Las venas abiertas

Mi compa√Īera dice que tengo buena memoria para los rencores. Quiz√°s sea cierto. Los elogios me ponen en guardia, sobre todo cuando se refieren a quienes nos dejan recientemente. No pude menos que agrietarme el √°nimo cuando o√≠ a Rajoy alabar a Nelson Mandela en su muerte. Y nuevamente me revienta el entusiasmo leer algunos twits y noticias en esta semana de la desaparici√≥n f√≠sica de dos referencias sociales y literarias de la √ļltima parte del siglo XX, G√ľnter Grass y Eduardo Galeano. Ser√° cosa de la edad.
Estrech√© la mano, por cortes√≠a, de G√ľnter Grass en 1999, cuando visit√≥ el estand vasco en la feria del libro de Francfort. Ese a√Īo le acababan de dar el N√≥bel de Literatura y unos d√≠as despu√©s el Pr√≠ncipe de Asturias (hoy Princesa por complejo hispano), aprovechando el tir√≥n medi√°tico. Hab√≠a le√≠do la mayor√≠a de sus libros. Le tom√© una foto con nuestro escritor Anjel Lertxundi, entonces invitado. Una instant√°nea que luego perd√≠, o al menos no la he encontrado hasta hoy.
And√°bamos peleando entonces con el PEN Club, la asociaci√≥n mundial de escritores, que hab√≠a llevado a la Feria su denuncia anual de autores encarcelados y represaliados. Ten√≠amos unos cuantos escritores vascos en prisi√≥n o en el exilio y el ahora pretendidamente progre Baltasar Garz√≥n estaba en las portadas por cerrar Egin. Diez a√Īos m√°s tarde, los tribunales decidieron que el cierre hab√≠a sido ilegal, pero Garz√≥n y su soporte entonces, Aznar, ya se hab√≠an “atrevido”, como remarc√≥ el entonces presidente espa√Īol, a clausurar un medio de comunicaci√≥n que no segu√≠a la l√≠nea del r√©gimen.
Mi colega Gari Berasaluze anduvo listo, como es habitual, y le entreg√≥ a Grass, aprovechando la ocasi√≥n, una versi√≥n reci√©n traducida al alem√°n de uno de nuestros escritores represaliados, Joseba Sarrionandia. Le explic√≥ someramente qui√©n era. Creo que se trataba de “Ni ez naiz hemengoa”. No s√© lo que hizo G√ľnter Grass con aquel libro. Tampoco voy a especular. Pero un N√≥bel siempre llama la atenci√≥n.
A comienzos del siglo XXI, el grupo Prisa, fruto en parte de aquella sorpresiva transformaci√≥n de falangistas en socialistas y hoy intervenido por fondos norteamericanos pero entonces con capital mayoritariamente espa√Īol, toc√≥ a corneta. Hab√≠a una posibilidad de que el unionismo espa√Īol fuera hegem√≥nico, electoralmente, en Vascongadas. Para conseguirlo hab√≠an ilegalizado a la izquierda abertzale. Recordar√°n, Rosa D√≠ez, Redondo Terreros, Mayor Oreja, Carlos Iturgaiz… S√≥lo nombrarlos suscita lo que los ingleses denominan “goose bumps” y los espa√Īoles llaman “piel de gallina”.
Se puso de moda eso de ser intelectual y apuntar a los vascos, tanto por arriba como por abajo, lo que deb√≠an hacer, c√≥mo pensar, lo que nos incumb√≠a votar. Salieron varios manifiestos contra el derecho de autodeterminaci√≥n, a favor de la sacrosanta unidad de Espa√Īa, en defensa de la Constituci√≥n mon√°rquica espa√Īola… Incluso, en las elecciones municipales de 2003, un grupo de estos intelectuales de la cuadra Prisa pidi√≥ el voto para el PP-PSOE. Los vascos √©ramos unos racistas y ten√≠amos una iglesia que no nos merec√≠amos, dec√≠an.
Entre los firmantes, G√ľnter Grass, el hojalatero sin tambor. Espa√Īol como el que m√°s, a pesar o gracias, vaya usted a saber, de su nacimiento en D√°nzig (hoy Gdansk), ciudad alemana, tambi√©n polaca. Grass, Nobel de Literatura, dec√≠a que los espa√Īoles deb√≠an esconder sus costumbres en el Pa√≠s Vasco, tal era el nivel de terror. Compart√≠a manifiesto con Paul Preston, Vargas Llosa… Avalaban la ilegalizaci√≥n de la izquierda abertzale, la invisibilidad para al menos 458 concejales de listas prohibidas a √ļltima hora.
Aquel manifiesto, como algunos de esa √©poca, me dej√≥ at√≥nito. Semejante ejercicio de servilismo a una edad madura conmueve. Negativamente. Grass hab√≠a reafirmado su antig√ľedad en las SS, cuando joven. Cuando al parecer no hab√≠a otra oportunidad que seguir a Hitler. Reivindicaba su reconciliaci√≥n con el pasado, al subirse a la socialdemocracia de Willy Brant, el padrino de Felipe Gonz√°lez.
Todos estos a√Īos he tenido la sospecha del destino de aquel libro de Joseba Sarrionandia que Berasaluze regal√≥ a Grass. Sobre todo a partir de su alineaci√≥n con lo m√°s predemocr√°tico e involucionista del Estado espa√Īol, Vargas Llosa and company, desde ese 2003. Pero ya he comentado unas l√≠neas antes que no iba a especular.
A Eduardo Galeano le invitaron a participar en la caza al vasco. Declinó la invitación, al contrario que otros escritores latinoamericanos como Carlos Fuentes, Bryce Echenique o Carlos Monsivais, con los que, a mi pesar, había compartido horas de lectura. Bien por Galeano, pensé. Había logrado resistir la presión implacable de la casta cultural y política.
Enfin… Pero no todo es ayer. Tambi√©n existe un anteayer. Despert√© de la inocencia infantil con Martin Luther King, me hice adolescente con Franz Kafka y George Orwell que tuvieron un impacto pol√≠tico en mi conciencia mayor que el que habr√≠an ocasionado las obras completas de Lenin. ¬°Cu√°ntas veces recuerdo los vericuetos que deb√≠amos recorrer para hacernos con un pu√Īado de letras!
Cruc√© la barrera de la ingenuidad con “Las venas abiertas de Am√©rica Latina”. De Eduardo Galeano. A principios de la d√©cada de 1970. Hace poco supe que uno de los √ļltimos regalos de Hugo Ch√°vez antes de su desaparici√≥n fue la donaci√≥n de este libro a su enemigo secular, EEUU, representado en su presidente Barack Obama. Galeano fue rotundo cuando lo supo: “fue un gesto generoso, pero un poco cruel”. Obama no lo entender√°, a√Īadi√≥.
Conoc√≠ a Eduardo Galeano en las v√≠speras de aquel fastuoso e insultante V Centenario del que llamaron descubrimiento de Am√©rica. Unas celebraciones que llegaban para apuntalar el papel de la Conquista a trav√©s de una ideolog√≠a neocolonial. Un esc√°ndalo que la llamada izquierda socialista y comunista espa√Īola empuj√≥ y gestion√≥ para escarnio de la dignidad.
A partir de entonces he tenido la oportunidad de encontrarlo, en cercanía física, hecho irrelevante cuando se trata de un escritor, de compartir incluso algunos proyectos editoriales. Eduardo Galeano ha sido uno más en esa casa inmensa que forjamos poco a poco a nuestro alrededor, en ese escenario de lucha y compromiso que abrimos en el camino de la vida.
Hace unas semanas volvi√≥ el m√°s joven de mis hijos de un viaje inici√°tico por Sudam√©rica, el estilo del que hizo en motocicleta el Ch√© Guevara. Las comparaciones son una pedanter√≠a. √önicamente refer√≠a el viaje, para su comprensi√≥n. Aunque mi hijo nos extra√Ī√≥ a su vuelta con una barba como la de aquel que la canci√≥n dec√≠a era argentino y cubano. Su libro de cabecera hab√≠a sido el de las “Venas abiertas de Am√©rica Latina”. Sent√≠ un punto de orgullo, casi animal, por razones de continuidad sangu√≠nea.
Otro de mis hijos, en esta ocasi√≥n el mayor, me envi√≥ un whatsapp instantes despu√©s de conocer la muerte de Galeano. Un whatsapp estremecido si es que esas herramientas son capaces, a pesar de su frialdad, de transmitir emociones. Ley√≥ “Las venas abiertas” en prisi√≥n, y hab√≠a recibido el impacto de las letras disparadas por Galeano como si se tratara de un chute de oxigeno, de esos que se han puesto de moda en las discotecas m√°s exc√©ntricas. Galeano le hab√≠a abierto las puertas de un continente desde el fondo de una celda en Alcal√°-Meco.
Volv√≠ a la evocaci√≥n, a la transmisi√≥n, a ese inmenso tesoro que tenemos la especie humana de razonar, racionalizar y transmitir, consciente o inconscientemente, nuestra mochila a las generaciones posteriores. Volv√≠ a emocionarme por la lectura de mis hijos, como lo hab√≠a hecho, ya hace cuarenta a√Īos, cuando Eduardo Galeano se present√≥ en mi casa y en la de los m√≠os, con aquel acopio de ideas y razonamientos que conformaron y solidificaron mi esp√≠ritu.
Se han ido G√ľnter Grass y Eduardo Galeano. El primero no me despert√≥ jam√°s simpat√≠as. Y Galeano, por razones obvias, ha sido uno m√°s de nuestra casa, uno de los nuestros. Que la tierra le sea leve.