NIRE ABERRIA (AMERRI EGUNA)

Hace ya muchos a√Īos al otro lado del Atl√°ntico que uno de mis autores favoritos, aquel de las uvas de la ira, el mismo que viaj√≥ a Mosc√ļ con el fot√≥grafo Robert Capa, escribi√≥ una obra de las llamadas menor, “Viaje con Charly”. John Steinbeck menguaba ya su vida y volv√≠a cuando a√ļn no sab√≠amos que el retorno tambi√©n era posible.
Tom√≥ una destartalada furgoneta, arranc√≥ con ella y su perro Charly, y march√≥ a recorrer su pa√≠s, despiezado en m√ļltiples comunidades, a veces irreconocible, otras previsible. Encontr√≥ lo que buscaba, se perdi√≥ en lo que desde√Īaba. Conoci√≥ a quien no desea salir en las im√°genes literarias e hizo una descripci√≥n de su tierra, no tanto de arbustos, lodos y pe√Īas, sino de semblantes. De gentes.
En general, la representación era la de las sombras que habían cruzado la vida sin estruendo, supervivientes que llegaban al límite de su existencia, perdedores en su mayoría si el significado del término se mide en demarcación económica. Hombres y mujeres cuyo rastro en la historia había sido completar su pertenencia a eso que llamamos humanidad. Con aderezos puntuales guardados por el autor.
No me gusta entrar en las alcobas de otros, ni apuntarme en fiestas ajenas, pero si alg√ļn d√≠a me piden una definici√≥n de mi patria, recuperar√≠a el libro de Steinbeck para, siguiendo su estela, copiar su estilo y, con humildad, describir todas y todos aquellos que he conocido. Ya por referencias, ya en la brecha. Los que han valido la pena. Que han sido muchos.
Y cumplimentar la primera l√≠nea de esa definici√≥n se√Īalando que el color de la tierra, el virar del r√≠o, la altura de los cerros, el borde de las hojas de roble o la cubierta astron√≥mica del flysch de la costa me acogen pero no me perturban. Que los restos de las f√°bricas oxidadas, los acueductos centenarios, las torres que sobreviven erguidas y las pinturas del paleol√≠tico me fortalecen pero sin asentar mis huesos que por cierto comienzan a registrar en escala richter el peso de los a√Īos.
Porque los que de verdad me emocionan, como garabateaba en su cuaderno de viaje allí tan lejos mi admirado Steinbeck, son hombres y mujeres con los que he coincidido en este breve soplo de tiempo que es la vida, en este territorio que llamamos Euskal Herria. Ellas y ellos son razón. Definición.
Antes, avanzar que mi patria superior, como la de cualquiera, es este planeta que envejece lentamente, que calentamos con esa locura que llamamos progreso, que se pierde en un sistema en el que uno de sus mundos está cargado de anillos, que se difumina en una galaxia inescrutable entre millones. Una localización azul que quizás ni exista.
Mi tierra, como debería ser en los cinco continentes, es mía cuando convierto una metáfora en cuento, no sé si ficción, tampoco realidad. Cuando recuerdo que recuerdo. Pero tengo constancia, demasiado, que es robada cada día, por especuladores, ladrones de conciencias, malhechores y banqueros y por ello la anhelo tanto en la lejanía como en la cercanía. Por eso me gusta matizarla.
Mi patria, que debería llamar matria porque de donde nace la vida es del vientre de la madre, desciende de lo universal para quedarse en esos proyectos que también emocionaron a mis antepasados con los que, precisamente, me une la firmeza de los mismos. Y así cumplimento la segunda línea del cuestionario, confirmando que no es el color de la tierra lo que me emociona, sino, como relataba, el coraje de la gente que la habita.
Le√≠, hace a√Īos tambi√©n, a Jean Haritxelhar, su descripci√≥n de lo que era ser vasco. Coincid√≠ en su apreciaci√≥n de que nosotros, briznas de ese pa√≠s rebelde e imaginado con intensidad como marcar√≠a Marc Legasse en un pasacalles, no tenemos ciudadan√≠a, sino nacionalidad. A√Īadir√°n que es sentimiento, sensaci√≥n. Lo desconozco. No me atrevo a sentenciar y, por eso, prefiero divagar. Pero s√© que soy vasco.
Y ser vasco hoy es tener conciencia de pueblo. Es la patria activa.
Me dirán que soy un malintencionado, que la patria es un ente político, administrativo, ni activo, ni pasivo, adquirido por nacimiento, deseo o necesidad. Que efectivamente la pertenencia a una comunidad, la que ahora daría ese derecho a decidir, es una percepción natural. Hasta prepolítica. Que soy demasiado trivial. Quizás.
Me recordar√°n, tambi√©n y no sin raz√≥n, que escribir sobre la patria es un anacronismo para una sociedad cuyas √©lites aspiran a modificar cadenas de nucle√≥tidos, a romper la barrera del tiempo. Que “el todo por la patria” bajo el que nuestra tierra fue arrasada y miles de nuestros abuelos pasados por las armas, condiciona cualquier reflexi√≥n. Que, como cantaba Georges Brassens, alentar la flojera nacional genera mala reputaci√≥n.
Todo eso es cierto, como también que, inmersos en un torbellino del que no nos podemos apear, la neutralidad es una quimera. Los neutrales, la sociedad silenciosa, fueron la base de las mayores atrocidades cometidas en nombre de razones innombrables. Hasta los que dicen que no tiene patria, la tienen seguramente con mayor intensidad que el resto. Porque esos silenciosos o bulliciosos neutrales pertenecen a la comunidad oficial, a la que siempre gana.
Al contrario que la de los manuales, mi patria cercana se forjó a golpes. Propios y, sobre todo, ajenos. No es, como me la quieren enlatar en los libros de texto, en los documentales televisivos. O al menos no es la que me ha acopiado el bagaje vital. Es una patria que se refleja en una celda, en un cuarto destartalado a miles de kilómetros de donde vivo. En una forja, en un agujero de conspiradores, en un tablado de bertsolaris.
Mi patria la llenaron contrabandistas, mugalaris, vagabundos bajo las estrellas como aquellos que inmortalizó Jack London, que animó Agustín Xaho. La colmaron adolescentes que llenaron de pólvora el zurrón, jóvenes que rompieron la pluma con la intensidad de sus cartas de amor, aprendices de revolucionarios y profesores sin alumnos que hicieron de su recorrido un ejercicio de sobriedad.
Mi patria la conforman hombres y mujeres an√≥nimos, de quienes jam√°s tendr√© noticias siquiera de su eco, de su √©poca, que se alzaron contra jauntxos, patronos, pajes y capataces. Que se rebelaron incluso contra esos reyes que ahora, por su cuna navarra, parecen compa√Īeros de la historia. Que huyeron de los sables y de los tricornios, que escaparon de los canallas que violaron a sus madres o a sus esposas. Que fueron torturados, que marcharon al exilio, que perdieron sus pertenencias.
Es evidente que moldeo mi patria con aliento y no con piedras. Con alpargatas. Con semblantes. Con todos ellos conformo un pasado repleto de deudas, de una intensidad que jamás podré agradecer ni siquiera si fuera creyente y la eternidad estuviera reservada para hacer descargo de compromisos. La justicia es de este mundo.
Reivindico un pasado cercano con miles de (com)patriotas con los que siento un profundo orgullo por haber compartido, y seguir haci√©ndolo, un proyecto com√ļn, indefinido probablemente en sus detalles, acoplado en su universalidad. Una cr√≥nica tremenda en ocasiones, con un coste humano excepcional para la brevedad en nuestro paso por este escenario tantas veces descrito. Esa es mi patria.
La misma que anuncia un futuro con m√ļltiples aristas. La patria no ser√° pr√≥spera, alegre, floreciente… y esas leyendas que se escriben o se dictan a la voz de su amo. Lo presiento y adelanto. En la patria, afirman tambi√©n, cabe todo, no existen los bandos, el sol amanece por igual. Sigo discrepando de ello. Por tanto, una patria complicada.
Sin embargo, me agarro a la vida con Charly, y sigo sosteniendo que mi patria es un tanto especial, pero es la de los míos. La misma que dejamos, inciertamente, a nuestros hijos y a nuestros nietos para que ellos la desbrocen en la medida que lo hicieron nuestros antepasados. Y seguir plantando árboles que no veremos crecer para que los que nos precedan disfruten, como apunta el dicho, de su sombra.

Euskal Herira now

Era una noche cerrada como pocas. Apenas percibía las marcas que delimitaban la carretera. Paré en un restop de la autopista saturado de máquinas y estancias cerradas a prueba de asaltadores nocturnos con síndrome de abstinencia. Un café bien cargado. Cuando reanudé la marcha, una lluvia fina golpeaba el cristal del automóvil mientras la niebla se deslizaba por los bordes del camino.
Ech√© mano a la m√ļsica para hacer m√°s llevadero el viaje. Los kil√≥metros fueron cruzando mon√≥tonos, cargados de indiferencia. Hasta que lleg√≥ una tonadilla que me llam√≥ la atenci√≥n, recitada por un cantautor caribe√Īo. La hab√≠a o√≠do alguna otra vez, sin atenci√≥n, la canci√≥n m√°s hermosa del mundo. Demasiado pretencioso para un t√≠tulo, demasiado engre√≠da para ser una canci√≥n. Salt√≥ la siguiente y, entre el piano de Antxon Valverde, la letra de Xabier Lete y la voz de Mikel Laboa, olvid√© la traza de aquella balada porque lo hermoso acud√≠a en euskara.
Pude recostarme cerca de la c√°rcel y dormir unos minutos antes de que la claridad de una brumosa y h√ļmeda ma√Īana me sacudiera el semblante, sin estridencias, con la tranquilidad de, una vez m√°s, haber llegado hasta las puertas del presidio. Sin percances. Me hubiera gustado amanecer a tu lado, sentir tu perfume diluido en tu respiraci√≥n, intuir tu sue√Īo profundo y acariciar tu piel incipiente de arrugas. Record√© por un momento a Mikel Urdangarin cuando cantaba aquello de “Zure bihotza nire neurrira nola egina dagoen”. Y me invadi√≥ ese desasosiego previo al encuentro que s√≥lo con los a√Īos sabemos ocultar.
Unas horas m√°s tarde, cuando recobraba en el √ļltimo control carcelario mi pieza de identidad, el mundo parec√≠a diferente. Sentirte vivo, a pesar de las rejas, era una sensaci√≥n imposible de describir. La lluvia no era tan molesta, la carretera recobraba sus se√Īales e, incluso, la m√ļsica sonaba especial: “Cuando se aprende a llorar por algo tambi√©n se aprende a defenderlo”, cantaba entonces Enrique Villarreal en aquella memorable canci√≥n. “Est√°s asustado, tu vida va en ello. Pero alguien debe tirar de gatillo”. Demasiadas verdades para mi conciencia.
Llegaba a casa, anocheciendo otra vez, cuando aquella canción más hermosa del mundo recobró su melodía y, a través del aparato, volvió al aire cerrado del automóvil. Entonces, pensé, liberado del desvelo, de tu cercanía imposible y de tu respiración lejana, que un día, también tu y yo, vosotros y nosotros, escribiríamos la letra de la canción más bonita del mundo. Una canción cargada de símbolos, de recuerdos y de afecto hacia tantas y tantos que nunca llegaría con el lápiz a completar los nombres de una lista interminable.
Una canci√≥n que contara tus a√Īos de clandestinidad, de miedos y de incertidumbres, encubierto en la oscuridad de las sombras gigantescas de un enemigo del mismo tama√Īo. Guardando semblanzas para el futuro y alimentando a miles de compatriotas sin rostro que respiraban sus esperanzas y amores gracias a tu elecci√≥n. A una elecci√≥n que te llev√≥ lejos de casa, pero no de los tuyos.
“Uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere”, recitaba Mario Benedetti y por eso nuestra canci√≥n deber√≠a llenar las ausencias que te enviaron a la trinchera. S√≠, a pesar de ser hermosa, necesitar√° perpetuar a los necios, a los traidores que dejaron nuestra tierra en manos de renegados: “S√≥lo el valor de unos cuantos les opuso resistencia y al mirar correr la sangre se llenaron de verg√ľenza”, cantaba Gabino Palomares.
Esa canción que nos recordará a los barbudos mezclados con los pulcramente afeitados abandonando la isla de Yeu, a aquellos pioneros y tenebrosos que marcaban la puerta con un palillo para notar presencias, como en las novelas de Graham Greene, a aquellas mujeres que sin tiempo a quitarse su buzo azul y salitroso, esperaron de noche la salida de Fran y su muerte anunciada, poco después, acorralado como una pieza de caza.
Una canci√≥n sin horas, sin d√≠as, sin a√Īos. Sin nada m√°s que tus sentimientos y los nuestros. Llena de colores oto√Īales y primaverales. ¬ŅQui√©n es capaz de discernir la grandeza de un momento sobre la intrascendencia del otro? Yo ni siquiera me atrevo a citarlos porque todos ellos est√°n cargados con tu mirada nerviosa, tu infancia irrepetible y tu juventud de ansias extraordinarias. ¬ŅD√≥nde est√° la diferencia?
Nuestra canci√≥n m√°s hermosa recordar√° a tus hijos y a tus nietos, los que nacieron y los que no pudieron hacerlo, tus equipos de f√ļtbol y los pupitres de la escuela. Los maestros que te ense√Īaron las vocales y aquellos que jam√°s se enteraron de que tambi√©n hab√≠a consonantes. Los coches azules y los blancos, las fiestas de aquella santa martirizada, los bol√≠grafos sin funda, los cuadernos de anillas y los ba√Īos en el recodo de un riachuelo helado. Y tambi√©n las pistolas sin cartuchera.
Recordar√° los atajos y los cruces de caminos, la nevada que nos dej√≥ atrapados en aquella chabola. El primer suspiro y el primer beso. El √ļltimo poema de amor y las cuentas del taller. El jersey perdido en la taberna m√°s all√° de la fuente y el hedor a naftalina del traje carnavalero. Aquellas s√°banas pre√Īadas de sudor y el aroma del T√© en el harem de Arqu√≠medes, la pel√≠cula en la que te dormiste mientras me esperabas. Recordar√° todos nuestros amigos y ni uno s√≥lo de nuestros enemigos. Y tambi√©n las citas escritas al rev√©s.
La segunda estrofa deletrear√° a los que hicieron ser c√≥mo somos, a Dolores, Jes√ļs, Txabi, Maddi, C√°ndido, Maravillas, Eustakio, Maite, Telesforo, Isaac, Mertxe, F√©lix, Olaia, Jon… cuya textura a√ļn es notoria entre nosotros. ¬°Qu√© importan sus apellidos! Sabemos como fueron y reinventaremos sus sue√Īos. Garabatearemos sus nombres en la arena, mientras los ni√Īos juegan a hacer castillos en el agua y las gaviotas chapotean en la orilla.
Una canci√≥n llena de esa ternura que alimenta tu √°nimo. No hace falta que me digas cu√°ndo est√°s mejor o cuando peor. Lo s√©, y como tu lo escondo entre mi ropaje, como si estuvi√©ramos forjados de ese hierro que levant√≥ nuestro pa√≠s contra impostores y patronos. “Yo no tengo otro oficio,
después del callado de amarte, que este oficio de lágrimas, duro
que t√ļ me dejaste”, dec√≠a Gabriela Mistral. Ese oficio es el nuestro. Y lo alzamos con orgullo.
Pero no quiero parecer triste porque quiero dictar la canci√≥n m√°s hermosa. √Čsa que llevamos esperando tanto tiempo. Porque si no hay tristeza no hay alegr√≠a, si no hay muerte no hay vida, si no hay decepci√≥n no hay esperanza, sin apat√≠a no existir√≠an los sue√Īos. Y s√© que no te puedo mentir y que, en estos a√Īos, en estos siglos de sombras entre la incertidumbre, cada ma√Īana era una excusa para volverte a recuperar. Para so√Īar en ti. Para imaginar un futuro repleto de tu presencia, no ficticia, sino real.
Para dejar de esperar.
Por todo ello, y por lo que se me ha olvidado en los bordes del tintero, voy a escribir esa pretenciosa canci√≥n m√°s hermosa. No va a completarse con sones caribe√Īos, ni con marchas militares, ni con sinton√≠as pastosas. Ni va a ser, por supuesto, la m√°s hermosa del mundo. Me basta con que sea la m√°s bonita de nuestra casa, de nuestro barrio, de nuestro pueblo, aunque semejante pretensi√≥n sea un pecado de vanidad.
Quiero escribirla para cuando llegues a casa, endulzarla con nuestras l√°grimas y sonrisas. Para amanecer a tu lado, sentir tu perfume licuado en tu respiraci√≥n, intuir tu sue√Īo profundo y acariciar tu piel incipiente de arrugas. Y, juntos, volver a pasear por aquellas alamedas que un d√≠a juramos levantar para que nuestras hijas y nuestros hijos, sus amigos y los nuestros, pudieran respirar ese aire de libertad que a nosotros, y a ti en especial, nos hurtaron. Entonces, habremos concluido la √ļltima estrofa de esa canci√≥n tan hermosa y habr√© conocido, por fin, los detalles de tu sue√Īo.

2015, ¬ŅEL A√ĎO DE LA OVEJA DE MADERA?

El calendario occidental nos avanza que ha llegado 2015. M√°s de la mitad de la humanidad, sin embargo, se mueve en otras coordenadas estacionales, ligadas a mitos o religiones. Los chinos, por ejemplo, entrar√°n en un nuevo a√Īo a mediados de febrero, dando paso al t√≠tulo de este art√≠culo. Y para que no se me tache de euroc√©ntrico, me acojo a su agenda. La misma que voy a proponer, con demasiada audacia probablemente, para este a√Īo que acabamos de pisar.
Adelanto que no soy agorero por naturaleza. Que intento ver la botella medio llena antes que medio vacía. Tengo pesadillas, sin embargo, cuando percibo el futuro más cercano, no tanto por las fuerzas que honestamente intentan el cambio, sino por el poder tan inmenso, unido a sus medios, de quienes ostentan el timón de esta nave planetaria que gira 365,25 días alrededor de nuestra estrella matriz.
Desde que Fukuyama anunci√≥ el fin de la historia, en el ocaso de la guerra fr√≠a, la humanidad ha descendido varios pelda√Īos. Con las guerras balc√°nicas, el genocidio en Ruanda, las invasiones en Irak y Afganist√°n, los golpes de estado en Tailandia, Paraguay, Ucrania, Venezuela, Egipto, Honduras (hasta 33 en lo que va de siglo)… Desde que comenz√≥ el siglo XXI, las guerras provocadas por Occidente, alimentadas en ocasiones en civiles, han causado la muerte a m√°s de 12 millones de personas. La guerra por el colt√°n en Congo, en especial en Kivu, ha provocado m√°s muertos que durante la Sohah. No hay lobby que sostenga a esas v√≠ctimas. La lectura que hemos hecho estos a√Īos es la de un mundo unipolar que caminaba hacia una especie de pax romana. Mi apreciaci√≥n particular estaba errada.
El imperialismo se resiste a la nueva realidad de un mundo multipolar emergente, insiste en el viejo mapa geopolítico de la unipolaridad que proclama Obama y que ha arrastrado a Europa. Unipolaridad amparada en el brazo armado de la OTAN para garantizar la continuidad del neoliberalismo de las trasnacionales con sede en EEUU y Europa.
El concepto de paz est√° tan devaluado que nadie lo reclama y me atrever√≠a a se√Īalar que democracia y derechos humanos, repetidos hasta la saciedad como valores surgidos de la Revoluci√≥n francesa, son palabras huecas, cargadas en los talleres de marketing para contentar la conciencia de un pu√Īado de ignorantes.
Hoy hay una guerra brutal, exclusivamente econ√≥mica, con un escenario paralelo, el de su exposici√≥n, es decir el del control de los medios de comunicaci√≥n, eufemismo de los de propaganda. Una guerra universal que ha relegado a escaparates insignificantes a cuestiones como la vida cotidiana, la cultura, la supervivencia, las se√Īas de identidad nacionales. El mundo, limitado y agotado por cierto en sus materias primas, se mueve en los balances comerciales, en los beneficios de las multinacionales (energ√≠a, armas, farmac√©uticas…) y en la recuperaci√≥n del PIB de los estados que pugnan entre ellos, todos capitalistas, incluida China que a√ļn tiene el lema de la “dictadura del proletariado” en su catecismo. Y por supuesto Rusia, por mucho que les pese a los nost√°lgicos de la URSS.
El resto somos actores de undécima fila, cuando no lacayos y facilitadores de las macro-estrategias financieras. La patética deriva de la Unión Europea en Ucrania, Libia, Oriente Medio, la resurrección de la OTAN como gendarme militar, las puertas abiertas a las técnicas del fracking en nuestro suelo, la venta a fondos buitre del fondo hipotecario de Kutxabank, el previsible apoyo del PP-PNV-PSOE al TTIP todavía en negociación, son matices de un dominio casi absoluto del negocio sobre la persona. De la catalogación de la humanidad no tanto por su color, clase, religión o territorio, sino por su ratio de beneficio.
2015 concitar√° un terremoto en nuestra existencia. El mundo surgido despu√©s de la Segunda Guerra mundial, el equilibrio de fuerzas, el significado de aquellos valores (con todas las comillas que quieran), toca a su fin. Naciones Unidas es una instituci√≥n anquilosada, el voto adquiere valor seg√ļn el resultado y los reg√≠menes democr√°ticos son, en realidad, m√°quinas de matar fuera de sus fronteras, de festejar el a√Īo con millones de “pobres” en su seno. Es el terrorismo en estado puro. Un sistema que condena a la muerte perpetua, valga la redundancia, seg√ļn el √°rea de nacimiento. Un 15% es humanidad. El resto, lo oigo cada d√≠a en los “informativos”, escoria, marginalidad, lumpen, abono de cementerio, los “sin dientes” en palabras del “socialista” Hollande.
No se puede hablar de √©tica, de tolerancia cero contra el terrorismo, cuando la mayor parte de los muertos en los conflictos inducidos son civiles. Cuando los estados que la propaganda cita como amenaza han sido cuajados, entrenados y armados en bastiones occidentales. Cuando los presupuestos de sanidad y educaci√≥n sirven para amortiguar las p√©rdidas de los bancos especuladores. Cuando la bajada del barril del petr√≥leo se usa como argucia econ√≥mica para hundir competidores. Cuando la tortura es √ļnicamente una “t√©cnica de interrogatorio mejorada”.
En nuestra casa y con esa nube tóxica-terrorista sobre nuestras cabezas, los medios de propaganda, los expertos en marketing, propondrán, ante las elecciones de mayo, llevar el debate a una coyuntura prefabricada: desarme o no, gestión de residuos, modernidad y progreso, invasión de vascos en Navarra, gestores profesionales versus gestores aficionados, modelos democráticos versus modelos anclados y, si toca, pasado. Pasado blanco, inmaculado. Pasado violento. Manos machadas de sangre, presos. Trampas en definitiva. Más de lo mismo. La sociedad vasca, tradicionalista en su historia, y sus vacilaciones por el cambio.
2015 nos dejar√° alegr√≠as, aunque ef√≠meras. Seguir√°n los presos y exiliados retornando a casa, en goteo. Cada salida una sonrisa. Muchos a√ļn dentro. Vocento, la voz de su amo, visualizar√° su crisis que, aunque estructural, desearemos creer pol√≠tica. Habr√° cambio en Navarra y un refrendo a complicadas gestiones institucionales.
Lo trascendental en este escenario casi telegr√°fico es que quienes creemos en el cambio revolucionario, debemos reinventar casi todo. Dec√≠a anteriormente que Europa, el mundo, se preparan para saltar la trinchera construida al final de la Segunda Guerra mundial. Nos tocar√° de lleno. Hay un s√≥lo espacio que no se necesita renovar. Y ese es el del pueblo. El Pueblo vasco. Pero no aqu√©l que percibimos desde el ordenador, o so√Īamos en nuestra literatura soberanista. Me refiero al real, al que forma parte de nuestra comunidad, en Hernani o Baigorri, pero tambi√©n en Corella o en Angelu, en Laguardia o en Sestao.
Tenemos que reinventar nuestras alianzas, tenemos que descubrir que los escenarios de decisión se han modificado, tenemos que asumir que la palabra y el apoyo de un ex secretario de Naciones Unidas se la ha llevado el viento. Tenemos que hacernos fuertes en nuestra retaguardia y mantener los valores que configuraron nuestro espíritu de resistencia. Pero para ello, no valen la repetición de modelos que si no tienen fecha de caducidad cercana, poco les faltará.
El pasado cohesiona, sirve en ocasiones para devolver dignidades y también para llenar el saco de injusticias que parecen no acabar nunca. Pero con el pasado no llegamos más que a movilizar la memoria. Y la memoria, quizás no está bien que yo lo diga, no es presente, sino la lectura que hacemos hoy precisamente de tiempos pretéritos. La tendencia humana es la de prepararse para el futuro, ofrecer esa seguridad que hoy está en entredicho por muchos factores. Vamos a desbrozar el camino a nuestros hijos y, si me apuran, a nuestros nietos.
Tenemos una gran tarea para repensar la vida, para proponer claramente nuestros enemigos, tarea f√°cil, nuestros aliados y, sobre todo, nuestros instrumentos. La nostalgia no es buena compa√Īera en este camino. Llegan tiempos de apocalipsis en el planeta, como relat√≥ una vez magistralmente la mozambique√Īa Paulina Chiziane. No podemos estar expectantes porque nos arrasar√°n.
Y aunque pueda parecer parad√≥jico con la entrada con la que he marcado estas letras, con ese a√Īo de la oveja de madera que celebrar√°n en una semanas estruendosamente los chinos, tenemos mimbres de sobra para abrir las puertas a esa ruta cuyas coordenadas no acabamos de localizar. Y aunque pueda aparentar una perogrullada, un salto del mito al moj√≥n, nuestros iconos tambi√©n tienen la suficiente fuerza para continuar en la contienda. Por eso, espero que 2015 sea el a√Īo de la oveja latxa. Ya habr√° tiempo, quiz√°s no demasiado, de concebirla de nuevo.

De hombres y monos

La literatura judicial tendr√≠a su gracia si detr√°s de ella se escondieran relatos compilados para disfrute vacacional, cuando no tenemos m√°s objetivo que pasar un rato agradable y desconectar de los fantasmas cotidianos. Desgraciadamente no es as√≠. En su patio trasero se refugian cientos de a√Īos de condena, lo que convierte a diligencias y sentencias en trampas inhumanas, sin m√°s fuste que aberraciones escandalosas. Ni pizca de gracia.
Con motivo de la preparaci√≥n de la exposici√≥n sobre los a√Īos oscuros en la educaci√≥n vasca, que estar√° presente en Donostia hasta mediados de marzo del a√Īo que viene, han ca√≠do en mis manos decenas de expedientes a cu√°l m√°s estramb√≥tico. Eran los a√Īos del franquismo, eufemismo del fascismo espa√Īol, ese que parece no haber existido jam√°s. Durante el r√©gimen anterior, como lo llaman los acad√©micos de la historia, gentes de memoria fr√°gil y erudici√≥n holgazana.
Me fijaré en uno de ellos, rescatado de un archivo militar, aunque conservando la discreción, omitiré los nombres, no así los lugares. Para los incrédulos, que siempre los hay, guardo el proceso completo, más de 600 páginas. Una perla accesible en alguna tertulia a la que accederé gustoso, sin más requerimiento que la identificación de mi interlocutor, por eso de mordazas y demás.
Corr√≠an tiempos de esperanza en las tripas de la Espa√Īa devota de Frascuelo y de Mar√≠a, que dir√≠a Machado. Un maestro oriundo de Ibiza cay√≥, desconozco las razones, en O√Īati, la patria chica de Lope de Agirre, el pr√≠ncipe de la libertad le llam√≥ Miguel Otero Silva, el demonio personificado seg√ļn Reginaldo Lizarraga. Aquel maestro de provincias lleg√≥ a O√Īati y, entre otras lecciones, ense√Ī√≥ que las especies proceden de un tronco com√ļn, que han evolucionado mediante un proceso de selecci√≥n natural. La teor√≠a de la evoluci√≥n.
El fascismo, con ayuda local e internacional, volc√≥ el sistema y se hizo con el estado de las cosas. Desertiz√≥ las ideas, ahog√≥ la inteligencia y mostr√≥ su arrogancia desterrando la vida. Nuestro maestro insular vi√≥ llegar los vientos g√©lidos acongojado. Despidi√≥ a sus compa√Īeros que marcharon al exilio, escondi√≥ sus libros en el arc√≥n y esper√≥. Esper√≥ su turno.
Un mal d√≠a, hombres vestidos de azul, como cant√≥ Ferm√≠n Valencia, allanaron su casa. El maestro, al que no he puesto nombre pero ten√≠a un apellido com√ļn, fue detenido y arrojado a la oscuridad de las mazmorras falangistas. Imputado por su temeridad, la educaci√≥n era la madre de todas las desgracias seg√ļn relataban los pr√≥ceres de la dictadura, se prepar√≥ para el castigo.
Fue llevado a juicio y el fiscal, supuestamente abogado, es decir letrado y le√≠do, avanz√≥ su acusaci√≥n. En las aulas de O√Īati, en el coraz√≥n de las tinieblas, como si se tratara de la Katanga de Conrad, un maestro insignificante hab√≠a dado p√°bulo a una estramb√≥tica especulaci√≥n: “que el hombre procede del mono”. Una teor√≠a subversiva a todas luces, irreverente para quienes se proclamaban hijos predilectos del dios jud√≠o, para quienes la cita del palabrajo ox√≠moron que suger√≠a “Espa√Īa un mal para√≠so” les hac√≠a instintivamente llevar la mano a la pistola.
La teor√≠a de Darwin, “un tal Darlin” seg√ļn el letrado fiscal, fue juzgada en un pueblo perdido a las faldas de Gogormendi, Boteritz y Arkaitz, susceptibles tambi√©n de castigo por semejantes cacofon√≠as separatistas. El juez, le√≠do asimismo, consideraba una afrenta que los ni√Īos y ni√Īas de O√Īati, los que apenas juntaban letras de la lengua de Cervantes, acogieran, para m√°s escarnio, semejantes ideas en sus mentes a√ļn v√≠rgenes. As√≠ trabajaba el maligno.
Por la sala pasaron testigos de semejante infamia. El “tal Darlin” era un perfecto desconocido en tierra vascongada, pero varios padres de orden y falangistas rencorosos, no pod√≠an permitir que ese hombre nuevo que voceaban, sobre cad√°veres y terror, procediera del mono. A√Īos m√°s tarde, cuando se afloj√≥ la censura, un avispado comediante describ√≠a en la extinta revista “Hermano Lobo”, la m√°xima: “el hombre proceder√° del mono, pero el espa√Īol jam√°s”.
Cerradas las diligencias, colmadas las audiencias, el fiscal, doctorado por unas horas en biolog√≠a evolutiva, present√≥ sus conclusiones: pena de muerte para el maestro ibicenco. Se abrieron entonces los recursos, declar√≥ el imputado y alg√ļn avispado adicto a la l√≥gica aristot√©lica introdujo un elemento de duda. El “tal Darlin” estaba equivocado, pero la evoluci√≥n era parte de ese ideario que se repart√≠a en las escuelas del amanecer fascista. El hombre total, la raza suprema. Nuestro maestro transmisor de la evoluci√≥n darvinista salv√≥ la vida. Gracias a este matiz, fue condenado a dos a√Īos de prisi√≥n.
La literatura judicial, amparada y extendida por unos se√Īores que terminaron sus estudios, concluyeron una carrera y opositaron para acceder a ser dioses en la tierra (repartiendo castigos y condicionando futuros) es una materia viva, tan viva que a√ļn hoy forma parte de ese entramado legal, al que podr√≠a a√Īadir la familiaridad, ya que he citado antes a Arist√≥teles, de “peripat√©tica”. Hace unos a√Īos me toc√≥ “demostrar” en la Audiencia Nacional que el t√©rmino Euskal Herria no hab√≠a sido inventado por ETA y cuando, despu√©s de comenzar por Etxepare iba ya por la √©poca del prusiano Von Rhaden, que a principios del XIX marcaba el nombre de marras en uno de sus mapas sobre el territorio vasco, alc√© la vista y pude comprobar que uno de los tres jueces dormitaba. Inter√©s cero.
Durante a√Īos hemos le√≠do, tambi√©n nos ilustramos, decenas de sentencias amparadas en conclusiones literarias, de muy bajo nivel por cierto, a las que han dado el soporte de la legalidad. Hace bien poco, cuando algunos bertsolaris accedieron al macro-juicio 18/98 para aportar su testimonio, la sala se revolvi√≥. Hasta que un iniciado en cuestiones de la rima supo ponerle acento: trovadores medievales salidos del t√ļnel del tiempo.
He tenido la oportunidad, quiz√°s por ello se me ha ido avinagrando el esp√≠ritu, de comprobar c√≥mo hombres y mujeres, la mayor√≠a de buena fe, fueron condenados por gritar ‚ÄúGora Espa√Īa‚ÄĚ en vez del consabido ‚ÄúArriba Espa√Īa‚ÄĚ, hicieron un comentario jocoso sobre la Rusia que ahora repite hasta la saciedad un comunicante televisivo que se mueve entre fogones, o pidieron perd√≥n en euskara por pisar a su vecino en el tranv√≠a.
He asistido personalmente a juicios en los que las pruebas de cargo se refer√≠an a camisetas con la efigie del Ch√© Guevara, que al parecer no era argentino y cubano como dice la canci√≥n, sino camarero en la herriko de Deustu. Donde, como el pasado a√Īo en Par√≠s, el abogado de la acusaci√≥n particular centraba sus conclusiones contra vascos en una conjura internacional comunista que se inici√≥ en tiempos inmediatamente posteriores a la muerte de Darwin (pronunciado adecuadamente, he de reconocerlo), que a√ļn hoy continua.
La reivindicaci√≥n del aborto como derecho ha sido una de las constantes que fiscales y jueces han introducido en el saco de demostraciones categ√≥ricas. Pegatinas, trabajos, carteles‚Ķ han sido incautados y aportados como pruebas irrefutables de un supuesto complot rojo-separatista. No me estoy refiriendo a 1944, sino a 2014, el a√Īo en que descubrimos que de los 13.600 genes que tiene la mosca (Drosophila melanogaster), la mitad son similares a los de los humanos.
Algo parecido sucede con los simios y los humanos, a los que un ‚Äútal Darlin‚ÄĚ acerc√≥ tanto como para provocar la preocupaci√≥n de la incultura franquista judicial. Hoy, seg√ļn nos cuenta ‚ÄúABC‚ÄĚ, el mismo diario que entonces daba pasto a los nazis del pensamiento, monos y sapiens compartimos el 98% del ADN. Dice el antrop√≥logo Pablo Herreros, que en memoria, visual sobre todo, los chimpanc√©s son m√°s listos que los humanos. Sus capacidades est√°n m√°s desarrolladas.
Y a nosotros, con una memoria quebrantada por tanto lamedor, sopl√≥n del viejo estilo, mandarines seg√ļn expresi√≥n recuperada por Gregorio Mor√°n, nos queda el recurso de intentar alcanzar su estadio, el de los chimpanc√©s, que, como estar√°n al corriente, no saben escribir. Ah√≠ acogemos a nuestra memoria, y ah√≠ seguiremos atiz√°ndola para, juntando letras, recordar cu√°nto nos han zurrado en el pasado y en el presente en nombre de una supuesta superioridad que, cr√©anme, por m√°s que la busco no la encuentro.

Contraterrorismo ilícito

Recuerdo hace a√Īos haber le√≠do una especie de poes√≠a sobre el color de la piel. Me impact√≥ y, de paso, asoci√© aquellas frases a la hipocres√≠a y manipulaci√≥n del lenguaje. No tengo conciencia exacta del texto, que expresaba algo as√≠ como que los blancos al nacer son rosados, en la playa se ponen rojos, al enfriarse azules, al enfermar amarillos y al morir grises. Y t√ļ, le respond√≠a un negro, ¬Ņme llamas a m√≠ de color?

Noam Chomsky escrib√≠a que el “lenguaje es neutral por lo que se refiere a hablar y escuchar. Nuestro conocimiento es neutral, pero nuestra explotaci√≥n de ese conocimiento no lo es”. Quienes padecemos el relato de una clase dirigente, extendida en academias, bancos, cuarteles y medios de comunicaci√≥n, nos hemos hecho a eufemismos, con naturalidad. El peso de la historia. No deber√≠a ser as√≠.

Eduardo Galeano nos dej√≥ una ristra de esos eufemismos, que no son sino trucos de los poderosos para dulcificar el lenguaje. Al imperialismo se le llama globalizaci√≥n, al oportunismo pragmatismo, a la traici√≥n realismo, mientras los pobres son personas carentes de recursos, y las torturas presiones, tratos degradantes o, en Washington, t√©cnicas de interrogatorio violentas. Los muertos en un conflicto son bajas, y si se trata de civiles, son da√Īos colaterales. Los derechos de las mujeres son relatados como de las minor√≠as cuando, al menos en nuestro pa√≠s, las mujeres representan un poco m√°s del 51% de la poblaci√≥n vasca.

Las guerras de conquista espa√Īolas recibieron el apelativo de pacificadoras, al igual que el Plan Zen. Espa√Īa pacific√≥ a las Vascongadas, a los mayas, incas y aztecas. A los campos de muerte, desolaci√≥n y exterminio que abri√≥ en Cuba los llam√≥ campos de concentraci√≥n. A los cinco lustros de fumigaci√≥n pol√≠tica tras su victoria, Franco le puso el titulo de “25 a√Īos de paz”. Grupos ultras, de reminiscencias fascistas, se apropian de t√©rminos como dignidad, justicia, libertad o transparencia.

Vivimos en un enga√Īo. Estas verano me acopi√© de libros adquiridos a peso en un intercambio de segunda mano. Cay√≥ en mis manos un trabajo de un tal Juan Ram√≥n Lodares: ‚ÄúEl Para√≠so Pol√≠glota. Historias de las lenguas en la Espa√Īa moderna contadas sin prejuicios‚ÄĚ. Semejante obra deber√≠a haber sido titulada conforme a su contenido, algo as√≠ como ‚ÄúBurla y mofa del euskara, catal√°n y gallego‚ÄĚ.¬† Cuando Lodares falleci√≥ en accidente en 2005, el vicedirector de la Academia de la Lengua espa√Īola murmur√≥: “era el ling√ľista m√°s prometedor e inteligente que ten√≠amos en Espa√Īa”.

Hace unas semanas, precisamente, la Academia hispana de la lengua, Real (mon√°rquica) y RAE en su acr√≥nimo, ha dado publicidad a su nuevo diccionario, con nuevas entradas y viejas palabras que ha mantenido en su excelso y monumental tratado. En total, 93.111 vocablos. Para evitar la “manipulaci√≥n”, los sabios ya han adelantado que ha suscitado “pol√©micas”. En realidad, se trata de una nueva patada a la inteligencia. La comunidad rom ya ha anunciado su recurso a Estrasburgo. Los gitanos son, al calor de la definici√≥n de la RAE, gentes que “con astucias, falsedades y mentiras procuran enga√Īar”.

La RAE se ha renovado, pero en algunas cuestiones sigue enrocada en donde la imagin√°bamos, tal que los acad√©micos de la historia cuando hicieron su Diccionario Biogr√°fico en el que Franco era definido como un ser afable y Garc√≠a Lorca y Antonio Machado como mala gente. Ahora, los gallegos, supongo que por eso de la procedencia de Rajoy, han dejado de ser “tontos y tartamudos” (nada m√°s y nada menos que en 2014) pero el vascuence sigue siendo “lo que est√° tan oscuro y enrevesado que no se puede entender”.

Hace un par de semanas, coincidieron causalmente dos actos de constituci√≥n de iniciativas memorialistas. Ambas en Gasteiz. Entonces, por esos vientos extra√Īos que entran por los portales de la capital alavesa y agitan sus √°rboles singulares, nogal negro, secuoya o tejo, recib√≠ una extra√Īa mezcolanza de ideas. Me vinieron a la corteza frontal derecha, perdonen la pedanter√≠a, flashes de blancos y negros, citas de Chomsky y manipulaciones que me han escandalizado. Un aluvi√≥n.

Para darle un nuevo aire a la antigua sede del Banco de Espa√Īa, el actual ministro del Interior (en el siglo XIX cuando la Pacificaci√≥n su t√≠tulo era de la Guerra) anunciaba un Memorial para las victimas del terrorismo. La v√≠spera, frente a la tropa de un cuartel de infausto recuerdo, hab√≠a arengado sobre la importancia de la “batalla del relato”. Eufemismo para referirse a la manipulaci√≥n de la historia.

Cerca de la Florida, tambi√©n en Gasteiz, el Parlamento auton√≥mico notificaba la puesta en marcha de un Instituto de la Memoria. ¬ŅCompetencia? Lo desconozco. Seg√ļn le√≠ en la prensa, el Instituto auton√≥mico iba a arropar a las victimas del franquismo, del terrorismo y del “contraterrorismo il√≠cito”. ¬ŅContraterrorismo il√≠cito? Pues s√≠. Han le√≠do bien. Con lo sencillo que habr√≠a sido llamar al pan pan y al vino vino. V√≠ctimas del Terrorismo de Estado.

La nueva expresi√≥n “contraterrorismo il√≠cito” viene a sustituir a otra tampoco acertada, “abusos policiales”, superviviente en la √©poca de Patxi L√≥pez. I√Īigo Urkullu, ya avis√≥ que “estamos ganando un nuevo horizonte para Euskadi”. Y en esa l√≠nea, entiendo, el retroceso ling√ľ√≠stico, conceptual, en t√©rminos por cierto nada neutrales. Urkullu profesor de pedagog√≠a ideol√≥gica.

No se trata de giros del lenguaje al estilo de Borges, Cort√°zar o Cormac McCarthy. Ni de obabas, ni macondos. Estamos en el cosmos de una intensa manipulaci√≥n ideol√≥gica e hist√≥rica. Porque, en primer lugar, si existe una expresi√≥n que se llama “contraterrorismo il√≠cito” es notorio que subyace otra denominada “contraterrorismo l√≠cito”. ¬ŅD√≥nde est√° la frontera?

¬ŅSon las violaciones l√≠citas e il√≠citas las que concluyen en muerte de las v√≠ctimas? ¬ŅLas torturas (t√©cnicas de interrogatorio violentas) con heridos o muertos? ¬ŅLos controles de carreteras disparando a las ruedas o a los ocupantes? ¬ŅLas violaciones de derechos humanos si el fin justifica los medios? ¬ŅLas ilegalizaciones, los cierres de medios de comunicaci√≥n, las listas negras? ¬ŅEl uso de fondos reservados, narcotr√°fico, para financiar actividades contraterroristas o medi√°ticas?

¬ŅFueron muertos Mari Jos√© Bravo, Germ√°n Rodr√≠guez, Javier Batarrita, Josu Murueta, Jon Etxeberria, Mikel Salegi, Normi Mentxaka, Koldo Arriola, Alexandra Leckett, Esteban Muruetagoiena o el gitano hernaniarra Joaqu√≠n Antimasbere (ese que con “astucias, falsedades y mentiras procuraba enga√Īar”) por razones “contraterroristas”? Fueron los manifestantes contra la poluci√≥n en Erandio (queremos respirar), los de Tudela (a√ļn me conmueve tu inocencia Gladys), los obreros del Tres de Marzo (nos han subido el pan un 40%) unos terroristas?

El contraterrorismo o antiterrorismo, l√≠cito o il√≠cito, ¬Ņqui√©n podr√° la frontera?, ha sido descrito en acr√≥nimos. Acr√≥nimos hist√≥ricos. Los recordar√°n. Anti Terrorismo ETA (ATE), Grupos Antiterroristas de Liberaci√≥n (GAL), Mando Unificado de la Lucha Contraterrorista (MULC)… Levanten los vetos a la investigaci√≥n, desclasifiquen archivos y quiz√°s seamos capaces de marcar esas fronteras que hasta ahora son impuestas, como las cadenas que canta Ferm√≠n Valencia.

La perspectiva sem√°ntica que nos ofrece este juego de palabras nos lleva tambi√©n a otro concepto repetido hasta la saciedad en los proleg√≥menos del Instituto, la √©tica. El suelo. Aunque en este caso ser√≠a la “√©tica del lenguaje”. ¬ŅLo tuvieron en cuenta? Probablemente, y para ello aplicaron lo que Kant hubiera firmado como “un c√≥digo de demonios”. Este c√≥digo demon√≠aco parte de una vieja premisa. El no reconocimiento del otro. La negaci√≥n de la alteridad.

Y en ese p√°rrafo hist√≥rico se asienta el “contraterrorismo il√≠cito”. Madrid continua en su negacionismo (del franquismo a la actualidad), en la negativa a no reconocer sus v√≠ctimas. La negaci√≥n de su sarracina. En consonancia con aquel √≥rdago de Basagoiti a Kofi Annan: “La realidad espa√Īola es que ETA ha asesinado a 857 personas y los que defendemos la unidad de Espa√Īa, cero”.

Y Urkullu, s√≠ndrome de Estocolmo, agradecimiento al PSOE por apoyar sus presupuestos o vaya usted a saber por qu√©, avalando que, cuando se trata de v√≠ctimas, seguimos donde est√°bamos cuando en 1873 los bisabuelos del Plan Zen presentaron aquel proyecto llamado “El Quid. La Pacificaci√≥n de las Vascongadas obtenida pronto, sin sangre y para siempre”. Fue impreso en Madrid, por supuesto, y costaba dos reales. El Gobierno de Gasteiz financi√≥ su digitalizaci√≥n. As√≠ que lo tiene disponible desde Ajurianea, no lejos del Memorial inaugurado por el ministerio del Interior, y del Instituto de la Memoria que se anuncia desde el parlamento del parque de la Florida. El vals de la tortuga, la canci√≥n de Billy el Ni√Īo o el bucle de los que jam√°s tienen derecho a la existencia.

Alguien limpia la celda de la tortura

La ficci√≥n es la trampa del guerrillero, del subversivo, sus balas y sus piedras, sus palabras incluso, est√°n cargadas de incongruencias y s√≥lo la Academia est√° capacitada para demostrar que, en esta farsa circular, los buenos, los “dem√≥cratas”, siempre tienen raz√≥n. Pruebas circunstanciales, descripciones literarias, incluso un somero intento de atacar a la democracia a la que debemos consumo, orgullo nacional y cohesi√≥n grupal.

La tortura en Espa√Īa… no consta. Lo dijo Felipe Gonz√°lez, “el 99% de las denuncias de torturas no existen”. Hombre de Estado, corbata rojigualda, sentido patrio hasta para sacar las casta√Īas del fuego a un truh√°n llamado Jordi Pujol. Tambi√©n para monopolizar el manejo de la ba√Īera para usos dom√©sticos. Mikel Zabalza se ahog√≥ en el Bidasoa.

Estamos en la era del apagón informativo. Superadas las previas, acorde a los tiempos de demagogia comunicativa, del trueque del adjetivo por la idea, del twiter de 140 letras que apenas deja espacio a los gemidos del potro y la picana. Lo que no se nombra no existe, sentenció George Steiner.

La tortura es sist√©mica si nos atenemos a la estad√≠stica. Casual si seguimos la estela de alg√ļn juez. Inexistente para los sindicatos policiales y sus mandos. Orquestada por la banda habitual para los medios de comunicaci√≥n (propaganda), hoy quebrados y en poder de banqueros y fondos carro√Īeros. Sombreada en las redes y relegada a la categor√≠a de un rapero del Bronx. Se dir√≠a que all√° qued√≥, como reliquia de la Santa Inquisici√≥n, para estudio de marcianos medievalistas.

“Alguien limpia la celda de la tortura, lava la sangre pero no la amargura”, recitaba Benedetti. En la limpieza de las celdas de tortura se han utilizado toneladas de desinfectante, para alcanzar el tono del nevado. Los √°rabes llamaron a este color “albayalde”. Un qu√≠mico sueco identific√≥ su estructura y hoy la mayor√≠a de los pa√≠ses lo han prohibido por su contenido t√≥xico. Al sur de los Pirineos, recordar√°n su descripci√≥n, se apropiaron del contenido, Blanco Espa√Īa.

Para mantener la pulcritud del Blanco Espa√Īa, con un “tinte rojo amarillento casi imperceptible” (no es una frase ret√≥rica sino parte de su definici√≥n, a pesar de lo que pueda sugerir, l√©ase wikipedia) se han comprado cabeceras, se han perforado titulares, se han subastado jueces, incluso se han enviado sobres rellenos de p√≥lvora.

La tortura es de manual. Consigna. Ya lo dijo aquel que particip√≥ en la muerte de Joxe Arregi a golpes, “oso latza izan da”. Lo dijo frente al tribunal que le envi√≥ recado de sosiego. Las formas, se√Īor polic√≠a, se quedan en casa. No vuelvan a permitir que los aullidos trepanen el cemento. Que la sangre salpique nuestras togas. Se llamaba, qu√© importa el nombre de un torturador, Juli√°n Mar√≠n R√≠os: “es p√ļblico y notorio que los terroristas vascos se autolesionan y luego denuncian malos tratos”. Vasco, terrorista, autolesi√≥n, tortura, publicidad, notoriedad… demasiadas ideas en una sola frase. El mensaje es directo: los vascos mienten.

Mar√≠n Rios fue destinado por Interior al otro lado del Atl√°ntico a Quito. Ecos profundos de aullidos, la boca reseca, el vello erizado, u√Īas rasgadas, pulmones sin aire. Oscuridad. Alguien limpia la celda de la tortura de los deportados Angel Aldana y Alfonso Etxegarai. ¬ŅCasualidad? Amedo recibe el premio gordo de la loter√≠a, Rold√°n conserva el zulo de los reservados, Gonz√°lez una mansi√≥n en Tanger con 5.000 metros cuadrados libres de pateras, Jos√© Juli√°n Elgorriaga de excedencia en la Kutxa a notario de las mazmorras de La Cumbre.

Rold√°n se suelta. El minuto de gloria televisivo aguza su ego: “¬ŅAlguien se cree que declaran lo que declaran sin coacciones?”. Y cruza la raya que marc√≥ Juan Jos√© Ros√≥n, el brazo derecho del nombre que hoy alumbra de ne√≥n la entrada del aeropuerto madrile√Īo: “denunciar torturas es debilitar la democracia y la paz civil”. Porque la democracia es fuerte, s√≥lida. La tortura la hace m√°s fuerte, una d√©bil met√°fora del valor de un tortazo.

¬ŅOyes?, un hombre solo grita maniatado, existe en alg√ļn sitio. Recitaba Goytisolo. Cerca de 10.000 hombres y mujeres gritando, solos. Pueden ser m√°s o menos. La cantidad no aplaca la amargura. La estad√≠stica tampoco. La impunidad afloja el √°nimo. Las democracias se defienden en los salones y en las cloacas, dijo aquel sevillano hijo de vaquero santanderino llamado Felipe Gonz√°lez. De nuevo el hombre de Estado. La marca. ¬ŅPor qu√© me brota tanto su nombre cuando escribo?

Han pasado los a√Īos. Han circulado hombres y mujeres de apellidos diversos, colores aparentemente antag√≥nicos, generaciones azules, rojas, mates. Alguien sigue limpiando la celda de tortura. No es pa√≠s para emprendedores. El detergente es √ļnico, la fregona tiene, por lo menos, los mismos a√Īos que habr√≠a cumplido Melit√≥n Manzanas hace dos meses, 105. Aquel que iba para perito mercantil y acabo siendo “torturador, mala gente” que dijo Ram√≥n Rubial, presidente del PSOE. Enmedallado a t√≠tulo p√≥stumo por Aznar.

La ristra de los funcionarios implicados tiene peso. En calabozos municipales, en celdas de cuarteles grises, azules, verdes y tambi√©n color tierra. En esas kundas interminables por tierras hispanas, “tierras para el √°guila, un trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Ca√≠n”, escribi√≥ Machado. Hasta en casa, donde los alaridos se hacen m√°s estridentes al lado de la segunda vocal del abecedario, esta vez con tintes al parecer g√≥ticos.

La Asociación Contra la Tortura (ACT) fue multada por difundir datos de agentes y funcionarios implicados en torturas y sus informes anuales vetados en la red. Sus archivos fueron rebotados a otros servidores. Europa les persiguió por indicación de Madrid. No se pueden publicar nombres. Espada de Damócles.

Colgaban de la p√°gina de la ACT informaciones como √©sta, que ahora, autocensuro: “Durante un Curso de Perfeccionamiento de Mandos policiales celebrado en 1980 en la Academia de Polic√≠a espa√Īola, los comisarios instructores xx y zz, aconsejaron utilizar cualquier m√©todo, ilegal o no, en la lucha contra ETA. Cuatro a√Īos m√°s tarde, el Servicio de Informaci√≥n de la Guardia Civil comenz√≥ a practicar en el Pa√≠s Vasco las normas recibidas por el Mossad israel√≠ en el interrogatorio a detenidos, despu√©s de un curso para Directivos en T√©cnicas de Inteligencia Antiterrorista”. Seg√ļn la ACT este curso fue uno de los aspectos m√°s rese√Īables a la hora de constatar la responsabilidad pol√≠tica en el uso de la tortura.

El apag√≥n informativo sigue la estela abierta desde la noche del dictador. Al principio fue la palabra, dice el evangelista Juan. Entonces negaci√≥n. Luego llegaron las casualidades, la manzana podrida en una recolecta excepcional. Nada raro, la excepci√≥n confirma la regla. Unanimidad en el mensaje. Titular: “Coincidencia total en que Arregui no muri√≥ por torturas”, ABC (hoy Vocento).

Luego lo del manual, aprovechando primero el libro de tres abogados que escribieron un trabajo titulado Tus derechos frente al muro: ‚ÄúEn caso de que hayas sido sometido a malos tratos f√≠sicos, ps√≠quicos o torturas deber√°s realizar una denuncia ante el juzgado de instrucci√≥n”. Suficiente para alimentar el Blanco Espa√Īa. Y luego aquel documento de Basta Ya! distribuido por Europa. Poca credibilidad.

Hasta el apag√≥n. Ning√ļn juez abri√≥ diligencias contra eL Manual del torturador espa√Īol, libro escrito y publicado por Xabier Makazaga en 2009. Entidad de persecuci√≥n medi√°tica. El objetivo: que los ayuntamientos lo retiraran de sus bibliotecas municipales a petici√≥n del PSOE y del PP. ¬°Muera la intelectualidad traidora!, grit√≥ Mill√°n Astray. “Vencer√©is, porque ten√©is sobrada fuerza bruta, pero no convencer√©is”, le contest√≥ quien hoy habr√≠a cumplido 150 a√Īos, Unamuno.

Hay un sentimiento compartido de que la tortura ha estado pegada a nuestra se√Īa identitaria como los colores de nuestra bandera o el viento de tempestad silbando por el flysch de la costa. En la misma medida hay una negaci√≥n escandalosa de su existencia. Alguien limpia la celda de la tortura. Pero la amargura es imborrable. ¬°Revel√©mosla al exterior! La verdad siempre ha sido revolucionaria.

Urdu√Īa y Euskal Herria

Hay una canci√≥n recitada por Ferm√≠n Valencia que dice algo as√≠ como “si llora Tafalla, llora Euskal Herria”. Es apenas una frase de una extensa letra en la que, m√°s o menos, el autor quiere expresar, seg√ļn entiendo, que los sentimientos de una comunidad, la de Tafalla, son los de nuestro pa√≠s. Y viceversa.
La semana pasada estuve en Urdu√Īa, al borde del Gorbeia. Dicen sus vecinos que ciudad. Parece un poco pretencioso pero no les falta raz√≥n. Sus piedras, sus caminos, sus gentes, la colocan en un pedestal reconocido de nuestra historia. Fronteriza, tuvo lo que tienen todas las localidades al borde de los vecinos, incluido el mestizaje ideol√≥gico.

La comparecencia en la ilustre ten√≠a que ver con un debate p√ļblico en torno a la memoria que finalmente no se dio. La improvisaci√≥n de otro formato me permiti√≥ transgredir en alguna cuesti√≥n que, probablemente y de otra manera, no hubiera incidido. No hay descubrimiento. Urdu√Īa era en el siglo XIX un contraste. Poblaci√≥n carlista hasta la m√©dula, como tantas del pa√≠s, su devenir pol√≠tico y sociol√≥gico ha sido reflejo de mucho de lo que ha sucedido, sin apenas percibirlo, en casa.

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La militarizacion simbolica del presente

Ej√©rcitos, soldados y armas han sido expresiones relacionadas con el pa√≠s, desde aquellos tiempos en los que las carreteras eran caminos de trashumancia. Los cuarteles, los campamentos militares, delimitaban las fronteras, a menudo difusas, mientras las ciudades acog√≠an a los centros de intervenci√≥n r√°pida. El Regimiento de Cazadores Am√©rica en Iru√Īea, el de las fuerzas especiales de Baiona, los cuarteles de Araka, Garellano, Loiola… todav√≠a en el coraz√≥n urbano de Euskal Herria.
Las subdelegaciones de defensa en cada territorio vasco, hoy convertidos en provincias, nos traen ese eco cercano de aquellos gobernadores militares que hasta hace bien poco marcaban el paso no sólo en los desfiles de la llamada Semana Santa, sino también en la vida política diaria. Estos delegados son los restos de una ocupación colonial dispersada por el mundo, liderada por el emblema monárquico. La delegación divina.
Las se√Īales de color caqui han estado pegadas a las puertas de nuestras viviendas con una intensidad que finalmente se ha convertido en familiar. No deber√≠a ser as√≠ y, por ello, c√≠clicamente, suenan melod√≠as cr√≠ticas sobre espect√°culos convertidos en costumbres y maquillados como tradici√≥n. Los alardes sexistas de Irun y Hondarribia son el paradigma de lo que fue el medio militar, humillante para las mujeres convertidas a lo sumo en cantineras (prostitutas) de la tropa.
A pesar de lo citado, es notoria la p√©rdida de peso del “elemento” militar en la vida cotidiana. La desaparici√≥n del servicio militar obligatorio es una de esas victorias populares a las que las generaciones posteriores apenas le dan valor. Jam√°s conocieron el secuestro legal. Un pasaje dram√°tico de la historia que, obviamente, los historiadores constitucionalistas obviar√°n.

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La mayor

La propuesta de Plan de paz y convivencia que ha presentado el Gobierno vasco ha causado un peque√Īo revuelo social. Lakua ha anunciado, simult√°neamente, la ampliaci√≥n de la lista de v√≠ctimas de violencia estatal. No est√°bamos acostumbrados a que se reconocieran desde ciertas instituciones a las v√≠ctimas del Estado y el hecho de hacerlo parcialmente ha sido origen de la agitaci√≥n. El camino emprendido, sin embargo, est√° condenado a repetir una m√ļsica cuya tonadilla nos es bien conocida, la de los excesos. “Lo nuestro son errores, lo suyo son cr√≠menes”, como dijo aquel ministro llamado Mart√≠n Villa.
La falta de un an√°lisis en profundidad marcar√°, nuevamente, un paso en falso. Se podr√°n atinar m√°s o menos en los n√ļmeros de v√≠ctimas, se podr√°n sumar nuevas, con la asunci√≥n de la tortura como parte de un modelo indudablemente represivo y sist√©mico, se abrir√°n ciertos reconocimientos pero, en el fondo, se sigue negando a la mayor. ETA no est√° en el origen del conflicto, sino que es la expresi√≥n del mismo.
La frialdad de los n√ļmeros encierran, es cierto, un drama. Nadie es ajeno a ello. Pero las expresiones m√°s descarnadas tienen un punto de partida que no se puede obviar. A estas alturas, no hay informes t√©cnicos o as√©pticos, porque la propia y pretendida neutralidad supone ya una toma de postura, una valoraci√≥n en s√≠ misma.

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El lado humano

Los hombres y las mujeres de hierro pertenecieron a una generaci√≥n determinada e hist√≥rica a la que, con el paso del tiempo, hemos ido pegando una capa m√≠tica de nostalgia. Y, sin embargo, sabemos que aquellos hombres y mujeres perd√≠an a sus hijos, se desmoronaban ante la adversidad, se convert√≠an en ancianos con apenas 25 a√Īos y cubr√≠an de desasosiego las noches m√°s l√ļgubres en sus barracones de Gallarta.
Eran hombres y mujeres del hierro. No de hierro.
Porque el hierro es sólo un metal pesado. Un elemento que a pesar de poseer facultades magnéticas, no es capaz de atraer a la humanidad, salvo para su explotación. Jamás han existido hombres y mujeres de hierro, siquiera quizás aquellos que templaron el acero que diría Nikolai Ovstrovski. Lejos, muy lejos de nosotros.

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