Archives for : junio2013

La militarizacion simbolica del presente

Ej√©rcitos, soldados y armas han sido expresiones relacionadas con el pa√≠s, desde aquellos tiempos en los que las carreteras eran caminos de trashumancia. Los cuarteles, los campamentos militares, delimitaban las fronteras, a menudo difusas, mientras las ciudades acog√≠an a los centros de intervenci√≥n r√°pida. El Regimiento de Cazadores Am√©rica en Iru√Īea, el de las fuerzas especiales de Baiona, los cuarteles de Araka, Garellano, Loiola… todav√≠a en el coraz√≥n urbano de Euskal Herria.
Las subdelegaciones de defensa en cada territorio vasco, hoy convertidos en provincias, nos traen ese eco cercano de aquellos gobernadores militares que hasta hace bien poco marcaban el paso no sólo en los desfiles de la llamada Semana Santa, sino también en la vida política diaria. Estos delegados son los restos de una ocupación colonial dispersada por el mundo, liderada por el emblema monárquico. La delegación divina.
Las se√Īales de color caqui han estado pegadas a las puertas de nuestras viviendas con una intensidad que finalmente se ha convertido en familiar. No deber√≠a ser as√≠ y, por ello, c√≠clicamente, suenan melod√≠as cr√≠ticas sobre espect√°culos convertidos en costumbres y maquillados como tradici√≥n. Los alardes sexistas de Irun y Hondarribia son el paradigma de lo que fue el medio militar, humillante para las mujeres convertidas a lo sumo en cantineras (prostitutas) de la tropa.
A pesar de lo citado, es notoria la p√©rdida de peso del “elemento” militar en la vida cotidiana. La desaparici√≥n del servicio militar obligatorio es una de esas victorias populares a las que las generaciones posteriores apenas le dan valor. Jam√°s conocieron el secuestro legal. Un pasaje dram√°tico de la historia que, obviamente, los historiadores constitucionalistas obviar√°n.

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La mayor

La propuesta de Plan de paz y convivencia que ha presentado el Gobierno vasco ha causado un peque√Īo revuelo social. Lakua ha anunciado, simult√°neamente, la ampliaci√≥n de la lista de v√≠ctimas de violencia estatal. No est√°bamos acostumbrados a que se reconocieran desde ciertas instituciones a las v√≠ctimas del Estado y el hecho de hacerlo parcialmente ha sido origen de la agitaci√≥n. El camino emprendido, sin embargo, est√° condenado a repetir una m√ļsica cuya tonadilla nos es bien conocida, la de los excesos. “Lo nuestro son errores, lo suyo son cr√≠menes”, como dijo aquel ministro llamado Mart√≠n Villa.
La falta de un an√°lisis en profundidad marcar√°, nuevamente, un paso en falso. Se podr√°n atinar m√°s o menos en los n√ļmeros de v√≠ctimas, se podr√°n sumar nuevas, con la asunci√≥n de la tortura como parte de un modelo indudablemente represivo y sist√©mico, se abrir√°n ciertos reconocimientos pero, en el fondo, se sigue negando a la mayor. ETA no est√° en el origen del conflicto, sino que es la expresi√≥n del mismo.
La frialdad de los n√ļmeros encierran, es cierto, un drama. Nadie es ajeno a ello. Pero las expresiones m√°s descarnadas tienen un punto de partida que no se puede obviar. A estas alturas, no hay informes t√©cnicos o as√©pticos, porque la propia y pretendida neutralidad supone ya una toma de postura, una valoraci√≥n en s√≠ misma.

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El lado humano

Los hombres y las mujeres de hierro pertenecieron a una generaci√≥n determinada e hist√≥rica a la que, con el paso del tiempo, hemos ido pegando una capa m√≠tica de nostalgia. Y, sin embargo, sabemos que aquellos hombres y mujeres perd√≠an a sus hijos, se desmoronaban ante la adversidad, se convert√≠an en ancianos con apenas 25 a√Īos y cubr√≠an de desasosiego las noches m√°s l√ļgubres en sus barracones de Gallarta.
Eran hombres y mujeres del hierro. No de hierro.
Porque el hierro es sólo un metal pesado. Un elemento que a pesar de poseer facultades magnéticas, no es capaz de atraer a la humanidad, salvo para su explotación. Jamás han existido hombres y mujeres de hierro, siquiera quizás aquellos que templaron el acero que diría Nikolai Ovstrovski. Lejos, muy lejos de nosotros.

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La muerte de Piti

Era Jes√ļs Mart√≠nez Torres comisario general de Gipuzkoa cuando Ladislao Zabala e Ignacio Iturbide perpetraron siete atentados mortales en el llamado Tri√°ngulo de la Muerte (Urnieta, Hernani y Andoain): Jos√© Ram√≥n Ansa, Tom√°s Alba, Felipe Sagarna, Miguel Arbelaiz, Luis Mari Elizondo, Joaqu√≠n Antimasbere y Francisco Ansa. Mart√≠nez Torres era un destacado torturador en √©poca franquista, como tantos otros polic√≠as, y, sin embargo, el PSOE lo ascendi√≥ a√Īos despu√©s a director de la Brigada de Informaci√≥n, ya en Madrid.
Ignacio Iturbide Alkain, Piti, naci√≥ en 1949, en el seno de una respetada y estimada familia hernaniarra. La oveja negra. Su condici√≥n vino marcada desde joven por sus amistades, en especial la de Jes√ļs Arrondo, Cocoliso, informador policial que provoc√≥ en 1974 la muerte de los militantes Roque M√©ndez y Jos√© Luis Mondrag√≥n. Cocoliso introdujo a Iturbide en los ambientes policiales.
Trabaj√≥ como guardia jurado en Orbegozo de Hernani y tambi√©n como polic√≠a municipal en Amorebieta. Le iba la marcha. Confidencias, informaciones… y acci√≥n. En 1978, Iturbide fue condenado por haber incendiado la sede del PCE en Donostia y la del equipo de baloncesto Askatuak. Sus influencias le sacaron de prisi√≥n en cinco meses.
Cuando sali√≥ de la c√°rcel se uni√≥ a Ladislado Zabala, cinco a√Īos m√°s joven que √©l e hijo de quien fuera vicepresidente de la Diputaci√≥n guipuzcoana en los a√Īos 60. Zabala ten√≠a contactos con j√≥venes radicales que hac√≠an de la unidad de Espa√Īa su raz√≥n de vivir. Algunos, como Jes√ļs Jim√©nez Cort√°zar, Benito Santos, Jos√© Luis Jim√©nez Claver√≠a y Rogelio Gonz√°lez Medrano se unieron al grupo. Todos ten√≠an armas.
En 1979, comenzaron a dejar un reguero de sangre. Siete muertes en total, dos heridos graves paral√≠ticos y otros tantos intentos, entre ellos uno contra el alcalde de Hernani. La elecci√≥n no segu√≠a una secuencia l√≥gica: un concejal, un m√ļsico, un gitano… La reivindicaci√≥n, jam√°s hecha por los autores materiales de los atentados, en nombre del Batall√≥n Vasco Espa√Īol (BVE). En una ocasi√≥n de la Triple A (Alianza Apost√≥lica Anticomunista).
La actuaci√≥n a cara descubierta de Piti y sus compa√Īeros y la protecci√≥n con la que se mov√≠an provocaron la indignaci√≥n ciudadana. Pronto comenz√≥ a circular un dossier con diez nombres posibles de los autores de las muertes, entre ellos el de Piti. El Ayuntamiento de Donostia denunci√≥ incluso su impunidad. Mart√≠nez Torres fue interpelado. Pero mir√≥ a otro lado.
Lleg√≥ el fracaso del golpe de Estado de febrero de 1981. La denuncia de la impunidad militar y policial salt√≥ a las calles. Nombres y apellidos circularon con profusi√≥n. Mart√≠nez Torres quiso salvar su pellejo y a la semana del golpe detuvo a Piti y Zabala y a cuatro de sus compa√Īeros. Mart√≠nez Torres fue ascendido, como ha quedado se√Īalado, e Iturbide y Zabala condenados a 231 a√Īos de c√°rcel.
El eco del golpe les llev√≥ a intentar sumarse a la ola patri√≥tica. Antonio Mu√Īoz Perea, abogado de Milans del Bosch, uno de los dise√Īadores de la asonada, les defender√≠a. Piti se neg√≥ a hablar en el juicio, celebrado en 1985, pero acert√≥ a decir que eleg√≠a a sus v√≠ctimas por considerarlas “separatistas”. Mu√Īoz Perea apoy√≥ su estrategia y pidi√≥ la absoluci√≥n por “miedo insuperable” a los separatistas. El juez determin√≥ que en todas las muertes, Piti fue el autor material. Zabala su compinche.
Iturbide fue internado en la prisi√≥n de Zamora. Poco m√°s de diez a√Īos despu√©s sali√≥ de la c√°rcel. Sin ruido, sin c√°maras. Al contrario que otros, mantuvo su identidad. Zabala se ubicar√≠a en Madrid, donde fund√≥, junt√≥ a Ynestrillas, el grupo Patria Libre. Piti, en cambio, se mantuvo m√°s discreto. Se traslad√≥ a Bilbao y trabaj√≥ por su cuenta. Con el cambio de siglo se mud√≥ a un piso en la calle Iparragirre de la capital vizcaina. Hasta ayer, que falleci√≥ sin que se hayan aclarado, todav√≠a, esos lazos tan estrechos que han mantenido las redes parapoliciales con las sedes gubernamentales.

El Plan Urkullu

En las √ļltimas semanas hemos recibido se√Īales inequ√≠vocas de la puesta en marcha de una especie de prop√≥sito combinado cuyo √ļltimo fin ser√≠a la superaci√≥n de un entorno de crisis econ√≥mica y pol√≠tica que atenaza nuestro presente. Las se√Īales han partido de la lehendakaritza del Gobierno Aut√≥nomo vasco por lo que, con toda la humildad posible, me atrever√© a catalogar dicha empresa con un nombre esperado: Plan Urkullu. El nombre de su presidente.
Los predecesores jeltzales de Urkullu tuvieron tambi√©n su proyecto. El Plan Ardanza fue una estrategia electoral en tiempos del llamado “Esp√≠ritu de Arriaga”, el de la comodidad en Espa√Īa. Ardanza fue un hombre gris al que los michelines de su partido movieron a su antojo, siempre mirando a la derecha y al eco de sus palabras en Madrid. Cuando se jubil√≥ le regalaron un tel√©fono naranja, un negocio multado con 224,3 millones de euros.
El Plan Ibarretxe ten√≠a, en cambio, un sustrato soberanista, a trav√©s del reconocimiento del derecho de autodeterminaci√≥n. No era la m√ļsica de la izquierda abertzale, pero s√≠ parte de una partitura m√°s extensa. Por eso, la mitad de sus parlamentarios lo apoy√≥ y la otra mitad lo rechaz√≥. Ibarretxe fue ninguneado por su partido, demonizado por la Conferencia Episcopal y amenazado de c√°rcel por Aznar. Repliegue de filas y abandono del escenario pol√≠tico por parte de su protagonista.
El Plan Urkullu es otra cosa. Ha nacido con matizaciones importantes. El sector que aup√≥ a Ardanza es el mismo que ha dado el apoyo al nuevo lehendakari, por lo que el pre√°mbulo tiene una puerta abierta y otra cerrada. Tras el adi√≥s a las armas de ETA, la l√≠nea del PNV recobra el “Esp√≠ritu del Arriaga”. Su futuro es constre√Īido y, por tanto, mantener su estructura pasa por abrir la puerta al constitucionalismo espa√Īol y cerrarla al soberanismo.
En estos d√≠as, el Plan Urkullu ha pasado por el tamiz de la maquilladora. En una comparecencia destinada a los ilusos, el lehendakari ha se√Īalado que no se trata de un proyecto exclusivo, sino una “ilusionante” puesta en escena de lo que ha denominado “Esp√≠ritu de Bermeo”, en referencia al auzolan despu√©s del incendio. Apropiaci√≥n del lenguaje para luego tapar las verg√ľenzas.
El “Esp√≠ritu de Bermeo” parece haber sustituido al “Esp√≠ritu Rekondo”, aquel alcalde de Hernani que sum√≥ votos gracias al apartheid pol√≠tico pero tambi√©n a un frente anti Herri Batasuna (de casta le viene al galgo) que un√≠a a todos los “anti” del municipio. Traigo a colaci√≥n lo de Josean Rekondo porque el ex alcalde fue uno de los extravagantes de su √©poca, de esos que ve√≠a detr√°s de la Mesa Nacional la mano del alban√©s Enver Hoxha. Era de la escuela de los cuernos y rabo para la disidencia que tantos seguidores hab√≠a dejado el franquismo.
La estela de Rekondo, olvidada desde que el Departamento de Estado norteamericano confirm√≥ el fin de la Guerra Fr√≠a y el inicio de la era Ben Laden, fue recuperada a golpe de pataleta por los ahora compa√Īeros del hernaniarra, vecinos del valle del Oria, Bildarratz, Egibar… Las comparaciones de Bildu con la Stasi de la RDA, el proyecto vietnamita de Ho Chi Min, la Am√©rica bolivariana de Ch√°vez e incluso con Berlusconi (muy cerca por cierto su partido FI con el PNV en lo econ√≥mico) nos llevaron de nuevo al esperpento. No hay que olvidar que, poco antes de empezar la campa√Īa, el rescate del “Esp√≠ritu de Rekondo” corri√≥ a cargo del propio Urkullu, que compar√≥ los m√©todos de Bildu con los de Iosif Stalin, el ogro por excelencia del siglo XX, junto a Hitler.
La exposici√≥n fallida de los presupuestos para el Gobierno de Gasteiz fue la puesta de largo del Plan Urkullu. Y el lehendakari anticip√≥ que la izquierda abertzale, en este escenario, es el compa√Īero no deseado. Erkoreka avanz√≥ la inoportunidad por el apoyo a la convocatoria de huelga general en esta situaci√≥n de emergencia social. Urkullu se atrevi√≥ a decir lo obvio, con una sinceridad extra√Īa en su entorno: “El modelo social y econ√≥mico que defiende Bildu es radicalmente diferente al del PNV”.
Tiene raz√≥n. El partido jeltzale es un mero gestor del poder econ√≥mico y, en esa l√≠nea, su aspiraci√≥n es la de mantener su posici√≥n frente a otros posibles competidores. Atr√°s quedaron las peleas jeltzales, muy atr√°s en el tiempo, por ara√Īar un pedazo de poder. S√≥lo queda la gesti√≥n de ese poder intocable. Ni siquiera pasa por la mente del EBB modificar un √°pice del sistema.
Los movimientos de los michelines durante la crisis han sido demasiado notorios, avalando el p√°rrafo anterior. Con Vocento cayendo en picado y como √ļnico resto aparente del antiguo e influyente Clan de Neguri, el PNV ha pactado su apoyo a cambio de titulares. En detrimento, por cierto, de su Grupo Noticias al que inyecta a trav√©s de sus ex cajas de ahorro (hoy integradas en Kutxabank) y la publicidad de sus instituciones. Con Vocento el PNV juega a la grande, y con el Grupo Noticias a la peque√Īa.
La gesti√≥n tiene diversos escenarios que no escapan a una r√°pida digesti√≥n. Las farmac√©uticas son otro de esos sectores que dominan el mundo mundial. Ah√≠ han metido tambi√©n el morro, con un pata negra como Joseba Aurrekoetxea (EBB) en el consejo de Zeltia donde comparte sueldo espectacular con otros pata negra como Jos√© Mar√≠a Bergaretxe (Vocento) y el ex ministro socialista Carlos Solchaga. ¬ŅSe acuerdan del desaparecido Solchaga? Ah√≠ lo tienen, compartiendo sill√≥n, tambi√©n en otras empresas (CIE Automotive), con antiguos jeltzales. Los acuerdos de la direcci√≥n de Onkologikoa de Donostia contratando empresas externas (madrile√Īas), vayan probablemente en esa direcci√≥n. Un nuevo caballo de Troya.
La espantada actual de Kutxabank, destruyendo una media de 40 empleos mensuales desde la integración, es probablemente el paradigma de la apuesta jeltzale. El negocio ruinoso de la compra de BBK de la Caja del Obispado de Córdoba, y la aventura del ladrillo de Kutxa en el Mediterráneo y Madrid está pasando una factura de miles de millones (de euros). Para amortiguar el golpe, el PNV se ha aliado con el Gobierno de Madrid, es decir el PP. El faro del neoliberalismo más salvaje. Y perdonen los superlativos.
La aportaci√≥n de Iberdrola (Irala), Petronor (Imaz)… a las cajas forales, bastante menor de lo que la mayor√≠a de ustedes suponen, la tapadera de las SPE (Sociedades de Promoci√≥n de Empresas), la construcci√≥n de la v√≠a para un Tren de Alta Velocidad sin puerta de entrada ni de salida, son pasajes de una pel√≠cula de sumisi√≥n al poder real. De ah√≠ esa defensa numantina de una fiscalidad liviana con el poder econ√≥mico, con los empresarios que llevan sus ingresos a Para√≠sos Fiscales porque, como todos sabemos, el dinero no tiene patria.
Y lo dijo con la misma y meridiana claridad de Urkullu su colega Jos√© Luis Bilbao cuando implor√≥ para no presionar a Iberdrola, acusada de desviar sus ganancias a esos para√≠sos fiscales, esencia del capitalismo. No hay que tocar la vaca que da leche. Una gallina que da huevos de oro, ¬Ņa qui√©n? ¬ŅQu√© beneficios ofrecen al conjunto del pa√≠s unos cuantos consejos de administraci√≥n con unos contratos blindados, unas pensiones asombrosas y unas cuentas en las Islas Caimanes?
El Plan Urkullu, tragado por la historia aquel de Ardanza y rechazado por su propia direcci√≥n el de Ibarretxe, es el paradigma de la proposici√≥n que hace el EBB del PNV a la sociedad vasca. Un plan que mantiene castillos de humo y ofertas presupuestarias a los responsables del desastre. Esos que ustedes y yo, en las noches m√°s horribles de la crisis, imaginamos en las mazmorras de la inquisici√≥n. La vida no es sue√Īo, desafortunadamente.
La existencia es muy real, ef√≠mera por lo dem√°s y sin posibilidad de apretar el bot√≥n “resset” y comenzar de nuevo. M√°s de 250.000 vascos peninsulares est√°n en el paro. M√°s de un 40% de los j√≥venes que salen de la escuela, de la universidad, no encontrar√°n trabajo. El derecho constitucional a la vivienda era mentira. La mala gesti√≥n de los banqueros y empresarios de pedigr√≠ se cubre. Para eso est√°n los gestores. Los T√≠os Tom en un mundo de esclavos. Con puros y angulas si hace falta.
I√Īigo Urkullu jur√≥ su cargo en Gernika ahora hace poco m√°s de seis meses: “Apal, apalik, Jaungoikoaren eta gizartearen aurrean”. Pronto present√≥ las l√≠neas maestras de su proyecto. Luego llegaron los presupuestos. Desconozco la reacci√≥n de Dios porque desconozco a Dios. Puedo, sin embargo, avanzar algo de lo que transpira nuestra sociedad, capaz de descubrir, a estas alturas, los secretos mejor guardados. Y el primero es el m√°s evidente. La inc√≥gnita del Plan Urkullu se resuelve con sencillez: el lehendakari no tiene plan. Es decir, lo de siempre. A peor.