecos de fin de semana ayudados por pastillas homeop√°ticas.
La solidaridad con los jóvenes donostiarras, la solidaridad de los jóvenes donostiarras, encierra ese plus que jamás van a poder entender quienes enlatan la vida en un proceso darwinista e inevitable. Aquí estamos, justamente, para cambiar la naturaleza injusta de las cosas, la injusta naturaleza misma.
Esa es precisamente la esencia de la rebeli√≥n, la semilla revolucionaria. Por eso, por ello, el horror del enemigo, la manipulaci√≥n de los due√Īos de los medios que abren portadas e informativos destacando la insolencia juvenil. Defienden sus posiciones como lo han hecho desde siempre, con el dinero, el derecho a pernada y un ej√©rcito (pongan o quiten la may√ļscula) de vasallos.
S√© que no es un consuelo, que las noches son muy largas y que la juventud arde entre los barrotes. Pero seguiremos siendo solidarios con estos ocho compa√Īeras y compa√Īeros. All√° donde est√©n. All√° donde los trasladen. Con un hermoso y solidario abrazo del tama√Īo de los objetivos por los que luchan. De la extensi√≥n de la propia juventud. Porque, como dir√≠a Camus, atr√°s quedaron los tiempos de la nostalgia, atr√°s la inocencia. Y es que la lecci√≥n de nuestra juventud s√≥lo nos puede hacer cada vez m√°s ambiciosos.

Caligrafia etnica

Hace unos a√Īos, cuando pasaba ma√Īanas enteras consultando las fichas de Instituciones Penitenciarias de hace m√°s de medio siglo depositadas en el Archivo General de la Administraci√≥n, hubo, la verdad, much√≠simas notas que llamaron mi atenci√≥n. Alguna de ellas sobremanera. La vida se descubre con mayor celeridad en los agujeros que en los campos de margaritas.
Recuerdo, especialmente, la ficha de un joven de Gasteiz que hab√≠a desertado del servicio militar. Detenido semanas despu√©s, fue encarcelado. Un supongo gris funcionario de prisiones se encarg√≥ de tramitar su expediente. Escribi√≥, a mano, su direcci√≥n, los nombres de sus padres, la fecha de su nacimiento… hasta que lleg√≥ al apartado del “oficio”. Entonces, el diligente funcionario rellen√≥ con trazo firme: “gitano”.
Perdí aquel recuerdo, entre centenares de evocaciones similares, cercanas a la necedad absoluta, hasta que hace unas semanas me volvió la imagen del gitano por oficio al asistir a un juicio en París en el que se juzgaba a diez militantes vascos por el robo de una furgoneta para cargarla de explosivos. No había gitanos de por medio, pero sí una especie de fragor que flotaba en el ambiente, un rumor inexplicable.
La sensaci√≥n se confirm√≥ de inmediato cuando apareci√≥ en el estrado una experta de la polic√≠a francesa, no se si de la judicial, de la cient√≠fica o de la cuartelera. No me qued√© ni con su nombre, ni con su procedencia, √ļnicamente que el fiscal la hab√≠a citado para avalar sus tesis sobre la naturaleza de los procesados. Hab√≠a sido una ma√Īana tediosa, repleta de videoconferencias, por lo que los que llen√°bamos los bancos del p√ļblico agradecimos una intervenci√≥n de carne y hueso.
Analizaba en peritaje la dicha funcionaria unos escritos que hab√≠an aparecido en una vivienda, seg√ļn la sentencia posterior, utilizada por los miembros de ETA juzgados. Letras, apuntes y compras para la cocina, cartas y varias f√≥rmulas para componer explosivos. Excepto la √ļltima lista, nada nuevo.
Y conclu√≠a, ante el estupor de los all√≠ presentes que entend√≠amos la lengua francesa, que hab√≠a distinguido de inmediato los rasgos de la escritura de esos papeles sobre explosivos como pertenecientes y garabateados por ciudadanos vascos. Ante las preguntas posteriores de la abogada de la defensa, la perito reconoci√≥ que no ten√≠a ni remota idea de euskara, aunque s√≠ sab√≠a algo de espa√Īol. Que lo distingu√≠a en una conversaci√≥n. Tampoco era ducha, lo evoc√≥ con un tono de sobresalto, en mezclas de nitratos con abonos y azufres para lograr mezclas explosivas.
La se√Īora, o se√Īorita, se√Īal√≥ que existe una concluyente caligraf√≠a √©tnica que delata la procedencia de los escritores, tanto aficionados como profesionales. Y que, dentro de esa categor√≠a que obviamente forma la vasca, para lo que no es necesario conocer el idioma, el truco est√° en nuestra singularidad a la hora de trazar la A y la L. S√≠, AL. Parece que somos √ļnicos en el mundo al garabatear esas dos letras.
Cr√©anme si les digo que, en medio de la sorpresa, certifico que colectiva para que no parezca una apreciaci√≥n personal, tuve la extra√Īa fantas√≠a de que a continuaci√≥n la perito iba a referirse a ETA como AL Kaeda. Con la AL singular vasca y la K posterior, tambi√©n vasca. Pero no fue as√≠. Ya se sabe que la imaginaci√≥n nos reserva ins√≥litas jugadas, nada que ver con la realidad. Y esta ocasi√≥n fue una m√°s de ellas. La noche previa en vela, en viaje por carretera a Par√≠s, aguz√≥ sin duda mi imaginario.
La referencia a la caligraf√≠a √©tnica de la perito policial me llev√≥ a una reflexi√≥n que, poco a poco, se ha ido agrandando, al recibir en las √ļltimas semanas un bombardeo sostenido sobre la procedencia de la disidencia en Espa√Īa, y en menor medida, en Euskal Herria. Digo lo de menor medida porque aqu√≠ ya est√°bamos acostumbrados.
Dec√≠an que a la apertura de la llamada Transici√≥n, Espa√Īa logr√≥ una especie de consenso por el que se borraba el pasado, comenzando su trayectoria pol√≠tica de cero. La Reforma. Pactos con partidos antes republicanos, con sindicatos, con agentes de distintas casas para crear una nueva Disneylandia al sur de Europa. “Todo er mundo e g√ľeno” llev√≥ a la pantalla Manuel Summers, un director de cine forjado en el franquista ABC.
Hasta entonces, durante d√©cadas, los rojo-separatistas hab√≠an sido el mal marcado, junto a judeo-mas√≥nicos, Mosc√ļ y nombres que ahora ya casi ni recuerdo. El acuerdo, la conciliaci√≥n de la Transici√≥n, se llev√≥ al ba√ļl del olvido todo aquello. Los partidos y sindicatos antiguamente republicanos, en especial el PCE y el PSOE, hicieron la labor que correspond√≠a, parad√≥jicamente, a la derecha. Acabar con la disidencia, olvidar los sue√Īos, criminalizar las alternativas.
La √ļnica disidencia estatal, entendida de forma integral, se daba en Euskal Herria. Y dentro del pa√≠s, ETA era la punta de lanza que dejaba al descubierto las verg√ľenzas del Acuerdo Nacional. La existencia de un sector notable del pueblo vasco que no aceptaba las reglas del juego consensuadas (Estatuto de Moncloa, Amejoramiento Foral, OTAN, Maastricht…) era notoria.
Los vascos eran el enemigo de esa Espa√Īa aletargada. Met√≠an el dedo en la llaga. Fracasaron, sin embargo, los proyectos de sumisi√≥n. Se volvieron, en consecuencia, a las viejas recetas. Si la disidencia estaba perfectamente enfocada en ETA, todo lo disidente ser√≠a ETA. Primero KAS. ¬ŅRecuerdan a Garz√≥n cuando empez√≥ con aquello de KASETA?
Luego el pozo se ampli√≥. Todo era ETA, desde la prensa en euskara (Egunkaria), la cr√≠tica con el poder (Egin), la de investigaci√≥n (Kalegorria), hasta la alfabetizaci√≥n de los vascos (AEK) pasando por la juventud (Jarrai), los proyectos de desobediencia civil (Zumalabe), el movimiento proamnist√≠a (GGAA)… Cuarenta mil contaminados en listas. Pero no solo ellos, tambi√©n Eroski, el Grupo Mondrag√≥n, Caja Laboral, Irakasle Eskola, Athletic. Todo era ETA, hasta el PNV y la Iglesia Cat√≥lica cayeron en las redes. Hoy, todav√≠a, los alardes pro-etarras est√°n a la orden del d√≠a. En Gipuzkoa, en Navarra, en la calle, en las instituciones, en el deporte.
Lleg√≥ a Espa√Īa un cambio generacional y el desgaste de los que hab√≠an animado la idea de Summers. El “Esp√≠ritu de la Transici√≥n” se tambale√≥ sin que los amos de siempre, los que nunca han dejado de gobernar desde la sombra o desde el p√ļlpito, pudieran identificar a su enemigo. Les ha costado un poco.
La labor parece haber sido sencilla. No todos los espa√Īoles iban a ser vascos, as√≠ que por definici√≥n, la disidencia apuntada en las dos ultimas d√©cadas para ETA se trasladaba a la disidencia espa√Īola. No tiene gracia. Decenas de compa√Īeras y compa√Īeros sufren en prisi√≥n las consecuencias del “todo es ETA” y militantes de verdad de ETA, voluntarios en la confrontaci√≥n, pagan con la venganza de la dispersi√≥n y de la Sentencia 197/2006.
As√≠, ahora resulta que los okupas de Vallecas son de ETA, al igual que el movimiento contra los desahucios de Valencia, los antimilitaristas de Valladolid (¬°qu√© paradoja!), los antimon√°rquicos de Sevilla, los ecologistas de Lugo, los ateos de Le√≥n y las editoriales alternativas de Madrid. El “akelarre etarra” (Vocento es una fuente inagotable) recorre las tierras de Espa√Īa como las cantaba Antonio Machado.
“Si me muero, que me muera con la cabeza bien alta”, versaba Miguel Hern√°ndez en aquel poema inolvidable “Vientos del pueblo me llevan”. Y esa es la cuesti√≥n. No quiero abusar del poeta de Orihuela, pero traigo tambi√©n aquella su estrofa: “castiga a quien te malhiere mientras que te queden pu√Īos”. Quienes lucharon fueron estigmatizados y los estigmatizados criminalizados. Todo es ETA. Todo lo que se sale del pentagrama dise√Īado.
Cantando a Machado y a Hern√°ndez, fuimos frutos de vientres pobres o combatientes contra la injusticia. Somos milicianos de la lengua marginada, trabajadores de futuro y solidarios contra la tristeza. Amigos de la verdad, braceros de la igualdad, defensores de nuestra casa, restauradores de la memoria. Por ello llaman “etarras” a los disidentes. Por eso nacimos gitanos de oficio, vascos por la caligraf√≠a.

Suelo ético

Persigue a la moda y, como es habitual, s√≥lo sirve para esconder una gran hipocres√≠a. “Un soplo de aire fresco en nuestra jerga” (la suya), lo describ√≠a Manuel Montero en Vocento, para, a continuaci√≥n, alimentar el saco de lo viejo y rancio para definir a las actitudes de quienes no piensan ni act√ļan como desea el constitucionalismo hispano.
En 2001, con la avanzadilla norteamericana y brit√°nica, la OTAN invadi√≥ Afganist√°n, apoy√°ndose en el derecho de leg√≠tima defensa invocado por la ONU. Espa√Īa particip√≥ con tropas en el asalto multidisciplinar, convirti√©ndose en el d√©cimo estado del planeta en n√ļmero de efectivos en el pa√≠s asi√°tico.
Desde la invasi√≥n, la fabricaci√≥n de hero√≠na en Afganist√°n se ha multiplicado por 40. Mil gramos de hero√≠na que sal√≠an de Kabul en 2003 se han convertido en 40 kilogramos hoy. Un r√©cord capitalista. Los expertos se√Īalan que ese incremento ha provocado al menos un mill√≥n de muertos m√°s en el mundo por los efectos de la hero√≠na. ¬ŅDa√Īos colaterales? Aquella invasi√≥n se llam√≥ “Operaci√≥n Libertad Duradera”. Semejantes nombres avalan cualquier aberraci√≥n.
Dos a√Īos despu√©s, en 2003, los tres de las Azores, entre los que se encontraba el presidente espa√Īol Aznar, daban comienzo a la campa√Īa llamada “Libertad iraqu√≠”, la invasi√≥n de Irak. Jean Marie Roland, que muri√≥ en la guillotina, dej√≥ escrito aquel epitafio que tanto nos gusta recordar: “¬°Libertad, cu√°ntos cr√≠menes se cometen en tu nombre!”.
Como recordamos, en dos semanas, las tropas invasoras alcanzaron Bagdad. En diez a√Īos, murieron 4.486 soldados norteamericanos y 317 militares de otros 21 pa√≠ses, entre ellos Espa√Īa. La Asociaci√≥n de V√≠ctimas del Terrorismo los incluye en su lista bajo el ep√≠grafe de “victimas del terrorismo isl√°mico”. En poco tiempo har√°n un mapa completo, con la lista de los muertos en Paracuellos que achacaban al ya fallecido Santiago Carrillo.
Entre 2003 y 2013, seg√ļn datos del Sindicato Iraqu√≠ de Periodistas, un total de 250.000 civiles murieron en Irak a causa de la invasi√≥n. Para el mundo occidental, supongo que tambi√©n para Montero, se trata de “victimas inocentes”. En la revista Plos Medicine apareci√≥ un trabajo en el que se relataba que las fuerzas surgidas por el Acuerdo de las Azores (Espa√Īa entre ellos), hab√≠an causado m√°s muertes que las milicias antiestadounidenses, aunque el 74% de los asesinatos hab√≠an sido provocados por un “autor desconocido”.
Son cuestiones que se escapan al análisis diario. En Vascongadas, por decir, la ética tiene un valor que en Kandahar o en Basora pierde. Porque esto de la ética debe de ser una cuestión relacionada con la ubicación geográfica. Lo percibí hace unos meses, al comentar la guerra por la posesión del oro moderno, el coltan, para nuestros ordenadores y teléfonos móviles que, por desgracia, se encuentra en Congo. Cuatro millones de muertos. Un nimiedad. Quizás si el dichoso coltan se hallase entre el flisch del Paleoceno de Zumaia ahora ni siquiera estaría escribiendo en este diario.
No citemos a la √©tica como un suelo democr√°tico. Porque todos sabemos que es una gran fantochada. Podr√≠amos referirnos a cuestiones m√°s cercanas, como la gesti√≥n de la paz, o la desactivaci√≥n de los medios b√©licos que abundan, por cierto, en nuestra tierra y en las vecinas. Si comenzamos por la √©tica, las puertas seguir√°n cerradas. Porque su ausencia est√°, precisamente, en la esencia de la constituci√≥n de los estados, en sus fondos reservados, en sus operaciones encubiertas, en el injusto reparto de la riqueza, en la corrupci√≥n, en el nepotismo, en los Ej√©rcitos, en… me falta la respiraci√≥n par articular una frase tan larga.
Hablemos de lo que ocurre, en realidad.
La ofensiva gubernamental sobre el conflicto vasco de las √ļltimas semanas no aporta nuevos elementos sobre el escenario que ya conocemos: una pugna formidable entre halcones y halcones. Nada que ver con la √©tica. Unos y otros del mismo corral. Si hay palomas, debieron pasar m√°s al sur, en su viaje de primavera. Por aqu√≠ no las hemos visto. Quiz√°s las mataron en Faluya.
La batalla por la memoria, que es como decir por la hegemon√≠a en el mensaje, no ha hecho sino comenzar, con algunos detalles que desvelan la intensidad que alcanzar√° en los pr√≥ximos meses, incluso a√Īos. Ah√≠ es donde se enreda la √©tica. Ya a mediados de diciembre la Audiencia Nacional llam√≥ a declarar como imputado al director de este diario por una necrol√≥gica veraniega que recordaba la muerte de una militante de ETA en… 1987. Desde entonces, la fuente no ha dejado de fluir.
Hace un par de semanas, el dirigente popular Antonio Basagoiti le√≠a en el Parlamento de Gasteiz la lista de v√≠ctimas causada por las diversas ramas de ETA y los CAA. No citaba entre ellas a Bego√Īa Urroz, la ni√Īa de Lasarte muerta en 1960 en atentado de los DRIL. Tampoco a Pertur. Sin embargo, Vocento se sali√≥ del gui√≥n. DV ya hab√≠a protestado con un art√≠culo provocador cuando Interior dej√≥ fuera de los muertos de ETA a Urroz. Ahora, ABC, el producto madrile√Īo con capital vasco, iba m√°s all√° que Basagoiti y ment√≠a de forma descarada: pon√≠a en boca del presidente del PP de la CAV lo que no hab√≠a dicho.
A la par, la misma Asociaci√≥n que recuerda a sus v√≠ctimas en una lista que incluye a los militares muertos en Irak o Afganist√°n, se ha personado en una causa que, sorprendentemente, la Audiencia Nacional ha reabierto, 34 a√Īos despu√©s. El incendio del Hotel Corona de Arag√≥n, en Zaragoza, donde las llamas provocaron 76 muertos y 113 heridos. El objetivo: incrementar la lista de las victimas de ETA y, de paso, condicionar su historia aunque sea de forma artificiosa, como en el caso de Bego√Īa Urroz.
En estos mismos días, el monolito recuerdo a los presos republicanos de la cárcel de Ondarreta, centenares de los cuales fueron ejecutados, e inaugurado recientemente, recibió dos ataques fascistas. En un breve espacio de tiempo. La prensa fue leve con el incidente. Supongo que ni siquiera se levantó atestado por alguna de las policías que se reparten la tarta de la seguridad. Y santas pascuas. Como si nada hubiera pasado, tan calada está en los agentes sociales la extensión de estas tropelías que parecen más juegos florales que atentados contra la inteligencia.
La subida de tono no ha llegado precisamente con la muerte de dos presos en un breve espacio de tiempo, √Āngel Figueroa y Xabier L√≥pez Pe√Īa, sino que la misma fue, precisamente, consecuencia de una atm√≥sfera contaminada por una pol√≠tica penitenciaria concebida como castigo anexo. Vengativo. Los presos vascos son el eslab√≥n propicio para mantener las tesis de los halcones. No tienen defensa ni jur√≠dica, ni pol√≠tica. Espa√Īa es el pa√≠s en el que el dinero sirve para comprar lo deseado. En este caso la opini√≥n.
Estamos ante un escenario en el que se han sentido especialmente c√≥modos los sectores que han configurado la Espa√Īa tradicional. Un √ļnico relato, una √ļnica verdad y la amenaza constante para quien se salga del esquema trazado, la c√°rcel. Amenazaron con la misma al lehendakari Ibarretxe hace dos legislaturas, pero ahora tienen al partido jeltzale de su lado, por eso de una doble coincidencia en los objetivos: desmontar el tsunami electoral de Bildu (y por tanto que los soberanistas de izquierda se conviertan en alternativa real) y defender los intereses de clase en medio de la crisis.
El escenario cómodo es el del franquismo y el de la transición, dos períodos históricos previos sin los que no sería comprensible el presente. Por eso, como se hizo entonces, los padres de la llamada Doctrina Parot, que es como decir los padres de la venganza como actividad política, buscan en los sótanos, más abajo de ese suelo ético, las claves de una jerga sempiterna.
Ese suelo √©tico que ser√≠a, para nuestro Bergam√≠n, una superficie pat√©tica. √Čtica y pat√©tica en un aforismo afortunado. El lenguaje pol√≠tico est√° lejos, muy lejos, de la meta definida por los ling√ľistas. Parece m√°s bien, en este juego de palabras, una herramienta cruel. Cuando a√ļn andamos desenterrando a nuestros muertos de hace 75 a√Īos, aparcados, escondidos y negados bajo tierra, hablar de suelo √©tico es poco menos que pat√©tico.