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El exilio y la necesidad

El exilio es un concepto universal, hist√≥rico, plagado de literatura, de cr√≥nicas y de memorias. Tambi√©n de desventuras. En la mayor√≠a de los casos es una experiencia traum√°tica, lejana de aquel mal menor que una vez escribi√≥ Pilar Iparragirre para precisar la situaci√≥n de los deportados vascos. Es el “amigo congelado” que defini√≥ Joseba Sarrionandia.
Me provocan melancol√≠a, se√Īa de identidad de las izquierdas frente al cinismo de la derechas (lo dice un pensador conservador como es Daniel Innerarity), las reflexiones sobre el exilio de nuestros antepasados m√°s recientes, las de Vicente Amezaga desde Argentina: “No hago vida de relaci√≥n, y las horas que el trabajo me deja libres, las paso en mi casa, esperando, esperando siempre”.
Una melancol√≠a fugaz, propia de aquellos que dejaron de leer en el presente y de la que me quiero apartar. El exilio, hoy, es un escenario m√°s en la criminalizaci√≥n de la disidencia. Una batalla en la que Madrid y Par√≠s encuentran las facilidades de la globalizaci√≥n: la Euroorden, Europol, Eurojust… Poco espacio para la nostalgia.
El primer exiliado vasco de ETA fue Txillardegi, que cruzó la línea fronteriza por Dantxaria y fue recogido al otro lado de la muga por Pierres Xarriton. José Luis acababa de salir de la cárcel de Martutene. Era 1960. Lejos de tiempos más sombríos. Aquello, sin embargo, semejaba a los de la Gestapo.
Fue, sin duda, la primera raz√≥n del exilio: evitar la prisi√≥n, pero en igual o mayor medida, la tortura. Los m√©todos policiales en las comisar√≠as eran salvajes. No hab√≠a ni t√©rmino medio, ni libros de estilo, ni negaci√≥n de los malos tratos. La tortura se ense√Īaba ya en el bachillerato. En los interrogatorios colgaban a los detenidos, les arrancaban las u√Īas, les golpeaban hasta desfallecer. La tortura fue origen de la huida.
De la misma manera, este primer exilio creo, por extensión, las primeras redes de solidaridad. Así como Xarriton acogió a Txillardegi, miles de solidarios en todo el mundo, en especial en el Estado francés, ampararon a los huidos. Muchos lo pagaron con la cárcel y algunos de ellos, como el bretón Jean Groix, con la vida. En 1995 París celebró un macrojuicio contra 38 bretones por asilar a vascos.
Un a√Īo m√°s tarde de lo de Dantxaria, como si el hilo jam√°s se hubiera destensado, el abogado jeltzale Sabin Barrena pasaba la muga por Irun. Volv√≠a del exilio de la guerra de 1936. No ten√≠a causas pendientes, le hab√≠an confirmado en la embajada espa√Īola de Caracas. Como tantas otras veces, una farsa. La palabra de las autoridades espa√Īolas no existe. Barrena fue detenido y condenado a 8 a√Īos de c√°rcel. Coincidi√≥ en la prisi√≥n de Soria con los primeros detenidos de ETA.
Aquí se encuentra la segunda de las razones del exilio moderno. La generación de 1936 era la de la derrota. Por partida doble. Después de dejar la piel en el camino, aquel Gobierno Vasco republicano creyó en la palabra aliada, en especial en la que emanaba de Washington. Pero como la de Franco, la palabra de Truman era la de un falsario. EEUU dio la espalda a los vascos y a su democracia después de haberlos desnudado y puesto su caudal humano al servicio de la causa anticomunista. Segunda derrota. Sin ella, ETA probablemente no hubiera nacido.
El mito de Ulises nos planteó, desde que existimos, la exigencia del retorno. El exilio es un acto voluntario y, en consecuencia, una necesidad. Un acto voluntario, político, a pesar de esas declaraciones del Parlamento de Gasteiz que nos devuelven al cogollo del conflicto: la negación del mismo y de sus sujetos.
Incluso los jud√≠os resolvieron la ecuaci√≥n de la necesidad con su retorno a la llamada “tierra prometida”. Un valor que dos mil a√Īos despu√©s ha servido tambi√©n para promover guerras santas. No es el nuestro, obviamente. Pero sirve para anclar los mitos. Para centrar la impresi√≥n y para marcar ense√Īanzas.
Es la tercera de las razones. El exiliado huye para seguir aportando su parte en una confrontación en la que, en caso contrario (detención), habría sido inutilizado. La razón política de su lucha, las razones por las que huyó siguen vigentes. La vuelta, su aportación, es el objetivo. Regresar a casa y ser arropado política y socialmente.
Es ese esp√≠ritu de Ulises el mismo que anim√≥ al lehendakari Agirre en 1937, cuando desde el borde de Euskal Herria, lanz√≥ aquellas frases que quedaron grabadas en toda una generaci√≥n: “He llegado con las tropas vascas hasta el l√≠mite de Euskadi. He permanecido entre ellas admirando el temple de nuestro pueblo, cuyo esp√≠ritu jam√°s ser√° vencido. Y antes de salir de Euskadi…”. El sue√Īo del retorno. Cuando Txillardegi cruzaba la muga hacia el norte, s√≠mbolo de una nueva generaci√≥n, Agirre fallec√≠a en Par√≠s, s√≠mbolo de otra. En medio 23 a√Īos.
Sin embargo, aquella primera ruta de contrabandistas aprovechada por los primeros exiliados de ETA no se ha cerrado. No ha tenido un √ļltimo y aciago episodio como el de Sabin Barrena. Durante m√°s de 50 a√Īos, el conflicto ha creado una extensi√≥n de territorios en los que los huidos han vuelto a repetir un viaje inici√°tico. Con una salvedad. En los √ļltimos 50 a√Īos el espacio del exilio moderno se ha convertido en el eslab√≥n m√°s visible, junto al de los presos, al que dirigir la represi√≥n, incluida la guerra sucia.
La persecuci√≥n se traslad√≥ m√°s all√° del Aturri, y lleg√≥ a Francia, M√©xico, Venezuela, Uruguay, Ecuador… Polic√≠a, diplom√°ticos, militares y mercenarios han recorrido el mundo a la caza de exiliados vascos, ofreciendo ayudas al desarrollo en el llamado Tercer Mundo, comprando ingenios b√©licos, votando a favor de determinados intereses en foros internacionales… todo ello al objeto de romper el exilio vasco y sus redes.
Sería un error identificar la represión con la apertura del espacio Schengen (1985), con el cambio en el equilibrio mundial (Caída del Muro de Berlín, 1989) o con las restricciones de libertades a partir de los atentados fundamentalistas (EEUU, 2001). La determinación represora nos lleva al origen. Aquel paso de muga por Dantxaria tuvo un tercer protagonista, Eneko Irigarai, quien hizo de mugalari con Txillardegi. Irigarai sería detenido por la gendarmería francesa en 1962 y expulsado, junto a Julen Madariaga, a Argelia. Cuando en 1977 se produjo la amnistía, Francia prohibió a Irigarai la estancia en su territorio. Madrid y París sí perciben los sujetos del conflicto.
Las √ļltimas ofensivas contra el exilio vasco provienen del Pacto Antiterrorista del a√Īo 2000, antes del 11-S por cierto. Aquella determinaci√≥n tuvo un objetivo com√ļn: la aprobaci√≥n urgente del espacio judicial europeo (reconocimiento mutuo de las resoluciones judiciales), la tipificaci√≥n com√ļn del delito de terrorismo y la aprobaci√≥n de la orden de b√ļsqueda y captura (la desaparici√≥n de la figura de la extradici√≥n). Dar√≠a sus frutos en el procedimiento de la Euroorden.
S√© que el espacio y la levedad acogotan en el tintero otras cuestiones. Tambi√©n razones. No quiero, sin embargo, antes de guardar el archivo en mi escritorio, aparcar una reflexi√≥n. ¬ŅExiliado? ¬ŅRefugiado? ¬ŅDesterrado? No tengo t√≠tulos, ni galones para preconizar con √©xito. No lo pretendo y por ello pongo el tema sobre la mesa.
Me dijeron que el desterrado (al igual que el deportado) era un término histórico, casi medieval. Pero un centenar de vascos fueron deportados en las décadas de los 80 y 90. No eran, precisamente, tiempos de caballeros ni de castillos. El desterrado no existe. Desapareció para la humanidad mientras espera su vuelta.
En cambio, la l√≠nea entre exiliado y refugiado parece m√°s tenue. El refugiado es el que participa en el devenir del pa√≠s que le acoge, sin abandonar su patria. Se puede ser exiliado en M√©xico y Venezuela. Se puede ser refugiado en M√©xico y Venezuela. Pero no se puede ser, seg√ļn mi opini√≥n, exiliado en Lapurdi, Bajanavarra o Zuberoa, territorios de la misma patria. S√≥lo refugiado.
Centenares de hombres y mujeres huyeron por las rutas del contrabando hacia el norte. Huyeron de la tortura, de la detenci√≥n, porque deseaban participar en el destino de su pa√≠s. Cambiarlo. Y por eso se refugiaron entre el Aturri y el Bidasoa. Xaho compar√≥ este viaje, hace ya m√°s de 150 a√Īos, con una metamorfosis. Y probablemente, a pesar del tiempo, la met√°fora sea v√°lida. Camuflados entre piedras, esperando a trav√©s de la ventana con Amezaga, el retorno al protagonismo de esa comunidad a la que nunca han dejado de pertenecer.

El lazo azul ya es historia

La Coordinadora de Gesto por la Paz ha decidido bajar la persiana. Dicen que han logrado sus objetivos, porque ha desaparecido la violencia. Casualidades de la vida, y no pretendo ser un aguador, el hecho ha coincidido con el aniversario de la muerte impune (al d√≠a de hoy) de I√Īigo Cabacas.
La movilización contra la izquierda abertzale tuvo diversos y especiales episodios. Aquella manifestación de octubre de 1978, la de las palomas, produjo una conmoción en la sociedad que salía del franquismo. Mientras que el PNV exigía la paz a ETA porque las competencias autonómicas estaban al llegar, otros ciudadanos eran apaleados en una concentración en recuerdo de los compromisos de varias generaciones.
El secuestro y muerte del ingeniero jefe de Lemoiz (1981), la bomba en el Banco de Bizkaia que caus√≥ tres muertos (1983), etc. originaron manifestaciones numerosas en contra de la violencia de ETA. Las √ļltimas de envergadura en recuerdo de Miguel √Āngel Blanco (1997). Es evidente que la contestaci√≥n social a ETA ha existido, tambi√©n en la calle. Y, como en otras facetas, es notorio que grupos de tendencias distintas (defensa derechos humanos, gentes con profundas creencias religiosas…) lo han hecho de forma sincera.
Ha existido, sin embargo, una apuesta política destinada a combatir la disidencia con el aval de los estados, implicados no lo olvidemos en el conflicto como parte activa, muy activa. Un proyecto demasiado profundo como para creer en la improvisación. Ya avanzado en el Plan Zen.
Los grupos pacifistas apostando el fin de una de las violencias fueron creaciones de laboratorio, muy similares a las surgidas en otros conflictos tanto simultáneos (Irlanda), como recientes (Argelia y Vietnam). Tomaron parte en la agenda política vasca al concluir el GAL (1987) y, en consecuencia, asumir Francia un papel estelar en la represión a los huidos que se refugiaban en su Estado. No sería hasta el fracaso de las Conversaciones de Argel (1989) que estos grupos fueron aupados para ser referencia contra la acción política de la disidencia.
Las primeras organizaciones que surgieron con el apellido de la paz (Asociaci√≥n de Afectados por la Violencia, Asociaci√≥n por la Paz…) crearon serias dudas no s√≥lo en el seno de la izquierda abertzale, sino tambi√©n del PNV. El objetivo era evidente: movilizar a los sectores sociales contrarios a la violencia de ETA para avalar las tesis de los estados. Estados que no eran vistos como estructuralmente opresivos. De hecho, la desaparici√≥n de Gesto avala esta tesis. No todas las violencias son iguales y, por tanto, la leg√≠tima (legal) sufr√≠a un espaldarazo.
La competencia entre los grupos, subvenciones, iniciativas, etc. fue grande. La unanimidad entre sus valedores (PP y PSOE) ten√≠a fisuras. Felipe Gonz√°lez gobernaba Espa√Īa bajo la sombra del borb√≥n. Y la oposici√≥n de derechas abr√≠a la espita de la investigaci√≥n de algunos detalles de la guerra sucia. Aquellas fisuras estallaron a partir del Foro de Ermua.
Antes, ocurri√≥ un hecho de envergadura. ETA y representantes del Gobierno espa√Īol se sentaron en Argel. Una Mesa de Conversaciones Pol√≠ticas, seg√ļn expresi√≥n acordada por ambas partes. La explosi√≥n social y electoral de la izquierda abertzale alert√≥ a los f√≠sicos y qu√≠micos de Moncloa y Ajuriaenea.
El lehendakari Ardanza (PNV) tom√≥ entonces la batuta. El pavor a la p√©rdida de protagonismo. El Pacto de Ajuriaenea, la manifestaci√≥n “pacifista” de Bilbao contra las Conversaciones de Argel y… el apoyo decidido a Gesto por la Paz, surgido entre bastidores del PSOE. Un movimiento pol√≠tico que apostaba por la defensa del Estatuto de Autonom√≠a para la CAV y el Amejoramiento Foral para Navarra. Un movimiento creado desde las alturas para el control social, para acreditar la Constituci√≥n (espa√Īola) en tierra vasca. Uno m√°s. Pero en esta ocasi√≥n diferente.
Gesto se convirti√≥ en el ariete del Pacto de Ajuriaenea, concebido, como es sabido, como un Pacto Antiterrorista (con la complejidad en el organigrama que conocemos). Alg√ļn d√≠a habr√° que completar las ramas de ese √°rbol contrainsurgente. Objetivos: deslegitimar la lucha armada, sensibilizar socialmente en el sentido de que la izquierda abertzale carec√≠a de proyecto pol√≠tico y, consecuentemente con lo anterior, reforzar las posiciones de quienes lo sustentaban. Todo ello con grandes dosis de teatralidad.
El proyecto conjunto del Pacto de Ajuriaenea y Gesto era una copia exacta de lo sucedido en Irlanda en la década de los 70. Incluidos los ritmos. Me permitiré viajar un poco más atrás en el tiempo, aunque me tachen de errático, para atreverme a decir que el origen nos lleva a las reflexiones del Pentágono en las áreas de guerrilla en Latinoamérica desde 1960.
Viaje resumido en una sola frase que entonces se hizo célebre: ahogar al bebé en su propia leche. Se trataba de, incidiendo en la paz en abstracto, lograr en la práctica la separación de la sociedad de la dirección política o de las vanguardias de los procesos de liberación. Washington invirtió millones de dólares en esa estrategia que, por cierto, luego se amplió a sectores religiosos.
La comparación con Irlanda se refiere al fracaso de las conversaciones entre el IRA y el entonces el Gobierno laborista inglés de Harold Wilson. Desde la ruptura de la tregua y de las negociaciones, las fuerzas inglesas comenzaron una fuerte ofensiva represiva contra los republicanos en los condados del norte irlandés. Simultáneamente, los medios de comunicación dieron amplitud al movimiento de la paz y de manera consensuada trataron el tema uniformemente.
También a causa del fin de la tregua un sector de la población irlandesa expresó su pesar por volver a una situación de guerra. Y el Sinn Féin Oficial, si me permiten las comparaciones un grupo muy similar a la Euskadiko Ezkerra de Mario Onaindia, era quien mayor beligerancia mostraba contra el Provisional, es decir contra quienes continuaban en la brecha.
Cuando el Movimiento de Mujeres por la Paz, liderado por Betty Willimas y Mairead Corrigan, saltó a las portadas de los diarios y revistas, temas como la presencia permanente de 15.000 soldados, las prisiones de máxima seguridad, la tortura o las acciones paramilitares dejaron de constituir, para los mismos medios, aspectos de la violencia contra la que habían partido en cruzada.
Luego se supo que el movimiento por la paz irlandés había sido concebido por el Gobierno inglés. Gestado en el cuartel general del Ejército en Lispurn para aislar políticamente al IRA de la población de las zonas irlandesas. El Movimiento de Mujeres por La Paz norirlandés llegó incluso a lograr el premio Nóbel de la Paz en 1978.
En Euskal Herria, el mimetismo, como apuntaba, fue total. Al d√≠a siguiente de que el Dalai Lama recibiera la noticia de que hab√≠a sido elegido N√≥bel de la Paz y de que el Supremo condenara a los polic√≠as que hab√≠an matado por torturas a Joxe Arregi a 7 meses de prisi√≥n, el PP presentaba una iniciativa en el Parlamento de Gasteiz. Iniciativa que recibi√≥ el apoyo de PNV y PSOE. Hoy, quienes (re)escriben la historia nos dicen que el apoyo fue “un√°nime”. Gesto como N√≥bel de la Paz para 1990. No fue as√≠ porque Gorbachov se les cruz√≥ en el camino.
El resto de la historia es, precisamente, eso. Historia. El propio Gesto se ha encargado de remarcar, en su disoluci√≥n, la importancia del relato y de cargar la responsabilidad del conflicto en 50 a√Īos a la izquierda abertzale. Un gesto muy propio de Gesto.
Y llama la atenci√≥n es este relato (construido si tienen inter√©s en la propia p√°gina web del grupo ahora disuelto) la sinceridad del mismo. La misma que han tenido al decir que la violencia ha concluido (“Lortu dugu” como lema).
Quiero decir que destaca el alineamiento de su opción y su aportación política al Estado. Y como botón bien vale una muestra. Durante el secuestro de Julio Iglesias Zamora, Gesto, junto a otros colectivos, impulsó el lazo azul, como rechazo a ETA. El mismo que llegó a lucir George Bush (padre). Recordarán que durante el secuestro, dos ciudadanos vascos (Gurutze Iantzi y Xabier Kalparsoro) murieron tras pasar por calabozos policiales. En su relato actual, la trascendencia gestual no recae en la muerte de Gurutze y Xabier sino en los insultos que recibieron algunos miembros de Gesto.
Hoy, los del lazo azul han dicho adi√≥s. Y han comenzado a construir el relato de un supuesto logro: el de la paz. Una paz con las matizaciones que conocemos y otras que llegar√°n. Una paz, pax, que hace a√Īos tildaron de “romana”, m√°s adelante de “americana” y nuestro cercano Frantz Fanon defini√≥, acertadamente, como una “creaci√≥n de la situaci√≥n colonial”. Porque la verdadera paz, dec√≠a Alfonso Sastre, es “una idea a√ļn subversiva”.

El retorno de ETA a través de un whatsapp

Cualquier investigaci√≥n que se precie debe aclarar sus fuentes y seguir un m√©todo que otorgue credibilidad al mismo. En los medios serios, pocos por cierto, hace tiempo que circula la m√°xima que “las afirmaciones extraordinarias necesitan pruebas extraordinarias”.
ETA declar√≥ el cese de su actividad armada de forma rotunda, afirm√≥ que no amenazar√° el proceso e incluso que no se sentar√° en una mesa de negociaci√≥n pol√≠tica. Un hecho extraordinario. Y, sin embargo… la campa√Īa de pruebas que desdicen esa decisi√≥n, nada extraordinarias, insustanciales, no hace sino crecer. Para presentar un escenario b√©lico que justifique una trayectoria. La de la negaci√≥n de derechos democr√°ticos, origen del conflicto.
El brote de esta evidentemente campa√Īa planificada tiene visos de proceder del CNI (a pesar de que El Pa√≠s edulcor√≥ su posici√≥n en un art√≠culo reciente en el que elud√≠a su responsabilidad en la manipulaci√≥n). El centro que depende de Defensa tiene suficientes influencias para que sus decisiones parezcan surgidas de otros medios. Hist√≥ricamente ha marcado la estrategia espa√Īola y no hay indicios de que se haya retirado de su posici√≥n hegem√≥nica.
El √°rbol del que han surgido las ramas de la manipulaci√≥n ha sido el reciente informe de Europol: “Terrorism situation and trend report. 2013″. A partir de ese estudio supuestamente cient√≠fico, los medios subordinados han ido creando un imaginario tremendamente d√©bil pero con vocaci√≥n de eficacia: desplegar la idea de una vuelta al conflicto en par√°metros b√©licos. El objetivo: ganar a la opini√≥n p√ļblica en su posici√≥n antidemocr√°tica en un escenario sin ETA. Las recientes detenciones han ahondado en el argumento. Aparato log√≠stico, ergo actividad militar.
Europol, al contrario de lo que imagina la mayor√≠a, no es una polic√≠a europea, sino la suma de polic√≠as de estados europeos. No es una instituci√≥n “per se”, con estructuras propias, sino el paraguas que alberga a las europeas. Naci√≥ a la sombra de Interpol, a la que no ha sustituido por cierto, despu√©s del Tratado de √Āmsterdam. En sus primeros pasos, los polic√≠as espa√Īoles se hicieron, tanto en Europol como en Interpol, con la direcci√≥n de sus estructuras antiterroristas con los comisarios Mariano Simancas y Jes√ļs Espigares. Un r√°pido vistazo a trav√©s de los buscadores de Internet confirman su implicaci√≥n en el conflicto y su paso previo por comisar√≠as vascas.
Recordar√°n el informe de Europol de 2012, referido al a√Īo anterior. En el mismo, la organizaci√≥n europea afirmaba que ETA segu√≠a cobrando el impuesto revolucionario, lo que provoc√≥ un esc√°ndalo por su mentira manifiesta. Hasta Rodolfo Ares lo desminti√≥. Europol cit√≥ sus fuentes, los diarios derechistas El Mundo y La Raz√≥n, fuentes que fueron avaladas por el ministro del Interior espa√Īol: “cuando lo dicen algo habr√°”. Luego se supo que aquella campa√Īa no era sino la de grupos pro-amnist√≠a recabando apoyos en navidades. Pero les daba igual. Ya hab√≠an fabricado la mentira y la hab√≠an lanzado al ruedo.
Por eso, la credibilidad de Europol es la de la Polic√≠a espa√Īola (civil o militar). Y los informes de la Polic√≠a no son objetivos, ni siquiera se acercan a la imparcialidad que se deber√≠a exigir a unos cuerpos dependientes del Estado. Desde que ETA anunci√≥ el adi√≥s a las armas, agentes, escoltas y mandos han negado la mayor, exigiendo sus pluses y complementos, sus vacaciones anexas y su deber de mantener, tambi√©n en tiempos de “paz”, la sagrada unidad de Espa√Īa. Hay, en consecuencia, un componente econ√≥mico y sentimental en sus “respuestas extraordinarias”.
A partir del informe de Europol, las empresas subcontratadas por Interior y Defensa a trav√©s de sus fondos reservados, han lanzado la hip√≥tesis en dosis diversas. ETA se prepara para volver a la guerra. Estos d√≠as hemos podido leer necedades de lo m√°s variopintas. De una fragilidad manifiesta, pero ya se sabe que Espa√Īa es un pa√≠s que traga, mayoritariamente, hasta convertir a la Guardia Civil en su instituci√≥n mejor valorada (seg√ļn encuestas probablemente tambi√©n manipuladas).
Por ello, estos d√≠as hemos asistido a una retah√≠la de argumentos acordes con el informe de Europol: rebrote de la kale borroka, entrenamientos conjuntos de ETA y las FARC, malestar por el bloqueo entre sectores de la izquierda abertzale… Nada nuevo. La incontinencia verbal y epistolar no tiene l√≠mite. Hasta en forma de whatsapp, enviando an√≥nimamente una supuesta confidencia policial seg√ļn la cual ETA atentar√° en junio pr√≥ximo de manera similar a como lo hizo en la T4.
En los dos √ļltimos juicios celebrados en Par√≠s contra militantes de ETA, la posici√≥n de los antiguos mandos franceses de la lucha antiterrorista, Stephane Duray y Xavi√®re Simeoni, ha ido tambi√©n en esa l√≠nea. Lo de siempre, evitando la referencia a la apuesta vasca unilateral por la paz. Un cuento chino para la Polic√≠a francesa, con los pasajes habituales de manipulaci√≥n, como el de la ni√Īa Bego√Īa Urroz, a pesar de las evidencias. Sus fuentes, no lo niegan, las ultras espa√Īolas. Las medi√°ticas. La larga mano de los fondos reservados.
La línea del tiempo es implacable. La memoria, sin ser excepcional, nos lleva a entender el por qué de semejante embate. No hay puntada sin hilo, no hay artículo sin trastienda, no hay avanzadilla mediática sin retaguardia. La guerra sucia que denunciaba ERC y promovida por el CNI contra el independentismo catalán tiene también bases sólidas entre nosotros, en Euskal Herria.
Todas las mesas, excepto las de dise√Īo vanguardista, tienen cuatro patas. Y la de la manipulaci√≥n avalada por Europol, no iba a ser menor. La primera tiene que ver con la amortiguaci√≥n de la Conferencia de Aiete. Espa√Īa y Francia, a pesar de la implicaci√≥n de Pierre Joxe, Jonatham Powell y Kofi Annan en la soluci√≥n, de la aceptaci√≥n por parte de ETA de los Principios Mitchel (v√≠as pacificas, desarme y verificaci√≥n y respeto a la decisi√≥n popular), no parecen aceptar una v√≠a como la de Escocia. Necesitan alimentar, en consecuencia, la guerra,
La segunda pata tiene que ver con el desmantelamiento de la que iba a ser Mesa de Oslo. Espa√Īa cerr√≥ la puerta a la verificaci√≥n. “Para eso est√°n las fuerzas de seguridad del Estado” ha repetido incesantemente Madrid. Como si se tratara de un partido de f√ļtbol: uno de los equipos se convierte en √°rbitro, precisamente el mismo que est√° falseando el escenario. Gro Harlem Brundtland fue ninguneada.
La tercera est√° relacionada con el inmovilismo en pol√≠tica penitenciaria y en el reconocimiento de los cr√≠menes de Estado, no √ļnicamente en cuanto a las v√≠ctimas mortales, sino tambi√©n en los temas tan ligados al conflicto como la tortura, dispersi√≥n, espionaje… La posici√≥n intransigente del Gobierno no es √ļnicamente pol√≠tica, sino tambi√©n destinada a evitar el destape de otras √°reas.
Hasta hoy, Madrid y Par√≠s han hecho grande la m√°xima de que “contra ETA todo vale”. De esa manera han justificado la manipulaci√≥n informativa, la criminalizaci√≥n de todas las organizaciones independentistas, el cierre de diarios, la tortura, las muertes en los controles, los “excesos” policiales, la financiaci√≥n de los grupos de v√≠ctimas como arietes contra los soberanistas. Una lista interminable. Reconocer el cierre de una etapa significa destapar la caja de los horrores.
La cuarta pata es la m√°s reciente. La pr√≥xima resoluci√≥n del Tribunal de Estrasburgo sobre la 196/2006 (Doctrina Parot), planea en la estrategia espa√Īola. Una forma m√°s de presionar a los magistrados, que ya dieron la raz√≥n a In√©s del R√≠o, es enfocar el conflicto como b√©lico y no como de orden civil (no reconocimiento de derechos individuales y colectivos). De esta forma, Espa√Īa intenta asimilar a los presos de ETA con los de Al Qaeda, el fundamentalismo, etc. Con la intenci√≥n, confesada por otro lado, de que la apuesta independentista lleva intr√≠nseca el gen de la intransigencia. Sabemos que es mentira, pero…
Todo un escenario inmovilizado, condensado en un whatsapp gestionado por un equipo de “pensantes” reunidos en gabinete de crisis. ¬°Qu√© nivel! Con un objetivo manifiesto: romper el inmovilismo pero hacia posturas del pasado, para nadar a favor de la corriente. De su corriente. As√≠, Madrid y Par√≠s han alcanzado el nivel m√°s bajo de la acci√≥n pol√≠tica, convertir la dial√©ctica en un ejercicio de venganza. ¬°Puf!

Memoria identitaria

La noche había cubierto de negro las orillas por las que la humedad de la bruma del Errobi se deslizaba pacientemente. Olía a brezo, salado como las conchas que habíamos vaciado al amanecer. Los soldados del que llamaban Julio César volvían de una expedición desde el sur, decían nuestros informantes, donde habían sofocado una revuelta de esclavos en las minas de Arditurri.
Desde la lejan√≠a son√≥ el ulular de la lechuza que tuvo eco en la proximidad. La se√Īal. Saltamos de los matorrales con los cuchillos afilados y antes de que los romanos dieran el grito de alarma, los filos se hab√≠an colmado de sangre. Silencio sepulcral. Caminamos hasta que el sol amenaz√≥ desde el este. Hab√≠amos llevado antes a nuestras mujeres, ni√Īos y ancianos desde la orilla del Urdazubi hacia las lomas de Ibardin para evitar venganzas. Nos sentamos al mediod√≠a y celebramos la victoria varias noches hasta que ca√≠ en un sue√Īo profundo.
Me desperté en medio de un griterío infernal. Al fondo del valle, entre las gargantas que viraban hacia Luzaide, los guerreros de Carlomagno huían despavoridos entre una lluvia de piedras que rodaban desde las alturas de Orreaga. El cielo escupía con arrogancia su luz, en medio del vuelo circular de los buitres y la mirada atenta de una pareja de quebrantahuesos.
Un joven tostado en su piel y en su √°nimo nos repart√≠a flechas envenenadas de hojas de tejo. A mi lado, el odio superaba a la punter√≠a. Los carolingios, con su prepotencia y sus armaduras henchidas de polvareda divina, retornaban al norte, despu√©s de haber arrasado nuestra vieja Iru√Īea. Dentro de las murallas hab√≠an violado a nuestras mujeres, saqueado los almacenes repletos para el invierno y arrojado desde las torres de la ciudad a nuestros hijos a√ļn sin destetar.
Sentí un mareo repentino y cuando recuperé la conciencia me encontré descendiendo por unas escaleras hasta lo más profundo del castillo. Guardábamos a los heridos en el fondo, al otro lado del aljibe al que los castellanos habían accedido y atiborrado de sal. Sin agua, apenas resistiríamos unas horas. Calmé el llanto a un muchacho que suspiraba por su hermano al que habíamos visto morir poco antes, tras recibir el impacto de una flecha de ballesta en su pecho.
Anochec√≠a cuando a duras penas logramos izar la bandera blanca como estandarte, sustituyendo a la roja del castillo de Amaiur. Sonaron desde la lejan√≠a del valle trompetas y cuernos. Pero, a pesar del armisticio, todav√≠a lanzar√≠an los enemigos varios golpes de ca√Ī√≥n. Al d√≠a siguiente, sacaron a los heridos del castillo, los abandonaron junto a la ermita y nos condujeron presos a la c√°rcel de Pamplona.
Perd√≠ la noci√≥n del tiempo en la “ciega”, una celda sin luz donde el d√≠a y la noche se confund√≠an entre los gritos de otros presos en el potro de los tormentos hasta que una ma√Īana, desorientado y sin referencias, sent√≠ el olor a salitre en mi semblante. Fuerte y hondo, tanto que azuz√≥ mi voluntad y la de decenas de marinos que retornaban de mares lejanos atestados de bacalao, en Terranova. Volv√≠an para liberar a sus compa√Īeras acusadas de brujer√≠a por un inquisidor llegado de Burdeos al que llamaban Pierre Lancre.
Segu√≠ mi camino con Xangarin, recuperado del futuro, hasta las hondas grietas de Zugarramurdi donde sent√≠ una profunda conmoci√≥n al saber que, en esta ocasi√≥n, llegaba tarde. Ni√Īas y ancianas hab√≠an sido condenadas a la hoguera, el peor de los castigos, a ser quemadas en vida porque hac√≠an valer su condici√≥n respaldada por cientos de a√Īos de saber transmitido por sus madres y abuelas.
Tom√© aliento junto a los hayedos de Irati y salt√© hasta las tierras bajas de Zuberoa, a la sombra de las monta√Īas a√ļn nevadas que escoltaban mi marcha. Junto al cura Bernard, al que conoc√≠amos como Matalaz, me sum√© a un ej√©rcito de desheredados que se alz√≥, con cuatro palos y mucha determinaci√≥n, contra el conde de Iruri. Nos hab√≠a robado nuestros comunales, subido los impuestos y despojado de nuestras cosechas. Los villanos mataron a Matalaz, pero recuperamos su cuerpo que escondimos y enterramos clandestinamente para recuerdo de las generaciones posteriores.
Recuerdo que perduró hasta que llegaron los iluminados de París y nos prohibieron nuestra lengua, contar las historias de nuestros abuelos y llamar pinpilinpauxa a la mariposa. Deportaron a nuestros padres y madres a las Landas, donde murieron de malaria, porque decían eran igual de salvajes e ignorantes que los del otro lado del Pirineo. No sabían lo que decían.
Esperamos. No demasiado. Hasta que un d√≠a alcanzamos la mansi√≥n de Munduteguy, el arquitecto de la deportaci√≥n. Dorm√≠a ebrio en su casona de Senpere, despu√©s de celebrar las victorias de un tal Napole√≥n en el lejano Egipto y seg√ļn dicen tambi√©n en Prusia. √Čramos decenas, cientos probablemente, enfocados con antorchas. Todos tuvimos la oportunidad de clavarle nuestro machete. Nadie sabe a√ļn qu√© estocada fue la mortal.
Esa noche dorm√≠ como no lo hab√≠a hecho jam√°s. Sin sobresaltos, hasta que una m√ļsica militar me desperez√≥. El calor y la humedad eran terribles. Recog√≠ con fuerza el recuerdo m√°s cercano. Me hab√≠a sublevado contra el servicio militar por dos veces, convivido junto a los carlistas contra las peseteros. Hab√≠a luchado contra la subida del pan, contra el acopio del grano de los nuevos jauntxos, en las ferrer√≠as, contra los planes de Zamacola y de Gamazo, en el reparto de tierras de la Ribera.
Ahora, sin embargo, estaba lejos de casa. Hab√≠a desertado despu√©s de un viaje eterno, de ver a decenas de compa√Īeros aspirar su √ļltimo aliento por la fiebre amarilla para unirme a los insurgentes de Jos√© Mart√≠ y Antonio Maceo, en Baire. Hab√≠a compartido con ellos la poes√≠a de la rebeli√≥n y el olor a la p√≥lvora de la batalla. El abecedario de la dignidad. Hasta que sent√≠ el sabor dulce de mi propia sangre en un lugar desconocido.
Desperté de mi herida entre estridencias familiares, chillidos de gaviotas argénteas y charranes despistados. En la loma de Triano, refugiado de los embates del Cantábrico por el guardián del Serantes, Perezagua tomaba la palabra para pedir, con fluidez y contundencia, una respuesta a la patronal minera. Era una casucha de madera con el suelo por butaca y la voluntad por pedestal.
Gallarta ardía de enemistad hacia los patronos que nos hacían trabajar 12 horas, que nos pagaban con vales canjeables solo en sus cantinas, que abandonaban el mundo mortal para refugiarse al otro lado de la ría, en villas construidas con el sudor de nuestros hermanos y la congoja de nuestras mujeres. Sentí la emoción de la solidaridad, el calor de la entrega y una fuerza que ni los sables de la Guardia Civil ni los soldados del Garellano podrían detener.
Aquellos monstruos de Neguri volvieron a las andadas y sin siquiera retener el tiempo, me encontr√© en las trincheras de los Intxortas, rodeado del vigor de una juventud que no paraba de referirme una m√ļsica que, en otros pentagramas, me resultaba extremadamente conocida. Historias de amor, de decencia y, sobre todo, de audacia. Nadie ten√≠a verg√ľenza de armar el m√°user, de rellenar la rec√°mara de la star. Orgullosos de defender su casa, como Aresti lo captar√≠a m√°s tarde, de la manada de chacales. Hombres y mujeres que, meses despu√©s, ser√≠an calcinados en Durango y en Gernika.
Salt√© parapetos con los supervivientes, cant√© viejas canciones al son de la trikitrixa. Recit√© versos de Etxaun, nostalgias de Xalbador. Enton√© poemas de Lauaxeta y repet√≠ hasta la saciedad el estribillo de la canci√≥n del gudari, al paso bajo la luna nueva por las viejas rutas de Larrun, ya no recuerdo si hacia el norte, tampoco si fue hacia el sur. Siempre con la confianza de sentirme arropado por el compa√Īero que avanzaba delante, por el que cerraba la fila.
Hasta que me vi de nuevo alzando el pu√Īo contra la intolerancia, solidariz√°ndome con aquellos que juzgaron, militares de sable ligero, y condenaban en Burgos, por osar poner en juicio, el verdadero, a los due√Īos de nuestra existencia. En Lemoiz, en la B√°rdena, un 3 de marzo de Gasteiz, un 12 de enero en Bilbao. Hombres y mujeres con los que camin√©, hombro con hombro, hacia el futuro. Con los que compart√≠ el pasado de los suyos y el de los m√≠os. El mismo.
Fue, es, una caminata larga. Cargada de intenciones y coloreada por el fragor de la contienda. Con estaciones de destino y de partida. En las que se un√≠an compa√Īeras y compa√Īeros con la ilusi√≥n intacta. En las que descend√≠an otros, exhaustos. Un viaje sin comienzo ni meta, porque el viaje mismo se cobraba el objetivo. Un trayecto que no ha hecho sino comenzar para nuestros descendientes a los que dejamos un legado y un testigo. Una memoria identitaria.